20 diciembre 2007

Israel "podría dialogar" con Hamás




Redacción BBC Mundo


Un ministro del gabinete israelí, Shaul Mofaz, indicó que su gobierno podría estar dispuesto a dialogar con la organización islámica palestina Hamás, a través de intermediarios.
Mofaz, a cargo de la cartera de Transporte, dijo que "la mediación es algo en lo que podríamos pensar", pero que no habría conversaciones directas mientras que Hamás no renuncie a la violencia y no reconozca al estado de Israel.
El funcionario emitió sus declaraciones este miércoles, después de que la televisión israelí trasmitiera, la víspera, una entrevista telefónica con el líder de Hamas en Gaza, Ismail Haniya, quien ofreció entablar conversaciones sobre un posible cese el fuego con Israel.
Sin embargo, horas después, el presidente israelí, Shimon Peres, dijo que el anuncio de Haniya es un "intento patético y engañoso de desviar la atención internacional de los crímenes de Hamás y Yihad Islámica".
"Si Hamás y Yihad Islámica dejan de lanzar cohetes contra nuestras mujeres y niños, Israel inmediatamente cesará el fuego, por lo que no hay necesidad de negociaciones", aseguró Peres, en un comunicado.

"Primera señal"

Según la edición en internet del diario israelí Jerusalem Post, los comentarios de Mofaz "enfurecieron" a los parlamentarios derechistas.
Si Hamás y Yihad Islámica dejan de lanzar cohetes contra nuestras mujeres y niños, Israel inmediatamente cesará el fuego, por lo que no hay necesidad de negociaciones (Shimon Peres, presidente de Israel)

El diario citó al legislador Silvan Shalom: "Cuando todo el mundo está boicoteando a Hamás, ¿tenemos que ser nosotros los que hablemos con ellos?".
"Sería un terrible error. Hamás aprovecharía este período de negociaciones para reestablecer sus capacidades y seguir introduciendo armas" en Gaza, añadió.
La corresponsal de la BBC en Ramala, Bethany Bell, señaló que las declaraciones del ministro de Transporte constituyen "la primera señal de que los israelíes consideran la posibilidad de negociar con la organización islámica palestina, desde que ésta tomara control de la Franja de Gaza hace seis meses".
"Desde entonces, Israel prácticamente ha aislado a ese territorio del mundo exterior, permitiendo sólo la entrada de suministros humanitarios", dijo nuestra corresponsal.
La entrevista a Haniya se dio a conocer el mismo día en que se realizaron los funerales, en Gaza, de varios miembros del grupo Yihad Islámica que murieron a causa de ataques aéreos israelíes.
Israel dijo que los combatientes palestinos habían atacado con cohetes el sur del país.

Nota de BBCMundo.com

Olmert desmiente un plan de nuevas viviendas en Jerusalén

según el aforismo que se atribuye a Lincoln, "no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo". (TODO)


Los compromisos de Anápolis imponen una fuerte presión sobre Israel contra cualquier ampliación de los asentamientos

LAURA L. CARO CORRESPONSAL

JERUSALÉN. La oficina del primer ministro de Israel, Ehud Olmert, se apresuró ayer a desmentir la aprobación de un proyecto para construir entre 10.000 y 15.000 nuevos apartamentos en territorio ocupado cercano a Jerusalén que, según publicaba ayer el diario «Haaretz» de Tel Aviv, ya tiene la luz verde del ministro de Vivienda, Ze´ez Boim. El plan, que estaría pendiente de un último trámite para su definitiva autorización, convertiría el actual asentamiento de Atarot en en la mayor colonia judía a las afueras de la Ciudad Santa, que quedaría así aún más desconectada de los vecinos barrios palestinos.
A falta de poco más de dos semanas para que el presidente de EE.UU., George W Bush, visite el país, y con una queja oficial norteamericana encima de la mesa por el anuncio el mes pasado de una promoción de 307 casas también en suelo confiscado a los palestinos, la respuesta fue tajante. «Nada está decidido y nada ha sido autorizado», aseguraba el portavoz de Olmert, Mark Regev, consciente de que un fallo en el compromiso de congelar la creación de colonias podría acarrear a Israel algo más que malentendidos con la Administración estadounidense, tan empeñada de repente en sacar adelante las negociaciones de paz abiertas en Anápolis.
«Algo así es innecesario y socavaría la posición internacional de Israel», reconocía más directamente el viceministro y brazo derecho de Olmert, Haim Ramon, que recientemente declaró que Atarot quedaría bajo control de un futuro Estado palestino.

«Guerra en el sur»

Los gestos conciliadores del Gobierno hebreo se quedaron ahí porque, en relación a Gaza, el jefe del Ejecutivo habló ayer ante los miembros de su partido Kadima de «una guerra en el sur». Aunque -se esforzó en exponer- se tratará de una guerra de precisión, de oportunidad y de inteligencia, que tendrá como objetivo «a los jefes de las organizaciones terroristas responsables del lanzamiento de los cohetes kassam», aclaró.
Según Olmert, los más de «200 ataques y asesinatos de terroristas» de los últimos meses «no son una coincidencia, sino resultado del intrépido trabajo del Ejército y de lo Servicios Generales de Seguridad», sumergidos en una estrategia «no de operación a gran escala, sino selectiva, con resultados impresionantes, que no va a parar». La misma que el martes sirvió para acabar con la vida de dos de los más importantes lideres de la Yihad Islámica, el de Gaza y el de Jenin, aparte de otra decena de milicianos.
Por otro lado, y con la mirada puesta en la amenaza iraní, Israel procedió el martes al lanzamiento experimental de una versión mejorada de un misil anti-misil tipo Patriot.

cárceles para presos comunes

Nota de TODO: ALGUNOS IDIOTAS PEGADOS AL "CONTRA TODOS...QUE SE VAYAN TODOS...TODOS SON IGUALES...KIRCHNER ES IGUAL A DE LA RÚA, ES IGUAL A DUHALDE, ES IGUAL A MENEM, ES IGUAL A ALFONSÍN, ES IGUAL A MASSERA-VIDELA, ES IGUAL A ISABELITA-EL CABO 3A" SON INCAPACES DE DIFERENCIAR, COMPARAR. LO IMPORTANTE ES PEDIR PERAS AL OLMO, SOCIALISMO A NO SOCIALISTAS... TODO O NADA, ESA ES LA CUESTIÓN.


BUENOS AIRES. La Justicia argentina dispuso ayer el traslado de represores de la dictadura que cumplen condena a centros penitenciarios para presos comunes, según determinó el magistrado Sergio Torres, después de que la semana pasada apareciera envenenado el ex represor Héctor Febres. La decisión afecta a los ex marinos detenidos por delitos cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada.
El fallo afecta entre otros a Alfredo Astiz y a Jorge «El tigre» Acosta, así como a Antonio Pernías, Carlos Octavio Capdevila, Pablo García Velasco, Juan Carlos Rolón, Alberto Eduardo González y Jorge Carlos Redice, entre otros.
El ex jefe del Ejército argentino Cristino Nicolaides fue condenado anteayer a 25 años de prisión por secuestros y desapariciones de opositores en la dictadura (1976-1983). Es el primer jerarca militar condenado tras la anulación de las leyes de amnistía.

Algo peor

Nota de TODO: Ocurre en todo el mundo, apreciada Maruja, no sólo en España



MARUJA TORRES 20/12/2007


"Creíamos enfrentarnos a un traficante de drogas pero es, además, algo mucho peor: un promotor inmobiliario". La frase, traducida como mejor puedo, se pronuncia en un episodio de la serie The Wire, que TNT ha empezado a emitir en los canales 24 y 25 de Digital+, lo cual considero y agradezco como regalo navideño de altura.
Es una sentencia para grabarla en el mármol. Confieso que, al trasladarla al español, me he sentido como una foca siberiana disidente que pierde la pelota de hacer monerías al ver entrar a Putin en el Circo de Invierno. Porque en The Wire -el episodio en cuestión pertenece a la tercera temporada: hasta entonces disfruten de cada capítulo-, la palabra que uno de los personajes emplea como sustantivo peyorativo es developer y, aunque creo que la he traducido bastante aproximadamente, a buen seguro que no todos los developers de nuestra geografía son malos, y por lo tanto más bien debería haber traicionado el original y escrito "especulador inmobiliario", no se me vayan a ofender los justos. En algún lugar del catastro de la conciencia de-constructora de esta época y de este país debe de figurar cuántos quedan. O no.
Vaya lo que precede para explicar el placer que me produce la noticia de que el propietario de Marina d'Or ha declarado como imputado por presunto tráfico de influencias, acusado de beneficiarse de una actuación irregular del Ayuntamiento de Oropesa, paraje paridor de paraísos levantinos, cuyo peso en oro pesa mucho más desde que los Aznar-Botella, con su corte, se adosaron allí durante unos veraneos inolvidables.
Creíamos enfrentarnos a un hombre que sólo quería que sus anuncios de Marina d'Or los presentara la amorosa Anne Igartiburu. Pero ¿nos encontramos ante alguien mucho más peligroso? No seré yo quien lo afirme o niegue, sino la ley.
Feliz Navidad no especulativa.

El negocio de la muerte crece sin freno en las minas

El país extrae el 80% del coltán, básico para los móviles
P. RUSIÑOL - Rugari - 20/12/2007


Casi ninguna calle de Goma o Bukavu, las dos grandes ciudades al este de la República Democrática del Congo, tiene asfalto, y cuando lo tiene los socavones impiden disfrutarlo. Apenas hay luz eléctrica en las calles de la región de los Kivus, que combina la exuberancia tropical del corazón de África con la pobreza de su gente. Pero debajo de tantos pies descalzos hay la mayor concentración de reservas minerales de África y quizá del mundo: diamantes, oro, cobalto, estaño, manganeso, coltán...
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La mayoría de los minerales se extrae ilegalmente y cruza al instante la frontera
La maldición de las riquezas asuela desde hace años la zona: las guerras se acumulan y los muertos se amontonan. La ONU documentó en 2002 la conexión directa entre la guerra en la región de los Kivus y la lucha por los recursos naturales: un informe demoledor puso al descubierto la insondable maraña de intereses creados para saquear la zona. El estudio no dejaba títere con cabeza, salvo los miles de mineros locales (incluidos niños) que trabajaban en condiciones de semiesclavitud. Las responsabilidades se repartían entre las autoridades congoleñas, ávidas de dólares y fáciles de sobornar, los países vecinos (sobre todo, Ruanda y Uganda), que exportaban todo gratis y sin permiso, y empresas multinacionales -se nombraba a 114: estadounidenses, británicas, belgas, alemanas-, beneficiarias últimas del saqueo organizado.
Cinco años después, la zona vuelve a estar en guerra y las causas parecen ser las mismas. Las únicas diferencias son que Uganda y Ruanda han retirado sus tropas -la lucha es ahora entre señores de la guerra y el Ejército- y que la trama de sociedades interpuestas con destino final a Occidente y China es más sofisticada. Pero se lucha en los mismos lugares y las víctimas siguen siendo los civiles."El Estado no controla las minas. La mayoría están gestionadas por milicias, apoyadas por empresarios bien conectados con Ruanda", sostiene el diputado nacional Thomas Luhaka, opositor al Ejecutivo de Joseph Kabila. El caos de tantos años -al menos desde la caída de Mobutu, en 1996- ha agravado el problema. Empresarios rivales han ido atesorando licencias distintas para explotar una misma mina y buscan el apoyo de ejércitos privados para hacer valer sus supuestos derechos. Una concesión la emitió el alcalde; otra, Kinshasa; otra, la autoridad regional. Y luego están las más importantes: las del grupo rebelde que controla la zona y la del que aspira a derrocarle. Todos esgrimen papeles para demostrar los derechos sobre un mismo lugar: con estos mimbres, la guerra tiene visos de convertirse en eterna.
La rebelión del ex general Laurent Nkunda, que se niega a disolver su milicia tutsi como exige Kinshasa, coincide con el intento del Gobierno central de poner orden en el sector minero y revisar todas las licencias. El feudo de Nkunda es la jungla cercana a Masisi, en Kivu Norte, la joya de la corona minera. Aquí están los mayores yacimientos de coltán, mineral básico para las nuevas tecnologías y los móviles. Es, además, escaso y difícil de encontrar: el 80% de coltán está en Congo, sobre todo en los Kivus.
La gran mayoría de minerales se extrae ilegalmente y cruza al instante la frontera. Los ingresos del Estado aportados por la extracción minera son hoy una séptima parte de lo que eran en 1970. El saqueo es generalizado. Un informe reciente del Instituto Pole, centro de estudios con sede en Goma que recibe financiación estadounidense y británica, certifica que la mayoría de los minerales extraídos se evapora antes de llegar a las autoridades. El destino del material robado es, primero, Ruanda. Después, un largo paseo para borrar huellas a nombre de sociedades que nacen y mueren a velocidad pasmosa. Finalmente, los países occidentales y China.
Todo el mundo conoce en Goma dónde se compra y se vende el oro, el coltán, los diamantes... Por ejemplo, en la Avenida des Ibis, 2, sede de Sadexmines, dirigida por un empresario libanés. Una enorme muralla roja repleta de alambradas impide el paso. "Estamos de vacaciones. Si vuelven en enero, les atenderemos", gruñe el portero. La actividad es frenética y lujosos cuatro por cuatro no dejan de entrar y salir. A cinco minutos a pie, en la calle Pelican, 11, hay otra gran finca que compra y vende minerales. Ni siquiera se exhibe un nombre comercial. Tras el informe de la ONU, desaparecieron los rótulos.
"Nadie, ni aquí ni el extranjero, tiene voluntad real para acabar con todo esto. Todos sabemos lo que pasa, pero el saqueo sigue, la guerra sigue y la miseria sigue", explica en Bukavu, la capital de Kivu Sur, una activista proderechos humanos. Aunque hable para el periódico de un remoto país, pide anonimato. "Si alguien de aquí leyera lo que digo, me acabarían matando. Así son las cosas en Kivu".

Beber y matar en la selva

Los congoleños temen a su corrupto Ejército tanto como a los rebeldes tutsis - Miles de soldados, borrachos y hambrientos, combaten en la guerra

PERE RUSIÑOL (ENVIADO ESPECIAL) - Rugari - 20/12/2007

Llevan la casaca andrajosa y sin abrochar, el pantalón sucio y unos zapatos que no merecen ese nombre. Suelen pedir dólares a bocajarro. O tabaco. En ocasiones, huelen a alcohol y ni se molestan en esconderse: portan una botellita de kasiksi, un vino de palma muy indigesto para los no iniciados pero que sabe a gloria a los soldados que se preparan para morir en una guerra que no entienden. En ese estado precario se bate el Ejército de la República Democrática del Congo al este del país, en una de las guerras olvidadas de África.
"Hace mucho que no cobro, y no he comido desde ayer", dice un soldado
En las guerrillas abundan niños que mueren sin saber contra quién luchan
Son 25.000 soldados (algunos visten uniforme reluciente; otros parecen mendigos), apoyados desde la retaguardia por 17.000 cascos azules. Son incapaces de reducir a 4.000 rebeldes tutsis congoleños liderados por Laurent Nkunda, muy bien conectado con Ruanda. La crisis se ha desbordado: hay 440.000 refugiados, el 20% de la población de la región. El Gobierno ha invitado a los rebeles a asistir a una conferencia de paz a finales de diciembre en Goma, la polvorienta capital de Kivu Norte, donde se vive el último capítulo de la guerra.
La carretera que une Goma con Rugari, una pequeña población de chabolas y campesinos humildes convertida en el frente más oriental de esta guerra, huele a pólvora. Cada palmo está tomado por soldados, que quieren resarcirse aquí de las humillaciones que les está infligiendo la guerrilla. Tienen siempre los ojos clavados en el imponente Monte Mikeno, de 4.300 metros de altura, y apartan con malas pulgas a los curiosos que salen de sus cabañas para ver la guerra en primera fila. Los civiles observan en silencio: se masca el miedo.
Un joven soldado apostado en la destartalada carretera empuña un Kaláshnikov y se prepara para entrar en combate. Los rebeldes están muy cerca, quizá a unos metros, protegidos por la espesa selva. Cualquier despiste puede ser letal, pero el soldado se tambalea: aunque está en primera línea del frente de guerra, sus enrojecidos ojos delatan que ha bebido demasiado.
"¡Por fin les vamos a dar!", clama un oficial. De un viejo antiaéreo ruso salen obuses hacia la montaña -10, en apenas un minuto- que amenazan con reventar los tímpanos cercanos. El oficial sonríe: "Allí se esconden los tutsis, pero esta vez caerán", añade, satisfecho. Su escolta exhibe con orgullo dos fusiles de asalto como prueba de que ahora van en serio: un M-16 estadounidense y un viejo AK-47 ruso. A su lado pasa un chico con aspecto de adolescente y mirada torva: carga un RPG-7, el mortífero lanzagranadas que tantas muertes ha causado en el Tercer Mundo. Éste es de China.
El gran despliegue militar en la carretera que cruza el parque Virunga no es, sin embargo, garantía de nada. Borrachos o no, el arma de los soldados congoleños está siempre a punto. Y si no llega el enemigo, el pato lo paga la población civil: en la calle, todos dicen desear el triunfo del Ejército frente a los rebeldes, pero temen a ambos casi por igual. Los abusos de soldados contra los civiles que supuestamente defienden están bien documentados por las organizaciones de derechos humanos.
"Hace mucho que no cobramos y no he comido nada desde ayer", explica airado un soldado que vaga cerca de Rugari. Y se pregunta: "¿Con qué moral quieren que luchemos?". En la carretera se avista un soldado de guardia acompañado por su esposa, que prepara algo de comer. Será poco y difícilmente matará el hambre -apenas se puede encontrar repollo, cebollitas, alubias y, con suerte, algo de carne de cabra-, pero con toda seguridad será más de lo que le dará el Ejército.
Kinshasa manda dinero a los batallones en función del número de soldados que agrupan y algunos mandos hinchan el censo para recibir más. El dinero suele detenerse aquí: raras veces llega a los soldados, lo que mina aún más su moral. El Gobierno ha destituido ya a varios jefes militares, y el Ejército, herido por la humillación a manos de los rebeldes, no oculta su malestar: el ruido de sables es impreciso, pero empieza a ser audible. "Tenemos a varios generales corruptos que sólo desean prolongar la guerra para ganar más dinero", se atreve a decir uno de los soldados que se preparan para entrar en combate en el Monte Mikeno.
En Rugari, el Ejército sí parece a ratos un Ejército. Un comandante orondo se pavonea ante los mirones mientras da instrucciones a una treintena de soldados en fila que en pocos minutos marcharán rumbo a la montaña. Dos batallones han partido ya y sus compañeros lanzan obuses desde la carretera para allanarles el camino.
Los rebeldes conocen bien el terreno y siempre les queda la posibilidad de refugiarse en Ruanda, cuyo Gobierno protege a sus hermanos tutsis. Pero los insurgentes suelen preferir lanzar pequeñas incursiones hacia la carretera para asustar a la exhausta población civil.
El temor a Nkunda, el líder rebelde, y a los tutsis está muy extendido en la zona. Son menos del 5% de la población y se les considera extranjeros, ruandeses y quintacolumnistas, pese a que llevan siglos asentados aquí. Es la milicia más organizada, pero hay muchas otras. Los interahamwe (los que matan juntos), radicales hutus que huyeron de Ruanda en 1994 tras perpetrar el genocidio, están también muy cerca de donde el Ejército bombardea. También están los Mai Mai, somatén de autodefensa que protege muy poco y saquea mucho. Y los Rastas, extraña guerrilla hutu con pretensiones místicas. La lista es tan larga como inextricable. Todos se han aliado con casi todos y han peleado contra todos. Las armas nunca faltan: la zona es muy rica en minas y los padrinos suelen ser generosos.
Entre los soldados congoleños que pululan alrededor de Rugari se ve a unos cuantos que rozan la mayoría de edad. En las guerrillas abundan los niños soldados, como constata María Mora, española de Save the Children: "Todos los grupos utilizan niños y en las últimas semanas han reclutado a muchos a la fuerza", explica en Goma. Es muy probable que esos niños mueran sin saber ni siquiera a qué grupo estaban combatiendo. Y lo que es aún peor: ni siquiera llegarán a saber por qué. ■

18 diciembre 2007

El desinterés de los jóvenes israelíes hacia el servicio militar



Nota de TODO:
Este artículo de Jana Beris toma varios de los hechos que alejan a la juventud de Israel del servicio militar "para defender a la patria", nombre eufemístico que encubre el cinismo y la hipocresía de los generales de la derrota, los gobernantes, los políticos y el establishment. Los 117 soldados muertos en la 2da. aventura del Líbano (julio/agosto de 2006) terminaron de abrir los ojos de numerosos jóvenes, que no quieren morir en las aventuras inescrupulosas del ejército, cuyos responsables estucan lo ocurrido, para cubrir sus gruesos errores, las órdenes suicidas y los crímenes perpetrados en nombre de la "patria".

El 28 por ciento de los varones en edad de enrolarse opta por no hacerlo. ¿Dónde deben de buscarse las causas? ¿En el ejército, en el Estado, en los políticos, o en los propios jóvenes? ¿Por qué un servicio antaño percibido como heroico es visto hoy con creciente desinterés por cada vez más jóvenes? ¿Qué consecuencias puede tener esta tendencia para la seguridad del Estado de Israel a 60 años de su creación?


Por Jana Beris

"El ejército del pueblo". Así fue y así siempre se vio a sí mismo el Tzahal, sigla hebrea que significa Fuerzas de Defensa de Israel. Siempre fue prácticamente el único marco en el que un barrendero podía hallarse en la misma unidad o el mismo campamento con un banquero, el médico de Tel Aviv con el agricultor y otras combinaciones singulares más.
En cuanto a lo multifacético de su composición, en lo referente a orígenes y variadas capas socio-económicas, se mantiene lo especial de Tzahal como ejército del pueblo. Pero la expresión parece ya no poder aplicarse en cuanto al alcance numérico, ya que va en continuo descenso el porcentaje de los jóvenes que hacen servicio militar obligatorio.

Números preocupantes

Para los israelíes, los números son alarmantes. Cerca del 28 por ciento de los hombres en edad de servir en el ejército (18 años) no hace el servicio militar, luego el promedio es que algo más de 1 de cada 4 hombres no se enrola.
El desglosamiento de dicha cifra es que el 11,2 por ciento de los que están en edad de entrar al ejército no lo hacen por resultar exentos en su calidad de estudiantes de yeshivot (institutos de estudios bíblicos), mientras que el 7,3 por ciento alega razones médicas diversas (lo cual incluye, al parecer, casos de exención por razones psicológicas de aquellos que se dicen inapropiados para el servicio). Un 4,7 por ciento consta de antecedentes penales, y 4,2 por ciento reside en el exterior.
Las mujeres no quedan fuera de estas cifras: el 35 por ciento de las jóvenes en edad de enrolarse piden ser exentas por ser religiosas, pero sólo una parte de ellas hace, como alternativa al servicio militar, el así llamado servicio nacional de ayuda en diferentes áreas de la sociedad.
El tema a considerar no es sólo el número absoluto de exentos, sino la tendencia. Según el coronel Shlomi Abraham, jefe del Departamento de Administración de Recursos Humanos, Tecnología e Investigación, el porcentaje de los no enrolados va en aumento. Desde hace pocos meses y hasta aproximadamente el próximo junio, se enrolará a los nacidos en 1989, pero lo cierto es que el 28 por ciento de ellos no realizará el servicio militar. Hace unos años, cuando los enrolados eran los nacidos en 1981, el porcentaje de los que quedaban fuera era del 21 por ciento.

Los ultraortodoxos, exención en bloque

No hay duda alguna de que la causa principal es que un sector entero, los religiosos ultraortodoxos, reciben exención automática inclusive sin que tengan que demostrar que realmente son estudiantes de yeshivot, sino bastando que lo aleguen.
Ello se origina en un acuerdo al que llegó en los primeros años del Estado el entonces primer ministro David Ben Gurión con los partidos ultraortodoxos, determinando que cierto número de jóvenes que querían dedicarse a los estudios religiosos superiores podrían ser exentos del servicio militar. El argumento de los partidos religiosos era que el estudio de las Sagradas Escrituras había mantenido unido durante siglos al pueblo judío aún en medio de la dispersión y el exilio.
Pero el fenómeno se tornó en un hecho masivo que excede en mucho lo pactado hace casi seis décadas .Y su significado se agrava al multiplicarse claramente el porcentaje de este sector en toda la población, debido a su tasa de natalidad, muy superior por cierto a la del resto de la población israelí, salvo partes de la ciudadanía árabe.
En 1974, los jóvenes ultraortodoxos en edad de entrar al ejército constituían el 2,4 por ciento del total de los israelíes aptos para enrolarse, mientras que hoy, algo más de tres décadas después, el número ascendió considerablemente y supera el 11 por ciento.

Ya no es una vergüenza

Si bien dentro de ese 28 por ciento de los jóvenes que no se enrolan una parte no es considerada como quienes esquivan el servicio con mentiras o argumentos falsos, el fenómeno en sí va en aumento. Y una prueba de que no se trata únicamente de problemas objetivos, sino del enfoque de jóvenes que prefieren no hacer el servicio, es la distribución del fenómeno en diferentes partes del país. Mientras en Tel Aviv el porcentaje de los que no se enrola es casi del 35 por ciento, en las comunidades del norte del país, baja hasta el 17,4 por ciento. En Jerusalén la cifra alcanza el 52 por ciento, por el alto porcentaje de ultraortodoxos en la población de la capital.
Lo preocupante, en términos de la sociedad israelí, no es sólo el resultado (por el cual los jóvenes que sí se enrolan se sienten a menudo utilizados porque hay otros que no hacen nada), sino también el ambiente que lo hace posible.
Antes (y es difícil señalar un año exacto, ya que todo ha sido un proceso) era una vergüenza no hacer servicio militar. Enrolarse y servir en unidades de combate, en un país que se sigue sintiendo amenazado por sus vecinos, era un motivo de orgullo. Ahora, si bien sería totalmente exagerado decir que ese fenómeno ha desaparecido, también hay otro, el de aquéllos que consideran que aquél que entrega tres años de su vida al servicio militar es, en el mejor de los casos, un tonto que desaprovecha su tiempo.
El ministro de Defensa, Ehud Barak, declaró recientemente en una conferencia en la Universidad de Tel Aviv que los que se enrolan a Tzahal y los combatientes en las unidades de la reserva militar son los dignos de ser considerados verdaderos héroes de la sociedad. Con ello apuntaba no sólo al rol positivo de quienes sí cumplen con su deber en este sentido, sino que criticaba el fenómeno social de los últimos años, de jóvenes exitosos en programas populares como concursos de la canción o de bailes en altas horas de televisión y que no tenían problema en decir que no habían ido al ejército.
Hace pocos días, el director general de la Autoridad de Radiodifusión de Israel, Mordejai Shklar, declaró que no se haría un concurso abierto para decidir quién representaría a Israel en el festival europeo de la canción Eurovisión, a fin de no dar a jóvenes estrellas que no hicieron el servicio militar la oportunidad de ganar. No permitiré que nos representen quienes esquivaron su servicio militar, dijo Shklar. Es como pedirme que aplauda a alguien que utiliza alguna falla legal para evadir el pago de impuestos, explicó.

Las culpas

Pero la responsabilidad no puede recaer únicamente en aquellos casos que esquivan el servicio militar, sino en los marcos de la sociedad que no hacen lo necesario para garantizar el cumplimiento de la ley y, más aún, el respeto a una norma que fue siempre un valor básico de Israel.
Es a ello que se refirió el ministro de Defensa, Ehud Barak, al criticar a profesores de universidad que no permiten a estudiantes llamados a servicio de reserva dar sus exámenes en fechas alternativas, o a líderes de la opinión pública que apoyan y publicitan a héroes culturales que evaden el servicio. Una sociedad bajo amenaza existencial sobrevivirá únicamente si respeta a quienes la defienden, agregó.
También el comandante en jefe del Ejército, teniente general Gabi Ashkenazi, se refirió al tema, señalando que los que evaden el servicio deben ponerse rojos de vergüenza, aclarando que si bien también en el pasado había quienes no cumplían con su deber lo nuevo es que ahora han perdido la vergüenza. A eso se refería también Barak al decir que antes no servir en el ejército era una marca de Caín.
Sin embargo, aunque todas estas frases sean muy ciertas, lo que cabe preguntar ahora es si acaso el Estado mismo no tiene la culpa de lo que está sucediendo, en parte al menos. En un editorial del matutino Haaretz, se afirma categóricamente que el no enrolamiento de casi la mitad de la población (incluyendo a la ciudadanía árabe) no es responsabilidad de los que deberían enrolarse sino del Estado que no los incluye.
Trucos políticos han permitido a políticos de todos los partidos, a lo largo de la existencia del Estado, eximir a los ultraortodoxos completamente, aceptando sumisamente su argumento de que a ellos se les ha encomendado el rol histórico de rehabilitar el judaísmo después del holocausto, sea a través de intensos estudios de la Torá o de su producción de hijos, escribe el editorialista. Y continúa: En lugar de perseguir a artistas que logran esquivar el servicio militar, no hace más que agregar insulto a la ofensa.

Cuestión de confianza y ejemplo

Pero el periódico toca otro tema muy de fondo, que sí se refiere a las motivaciones de los que esquivan enrolarse, aunque de hecho culpa por ello a otros. No se puede volver el reloj hacia atrás, a los días ingenuos en los que los ciudadanos tenían gran fe en las buenas intenciones del gobierno y en los que su voluntad de sacrificar sus vidas era proporcional a su grado de confianza, escribe. La confianza en el Estado no puede ser reinstaurada mediante amenazas y sanciones, sino únicamente a través de un comportamiento moral y responsable del gobierno.
El analista Nehemia Shtrasler, del periódico Yediot Ahronot (dedicado en general a temas económicos, pero también a asuntos de interés general), también critica al ministro de Defensa , al que acusa de haber batido records de cinismo con su discurso inflamatorio contra los que esquivan servicio militar. Shtrasler recuerda que cuando se postuló como candidato a primer ministro en 1999, su lema era una nación, un enrolamiento, dando a entender que había que terminar con todas las exenciones del servicio militar, especialmente las dadas en bloque a un sector, pero que en la práctica, bajo su gobierno, se apoyó legalmente el dejar fuera del servicio a los ultraortodoxos a través del llamado Comité Tal.
Se requiere una medida nada pequeña de atrevimiento para hablar de soldados de combate que se sienten aprovechados y no suficientemente apreciados, escribió el analista. Al fin de cuentas, se sienten así porque otros 50.000 jóvenes como ellos, que son tan sanos y talentosos como ellos, se reclutan a las yeshivot (aunque no necesariamente estudien) y "mueren" en el estudio de la Torá, mientras ellos resultan heridos y muertos defendiendo el país, aclaró.
Mejor repartición
Shtrasler no niega que existe el fenómeno de esquivar el servicio militar también entre los seculares, pero en mucho menor escala. La vasta mayoría, tanto de los seculares como de los religiosos sionistas, entra al ejército y completa el servicio militar. Pero mientras entre los haredim (ultraortodoxos), el ciento por ciento no hace servicio militar, entre los seculares y religiosos sionistas sólo el 17 por ciento no lo hace.
Es que, más allá del tema de los valores y de la unidad de la sociedad, hay aquí también una consideración muy práctica. Si el esfuerzo se repartiera entre más soldados, cada uno podría no sólo llevar menos carga sobre sus hombros, sino inclusive correr menos peligro en situaciones de combate.
El general Elazar Stern, jefe del Arma de Personal del ejército (él mismo observante, religioso sionista, o sea, no de la corriente ultraortodoxa) lo dijo claramente: si al hoy existente batallón de soldados haredim (ultraortodoxos) que existe en forma excepcional, se pudiera agregar otro, ello incidiría en la cantidad de batallones de reservistas a llamar por año al servicio y en el tipo de actividad que hagan, más entrenamiento y menos días operativos.
El servicio comunitario
Lo que agudiza la discusión es que quienes no van al servicio militar, no toman la alternativa de un servicio en pro de la sociedad, inclusive en su propio sector. La discusión al respecto se da especialmente con fuerza en lo relacionado a la ciudadanía árabe (casi el 20 por ciento de la población) que no es reclutada, por decisión del Estado, salvo los casos de voluntarios que se presentan y piden hacer servicio militar.
Este sector, por evidente temor a choque de intereses, no es llamado al servicio, pero sí hay propuestas de que hagan un servicio nacional o social, en sus propias escuelas, en hospitales, algo similar a lo que hacen las mujeres que no quieren ir al ejército por ser religiosas y preferir no servir junto a varones en condiciones que consideran inapropiadas, pero que desean sí prestar un servicio alternativo a la sociedad.
El tema ha dado lugar a muchas discusiones con variados matices, ya que por un lado están aquellos israelíes judíos que consideran que no se podría confiar en los ciudadanos árabes como parte del ejército, por otro los propios árabes que no quieren ni siquiera hacer un servicio social y en el medio los que sí quisieran afirmando que ello también ayudaría en su lucha por plena igualdad de oportunidades.
De cara al futuro
Volviendo al cuadro general, hay quienes recuerdan justamente ahora, al cumplirse ya más de un mes de huelga de los docentes de secundaria en todo Israel, que todo comienza por la educación. Pero, al analizar el por qué del fenómeno aquí descrito, claro está que son varios los factores que se combinan y que no hay una sola explicación. Y la responsabilidad no puede recaer sólo sobre los jóvenes que no cumplen la ley, sino sobre aquellos que de hecho, por más que luego protesten, se lo permiten.
Es la responsabilidad de los políticos garantizar que se maniobre en temas como éste, con el objetivo, por ejemplo, de preservar coaliciones de gobierno con el apoyo de los partidos ultraortodoxos. Y es la responsabilidad del ejército ocuparse también de que jóvenes que se considera pueden causar problemas no sean dejados fuera.
Si se los recluta y dedica esfuerzos a su inserción, el ejército y la sociedad toda, saldrán ganando.

La fuente: La autora es periodista especializada en Medio Oriente y corresponsal del Servicio Latinoamericano de la BBC (de Londres) y del diario La Nación (de Buenos Aires) en Israel, entre otros medios. Estudió Relaciones Internacionales en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Su artículo se publica por gentileza del Foro para una Democracia Segura (Safe Democracy Foundation).

El ex dictador uruguayo Álvarez, en prisión por las desapariciones


El ex dictador Gregorio «Goyo» Álvarez, a su llegada a un juzgado de Montevideo


ABC − MONTEVIDEO. La Justicia uruguaya ordenó ayer el procesamiento con prisión del ex dictador Gregorio Álvarez, en una causa por violación a los derechos humanos durante la dictadura (1973-1985), quince meses después de los primeros enjuiciamientos del régimen militar.
Comandante en jefe del Ejército en 1978 y presidente del gobierno de facto entre 1981 y 1985, Álvarez fue procesado como «coautor de reiterados delitos de desaparición forzada» cometidos con los traslados clandestinos desde Buenos Aires a Montevideo de presos políticos, que luego habrían sido ejecutados, según precisó la fiscal Mirtha Guianze a France Presse. El juez Luis Charles consideró en su dictamen que la responsabilidad del ex represor recae en el traslado en 1978 de una veintena de presos políticos por tierra, mar y aire, secuestrados antes en los centros clandestinos de detención argentinos conocidos como pozos de Banfield, Quilmes y COTI-Martínez.

Renuncia a la defensa

Por el mismo delito, el magistrado dictó el procesamiento del capitán de navío Juan Carlos Larcebau y emitió una orden de captura internacional para el oficial de la Armada Jorge Tróccoli, sobre quien recaen idénticos cargos.
Los procesamientos de Álvarez y Larcebau son los primeros de la jurisprudencia uruguaya bajo la figura de «desaparición forzada», promulgada en el país en 2006 en el marco de la ley de crímenes de lesa humanidad y prevé una pena de dos a veinticinco años de penitenciaría por tratarse de un delito considerado permanente, mientras no se establezca el destino o paradero de las víctimas.
Una vez conocido el fallo, el abogado de Álvarez, Carlos Curbelo Tammaro, a quien la Corte Suprema de Justicia desestimó la pasada semana tres recursos en cuatro días, renunció a la defensa y alegó la falta de garantías que constituyen el debido proceso legal. Álvarez, de 82 años, que ya está encarcelado en el centro de reclusión de militares Domingo Arena, podrá ahora nombrar un nuevo defensor o aceptar el que le designe la justicia de oficio, con un plazo de cinco días para presentar una eventual apelación. Gregorio Álvarez dijo desconocer el Plan Cóndor, que coordinó la represión entre los regímenes militares de los años 70 en el Cono Sur.

Castro dice que no se aferrará al poder

Comentario de TODO:
Palabras interesantes de Fidel, dignas de estudiar y comparar con las historias del resto de los que fueron países socialistas, en las que los líderes eran suplantados luego de la muerte. Realmente interesante y para pensar.


El líder cubano se refiere por primera vez a su posible retirada definitiva de la vida pública

MAURICIO VICENT - La Habana - 18/12/2007

El presidente cubano, Fidel Castro, aseguró ayer que no se aferrará al poder ni cerrará el pasado a las nuevas generaciones de dirigentes que han de tomar el relevo de la revolución. Las declaraciones del líder comunista se producen en vísperas de las elecciones al Parlamento que tendrán lugar en la isla el 20 de enero, y que deben desembocar antes del 5 de marzo en la elección de un nuevo presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, cargos que hasta ahora siempre ha ocupado él.
Castro, que no aparece en público desde hace 16 meses debido a una grave enfermedad, sorprendió a propios y extraños con una carta leída durante el programa de la televisión Mesa Redonda, dedicado al tema “Cuba: derechos Humanos, cambio climático y la solidaridad”.

Luego de reflexionar sobre la recién concluida cumbre de Bali y la decisión anunciada el lunes por las autoridades de que Cuba firmará en breve dos pactos de derechos humanos de la ONU, Castro entra de lleno en el tema de su posible sucesión: “mi deber elemental no es aferrarme a cargos ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencias e ideas cuyo modesto valor proviene de la época excepcional que me toco vivir”.
Las palabras de Castro rebotaron enseguida y leventaron expectativas en medios diplomáticos y periodísticos: es la primera vez que se refiere con tal claridad a este asunto, y en momentos en que la isla se discute sobre que cambios económicos y políticos es necesario hacer al modelo socialista cubano para que la revolución sobreviva.

En otro pasaje de su carta, Castro asegura: "No albergo ilusiones, mi más profunda convicción es que las respuestas a los problemas actuales de la sociedad cubana, que posee un promedio educacional cercano al 12 grado, casi un millón de graduados universitarios (...) requieren más variantes de respuesta para cada problema concreto que las contenidas en un tablero de ajedrez".
El líder cubano afirmó que "ni un solo detalle se puede ignorar, y no se trata de un camino fácil si es que la inteligencia del ser humano en una sociedad revolucionaria ha de prevalecer sobre sus instintos".

17 diciembre 2007

La guerra reaviva el infierno de Congo





45.000 personas se hacinan en el mayor campo de refugiados de la región de Kivu Norte desplazados por la amenaza de un nuevo genocidio

PERE RUSIÑOL (ENVIADO ESPECIAL) - Goma - 17/12/2007

Pascal huyó del infierno de la guerra y quedó atrapado en el infierno del campo de refugiados. "Llevo 15 días en el campo y no he logrado aún que me proporcionen una tienda ni que me den un poquito de comida. ¡Nada!", explica Pascal, 42 años y ocho hijos, de voz grave, mirada severa y paciencia casi infinita.
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Todos escaparon de los combates y llevan días a la espera de comida

Muchos refugiados huyen al oír el nombre del jefe guerrillero Nkunda
La crisis humana en el Kivu Norte, al este del Congo, crece a un ritmo vertiginoso y ha desbordado a las autoridades y a las agencias humanitarias: desde que empezó el año hay 440.000 nuevos desplazados -el doble que en Darfur en el mismo periodo-, que se amontonan sin apenas recibir ayuda.
Hay muchos como Pascal en Mugunga que, con 45.000 desplazados, se ha convertido en el mayor campo de la convulsa región congoleña, un polvorín permanente desde al menos 1994. La mecha, nunca bajo control, volvió a estallar en septiembre y el resultado es una nueva guerra abierta de raíces inextricables, pero conectadas con los peores fantasmas de África: el genocidio de Ruanda (1994) y la guerra mundial africana (1996-2003), que enfrentó a nueve países en suelo congoleño y causó cuatro millones de muertos.
Al campo de refugiados de Mugunga sólo se llega tras cruzar un destartalado camino en medio de una belleza arrebatadora. A los paisajes del Kivu Norte, el granero congoleño, se les ha comparado a menudo con Suiza, y los alrededores de Goma, la capital, aparentan efectivamente la calma helvética: altas montañas de vegetación exuberante junto al imponente Lago Kivu. Aire puro. Rincones ideales para ser feliz. Y sin embargo, tras recorrer el camino escondido por bananeros se llega a Mugunga donde, en décimas de segundo, Suiza se convierte en la cara más terrible de África.
Más de 2.000 personas se apiñan en un hangar sin espacio ni siquiera para mover las piernas. Esperan a ser inscritos. Algunos llevan varios días así, perdiendo la vida poco a poco. Al observar la llegada de visitantes, casi todos van logrando sacar fuerzas para levantarse e ir a por ellos. Creen que por fin les van a registrar. Cuando se dan cuenta de su error, confían en que al menos les darán algo de comer.
Todos cuentan al mismo tiempo la misma historia en el mismo precario francés: huyeron de los combates, llevan días esperando. ¿Por qué no les dan nada para comer? Un responsable del campo admitirá más tarde los problemas y los achacará a la riada de nuevos desplazados -1.700 llegaron a Mugunga sólo el pasado martes-. Dirá que se reparten 12 kilos de comida -harina de maíz, aceite, verduras- por familia y mes. Admitirá que es poco, pero subrayará que se están haciendo esfuerzos para mejorar la situación. Entonces es cuando Pascal le interrumpirá, indignado: "¿12 kilos de comida? ¡Llevo 15 días aquí y nunca me han dado nada! ¡Y no conozco a nadie a quien le hayan dado 12 kilos de comida!"
¿Cómo sobrevive tanta gente sin nada? "Vamos cada día al bosque y cortamos ramitas de los árboles. Luego, vamos a Goma a pie y tratamos de venderlas. Nos pagan cinco francos congoleños por cada paquete", explica Pascal.
El descontrol de la situación facilita las epidemias. En Mugunga hay un brote de cólera y nadie se sorprende: el ratio de agua potable considerado aceptable es de 20 litros por persona y día. La media en los campos de desplazados de Kivu Norte es sólo de cinco.
Un equipo de Médicos Sin Fronteras ha instalado un centro en medio del campo que ha logrado al menos frenar la intensidad de la epidemia de cólera, que sigue en cambio muy descontrolada en Rutshuru.
En el improvisado centro contra el cólera de Mugunga se han tratado casi 900 casos en seis semanas. El doctor, Eric, de Goma, empieza a respirar. Se estrenó en 1994, en el mismo campo, que se abrió para atender a los centenares de miles de refugiados que huían de Ruanda durante el genocidio. "La situación de ahora es muy similar a la que vivimos entonces", explica resignado a que el desastre actual reciba mucha menos atención internacional.
Aquella crisis de proporciones dantescas -en tres meses, las milicias interahamwe (los que matan juntos) asesinaron a machetazos a 800.000 tutsis y hutus moderados- aún colea en el Kivu Norte y explica parte de los desplazamientos de ahora. La ola de refugiados de 1994 -tutsis, hutus y, al final, muchos interahamwes- añadió todavía más tensión al Kivu Norte, una región ya de por sí complicadísima, crisol de decenas de tribus y de preciadas minas del preciado coltán. En cierta manera, el sangriento enfrentamiento ruandesa entre hutus y tutsis se trasladó a la República Democrática de Congo, en donde habitan también estas tribus.
"Estoy seguro de que al final la situación mejorará, pero hoy por hoy tengo miedo de Nkunda y de los tutsis", explica en su minúsculo habitáculo de Mugunga Ijakaremje Gilbert, hutu de 24 años huido de Kichanga. Nkunda es el líder de la milicia tutsi, que se niega a disolverse esgrimiendo precisamente que los 200.000 tutsis de la región se verían abocados a un nuevo genocidio. "Nkunda mantiene viva la querella entre tutsis y hutus porque vive de alimentar el problema", se queja Ijakaremje.
Muchos refugiados se ponen de pie y recogen los cuatro harapos que conservan para huir con sólo escuchar el nombre de Nkunda. El frente está apenas a 20 kilómetros al norte de Mugunga y, cuando alguna vez el viento ha favorecido que aquí se escucharan los tiros, miles han salido corriendo en estampida y el campo ha sido tomado por el pillaje. Por eso cuesta tanto organizar el campo, afirman los responsables de hacerlo.
Y por esto centenares duermen al raso, sin comida, resignados: temen tanto "a los tutsis", convertido en un sinónimo de ruandés pese a que hay tutsis en Congo desde hace siglos, que prefieren el hambre y el cólera a verse atrapados en territorio de Nkunda, el militar rebelde bien conectado con Ruanda que con apenas 4.000 hombres ha puesto en jaque a todo el Gobierno de la República Democrática del Congo.