09 abril 2009

GAZA: ALEGATO A FAVOR DE LA CORTE PENAL INTERNACIONAL



"La injusticia en un lugar es una amenaza para la justicia en todas partes" (Martin Luther King)

GAZA: ALEGATO A FAVOR DE LA CORTE PENAL INTERNACIONAL

Gilles Devers
Actualités du Droit
Traducido por Manuel Talens


La Corte Penal Internacional (CPI) no es lo ideal, pero lo ideal pasa por la Corte Penal Internacional y, tras las masacres en Gaza, ha llegado la hora de citarse con ella. De ahí la importancia de una pregunta que pretende delimitar campos opuestos: ¿Estamos a favor o en contra de la Corte Penal Internacional? Han pasado siete años desde que se crease esta jurisdicción y hoy resulta de buen tono hablar de ella con un escepticismo evasivo, fingiendo indiferencia o criticándola con ardor. Que tales posturas con respecto a una institución sean injustas es una cosa, pero lo de verdad preocupante es que más de una de ellas se basa en falsos análisis. Los retos actuales exigen una clarificación.

La justicia: pragmatismo e ideal

El análisis de la justicia internacional está lleno de peligros. El desfase vertiginoso que existe entre el carácter pragmático de la herramienta judicial y el ideal de justicia se vuelve abismo a la hora de razonar y actuar tras la carnicería humana cometida en Gaza entre el 27 de diciembre de 2008 y el 17 de enero del 2009.
Es éste un aspecto clásico de la justicia –a la vez ideal, inalcanzable y aleatorio–, lo cual significa que para avanzar es preciso tener los pies en tierra y la cabeza en las nubes. Los pies en tierra pues nada es posible sin el respeto de los hechos y una excelente práctica jurídica. La cabeza en las nubes porque todo juicio debe acercarse al ideal de justicia, a eso que puede y debe hacer la fuerza humana.
Hablando con franqueza, es verdad que la historia de la CPI es la historia de una decepción. Y eso es algo muy duro, pues antes de convertirse en un estatuto, fue un ideal razonado que avanzó gracias a la extraordinaria universalidad de los militantes a favor de los derechos humanos. Y preciso es constatar la diferencia entre el proyecto original y el Estatuto, debida a una poco honrosa manipulación: el proyecto original fue edulcorado para que permitiese el mayor acuerdo posible y, sobre todo, para que lo firmasen USA e Israel. Hubo que hacer concesiones importantes en cuestión de eficacia y, por fin, esos dos países firmaron el texto. Lo firmaron pero no lo ratificaron, lo cual constituyó una funesta victoria que les dejó la satisfacción de haber erosionado una herramienta para luego rechazarla.
Pero eso constituye únicamente una etapa y la CPI debe analizarse también tal como es, con sus debilidades y sus fortalezas. Nada resulta posible fuera del respeto del Estatuto, es cierto, pero todo jurista conoce el valor de la flexibilidad de los textos y de la interpretación que se les puede dar en la dinámica de un proceso. Sobre todo, no hay que olvidar que desde la perspectiva de la Historia lo que prima es el derecho, no la fuerza. Los poderosos pueden estorbar, bloquear las evoluciones, agotar las energías, alimentar la injusticia, provocar crímenes… pero terminan siempre por ceder, pues si bien pueden prohibir muchas cosas, lo que no pueden es aniquilar las aspiraciones humanas a la libertad y la justicia. Por eso, si esta CPI no es la buena, si hay que mejorarla, la mejoraremos. El próximo mes de julio se iniciará el período de revisión del Tratado. Y, más tarde, habrá otros tratados, pero serán para reforzar la herramienta, no para reemplazarla, pues la CPI nos permite llegar muy lejos.

¿Una justicia internacional?

Veamos en primer lugar las críticas más generales: la primera es que la propia idea de una justicia internacional está en entredicho. Por supuesto, las relaciones y discrepancias entre Estados deben resolverse a través de la vía diplomática y de las instancias internacionales. Las complejidades de los asuntos a tratar, el calendario de la vida internacional, el principio de la soberanía... todo ello legitima la diplomacia y relativiza el papel de las instituciones jurisdiccionales internacionales. Relativiza, sí, pero no las hace desaparecer y, por ello, el desengañado escepticismo que expresó en fechas recientes el ex ministro francés Hubert Védrine [1] es fruto de una mente que ha perdido la inspiración.
Las herramientas de la justicia internacional tienen ya más de cien años y el paso del tiempo no ha hecho más que reforzarlas. ¿Será que esta construcción está condenada a derrumbarse ante las soberanías? No, en realidad lo que estamos viendo es la reproducción a escala jurídica mundial de lo ocurrido a escala jurídica europea. Textos generosos y jurisdicciones que en el momento de su creación parecen casi esotéricos, sometidos a críticas abruptas, las cuales se convierten a su vez en obstáculos para la comprensión. Pero alejados de la luz pública, con el paso del tiempo esos textos y esas instituciones se ponen a vivir, alimentados por la necesidad de justicia, por la creatividad de quienes los hacen suyos y por la gravedad de las situaciones que se les plantean. Al final, se imponen como referencias, sobre todo cuando en paralelo el poder político sigue siendo veleidoso.
El Estado es irreemplazable, pues constituye el lugar donde se expresa la soberanía y se forjan los mecanismos de solidaridad. Y el Estado sigue siendo el marco predilecto para hacer justicia. Pero los valores de la justicia son universales, lo cual explica que el injerto internacional prenda con tanta fuerza y sea tan fecundo. Cuando se llega al derecho fundamental, es necesario pensar con mente internacional. No se trata de reemplazar la diplomacia por la justicia ni de diluir los Estados en un incierto orden internacional, sino de decir, simplemente, que un umbral de injusticia impide la construcción de la paz y que, a fin de cuentas, lo mejor que puede pasar con criminales es que los juzguen. Un orden internacional que excluya el crimen de guerra, el crimen contra la humanidad y el genocidio... Sí, la justicia internacional puede contribuir a él y la CPI es una herramienta fundamental.

El doble rasero

La segunda gran crítica no tiene nada que ver con el principio de la justicia internacional, sino con su modo de funcionamiento. A la CPI se le achaca que sea una herramienta del poder occidental, el cual consumaría su dominación –tras haber impuesto su fuerza diplomática y económica– mediante un refinamiento jurisdiccional. Y se pone como ejemplo que la CPI sólo se ocupa de casos africanos. De acuerdo, pero analicemos qué hay en esto de verdad.
En los casos del Congo, de la República Centroafricana y de Uganda, fueron las propias autoridades estatales quienes acudieron a la Corte Penal Internacional, así que como expresión del imperialismo occidental hay mejores ejemplos... Sí, se me podrá responder, pero también está Sudán y ése es el quid de la cuestión. Sudán no forma parte del Tratado de Roma y está siendo sometido a una investigación con orden de arresto contra su jefe del Estado, mientras que en otros muchos países se han cometido grandes crímenes que hubieran justificado medidas similares. Existe, pues, un doble rasero y eso es un escándalo en la práctica judicial.
Pero ¿quién es el autor del escándalo? ¿La CPI y su fiscal, con sus querellas selectivas? Por supuesto que no. Si existe una querella contra Sudán es porque el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha sometido el caso a la CPI. Se trata del mismo Consejo de Seguridad que creó un tribunal especial para ocuparse del asesinato de Rafic Hariri y es también el mismo que no hace nada ante las masacres cometidas por las autoridades israelíes durante la operación “Plomo fundido”: 1300 palestinos asesinados, de los cuales sólo una minoría eran combatientes; 4000 heridos graves y destrucciones masivas de bienes civiles y económicos. Ban Ki-moon, el secretario general de Naciones Unidas, ha solicitado que se inicie una investigación y lo mismo hizo el Consejo de los Derechos Humanos de Naciones Unidas. Pero el Consejo de Seguridad permanece impertérrito. El escándalo del doble rasero está ahí, se debe a este órgano político, capaz de ver los crímenes de Darfur, pero de ignorar los de Gaza. En Sudán, se considera que el criminal es lo bastante débil como para poder juzgarlo; en cambio en Israel el criminal es demasiado poderoso para inquietarlo. Es evidente que eso no podrá seguir siendo siempre así. Tarde o temprano, algún día habrá que pedirle cuentas al Consejo de Seguridad, cuando órganos jurisdiccionales incontestables, entre ellos la CPI, hayan juzgado los crímenes contra la humanidad cometidos en Gaza.

La eficacia de la denuncia

Vienen a continuación las críticas contingentes. Veamos: de todas formas, esta CPI no puede hacer nada contra Israel, así que hagamos olvidémonos de ella.
En primer lugar, e incluso si fuera así, ¿por qué deberíamos olvidarnos de ella? La única razón válida para renunciar a la CPI sería el riesgo de debilitar las acciones iniciadas ante las jurisdicciones nacionales, en el marco de la competencia universal o en función de la nacionalidad de las víctimas (por ejemplo, las víctimas con doble nacionalidad, francesa y Palestina). Pero ese riesgo es inexistente. Un fracaso en La Haya pondría en evidencia el carácter restrictivo del Tratado, eso es todo. No debilitaría en absoluto los demás procedimientos. Por el contrario, el menor signo positivo ofrecido por la Oficina de Diligencias de la CPI sería un triunfo en los enjuiciamientos llevados a cabo en el interior de los Estados.
Lo más sorprendente contradictorio es el escaso margen de maniobra que el Estatuto deja a las víctimas y a las ONG para puedan querellarse. Por eso es imprescindible que se difundan por todos los medios los textos que tratan de la gravedad de los hechos, para que las ONG puedan intervenir de forma masiva ante la Corte Penal Internacional. Abstenerse de hacerlo para implorar ante el Consejo de Seguridad sería contraproducente. Sobre todo si se considera que a estas alturas está más que claro que el Consejo no hará nada...
No, se trata de un auténtico error. La gran especificidad de la denuncia se debe a que proviene de los militantes a favor de los derechos humanos, los cuales están en contacto directo con las víctimas. Las ONG firmantes proceden de todo el planeta, a empezar por las de Palestina y del mundo árabe musulmán. Hasta la fecha, son 450 ONG y falta por ampliar el círculo para hacerlo todavía más representativo. Y, sobre todo, en el marco de un consenso político, la Autoridad Nacional Palestina ha otorgado competencia a la CPI para que juzgue los crímenes cometidos en Gaza desde 2002. Se trata de una declaración de competencia con efecto retroactivo –tal como lo permite el Estatuto– que ha pasado demasiado inadvertida y que establece la competencia de la Corte para investigar en el territorio de Gaza. Esta iniciativa de la Autoridad Nacional Palestina es de una importancia histórica, pues sitúa la causa palestina bajo el ángulo del derecho, le permite actuar en calidad de Estado ante una jurisdicción internacional y afirma públicamente quién es el agresor y quién la víctima.

¿Hasta dónde?

¿Hasta dónde podrá llegar la Corte Penal Internacional? Lo más lejos posible y todo el camino que recorra será beneficioso para la causa.
Los hechos están comprobados y no son difíciles de probar: Israel no se imaginó la contraofensiva jurídica y dejó sobre el terreno todas las pruebas de sus fechorías, de su ausencia de objetivo militar, de su determinación de golpear a la población civil. Por sí solos, los trabajos del Consejo de los Derechos Humanos de Naciones Unidas establecen la pertinencia de las calificaciones de aquellos actos como crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en el sentido preciso del Tratado de Roma. La realidad se impone cada día más: no existió objetivo militar alguno, sólo objetivo civil, el de causar pérdidas humanas y destrucción entre la población civil. Si no, ¿por qué Israel bombardeó a las horas en que los niños salían de la escuela? ¿Por qué destruyó sistemáticamente los centros de la Seguridad civil? ¿Por qué destruyó un tercio de las tierras cultivables? ¿Por qué bombardeó los equipamientos económicos? ¿Por qué tras la ejecución sumarísima de toda una familia y la destrucción de su vivienda los soldados dejaron vivo únicamente al abuelo y, cuando éste les imploró que también le quitasen la vida, le contestaron que no lo mataban porque así podría contar lo que sucedió? Sabemos ya lo suficiente para concluir que es necesario investigar.
¿Y qué decir de la cuestión del Estado? La Corte aspira a la protección de los pueblos y sucede que si la población de Palestina ha sido víctima de un crimen contra la humanidad es justamente porque el Estado palestino está en entredicho. Por eso, sería difícil concebir que la menos protegida de todas las poblaciones se vea privada de la protección de la Corte Penal Internacional, como si fuera necesario que este pueblo pagase una segunda vez por los 60 años de cobardía de la comunidad internacional. A la CPI no le corresponde definir el Estado, sino asegurarse de que el Estado exista. Es un poco como si un ser humano se dirigiese al juez: lo único que éste debe hacer es constatar que está vivo, no su estructura biológica. En dicho sentido, la Autoridad Nacional Palestina ofrece numerosos ejemplos que prueban la realidad de su existencia en Derecho internacional. El consenso que existe en torno de esta iniciativa es el mejor ejemplo de todos.
Por eso, se enviarán los documentos necesarios a la Oficina de Diligencias. Actuando según los términos del Estatuto, el fiscal podrá someter el caso a la Cámara preliminar, lo cual tendrá un impacto considerable. Habrá que proceder a investigar sobre el terreno para establecer la realidad de los crímenes. Nunca antes se ha pedido a una víctima que dilucide un caso al denunciarlo. Que progrese, pues, la investigación, para que a partir de los hechos pueda decirse si hubo crimen y, si lo hubo, que el peso de la ley caiga sobre sus autores.
Será entonces el momento de interpelar, por fin, a los dirigentes de Israel. Ningún pueblo puede construir su futuro a partir de órdenes criminales. Que se haga toda la luz sobre la amplitud de los crímenes cometidos. Que se mida el horror: veremos entonces qué pasa con la opinión pública internacional.
Al mismo tiempo, el enjuiciamiento, tanto penal como civil, proseguirá en el marco de la competencia universal ante los jueces nacionales. La CPI no lo prohíbe, sino que más bien lo facilita.
Nuestro sistema de defensa de los derechos humanos tiene grandes méritos y ha permitido un gran progreso, pero los crímenes que se cometieron en Gaza dejan en evidencia sus límites: ante nuestros ojos, murieron inocentes a causa de la locura criminal de la dirigencia de un Estado considerado respetable, defendido por los Estados más poderosos del planeta. Por respeto a las víctimas, es preciso revisar todo eso. La inmensidad del crimen de Gaza apela a todas las conciencias. Esa necesidad de justicia debe ser la piedra angular de una nueva era de los derechos humanos. Y, para terminar, baste añadir algo que sabíamos de antemano: Palestina es una de las cunas de la civilización.

[1] Ministro de asuntos exteriores entre 1997 y 1992. Véase http://www.hubertvedrine.net/index.php?id_rubrique=1

Fuente: Actualités du Droit - Gaza : Plaidoyer pour la Cour Pénale Internationale

Artículo original publicado el 5 de abril de 2009

Sobre el autor

El escritor español Manuel Talens es miembro de los colectivos de Rebelión y Tlaxcala , la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.

08 abril 2009

EL POSKIRCHNERISMO



Autor: Hugo Presman

La diáspora de fuerzas que respaldan al gobierno de cara a la elección parlamentaria fundamental del mes de octubre, ha llevado a que se empiece a escribir y hablar en forma persistente de poskirchnerismo.
Se observan deserciones por derecha e izquierda e intentos de la oposición de vertebrar frentes. Como dice el periodista Gerardo Fernández el gobierno quedó como pato rengo a ocho meses de la asunción, en la famosa elección en el senado de julio del 2008. Lo que es una originalidad pocas veces dada. Habitualmente esa figura, extraída de la política norteamericana, se da cerca del fin del mandato y nunca a pocos meses de haberlo iniciado.
Todo ello teniendo como escenario una crisis en marcha de origen interno y una internacional de una magnitud y profundidad que convierte a las anteriores conocidas en suaves brisas de primavera.
El kirchnerismo en contexto histórico
El peronismo surgió de la década infame. Hizo ingresar a la Argentina en la modernidad con desarrollo capitalista, industrias y clase obrera. Simbólicamente, desde un lugar subalterno, Perón participó en el derrocamiento de Hipólito Irigoyen, erosionado por la crisis de 1929. El gobierno de Agustín P Justo, en forma pragmática y contra sus convicciones adoptó medidas que implicaban una participación activa del estado en defensa de los sectores que representaba. La imposibilidad de importar dio lugar a una creciente industria liviana que reemplazaba lo que hasta entonces se importaba y el nacimiento de una clase obrera nacida de las migraciones internas. Dos consecuencias entonces no deseadas: incipiente desarrollo industrial y fortalecimiento de la clase obrera.
Con el peronismo en el poder se aplicaron políticas activas y se reemplazó el modelo primario exportador por el de sustitución de importaciones.
Se diseñó la sociedad más equitativa y desarrollada de América Latina. Un modelo que combatía la pobreza no solo por razones equitativas sino por que era la condición necesaria para la creación de un mercado interno.
A partir de 1955, y con muy pequeñas interrupciones, se intento volver a la Argentina anterior a 1945.
Intentos notables en ese sentido fueron el de 1966 con éxitos parciales y el de 1976 que alcanzó sus objetivos. Para demoler la peligrosidad de una Argentina moderna con industrias, clase obrera sindicalizada y vastos sectores de clase media radicalizada se acudió al terrorismo de estado como condición necesaria para la destrucción significativa del aparato productivo. Los muertos y el terror fueron necesarios para cumplir los propósitos incumplidos desde 1955.
El fracaso económico y militar de la dictadura establishment- militar, dejo fuera de funcionamiento a estos últimos y por lo tanto desprovisto de reaseguros a los primeros.
Como herencia de sometimiento se dejó una enorme e impagable deuda externa contraída y usufructuada por pocos pero transferida al conjunto social
Durante el gobierno de Alfonsín se usó como sustituto de las fuerzas armadas el golpe de mercado y un arma mortífera como la hiperinflación.
Al miedo inoculado durante la dictadura criminal se le sumó el trauma profundo que sobre la conciencia colectiva significó la hiperinflación.
Sobre ese terreno fértil se asentó el menemismo y su arma letal la convertibilidad como piedra angular de un modelo de apertura irracional y de rentabilidad financiera.
Todo lo que desde el punto de vista económico y social no pudo realizar la dictadura establishment- militar lo concretó el menemismo en forma activa y la Alianza en forma pasiva. Una política de entrega y destrucción, con apoyo popular.
De 1989 al 2001 se consumó la segunda década infame que concluyó no como la primera en un movimiento militar sino con la implosión del modelo de rentabilidad financiera y la crisis terminal del 2001.
Eduardo Duhalde como Agustín P Justo tuvo que adoptar medidas pragmáticas para salvar algo en medio de un hundimiento general, iniciando a partir de una fenomenal devaluación que licuó los ingresos fijos y socializó deudas empresariales, una rápida y dolorosa salida del subsuelo con un promisorio y sostenido crecimiento.

Evaluación del kirchnerismo

Néstor Kirchner surge como superador de la segunda década infame como Perón de la primera, habiendo sido un protagonista activo y propulsor de una de una de las privatizaciones más desdorosas como fue la de YPF. Es el emergente de una sociedad fragmentada. Con partidos políticos implosionados. Con una población contradictoria y desorientada que después de haber protagonizado el 19 y 20 de diciembre del 2001, votó en un 41% por dos emblemas de la segunda década infame.
El kirchnerismo es productivamente el modelo primario de los noventa con reconstitución de algunos sectores industriales. Hay diferenciadores importantes como una participación fundamental del Estado que se convierte en un socio creciente vía retenciones en la soja y el petróleo. Se privilegia la política sobre la economía y se realiza una importante política de derechos humanos con rasgos positivos pero sesgados.
En economía el discurso denuesta a la década del noventa y en materia de derechos humanos reivindica los ideales de la generación juvenil que militó en los setenta en forma general y acrítica. Hasta fines del 2006 se lograron incorporar más de tres millones de personas al sistema productivo, hubo crecimiento sostenido y a tasas pocos frecuentes, se negoció una quita importante de la deuda externa y se mejoró el perfil de los vencimientos. Se opuso en una actitud trascendental al ALCA, se estatizó el Correo, Aerolíneas, Aguas Argentinas, los fondos de la AFJP, se liquidó la relación esclavizante con el FMI, se designó una Suprema Corte unánimente elogiada, se evitó reprimir en general la protesta social, se alineó con los nuevos aires latinoamericanos de gobiernos que con mayor o menor intensidad pretenden dejar atrás la década depredatoria de los noventa.
Como se ve hay un mix de continuidades y ruptura. Las continuidades, la base productiva del modelo, es la explicación de fondo que impide asaltar y destruir el núcleo duro de la pobreza e indigencia estructural.
Y esto en una sociedad que en los sectores medios favorecidos por el kirchnerismo no quieren saber nada con la pobreza y manifiestan su creciente malestar, muchas veces por motivos banales y con una brutalidad indigna de gente con acceso para desarrollar un pensamiento más complejo y no visceral.
En eso es interesante teorizar sobre las diferencias que el menemismo consiguió en los mismos sectores. Buena parte de la sociedad compró un discurso que la hacía sentir ingresando al primer mundo mientras los organismos internacionales alababan a un país que ayudaban a destruir. La convertibilidad y su sistema de endeudamiento de la población que la ataba mortalmente al empate monetario, soldó una alianza sólida entre ideología e interés económico. El menemismo surgió a partir de una crisis económica profunda como fue la de la hiperinflación que llevó a que la sociedad desarrollara poderosos anticuerpos inflacionarios y que estuviera dispuesta a aceptar todo a cambio de la estabilidad monetaria. En cambio el kirchnerismo, que es la consecuencia de la peor crisis del siglo mediada por la movilización del 19 y 20 de diciembre, no ha atado la suerte social a un instrumento, lo que ha llevado que la sociedad rescatada del cataclismo económico sufre una amnesia que le permite olvidar cuando miraba hacia abajo y se abrazaba con los excluidos. A más de un lustro de esos hechos, prefiere hacer una opción hacia arriba y en lo posible que le saquen de su mirada la pobreza de la cual se cree definitivamente alejada. Y el centro de su virulencia visceral son Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
En síntesis: el kirchnerismo es una versión deslucida, pálida del peronismo histórico pero es por lejos lo más progresivo que se originó después de la crisis del 2001 y el que mejor interpretó el mensaje positivo de aquellos históricos días. Son hijos, el peronismo y el kirchnerismo de las respectivas décadas infames y tienen en común dos movilizaciones populares de carácter histórico. Otro denominador común es el odio que despiertan en los mismos sectores pero se diferencian significativamente en el fervor que despiertan en sus seguidores. Además el peronismo construyó una estructura que lo sobrevivió largamente a su fundador. El kirchnerismo, como en su momento el menemismo, difícilmente sobreviva a su pérdida del gobierno.
Hoy un 65 o 70 % apuesta a encontrar alternativas en el poskirchnerismo, un terreno árido donde se intenta volver al pasado en medio de un mundo que se derrumba por haber aplicado un fundamentalismo neoliberal que hace temblar al planeta.

El poskirchnerismo

Mezcla rara de revolución libertadora y menemismo, con eje de reagrupamiento en la Comisión de Enlace, los dos frentes opositores pretenden superar al kirchnerismo apostando al prekirchnerismo.
Felipe Solá cree hacer su juego pero el gran favorecido es su tercer socio Mauricio Macri, que es el intento que la Argentina sea gestionada directamente por el establishment sin intermediarios, con la participación como inversionista de otro empresario Francisco De Narváez. Una tendencia que exteriorizan los integrantes de la Comisión de Enlace de convertirse en dirigentes políticos como lo expresó sin eufemismos el brutal Hugo Biolcati cuando en el acto de Leones expresó: “Llevamos dos generaciones dejando el espacio de la política a los que consideramos que eran de otra clase. Debemos ocupar ese espacio y no dejarlo en manos de marginales”
Detrás de este frente se mueve el ex presidente Eduardo Duhalde, un exitoso constructor de fracasos.
En el otro frente integrado por la Coalición Cívica de Elisa Carrió, una reencarnación de la Revolución Libertadora, con la presencia de los radicales sobrevivientes de un partido centenario vaciado, con radicales sueltos fracasados que vuelven al redil como Ricardo López Murphy y alguna fracción de socialistas que de tales solo tienen usurpado el nombre.
La propuesta es volver al Fondo Monetario, alejarse de América Latina, hacer políticas agropecuarias dictadas por la Comisión de Enlace.
En el frente PROperonista, la palabra ajuste está en la boca de De Narváez. Puede asegurarse con pocos errores, que propondrían la vuelta al “orden”, la represión como método, el alineamiento con EE.UU, y una vuelta a la economía irrestricta de mercado, las privatizaciones como nave insignia y el goteo como política distributiva. Esta es la posibilidad más concreta de encarnar desde el justicialismo macrista al poskirchnerismo.
Es muy interesante observar como todos se envuelven, desde Duhalde a Elisa Carrio, desde el rabino Bergman al periodismo puro de Castro y Leuco, desde Mariano Grondona a Hugo Biolcati- en la bandera republicana. Hoy esa categoría política ha sido vaciada de sus aspectos positivos por esta fauna de distinto pelaje y es el envoltorio de viejo axioma sarmientino de civilización y barbarie. Los republicanos son hoy los civilizadores que estigmatizan como barbarie cualquier atisbo popular.
Dejando de lado la izquierda pintoresca y pirotécnica, algunos de cuyas siglas como el PCR y el MST son la izquierda de la Sociedad Rural, está el Proyecto Sur con gente valiosa y con críticas correctas a la insuficiencia y limitaciones del modelo kirchnerista.
Pero como en el caso de la resolución 125 terminan siendo, más allá de sus intenciones, funcionales a los que arrasarán con lo positivo que se ha concretado.
El historiador Norberto Galasso lo ha expresado con precisión: “Hay una izquierda abstracta que se termina convirtiendo en una derecha concreta” Y luego argumenta: “El kirchnerismo es pues todo esto y es también buena parte de lo que dice Alcira ( Argumedo) , como ocurre normalmente con los movimientos nacionales en gestación, policlasistas, contradictorios, clientelistas, pragmáticos, conciliadores, con “amigos del poder” que hacen negocios. ¿Se lo tenemos que decir nosotros, desde la izquierda nacional, justamente a los peronistas? Diría Jauretche, ¿dónde se ha visto que los hijos enseñen a los padres cómo se hacen los hijos? ¿Qué hubiera hecho Pino cuando Perón se negó a expropiar a la corrupta y recorrupta CADE? ¿Hubiera dicho que era “un gobierno antinacional y antipopular”? Claro, desde la izquierda abstracta es fácil decir, ¿por qué Perón no desarrolló fuertemente la minería?, ¿por qué apenas dio el puntapié inicial con Somisa cuya primera colada es de la época de Frondizi? ¿Y el contrato petrolero con la California? ¿Habría dicho acaso: “¡Qué antinacional y antipopular es este Perón!”? Pino dice en otro artículo: “Perón no estaría hoy en el PJ”. Yo pregunto: ¿era mucho mejor el PJ del ‘54? ¿No había entonces “amigos del poder” que hacían negocios? ¿Quiénes eran Jorge Antonio y Silvio Tricerri? ¿O entonces resulta que Codovilla tenía razón siendo funcional al imperialismo para que sanease a la Argentina emporcada por los “negros peronistas” del ‘45?
Por otra parte, somos ya lechuzas demasiado cascoteadas para entrar en la moralina boba de la Carrió: la corrupción es intrínseca al capitalismo y cuando está la reacción en el poder disimula sus negocios con leyes a su conveniencia; cuando estamos los del pueblo algunos violan esas leyes y hacen sus negocitos. Pregúntenle a Chávez, que sabe de esto, como también de la clase media de Caracas escandalizada moralmente, aunque, igual que la nuestra, evade impuestos con toda naturalidad.
Por momentos me asombro, porque parece que hay que enseñarles peronismo a los peronistas. Ningún gobierno, decía Perón, cumple el 100 por ciento de los objetivos nacionales y populares, porque está el enemigo que también es fuerte. Cuando cumple el 50 por ciento o más ya el balance es favorable. Jauretche le decía a Jorge Del Río cuando se deslizaba a la oposición porque Perón no expropiaba la CADE: “Es importante, sí, pero usted no puede ver la historia por el agujerito de la cerradura de la CADE”.
El balance general es el que interesa. Escuchen esto mis viejos y queridos amigos: “Hay muchos actos, y no de los menos trascendentales por cierto, de la política interna y externa del general Perón que no serían aprobados por el tribunal de las ideas matrices que animaron a mi generación. Pero de allí no tenemos derecho a deducir que la intención fuese menos pura y generosa. En el dinamómetro de la política, esas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de su conveniencia. No debemos olvidar en ningún momento –cualesquiera sean las diferencias de apreciación– que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón, fortalece a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento del país” (1947). No hace falta que te diga a vos, Pino, que hiciste recientemente una película sobre “los hombres que están solos y esperan”, que el autor es Raúl Scalabrini Ortiz. Por eso, como decía Jacques Prevert, es muy peligroso dejar que los intelectuales jueguen con fósforos porque, retomando a Jauretche, combatir lo bueno (“desgastando”, creando “clima destituyente”) puede significar que en vez de lograr lo mejor, sirvamos para que vuelva lo malo.
En esta Argentina de hoy hay que luchar para profundizar este proceso, cabalgándole al lado, marcando críticas, proponiendo soluciones superadoras, empujando, pero no atacando desde enfrente, presionando para que fracase, porque la única opción que hay hoy la conocemos y viene de lejos: Bullrich Luro Pueyrredón, Pinedo, Estensoro, López Murphy, Grondona, Anchorena, los grandes pulpos mediáticos... y el Tío Sam”
Han vuelto a aparecer las aves de rapiña que convirtieron a la Argentina en un fantasma, y vienen por lo que queda sobre un gobierno que pierde sangre y en cuya construcción política no hizo aliados sino futuros adversarios. Los buitres vuelan en círculos cada vez más cercanos. Ahí están los gurúes económicos, infalibles para el error, en realidad gestores de negocios como Broda, Melconián, Cachanovsky, Espert, De Pablo. Codo a codo la Comisión de Enlace Agropecuaria, sectores industriales ciegos, vastos sectores de clase media nostálgicos del 1 a 1 y referenciados en lo interno con las clases altas y en lo externo con EE.UU. Y en lugar de las fuerzas armadas el ejército mediático que va desde Morales Solá a Kirschbaum, de Grondona a Fontevecchia, de Magdalena Ruiz Guiñazú a Alfredo Leuco.
El kirchnerismo es torpe, inmaduro, contradictorio, con fuertes bolsones de corrupción. Con desprolijidades obscenas. Con insistente juego para la tribuna. Futbolísticamente inclinado al fulbito más que al fútbol. Con un autismo creciente y un disciplinamiento interno que convierte a los colaboradores en funcionarios obedientes y mudos.
Ese es el cuadro de situación en medio de un cataclismo económico universal.
Con todas sus enormes limitaciones y claudicaciones, el kirchnerismo ha dado varios pasos para dejar atrás la segunda década infame.
El poskirchnerismo actual no es una superación de esas limitaciones sino un retroceso hacia lo peor del pasado. Hacia la tercera década infame.
El hombre hace la historia, decía Marx, no en las condiciones elegidas por él.
En estas condiciones, y en medio de un escenario internacional imprevisible, nos encaminamos hacia el remoto octubre.

05 abril 2009

JUSTICIA A MEDIDA

Justicia a medida

El fiscal general militar de Israel necesitó solo dos días para cerrar las investigaciones sobre atrocidades cometidas por el ejército en la reciente ofensiva en Gaza, pese a las denuncias reveladas por la prensa y a no tomar un solo testimonio de testigos palestinos. El mensaje a los soldados es claro: se puede matar a gusto, que nada les pasará. Ahora solo queda apelar a la justicia internacional.

Por Gideon Levy

Cualquiera que se preocupe por el cumplimiento de la ley y la imagen moral de Israel y esté angustiado porque sus soldados pueden haber cometido crímenes de guerra en Gaza, ahora puede suspirar con alivio. El fiscal general militar, brigadier general Avichai Mendelblit, pidió que la investigación sobre la conducta de soldados durante la operación Plomo Fundido se cierre. Una rápida operación de justicia instantánea enterró una historia que había estremecido al mundo. Hay jueces en Jerusalén, y un fiscal general en Tel Aviv. Todo lo que necesitaron para tomar la decisión fueron uno o dos días, ningún testimonio palestino fue considerado necesario. No hubo investigación real en absoluto; el caso estaba resuelto desde antes de iniciarlo.

La eficaz y escandalosa conducta de Mendelblit demuestra más allá de toda duda lo que todos ya sabíamos: su oficina es una máquina propagandística, un apéndice de las actividades de información de las Fuerzas de Defensa de Israel. Es a la justicia lo que las marchas militares a la música, como dijo alguna vez el estadista francés Georges Clemenceau.

Es inconcebible pensar que las FDI podían investigarse. No tienen la menor intención de hacerlo. Así como la policía no investiga las sospechas contra ella, las Fuerzas de Defensa tampoco investigan los cargos contra sus soldados. Permitamos que las Fuerzas de Defensa tengan un cuerpo similar al Departamento de Investigación Policial del Ministerio de Justicia. Sólo un sistema judicial independiente puede considerar los graves interrogantes que se levantan sobre las muertes y los estragos en Gaza.

Mientras medio mundo sigue con inquietud las sospechas sobre la comisión de crímenes de guerra, uso de fosforoso blanco contra civiles, destrucción desproporcionada y ataques a los equipos médicos e instalaciones de las Naciones Unidas en territorio palestino, el fiscal general militar ha lanzado su veredicto: los testimonios de los soldados eran rumores. En otros términos, ellos mintieron, nuestro ejército es prístino y nuestras armas puras. Mendelblit complació a sus superiores. El fiscal se convirtió en abogado, el investigador protegió a sus sospechosos.

Nada distinto podría esperarse. Desde el día que el fiscal general militar anunció que, a diferencia de lo sucedido en la primera Intifada, cada muerte en los territorios se investigaría, la batalla ética quedó condenada. Si la matanza de 4.747 palestinos de la segunda intifada -942 de ellos mujeres y niños, según B'Tselem- fue seguida por solo 30 acusaciones, cinco juzgamientos y una sola sentencia de prisión, las Fuerzas de Defensa están enviando un mensaje claro: la matanza de civiles palestinos no es tema de preocupación para el sistema de justicia militar.

Así, el mensaje a los soldados resulta claro: mate como quiera, que nada le pasará, el ejército ni siquiera lo molestará. Ahora, después de 1.300 muertes en Gaza, el fiscal general militar confirmó esta política. Cualquiera que sea respetuoso de la ley en Israel se debe de haber inquietado por esta decisión, pero nuestro ejército de abogados está preocupado por otras cosas.

Si las Fuerzas de Defensa de Israel tuvieran un sistema de justicia verdaderamente independiente, habrían sido las primeras en investigar lo que pasó en Gaza. Si el ejército se preocupara por la moralidad de sus soldados, la verdad de lo ocurrido no habría estado esperado ser descubierta por Haaretz (el diario israelí que reveló las atrocidades). Pero las Fuerzas de Defensa Israelíes no quiere investigaciones, y el fiscal general hace lo que se le pide. La decisión de Mendelblit cerró las puertas que quiere abrir el resto del mundo. Quienes quieran una respuesta real en Israel deberán esperar que las instituciones internacionales investiguen lo que pasó en Gaza y quién es culpable. Si los israelíes partidarios de la ley no reciben ninguna satisfacción legal en el país, tienen el derecho y el deber de requerir una investigación internacional. Sí, Israel también tiene gente preocupada por lo que ocurrió en Gaza, y la decisión del fiscal general militar va más allá del escenario de las matanzas. Cualquiera que tenga la imagen de Israel como un país en que la ley está basada solamente en la Corte Suprema de Jerusalén, está profundamente equivocado. Mendelblit construye nuestra imagen tanto como el presidente de la Corte, Dorit Beinisch. Es más, algunos de los profesionales del defectuoso y controvertido sistema de justicia militar pasan a liderar el sistema de justicia civil, contaminándolo con los mismos defectos de las Fuerzas de Defensa.

Israel no puede ser considerado un país respetuoso de la ley si en el fondo está regido por este circo grotesco llamado sistema de justicia militar. Sólo cuando se separe de su dependencia de las Fuerzas de Defensa y un sistema de justicia civil investigue al ejército sabremos que tenemos un ejército legal y un estado legal. Hasta entonces, todo lo que nosotros podemos hacer es mirar a La Haya.
La fuente: El autor es columnista del diario israelí Haaretz (Tel Aviv, Israel). La traducción del inglés pertenece a Sam More para elcorresponsal.com.

BIBERMAN Y CÍA




Biberman y Cía.(TEXTO TOMADO DE "EL CORRESPONSAL")

Con la incorporación del Partido Laborista al gobierno de derecha de Israel, Netanyahu logró de un golpe convertir un gobierno que habría sido visto por el mundo como un manojo de extremistas, nacionalistas, racistas y fascistas en un gobierno sensato y equilibrado. Todo esto sin cambiar su carácter en lo más mínimo.
Por Uri Avnery
¿Es éste el gobierno de Biberman (Bibi Netanyahu y Avigdor Lieberman) o quizás de Bibarak (Bibi y Ehud Barak)?

Ni uno ni otro. Es el gobierno de Bibiyahu.

Benjamin Netanyahu ha demostrado ser un político consumado. Ha comprendido el sueño de cada político (y actor de teatro): un buen lugar en la escena. En su nuevo gobierno, él puede hacer jugar a los fascistas de la derecha contra los socialistas de la izquierda; a los seculares de Lieberman contra los ortodoxos de Shas. Una situación ideal.

La coalición es lo suficientemente grande para permanecer inmune al chantaje de cualquiera de sus partidos componentes. Si algunos miembros del Laborismo rompen la disciplina de la coalición, Netanyahu todavía tendrá mayoría. Lo mismo si los derechistas son el problema. O si los ortodoxos intentan clavarle a la alianza un cuchillo en la espalda.

Este gobierno no se compromete a nada. Sus "pautas básicas” -firmadas por todos los integrantes del nuevo gobierno israelí- son completamente nebulosas. (Además, las pautas básicas no tienen valor. Todos los gobiernos israelíes han quebrado las suyas sin mover un párpado. Ellos siempre demuestran ser caucho verifica.)

Todo esto fue adquirido por Netanyahu a precio de liquidación -promesas de unos pocos millones de poder económico que no sueña con cumplir. La tesorería está vacía. Hay una frase célebre de uno de sus predecesores en el puesto de primer ministro, Levy Eshkol: “Yo prometí, pero yo no prometí mantener mis promesas.”

Él también les dio ministerios a todos y varios. Este pequeño país tiene 27 ministerios y seis ministros diputados. Y si hubiera sido necesario, Netanyahu les habría dado un sillón ministerial a cada uno de los 74 miembros de la coalición.

La cima de su logro fue la adquisición del Partido Laborista para su gobierno.

En un solo golpe convirtió un gobierno de leprosos que habrían sido vistos por el mundo como un loco manojo de extremistas, nacionalistas, racistas y fascistas en un gobierno sensato y equilibrado de centro. Todo esto sin cambiar su carácter en lo más mínimo.

El partidario más ardiente de esta maniobra fue Lieberman, el nuevo ministro de Relaciones Exteriores de Israel. Este racista extremo, este hermano espiritual del francés Jean-Marie Le Pen y del austríaco Joerg Haider (yo espero que ambos, el vivo y el que está muerto, no se sientan insultados), estaba verdaderamente ansioso de lograrlo. En su imaginación él se habrá visto extendiendo su mano a Hillary Clinton para quedarse con el brazo balanceándose en el aire. Acercándose para besar a Angela Merkel para verla retirándose horrorizada. Desagradable.

La incorporación del Partido Laborista resuelve todos los problemas. Si los socialdemócratas están uniéndose al gobierno, esto quiere decir que todo lo que se dice sobre el fascismo no tiene sentido. Obviamente, Lieberman ha sido mal interpretado. Ha sido acusado falsamente. No es en absoluto un fascista, Dios lo permita. No es un racista. Es simplemente un demagogo de derecha tradicional que se aprovecha de las emociones básicas de las masas para cosechar votos. ¿Qué político electo podría objetar esto?

De hecho, el gobierno entero ha recibido un certificado kosher por Ehud Barak. Él continúa la gloriosa tradición de prostitución política del Partido Laborista. En 1977, Moshe Dayan entró en el nuevo gobierno de Menachem Begin y le dio su certificado kosher, cuando el mundo entero empezaba a considerarlo un aventurero nacionalista peligroso. En 2001, Shimon Peres se sumó al nuevo gobierno de Ariel Sharon y le dio un certificado kosher, cuando el mundo entero veía en Sharon al hombre responsable de las masacres de Sabra y Shatila.


¿Por qué Barak hizo esto? ¿Por qué la mayoría del Partido Laborista lo apoyó?

El Laborismo es un partido de gobierno. Nunca ha sido otra cosa. Ya en 1933 tomó el control del movimiento sionista, y desde entonces gobernó el Yishuv (la comunidad judía en Palestina antes de 1948) y el Estado sin interrupción hasta el ascenso de Begin en 1977. Durante 44 años consecutivos ejerció un poder ilimitado sobre la economía, el ejército, la policía, los servicios de seguridad, el sistema educativo, el sistema de salud y la Histadrut, la por entonces poderosa federación obrera.

El poder es parte del ADN del partido. Es mucho más que una cuestión política, es su carácter, su mentalidad, su visión del mundo. El partido es incapaz de ser opositor. No sabe qué es eso ni tampoco qué hacer desde allí.

Yo observé a los legisladores laboristas en la Knesset (Parlamento) durante los cortos períodos que fueron oposición. Se los veía abatidos, fúnebres. Docenas de ellos vagaban por los corredores, como fantasmas, solitarios como almas perdidas. Cuando levantaron el rostro, parecían voceros del gobierno.

El Likud padece el síndrome opuesto. Sus predecesores estuvieron en la oposición a lo largo de los días del Yishuv y durante los primeros 29 años del Estado. La oposición está en la sangre de los likudistas. Incluso ahora, después de muchos años en el gobierno (aunque con algunas interrupciones), se comportan como opositores. Ellos son los eternos disccriminados, miserables y amargos, gente que mira desde afuera, llena de odio y envidia.

Ehud Barak personifica el síndrome de su partido. Todo se le debe a él. El poder se le debe a él, el Ministerio de Defensa se le debe a él. A mí no me hubiera sorprendido si él hubiera insitido en introducir una claúsula en el acuerdo de coalición que lo nombrara ministro de Defensa de por vida (y a su soldado de caballería, Shalom Simchon, ministro de Agricultura de por vida). Los gobiernos vienen y los gobiernos se van, pero Ehud Barak debe ser el ministro de Defensa -sea el gobierno derechista o izquierdista, fascista o comunista, ateo o teocrático. No importa cómo ejerza su trabajo, su apreciación no puede ser nada menos que perfecta.

¿Así es que qué hará este gobierno? ¿Qué puede hacer?

En el tema más importante, hay unanimidad completa. Lieberman, Netanyahu, Barak, Ellie Yishai de Shas y Danny Hershkovitz del partido “Hogar judío”, todos están de acuerdo sobre los palestinos. Todos ellos coinciden en la necesidad de prevenir el establecimiento de un estado palestino real. Todos ellos están de acuerdo en no hablar con Hamas. Todos ellos apoyan la ampliación de los asentamientos. Durante el gobierno de Barak como primer ministro, los asentamientos crecieron aun más rápido que durante la cadencia de Netanyahu. Lieberman se reconoce como un colono, el partido de Hershkovitz representa a los colonos. Todos ellos creen que no hay necesidad de paz, que la paz es mala para nosotros. (Después de todo, fue Barak, y no Netanyahu ni Lieberman, el que acuñó la frase “No tenemos ningún compañero para la paz”.)

¿De manera que cuál será la plataforma real de este gobierno?

En cuatro palabras: decepción para todos nosotros.

En el camino escogido el engaño puede tropezar con una gran piedra: los Estados Unidos de América.

Mientras Israel hizo un brusco grio hacia la derecha, EE.UU. ha hecho un gran salto hacia la izquierda. Apenas puede imaginarase un contraste mayor que el existente entre Benjamín Netanyahu y Barack Obama. O entre los dos Bara(c)ks, Barack Obama y Ehud Barak

Netanyahu es consciente de este problema, quizás más que cualquier otro líder israelí. Él creció en los EE.UU., después de que su padre, profesor de historia en Jerusalén, fue privado de su lugar en el mundo académico debido a sus posiciones derechistas y emigró a los Estados Unidos. Allí, Benjamín asistió al secundario y a la universidad. Habla el inglés norteamericano tan fluidamente como un viajante de comercio.

Si hay una cosa que une a prácticamente todos los israelíes, sean de derecha o de izquierda, es la convicción de que la relación entre Israel y los EE.UU. es fundamental para la seguridad del Estado. Por consiguiente, la preocupación principal de Netanyahu es prevenir una fractura entre los dos países.

Barak, precisamente, fue admitido en el gobierno para evitarlo. Netanyahu quiere visitar la Casa Blanca con Barak, no con Lieberman a su lado.

La fractura parece inevitable. Obama quiere crear un nuevo orden en el Medio Oriente. Él sabe que el conflicto israelí-palestino envenena la atmósfera contra los Estados Unidos entre los árabes y, de hecho, en todo el mundo musulmán. Él quiere una solución al conflicto, exactamente lo que Netanyahu y sus compañeros quieren evitar a cualquier precio, excepto al precio de una fractura con los Estados Unidos.


...

Dsde los principios del sionismo, sus líderes han sabido que su visión necesita una gran dosis de medida grande de hacer-creencia. Es imposible tomar un país habitado por otro pueblo sin enmascarar el objetivo, desviando la atención, escondiendo los actos en el trasero molido una pantalla de palabras floridas.

Todos los estados mienten, por supuesto. Hace 400 años, un diplomático británico, Sir Henry Wotton, observó: “Un embajador es un hombre honrado enviado a mentir en el extranjero para el bien de su país.” Debido a las circunstancias especiales de su empresa, los sionistas han tenido que usar el engaño quizás de manera más frecuente.

Ahora la tarea es presentar al mundo, y sobre todo a los EE.UU. y Europa, una pintura falsa, que pretenda que nuestro nuevo gobierno está anhelando la paz, actúa por la paz, remueve cada piedra en busca de la paz, mientras hace exactamente lo contrario. El mundo quedará sumergido en un diluvio de declaraciones y promesas, acompañado por muchos gestos sin sentido, conferencias y reuniones.

La gente que sabe oír ya está oyendo a Netanyahu, Lieberman y Barak que empiezan a mencionar “la iniciativa de paz árabe”. Ellos hablarán sobre esa iniciativa, la interpretarán y la aceptarán ostensiblemente mientras imponen condiciones para vaciarla de su contenido.

La gran ventaja de esta iniciativa es que no viene de los palestinos, y por consiguiente no requiere de negociaciones con ellos. Como la fenecida “Opción jordana” y otras de su tipo, sirve como sustituto del diálogo con los palestinos. La Liga Árabe incluye a 22 gobiernos, algunos de los cuales cooperan furtivamente con el liderazgo israelí. En ellos pueden confiarse para no estar de acuerdo entre ellos en algo práctico.

Pero el engaño, como bailar el tango, requiere de dos: uno que engaña y uno que quiere ser engañado.

Netanyahu cree que Obama querrá ser engañado. ¿Por qué querría enemistrarse con Israel, confrontar al poderoso lobby pro israelí y al Congreso norteamericano, cuando puede conformarse con palabras consoladoras de Netanyahu? Y no mencionemos a Europa, dividida y dominada por la culpa del Holocausto, y al patético Tony Blair, moviéndose alrededor como un fantasma inquieto.

¿Obama está listo para jugar, como la mayoría de sus predecesores, el papel del amante engañado?

El gobierno de Biberman/Bibarak/Bibiyahu cree que la respuesta es un resonante sí. Yo espero que sea un resonante no.

La fuente: Uri Avnery es periodista, ex legislador y pacifista israelí. La traducción del inglés pertenece a Sam More para elcorresponsal.com.

ADIÓS NONINO

Adiós nonino

Por Adriana Cabrera Esteve Dirigente del PVP-FA

Cada vez que escucho Adiós Nonino de Piazzolla me pregunto cómo se le dice adiós a un padre desaparecido. El réquiem, los obituarios, todos esos rituales que el ser humano ha creado para expresar su más íntima necesidad de despedir a las personas queridas, no parecen funcionar cuando se trata de un desaparecido.
"Dicen que no están muertos" y sin embargo lo están. No están vivos, y sin embargo, también lo están.
Están en ese lugar, suspendidos en el tiempo donde las despedidas no existen.

El 5 de abril se cumplen treinta y tres años del secuestro de mi padre, Ary Cabrera Prates. Número emblemático para él, si lo hay. En comparación con otros hijos de desaparecidos, fui afortunada. Lo conocí. Fue mi amigo. Tengo en la memoria pequeños y grandes recuerdos. Cuando me hacía trencitas para ir a la escuela. Durante las visitas en el cuartel de San Ramón luego de haber sido detenido en la escuela de Villa García, durante una reunión clandestina del gremio de bancarios, en la década de los ´60. Trayéndome mandarinas para alimentar mi embarazo adolescente durante la Huelga General. O de los múltiples encuentros en plazas y boliches en la ciudad de Buenos Aires.
En un boliche, precisamente nos vimos pocos días antes de su detención. Mi hijo, entonces de dos años, tuvo allí el último encuentro con su abuelo. Yo también, pero no lo sabíamos. Luego, nos acompañó a la parada. Un ómnibus, una silueta que se aleja, una última sonrisa.
Ese debió haber sido el adiós. Pero no lo fue. Como nos pasa a la mayoría de los familiares de detenidos desaparecidos, ellos vuelven en nuestros sueños y allí queremos retenerlos. Aunque sea.
Ese adiós queda siempre trunco. No porque sí.
Los seres humanos vivimos en diálogo con los otros. Cuando un ser querido tiene frío, lo abrigamos, cuando tiene hambre, lo alimentamos, cuando enferma lo cuidamos, cuando muere lo enterramos, cuando es víctima de un crimen reclamamos que se haga justicia. Así ha sido desde los primeros núcleos humanos. Y para todo eso nos organizamos como colectivo. Como sociedad nos ayudamos para procurarnos el alimento, la salud, y también para construir las instituciones que aseguren el libre desempeño de la justicia.
Esa es la parte que faltó durante estas tres últimas décadas. Primero por la dictadura, luego por la Ley de la Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, luego con el resultado del referéndum para derogar la ley, y luego, lo más duro quizá, la cultura de impunidad que se instaló entre nosotros y que no nos permitía encarar con dignidad los problemas que emanaban de nuestra historia reciente.
En ese marco, los familiares, las organizaciones sociales y los partidos políticos que seguíamos hablando de verdad y justicia pasamos a ser presencias incómodas en nuestra sociedad. De acuerdo a las leyes de la política, a los partidos y las organizaciones se las podía estigmatizar para sacarlas del ruedo, pero a los familiares... Era difícil. Con qué argumentos.
Sin embargo, en la construcción de la verdad histórica, se crea una sinergia propia. Hecha de los protagonistas, de los testigos, de los que investigaron, de los que denunciaron, de los que apoyaron y dieron aliento, a lo largo de décadas.
Hace poco me tocó escuchar a un par de viejas vecinas de El Tropezón, en la ciudad de Buenos Aires, lugar donde vivía mi padre, la forma en que había sido secuestrado. En medio de la noche, con un gran operativo militar, sacado a rastras de su casa luego de resistir tres o cuatro horas. Más vívida, reconocí la misma versión que me había llegado poco después de los hechos, y que había sido brindada por un compañero anónimo, que había corrido el riesgo de preguntar entre los vecinos, en medio de la represión del ´76 y hasta se había animado a tomar fotos de la casa. Los impactos de bala en las paredes, el portón roto. Señas de la violencia de esa noche. Ahora que es más fácil hablar, es necesario reivindicar el papel de esos, los compañeros que se jugaban el pellejo para saber qué pasaba. Los que apoyaron a los familiares y les dijeron con quién hablar cuando viajaban a Buenos Aires. Y también, a los familiares, como Luz Ibarburu, Violeta Malugani, o María Esther Gatti de Islas que recorrieron los lugares de represión buscando a sus hijos. Buscándolos a todos. También a las denuncias que se presentaron en el exilio, elaborando dossiers y llevándolos a diferentes organismos internacionales con la esperanza, entonces, de encontrarlos vivos. Con compañeras como Tota Quinteros, Marta Casal de Gatti, Ignacio Errandonea, estuvimos en esas lides. Con una verdad inacabada por supuesto, como todas las verdades, perfectible.
Hoy, 33 años después, tenemos la primera condena a los mandos militares por la desaparición de 28 uruguayos detenidos en Argentina, entre ellos mi padre. Hombres y mujeres que habían sido detenidos, torturados, robado sus hijos, y trasladados a Uruguay para ser asesinados. Es un hecho histórico que abre por primera vez la posibilidad de que esta sociedad pueda mirarse al espejo, reconocerse tal cual es, sin indignidades. Y fundamentalmente, pueda mirar a sus hijos, las nuevas generaciones sin la vergüenza de heredarles heridas abiertas que no supo curar.
Fue difícil que se entendiera el papel que juega la justicia en todo esto, única garantía de no repetición de los crímenes. Desde las posiciones de los familiares que habían arriado la bandera de la justicia por considerarla una utopía inviable, a los que pensaban que presentar denuncias utilizando los agujeros que proporcionaba la Ley de Caducidad era una forma de aceptarla. Pero lo hicimos. Presentamos denuncias en Uruguay y en Argentina que hoy siguen su curso.
También, progresivamente va siendo comprendida por todos, la importancia de una campaña de recolección de firmas por la nulidad de la Ley de Caducidad que permita que se reabran las causas archivadas en el marco de la impunidad. Un numeroso grupo de familiares hemos trabajado desde la primera convocatoria en el impulso de ésta iniciativa, junto a las otras organizaciones de la Coordinadora y ya estamos casi en el número de firmas suficiente para garantizar la consulta popular.
Hoy, 33 años después del secuestro, por primera vez podemos albergar la esperanza de que quizá... quizá ahora estemos a la altura de lo que el sacrificio de nuestros desaparecidos merece. Memoria, verdad, justicia y NUNCA MÁS.

04 abril 2009

CÓMO SE GESTÓ EL GIRO A LA DERECHA EN ISRAEL



AMNON KAPELIUK 04/04/2009

Cómo es posible que la derecha siga ganando terreno en Israel, en detrimento de la izquierda? ¿Cómo se ha logrado formar la coalición gubernamental del trío Netanyahu-Barak-Lieberman? En las elecciones legislativas de febrero, el partido Kadima (de centro derecha), presidido por Tzipi Livni, obtuvo los mejores resultados, con 28 diputados. A primera vista, el presidente Simón Peres debía confiarle a ella la tarea de formar gobierno. Sin embargo, al contar los resultados de Kadima y Likud (derecha nacionalista y anexionista), que sacó 27 diputados, se dio cuenta de que Livni contaba con el apoyo de menos de la mitad de los 120 escaños de la nueva Knesset.
Peres, pese a haber sido miembro de Kadima hasta que ocupó la presidencia, no tuvo más remedio que pedirle a Benjamín Netanyahu, Bibi, del Likud, que formara la coalición que iba a dirigir el país. En poco tiempo, el candidato reunió a su alrededor a varios partidos, cada uno más extremista que el otro y, entre ellos, alguno de tendencias fascistoides. Israel no ha visto jamás una coalición nacional-fanática como ésta. La derecha es feliz... y con razón.
Antes de estos comicios, el jefe del partido de habla rusa Yisrael Beiteinu, Avigdor Lieberman -nuevo ministro de Exteriores-, llevó a cabo una campaña racista contra los árabes y envió al presidente Mubarak "al infierno". Todos recuerdan que hace algún tiempo amenazó con bombardear la presa de Asuán. En su opinión, los diputados árabes de la Knesset son una quinta columna, unos traidores. En un Estado de derecho, Lieberman estaría ante un juez, pero en Israel gana terreno todos los días y, gracias a los votos de las capas populares rusas, su partido se ha convertido en el tercero en orden de importancia dentro de la Knesset.
Ya antes de que se formara la coalición de Netanyahu se alzaron voces descontentas en todas partes, sobre todo en Estados Unidos y Europa -para no hablar del mundo árabe-, contra la participación de Lieberman en el nuevo Gobierno israelí. Bibi comprendió enseguida que no podía ir muy lejos con un equipo tan belicista y favorable al apartheid, en el que Lieberman tuviera un papel fundamental con sus 15 diputados, porque se vería aislado en el ámbito internacional. De modo que reanudó los contactos con Livni para hacerle un hueco en su coalición y mejorar así su imagen empañada y repulsiva en el extranjero.
Para ser francos, Livni no es una paloma, ni mucho menos. Como ministra de Exteriores formaba parte del trío -junto con Ehud Olmert, primer ministro, y Ehud Barak, ministro de Defensa-, que dirigió la guerra contra Gaza, una terrible operación militar que se caracterizó, según las declaraciones de soldados reveladas por Haaretz el 19 de marzo, por los disparos de francotiradores contra mujeres y niños -1.400 muertos-, los bombardeos a ciegas y una sed de destrucción sin límites. No obstante, como mujer de principios, del Likud y el Gran Israel en el pasado, Livni era partidaria del concepto de dos Estados para los dos pueblos: el israelí y el palestino. Se dio cuenta de que Bibi siempre ha rechazado esta solución y le dijo adiós.
Entonces, el responsable del Likud se dirigió al jefe del Partido Laborista, el general Ehud Barak, para que se uniera a su Gobierno. El cálculo de Netanyahu es evidente: limpiar la imagen de extrema derecha de su Gobierno. Para Barak, que se ha hecho millonario, pasar a la oposición significaba la muerte política tras haber arrastrado a los laboristas a una inmensa derrota en las legislativas (13 diputados en total). Por eso entabló conversaciones secretas con Bibi. Netanyahu le prometió que sería generoso con carteras y cargos, y Barak hizo concesiones ideológicas: no exigió que se incluyera en la plataforma gubernamental la cuestión de los dos Estados. En ese aspecto, Barak está personalmente de acuerdo con Bibi y en contra de su propio partido. Incluso llegó a utilizar una frase repugnante: "La cultura árabe se basa en la mentira". Ahora el Haaretz del 30 de marzo resume: "Bibi, Lieberman, Landau y Barak no son la unión nacional, son la extrema derecha".
El primer objetivo de Netanyahu en el terreno internacional consiste en mejorar su imagen en la Casa Blanca. Bush se ha ido y el nuevo presidente no es, ni mucho menos, un incondicional de Israel como el anterior. Obama no deja de subrayar que la política de su Administración para lograr la paz en Oriente Próximo se basa en la existencia de dos Estados para los dos pueblos. No es de prever un giro total respecto a Israel, pero es más que probable que haya un cambio de actitud.
Tres días después de la victoria de la extrema derecha en las elecciones legislativas, Alon Liel, ex director general del Ministerio de Asuntos Exteriores y ex embajador en Suráfrica en la época del apartheid, escribió un artículo en Maariv (en el suplemento de Jerusalén), titulado Así se construye el 'apartheid'. Lo dirigía a los anexionistas israelíes, entre ellos Netanyahu, y decía: "Los constructores de Suráfrica no pidieron permiso y construyeron a voluntad casas, carreteras, puentes y minas. Pero los negros a su alrededor exigieron que se respetaran sus legítimos derechos. El final es conocido: los negros son dueños de Suráfrica desde hace 15 años y los blancos son, en el mejor de los casos, subarrendatarios".

Amnon Kapeliuk es periodista y escritor israelí. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

MAL AUGURIO EN ISRAEL

EDITORIAL de EL PAÍS

Nada sugiere que el Gobierno de Netanyahu vaya a contribuir a la paz
Los primeros signos del flamante y dificultoso Gobierno israelí de Benjamín Netanyahu -probablemente el más crudamente derechista de que se tenga noticia, pese al barniz de sus ministros laboristas- son especialmente sombríos para la causa de la paz entre judíos y palestinos.
Si Netanyahu, pese a sus promesas de negociar, no ha manifestado el menor interés en un Estado palestino, su ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman, personaje abiertamente racista, ha ido mucho más allá al descartar que el nuevo Gabinete se sienta vinculado por los acuerdos de Annapolis, de 2007, auspiciados por Washington, considerados piedra angular de cualquier plan de paz. Annapolis -una iniciativa diplomática de Bush- no es el marco favorito de Barack Obama, pero la Casa Blanca ha reaccionado inmediatamente señalando que aquella premisa debe seguir en pie. Obama, hasta ahora deliberadamente ambiguo sobre uno de los mayores retos de su mandato, va a tener que emplearse a fondo para impulsar un proceso negociador que haga compatible su promesa de cooperación con Netanyahu -y la inveterada alianza de EE UU con Israel- con la realidad de un Gobierno que parte de posiciones inadmisiblemente beligerantes, aunque de momento sean sólo verbales.
El primer ministro israelí no empieza con buen pie. La sangrienta operación de Gaza, emprendida por su antecesor Olmert para intentar liquidar el control por Hamás de la franja antes del relevo, no sólo no ha conseguido sus objetivos, sino que los radicales islamistas se ven reforzados por la investigación decidida por la ONU -ayer fue designado para encabezarla el juez Richard Goldstone, ex fiscal para la antigua Yugoslavia- sobre supuestos crímenes de guerra israelíes durante su asalto en enero. También ayer, el ultranacionalista Lieberman era de nuevo interrogado por la policía sobre un escándalo de sobornos que viene de atrás. La sombra de la corrupción planea otra vez al más alto nivel en Israel.
Cabe preguntarse qué pinta en un Gobierno así el partido laborista. Incluso asumiendo que la formación de Ehud Barak está al borde de la liquidación por sus escasos votos y sus pugnas internas, el apoyo socialdemócrata a Netanyahu es un equívoco de gran envergadura. Por sí mismo delata hasta qué punto es imprescindible la reforma a fondo del fragmentado e ineficaz sistema político israelí.

LIEBERMAN, INTERROGADO POR COHECHO Y LAVADO DE DINERO




ABC | JERUSALÉN

Hay llegadas al poder ruidosas, y luego la que está protagonizando Avigdor Lieberman. El nuevo ministro de Exteriores israelí ha vuelto a eclipsar hoy al recién estrenado Gobierno de Benjamín Netanyahu al conocerse que, en su segunda jornada al frente de la Cancillería, pasó siete horas y media siendo interrogado por la policía como sospechoso de corrupción.
La noticia del interrogatorio se difundía mientras se multiplicaban las reacciones en contra de su penúltima “bomba” diplomática: unas declaraciones realizadas al diario Haaretz de Tel Aviv, en las que descarta cualquier retirada israelí de los Altos del Golán ocupados a Siria en 1967, y que se sumaban a su rechazo expresado un día antes al vigente proceso de paz con los palestinos. Nadie da más en 48 horas.
La investigación criminal por presuntos delitos de soborno, fraude, abuso de confianza, lavado de dinero y falsificación de documentos públicos a los que se enfrenta Avigdor Lieberman se remonta al periodo comprendido entre 1999 y 2006, años en los que se sospecha que el hoy ministro recibió “sumas muy importantes del extranjero” para financiar sus campañas electorales como lider del ultra nacionalista Yisrael Beitenu.
Una organización israelí, el llamado “Movimiento por la Calidad del Gobierno”, tomó la iniciativa de reclamar ante los tribunales la depuración de responsabilidades, petición que sería ampliada recientemente, cuando el colectivo exigió la cancelación del acuerdo de Gobierno que ha llevado a Lieberman al Ejecutivo. En el marco de esta causa se celebraba ayer el interrogatorio, cuya fecha había sido acordada de antemano, y en el que el ministro, -que siempre ha negado las alegaciones tachándolas de una “conspiración” persecutoria-, “respondió a todas las preguntas” con colaboración, según fuentes cercanas.
De ser Lieberman procesado, rumores salidos de las altas esferas del Likud aseguran que Benjamín Netanyahu habría resuelto ya poner la cartera de Exteriores en manos de su compañero de filas Silvan Shalom, lo que ha desatado en el partido Yisrael Beitenu la amenaza de abandonar la coalición. Su salida supondría la práctica defunción del Ejecutivo.
En una coincidencia que hace temer por una escalada de hostilidades, al menos retóricas, las declaraciones de Lieberman sobre la no retirada del Golán se cruzaban ayer con otras del presidente sirio, Bashar al Assad, que en el rotativo qatarí “A-Sharq” advertía el jueves que Damasco recuperará los altos “por la paz o la guerra”. “Este enemigo no quiere la paz, ¿cual es la alternativa?, -se preguntaba-, la ruta paralela de la resistencia”. ■

02 abril 2009

El juez investiga un bombardeo contra Gaza de 2002 que acabó con la vida de 14 civiles

La Fiscalía pide a Andreu que archive la causa contra Israel

El juez investiga un bombardeo contra Gaza de 2002 que acabó con la vida de 14 civiles

La Fiscalía de la Audiencia Nacional ha pedido hoy el archivo provisional de la investigación que sigue el juez Fernando Andreu sobre el ataque israelí en la franja de Gaza del 22 de julio de 2002, ya que de la documentación facilitada por Israel se desprende que aún se están investigando estos hechos. El pasado mes de enero, el juez Andreu admitió a trámite la querella interpuesta por el Centro Palestino para los Derechos Humanos (PCHR, por sus siglas en inglés) por estos hechos, y un mes después decidió seguir investigando porque de la documentación mencionada entendía que en Israel no había habido una investigación judicial.
Andreu, tras analizar la documentación aportada por Israel, consideró entonces que no existía ninguna investigación criminal abierta en ese país. No obstante y según la información aportada por Israel, una comisión estatal investiga el llamado caso Shehadeh una vez que el Tribunal Supremo, que reconoció un "error de cálculo", echó por tierra varios intentos de procesar el ataque.

El bombardeo tenía como objetivo acabar con la vida del dirigente de Hamás Salah Shehadeh. Para ello se utilizó un caza F-16 del Ejército israelí que lanzó una bomba de una tonelada sobre su vivienda en el barrio de Al Daraj de la ciudad de Gaza, una de las zonas residenciales más densamente poblados de la ciudad. El proyectil causó 15 víctimas mortales y 150 heridos. Su explosión alcanzó de lleno a la familia cuyos siete miembros fallecieron.

La querella de PCHR señala como responsables del ataque al entonces ministro de Defensa, Ben-Eliezer, al jefe de la fuerza aérea, Dan Halutz, al general del mando sur del Ejército, Doron Almog, al asesor de seguridad Giora Eiland, al secretario militar del ministro, Michael Hertzog, al jefe de Estado Mayor, Moshe Ya'Alon, y Abraham Dichter, director del Servicio General de Seguridad.

Según han informado fuentes fiscales, es conveniente el archivo de esta investigación porque, si se llevara a cabo, "España se convertiría en una tercera instancia".

EL NUEVO MINISTRO DE EXTERIORES ISRAELÍ ENTIERRA EL ÚLTIMO ACUERDO DE PAZ

TODO: LA PREPOTENCIA DEL MAFIOSO LIBERMAN YA ESTÁ PLASMADA EN SU PRIMER DISCURSO COMO MINISTRO. TODOS LOS ISRAELÍES QUE APOYARON LA MASACRE EN GAZA (Y COLABORARON EN EL ASCENSO DEL NAZIFASCISTA LIBERMAN AL GOBIERNO), ¿ESTAN DE ACUERDO CON EL GOBIERNO DE 30 MINISTROS QUE CONDUCE AL ESTE PAÍS AL AISLAMIENTO Y A LA GUERRA? "QUIEN SIEMBRA VIENTOS CRIMINALES COSECHA MINISTROS Y GOBIERNOS DE ASESINOS".

Lieberman niega validez al pacto de Annapolis para crear un Estado palestino

JUAN MIGUEL MUÑOZ - Jerusalén - 02/04/2009

Sin freno y sin medias tintas. No sorprendió ayer en su toma de posesión Avigdor Lieberman, nuevo ministro de Exteriores israelí. Se cargó de un plumazo la conferencia de Annapolis, impulsada en noviembre de 2007 por el entonces presidente estadounidense George W. Bush y que apremiaba a la creación de un Estado palestino. Rechazó toda concesión política y territorial, y advirtió: "Quienes piensan que mediante concesiones se ganarán el respeto y lograrán la paz, están equivocados... Aquellos que quieran la paz deben prepararse para la guerra y ser fuertes". Las palabras de Lieberman suponen una declaración de intenciones, un vuelco absoluto al discurso diplomático del extinto Gobierno de Ehud Olmert y un desafío a la Administración estadounidense de Barack Obama.
El primer ministro Olmert ha sido el más belicoso en el último cuarto de siglo. Dos guerras (Líbano en 2006 y Gaza el invierno pasado); el bombardeo de una instalación militar, supuestamente nuclear, en Siria en 2007, y el ataque aéreo contra un cargamento de armas en Sudán en enero de este año jalonaron su mandato de tres años. Tampoco llevó a cabo concesión alguna a sus contrapartes árabes, pero abonó los canales diplomáticos.
"Hay un documento que nos obliga, y ése no es el de la conferencia de Annapolis. No tiene validez. El Gobierno israelí nunca ratificó Annapolis ni lo hizo la Kneset", afirmó el ultra Lieberman. En su opinión, el documento suscrito por Olmert y su jefa de la diplomacia, Tzipi Livni, es papel mojado, aunque otorga vigencia a la Hoja de Ruta, que supedita la fundación del Estado palestino al fin de la violencia y que también exige el fin de la expansión de las colonias judías en Cisjordania.
Habrá que dar tiempo porque la Casa Blanca tendrá algo que decir. Pero las vaguedades expresadas la víspera por Benjamín Netanyahu en la Kneset dejan claros sus propósitos respecto a los palestinos: nada de concesiones territoriales. Del mismo modo que Hamás no reconoce la legitimidad del Estado sionista, los estatutos del Likud tampoco admiten la existencia de un Estado palestino. Y Netanyahu no esconde su primera misión respecto a Cisjordania y Gaza: derribar el Gobierno de Hamás en la franja. La guerra desatada el 27 de diciembre concluyó, en su opinión, demasiado pronto, sin lograr ese objetivo.
"Le digo al liderazgo palestino que si realmente quiere la paz, podemos conseguirla", apuntó Netanyahu. Los diputados árabes y los de Meretz (izquierda israelí) le abuchearon. Sus términos para la paz también indignan a la moderada Autoridad Palestina: se trata de fomentar el progreso económico en Cisjordania. Más tarde habrá que garantizar la seguridad de Israel. Después, ya se verá. Pero ni hablar de un Estado palestino. El presidente, Mahmud Abbas, declaró ayer: "Lieberman no cree en la paz. No podemos negociar con él. El mundo debería presionarle".
A pesar de que Netanyahu buscó con ahínco que Kadima, presidido por Livni, se sumara a la coalición, la negativa del primer ministro y líder del Likud a pronunciar las palabras Estado palestino frustró el intento y Netanyahu optó por el extremismo de varios de sus socios.
Obama será clave. Washington ha esperado a que se forme el nuevo Gobierno israelí, pero el mediador -George Mitchell- ya fue designado y la maquinaria diplomática está lista. Resta por ver si todo quedará en simples roces sobre la ampliación de colonias en Cisjordania o el derribo de casas en Jerusalén Este o si el mandatario estadounidense se empeñará en doblegar la intransigencia de Bibi Netanyahu y su Ejecutivo.