18 junio 2008

EL RETORNO DE PANDORA


Robinson "del campo", solo, patético, con un cartelito de mierda...
Apuntes sobre la crisis política en Argentina


Ezequiel Meler − Rebelión - 18-06-2008


Se han marchitado los laureles de nuestro país, y los
meteoros hacen que se oculten de espanto las estrellas fijas
en el cielo; la luna de pálido rostro lanza resplandores
sangrientos sobre la tierra, y los profetas de semblante
escuálido cuchichean anuncios de cambios terribles.

William Shakespeare, Ricardo III,
Acto III, escena IV.


Siempre resulta complicado enhebrar interpretaciones de acontecimientos en despliegue. Nueve de diez veces, el analista sabe de antemano que ha de elegir el camino equivocado. Pero, pasado cierto tiempo, y en vista de que la crisis política desatada por el conflicto entre las corporaciones agropecuarias y el gobierno de Cristina Kirchner ha asentado con toda normalidad sus reales en la vida cotidiana de nuestro país, sin visos de resolución a la vista, tampoco se puede dejar de pensar sobre ella, a la espera –que ya parece eterna- de su improbable desaparición. Sobre todo porque, a medida que pasan los días, y los meses, queda cada vez más claro que las transformaciones acontecidas en este lapso son duraderas, y que los problemas que afrontamos, a la vez similares y distintos respecto de otras encrucijadas del pasado, vienen para quedarse. Una razón adicional es la forma en que la contienda va proyectando su desenlace. Como el fantasma de Hamlet, el espectro de la violencia, otro viejo conocido de nuestra vida pública, se cierne, de modo cada vez más amenazante, sobre las luces y sombras de un diferendo que insiste en aparecer como iniciado en torno a la elevación de un simple derecho aduanero. Finalmente, es urgente volver sobre este conflicto porque queda claro que, ya hecho carne en diferentes sectores de la sociedad como una lucha absoluta, a todo o nada, ya no importa la verdad, ni tampoco quién tiene razón. Importan, sí, las consecuencias del resultado, de la eventual victoria, y también de la eventual derrota, de cada uno de los bandos para los sectores que los apoyaron. En un conflicto de estas características, dichas consecuencias suelen ser devastadoras.
Ante todo, queda claro que el conflicto entre las corporaciones de productores agropecuarios y el gobierno ha reabierto la Caja de Pandora de nuestra historia reciente. En dos sentidos, al menos. En primer lugar, ha reaparecido, en su desnudez socialmente más insensible, la crisis de representación que decantara en diciembre de 2001, con la caída del gobierno de Fernando De La Rúa. El discurso antipolítico instalado entonces, que inicialmente pudo mostrarse, para más de algún observador aventurado [1] , como el germen de un cuestionamiento social del orden establecido, devino en un residuo de rencores y amarguras sin canalizar para buena parte de los sectores medios urbanos. Rencores que, y así ingresamos en el segundo elemento, se fueron revolviendo y envenenando ante el surgimiento, desde 2003, de un nuevo “gobierno popular”.
La combinación espuria del desencanto de parte de la sociedad con la política como actividad –extendido, a veces, a la democracia como régimen político-, con el hechizo del “retorno de la política” [2] encarnado en el proyecto nacional de Néstor Kirchner, estaba destinada, más tarde o más temprano, a encauzarse como un curso de colisión frontal. Esta inevitable conclusión apareció claramente en ocasión de la victoria de Mauricio Macri en las elecciones municipales de la Ciudad de Buenos Aires, y volvió a asomar cabeza, con mayor virulencia aún, en el transcurso de la campaña electoral que coronó, apenas seis meses atrás, a Cristina Fernández como presidenta electa de la Nación. Antipolítica neoliberal en el primer caso, antiperonismo visceral en el segundo. La crisis desatada por el conflicto con las entidades agrarias permitió la condensación de ambos elementos, en un movimiento de oposición no institucional, que por sus características y apoyos agrieta seriamente las expectativas de vida de la democracia argentina en el porvenir inmediato.
En una secuencia que, como me ha recordado en estos días Federico Vázquez, recuerda mucho al largo conflicto del gobierno y la oposición de Venezuela en torno a la huelga de los gerentes de PDVSA, diversos sectores se “colgaron”, para decirlo coloquialmente, de una lucha de intereses sectoriales para mostrar su enojo respecto de su condición de minoría, así como respecto del curso de la política nacional. Como lúcidamente advirtió la presidenta en una de sus múltiples alocuciones, esa rabia primaria tenía poco que ver con la discusión sectorial concreta, y mucho que ver con otros aspectos de la agenda pública –en particular, con la revisión del “pasado – presente” que supone la reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad durante el transcurso de la última dictadura militar-. Tenía también que ver, y en esto hubo menos lucidez, con la continuidad de la crisis de autoridad desatada en las jornadas de diciembre de 2001, de las que, al parecer, muchos dirigentes opositores extrajeron la conclusión de que un gobierno democrático podía ser derrocado, sin daños mayores para el régimen democrático como tal, y aún sin el recurso a las Fuerzas Armadas como sujeto de la acción destituyente. Ante la perspectiva irremediable de otra derrota, estos mismos dirigentes han fogoneado y fogonean, incluso con anterioridad a su derrota en octubre, cualquier alternativa que erosione el poder del gobierno en términos institucionales, articulando su conducta, si es necesario, con grupos completamente ajenos a las prescripciones propias de una república democrática. En la mirada de personajes como Elisa Carrió y, en menor medida, Mauricio Macri, lo que 2001 enseña, y este conflicto reafirma, es que tal vez no sea necesario esperar otros cuatro años para alternar con el gobierno saliente. Lo que se preguntan menos –y, a no olvidarlo, se les pregunta menos- es si la continuidad de esta lógica puede ser compatible con las condiciones mínimas de gobernabilidad que requiere todo gobierno.
En diversos trabajos, publicados en este y otros espacios, se ha aludido a la lógica política de los actores económicos en pugna –los exportadores, los pooles de siembra, los terratenientes tradicionales, etc. [3] También ha sido expuesta, con la suficiente contundencia, la complicidad de los medios de comunicación masiva con el movimiento opositor, así como sus intereses comunes con la alianza de corporaciones agropecuarias [4] . Los dirigentes opositores se han posicionado por sí mismos del lado de la patronal agraria, a la espera de que acontecimientos que no pueden desencadenar por sí mismos abran el paso a un cambio de gobierno. No es tampoco un secreto, al menos para nadie que quiera saberlo, que el núcleo inicial del debate –la movilización ante la “crítica situación” de los chacareros, en un contexto de “rentabilidad en extinción”- se ha revelado falaz: los sectores en protesta, aún con la aplicación de las discutidas retenciones móviles, ganan más que antes [5] . Por eso, el eje de la polémica se fue desplazando recientemente de modo subrepticio: aunque el escollo formal de la negociación sigue siendo, en principio, la fijación del porcentaje correspondiente a los derechos de exportación, los barones de la soja tradujeron su reclamo a términos institucionales –“federalismo”, “división de poderes”, “democracia participativa”-, esto es, ingresaron de lleno en el lenguaje de la política, pero sin asumirse como un actor que acepta las reglas del juego político como tal.
Así, pudieron presentar como legítima reiteración de un método de protesta válido la realización de piquetes indefinidos y sistemáticos, explícitamente dirigidos al transporte de cargas y alimentos, que amenazaron –y, en parte, cumplieron- con desabastecer a las grandes ciudades. Más tarde, presentaron de igual modo como “campaña de concientización”, con bombos y platillos, el intento –hasta ahora, poco exitoso- por extorsionar y “apretar” a los líderes políticos locales (intendentes, legisladores, gobernadores), “demandando” el apoyo a su causa sin plantear la posibilidad del disenso. Todo ello, vale recalcarlo, con el obsceno apoyo de los mismos multimedios que dos años atrás se escandalizaban del corte de rutas efectuado por obreros desocupados y sectores empobrecidos. Por todas estas razones, se fue generando un indudable proceso de polarización política, que se centró en la toma de posición frente al método del piquete, método que no sólo contraría el antecedente de los piquetes esporádicos de trabajadores desocupados, sino que implica ni más ni menos la voluntad de un sector económico de arrogarse poderes de policía y ejercicio del derecho público, impidiendo por tiempo indeterminado el tráfico comercial destinado al mercado interno, el tránsito de personas y el transporte de mercaderías. Todo esto ha sido suficientemente descrito y analizado, y no es mi intención volver aquí sobre ello.
El sábado 14 de junio, cuando, finalmente, el gobierno se disponía a desalojar a uno de los piquetes más emblemáticos de esta contienda –el que se localiza en la intersección de las rutas nacionales 12 y 14, en cercanías de la ciudad de Gualeguaychú, el conflicto pareció llegar a su ground zero. Pese a que la medida había sido anunciada por medios nacionales con veinticuatro horas de anticipación, pese a que la gendarmería nacional actuaba en evidente ejercicio de sus facultades, pese a la presencia de una orden judicial, el desalojo pacífico ordenado por Buenos Aires, manejado con soberana impericia por el comandante local, se convirtió en uno de tipo violento. El gobierno, que cumplía acabadamente con una medida necesaria, prescrita por instrucción judicial, en el marco del Estado de Derecho y demás garantías constitucionales, volvió a perder estrepitosamente el control de los acontecimientos: la dirigencia agraria inició un sinnúmero de piquetes “espontáneos”, convenientemente “cubiertos” por los medios masivos, a escala nacional. La liberación de Alfredo de Ángeli, referente local de la Federación Agraria Argentina –que, pese a su historia, actúa en la coyuntura como fuerza de choque de los señores de la tierra y del capital-, fue convertida en el escenario propicio para el relanzamiento del lock out patronal más largo que haya enfrentado el país desde el retorno de la democracia. Horas después, el gobierno nacional respondió con una numerosa convocatoria en Plaza de Mayo, que anticipa el inicio de una confrontación directa por el control del espacio público. En la concentración, como un manifestante más, estuvo por espacio de más de media hora el ex presidente Néstor Kirchner.
Tras esta larga pero en cierto modo inevitable introducción, nace la pregunta: ¿Y ahora? El conflicto parece estar en fojas cero, la imagen pública de la presidente se ha deteriorado, los recursos institucionales a su disposición se encuentran deslegitimados por un sector considerable de la población, y mientras tanto la crisis política se profundiza. El logro de “no judicializar la protesta social”, tan celebrado por su éxito en el tratamiento de las acciones dirigidas por los sectores excluidos y empobrecidos, aparece ahora, en un fulminante efecto bumerang, como una espada de Damocles sobre la cabeza de la conducción política del país. Las fronteras entre lo legítimo y lo legal se difuminan a gran velocidad a medida que los barones de la soja incrementan su cerco sobre el gobierno, y la respuesta de éste, apelando a la “defensa de las instituciones”, suena a poco para un electorado y una base social que bien sabe del escaso contenido concreto de las mismas. Para peor, la estrategia oficial consistente en recurrir a la política monetaria, apreciando el peso, como mecanismo de presión sobre las exportadoras, acelera inevitablemente los tiempos de la confrontación, en la medida en que expone a las corporaciones a pérdidas por valores siderales, en un contexto internacional signado por precios externos sumamente favorables para las materias primas del país.
El gobierno, ya lo hemos dicho, perdió desde el inicio la que siempre valoramos como su arma por excelencia: la iniciativa política [6] . Y ese hecho, que aisladamente no dice demasiado, sí señala su falta de voluntad por adecuarse a este escenario de pesadilla, radicalizando la democracia hacia el plano social en la misma medida –pero, en sentido contrario- a la radicalización política de las asociaciones de interés, en su avanzada sobre las facultades del Estado. No es visible, al menos por ahora, un plan de contingencia que incluya medidas favorables a los sectores más desprotegidos, tanto rurales como urbanos, a fin de ampliar la base de consenso respecto del papel de ese Estado cuestionado de plano por los piquetes del poder. Dentro del Congreso, vaciado ahora por la propia mayoría oficialista, esperan los proyectos de reforma de la ley de arrendamientos, así como iniciativas que contemplan la creación del ente nacional de comercialización que controle a las grandes multinacionales, un plan de alimentación para atacar el problema del hambre y la indigencia, una nueva normativa de radiodifusión, la derogación de la legislación financiera promulgada por la última dictadura militar, la reforma del código electoral (conocida como “reforma política”) y demás reclamos y necesidades de una sociedad diariamente bombardeada por discursos mediáticos que señalan alegremente la “esterilidad” de un conflicto en el que, en verdad, se juega todo. En la misma medida, los hechos de ayer demuestran que no es viable la solución del conflicto a través de la imposición del orden, sea por medios convencionales, sea por la invocación de la Ley de Defensa de la Democracia o de la implantación del Estado de Sitio, que tan malos recuerdos trae a los dirigentes políticos.
Estas señales conforman un cuadro de debilidades estratégicas que abarcan falencias en la comunicación del propósito de las medidas oficiales, amagues tácticos de ataque a los intereses más concentrados que rápidamente son descartados, deserciones de un “campo popular” muy poco homogéneo y débilmente encuadrado en la estructura tradicional del justicialismo, proyectos de redistribución del ingreso trabados en su implementación, etc. Este cuadro, a su vez, expresa a los gritos su diagnóstico: la crisis del kirchnerismo como proyecto político de apertura y democratización del Estado, proyecto que comenzó su naufragio mucho antes de que Cristina Fernández de Kirchner se calzara la banda presidencial [7] . A su favor, el gobierno cuenta con el clarísimo perfil clasista de la oposición, que amedrenta a muchos sectores del progresismo y, principalmente, de los sectores populares, expuestos a la perspectiva de una restauración de la república oligárquica conservadora, restauración que expresaría el retorno de lo peor de nuestra historia desde 1955 a la fecha. Pero, sin su voluntad de avanzar en una senda de reformas sociales que zanje la disputa respecto de quién garantiza el interés común, todo ello suena a poco. El kirchnerismo, que hizo amigos como quien construye un basurero nuclear, integrando en su seno a caudillos provinciales que le garantizaran el resultado aún sin el menor contenido, se ve ahora en la misma paradoja expresada por Cooke respecto del peronismo: tiene los enemigos que se merece, lo que no se merece, en cambio, son sus amigos…
Como resultado de lo antes mencionado, y de todo lo dicho en oportunidades anteriores, queda claro un panorama general de sendas tonalidades grisáceas, que separan discursos grandiosos sobre la unidad y el porvenir de la nación respecto de realidades mucho más modestas. Analizando los discursos de la última campaña electoral, María Esperanza Casullo señalaba lo siguiente:
“Desde un punto de vista, que la política esté recorrida por discursos que apelan a la inclusión, al pluralismo, a difuminar los límites entre “nosotros” y “ellos” es un avance hacia formas racionales de resolver diferencias políticas. El peligro es terminar así en una política en la que o bien no hay diferencias (la política reducida al ámbito gris de la administración burocrática) o bien esas diferencias, al no poder expresarse de manera propiamente política, derivan en conflicto. Habrá que ver qué nos depara el destino.” [8]
Parece claro, ¿no?
http://horizontelibertario.blogspot.com/


[1] Me refiero, por tomar un caso, a John Holloway: Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de la revolución hoy, Buenos Aires, Herramienta, 2002, p. 11, en su disparatado elogio del “Que se vayan todos”, como utopía fundante de un nuevo socialismo.
[2] “El regreso de la lucha de clases”, entrevista a Nicolás Casullo, en Página 12, 04/11/2007.
[3] Meler, Ezequiel: “Modalidades de concentración en la Argentina reciente. Los pooles de siembra”, en www.rebelion.org, 03/05/08.
[4] Casullo, Nicolás: “Medios, política y sociedad. Una nueva historia vieja”, en Pagina 12, 20/04/2008.
[5] Julio Sevares: “Los números dicen: aún con retenciones el campo gana más”, en http://weblogs.clarin.com/i-desarrollo.
[6] Véase Meler, Ezequiel: “Acerca del surgimiento y crítico presente de las constelaciones progresistas. El caso argentino”, en www.rebelion.org, 29/11/2005.
[7] Meler, Ezequiel: “El kirchnerismo en la encrucijada”, en www.rebelion.org, 27/04/08.
[8] Casullo, María Esperanza: “La exclusión popular”, en Página 12, 31/10/2007.

17 junio 2008

Por qué van a la plaza

Por qué vamos a la plaza

Hoy ( por mañana miércoles 18 de junio) a las 13 nos concentramos en Avenida de Mayo y Perú, en defensa de la democracia y en reclamo de mayor distribución de la riqueza y participación popular.

Lo haremos desde nuestra propia identidad y sin ahorrar críticas al Poder Ejecutivo Nacional, pero en respaldo de la institucionalidad democrática y de las medidas progresivas que enfurecieron a una nueva derecha que usa la retórica del diálogo y el consenso y se envuelve en los símbolos nacionales mientras pretende mantener sus privilegios. Con lock-out patronal y desabastecimiento no hay vocación de dialogo. Es imprescindible el levantamiento de las medidas de fuerza, y que el gobierno haga una amplia convocatoria a todos los sectores involucrados, para la discusión integral de un nuevo modelo productivo.

Somos miembros de organizaciones sindicales como la CTA, CTERA, la Unión Obrera Metalúrgica, CONADU; de movimientos como Tupac Amaru y Movimiento Nacional Patria Grande; de organismos de derechos humanos como el CELS, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos; de pequeños empresarios, como la Asamblea de PYMES y el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos; economistas del Plan Fénix; decanos y profesores universitarios, científicos e investigadores; sacerdotes en opción por los pobres; dirigentes políticos que demostramos la posibilidad de construir alternativas populares sin clientelas ni aparatos; intelectuales y artistas integrantes del agrupamiento Carta Abierta y ciudadanos sin militancia partidaria ni institucional.

No formamos parte del gobierno. Objetamos la destrucción del INDEC y la construcción del tren bala, la negativa a reconocer la personería de la CTA y la alianza con sectores de la mal llamada burguesía nacional, que fue socia de los gobiernos neoliberales. Consideramos intolerable el mantenimiento de altos niveles de hambre y exclusión en uno de los grandes países productores de alimentos del mundo.

Pero la restauración conservadora en marcha, con el impulso de un sector de la izquierda que imagina protagonizar una revolución agraria, no cuestiona los defectos sino los aciertos del gobierno, al que intenta imponerle sus intereses económicos por encima del interés general, sin reparar en costos ni en métodos. Cuestiona la reconstrucción de la autoridad del Estado luego del colapso de 2002, el saneamiento de la Corte Suprema de Justicia, el juicio a los responsables del Estado terrorista, el drástico descenso de la desocupación, la recuperación del régimen jubilatorio estatal, el establecimiento de un haber para las personas mayores de 70 años que no tenían ninguno, el aumento del presupuesto educativo, la creación de un ministerio de ciencia y tecnología, la política exterior independiente, en asociación con los gobiernos democráticos de Sudamérica. No busca un avance sino un salto atrás.

Contra toda evidencia se acusa de autoritario y soberbio al primer gobierno que ha prohibido el uso de armas de fuego en el control de manifestaciones y se moteja de represión violenta al desalojo con guantes de seda de la ruta del MERCOSUR, por la que desde hace tres meses no se permite el tránsito de mercaderías, obligando a tirar millones de litros de leche y toneladas de frutas y verduras. De ese clima deslegitimador, parecido al que minó la presidencia de Arturo Illia, participan en forma tan entusiasta como irreflexiva sectores de las clases medias urbanas influidos por la cobertura tendenciosa de diarios y canales de televisión temerosos de que se democratice la comunicación de masas.

De esta crisis, no menos grave porque se la niegue, sólo se sale con más democracia y más distribución de la riqueza. Para ello se impone una reforma impositiva integral, que grave a todos los sectores que en estos años han tenido beneficios extraordinarios, como la especulación financiera, la minería y la pesca.

Ésa es la voz propia con la que hoy iremos a la Plaza de Mayo, en defensa del valioso trayecto recorrido desde mayo de 2003 y en demanda de su profundización, con mayor calidad institucional y con la participación popular.

ADHIERO CON RESERVAS: NO ES HORA DE LAS CHICANAS...ESPERAREMOS A ACABAR CON LA POLÍTICA GOLPISTA DE LA OLIGARQUÍA Y SUS MAYORDOMOS DE LA FEDERACIÓN AGRARIA Y LAS CAPAS MEDIAS GORILAS, Y LUEGO LE PEDIREMOS CUENTAS AL GOBIERNO. ESTAS CHICANAS REPENTINAS DEBIERON ESCUCHARSE HACE BASTANTE TIEMPO... ¿POR QUÉ AHORA? ¿PARA "ABLANDAR" A LOS GORILAS?

ANDRÉS ALDAO

16 junio 2008

Carta Abierta/ 3 - La nueva derecha en la Argentina

TODO: Retornando a la palestra pública, quitándose el disfraz de "pueblo", de ser "uno del pueblo", las capas medias de la sociedad argentina, los mismos que desde la Unión Democrática" de radicales, comunistas codovillianos, demócratas progresistas,y conservadores no han cesado de conspirar, odiar, maldecir a la gran porción del pueblo que decidió apoyar al General Juan Domingo Perón y María Eva Duarte e infligir esa derrota humillante a las fuerzas del pasado, desde Roca y Mitre, Alvear, Justo, Ortiz y Castillo, luego el 16 de junio y 16 de septiembre de 1955.Bombardeos criminales de la marina, las conspiraciones de los militares,
los asesinatos de justo León Suárez, y el fusilamiento del general Valle el 9 de junio de 1956, y todo el vandalismo de la libertadora, de Onganía, Lanusse,Isabelita y el brujo, el proceso, el corralito.
Son los mismos. Siempre se olió su gorilismo, su nariz apuntada hacia recoleta, la sociedad rural, la oligarquía dueña de campos y vacas, arrendantes y sojeros...
Esos son los enemigos, Esos, y las capas medias, las comparsas de la democracia formal, los protagonistas del "Y... algo habrán hecho"... triste, famoso, sangre y duelo, silencio mirar para otro lado "... y algo habrás hecho, sí...".

Comparto la carta de cuya primera, la Carta Abierta/1 firmé. Para finalizar, no hay tiempo para dubitaciones, exquisiteces, remilgos. Con unos o con otros. Todo el resto son pamplinas de cobardes o idiotas, como Lozano o Pino Solanas.


Andrés Aldao, desde el exilio



¿Cómo se puede reclamar la nacionalización del petróleo cuando la lucha que se despliega es contra una medida progresiva de índole impositiva? ¿Cómo se puede llamar a la lucha contra la pobreza con aliados que expresan las capas más tradicionales de las clases dominantes? Algo ha sucedido en los vínculos entre las palabras y los hechos: un disloque. Los símbolos han quedado librados a nuevas capturas, a articulaciones contradictorias, a emergencias inadecuadas. Ningún actor político puede declararse eximido de haber contribuido a esa separación. Las situaciones críticas obligan a preguntarse qué palabras le corresponden a los nuevos hechos. Entre las batallas pendientes en la cultura y la política argentina, está la de nombrar lo que ocurre con actos fundados en una lengua crítica y sustentable. Sin embargo, hoy las palabras heredadas suelen pronunciarse como un acto de confiscación. Cualquier cosa que ahora se diga vacila en aportar pruebas de su enraizamiento en expectativas sociales reales. Parece haber triunfado la “operación” sobre la obra, el parloteo sobre el lenguaje.

“Clima destituyente” hemos dicho para nombrar los embates generalizados contra formas legítimas de la política gubernamental y contra las investiduras de todo tipo. Una mezcla de irresponsabilidad y de milenarismo de ocasión sustituyó la confianza colectiva. “Nueva derecha” decimos ahora. Lo decimos para nombrar una serie de posiciones que se caracterizan por pensarse contra la política y contra sus derechos de ser otra cosa que gestión y administración de los poderes existentes. Una derecha que reclama eficiencia y no ideología, que alega más gestión que valores –y puede coquetear con todo valor-, que invoca la defensa de las jerarquías existentes aunque se inviste miméticamente de formas y procedimientos asamblearios y voces sacadas de las napas prestigiosas de las militancias de ciclos anteriores. Esa derecha impugna la política como gasto superfluo y como enmascaramiento, pero es cierto que la impugna con más dureza cuando la política pretende intervenir sobre la trama social. Tiene distintas inflexiones: desde la ilusoria eficiencia empresarial del macrismo hasta el intercambio directo de dones y rentas imaginado en Gualeguaychú, sin Estado ni partidos, solo con golpes de transparecia contra lo que llaman obstáculos.

Transparencia social imposible, como no sea bajo un régimen cohercitivo, que expresa su desprecio hacia la política como capacidad transformadora, como intervención activa sobre la vida en común. De ese vaciamiento son responsables, también, los profesionales de la política que priorizaron sus propios intereses mientras sostenían un discurso de lo público. Demasiado tiempo vino degradándose el lenguaje político como para que no surgieran mesianismos vicarios y vaticinios salvadores que en vez de redimir el conocimiento político son el complemento milenarista del espontaneísmo soez. La nueva derecha viene a decir que eso no está mal y que se debe llevar a sus últimas consecuencias, disolviendo la instancia misma de la política. Es fundamentalmente destituyente: vacía a los acontecimientos de sentido, a los hechos de su historicidad, a la vida de sus memorias. Por eso, atraviesa fronteras para buscar terminologías en sus antípodas. Es una nueva derecha porque a diferencia de las antiguas derechas, no es literal con su propio legado, sino que puede recubrirse, mimética, con las consignas de la movilización social.

La nueva derecha puede agitar florilegios de izquierdas recreadas a último momento como préstamo de urgencia o anunciar compromisos caros a las luchas sociales de la historia nacional, sea Grito de Alcorta, sea la gesta de Paso de los Libres en 1933, sean las asambleas del 2001. Es una nueva derecha veteada de retazos perdidos pero no olvidados de antiguas lenguas movilizadoras. Condena el vínculo vivo de las personas y las sociedades con el pasado, llamando a un ilusorio puro presente que podría desprenderse de esas capas anteriores. Lo hace, incluso, cuando trae símbolos de ese pasado sujetándolos a relaciones que los niegan o vacían. Cita al pasado como una efemérides al paso. Será jauretcheana si cuadra, aplaudirá a Madres de Plaza de Mayo si lo ve oportuno, dirá que adhiere a Evo Morales si se la apura, y no le faltará impulso para aludir a los mayos y los octubres de la historia. Mimetismo bendecido, tolerado: es la nueva derecha que ensaya el lenguaje total de la movilización con palabras prestadas. Procede por expurgación y despojo: restándole a la realidad algunas de las capas que la constituyen y presentando en una supuesta lisura la vida en común. En ella no hay espesor, diferencias, desigualdades, violencias ni explotación; ella habla del “campo” trazándonos un dibujo bucólico de pioneros esforzados de la misma manera que considera la pobreza y el hambre como desgracias naturales o como penurias redescubiertas para sostener una mala conciencia de escuderos novedosos de los poderes agrarios tradicionales.

En la nueva derecha reina lo abstracto pero con la lengua presunta de lo concreto: precisamente la que hablan los medios de comunicación. A la trama moral de las acciones la tornan escándalo moral, denuncismo de sabuesos que dejan saber que las sospechas generalizadas sobre la vida política son instrumentos que pueden sustituir un pensar real. En ella se trata de reivindicar la honestidad de los ciudadanos-consumidores, su espontaneidad expresiva ante las manipulaciones de la vieja política; transparentar es su grito, mostrar un supuesto lenguaje sin espesura es su lema. Sin obstáculos, sin pliegues. Sus lenguajes apuntan a vaciar de contenido historias y memorias de la misma manera que buscan desmontar cualquier relación entre universo reflexivo-crítico y política transformadora. Devastación del mundo de la palabra en nombre de la brutalización massmediática; simplificación de la escena cultural de acuerdo a la continua mutilación de la densidad de los conflictos sociales y políticos.

La nueva derecha es ahora un conjunto de procedimientos y de prácticas que se difunden peligrosamente en las más diversas alternativas políticas. La aceptación de que la escena la construyen los medios de comunicación lleva a un tipo de intervención pública tan respetuosa de ese poder como sumisa respecto de las palabras hegemónicas. Hace tiempo que los estilos comunicaciones habituales recurren al intercambio de denuncias como una cifra moral, que parece menos un proyecto compartible de refundar la política en la autoconciencia pública emancipada que en la circulación de un nuevo “dinero” basado en un control de la política por la vía de un moralismo del ciudadano atrincherado, temeroso, ausente de los grandes panoramas históricos. Moralismo de estrechez domiciliaria, pertechada, víctima de miedos construídos y de oscuros deseos de resarcimiento. Es un viaje que parece no tener retorno hacia la espectacularización de una conciencia difusa de represalia. Es un recelo que va quedando despojado de contenidos, como no sean los parapetos medrosos de un pensamienteo consignatario. Todo lo que implica la misma incapacidad para descubrir que lo que llaman “opinión pública”, que en ciertos momentos de la historia, es un acatamiento a lo que habla por ella más de lo que ella balbucea de sí misma.

La nueva derecha se inviste con el ropaje de la racionalidad ciudadana, adopta los giros de lenguaje y los deseos más significativos de una opinión colectiva sin la libertad última para ver que encarna los miedos de una época despótica y violenta. Un intenso intercambio simbólico viene a sellar así la alianza entre la nueva derecha, los medios de comunicación hegemónicos y el “sentido común” más ramplón que atraviesa a vastos estratos de las capas medias urbanas y rurales del que tampoco es ajeno un mundo popular permanentemente hostigado por esas discursividades dominantes.

Lo que sucede en Bolivia, quizás el escenario más complejo de la región, debe alertarnos. No porque sean equivalentes los fenómenos sociales y políticos, sino porque el tipo de confrontación que las derechas bolivianas despliegan advierten sobre cuánto se puede decidir no respetar la voluntad popular, aáun apelando a frenesís plebiscitarios. En Argentina no estamos ante un escenario de esa índole pero sí asistiendo a la emergencia de nuevos fenómenos políticos reactivos y conservadores, que atraviesan partidos políticos populares y organizaciones sociales. Todo trastabilla ante la cuerda subterránea que tienden las nuevas derechas. La señora cansada del conflicto, el locutor de la noche harto de la refriega, el pequeño rentista fastidiado de las listas electorales que había votado. Las nuevas derechas ejercen su señorío como una forma de desencanto, llamando al desapego generalizado. El ser social por fin saturado de las dificultades de una época, llama bajo su forma reactiva, a no pensar la dificultad sino a refugiarse en el desafección política, en el módico mesianismo al borde de las rutas. Proclaman que actúan por dignidad cuando son economicistas y son economicistas cuando demuestran que esa es la nueva forma de la dignidad.

Atraviesan así toda la materia sensible de este momento de la historia nacional. Su frase predilecta, “no me metan la mano en el bolsillo”, hace de los actos legítimos de regulación de las rentas extraordinarias de la tierra, una ignominiosa expropiación. Tratan un bien nacional, como la productividad del suelo, como cosa meramente privada. Otras frases reiteran: “está loca”, e incluso se ha escuchado en la televisión de la noche de los domingos: “es satánico”. Se interpreta la intervención del Estado en el mercado en la clave de una psiquiatría obtusa de revista de peluquería, de chistoso de calesita o de pitonisa de boudoir. Menos se dice “hay que matarlos”, pero aparece en los añadidos que publican algunos periódicos cuando termina la redacción de sus propios artículos y comienza la carnicería opinativa en un anonimato electrónico sediento de desquite. ¿Ante quién? ¿para qué? No le importan las respuestas a una nueva derecha que recobra el linaje de las más impiadosas que tuvo el país. Ha soltado la lengua, pero aprendió a decir primero “armonía” y diálogo” mientras no ocultan la sonrisa sobradora cuando escuchan que se les dice “y pegue, y pegue!”.

Se considera una redención el uso del lenguaje más incivil del que se tenga memoria en las luchas sociales argentinas. Con impunidad lo han tomado, con rápido gesto de arrebatadores, del desván de los recuerdos y de las historias de gestas desplegadas en nombre de un ideal más igualitario. En un sorprendente movimiento de apropiación para travestirla en su beneficio, han movilizado la memoria de los oprimidos en función de sostener el privilegio de unos pocos, vaciando, hacia atrás, todo sentido genuino, buscando inutilizar una tradición indispensable a la hora de reestablecer el vínculo entre las generaciones pasadas y los nuevos ideales emancipatorios.

Es una operación a partir de la cual se definen las lógicas emergentes de esa nueva derecha que no duda en reclamar para sí lo mejor de la tradición republicana y democrática; es una nueva derecha que no se nombra a sí misma como tal, que elude con astucia las definiciones al mismo tiempo que ritualiza en un mea culpa de pacotilla sus responsabilidades pasadas y presentes con lo peor de la política nacional, bendecida por frases evangélicas que llaman oscuramente a la vindicta de los poderosos que aprendieron a hablar con préstamos del lenguaje de los perseguidos. Lo han hecho en otros momentos cruciales de la historia nacional. La nueva derecha inversionista ha comenzado por invertir el significado de las palabras. ¿Por qué no lo harían ahora?

Ante eso, es necesario recuperar otra idea de política, otro vínculo entre la política y las clases populares, y otra hilación entre hechos y símbolos. Si la nueva derecha reina en una sociedad mediatizada, una política que la confronte debe surgir de la distancia crítica con los procedimientos mediáticos. Si la nueva derecha no temió enarbolar la amenaza del hambre (como consecuencia de su desabastecedor plan de lucha), otra política debe situar al hambre, realidad dramática en la Argentina, como problema de máxima envergadura y desafío a resolver. Es cierto que, visiblemente, hoy no son muchos los que aceptan enarbolar blasones de derecha. Hay que buscarla en todos los lenguajes disponibles, en todos los partidos existentes, en todas las conductas públicas que puedan imaginarse. Los pendones que la conmueven pueden ser frases como éstas: la “nueva nación agraria como reserva moral de la nación”. Es el viejo tema de las nuevas derechas y la identificación, también antigua, de patria y propiedad, de nación y posesión de la tierra. Es el concepto de reserva moral como liturgia última que sanciona tanto el “fin del conflicto”, como un tinglado modernizante que no vacila en expropiar los temas del progresismo, pero para desmantelar lugares y memorias. Es una gauchesca de bolsa de cereales como acorde poético junto al horizonte del nuevo empresariado político. Podrán leer a la ida el Martín Fierro y a la vuelta los consejos de Berlusconi.

Los nuevos hombres “laboriosos”, persignados fisiócratas, se indignan porque hay Estado y hay vida colectiva que se resiste a vulnerar la vieja atadura entre las palabras y las cosas. Pero esto ocurre porque la materia ideológica, con sus venerables arabescos y citas célebres, ha quedado deshilvanada, reutilizada en rápidos collages de la nuevas estancias conservadoras del lenguaje. ¿Cómo descubrirlas? Su localización es la ausencia de nervadura social, pues se trata de desplegar para la Argentina futura, una nueva cultura social con un único territorio, el de las rentas extraordinarias que desea percibir una nueva clase ineerpretando estrechamente las graves necesdades alimentarias del mundo. Parecen campesisnos, parecen chacareros, parecen pequeños propietarios, parecen hombres de campo protagonizando una gesta. Pero no son ilusiones estas nuevas creaciones políticas de indesmentible base social nueva. Son los tractores embanderados, brusca señalización del paisaje que atrae por la carencia de todo matiz, de todo signo mediador. La nueva clase teatraliza una rebelión campesina pero traza un nuevo destino conservador para la Argentina. Marcha con vocablos fuera de su eje, en una combinación entremezclada que pone en escena la fusión entre formas morales de revancha y captura jocosa de los símbolos del progresismo social.

Asistimos a un remate general de conceptos. Nociones tan complejas como la de “patria agraria”, “Argentina profunda”, “nuevo federalismo”, han resurgido de un arcón honorable de vocablos, cuando significaron algo precioso para miles y miles de argentinos para salir hoy a luz como mendrugo de astucia y oportunismo. Como en los posmodernismos ya transcurridos, vivimos la sensación que en el reino de los discursos políticos e ideológicos, “todo es posible de darse”. Las palabras parecen las mismas, pero se han dislocado bajo una matriz teleteatral y un recetario de cruces de saltimbanqui, legalizados por la escena primordial de cámaras que infunden irrealidad y deserción de la historia en sus recolecciones vertiginosas. Un nuevo estado moral de derecha surge del neoconservadurismo que reordena los valores en juego, luego de que ha tramitado un liberalismo reaccionario y un modernismo que propone conceptos de la sociedad de la información para hacerlos marchar hacia un nuevo consenso disciplinador y desinformante.

Un nuevo sentido común producido por los tejidos tecnoinformativos nutre así el círculo de captura de imágenes y discursos. Se habla como lo hace la llamada “sociedad del conocimiento” y esta habla como lo hacen previamente quienes ya fueron tocados por la conquistada neoparla que insiste en estar “fuera de la política” pero munidos de jergas sustitutivas de la experiencia pública. Hasta el modo de ir a los actos políticos es puesto bajo la grilla admonitoria de un juez del Olimpo que dictamina los momentos de supuesta “falsa conciencia” de miles de conciudadanos que no poseerían la legítima pasión espontánea de los refundadores del nuevo federalismo sin historia, sin estado, sin instituciones, sin sujeto. El descrédito de lo político comienza por destituir a las masas populares y sus imperfectas maneras, para hacer pasar por buenas sólo las supuestas movilizaciones pastoriles roussonianas, efectivamente multitudinarias, que mal se sostienen bajo las diversas modalidades del tractorazo, más amenazante que bucólico.

Una república agroconservadora despliega entonces sus banderas de “nuevo movimiento social”. Tienen todo el derecho a expresarse pero el examen democrático del gigantesco operativo que han emprendido debe ser también interpretado. Se trata de sustituir un pueblo que consideran inadecuado con otro vestido con galas de revolución conservadora. Hay suficientes ejemplos en la historia del país y en las memorias constructoras de justicia para decir que no lo lograrán

15 junio 2008

'Vamos a tardar cien años en reparar todo el mal que nos ha hecho Bush'


Gore Vidal: 'Vamos a tardar cien años en reparar todo el mal que nos ha hecho Bush'
'El imperio se acaba porque se acabó el dinero: la avaricia pudo con nosotros'
'Obama es al menos inteligente, lo que es ya una novedad en la Casa Blanca'
'Ustedes tienen las corridas de toros, nosotros gente torturando en otros países'
'Los escritores de hoy en día no saben de historia, sólo escriben de sí mismos'
'Dales a los americanos una mentira y se excitarán; es lo que esconde el patriotismo'


CARLOS FRESNEDA (ENVIADO ESPECIAL)

LOS ÁNGELES (EEUU).- A la casa blanca de Gore Vidal se llega siguiendo la ruta de las estrellas de Hollywood. Su mansión está poblada de retratos en blanco y negro: aquí su padre con Franklin Rooselvelt, allá Norman Mailer con Kurt Vonnegut, más allá la sonriente Jacqueline Kennedy en la ventanilla de un coche ('Con amor').

El viejo maestro (82 años) se abre paso en el bosque rebosante de los recuerdos. Acaba de volver de Italia, nos cuenta. De pasar unas largas vacaciones a su "segundo país", al que sigue vinculado en la distancia mientras el cuerpo y el alma aguanten. Presto a hablar de política a las primeras de cambio. De la cocina o del piso de arriba llega el eco altisonante del telediario...

P: ¿Almuerza usted con las noticias del día?
R: Procuro enterarme de lo que pasa, aunque es realmente difícil. Vivimos en una dictadura y nos gusta la dictadura. Tenemos un Gobierno fascista que ha controlado a su placer los medios. Los republicanos le montaron el 'impeachment' a Clinton porque alguien le hizo una mamada, y ahora nos falta valor para sacar adelante el 'impeachment' de Bush por violar sistemáticamente la Constitución americana... Vivimos en un país que da miedo. Hemos dejado atrás la república y hemos renunciado a la Carta Magna. Vamos a tardar 100 años en reparar todo el mal.
P: ¿Habrá más sorpresas de aquí a noviembre?
R: Siguen preparándose para golpear Irán, haciendo acopio de mentiras o insistiendo en que la amenaza inminente, como hicieron con Sadam Hussein. Lo acusaron falsamente por el 11-S, lo capturaron y lo colgaron: esa es la visión de la justicia americana.
P: En uno de sus libros más recientes, Guerra perpetua para una paz perpetua, usted habla de un golpe de estado tras el 11-S...
R: No lo cometió diretamente Bush, fueron más bien Dick Cheney y los halcones del Pentágono. Fue un arreglo parecido al de Japón en el siglo XVII: un Mikado sin poder, en manos de un vicepresidente 'shogun' y de sus asesores guerreros. Sólo faltaba un 'casus belli' para lanzar toda su artillería de mentiras, y luego ese concepto militarista y orwelliano de guerra contra el terror, que es una adaptación de la guerra fría que se inventó Truman.
P: Pero no negará que el 11-S fue lo más parecido a un ataque...
R: Sí, pero lanzado en todo caso por Osama Bin Laden y otros dos o tres, no por un ejército de millones de islamistas radicales, como nos hicieron creer. Y por supuesto no por Sadam Hussein.
P: Usted asegura también que la Administración Bush permitió que ocurriera el 11-S...
R: Hay un informe que le entregaron al presidente semanas y que se titulaba 'Bin Laden, dispuesto a atacar Estados Unidos'. Allí se advertía ya de la posibilidad de atentados usando aviones comerciales ¿Nos hacen falta más pruebas? Lo que pasa es que tenemos un presidente tan perezoso que ni siquiera se lee los informes que le preparan... Eso sí, ha sido capaz de cometer todas la ilegalidades posibles, desde el espionaje de los ciudadanos a la suspensión del habeas corpus y las detenciones indefinidas, desde las torturas a las prisiones secretas... Ustedes tienen las corridas de toros, nosotros tenemos gente torturando y matando en otros países.
P: Después de haber sido testigo de tres cuartas partes de la historia del siglo XX y de estos siete años de Bush, ¿qué podemos esperar del siglo XXI?
R: La ley marcial... Tarde o temprano estallará algo en algún sitio.
P: ¿Estamos viviendo el ocaso de El último imperio, como se titula otro de sus libros?
R: El imperio se acaba porque se acabó el dinero. La avaricia pudo con nosotros. Así se han acabado históricamente todos los imperios, incluido el español. Estados Unidos acabará encontrando su lugar, posiblemente entre Argentina y Brasil.
P: ¿La situación mundial sería muy distinta si hubiera llegado a la Casa Blanca su primo lejano Al Gore?
R: No creo. Es demasiado tímido. Lo fue hasta para reclamar los resultados de unas elecciones que ganó y que le robaron el juez Scalia y sus secuaces del Tribunal Supremo... Aunque seguramente no estaríamos en Irak, probablemente tampoco en Afganistán.
P: ¿Qué consejo le daría al próximo presidente de Estados Unidos?
R: Que repase la historia y recuerde las palabras del presidente Washington: "Las naciones no deben tener pasiones a favor o en contra de otras naciones, porque la pasiones te esclavizan... Recordad que Estados Unidos tiene sólo intereses, no pasiones".
Lamentablemente, el deseo de exportar nuestro sistema se ha convertido no ya en una pasión, sino en una obsesión. Cada Calígula en la historia ha querido propagar su propia versión de la democracia, para que otros países "sean tan felices como nosotros".



Gore Vidal, entrevistado en su casa de Hollywood Hills por Carlos Fresneda. (Foto: Isaac Hernández)
P: ¿Qué presidentes incluiría en su lista de elegidos?
R: De los recientes, ninguno. Del siglo pasado me quedo con Franklin D. Roosevelt, que tuvo sus defectos, pero supo sacarnos de la Gran Depresión, y crear un colchón social con el new deal, y abrir magníficas oficinas de correos en todo el país... Me quedo también con Lincoln, un presidente complejo y enigmático, que se escribía sus propios discursos, lo cual dice mucho de él. También escribía poesía.
P: ¿Y JFK?
R: No creo que fuera un buen presidente. Lo que ha sobrevivido de él es más bien el mito. Yo les traté mucho, sobre todo a Jacqueline, tuvimos un padrastro común... Pero no tengo gran aprecio por la carrera política de Kennedy.
P: ¿Se le parece Obama?
R: ¡Pamplinas! Son cosas del 'marketing' electoral... Mi candidato demócrata, el que ofrecía un auténtico cambio, era Dennis Kucinich. Sigo teniendo mis dudas sobre Obama. Durante un tiempo pensé que era el mejor demagogo desde Martin Luther King, aunque ha crecido mi interés por él desde su discurso sobre la raza. Hay que reconocer que es inteligente, y un presidente inteligente –después del que hemos tenido estos siete años- sería una auténtica novedad en la Casa Blanca.

P: ¿Cree que tiene posibilidades en noviembre?
R: Sí, sí que las tiene... si llega vivo.
P: ¿Se esperaba el fiasco de Hillary?
R: Yo tengo un gran respeto por ella. Me parece una mujer inteligente, una abogada impecable. Pero ha perdido los papeles durante la campaña... Aún recuerdo que me vino a visitar un día, con su hija y con su madre, cuando yo vivía en Italia. Era la época de su fallida reforma sanitaria, cuando los republicanos echaron toda la basura posible sobre ella.
P: ¿Y el papel de Bill Clinton?
R: Creo que no ha sido muy útil en la campaña. Era perfectamente capaz de manejarse sola.
P: ¿Qué opinión le merece John McCain?
R: Me recuerda mucho a Bush: parece que sabe siempre donde está y hacia dónde avanza. Y está claro que va a seguir la guerra. McCain sería una prolongación de la Junta Militar, al estilo latinoamericano, que hemos tenido estos años.
P: ¿Por qué se mojan tan poco en política los escritores de generaciones más jóvenes? ¿Por qué ese desdén en Estados Unidos a la figura del intelectual?
R: Mire, allí al fondo está precisamente la foto que nos hicieron a mí, a Norman Mailer y a Kurt Vonnegut: los tres últimos intelectuales, los tres veteranos, acercándonos como estábamos a los ochenta... Los escritores de hoy en día no saben de historia, sólo quieren escribir sobre sí mismos.
P: Y dígame ¿cómo han convidido el Gore Vidal escritor y el Gore Vidal mundano, amigo y anfitrión de Federico Fellini, Greta Garbo, Jacqueline Kennedy, Tennesse Williams, Saul Bellow, Rudolf Nureyev, Paul Newman y tantos otros rostros famosos que desfilan por sus memorias, Navegación a la vista?
R: Digamos que me ha gustado relacionarme y tener buenos amigos, pero la escritura ha sido siempre una profesión solitaria.
P: ¿Sigue escribiendo a mano en su mesa de madera de cerezo?
R: Sí, ahora mismo estoy trabajando en dos obras de teatro: una de ellas que dejó incabada mi viejo amigo Tennessee Williams y que va a dirigir en Broadway Peter Bogdanovich. También estoy escribiendo una novela, sobre la ocupación de California durante la guerra entre Estados Unidos y México.
P: ¿Por qué sus novelas no han tenido el eco que han tenido sus ensayos?
R: No lo sé, quizás hay que preguntárselo al New York Times, que se negó a publicar reseñas de los cinco libros que publiqué tras 'El pilar y la ciudad de sal' (su segunda novela, de 1948, con la que derribó el tabú de la homosexualidad).
P: ¿Cree que ha habido un 'complot' contra Gore Vidal, el novelista?
R: No sólo lo creo, estoy convencido.
P: Pero a cambio le han consagrado como el "mejor ensayista norteamericano del siglo XX"...
R: Eso lo ha reconocido hasta el New York Times...
P: ¿Se siente vindicado?
R: Usted lo ha dicho.

Hamás resiste el bloqueo israelí

TODO: Un gobierno de ladrones FRENTE A UN GOBIERNO LEGÍTIMO VOTADO POR EL PUEBLO PALESTINO. Palestina de Gaza esla única democracia del Medio Oriente, su Milicia de Defensa de la Independencia de Palestina se enfrenta al terrorismo de los militares de la derrota y los corruptos golpeados por los juicios contras sus robos y estafas.

La población de Gaza sufre cada día mayores penurias un año después de que elgrupo islamista tomara el poder - Lo único positivo es la seguridad en las calles
JUAN MIGUEL MUÑOZ - Gaza - 15/06/2008


El catedrático de Economía Isam Buhaisi no emplea la novedad de los burros-taxi que cubren las distancias cortas para quienes acarrean bultos. Acude cada día a la universidad -"con los zapatos agujereados", dice- en un autobús atestado de profesores. Su coche está aparcado hace dos meses. "Compré un litro de gasolina en el mercado negro sólo para ponerlo en marcha. Me costó seis euros". Apenas hay tráfico. Hasta los guardias que ordenaban el tránsito, ya innecesarios, han desaparecido de los cruces. Los conductores adquieren cupones para acceder a la gasolina racionada: 20 litros por semana.

No se asaltan comercios, ni se roban coches, ni se escuchan disparos
Haniya resiste. La economía, no. Pobreza y paro son rampantes
"Hamás ha perdido apoyo popular, pero no demasiado", dice un catedrático
Un año después de que Hamás se alzara con el poder en Gaza, Israel mantiene un bloqueo económico asfixiante -definido como "crimen contra la humanidad" por organizaciones no gubernamentales y organismos internacionales- a "la mayor cárcel del mundo". El millón y medio de habitantes de la franja comen. Poco más.
En enero de 2006, el movimiento islamista venció en las elecciones. Nadie puso en duda su triunfo, pero nadie lo aceptó. Israel, los países occidentales, Egipto, Jordania y la Autoridad Palestina, encabezada por Mahmud Abbas, se pusieron manos a la obra para derribar el Gobierno de Hamás. Los cuerpos de seguridad del presidente orquestaron el caos y el abismo de la guerra civil planeó sobre Gaza. Medio millar de palestinos murieron en la lucha fratricida entre los cuerpos de seguridad y la milicia de Hamás hasta que los islamistas expulsaron a sus rivales el 14 de junio de 2007 y se hicieron con el control total del territorio ocupado. El Gobierno de Ismail Haniya resiste. La economía, no. Pobreza y desempleo son rampantes. "Al pueblo palestino no le perdonan haber elegido a Hamás", razona Buhaisi.
Anda mucho la gente de la franja. En la ciudad de Gaza, camino de restaurantes que carecen de gas para cocinar, Buhaisi quema leña para cocinar, como en miles de hogares. Los automovilistas utilizan aceite refrito de falafel (croquetas) en lugar de diésel. Apesta el humo que desprenden los tubos de escape.
Es de lo poco que contamina porque hablar de actividad productiva es un sarcasmo. "El 92% de las fábricas ha cerrado por falta de materias primas o combustible; el 65% de las empresas de servicios ha echado el cierre; el sector textil y el de la construcción se han desplomado; el desempleo alcanza el 75%", enumera Buhaisi.
¿Y cómo se sobrevive? Paradójicamente, dinero no falta. El Gobierno se las apaña. Introducir armas por los túneles de Rafah, en la frontera con Egipto, es complicado. Transportar maletas cargadas de dólares es sencillo.
La divisa estadounidense -ni eso ayuda- se ha hundido respecto al shekel, la moneda israelí de curso legal en los territorios palestinos. "Un kilo de carne de ternera cuesta tres veces más que hace un año. El precio de la fruta ha subido el doble y el de la ropa se ha multiplicado por cuatro, y es de pésima calidad", explica el catedrático. La familia, institución que goza de salud de hierro, y las ayudas alimentarias de Naciones Unidas son vitales para soportar el asedio. No todo es desalentador.
Hoy impera el orden. La oleada de secuestros de occidentales acabó, no se asaltan comercios, ni se roban coches, ni gánsteres armados pululan por las calles. No se escuchan disparos ni en las bodas. Es el único logro del Ejecutivo de Haniya. Pero no es una cuestión menor para una población que ha sufrido los efectos de una clase política corrupta que sigue manejando los hilos en Cisjordania.
"Lo primero que te diré es que yo soy de Al Fatah. Pero antes tenía que acompañar a mi hija al colegio, a 200 metros de mi casa. Ahora, mi familia va donde quiere", comenta el comerciante Abu Musab. "El problema", añade, "es el bloqueo". "Si abrieran las fronteras viviríamos muy bien", dice.
Las penurias ceden ante el recuerdo de los 12 meses aciagos en que Hamás y Al Fatah se enzarzaban a tiros desde cada azotea. El movimiento fundamentalista ha unificado la miriada de cuerpos policiales, ha creado juzgados, expulsa de los ayuntamientos a los funcionarios que rechazan trabajar -aunque cobran sus salarios- cumpliendo órdenes del presidente Abbas. Haniya paga religiosamente los sueldos.
Los islamistas no dudan. Resistirán. A toda costa. Porque están persuadidos de que la mayoría de la población les apoya. "No doblaremos la rodilla. Todos saben que el bloqueo es un castigo contra Hamás, pero también contra los derechos de los palestinos", explica Jalil Nofal, uno de los máximos dirigentes islamistas, en la orilla de una playa cada vez más contaminada por aguas negras. "Ahora", continúa, "tratamos de facilitar la vida cotidiana. Fomentamos la agricultura, perseguimos a los especuladores, y hemos recortado los salarios de los funcionarios para atender otras necesidades".
Nadie atisba un levantamiento contra el Gobierno de Haniya. Ni sus más acérrimos adversarios. Alaa Abu Amer, antiguo alto funcionario en el Ejecutivo de Abbas, airea su antipatía hacia Hamás. "La experiencia de los islamistas no ha gustado. Son un pésimo ejemplo para Egipto. Por eso Estados Unidos impulsó los ataques contra Hamás. Pero representan al 40% de la población". Y a ello se añaden factores cruciales.
"Hamás ha perdido apoyo popular, aunque no demasiado. La gente sabe que sus dirigentes no se enriquecen, transportan a personas que esperan en cada esquina, sus hijos luchan contra Israel mientras los hijos de los jefes de Al Fatah estudian en el extranjero. Y, muy importante, todos ven que en Cisjordania no gobierna Hamás y la situación en Kalkilia, Nablus o Yenín es lamentable", agrega Buhaisi. Las redadas del Ejército israelí son incesantes, el expolio de tierras privadas palestinas para ampliar asentamientos es imparable, viajar de una ciudad a otra es un tormento...
Los esfuerzos de Hamás se centran ahora en pactar una tregua con Israel que permita la apertura de los cruces fronterizos y un alivio al cerco que necesitan como el aire. Están convencidos de que tarde o temprano lo conseguirán, aunque antes aguardan un severo castigo en forma de bombardeos. Pero eso no es novedad. ■

RESPUESTAS A ISRAEL POR LA MUERTE DE UN CÁMARA


TAMBIÉN TODO ESTÁ ESPERANDO LA RESPUESTA POR ESTE ASESINATO IMPUNE, JUNTO A OTRAS 1350 INVESTIGACIONES PROMETIDAS POR LOS GENERALES DE LA DERROTA. ESTA GENTE SIGUE SIN ESTAR ENJUICIADA POR CRÍMENES DE GUERRA...

LONDRES (Reuters) - Dos meses después de que un proyectil de un tanque israelí matara a uno de sus cámaras en la Franja de Gaza, Reuters instó al Ejército del Estado judío a entregar inmediatamente los resultados de su investigación interna, en pos de mejorar la seguridad de los periodistas.

Fadel Shana, un palestino de 24 años, murió el 16 de abril junto a ocho transeúntes de entre 12 y 20 años, víctima de dardos conocidos como "flechettes", lanzados desde un proyectil de tanque durante su trayectoria. Shana estaba grabando a un kilómetro y medio de dos tanques israelíes.
La agencia de noticias encargó una investigación independiente sobre el incidente, de la que estableció que no hubo combates ni actividad de milicianos en el área cercana a donde Shana estaba trabajando, a plena vista de los tanques, a unos 100 metros de un concurrido camino.
Ninguna de las víctimas del ataque, en el que un tanque lanzó dos proyectiles de "flechettes", estaba armada.
Shana, cuyo vehículo y protección personal tenían los signos de "Prensa", grabó con un trípode durante algunos minutos antes de que su cámara registrara el disparo letal.
El Ejército israelí aún debe ofrecer una versión del hecho, pero ha dicho que sus soldados siguieron órdenes y no hicieron nada mal. Mientras advierte a los periodistas de que están trabajando en las zonas de conflicto bajo su propio riesgo, el Ejército dice que evita matar a periodistas.
Reuters se ha dirigido a las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, por su sigla en inglés) para preguntar cómo, en ese caso, los soldados no identificaron a Shana como cámara, ni a las demás víctimas como niños y civiles.
"Tenemos el deber con nuestros empleados y sus familias de determinar exactamente qué pasó ese día, tanto para establecer la causa exacta de la muerte de Fadel como para identificar cualquier acción que podamos tomar para mejorar la seguridad del personal de noticias de Reuters asignado a zonas hostiles", escribió la semana pasada Mark Thompson, Editor en Jefe de Reuters en Oriente Próximo.
"Las IDF han tenido mucho tiempo para realizar una investigación detallada de la muerte de Shana", sostuvo Thompson. Entre las preguntas que Reuters ha hecho a autoridades legales de alto rango de las IDF figura qué información específica llevó a los soldados a ignorar la posibilidad de que Shana fuese un cámara de televisión.
REVISIÓN
La portavoz del Ejército israelí, Avital Leibovich, dijo: "Estamos en un proceso de revisión de unos pocos detalles más para completar la situación. En cuanto tengamos conclusiones, las compartiremos".
La demora en aclarar la muerte de Shana ha hecho difícil a los medios de comunicación fijar directrices para su personal en Gaza sobre cómo evitar que se repita, creando a su vez problemas en la cobertura de las actividades del Ejército en el enclave palestino.
Grupos de medios que operan en la zona palestina han instado al Ejército israelí a concienciar a sus soldados sobre la presencia de periodistas y a coordinarse cuando sea posible.
Rechazando una solicitud para que los oficiales de las IDF entreguen información a sus comandantes en terreno sobre los periodistas en Gaza y sus movimientos para evitar que sean blanco de ataques no intencionados, el Ejército dijo en un comunicado el mes pasado: "No habrá coordinación del movimiento y actividades de la prensa en las áreas de actividades del IDF".
La investigación encargada por Reuters indicó que Shana cumplió las normas de seguridad y tomó todas las precauciones razonables.*.■

14 junio 2008

SÓLO HAY QUE APLICAR EL DERECHO

TODO: Este artículo publicado en Suiza recrea todos mis artículos en los que siempre propuse una sola y misma solución: cumplir las resoluciones internacionales y condenar a las autoridades de Israel con sanciones como fue condenada Sudáfrica en los tiempos del aparttheid de los "Botas". Simplemente. Lo que ocurre en el Medio Oriente es una muestra más del mundo hediomdo en que vivimos.

Ur Shlonsky − Tribune de Genéve
Traducido por Caty R.


En el sexagésimo aniversario de la creación del Estado de Israel, Ur Shlonsky nos da su opinión sobre este evento. Shlonsky es profesor de Lingüística general en Ginebra desde hace quince años, después de haber ejercido en Haifa y Montreal.

* * *
Israel celebra su sexagésimo aniversario y nuestras elites políticas se suman a las celebraciones, tanto en Suiza como en otros lugares.
Que Israel, concebido como el Estado de los judíos, dependa de la destrucción de otra sociedad, que haya expulsado a 800.000 palestinos, arrasado sus hogares y confiscado sus tierras con el fin de asegurarse de que no puedan regresar, para nuestras elites es un drama lamentable que de ninguna manera les impide declarar nuestra inquebrantable amistad con ese país de «valientes pioneros».
Se celebra la creación del Estado de Israel mientras éste, en el mismo momento, encierra a millones de civiles palestinos dentro de un muro blindado de controles militares burlándose de cientos de resoluciones de la ONU y del Derecho Internacional más elemental.
Un simple cambio de protagonistas pondría en evidencia la inmundicia de estos festejos.
Se dice que Israel no tiene otra elección, y es totalmente cierto en la actualidad: la ocupación y la represión provocan la rebeldía y ésta debe ser aplastada. Desde la fundación del Estado judío -el Estado donde únicamente los judíos pueden gozar de plenos derechos-, Israel aplica la política de la «judaización», destinada a extender su territorio y a reducir el número de palestinos que viven allí. ¿Qué otra cosa pueden hacer los palestinos más que resistir por todos los medios?
Desde hace 60 años, la política de Israel ha instaurado un odio que alimenta diariamente y que en un futuro más o menos próximo rebotará y convertirá al país y la región en una trampa mortal para todos sus habitantes, los judíos y los árabes.
Quienes actualmente celebran este Israel son cómplices de su política y corresponsables de sus consecuencias. La Europa del siglo XX fue escenario de un genocidio casi total de los judíos. Este capítulo inolvidable de su historia le impone una responsabilidad moral y política que asume muy poco.
Hay que dejar de defender a Israel, cuarto vendedor de armas del mundo; dejar de alabar su milagrosa supervivencia en una región salvaje y rendir justicia a los pueblos de Oriente Próximo admitiendo que el sionismo es un proyecto colonial que todos los días agrede violentamente a los palestinos y además lleva en sí mismo la marca de una catástrofe anunciada para los judíos de Israel.
Rechazar la política de Israel no implica en absoluto una adhesión al «antisemitismo», como afirman algunos discursos para acallar cualquier crítica.
En vez de participar en la mascarada de los «procesos de paz», de Oslo a Annapolis, que sólo han servido para enmascarar y legitimar la continuación de la colonización israelí, hay que insistir en la aplicación de las resoluciones de la ONU y el Derecho Internacional.
Eso inscribiría el debate del conflicto de Oriente Próximo en las normas de la justicia, únicas armas de las que disponemos para un primer esbozo de paz.

HOMICIDIOS EUROPEOS

Loris Campetti - Il Manifesto
Traducido por Gorka Larrabeiti


Hay un nexo terrible entre la decisión de la Unión Europea de liberalizar el horario de trabajo y la enésima masacre de ayer en la cotidiana guerra italiana en el trabajo, que acabó con la vida de nueve obreros, nueve personas (1). Este nexo se llama liberalismo.
En la segunda mitad del S. XIX, lucha a lucha, matanza tras matanza, tomó cuerpo la Fiesta de los trabajadores, el 1 de mayo. El movimiento partió de los Estados Unidos y Canadá, desembarcó en Europa en 1889 cuando los delegados socialistas de la Segunda Internacional dieron carácter oficial a la fiesta. El 1 de mayor estaba centrado en un gran objetivo estratégico: la conquista de las ocho horas. En la primavera de 1906, nueve mil trabajadoras del arroz desfilaban por las calles de Vercelli junto con los trabajadores del metal cantando: “Si ocho horas / os parecen pocas…”. La lucha por las 40 horas ha marcado el S. XX. Una batalla de civilización que representó un hito histórico.

¿Quién sabe si los 27 ministros del trabajo de la UE han estudiado la historia del S. XX? ¿Quién sabe si la comprendieron? Hace dos días, 22 de ellos votaron una normativa que sentencia el fin no ya de las 40 sino de las 48 horas conquistadas en el lejano 1917. Del “siglo breve”, de su ferocidad y de sus conquistas casi todo se sabe. Pero ¿qué hemos de esperarnos de este siglo, si en sus albores nos catapulta 120 años atrás?

Si Estrasburgo vota el texto sancionado por la Unión Europea, la desregulación del trabajo desbordará las esperanzas de los peores gobiernos liberistas. Entre los más entusiastas, el italiano y el francés, que sellaron su victoria sumándose al frente de la “modernidad”, o sea, del mercado y del beneficio como únicos reguladores de las relaciones sociales y de la vida de las personas. Se podrá trabajar 60, 65 horas a la semana sólo con tal que el patrón lo desee. Será aún más fácil morir en la fábrica, en las obras, en los campos, o dentro de cisternas, envenenados como ratas. Liberalizar el horario de trabajo es un crimen, una instigación a delinquir. Ahórrennos, señores ministros y secuaces, las lágrimas por los últimos homicidios de ayer, empezando por los seis obreros sicilianos muertos por exhalaciones tóxicas dentro de una cisterna de depuración. Así se moría en el S. XIX; así se sigue muriendo en el S. XXI. ¿Y las conquistas del S. XIX que han sobrevivido? Carbonizadas en los escaños de Estrasburgo, si no se frena esta marcha liberista.

Gracias a la nueva normativa se podrá acabar con toda forma de convenio colectivo, sustituido por las relaciones de trabajo individuales, “trajes hechos a medida”, que es con lo que sueña la Confindustria [patronal italiana, N. d. T.], la cual interpreta la victoria de la derecha, la evaporación de la izquierda y la “modernización” del Partido Democrático, como un viático para doblegar los derechos a la lógica de empresa. Cueste lo que cueste, aunque sean vidas humanas. Por lo demás, ¿no han dicho ya patronal y ministros que las nuevas leyes sobre seguridad son demasiado costosas y que hay que suavizarlas?

Es cierto, en Italia los comunistas y los socialistas ya no tienen representación política. Pero no todo se reduce al Parlamento, no está escrito que las fuerzas democráticas hayan muerto. La cuestión es si siguen existiendo fuerzas sociales, sindicales, civiles y culturales, aquí y en Europa, capaces de plantarse, de defender una conquista de civilización. Siquiera en nombre del derecho a la vida de los que trabajan. De ser negativa la respuesta, ganarían quienes tachan de ideologismo toda crítica al estado actual de las cosas. No sería el fin de la historia, pero hemos de tener en cuenta que habrá que volver a empezar desde muy lejos. Desde finales del S. XIX.

Fuente:
http://www.ilmanifesto.it/Quotidiano-archivio/12-Giugno-2008/art1.html

(1) Al menos seis trabajadores murieron hoy en la isla italiana de Sicilia al inhalar gases tóxicos mientras limpiaban un tanque de una planta depuradora de agua. El accidente tuvo lugar en el municipio de Mineo, a 35 kilómetros de la ciudad de Catania. Un suceso similar ocurrió en marzo pasado, cuando cinco trabajadores de una empresa de aseo murieron intoxicados mientras limpiaban un camión cisterna en la región de Apulia. Italia encabeza la lista de países fundadores de la Unión Europea con mayor número de accidentes laborales, lo cual ha sido denunciado en varias ocasiones por las organizaciones sindicales más importantes del país.
Según datos oficiales, en 2007 murieron 900 italianos por esa causa.

http://www.prensa-latina.org/article.asp?ID=%7BDF68B632-DC93-46C5-AD6B-3C1898341426%7D&language=ES

11 junio 2008

EL JUICIO-FARSA CONTRA IMRE NAGY

Hungría revive EL JUICIO-FARSA CONTRA IMRE NAGY, padre de la revolución de 1956

SIMÓN TECCO. CORRESPONSAL. LIUBLIANA

Con motivo del décimoquinto aniversario del ajusticiamiento del ex primer ministro húngaro Imre Nagy (1896-1958), quien en 1956 protagonizó el intento de liberar al país de la tutela soviética, una ONG magiar comenzó ayer la difusión de las grabaciones del proceso-farsa llevado a cabo por el régimen comunista contra el hombre que inspiró la «revolución húngara» y que llegó a proclamar la salida del Pacto de Varsovia.
Es la primera vez que se hace público este documento sonoro histórico de 52 horas de duración, al cual, hasta la fecha, habían tenido acceso sólo algunos historiadores. Cincuenta años después, y gracias a la perseverancia de la organización Open Society Archives (OSA), la voz de Nagy vuelve a escucharse en Budapest. OSA, fundada por la Fundación Soros -creada por el financiero y filántropo de origen húngaro George Soros-, logró ganar una batalla legal para la desclasificación de este material, que forma parte de los archivos secretos del régimen comunista.

Invasión soviética

Nagy ocupó diversos cargos en el Gobierno magiar hasta que, en 1946, por su oposición a la colectivización forzosa y su tolerancia con los disidentes, fue expulsado del Politburó. Después de la muerte de Stalin en 1953, y como representante de la línea reformista en el seno del Partido Socialista Obrero Húngaro, fue nombrado jefe de Gobierno, desde donde introdujo una política de apertura que provocó la invasión soviética en 1956. El 1 de noviembre de ese mismo año, Nagy se vio obligado a refugiarse en la embajada de la entonces Yugoslavia, desde donde fue deportado a Rumanía, donde fue detenido. Tras dos años de cárcel, se escenificó un proceso rápido y secreto en su contra y el 15 de junio de 1958 fue condenado a la pena capital. Al día siguiente, fue ahorcado.
La difusión de la grabación de aquel proceso se inició ayer a las 9.30 de la mañana, hora en que comenzó el proceso, y concluirá el 15 de este mes. La difusión del juicio está abierta a todo el público, que podrá seguir los argumentos de la acusación del régimen contra Nagy por alta traición. En 1989, los restos de Nagy y de otros cuatro compañeros fueron exhumados de una fosa común, y sepultados con honores.

10 junio 2008

Retorno al MANIFIESTO COMUNISTA


TODO: ¿Que la rueda de la historia no vuelve hacia atrás? La jornada de ocho horas, que fue lograda tras sangrientas luchas de los trabajadores en todo el mundo a fines y comienzos de los siglos 19 y 20, ha vuelta a fojas cero. Máxima libertaria: tanto peor tanto mejor

LA UNIÓN EUROPEA ACUERDA AMPLIAR LA JORNADA LABORAL HASTA UN MÁXIMO DE 65 HORAS SEMANALES

Agencias/Rebelión
Los países de la Unión Europea (UE) acordaron ayer por mayoría cualificada ampliar los límites de la jornada laboral para que un empleado pueda trabajar hasta un máximo de 65 horas semanales, si así lo acuerda con el empresario.
Tras cerca de 12 horas de negociación, los ministros de Trabajo aprobaron una propuesta que llevaba varios años bloqueada y que, ahora, debe ser aprobada por el Parlamento Europeo (PE) para su entrada en vigor.
España, que ha sido uno de los países más críticos con esta posibilidad, se abstuvo en la votación y, junto a Bélgica, Chipre, Grecia y Hungría, presentó una declaración en la que aseguró no poder aceptar el texto por el "retroceso social" que supone.
La reforma de la directiva de Tiempo de Trabajo consagra la hasta ahora transitoria cláusula del "opt out" -introducida en su día a petición del Reino Unido- que ofrece a los empleados la posibilidad de trabajar por encima del máximo vigente de las 48 horas semanales.
El texto acordado por los ministros establece que este límite -que sigue siendo el oficial- podrá superarse en caso de acuerdo entre el trabajador y el empresario, siempre por debajo de un techo máximo que queda fijado en 65 horas a la semana si se incluyen periodos de guardia.
Sin ellos, el límite estará en 60 horas semanales, a no ser que exista un convenio colectivo o un acuerdo entre patronal y sindicatos que ponga un tope más alto.
Finalmente, y por las presiones de Francia, la directiva se aplicará a todos los contratos de más de 10 semanas de duración y no sólo a aquellos de más de cuatro meses, como establecía el texto presentado esta mañana por la Presidencia de turno eslovena.
Además, los países acordaron que la Comisión Europea (CE) evalúe el nuevo sistema y presente una nueva propuesta para revisar la directiva, incluida la cláusula del "opt out".

Francia e Italia dejaron de ser aliadas de España

España ha sido desde el primer momento uno de los opositores de la ampliación de la jornada laboral, pero en los últimos meses perdió el apoyo de sus principales aliados en esta negociación, Francia e Italia cuyos gobiernos están en mano de la derecha, con los que había bloqueado en varias ocasiones la reforma.
El texto pactado hoy, tras horas de debate, intenta introducir salvaguardas pues establece que el empleado que trabaje por encima de las 48 horas a la semana lo será de "forma voluntaria y no obligado por el empresario". Esta disponibilidad de los derechos había sido desterrada del derecho laboral pues la práctica y el sentido común indica que el empleador siempre está en una posición de fuerza para imponer las condiciones de trabajo.
La excusa por parte de muchos países para aprobar esta norma es que hasta ahora se incumplía la actual legislación en sectores como el de la sanidad donde las guardias superan con mucho los límites de la jornada laboral. El Tribunal de Justicia de la UE ha reiterado en distintas sentencias que los períodos inactivos de las guardias deben ser considerados tiempo de trabajo, frente a la posición de la mayoría de gobiernos que lo rechaza por el coste que la medida implicaría para los sistemas públicos de Sanidad. Hoy, los ministros han reafirmado su pacto para que estas horas no sean contabilizadas como trabajo, a menos que así lo establezca la legislación nacional, aunque señalan ¡que tampoco deberían considerarse tiempo de descanso!
En paralelo, los países de la UE han acordado la equiparación salarial de los trabajadores cedidos por Empresas de Trabajo Temporal (ETT) con sus compañeros contratados directamente a partir del primer día de contrato, algo que ya ocurre en España.
La directiva pactada por los ministros incluye una excepción para aquellos países donde exista un acuerdo entre la patronal y los sindicatos en este ámbito, caso del Reino Unido -que hasta ahora había bloqueado el texto-, donde la igualdad salarial se da a partir de 12 semanas de contrato ■