30 marzo 2009

OPERACIÓN PLOMO SÓLIDO...

TODO; Ante el silencio vergonzozo de los países "civilizados", de la ONU, de los países "democráticos" y las naciones árabes "moderadas", el mundo quiere olvidar, poner una venda negra sobre lo ocurrido en Gaza, sobre los crímenes cometidos en Gaza, amparar a los criminales de guerra de Israel, Olmerte, Barak, Livni y Gaby Ashquenazi, el comandante en jefe de las ffaa. El mundo cuerdo, la gente que apoya la paz, la justicia y la autodeterminación de los pueblos sojuzgados, como el palestino, deben remover el recuerdo de los asesinatos en masa, los crímenes de fósforo blanco y exigir el castigo a los culpables. Andrés Aldao


Operación plomo sólido: la última matanza de Israel


Higinio Polo
El Viejo Topo

El pasado 17 de enero, el Tsahal israelí, tras detener la agresión a la franja de Gaza, permitió la entrada de algunas personas de organizaciones internacionales por el paso de Rafah, fronterizo con Egipto; entre ellas, un pequeño equipo de Amnistía Internacional. Era una novedad, porque desde el mes de noviembre de 2008, Israel impedía la entrada en la franja de Gaza de organizaciones humanitarias y periodistas. La máquina de guerra israelí acababa de detener su furia. Las primeras impresiones de los miembros de Amnistía Internacional fueron atroces: en Gaza, todavía podían verse trozos de fósforo incandescente en la calle, en viviendas, al alcance de los niños. Pudieron ver cómo, entre un caos dantesco, los ciudadanos se afanaban para recuperar los cadáveres enterrados de cualquier forma por las palas de los bulldozers militares del ejército israelí entre los escombros de las casas, que trataban a los muertos como si fueran basura. Porque, mientras tenía lugar la feroz matanza de palestinos, los militares hebreos impedían el entierro de los muertos, dejando que los cadáveres empezaran a descomponerse: más de cien cuerpos fueron recuperados en los primeros días de la nueva tregua. De nuevo, con su potente maquinaria militar, a la vista del mundo, Israel arrasaba pueblos y ciudades, como hace poco más de un año en Líbano. Las consecuencias han sido letales: más de mil trescientos muertos, casi seis mil heridos, más de cien mil desplazados, cuatro mil casas destruidas y barrios enteros arrasados, decenas de escuelas dañadas, hospitales, centros administrativos, almacenes.

Para justificar su actitud, acumulando mentiras sobre mentiras, Israel acusó al gobierno de Hamás de haber roto la tregua, acto que estaría en el origen de su Operación Plomo sólido. Hamás había cumplido con los términos de la tregua, así como otras organizaciones palestinas, a pesar de que algunas, como el FPLP, no estaban de acuerdo con su contenido. La acusación del gobierno israelí era una mentira más, porque la agresión fue iniciada por el Tsahal y, además, olvidaba deliberadamente el inhumano bloqueo a la franja de Gaza, el cierre de los pasos fronterizos, la negativa israelí a permitir la entrada de gasolina, medicinas, alimentos, hasta el extremo de haber creado una situación de emergencia denunciada por los organismos de la ONU y por organizaciones humanitarias. Se calcula que en la Franja entraban setecientos camiones diarios con suministros para la población, y que, según datos de la Fundación Carter, el bloqueo israelí ha reducido esa cifra a menos de un tercio, condenando a la penuria y al hambre a un millón y medio de personas. En Gaza falta hasta el agua potable.

¿Qué había pasado, en realidad, en los meses anteriores a la agresión? El 19 de junio de 2008, el gobierno de Hamás en la franja acordó una tregua de seis meses con Israel, por la que Tel-Aviv se comprometía a suavizar el bloqueo, mientras que los palestinos aceptaban detener el lanzamiento de cohetes a territorio israelí. En ese momento, durante los poco más de cinco meses transcurridos del año 2008, el ejército israelí había matado a casi cuatrocientos palestinos, entre ellos sesenta niños, casi todos habitantes de la franja de Gaza; al tiempo que dieciséis civiles y nueve militares israelíes habían muerto en acciones palestinas. Algunos ataques israelíes tuvieron especial repercusión internacional, como el asesinato en Gaza del periodista Fadel Shana, de la Agencia Reuters, y de tres palestinos, dos niños y un adulto, en abril de 2008. El periodista estaba debidamente identificado con un chaleco antibalas fluorescente, donde podía leerse, al igual que en su vehículo, “PRENSA”, circunstancia que no impidió su asesinato: mientras Fadel Shana filmaba un tanque israelí, sus ocupantes lanzaron un obús contra él, pese a la presencia de civiles. Era el séptimo periodista asesinado por el ejército israelí. Para limitar las críticas internacionales, procediendo según su costumbre, Israel anunció una investigación, que concluyó justificando la acción de sus soldados. De hecho, ante asesinatos semejantes, todas las “investigaciones” que ha emprendido Israel han sido exculpatorias para sus militares.

La tregua de junio de 2008 fue recibida con alborozo por la población palestina, desesperada, pero deseosa de aferrarse a la más mínima posibilidad de cambio, que permitiese la apertura de las fronteras y la llegada de alimentos y suministros. Israel, una vez más, no sólo incumplió sus compromisos, sino que aumentó su presión sobre la martirizada población palestina, que alcanza a todos los aspectos de la vida cotidiana. Ya en abril de 2008, antes de la firma de la tregua, la Organización Mundial de la Salud había denunciado que los servicios de seguridad del Shin Bet israelí llegaban al extremo de denegar muchos permisos para pacientes palestinos que debían ser tratados de cáncer fuera de la Franja. Debido a ello, en los últimos meses, decenas de palestinos han muerto por la negativa israelí a permitir su salida de la franja de Gaza, pese a conocer que no podían ser tratados dentro por la precaria situación hospitalaria. ¡Para conceder el permiso de salida de Gaza, los militares israelíes ponían en ocasiones la condición de que el paciente palestino se convirtiera en delator y colaborador de sus servicios secretos! En noviembre de 2008, John Ging, director de la UNRWA, denunciaba que Israel llegaba al extremo de someter a embargo a los propios organismos de la ONU que realizan trabajo humanitario, y se preguntaba en qué lugar del mundo la ayuda alimentaria era sometida a tan severas restricciones. Al mismo tiempo, en Ginebra, Navi Pillay, alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, denunciaba: “Un millón y medio de palestinos han sido privados de sus más básicos derechos humanos durante meses. El bloqueo es una violación de las leyes internaciones y humanitarias.” Israel había creado un ghetto infame, aislado del mundo, y aumentaba su presión. En ese momento, hacía cuatro meses que el lanzamiento de cohetes hacia Israel desde la franja se había detenido por completo: la población israelí había disfrutado de una calma absoluta y las milicias palestinas no habían realizado ningún ataque, pese a padecer hechos tan graves como el pogromo contra palestinos en la ciudad israelí de Acre (donde viven muchos colonos extremistas evacuados de Gaza en 2005), pogromo tolerado por la policía israelí, o “asesinatos selectivos” por parte de los servicios secretos israelíes..

El 4 de noviembre de 2008, pese a la calma, Israel, utilizando como excusa que los palestinos estaban construyendo un túnel cerca de la frontera, rompió la tregua con Hamás, asesinando a seis palestinos en una incursión en el interior de Gaza, apoyada por fuerzas terrestres y aviación. Desde ese momento, intensificó aún más el bloqueo, creando una situación de emergencia y configurando un gigantesco campo de concentración donde se impedía la entrada de periodistas, diplomáticos europeos, organizaciones humanitarias e incluso funcionarios de la ONU. Amnistía Internacional acusó a Israel de estar llevando a cabo un castigo colectivo a toda la población palestina. Sin inmutarse, a finales de diciembre, el gobierno israelí ordenaba al Tsahal atacar Gaza para iniciar la matanza. Comenzaba la Operación plomo sólido, preparada desde muchas semanas atrás. Pese a la propaganda con que Israel intentó intoxicar al mundo, fueron los soldados invasores quienes ocuparon las casas, quienes las utilizaron como puestos de ataque, quienes destrozaron el mobiliario, reventando las paredes y, desde los agujeros, practicaban la caza de palestinos.

Mientras tanto, sus tanques aplastaban ambulancias, vehículos, destrozaban las calles. Los misiles lanzados por Israel, junto con el bombardeo de sus F-16 y de la artillería crearon tal escenario de destrucción que Amnistía Internacional hablaba de “barrios concurridos convertidos en paisajes lunares”. La ferocidad israelí parecía no tener límite. Una buena parte de los huertos y carreteras, hospitales, escuelas, conducciones de agua, tendidos eléctricos, almacenes de alimentos, oficinas y locales de la ONU, centros administrativos, viviendas, fueron arrasados por completo: la devastación fue apocalíptica. Incluso la agencia de la ONU para la Ayuda a los Refugiados Palestinos (UNRWA) de Jabalia fue bombardeada, matando a 41 personas, y la escuela primaria de la UNRWA de Beit Lahia, donde se refugiaban casi dos mil personas que dormían hacinadas pensando que allí estaban seguras, fue blanco de la artillería israelí: varios niños murieron y otras personas resultaron heridas. La inhumanidad del ejército israelí, que bombardeó con saña a los civiles, sin preocuparse por las consecuencias, llenó Gaza de cadáveres, de personas con miembros amputados, con la cabeza reventada, con espantosas heridas que horrorizaban incluso a los médicos, quienes, con precarios medios, intentaban afrontar un infierno. La revista The Lancet, que denunció el silencio de la mayoría de las asociaciones médicas del mundo, recogió las palabras de unos médicos noruegos, expertos en escenarios de guerra, Mads Gilbert y Eric Fosse, quienes llegaron al hospital Al-Shifa de Gaza cuando el año 2008 finalizaba: “Hemos visto las heridas de guerra más horribles en hombres, mujeres y niños de todas edades”. Los testimonios eran numerosos, pero, negando la evidencia, el gobierno israelí y sus cómplices prosiguieron encarnizadamente la matanza. El propio Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, que entró en la franja de Gaza el 20 de enero, calificó de “escandaloso” que Israel hubiese bombardeado incluso la sede de la ONU en Gaza y prometió que la organización internacional haría todo lo posible para que se abriera una investigación sobre la matanza de civiles. Pero la martirizada población palestina necesita algo más que palabras. La propia ONU considera que reparar la devastación causada por Israel costará miles de millones de dólares.

Esa es la secuencia de los hechos, aunque ello no impida a Israel seguir acumulando mentiras acusando a Hamás de haber roto la tregua. Tel-Aviv lo hizo con la ayuda del gobierno Bush (y con el silencio de Obama), cuya secretaria de Estado, Condoleeza Rice, pese a que estaba bien informada por sus servicios secretos y saber que no era así, también hizo responsable a Hamás de la ruptura. Algo parecido hizo el Parlamento Europeo, que culpó al movimiento islamista del fin de la tregua, y, aunque acompañó esa acusación del reconocimiento de que Israel “estaba violando el Derecho Internacional Humanitario” en su agresión a Gaza, se abstuvo vergonzosamente de pedir el fin del bloqueo a la Franja. Diputados comunistas del Parlamento Europeo acusaron a la Unión Europea de complicidad con el gobierno israelí, y de ser responsables, junto con Estados Unidos, “de la impunidad criminal de Israel”. Pero sus demandas de expulsión de los embajadores israelíes, de suspensión del Acuerdo de Asociación con Israel, firmado por la Unión Europea, y de creación de una Comisión de Investigación sobre los crímenes cometidos por Israel en Gaza, fueron desoídas por la mayoría del Parlamento.

Para justificar su feroz agresión, la propaganda israelí puso en circulación las habituales mentiras, mezcladas con medias verdades. Desde la insistencia en el lanzamiento de cohetes (algunos portavoces militares, sin ningún escrúpulo, hablaban de “misiles”), ocho mil, según Tel-Aviv, que han causado muy pocas víctimas entre la población civil israelí. La propaganda israelí también utilizó al soldado Gilad Shalit, que sigue prisionero en Gaza, cuyo cautiverio fue una de las excusas dadas por el gobierno de Olmert para mantener el bloqueo a la Franja y para justificar su actuación, aunque se abstuvo de recordar que casi diez mil palestinos se hallan en prisiones israelíes (de los que casi mil proceden de la Franja). Para mayor vergüenza de Israel, además de la persistente política de asesinatos y matanzas contra la población palestina, llevada a cabo por todos los gobiernos israelíes, en el inicio de la Operación Plomo sólido había también cálculos electorales: para reforzar las posibilidades de Kadima, y también de Barak y Livni, aunque pertenezcan a distintos partidos.

Sin embargo, algo está empezando a cambiar. Las manifestaciones de solidaridad con el pueblo palestino que llenaron las calles de muchas ciudades del mundo, muestran el progresivo aislamiento de Israel, aunque no hayan conseguido detener su ferocidad. Las palabras del parlamentario británico Gerald Kaufman, judío y miembro del Partido Laborista, en la Cámara de los Comunes, calificando a los gobernantes israelíes de criminales de guerra, ilustran el desprestigio creciente de Israel: “Me educaron como judío ortodoxo y sionista. […] Mis padres vinieron a Gran Bretaña como refugiados desde Polonia. La mayoría de sus familias fueron más tarde asesinadas por los nazis en el holocausto. Mi abuela estaba enferma en la cama cuando los nazis llegaron a su casa en el pueblo de Staszow. Un soldado alemán le disparó un tiro en la cabeza. Pero mi abuela no murió para prestar cobertura a los soldados israelíes que asesinan abuelas palestinas en Gaza. El actual gobierno israelí explota cínicamente y sin piedad la inacabable culpabilidad de los gentiles por la matanza de judíos en el holocausto como justificación para asesinar palestinos. […] Ya va siendo hora de que nuestro gobierno le diga claramente al gobierno israelí que su conducta y su política son inaceptables, y de que imponga una total prohibición de suministro de armamentos a Israel. Ha llegado el momento de la paz, pero de una paz auténtica, no de la solución por conquista que pretenden los israelíes y que nunca podrán alcanzar. No son simplemente criminales de guerra: están locos.”

En el ataque a Gaza, el Tsahal mató a casi mil cuatrocientos palestinos, y causó heridas a unas seis mil personas más, entre ellas dos mil niños y ochocientas mujeres. Para justificar el elevado número de civiles asesinados (entre ellos, más de cuatrocientos niños y más de cien mujeres), Israel volvió a acusar a las milicias palestinas, sobre todo a Hamás, de utilizar a la población como escudos humanos. Era una burda mentira, pero, según el derecho internacional, aunque esa acusación fuera cierta no justificaría el asesinato de civiles inocentes. Trece israelíes murieron, entre ellos cuatro civiles. La desproporción era evidente. También lo es el número de muertos en ambos bandos: en los ocho años transcurridos desde el inicio del siglo XXI, quince israelíes han muerto a causa del lanzamiento de cohetes palestinos; mientras que el Tsahal ha causado directamente la muerte de casi cinco mil palestinos en el mismo periodo. Para vergüenza del gobierno israelí, Amnistía Internacional ha acusado directamente a su ejército de ser quien ha utilizado a la población civil palestina como escudo humano, ocupando viviendas palestinas y utilizando a las familias como rehenes en los pisos superiores mientras los francotiradores israelíes ocupaban los bajos de las casas para disparar desde allí. Es cierto que, al mismo tiempo, Amnistía Internacional reprocha a los combatientes palestinos que disparen desde zonas próximas a las viviendas, con el peligro que supone para la población, aunque es obvio para cualquier observador que en una zona tan pequeña y superpoblada como la Franja de Gaza es difícil para la resistencia defenderse y disparar lejos de zonas urbanas o campamentos de refugiados.

Israel ha utilizado armamento prohibido por los acuerdos internacionales, ha pisoteado las Convenciones de Ginebra, ha utilizado su poderosos ejército, su marina, su aviación, contra milicianos mal armados, y contra la población civil, en un intento deliberado de crear una situación de terror. La evidente comisión de crímenes de guerra por Israel exige que todas las organizaciones progresistas y los ciudadanos honestos pidan a sus gobiernos y a la Corte Penal Internacional la apertura de una investigación internacional y la creación de un tribunal que juzgue a los responsables. Convertidos en criminales de guerra, los dirigentes israelíes despreciaron incluso las acusaciones de algunas asociaciones judías internacionales y de destacados judíos, como el escritor francés André Nouschi, que, a principios de enero de 2009, escribió una contundente carta al embajador israelí en Francia en la que afirmaba: “Como judío, siento vergüenza de vosotros”.

El gran argumento que repite la propaganda israelí es que Israel es “la única democracia de Oriente Medio” y que no hace sino responder a las “provocaciones terroristas” palestinas utilizando su “legítimo derecho a la defensa”. Es difícil acumular tantas mentiras. Para empezar, porque Israel no es una democracia, sino un Estado racista, colonial, oficialmente judío (similar, por tanto, en ese sentido, a la teocracia iraní o a la dictadura saudita), que utiliza la tortura en sus centros de detención, que ordena asesinatos y ejecuciones extrajudiciales, que discrimina a buena parte de la población de su territorio, que encarcela sin justificación, que permite el robo de la tierra y las propiedades palestinas, no ya en Gaza o Cisjordania, sino en el propio Israel, como atestiguan los constantes abusos en Jerusalén Este, y que incluso impide la participación política de algunos partidos palestinos. Segundo, porque la mayor de las provocaciones, y el origen de todo el conflicto, es la “limpieza étnica” y el despojo protagonizados por las organizaciones terroristas sionistas en 1948 que provocaron una oleada gigantesca de refugiados palestinos en toda la zona, y que hoy, sesenta años después siguen malviviendo, ellos y sus descendientes, en infames campamentos de refugiados. Esa es la verdadera provocación y el origen del crimen. Tercero, porque la defensa propia siempre debe ser proporcional, e Israel utiliza el terror y, con mucha frecuencia, es quien inicia los nuevos episodios de enfrentamientos. Ese es el Israel que dice defenderse. ¿Puede el mundo aceptar su comportamiento?

* * *

La feroz indiferencia ante la muerte de los civiles palestinos, que ha gangrenado a buena parte de la sociedad israelí, explica el cinismo y la impunidad con que actúan sus gobiernos. Despojando de toda humanidad a la población palestina, los soldados israelíes pueden reventar las casas, patear las cabezas de aterrorizados ciudadanos, disparar al menor pretexto, tratar a los palestinos como si fueran bestias, asesinar sin temor a las consecuencias. El desprecio, el odio y el fanatismo religioso refuerzan la crueldad con que Israel destruye las vidas de tantos palestinos: años de mentiras, de humillaciones, de asesinatos impunes, de saña y de brutalidad, han creado en el imaginario colectivo de buena parte de la población israelí un estereotipo de “palestino” que se acerca mucho a la concepción que tenían los nazis sobre los propios judíos. Así, los palestinos despojados durante décadas no son víctimas, sino feroces partidarios del terrorismo islamista y merecen el bloqueo e incluso la muerte. Por eso, es habitual que incluso responsables de organizaciones israelíes califiquen a los palestinos de “bestias”, de “cucarachas”, de “basura”, cuyo destino debe ser el éxodo y la aniquilación. Para Israel, los palestinos deben aceptar que jamás volverán a recuperar su tierra, y la política de ampliación de los asentamientos para colonos israelíes, de construcción del muro, de confiscación arbitraria de tierras palestinas, está orientada a la absorción de buena parte de Cisjordania, encerrando a los palestinos en ghettos aislados, fuertemente vigilados, similares a la Gaza que conocemos hoy. El viejo plan de Ariel Sharon de retirarse de Gaza para controlar Cisjordania fue incluso rechazado por los más feroces partidarios de la segregación de la población palestina: incluso el Likud se manifestó contrario al plan de Sharon. En nuestros días, el gobierno de Olmert ha continuado impulsando la creación de nuevos asentamiento y la ampliación de los existentes. Más de doscientos mil colonos israelíes viven ya en barrios del Jerusalén palestino, y otros doscientos cincuenta mil ocupan las mejores tierras de Cisjordania. En ese escenario, el proceso iniciado en Oslo, y la posterior hoja de ruta diseñada por el gobierno de Bush, son una verdadera burla y la constatación de que Israel no quiere la paz y, mucho menos, la solución del drama palestino. La vía de la negociación impulsada por la ANP y por Abbas, encajonada entre Oslo y la hoja de ruta, no ha dado ningún resultado, y ha servido de coartada para que Israel prosiga su política de represión y de despojo.

La resistencia palestina, que se debate entre organizaciones nacionalistas, islamistas e izquierdistas, tiene ahora un complejo escenario ante sí. Las grandes cuestiones que plantea la causa palestina continúan siendo las mismas: el fin de la ocupación israelí y la creación de un Estado independiente, que conserve las fronteras de 1967; la cuestión de Jerusalén, que debe ser la capital, compartida o no, de la nueva Palestina; y el retorno de los refugiados. La paz en la zona debe basarse en esas premisas, porque todas las demás cuestiones son secundarias. Porque, pese a la enorme destrucción, el pueblo palestino ha vuelto a demostrar que, truncando el objetivo israelí, no va a rendirse, y que el único camino es combinar la resistencia y la negociación. Sin embargo, acechan muchos peligros: Israel ha conseguido convertir a buena parte de la Autoridad Nacional Palestina, ANP, en colaboracionista en muchas de sus decisiones, ahogada la administración de Mahmud Abbas en la corrupción y en la ineficacia, con la vieja Al Fatah de Yaser Arafat convertida en una organización desprestigiada. De hecho, Mahmud Abbas, que fue en los años setenta un destacado miembro del FDLP, se ha convertido en una figura que recuerda al Pétain colaboracionista bajo la ocupación, y no debe extrañar que Hamás y organizaciones de izquierda como el FPLP acusen a una parte de la ANP de “complicidad con Israel”. Pese a ello, la Autoridad Nacional Palestina ha decidido denunciar al gobierno israelí ante los organismos internacionales por la comisión de “crímenes contra la humanidad”. Pero la división palestina hipoteca la resistencia.

A Israel le conviene presentar a la resistencia palestina como un movimiento con hegemonía islamista, para intentar convertirla en un espantajo similar a Al Qaeda. De hecho, el apoyo israelí a Hamás, en sus inicios como movimiento, tenía como objetivo la erosión y posterior destrucción de la OLP como organización palestina mayoritaria, que se manifestaba progresista y laica, y de la izquierda representada por el FPLP de George Habash y otras de menor implantación. Israel ha conseguido parcialmente ese objetivo, y la división política entre Cisjordania y Gaza, con dos gobiernos diferentes, que actúan con lógicas enfrentadas, juega a favor de Israel. Esa división tiene su origen en el proceso electoral que se inició en 2005. Tras la muerte de Arafat (envuelta en múltiples sospechas que apuntan a Israel), el 9 de enero del 2005 se celebraron las elecciones a la presidencia de la Autoridad Nacional Palestina, creada en virtud de los acuerdos de Oslo. A los comicios (que, pese a los obstáculos israelíes que impidieron votar a decenas de miles de palestinos, fueron calificados por observadores internacionales de ejemplares) se presentaron como principales candidatos Mahmud Abbas, por Al Fatah, y Mustafá Barghouti (el compañero de tantas batallas de Edward Said); además de Taysir Khaled por el FDLP, Bassam Salhi, por el Partido del Pueblo Palestino, y los independientes Abd Al Karim Shbair, Al Sayyed Barakeh y Abd Al Halim Al Ashgar. Los resultados confirmaron a Mahmud Abbas como presidente de la ANP. Así, Al Fatah mantuvo su función de eje de la resistencia palestina. Sin embargo, un año después, el escenario cambió. Las elecciones parlamentarias, celebradas el 25 de enero de 2006 y consideradas plenamente democráticas por todos los observadores internacionales destacados en la zona, dieron la victoria a Hamás, configurando un Parlamento palestino donde Hamás disponía de 76 escaños sobre un total de 132. La resistencia de Abbas y de Al Fatah a ceder el gobierno a Hamás aumentó los desencuentros, que culminaron en la negativa del partido de Abbas a integrarse en un gobierno conjunto y, después, en enfrentamientos armados entre ambas organizaciones que desembocaron en la actual situación, con dos gobiernos palestinos, uno en Gaza dirigido por Hamás, y otro en Cisjordania dirigido por Al Fatah. Para complicar más la situación, el mandato de Abbas ya ha terminado, aunque siga ejerciendo como presidente, y Hamás no reconoce su autoridad.

La propaganda israelí, con el silencio y, a veces, la complicidad de la ANP, ha intentado crear la idea en el mundo de que el gobierno de Hamás en la Franja es ilegítimo, calificándolo como fruto de un golpe de Estado, pero esa versión dista mucho de ser cierta. De hecho, actuando así, Israel, con el apoyo de Estados Unidos y, también, de la Unión Europea, que califican a Hamás de organización terrorista, pretende desconocer el resultado de las elecciones democráticas celebradas en todos los territorios palestinos ocupados, y esas elecciones dieron la victoria al partido de Jalid Mechaal, gusten o no sus postulados. La izquierda palestina tampoco los comparte, pero sabe que, hoy, Hamás está del lado de la resistencia ante la ocupación israelí y sabe que ese es el principal instrumento que debe mantener la población palestina.

La política de negociación y colaboración con Israel que ha mantenido la Autoridad Nacional Palestina no ha dado resultados. Ni el proceso iniciado con los acuerdos de Oslo (¡han pasado ya dieciséis años!, sin avances tangibles hacia un Estado palestino), supervisados por el gobierno Clinton, en un momento de desconcierto por la desaparición de la URSS, tradicional apoyo palestino; ni la posterior hoja de ruta, que el llamado Cuarteto (Estados Unidos, Rusia, Unión Europea y la ONU) lanzó para supervisar las negociaciones de paz, han dado resultados. Hay que recordar que la hoja de ruta fue publicada por el Departamento de Estado norteamericano en abril de 2003, y preveía “un arreglo final y global al conflicto palestino-israelí para 2005”. Fue una iniciativa estadounidense, aceptada por los otros tres avalistas del proceso, que, sin embargo, fue papel mojado desde el principio. La última declaración norteamericana, bajo el gobierno Bush, fijaba el límite de 2008 para cumplir con la hoja de ruta. Todo han sido mentiras, porque Israel no tiene la menor intención de negociar con seriedad, y, mucho menos, de avanzar hacia la creación de un Estado palestino.

La estrategia de Tel-Aviv se resume en el mantenimiento de un estado de guerra y tensión intermitentes, enmarañando las negociaciones, añadiendo siempre nuevas exigencias, imponiendo la discusión de cuestiones menores, dilatando la solución a la cuestión palestina, eternizando en el tiempo el proceso, confiando en la eficacia de la conjunción de su brutal represión sobre la población palestina, de los asesinatos selectivos de sus dirigentes más significados, de los masivos ataques armados y del estímulo de los enfrentamientos interpalestinos, añadidos al deterioro hasta límites insoportables de la vida cotidiana de los habitantes de Gaza y Cisjordania, sometiéndoles incluso a la tortura del hambre y al cerco de las enfermedades por las degradadas condiciones sanitarias que ha creado el bloqueo, mientras Israel sigue anexionando territorios y encerrando en ghettos inconexos a los palestinos, al otro lado de un muro más cruel que el del ghetto de Varsovia. Israel espera que esa dinámica lleve a las organizaciones palestinas a la interiorización de la derrota y al inicio del éxodo definitivo. Pero si una cosa ha demostrado el pueblo palestino es que continuará la resistencia al expolio y a la ocupación.

La colaboración de las dictaduras árabes, desde Egipto hasta Jordania y Arabia, complacientes con Estados Unidos e Israel, facilita la actuación israelí, que regularmente inicia agresiones limitadas, guerras que posponen la solución del conflicto palestino y crean cuestiones de disputa secundarias que facilitan su estrategia de no entrar a negociar la creación del Estado palestino. No es casualidad que Israel, además de destruir las infraestructuras de los territorios ocupados, arrase sistemáticamente todos los organismos e instituciones que pueden ser el germen del futuro Estado palestino. Tel-Aviv sabe que todas las organizaciones palestinas aceptarían la solución de dos Estados sobre la base de las fronteras de 1967. Pese a sus declaraciones, Israel no quiere la paz, sino la guerra, como demuestra su actuación: en el Líbano, Israel ha lanzado ataques en 1978, 1982, 1993, 1996 y 2006, y contra Cisjordania en 2002 (llamada, de manera hipócrita, Operación escudo defensivo), y la última, Operación plomo sólido, contra Gaza, por no hablar de las acciones más limitadas, contra los palestinos o como el ataque contra Siria en 2008. Esa es la estrategia compartida por la mayoría de organizaciones israelíes que defienden el delirio sionista.

Pero la división, y el enfrentamiento armado entre facciones palestinas, azuzado por Israel y por Estados Unidos, plantea un difícil futuro, en un Oriente Medio cruzado por múltiples enfrentamientos, con la ocupación norteamericana de Iraq y Afganistán, y donde tienen mucho qué decir Irán y Siria, Turquía y Egipto, además de las grandes potencias. El mandato de Mahmud Abbas ha concluido, y Hamás no reconoce ya su autoridad, como la ANP no reconoce al gobierno de Ismael Haniya, pero la dificultosa, e imprescindible, búsqueda de una estrategia común va a complicar el futuro inmediato, sobre todo porque Israel sigue estimulando la guerra civil entre los palestinos. En el horizonte inmediato sólo esperan al pueblo palestino nuevos sufrimientos, pero la resistencia sigue siendo el único camino.

29 marzo 2009

EL GRAN JUEGO

Uno o dos años de un gobierno de Netanyahu-Lieberman-Kahane pueden causar un daño irreparable a Israel ante el mundo, en las relaciones con los Estados Unidos, en el sistema judicial, en la democracia, la moral y la salud nacional. El lado positivo de esta situación es que el Parlamento tendrá una oposición fuerte, una vez más. Y
quizás hasta sea una oposición eficaz.


Por Uri Avnery

“Alea iacta est” -"la suerte está echada"-, dijo Julio César y cruzó el río Rubicón en su camino a conquistar Roma. Ése fue el fin de la democracia romana.

Nosotros no tenemos un Julio César. Pero tenemos un Avigdor Lieberman. Cuando él anunció el otro día su apoyo a un gobierno encabezado por Benjamin Netanyahu, cruzó el Rubicón.

Espero que éste no sea el principio del fin de la democracia israelí.

Hasta último momento, Lieberman mantuvo a la opinión pública israelí expectante. ¿Se uniría a Netanyahu? ¿Apoyaría a Tzipi Livni?

Aquellos que participaron en el juego de las especulaciones estuvieron divididos en su visión de Lieberman.

Algunos de ellos dijeron: Lieberman es de hecho lo que pretende ser, un racista nacionalista extremo. Su verdadero objetivo es convertir a Israel en un estado judío libre de árabes -Araberrein, en alemán. Él desprecia la democracia, no sólo la del país sino también la de su propio partido, integrado por gente que le dice a todo que sí. Como otros partidos similares en el pasado, el suyo está basado en el culto de la personalidad, el culto de la fuerza bruta, el desprecio por la democracia y el desdén por el sistema judicial. En otros países esto se llama fascismo.

Otros dicen: eso es solo una apariencia. Lieberman no es ningún fuehrer israelí, solo es un estafador y un cínico. Las investigaciones policiales en su contra y sus relaciones comerciales con los palestinos lo muestran como un ser oportunista y corrupto. Además, es amigo de Tzipi. Cultiva la imagen del fascista para facilitar su camino al poder. Pero entregará todas sus banderas por un pedazo de gobierno.

El primer Lieberman apoyaría un gobierno de extrema derecha de Netanyahu. El segundo Lieberman podría apoyar a un gobierno de Livni. Durante una semana entera él hizo malabares. Ahora se ha decidido: él es, de hecho, un racista nacionalista extremo. Y como dicen los norteamericanos: si camina como un pato y hace cuac como los patos, es un pato.

Para cuidar las apariencias, le dijo al presidente, Shimon Peres, que su propuesta de reapaldar a Netanyahu para que forme gobierno sólo aplica si éste acepta un gobierno de base amplia que incluya al Likud, a Kadima y a su propio partido. Pero ésa es simplemente una maniobra: probablemente un gobierno como ése no logre formarse y sí lo haga una alianza del Likud, Lieberman, los discípulos de Meir Kahane y los partidos religiosos.

Algunos en la izquierda dicen ¡excelente! Los votantes conseguirán exactamente lo que merecen. Finalmente, habrá un gobierno exclusivamente de derecha.

Uno de los defensores de esta posición es Gideon Levy, consistente defensor de la paz, la democracia y la igualdad civil.

Él y quienes piensan como él sostienen que Israel tiene que atravesar esta fase antes de que pueda recuperarse. Que la derecha debe tener el poder necesario para llevar adelante su programa, sin el pretexto de encontrarse limitada por los miembros de izquierda o de centro de la unión. Que hay que dejarlos intentar, a la vista de todo el mundo, seguir una política de guerra, el derrocamiento de Hamas en Gaza, la anulación de cualquier negociación de paz, el fortalecimiento de los asentamientos, escupiendo ante la opinión pública mundial y chocando con los Estados Unidos.

Para quienes sostienen esto, ese gobierno no podría durar demasiado. La nueva administración de Barack Obama no lo permitirá. El mundo lo boicoteará. Los judíos norteamericano entrarán en shock. Y si Netanyahu se desvía -aunque sea ligeramente-del estrecho rumbo de la derecha, su gobierno caerá hecho pedazos. Los socios kahanistas (seguidores del extremista Meir Kahane, n. del traductor) del gobierno pedirán el divorcio. Después de todo, el último gobierno de Netanyahu cayó hace diez años por impulso de la extrema derecha, que no le perdonó que se sentara con Yasser Arafat y firmara un acuerdo que dio (pro forma) parte de Hebron a la Autoridad Palestina.

Después de la caída del gobierno, según esta prognosis, la opinión pública entenderá que no hay ninguna opción de derecha, que los eslóganes de la derecha no son más que palabras sin sentido. Sólo así ellos llegarán a la conclusión de que no hay ninguna alternativa al camino de la paz. Los votantes elegirán un gobierno que terminará la ocupación, allanará el camino para un Estado palestino con capital en Jerusalén Oriental y se retirarán a las fronteras de la Línea Verde, con los ajustes que fueran mutuamente aceptables.

Para que la opinión pública acepte esto, es necesario un shock. La caída del gobierno de extrema derecha podría provocar esa sacudida. Según un refrán atribuido (equivocadamente, parece) a Lenín, cuanto peor, mejor. O, dicho de otro modo, debemos estar mucho peor antes de poder conseguir algo bueno.

Ésa es una teoría seductora. Pero también es aterradora.

¿Cómo podemos estar seguros de que la administración de Obama tornará irresistible su presión sobre Netanyahu? Eso es posible. Esperemos que pase. Pero no es en absoluto cierto.
Obama no ha pasado todavía ninguna prueba ante ningún problema. Está claro que hay una marcada diferencia entre lo que él prometió en la campaña electoral y lo que está haciendo en la práctica. En varios temas está continuando las políticas de George Bush con ligeras alteraciones. Eso era, por supuesto, esperable. Pero Obama no ha mostrado todavía cómo actuaría bajo presión real. Cuando Netanyahu movilice a fondo el lobby pro israelí, ¿Obama se rendirá, como lo hicieron todos los presidentes precedentes?

Y la opinión pública mundial, ¿qué tan unida estará? ¿Cuánta presión podrá ejercer? Cuando Netanyahu declare que cualquier crítica a su gobierno es “antisemita” y que cada llamada al boicot es el eco del eslogan nazi “Kauft nicht bei Juden” (“no compre a los judíos”), ¿cuántos de los críticos resistirán la presión? ¿Cuánto coraje serán capaces de tener Merkel, Sarkozy y Berlusconi? Y por otro lado: un boicot mundial ¿no intensificará la paranoia en Israel y empujará a toda la opinión pública israelí a los brazos de la extrema derecha, bajo el slogan de que todo el mundo está contra nosotros?

En la mejor de las circunstancias, si todas las presiones materializan y tienen un fuerte impacto, ¿cuánto tiempo tomará? ¿Qué desastres logrará hacer un gobierno como ése antes de que la presión empiece a tener efecto? ¿Cuántos seres humanos serán matados y resultarán heridos en ataques y actos de venganza mutuos? Un gobierno dominado por los colonos, ¿cuántos nuevos asentamientos establecerá?, ¿cuántos de los existentes serán ampliados? Y mientras tanto, ¿acaso los colonos no intensificarán su provocación a los palestinos con el objetivo de provocar una limpieza étnica? And in the meantime, won’t the settlers intensify their harassment of the Palestinian population with the aim of bringing about ethnic cleansing?

Los integrantes del espectro de la derecha ya han declarado que no aceptan un cese de hostilidades en Gaza porque eso consolidaría el poder de Hamas allí. Ellos buscan renovar la Guerra de Gaza bajo una dirección más brutal aún, reconquistar la Franja y volver a poblarla con colonos.

El discurso de Netanyahu sobre una “paz económica” es algo sin ningún sentido, porque ninguna economía puede desarrollarse bajo un régimen de ocupación y centenares de barricadas. Cualquier proceso de paz -real o virtual- será parado. El resultado: la autoridad palestina se derrumbará. Presa de la desesperación, la población cisjordana irá más allá de Hamas o del movimiento Al-Fatah para convertirse en Hamas 2.

Dentro de Israel, el gobierno tendrá que enfrentar una depresión que se profundiza y quizás cause un caos económico. Todas las áreas del gobierno están unidas en su odio a la Corte Suprema, y las locas manipulaciones del ministro de Justicia, Daniel Friedman, serán reemplazadas por otras más locas todavía. Con el atractivo eslogan del “cambio de régimen”, el asesinato selectivo del sistema democrático tendrá lugar.

Todas estas cosas son posibles. Uno o dos años de un gobierno de Bibi-Lieberman-Kahane pueden causar un daño irreparable a Israel ante el mundo, en las relaciones con los Estados Unidos, en el sistema judicial, en la democracia, la moral y la salud nacional.

El lado positivo de esta situación es que la Knesset (Parlamento unicameral) tendrá una oposición fuerte, una vez más. Quizás hasta una oposición eficaz.

Kadima nació para ser un partido gubernamental. No será fácil para él adaptarse al papel opositor. Eso requerirá una transformación emocional e intelectual. Durante diez años yo dirigí una oposición intransigente en la Knesset, y sé lo difícil que es. Pero si Kadima logra tal transformación con éxito -cosa que dudo- puede convertirse en una oposición eficaz. La necesidad de presentar una alternativa clara al gobierno derechista puede llevar al partido a descubrir fuerzas insospechadas dentro de sí. Los juegos de Tzipi Livni con los palestinos pueden llegar a convertirse en un programa serio para arribar a una solución de dos estados, un programa que se fortalecerá y se ahondará en la disputa parlamentaria con un gobierno que lleva adelante un programa opuesto.

El Laborismo también tendrá que sufrir una transformación profunda. Ehud Barak no es ciertamente la persona adecuada para emprender una lucha opositora, sobre todo porque no será “la cabeza de la oposición”, un título oficialmente conferido por la ley al líder de la facción opositora más grande. Él será el segundo violín en el concierto opositor. El Laborismo tendrá que competir, y quizás esto lo lleve a su recuperación. La Biblia nos cuenta el milagro de los huesos secos (Ezequiel 37).

Eso es aplicable aún más para Meretz. Tendrá que competir con Kadima y el Laborismo para justificar su lugar en el camino de la paz y la recuperación social.

Un optimista real puede esperar incluso un acercamiento entre la "izquierda judía” y los “partidos árabes”, alternativa que hasta ahora la izquierda ha boicoteado y obviado como posible alianza. El esfuerzo común y el voto conjunto en la Knesset también pueden provocar allí un desarrollo positivo.

Y más allá de la arena parlamentaria, el gobierno de extrema derecha puede cambiar la atmósfera en el país y estimular a muchas personas bien intencionadas a dejar la seguridad de sus torres de marfil y empezar un proceso de rejuvenecimiento intelectual en los círculos desde los cuales una nueva, abierta y diferente izquierza debe emerger.

Todas estas son especulaciones teóricas. ¿Qué pasará en la realidad? ¿Cuáles serán las consecuencias de un régimen derechista "puro", si Tzipi Livni mantiene su determinación de no unirse al gobierno de Netanyahu? ¿Israel caerá en un camino suicida sin retorno o ésta será una fase transitoria antes del llamado a despertarse?

Es un gran juego, y como cada juego, despierta tanto miedo como esperanza.
La fuente: Uri Avnery es periodista, ex legislador y pacifista israelí, líder del movimiento Gush Shalom. La traducción del inglés pertenece a Sam More para elcorresponsal.com.

08 marzo 2009

LAURA

Laura

Recuerdo que la conocí en el III Encuentro de la Red Latinoamericana de Alternativas a la Psiquiatría que se realizó, si mal no recuerdo, en el 86, lo que fue para mí la primera vez que – desde antes del golpe del 76 – puede participar en un espacio de esas características. Porque fui uno de los no nos pudimos ir del país a tiempo y debimos mantenernos sobreviviendo en el aislamiento de todo aquello que representara un peligro para nuestras vidas (y para los demás) y, también por vivir a la distancia de los grandes centros, de aquellos que se enteraron de lo que verdaderamente había pasado, recién cuando comenzó la democracia y el Juicio a las Juntas.
Inolvidable encuentro, donde me encontré entre otros con Rubén Musicante, quien fuera mi primer terapeuta en Córdoba a comienzos de los 70 y que hubo de exiliarse en México luego de un atentado con una bomba de la Triple A. Donde Maria Langer en las palabras finales y a modo de cierre del evento dijo :” La locura, la psicosis, existe”. Y también donde Tato Pavloski puso en escena su increíble “Potestad”.

Pero en una de las comisiones fue donde estuve con Laura, junto a otras Madres y otros participantes, intentando poner en palabras lo que había acontencido, sus efectos, sus secuelas. Si aún hoy, transcurridos mas de 30 años, todavía estamos intentando dar cuenta de aquello, en aquel entonces resultaba tremendamente dificultoso. Nunca olvidaré el dolor que nos atravesaba, y la, para mí, casi inexplicable entereza, ante el espanto, que transmitían aquellas mujeres que seguian empujando a la historia hacia delante

Y entre ellas: Laura

Después fui enterándome de ella por distintos medios, hasta que en el 2004, gracias a la generosidad de Marta Zabaleta, volvimos a encontrarnos en la Universidad de Leiden, Holanda, con motivo de una Conferencia organizada por la Sociedad de Estudios Latinoamericanos (SLAS), donde compartimos una mesa, relatando nuestras mutuas experiencias durante la dictadura. Al finalizar, Laura, que había hablado de sus hijas y seres queridos desaparecidos, en un momento en que quedamos solos, me tomó de la mano y con lágrimas en los ojos me dijo: “Es increíble, pero todavía me parece mentira todo lo que pasó”. Y su pena y asombro me estremecieron, pues creo que entendía de lo que me estaba hablando.

Pronto volvimos a encontrarnos en la II Feria de la Palabra, organizada por Rubén Gómez, esta vez como mi invitada, pues era mi deseo que conociera Comodoro, y que mi ciudad la conociera a ella, convencido de que valdría la pena.

Vino junto con Patricia Luli y ambas pararon en casa, y eso días, los tengo, y seguramente Laura también, como de los mas bellos de nuestras vidas, tal la intensidad de lo vivido.

Recuerdo su asombro ante la belleza del mar, de las lomas, de las calles. Su emoción cuando estuvimos en la Biblioteca de Barrio San Martín y la recibieron con tanto afecto y admiración que le parecía increíble. Mas, cuando Rosa Pincul, querida lamgem, la honró con canciones mapuches al son del cultrún y con sus atuendos típicos, con todo el amor con que puede dedicar su canto alguien como ella.

En la Feria hizo una exposición brillante de “Desaparecidos: una palabra” con intercambio que los presentes aún recordarán. Tambén fue quien presentó mi libro “Poemas y canciones”, leyendo además, exultante y conmovida el poema “Que no se vayan todos”. “Nunca había leído un poema en público” me comentó después, con una alegría que la desbordaba.

Inolvidable nuestro paseo por las arenas de Rada Tilly y mas aún a Caleta Cordova, donde hube además de invitarla a comer mariscos en lo del Polaco, que fallelció el año pasado. Eran como las cinco de la tarde cuando fui a pedirle por excepción , dada la hora, que nos atendiera, y él, con la gentileza que siempre tuvo, puso manos a la obra. Cuestión que en una tarde soleada, embellecido por el azul del mar, con nuestras almas contentas, degustamos con todo el placer del mundo una de las comidas, según dijo Laura, mas ricas de su vida. Y aún recordamos y recordaremos los que estuvimos presentes, el diálogo increíble que se produjo entre Zbigmiewcz Gaborowski – que así se llamaba el Polaco – y Laura. La historia encarnada en un diálogo. El fue uno de los últimos combatientes que participaron en el Levantamiento del Gueto de Varsovia que aún permanecía vivo . Razón por la cual poco antes de morir fue condecorado por el gobierno de Polonia. Pero con Laura no hablaron de sus luchas sino de la belleza de la vida. Del placer de disfrutar de una comida hecha con amor y respeto. Eran una dama y un caballero de la vida dándole significado a sus existencias en un encuentro fortuito, para solaz de sus existencias.

Inolvidables las charlas que después tuvimos. Y las copas de vino tinto que se escurrían acariciando nuestros cuerpos, brindando por la alegría de sabernos vivos.

Inolvidable la permanente compañía que le brindaba mi perro Boggie, que como he relatado alguna vez, no se acerca a las personas malas.

Inolvidable Laura.

Porque sus palabras, su mirada, su profunda tristeza y su esperanzadora alegría, se fueron desplegando con el correr de las horas y los días.

Porque donde estuvimos compartió su dolor sembrando palabras de aliento.

Porque sus manos brindaron caricias de consuelo y agradecimiento.

Porque su mirada, franca y profunda, encandiló corazones y su voz arrulló oídos y mentes.

Eso y mucho mas nos brindó Laura.



Hable con ella hace unos meses, cuando me enteré por una querida amiga en común (eterna compañera de lucha) que no estaba bien de salud.

Se alegró, como se suele alegrar ella, cuando me identificó. Recordó algunas cosas, entre ellas: “Si me acuerdo del perrito..Como era el nombre?...”. Y yo sentí que se me estrujaba el pecho de emoción.

Hace tiempo que tengo la intención de escribir algo sobre Laura. Y hoy en este sábado que precede al Día Internacional de la Mujer, no pude contenerme.

Es mi homenaje a ella.

Laura mujer.

Laura madre.

Laura colega.

Laura luchadora..

Laura herida.

Laura destrozada.

Laura valiente.

Laura memoria.

Laura compañera.

Laura dulce.

Laura tierna.

Laura vida.

Por siempre Laura.

Laura Bonaparte.

Que de ella estoy hablando.

Miguel Angel de Boer

Comodoro Rivadavia, Marzo 7, 2009

EL PEOR GUANTÁNAMO

El peor Guantánamo:
Isla «Diego García», embrión de muerte

«¿Qué leyes dictarían ya los senadores?
Cuando lleguen las dictarán los bárbaros [...]
Por qué empuñan bastones tan preciosos labrados
maravillosamente en oro y plata?
Porque hoy llegan los bárbaros»
Constantino P. Kavafis

Por Cristina Castello

Es una prisión secreta que se levanta en tierras que fueron robadas a los habitantes originarios del lugar. De su pista de vuelo despegaron los bombarderos de los USA, para invadir Camboya, Afganistán e Irak, a fuego, crímenes e impiedad; para controlar el Oriente medio y... hay más, ya se verá.
«Diego García» es un embrión de la muerte. Es la cueva que eligieron los bárbaros —con la excusa de un supuesto «terrorismo» — para mejor torturar. Es un verdadero tesoro para Norteamérica y el Reino Unido. Es la base militar más importante que el Imperio tiene, para vigilar el mundo; y junto a sus pares — las bases de Guam y Ascensión— son claves para el invasor. Es un sitio ideal para acoger misiles de la ojiva nuclear, aunque estén prohibidos por los tratados internacionales. Pero, ¿acaso esto importa a los bárbaros?
Los bárbaros no viven en el océano Índico, donde está «Diego García», ese atolón que nació con destino de oasis y se convirtió en el infierno mismo. No. Los bárbaros dan las órdenes a bárbaros de la CIA norteamericana, apoyados por Gran Bretaña y por la Unión Europea, que tan bien sabe callar cuando es el Poder la causa del terror.
«Diego García», es el enclave justo, por si a los bárbaros se les ocurriera una acción sangrienta contra Irán. Es el lugar donde la tortura exhibe su mayor sofisticación. Es una suerte de patíbulo —la muerte en vida—, y el primer escalón, la antesala, para merecer el alivio de pasar a Guantánamo: ese cadalso con el que Barack Obama prometió terminar. A «Diego García» nadie la nombra y no figura en las agendas presidenciales, a pesar de ser peor aún que Guantánamo. Está dicho: «peor». Pero comparar dos horrores no arroja claridad: ¿Quién es peor, Drácula o Frankestein?
La tierra del planeta no ha sido suficiente para el Poder imperial. Los Estados Unidos del norte surcan los mares del mundo con entre diecisiete y veinte barcos- «prisiones flotantes». En ellas fueron detenidas e interrogadas bajo suplicio, miles de personas. Pero casi nadie informa sobre esto. No, de eso no se habla.
Habla, sí, y actúa por la justicia, la ONG londinense de derechos humanos «Reprieve», que representa a treinta detenidos no procesados de Guantánamo, a los presidiarios que esperan condenas y a los acusados de supuesto «terrorismo».
Fue en 1998, durante la presidencia de Bill Clinton y la vicepresidencia de Al Gore —Premio Nobel de la Paz— cuando empezaron las detenciones fuera de toda ley y sentido de la existencia humana. Y George Bush los fomentó en progresión geométrica. Cuando todavía era presidente, admitió la existencia de al menos 26.000 personas en prisiones flotantes; pero según los sondeos de «Reprieve», la cifra de quienes pasaron por ellas, es de 80.000, a contar desde 2001. ¿A quién creer? La opción es clara.

Castrar la isla
«Sin miramiento, sin pudor, sin lástima
Altas y sólidas murallas me han levantado en torno»
Constantino Kavafis

Los 44 kilómetros de «Diego García», huelen a ausencia. Bajo su cielo, la gran ausente es la sacralidad de la existencia humana.
La isla es un territorio británico de ultramar, situado en el archipiélago de Chagos, en el océano Índico. En 1966 se produjo un maridaje perfecto entre los bárbaros. El lugar —tan bello, que parece una sonrisa de la naturaleza— fue ofrecido por Inglaterra a Norteamérica, que lo quería para instalar esta base militar. Fue un canje ignominioso: el alquiler por cincuenta años de tierras inglesas, a cambio de catorce millones de dólares y misiles del submarino nuclear «Polaris».
¡Que siga la música, Maestro!
Pero —eso sí, había una premisa a respetar— en aquel momento, más temprano que tarde, había que impedir «problemas de población». Había que desinfectar de seres humanos, el archipiélago.
Castrar la isla. Cortarle las raíces, clausurar la vida. Manos a la obra de inmediato, el Reino Unido le bloqueó toda entrada de alimentos. La vieja y maléfica bruja —el hambre—, hizo sonar un concierto de estómagos vacíos, al mismo tiempo que los habitantes empezaban a irse... o a ser echados. El destino de los desterrados fue, y es, las villas de miseria de la Isla Mauricio.
Allá, a más de 200 kilómetros de la tierra que los vio nacer, los desterrados sueñan tanto con comer, como con volver a su patria despatriada.
Salvajemente los 2.000 habitantes nacidos en la isla, fueron expulsados. Un caso, que sintetiza muchos similares, fue el de Marie Aimee, nacida y criada en «Diego García», quien en 1969 llevó a sus hijos a Port Louis (Mauricio), para un tratamiento médico. El gobierno británico nunca le permitió subir al barco para regresar y nunca más pudo volver.
Su marido, quedó dos años en la isla y después llegó a reunirse con su esposa, sólo con una bolsa y en un estado lamentable. Había sido arrojado de su tierra. Las historias de los otros miles de isleños abandonados, es escalofriante; desterrados y humillados, fueron reunidos en conventillos, donde vivían en cajas o chozas de hojalata. De muchos se habían librado, con mentiras de vacaciones gratis, en lugares de ensueño. Había que barrerlos de la isla: esterilizarla de la presencia de los paisanos.
La gran mayoría de los chagosianos fueron detenidos, expulsados de sus hogares, literalmente «empacados» y depositados en las bodegas de las embarcaciones, entre gritos y llantos; antes, habían visto exterminar a sus animales domésticos y a su ganado. Así, podían bombardear más fácilmente Vietnam, Laos y Camboya; amenazar a China cuando la Revolución Cultural, para seguir con el Golfo Pérsico, Afganistán, Irak, y... hay mucho más. Estos bárbaros no tienen corazón.
¡Y vaya que no! Muchos murieron de tristeza, se suicidaron, o se hicieron alcohólicos, mientras soñaban con la tierra prometida. Pero nadie abandonó la idea de volver a su isla de corales y palmeras; a la isla que —hasta que ellos la vieron— no estaba contaminada por armas ni maldad. En el «Times» de Londres del 9 de noviembre de 2007, una de las lugareñas sintetizó: «Era el paraíso, éramos como aves libres, y ahora estamos igual que en una prisión».
La Alta Corte británica primero, y la Corte de Apelaciones después, sentenciaron que la expulsión fue ilegal y dieron a la población el derecho a regresar; pero ningún gobierno quiso cumplir esas sentencias. Y la Oficina de Asuntos Internos e Internacionales del Reino Unido, en cambio, dijo que no habría población indígena. El único derecho a ciudadanía se concedía a las gaviotas.
Hoy, de los 2000 expulsados originariamente, conservan la vida menos de 700. ¿Juegan los bárbaros a la extinción final?
Los USA alquilaron la isla hasta 2016. Y hasta entonces, y después, ¿qué?

Drácula, Frankestein y los eufemismos
«¡Ay, cuando levantaban las murallas, cómo no me di
cuenta!/Pero nunca oí ruido ni voces de albañiles.
Desde el mundo exterior –y sin yo percibirlo- me encerraron»
Constantino Kavafis

¿Y qué, con la prisión de «Diego García»? «Diego García» es el mayor centro de torturas —les llaman eufemísticamente «interrogaciones»— para los presos considerados más «importantes» por el Imperio. Fue allí que el prisionero Ibn Al-Sheikh Al-Libi tuvo que mentir, pues no resistía el suplicio a que era sometido. Dijo, para evitar que siguieran lacerándolo, que Saddam Hussein era aliado de Al-Qaeda, y que tenía las famosas armas destrucción masiva, de las cuales tanto se ha hablado.
Por cierto que se demostró que esas armas no existían. Pero eran los argumentos que George W. necesitaba, para la guerra del petróleo: la que el lanzó, hambriento de dólares, con la excusa del «terrorismo»; como si hubiera sido un salvador del mundo, al que aniquilaba y por lo cual hoy se intenta juzgarlo. Desde todo el planeta, se levantan cada vez más voces que demandan, precisamente, llevarlo frente a la justicia como un reo que cometió crímenes contra la humanidad.
La mazmorra de «Diego García» se conoce como «Campamento de Justicia». Seguimos con los eufemismos. Y las seis mil bases militares mundiales de los USA, se mencionan como «huellas» en la jerga castrense estadounidense. Entre ellas, «Diego García» tiene un nombre que suena a burla: «Huella de la libertad». Las palabras perdieron su significado.
Mientras tanto, los traslados de prisioneros drogados, encapuchados, y fuertemente torturados, desde allí hasta Guantánamo, ha sido lo habitual. Personas cautivas trasladadas de un horror, a otro. De «Diego García» a Guantánamo. De Drácula a Frankestein, estaba dicho.
Los 2.000 soldados yanquis destinados permanentemente en el lugar, son la población central de «Diego García ». La tortura necesita vigilancia, ¡caramba! Ironías de la vida, son 2.000 también los desterrados: las armas reemplazan a la vida.
Los bárbaros niegan todo, pero las evidencias y pruebas existen. Por ejemplo, las de ex prisioneros que, por algún milagro lograron la libertad, y cuentan cómo fueron trasladados a Guantánamo, así como el espanto de las torturas, imposibles siquiera de imaginar por cualquier mente humana. Por ejemplo, el testimonio fundamentado del historiador británico Andy Worthington, autor de «The Guantánamo files: the stories of the 774 detainees in America's illegal prison» (Los archivos Guantánamo: las historias de los 774 detenidos en la prisión ilegal de América).
Worthington relata que «una honrada persona con acceso a información privilegiada», Barry McCaffrey, general norteamericano en retiro y profesor prestigioso de estudios de Seguridad internacional, reconoció en dos oportunidades que en «Diego García» se retienen personas acusadas de terrorismo; de la misma manera, aceptó que lo mismo ocurre en Bagram, Guantánamo, por cierto, e Irak.
Por su parte, Clive Stafford Smith, director de la ONG «Reprieve», de cuya seriedad nadie duda, aseguró a «The Guardian» que es categóricamente cierta la existencia de los prisioneros en la isla.
También el senador suizo Dick Marty, confirmó en 2006 las «entregas extraordinarias» de detenidos, desde allí hacia Guantánamo. En un informe que entregó al «Consejo de Europa», certificó que los USA, bajo la responsabilidad legal internacional del Reino Unido, utilizaron este atolón del Índico como prisión secreta para «detenidos de alto valor». El relator especial sobre la Tortura de la ONU, Manfred Novak, lo ratificó.
Guantánamo parece ser prioridad en la agenda de Barack Obama. ¿Y «Diego García»? Es verdad que el flamante presidente de la Casa Blanca tiene demasiados desafíos, rompecabezas y crisis a resolver, así como una oposición conservadora que no le hace fácil gobernar. Pero, ¿tiene la voluntad política para terminar con esta abyección? ¿Podrá —y sobre todo querrá— ir contra la siembra de muerte de los bárbaros?
La libertad, la justicia y los desterrados de «Diego García» esperan su palabra y la de la Unión Europea. Esperan, «como cuerpos bellos de muertos que no han envejecido/
y los encerraron, con lágrimas, en una tumba espléndida/
—con rosas en la cabeza y en los pies jazmines» (Constantino Kavafis).

07 marzo 2009

EL FASCISMO DE LA MAFIA RUSA EN EL PODER

TODO: una larga pausa ha tenido TODO, mientras se cocina el bloque de los sionistas fascistas israelíes. Netaniahu, Uzi Landau y Avigdor Liberman están conformando el equipo de la nueva dirigencia política en Israel, un gobierno neofascista sionista que llevará a nuevos conflictos en el medio Oriente.
El deber de la hora es formar un Frante Unido contra el fascismo sionista del que formen parte todas las fuerzas democráticas y pacifistas de Israel, árabes y judíos, antes de que sea demasiado tarde.

Andrés Aldao

22 febrero 2009

GAZA. DESPUÉS DE LA MASACRE


JUAN MIGUEL MUÑOZ 22/02/2009

Durante 23 días, Israel convirtió Gaza en una trampa mortal para un millón y medio de palestinos. El Ejército israelí sometió a la población a un duro castigo colectivo. Murieron casi 1.400 personas. Pocos días después de terminar el asedio, vetado para los periodistas, dos reporteros captaron la destrucción, el dolor y también el orgullo de un pueblo.
Taviado con salacot y uniforme, la antigua fotografía en blanco y negro muestra a un guardia que posa sonriente delante del cartel de Imperial Airways. Aterrizaba en aquellos tiempos del mandato británico el aeroplano Hanno en el aeropuerto de Gaza y las vías del ferrocarril cruzaban la plácida franja mediterránea. Trenes procedentes de Arabia atravesaban el territorio palestino y enlazaban, vía Damasco, con el Orient Express rumbo a Estambul y París. Corría 1935 en este pedazo de tierra codiciado durante milenios por faraones, reyes nabateos, monarcas fenicios, asirios, militares griegos, emperadores romanos y bizantinos, visires persas, cruzados, emperadores franceses, sultanes otomanos, reyes británicos, primeros ministros israelíes, presidentes egipcios… Ahora es un lugar desolador, salpicado de parajes lunares, de enormes cráteres cavados por las bombas, de cientos de edificios públicos derruidos. Y de gente deprimida –casi todos pobres, pocos ricos– que, sin embargo, se proclama dispuesta a resistir. Son orgullosos. No agacharán la cabeza, a pesar de que el territorio palestino es una ruina sometida por Israel a un asedio económico, militar y político que perdura ya tres años. Gaza regresa tras la guerra de 23 días, la más devastadora sufrida en décadas, al pasado. Pero no para que vuelvan a despegar aviones, ni zarpen barcos, ni los ferrocarriles emprendan la marcha hacia Occidente. Los adultos saben que eso difícilmente lo verán.
En Gaza se respira destrucción y se reciben lecciones de una historia reciente moteada de acontecimientos apenas conocidos fuera de sus 367 kilómetros cuadrados. Para los dirigentes israelíes, esta guerra –desatada el 27 de diciembre con un bombardeo de cuarteles en cuyas paredes aún está incrustada la carne carbonizada de los agentes, y que causó casi 1.400 muertos, la gran mayoría civiles– tuvo su origen en el lanzamiento del primer cohete Kassam en 2001. Y siguió con la evacuación de los colonos judíos y militares de Gaza, en septiembre de 2005. No existe la historia. Los gazauis, sin embargo, rememoran otro relato que arranca en 1948, año de la fundación del Estado sionista. Cuentan, porque lo vivieron, matanzas en Gaza y Cisjordania en 1953, en 1955, en 1956, en 1967, en 1982, en 2002, en 2008… La narración que se repite machacona.
Sí se acordará Mohamed Sultana, de 57 años, quien yacía a finales de enero en el hospital Shifa minutos antes de ser enviado a su casa de Beit Lahia por falta de camas en la saturada planta del centro médico. Se escuchan gemidos de pacientes. Extraño era entrar en el Shifa y no oír el grito de un niño quemado. La pierna izquierda de Mohamed termina en un muñón cicatrizado. Perdió la extremidad durante la primera Intifada, hace más de dos décadas. “Acudí durante esta guerra al hospital Al Quds y lo bombardearon. Tras la explosión me encontré en la calle. Se me infectó una herida en la pierna derecha y me amputaron a la altura de la rodilla”. Fue cojo a que le trataran. Salió sin piernas.
Estos días en Gaza se ve más gente con muletas, más mutilados de lo habitual. “Verá usted”, tercia el familiar de un paciente, “cuando no existía la OLP nos mataban; después de su fundación, también; tras los acuerdos de Oslo en 1993, lo mismo. Ahora gobierna Hamás, y siguen matándonos. Y podría desaparecer Hamás, e Israel seguiría matándonos”.
Sobre los escombros en Yabalia de una de las 4.000 viviendas demolidas por la aviación y la artillería israelíes, el propietario sesentón, Anuar Abdalá, refugiado desde 1948, afirma: “Volvemos a las tiendas de campaña. No vivíamos en ellas desde 1953, cuando la Agencia de Naciones para los Refugiados (UNRWA) empezó a construir casas. Hay ahora 10 campos como éste en Gaza. Yo he vivido 30 años en Arabia Saudí, y regresé. Vamos a reconstruir todo lo que ve. Somos como la vegetación. Creceremos de nuevo. La época de la emigración se acabó. Aprendimos bien la lección”. Testimonios como el de Ahmed Jader se prodigan en cualquier rincón de la zona oriental limítrofe con Israel. “A mí me han tirado dos veces la casa. Y en esta guerra han derribado la de mis 12 hermanos y sobrinos. Alguno de ellos ha muerto. Pero pienso seguir aquí, aunque la destruyan diez veces más”, asegura, haciendo honor a la testarudez que distingue a los vecinos de Gaza. Juran, junto a las tiendas que florecen ahora en su tierra, que no claudicarán.
El jefe de UNRWA en Gaza, el irlandés John Ging, advertía a comienzos de febrero que decenas de miles de personas del millón y medio de habitantes de la franja han quedado a la intemperie. En varias zonas del noreste de Gaza, desde las que casi se podría saludar a los granjeros de los kibutzim israelíes, apenas quedan edificios en pie. Sobre los montículos de cemento y hierro pasan las jornadas los lugareños. Tratan de recuperar la antena parabólica, ropas, enseres o documentos en medio de una polvareda insalubre… La destrucción fue sistemática. Deliberada. “Haremos que retrocedan veinte años”, amenazaron algunos ministros del Gobierno de Ehud Olmert. Cumplieron.
La virulencia de los ataques masivos ha expandido la destrucción hasta límites desconocidos en Gaza. Treinta y cinco escuelas, 16 ministerios, hospitales, cientos de cuarteles y puestos policiales, 4.000 casas o edificios de viviendas, un millar de fábricas, la Facultad de Ingeniería de la Universidad Islámica… El Parlamento es, sin duda, el más transparente del mundo. Sólo queda el esqueleto del edificio, que habrá que derribar. Un montón de mezquitas han sido arrasadas. “Mira, mira”, señala un mocoso a un alminar desmochado en el campo de refugiados de Yabalia. Es uno de los pasatiempos de los niños cuando se topan con un extranjero. Una señal para el futuro: con sus amiguitos, bien pequeños, se van deprisa para no perderse el rezo del mediodía. ¿Y por qué esa destrucción si los combatientes palestinos esperaron a los soldados enemigos en el interior de las ciudades? Eyad Abu Hujeir, director de una ONG que promueve los derechos humanos, alberga pocas dudas: “El mensaje es muy claro. Quieren que la zona entre la frontera y las primeras viviendas de palestinos sea lo más extensa posible”. El Gobierno israelí exige para la tregua con Hamás un espacio libre en las inmediaciones de la frontera. No será sencillo.
Rohme Rohme es un fornido campesino que sabe leer y escribir. Poco más. “Ésta es una zona abierta donde no lucharon los milicianos. Es sencillo: Israel no quiere que vivamos aquí. Por eso querían aniquilarnos o expulsarnos hacia el oeste. De mi casa y la de mis seis hermanos, nada queda. En febrero del año pasado ya fue derribada una parte, pero ahora la han tirado abajo por completo. Los tanques también han arrasado mi campo de olivos y naranjos. Mire las huellas. Mi familia no es de Al Fatah ni de Hamás. Pero eso da igual. No nos iremos. ¿Adónde? Nos costará 60.000 euros levantar otra casa, es probable que la destrocen de nuevo, y la volveremos a reconstruir”, explica Rohme, que apunta con el dedo cada edificio aplanado a su alrededor: una fábrica de hormigón y de ladrillos, la de mármol, naves industriales, un almacén de chatarra –donde aún reposa el puente de mando del Chindallae, el pequeño barco que utilizaba Yasir Arafat, también bombardeado hace años–, la mezquita… En el hospital Al Wafa, también geriátrico, hubo suerte: sólo tiene un boquete de dos metros y docenas de impactos de proyectiles de menor calibre.
Al sur de Gaza, en Juzaa, al este de Jan Yunis, también a pocos cientos de metros de la frontera israelí, montones de viviendas fueron arrasadas. Los plásticos de los invernaderos, desplomados, y sobre la tierra no se deja de pisar tomates aún verdes. Las tuberías subterráneas para el riego emergen y se funden con las torretas eléctricas derribadas. En la vecina Beni Suahila, la clínica de fisioterapia es un amasijo de hierros y cemento. El recuento de destrozos llenaría páginas. A evaluar los daños se dedican los cientos de cooperantes que conducen sus vehículos hacia los barrios del este de la ciudad de Gaza (Zeitun y Sheyaieh), hacia Atrata (al norte de la franja), a Juzaa, a Mughraga (en el centro)… En la sureña Rafah, los túneles que conectan Gaza con Egipto, cordón umbilical para el contrabando de alimentos, ordenadores, vacas, queso, armamento y todo lo imaginable, fueron martilleados sin pausa. Los hombres que trabajan en los túneles enseñan los restos de misiles, algunos sin explotar. Ni uno disiente: “Pueden bombardearlos una y otra vez, y los volveremos a excavar. Es nuestro único medio de vida”, dice Abu Antar, que busca la boca de uno de los túneles en un enorme socavón. El jefe de la aviación israelí, Ido Nehustan, coincidió con el pronóstico: “Podemos bombardear hoy y los reconstruirán mañana”.
Reconstruir es ahora la palabra clave. Una tarea cifrada en 1.600 millones de euros que no está exenta de turbios manejos políticos. La aversión a la Autoridad Palestina y a su presidente, Mahmud Abbas, se torna desprecio en Gaza. Nidal es el nombre ficticio de un acaudalado empresario. “Nunca seré de Hamás. Es más, pertenecía a Al Fatah, pero abandoné”, explica como presentación. “No van a permitir a Hamás que lleve a cabo la reconstrucción. Eso está pactado entre Israel, Abbas y Egipto”. Emad al Baz, director del Registro de Empresas del Ministerio de Economía, esboza el panorama. “Hay 3.000 empresas en Gaza, y todas se paralizaron durante la guerra”, comenta en su despacho. “Tenemos unas 1.200 fábricas, la gran mayoría cerca de la frontera. El 80% han sido destruidas. Israel quería acabar con nuestra economía, y de paso que la gente se rebelara para derrocar al Gobierno. Nos amenazan con más bombardeos, pero nada peor nos pueden hacer ya. Aquí no hay temor a la muerte, y eso también tiene su valor”, dice el alto funcionario.
Si el odio a Israel se palpa, la indignación respecto a los países occidentales y varios de sus aliados árabes –Egipto y Jordania se llevan la palma– brota sin preguntar. Tres semanas después del alto el fuego –aunque los ataques aéreos a Gaza continuaron y el lanzamiento de algunos cohetes, también–, ni siquiera la ayuda humanitaria llegaba en la cantidad necesaria para aliviar el desastre. UNRWA, cuyos almacenes en su sede central de Gaza fueron totalmente calcinados, asegura que sólo recibe la mitad de lo necesario; el enviado de la Unión Europea, Marc Otte, apremia a Israel para que permita un flujo cuantioso a un territorio que calificó como “el infierno”. Los palestinos están hastiados de escuchar esta cantinela que tildan de hipócrita. “Necesitaremos al menos dos o tres años para reconstruir lo devastado, y eso suponiendo que las fronteras permanezcan abiertas. Todo son promesas de países extranjeros. Pero sabemos por experiencia que luego se incumplen. Los fondos que sí llegan son los que recaudamos de empresarios y asociaciones del mundo árabe y musulmán”, explica Al Baz, que se ufana de la resistencia ofrecida por las milicias y de que el Gobierno siga en pie.
Podrá Hamás negociar, practicar concesiones, pero no renunciará a la victoria que le otorgaron las urnas en 2006 y que le aupó al Gobierno tras una participación electoral a la que Israel dio el visto bueno. Pocos aventuraron el triunfo islamista, que propició el bloqueo que nunca dejó de agravarse. Durante la guerra, el Ejecutivo israelí prohibió incluso la entrada de periodistas extranjeros y diplomáticos en Gaza. Egipto se sumó a la censura. Sólo una vez concluida, pudo cruzarse por el paso egipcio de Rafah. Ya en el lado palestino, el pasaporte es estampado, por primera vez en varios años, con el sello palestino. Tramitaron el documento funcionarios del Gobierno islamista. No harán dejación de funciones. Nunca en los tres últimos años se han visto tantas banderas verdes ondeando. “Vamos a salir de la profundidad del bloqueo”, reza una pancarta firmada por Hamás colocada en una de las principales avenidas de la capital. Las enseñas del movimiento islamista cuelgan de miles de farolas. Porque para eso sirven las farolas, siempre apagadas. Hamás dice así a los ciudadanos de Gaza, partidarios y detractores: “Aquí estamos”. En las carreteras próximas a la frontera, ahora sin asfalto, también penden de los postes: un mensaje para Israel.
La desesperación se mezcla con un orgullo y una dignidad nunca ajenos a las arraigadas creencias religiosas. No se verán en medio de semejante miseria manos extendidas pidiendo limosna, un fenómeno impropio de Gaza, donde las redes eléctricas, de desagües y los sistemas de suministro de agua no son dignos de tal nombre. A lo sumo, los chavales, con frecuencia descalzos, casi siempre sucios, venden paquetes de chicles por un par de shekels (40 céntimos de euro). Una estampa habitual: hombres sentados en sillas de plástico a las puertas de sus casas o talleres. Carece de sentido contabilizar a los desempleados. Sería más sencillo contar las personas que trabajan. Hay gazauis que emigrarían, aunque sólo fuera hasta que capeara un temporal que amenaza siempre con nuevas réplicas. Aunque también, en plena contienda, cientos de personas cruzaron el paso de Rafah, entre Gaza y Egipto, para vivir la tragedia con sus familiares.
Hajed Abu Awad, de 24 años, vive en Bait Lahia, en una casa muy amplia y luminosa. “Iba a estudiar un máster en sanidad pública en la Universidad de Estocolmo. Tenía una beca para comenzar a mediados del año pasado y me dieron un visado para hacer una entrevista. Pero el Gobierno israelí me prohibió la salida”. Todo joven es sospechoso. “Podría haber cruzado por los túneles de Rafah, pero me habrían detenido en el aeropuerto de El Cairo. ¿Sabe? En los túneles no estampan los pasaportes”, sonríe. El visado expiró y el semestre de estudios ha terminado. Trabaja por unos 400 euros al mes en un hospital. “Estoy deprimido”, asegura Hajed. “La gente ha perdido la ambición por conseguir la paz y no piensa en el mañana. No hay esperanza en el futuro, no se puede ser optimista porque la situación no va a mejorar pronto. Vivimos al día. Pero nunca abandonaría Gaza. Sólo marcharía para estudiar, porque aquí, sin guerras, se podría vivir muy bien”.
En Gaza a menudo se adivina la filiación política de los hombres –entre las mujeres, de atuendo uniforme, es imposible– nada más ver su vestimenta, su peinado, su presencia, sus modos o su barba. Hajed no se amolda al patrón del fiel seguidor de Hamás. No lo es. “Creo”, asegura, “que si Hamás hubiera podido romper el bloqueo sin cohetes, lo habría intentado. Pero no se lo permitieron. El asedio comenzó inmediatamente después de vencer en las elecciones. ¿Qué podían hacer? Nos cercan, nos matan y nos exigen que nos quedemos quietos. No tenían alternativa”.
Ni había escapatoria de la ratonera durante una guerra de la que los civiles no pudieron huir. Los pobres, naturalmente, se llevaron el palo más duro. Pero nadie ha estado libre del cerco que ha convertido a Gaza en un gueto donde las colas para comprar gas o recibir alimentos de UNRWA son a menudo muy largas. Rashad Abed Rabbo es una de las víctimas del castigo colectivo israelí. A la luz de las velas tras el consabido apagón, o, mejor dicho, tras disfrutar de un par de horas de corriente, explica los avatares de un empresario próspero –sus dos hijos estudian en un colegio privado que cuesta 2.000 euros al año, una fortuna en la franja– que observa impotente el hundimiento irremisible de su negocio. “Me iba muy bien. Importaba productos desde Rusia y Turquía y los vendía también en Israel. Desde que Hamás ganó las elecciones no puedo importar casi nada. Tenemos prohibido comprar 270 artículos: herramientas de construcción, productos de limpieza, coches, recambios de automóviles, hierro, aluminio, cables, componentes eléctricos… Hasta vasos. Tengo contenedores de vasos en el puerto israelí de Ashdod bloqueados desde hace tres años. Los consideran artículos de lujo. Es ridículo. Ahora compro a empresas israelíes que antes eran mis clientes”.
Rashad disponía de cinco furgonetas y 21 empleados. Hoy, cinco trabajadores y un vehículo. Sus ventas se han desplomado el 80%. Puede adquirir (a empresas israelíes, claro está) 22 productos que no pueden ir empaquetados. Sólo un par de veces al mes y un máximo de 30 toneladas, como el resto de los 400 comerciantes registrados. “El material debe verse a simple vista para su inspección: latas de conserva, papel higiénico, azúcar, leche, harina…”. No es este comerciante uno de esos milicianos imbuidos en el deber de una misión sagrada y prestos a afrontar la muerte. Nada de convertirse en un shahid (mártir). Admite ser un privilegiado en su entorno calamitoso. Y echa pestes de Israel, de la Autoridad Palestina y de Hamás. “Es un triángulo perverso. Israel, Hamás y la Autoridad Palestina manejan tres raquetas. Y nosotros, la gente, somos la pelota. En Gaza hay gran capacidad para soportar estas situaciones, y sabemos que habrá otro partido de tenis. No sé cuándo, pero lo jugarán”.
La guerra dejará una profunda marca en los gazauis. El psicólogo Fadel Abu Hein explica unas estadísticas reveladoras: el 62% de la población estuvo expuesta a las bombas de la aviación israelí y el 74% aguardaba la muerte en cualquier momento. Dormir era una odisea; los niños pequeños, que se negaban a acostarse separados de sus padres, se orinaban en la cama; la carencia de alimentos, agua y medicinas afectó a porcentajes enormes de los gazauis; la ansiedad se disparó; el 90% de los niños la padece… Pero lo más grave son los efectos venideros. “Las heridas físicas”, explica Abu Hein, “pueden curarse, pero los daños psicológicos duran para siempre. Muchos niños vieron cómo sus casas eran demolidas con sus familiares dentro”.
“En la primera Intifada, en 1987, el ministro de Defensa, Isaac Rabin, dijo que había que romper los brazos y piernas de los jóvenes manifestantes. Esa generación es la que ahora lanza cohetes y la que se convirtió en suicidas. Esta guerra ha forjado un ejército que tratará de destruir a Israel. No habrá espacio para la paz en sus mentes. Verá, los judíos sufrieron enormemente durante el Holocausto, y por ello todavía se sienten inseguros y son así de agresivos. Lo mismo sucederá con nuestros niños. Han visto cómo sacaban a sus padres de los escombros. ¿Qué futuro van a tener?”.
Almaza Samuni es una niña de 13 años con un porvenir más que sombrío. Es superviviente de una familia diezmada. Veintinueve muertos. En el barrio de Zeitun, en el este de la ciudad de Gaza, Almaza se sentaba al sol de finales de enero con su padre, Ibrahim, y alguno de sus hermanos heridos leves. Gallinas y pollos despanzurrados se mezclan entre los escombros, los parapetos de arena, y en los surcos dibujados por los tanques y blindados. Ibrahim –45 años, aunque aparenta muchos más– vio fallecer a su esposa y a cuatro de sus 10 hijos. Almaza dice: “He visto morir a mis hermanos. Uno salió a recoger leña y lo mataron. Nadie hace nada por nosotros. Así es nuestra vida”. Los cultivos de verduras de Ibrahim son un revoltijo. “No somos de Hamás. Aquí no había combatientes. No encontraron a nadie y mataron por venganza”.
Sólo en 2008, antes de la guerra, murieron 455 personas en Cisjordania y Gaza. Y recuerdan a los 10.000 encarcelados en Israel. Hablan del Guantánamo israelí. Porque el Ejército mantenía recluidas a finales del año pasado a 548 personas sin cargos. Lo llaman detención administrativa. Algunos han permanecido más de cuatro años entre rejas. Sin juicio. Dos adolescentes de Belén llevan ya varios meses presas. La expansión de las colonias judías, el expolio de tierras de propiedad privada y las detenciones de jóvenes en Cisjordania son parte de la vida cotidiana. “Para un occidental que no ha padecido la ocupación”, lamenta Hajed, el aspirante a becario en una Suecia que no le acogerá, “es muy difícil entender todo esto”.

18 febrero 2009

La Universidad de Tel Aviv acoge a una militar vinculada a crímenes de guerra

La coronel Pnina Sharvit-Baruch, quien ha proporcionado cobertura jurídica a los crímenes de guerra cometidos durante la reciente ofensiva en Gaza, fue acogida como docente de Derecho Internacional por la Universidad de Tel Aviv. Para lograr su designación, cuestionada por el mundo académico, el primer ministro Olmert no dudó en amenazar con dejar de financiar la Facultad de Derecho.

Por Jonathan Cook

El gobierno israelí ha actuado con celeridad para ahogar las protestas por el nombramiento de la principal asesora jurídica del Ejército, especializada en Derecho Internacional, para un puesto docente en la Universidad de Tel Aviv. Se considera que la coronel Pnina Sharvit-Baruch ha proporcionado cobertura jurídica a los crímenes de guerra cometidos durante la reciente ofensiva de Gaza.
Funcionarios gubernamentales temen que las recientes revelaciones de la prensa relativas a la coronel Sharvit-Baruch pueden servir a los grupos de derechos humanos que intentan llevar a juicio a personal militar israelí en el extranjero.
Este mes, un juez español ha abierto una investigación por los crímenes de guerra israelíes en Gaza con arreglo a la legislación española en materia de jurisdicción universal, y un fiscal de la Corte Internacional de Justicia de La Haya está estudiando la petición de un grupo palestino para imputar a los comandantes militares israelíes.
Entretanto, la indignación –a la vista de los vínculos estrechos existentes entre el ejército y las universidades israelíes– potencia la campaña iniciada en Europa y Estados Unidos para imponer a Israel un boicot académico, afirman algunos activistas.
La decisión de la Universidad de Tel Aviv de contratar a la coronel Sharvit-Baruch para impartir la asignatura de Derecho Internacional ha provocado las protestas del personal universitario, después de conocerse los detalles de la planificación militar de la ofensiva de Gaza que ha hecho públicos la prensa local.
El número de muertos en la operación fue de más de 1.300, la mayoría civiles, y miles de personas más resultaron heridas.
Según los críticos citados por el diario Ha’aretz, la coronel Sharvit-Baruch y su equipo manipularon la interpretación establecida del Derecho Internacional con el fin de ampliar las operaciones militares y permitir atacar objetivos civiles.
El principal valedor de la protesta es Haim Ganz, profesor de Derecho, que ha calificado el enfoque de la coronel de “jurisprudencia perversa que permite los asesinatos en masa.” En una carta a la universidad, el profesor Ganz afirma que “presenta su protesta moral contra un estado de cosas que permite que la persona que autorizó estas acciones enseñe las leyes de la guerra.”
La semana pasada, el primer ministro, Ehud Olmert, amenazó con poner fin a la financiación gubernamental de la Facultad de Derecho si ésta no procedía al nombramiento de la coronel Sharvit-Baruch. El presidente de la universidad, Zvi Galil, telefoneó a la secretaría del primer ministro para tranquilizar al gobierno, y afirmó que los puntos de vista del profesor Ganz no eran compartidos por la mayoría del personal docente. Otros académicos han cerrado filas en apoyo a la coronel, y acusan a sus críticos de desencadenar una campaña maccarthysta contra ella.
Según los medios de comunicación israelíes, la coronel aprobó personalmente la primera oleada de bombardeos aéreos que tuvo como objetivo una ceremonia de graduación de nuevos policías, y en la que mataron al menos a 40 cadetes.
Aunque según el derecho internacional las fuerzas de policía tienen el estatuto de personal civil, y están por lo tanto protegidas de represalias militares, se afirma que la coronel Sharvit-Baruch revisó su dictamen sobre la legalidad del ataque durante los muchos meses de planificación.
Además, se afirma también que relajó las reglas de enfrentamiento y aprobó la demolición masiva de viviendas y la destrucción de tierras de cultivo, además de aprobar el uso de armas incendiarias, como el fósforo blanco, en zonas densamente pobladas.
Asimismo, la coronel proporcionó justificación legal a los ataques contra edificios en los que se sabía que se encontraban civiles, a condición de haberlos avisado para que saliesen. Escuelas, mezquitas y una universidad fueron algunos de los edificios civiles bombardeados por el ejército israelí durante la operación, que duró 22 días.
Sus decisiones han sido ampliamente criticadas por las organizaciones internacionales de derechos humanos y por los expertos en derecho internacional del propio Israel.
El profesor Yuval Shani, que enseña Derecho Público Internacional en la Universidad Hebrea de Jerusalén, calificó de “flexible” la interpretación de las reglas por la coronel. En relación con el ataque a los cadetes de policía, afirmó: “Si seguimos la línea de razonamiento de la coronel, no hay mucha diferencia entre los cadetes y los reservistas israelíes, o incluso los jóvenes de 16 años que van a ser incorporados a filas por Israel dentro de dos años.”
El predecesor de Sharvit-Baruch, Daniel Reisner, ha señalado que el equipo de la coronel ha ampliado el significado establecido del Derecho Internacional. El principio operativo de este ejército, afirmó, es: “Si haces algo durante un plazo de tiempo suficientemente largo, el mundo acabará por aceptarlo.”
La doctora Orna Ben-Naftali, decana de la Facultad de Derecho del Instituto Superior de Gestión, en Rishon Letzion, ha afirmado que el comportamiento del ejército en Gaza ha puesto en bancarrota el derecho internacional. “Se ha creado una situación en la que la mayoría de varones adultos de Gaza y la mayoría de los edificios pueden ser tratados como objetivos legítimos. Han puesto el derecho cabeza abajo.”
Pero, a pesar de la protesta en la Universidad de Tel Aviv, la mayor parte de la academia israelí ha apoyado el nombramiento de la coronel Sharvit-Baruch, afirma Daphna Golan, directora de programas del Minerva Center for Human Rights, de la Universidad Hebrea. “Tengo la impresión de que incluso el profesor Ganz ha sido intimidado hasta el silencio por la reacción.”
En opinión de la doctora Golan, este episodio pone en evidencia la íntima relación existente entre el ejército y la universidad en Israel, así como la dependencia de las universidades de la financiación proveniente del ejército.
Asimismo, señala que hay muchos programas especiales diseñados de modo que el personal militar y de seguridad se hallan en situación favorable para conseguir una licenciatura por la vía rápida.
“La mayor parte de los profesores de los departamentos de Medio Oriente de las universidades de Israel –los expertos en árabes– que van a modelar la percepción de la próxima generación, son reclutados en el ejército o en los servicios de seguridad, añade.
Omar Barghouti, coordinador de la Campaña palestina para el boicot académico y cultural de Israel, ha señalado que el cargo otorgado a la coronel Sharvit-Baruch es una indicación más de los vínculos orgánicos entre las instituciones israelíes y el ejército de este país.
“Esto añade un militar más a la ya larga lista de criminales de guerra que andan sueltos por las universidades israelíes, enseñando el odio, el racismo y el guerrerismo con total impunidad,” añade. Y señala también que crece la demanda de un boicot académico, tras la ofensiva de Gaza.
La Universidad Al Quds, con campus en Jerusalén Este y Cisjordania, cortó sus contactos con las universidades israelíes la pasada semana. Era la última de las universidades palestinas que mantenía estos vínculos.
Al mismo tiempo, un grupo de profesores estadounidenses anunció que estaban en campaña para conseguir el boicoteo académico de Israel. Es la primera vez que una demanda de este tipo se produce en Estados Unidos.
Según Barghouti, un cambio de tendencia sin precedentes de la opinión pública está impulsando nuevas campañas en países como Australia, España, Suecia, Canadá, Suráfrica y Nueva Zelanda.
La fuente: Jonathan Cook es colaborador de (Canadá). La traducción del inglés pertenece a S. Seguí para Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística.

La señorita Tantalus

Tzipi Livni ganó las elecciones, pero los diosos la castigan como a Tantalus: el agua de la que quiere beber retrocede en cuanto ella se inclina y los frutos que pretende asir se resbalan de sus manos.

Por Uri Avnery

Tantalus es castigado por los Dioses por razones que no están completamente claras. Él tiene hambre y sed, pero el agua que está a sus pies retrocede cuando se inclina para beberla y la fruta que pende sobre su cabeza evade su mano.

Tzipi Livni está sufriendo una tortura similar ahora. Después de obtener una victoria personal impresionante en los comicios, los frutos políticos siguen resbalándosele cuando estira su mano para asirlos.

¿Que ha hecho ella para merecer esto? ¿Apoyar la guerra, clamar por un boicot a Hamas, entretenerse con negociaciones vacías con la Autoridad Palestina? Está bien, ella ha hecho lo suficiente.. Pero ¿no es demasiado castigo?

Sin embargo, los resultados de las elecciones no son tan claros como podría parecer. La victoria de la derecha no es tan inequívoca.

El centro de la campaña electoral estuvo circunscripto a los dos principales contendores para la oficina del primer ministro: Livni y Netanyahu (o, como ellos se hacen llamar, como si todavía estuvieran en el jardín de infantes, Tzipi y Bibi.)

Contrariamente a todas las expectativas y todas las votaciones, Livni venció a Netanyahu. Varios factores influyeron. Entre otros: las masas de la izquierda estaban aterradas por la posibilidad de que Netanyahu ganara, y se unieron a las filas de Livni a la orden de “¡Detengan a Bibi!” También, Livni -quien nunca se identificó con el feminismo- recordó a último momento convocar a las mujeres de Israel bajo su bandera, y ellas escucharon la llamada.

Pero es imposible de ignorar lo principal de esta elección: Netanyahu simboliza la oposición total a la paz, la oposición a devolver los territorios ocupados, a la congelación de los asentamientos y a un estado Palestino. Livni, por otro lado, ha declarado más de una vez su total respaldo a la fórmula de "dos Estados". Los votantes optaron por la línea más moderada.

En verdad, el ganador indiscutido de las elecciones fue Avigdor Liberman. Pero su triunfo está lejos del funesto avance que todos previmos. Él no ganó los 20 asientos que había prometido. Su crecimiento, de 11 a 15 bancas, no es tan dramática. Su partido es de hecho ahora el tercero más grande en la Knesset, pero esto se debe más que a su propio crecimiento al derrumbe del Laborismo, que cayó de 19 a 13 escaños. A propósito, ninguno de los partidos ganó siquiera el 25% de los votos. La democracia israelí de hecho ahora es muy frágil.

El fenómeno de Liberman es ominoso, pero no desastroso (todavía).

Sin embargo, no hay manera de negar el mensaje más significativo de estas elecciones: el electorado israelí se ha movido a la derecha. Del Likud a la derecha hay ahora 65 asientos; de Kadima a la izquierda, sólo 55. Uno no puede discutir con los números.

¿Qué ha causado este cambio?

Hay varias explicaciones, todos ellas válidas.

Uno puede considerarlo como una etapa transitoria después de la guerra. Una guerra despierta emociones fuertes, intoxicación nacionalista, odio al enemigo, miedo del Otro, deseos de unidad y de venganza. Todo esto sirve naturalmente a la derecha, lección que a veces la izquierda olvida cuando empieza una guerra.

Otros ven en los resultados electorales la continuación de un proceso histórico: la confrontación sionista-palestina se está haciendo más compleja, y tal situación alimenta a la derecha.

Y también hay, por supuesto, un factor demográfico. El bloque de la derecha atrae los votos de tres sectores: los judíos orientales (la mayoría de ellos votan al Likud), los religiosos (que preferentemente votan a los fundamentalistas) y los rusos (la mayoría de los cuales respalda a Liberman). Este es un voto de grupo, casi automático.

Dos sectores en Israel tienen un índice de natalidad especialmente alto: los judíos religiosos y los árabes. El voto religioso casi unánimemente se inclina por la derecha. Es verdad que los partidos ortodoxo y nacional-religioso no han aumentado su representación en estas elecciones, probablemente porque muchos de sus votantes naturales escogieron al Likud, a Liberman o a la más extrema aún Unión Nacional. Los ciudadanos árabes se abstuvieron casi por completo de votar por los partidos judíos, como tantas otras veces lo hicieron en el pasado, y los tres partidos árabes ganaron en conjunto una sola banca.

El desarrollo demográfico lo está presagiando. Kadima, el Laborismo y Meretz se identifican con el antiguo sector ashkenazi cuya fuerza demográfica está en firme declive. También, muchos jóvenes ashkenazis dieron sus votos -al menos cuatro asientos- a Liberman, que predica un fascismo secular. Ellos odian a los árabes, pero también odian a los judíos religiosos.

La conclusión es bastante clara: si la “centro-izquierda” no se evade de su ghetto elitista y se olvida de los sectores oriental y ruso, su declive continuará de elección en elección.

Ahora, la señorita Tantalus debe escoger entre dos opciones amargas: retirarse al desierto, donde no hay agua ni frutos, o servir como taparrabos de una alianza odiosa.

Opción Nº 1: negarse a la unión con Netanyahu y entrar en la oposición. Eso no es tan simple. El partido Kadima nació cuando Ariel Sharon prometió a sus miembros -exiliados de la izquierda y de la derecha- el poder. Será muy duro para Livni unirse a las bancadas de la oposición, lejos de las mieles del poder, lejos de las confortables oficinales del gabinete y de los lujosos automóviles oficiales.

Eso nos daría un gobierno de derecha con inclusión de los fascistas declarados, discípulos de Meir Kahane (cuyo partido fue proscripto debido a su prédica racista), los defensores de la limpieza étnica, de la expulsión de los ciudadanos árabes de Israel y la liquidación de cualquier oportunidad para la paz. Tal gobierno se encontraría inevitablemente en confrontación con los Estados Unidos y en un aislamiento mundial.

Algunas personas dicen: eso es bueno. Un gobierno como ése necesariamente caerá pronto y se romperá en pedazos. Así, el electorado se persuadirá de que no hay ninguna opción de derecha viable. Kadima, el Laborismo y Meretz se reunirán en la oposición y quizás pueda surgir de allí una alternativa de centro-izquierda real.

Otros dicen: es demasiado arriesgado. No hay ningún límite a los desastres que un gobierno de Netanyahu, Liberman y los seguidores de Kahane puede llevar al Estado, desde la multiplicación de los asentamientos, que torpedearán cualquier paz futura, a una guerra abierta. No podemos apostar todo a un solo número, cuando lo que está en juego es el Estado de Israel.

La opción Nº 2 de Livni: digerir la amarga píldora, ceder su liderazgo y unirse al gobierno de Netanyahu como segunda, tercera o cuarta pata. En ese caso, ella debe decidirlo enseguida, antes de que Netanyahu establezca hechos consumados con una unión de extrema derecha que tendría en Livni a una socia menor.

Yo no me sorprenderé si el presidente Shimon Peres toma la iniciativa extraoficialmente y promueve esta opción antes de empezar, en una semana, el proceso oficial de consultas con las facciones de la Knesset y confiarle a uno de los candidatos la tarea de formar gobierno.

¿Podrá tal gobierno moverse hacia la paz? ¿Conducirá negociaciones reales? ¿Aceptará desmantelar asentamientos? ¿Aceptará un Estado palestino? ¿Reconocerá un gobierno de unidad palestino que incluya a Hamas?

Es difícil de imaginar. En el mejor caso, seguirá dando vueltas alrededor de negociaciones sin sentido, extenderá subrepticiamente los asentamientos, llevará a Barack Obama de la nariz y movilizará el lobby pro israelí para obstruir cualquier movimiento real de los norteamericanos hacia la paz. Así será.

¿Israel puede cambiar el curso? ¿Puede renacer una alternativa real hacia la paz?

Los dos partidos de “la izquierda sionista” han quedado decisivamente vencidos. Tanto el Laborismo cuanto Meretz se desmoronaron. Sus dos líderes, que pidieron la guerra en Gaza y la apoyaron -Ehud Barak, del Laborismo, y Haim Oron, de Meretz-, han recibido el castigo que claramente merecían. En una democracia normal, los dos habrían renunciado al día siguiente de las elecciones. Pero nuestra democracia no es normal, y ambos líderes insisten en quedarse al frente y conducir a sus partidos al próximo desastre.

El Laborismo es un cadáver ambulante -el único partido socialdemócrata en el mundo cuyo único objetivo de su líder es permanecer como ministro de guerra. Cuando Barak extendió la consigna “no hay nadie con quién hablar", pasó por alto la conclusión lógica: “por consiguiente, nosotros no necesitamos a nadie para hablar con ellos.”

El Partido Laborista no tiene ningún partido, ningún miembro, ningún programa político, ninguna dirección alternativa. Fallará en la oposición como falló en el gobierno. Excepto un milagro, terminará en el cesto de basura de la historia.

Y allí encontrará a Meretz. Un partido socialista que perdió su camino hace mucho tiempo, un partido sin ningún arraigo en las clases populares, un partido que ha apoyado todas nuestras guerras.

Algunos creen en las soluciones fáciles: una unión del Laborismo y Meretz, por ejemplo. Ésa es una unión del ciego con el lisiado. No hay ninguna razón para esperar que ellos puedan ganar una carrera de atletismo.

La tarea real es más difícil. Hay que construir un nuevo edificio por completo en lugar del que se ha derrumbado.

Es necesaria una nueva izquierda que incluya a nuevos líderes provenientes de los sectores que han sido discriminados: los orientales, los rusos y los árabes. Una nueva izquierda que exprese los ideales de una nueva generación, personas de paz, que defiendan el cambio social, feministas y verdes que entiendan que uno no puede comprender un ideal sin comprender todos los otros. No puede haber justicia social en un estado militar; nadie puede interesarse en el medioambiente mientras los cañones están rugiendo, el feminismo es incompatible con una sociedad de machos montados en los tanques, no puede haber respeto para los judíos orientales en una sociedad que desprecia la cultura de Oriente.

Los ciudadanos árabes tendrán que dejar el ghetto en que se confinan y empezar a hablar con el público judío, y el público judío debe hablar con el árabes en igualdad de condiciones. El eslogan de Liberman “Ninguna ciudadanía sin lealtad” debe invertirse: “Ninguna lealtad sin ciudadanía real.”

Como Obama ha hecho en los EE.UU., un nuevo lenguaje debe crearse para reemplazar las viejas y agotadoras frases.

Mucho, mucho debe cambiarse si queremos salvar el Estado.

En cuanto a la señorita Tantalus: ella puede contribuir a este proceso de cambio, o su tortura continuará.

Haciendo eco de Pirro, el rey de Epirus y Macedonia, ella bien podría decir: Otra victoria como ésta y nosotros nos desharemos.
La fuente: Uri Avnery es periodista, ex legislador y pacifista israelí. La traducción del inglés pertenece a Sam More para elcorresponsal.com.

14 febrero 2009

DE LA UTOPÍA AL PARLAMENTO ISRAELÍ



TODO: Todos los israelíes cuyo alma fascista estaba en latencia, tuvieron su mayor satisfacción con el ascenso del líder nazifascista ruso-israelí Ivette Liberman, jefe la una de las mafias rusas que blanquean dinero negro cuyos dueños son los colegas mafiosos de Liberman.

JAVIER ESPINOSA desde Jerusalén

13 de febrero de 2009.- Hace más de un siglo, exactamente en 1902, el principal artífice del ideario sionista Theodor Herzl escribió una novela titulada 'Altneuland' en la que recogía su visión utópica de cómo debía ser el estado judío que pretendía establecer.
El texto no deja de ser un aburrido relato idílico de la sociedad perfecta que descubren los dos protagonistas que regresan al territorio del antiguo mandato de Palestina tras una ausencia de 20 años.
Sin embargo, lo asombroso del texto es que el periodista austríaco ambienta su discurso en una supuesta campaña electoral en la que uno de los partidos, el que dirige un rabino llamado Geyer, aboga en su plataforma electoral por rescindir el voto de los 'no judíos'.
"Es un provocador, un blasfemo que quiere traer la intolerancia a nuestro país", dicen del susodicho Geyer uno de los caracteres de la obra.
Pero Herzl se encarga de demonizar a Geyer y de dibujar una 'Nueva Sociedad' —así la define— donde judíos y árabes disponen de los mismos derechos democráticos y donde uno de estos últimos, Rashid Bey, un nativo de Haifa, es uno de los líderes de esa nación. Por supuesto, la formación racista de Geyer sufre una estrepitosa derrota en los comicios.
Como escribió el lunes en Haaretz, Shlomo Avineri, Herzl "imaginó que un judío también podría ser racista, pero como contraste con Europa, donde el racismo fue victorioso, en Jerusalén fue derrotado y ganó el principio de la igualdad y el liberalismo".
El ingente simbolismo de la novela de Herzl no debería escaparse en un instante como el actual, cuando en Israel se ha registrado una espectacular ascensión de un personaje como Avigdor Lieberman, que podría ser la réplica un siglo más tarde del mentado Geyer.
Sólo que en la realidad el final feliz de la utopía se ha desvanecido. No sólo Geyer/Lieberman se ha convertido en un elemento clave del próximo parlamento israelí sino que el próximo parlamento contará con personajes como el rabino Michael Ben-Ari, que considera que Lieberman es demasiado 'moderado'.
Ben Ari es el mismo interfecto que no ha dudado en declararse en estos días un 'dedicado discípulo' de Meir Kanahe, cuya organización fue ilegalizada hasta por Israel e incluida en la lista de grupos 'terroristas' de EEUU y la UE. Un clérigo que no duda en abogar por la expulsión de los árabes a países como Turquía o Venezuela, y que quiere revisar el pedigrí judío hasta de los rusos llegados a esa nación. "Hay muchos (rusos) que se han registrado como judíos pero que no lo son", ha manifestado exigiendo que esa sea una de las prioridades de la justicia. "No necesitamos los jueces que sirvan para Suecia o Dinamarca", añadió.
Como colofón, el rabino ha anunciado que sus asistentes en la cámara legislativa serán los dos conocidos militantes de la extrema derecha: Baruch Marzel e Itamar Ben Gvir. Los ha llamado "amantes de Israel". Para la prensa, tanto Marzel como Ben Gvir son simplemente las voces más ultras que se pueden escuchar en el país. Gente que no duda en gritar a cada rato "¡muerte a los árabes!", y que organizan cada año la 'celebración' con la que acompañan el aniversario de la masacre de Hebrón, cuando el 'héroe' Baruch Goldstein –así se refieren a él- asesinó a 29 palestinos en 1994.
Fuentes cercanas a ambos activistas citadas por Ynet se felicitaron de su presencia en la cámara legislativa. "Estamos hablando de figuras que darán mucho color al parlamento. Estoy seguro de que no se van a aburrir allí", dijeron.
El caso es que muy pocos parecen preocupados en Israel por la irrupción de este tipo de políticos en la escena parlamentaria. Quizás porque como aclaraba el atípico columnista Gideón Levy, "Kahane ha ganado". "Veinte años después de que su lista parlamentaria fuera descalificada y 18 después de sus asesinato, el kahanismo se ha erigido en un discurso público legítimo. El racismo y el nacionalismo son valores aceptados", indicó. Según él, estas últimas votaciones han legitimado el "odio a los árabes y el odio a la democracia y la ley".

LAS BATALLAS PERDIDAS: GAZA Y LA OPINIÓN PÚBLICA ARGENTINA

TODO: Los israelíes cuyo alma fascista estaba en latencia, tuvieron su mayor satisfacción con el ascenso del líder nazifascista ruso-israelí Ivette Liberman, jefe la una de las mafias rusas que blanquean dinero negro y cuyos dueños son los colegas mafiosos de Liberman.Aquellos que me atacaron llamándome "traidor a la patria" olvidaron de aclarar que es un honor "traicionar" a la patria manejada por mafiosos, que realmente da aSco viviR en UN país de mafiosos y protomafiosos y asesinos de guerra, ya denunciados en el Tribunal Internacional de La Haya

LAS BATALLAS PERDIDAS: GAZA Y LA OPINIÓN PÚBLICA ARGENTINA

Daniel Kupervaser

Desde Israel, Daniel Kupervaser discute algunas de las reacciones suscitadas por la manifestaciones a raíz de la Guerra en Gaza.
La repentina y violenta conflagración en el prolongado conflicto entre Israel y los palestinos se desató como consecuencia del masivo ataque de Israel a Gaza y demandó de la colectividad judía de Argentina enfrentarse con inesperados actos de protesta junto con multitudinarias y vociferantes manifestaciones de repudio ante la tragedia que se agudizaba día tras día.
Las voces de protesta se alzaron de todos los entornos de expresión posibles. Todos los medios de difusión tradicionales fueron válidos: diarios, radios, televisión y hasta los sitios de Internet se sintieron atiborrados de mensajes de desaprobación y crítica. Mas aun, la movilización callejera dio lugar al alistamiento de un gran numero de participantes con pancartas, panfletos y mensajes muy categóricos y hasta feroces. Las paredes no se quedaron fuera de juego y dieron lugar a la queja, desaprobación y también amenazas.
No cabe duda que parte de estas exteriorizaciones de condena ante los operativos llevados a cabo por el ejército de Israel en Gaza tenían un claro contenido antisemita. Amenazas a instituciones, intimidaciones a la integridad física de las personas e injurias con pruebas judicialmente admitidas como expresión racista o antisemita, deben ser condenadas y repudiadas y también tratadas con todo el rigor que la ley lo permite acusando y juzgando a los responsables.
La colectividad judía de Argentina no se dejó estar. De inmediato se organizó y se movilizó en pleno a los efectos de repeler la inesperada ofensiva en contra de Israel. Sin pensarlo mucho y repitiendo épocas pasadas, el ejecutivo de la colectividad judía movilizó rápidamente toda la artillería según la rutina de defensa institucional y salió a la batalla a proteger las personas e instituciones e influenciar sobre la opinión pública argentina a favor de Israel.
En su primer movimiento, los directivos de la comunidad judía actuaron correctamente al exigir día a día de las autoridades locales la investigación de los hechos y la aplicación de todo el peso y severidad de la ley contra aquellos transgresores cuya culpabilidad sea probada, como así también, exigir protección física de las instituciones y personas judías amenazadas.
Los blancos elegidos como objetivos donde concentrar los contraataques, los oficiales de reserva movilizados como voceros, los disparos de argumentos y la munición esclarecedora utilizada en el resto de los flancos dejó mucho que desear y da la impresión que cometieron muchos desaciertos y torpezas con el resultado de un alto precio que será demandado de la colectividad judía de ahora en más. La inherente prescripción de alinearse automáticamente detrás de toda política o acto del gobierno de Israel sin el más mínimo regaño, censura o recriminación conlleva a la colectividad judía argentina a cometer serios equívocos con severas consecuencias que pueden llegar a ser lamentables a largo plazo.
El primer error, y tal vez uno de los más graves, es considerar instantánea y mecánicamente como un acto antisemita a toda aireada repudia o increpación, inclusive grosera, ante todo judío por los actos del ejército de Israel en Gaza. Desde el momento que el actuar de Israel en Gaza goza de un monolítico, incondicional e indiscutible sustento de prácticamente todos los judíos de Israel (de la extrema izquierda a la extrema derecha) y de las diásporas, y muy explícitamente de la colectividad judía de Argentina, desde el momento en que ninguna institución judía significativa eleva ni siquiera una objeción a acciones con tan trágicas consecuencias, desde el momento en que famosos intelectuales judíos, tanto de la colectividad de Argentina (Marcos Aguinis), como de Israel (A.B. Yoshua) expresan su incondicional apoyo al operativo, cuando otros conocidos intelectuales judíos (Amos Oz, David Grossman) tartamudearon exigiendo solo no prolongar los ataques, nadie se debe sentir sorprendido de, y no creo que automáticamente tenga que ser considerado un acto antisemita, el hecho que sectores que consideren una tragedia lo que hizo Israel y protesten aireadamente ante cualquier judío. La exageración ilimitada de la argumentación victimaria es un medio que finalmente suele actuar como bumerang, básicamente por el desperdicio de su excesivo uso y la consecuente ineficacia cuando realmente se lo requiere.
El segundo y craso error lo cometió el presidente de la DAIA, Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas, Aldo Donzis, quien llevó su planteo al embajador de los Estados Unidos en Argentina, Earl Wayne, según el cual en el país "se vive una campaña antisemita como nunca antes desde el retorno a la democracia, en 1983". Este simple hecho, tal vez con las mejores de las intenciones por parte del presidente de la DAIA, en la práctica demostró la veracidad de aquellas pancartas de las demostraciones antijudías que muestran el lema ISRAEL= IMPERIALISMO basado en el apoyo incondicional del gobierno de Estados Unidos, de Bush en particular, brindando un amplio e ilimitado sustento a Israel y protegiendo su completa impunidad ante claras transgresiones de normas internacionales.
El tercer y grave error fue concentrar prácticamente todas las fuerzas movilizadas en contra del flanco representado por los grupos considerados realmente antisemitas. Se trata de agrupaciones minoritarias y, en general, carentes de apoyo popular y masivo en la sociedad argentina. Es correcto evaluar que son capaces de causar daños y crear una atmosfera conflictiva. En ese sentido es más importante exigir incondicionalmente el actuar de las fuerzas del orden y las instancias judiciales. Al concentrar todos los esfuerzos en contra de estos sectores marginales, la colectividad dejó al descubierto los amplios sectores de la ciudadanía argentina, especialmente aquellos definidos como las fuerzas centrales y democráticas más importantes. Dentro de estos sectores también se escucharon duras críticas y repudios a la tragedia que Israel ocasionó al pueblo palestino en Gaza, incluyendo un alto número de mujeres y niños como victimas inocentes.
Nadie puede acusar a Adolfo Pérez Esquivel, o a Mario Bunge o Natalio Botana y otros como acérrimos antisemitas cuyo único objetivo es la destrucción del Estado de Israel. Seria una falta total de responsabilidad intelectual catalogar a estos distinguidos intelectuales como incitadores de ese tsunami antisemita de que tanto se hace referencia. Al contrario, sus escritos son claros y reclaman el reconocimiento incondicional de Israel y el otorgamiento de garantías que permitan su desarrollo en paz y seguridad. ¿Qué explicaciones recibieron estos renombrados personajes e intelectuales de la sociedad argentina que elevaron legitimas conjeturas e interrogantes ante un sangriento operativo? La explicación más comúnmente difundida por la comunidad surge de las posiciones de Marcos Aguines, tanto escritas como televisadas, quien actúa como defensor de Israel con razonamientos muy poco convincentes, con pruebas de dificultosa veracidad, y cuya argumentación se parece a la de aquel abogado que protege a un pedófilo sosteniendo que hay que entenderlo pues a su madre la violaron cuando ella era joven, o en el mundo hay victimarios mucho mas sanguinarios que nadie les puso la mano encima.
Sorprende la incapacidad de Marcos Aguinis de responder a la simple pregunta de Ernesto Tenembaum (Palabras mas, palabras menos, TN, 3-2-09) ¿Cómo una persona normal puede repudiar las acciones de Israel en Gaza sin que esa simple actitud sea considerada un acto antisemita? La conclusión esperada de todo espectador neutral es clara. A Israel se le debe permitir el todo y cualquier reproche inmediatamente se interpreta como la orquestación de una nueva campaña antisemita.
Ya catalogué la operación en Gaza, intencionalmente dirigida a proteger la población del sur de Israel contra los ataques de Hamas, como un serio traspié y un fracaso militar total en el logro de los objetivos originales, salvo ese extraño sentimiento de satisfacción de inferir un terrible sufrimiento a la población palestina. Ahora se tiene por delante la segunda batalla, no menos importante, ante la opinión publica. Si la dirección de la comunidad judía en Argentina continúa con su alineamiento automático detrás de las versiones oficiales de Israel, cerrando los ojos ante una dolorosa tragedia causada por Israel y ante la dura y problemática realidad de la sociedad israelí, el único objetivo que logrará será perder definitivamente el apoyo de esas fuerzas centrales de la sociedad argentina que tanto las necesita para su integración.
¿Cómo se puede pensar en la ingenuidad, la inocencia o la falta de información de los distinguidos analistas mencionados? Tan solo un par de párrafos del artículo de Pérez Esquivel son suficientes para demostrarnos que hasta las oscuras vísceras de nuestra enferma y racista sociedad israelí están expuestas a la vista de todo el mundo, salvo para la dirección comunitaria judía de Argentina.
Los ejemplos son cuantiosos, pero me conformaré con citar solo algunos, y tal vez los menos graves.
¿Con que derecho moral se puede exigir de las autoridades competentes el procesamiento penal por acciones antisemitas de los responsables de de la aparición de panfletos que llaman al boicot de negocios judíos cuando solo se escucha silencio en Israel y Argentina ante declaraciones publicas de conocidos rabinos de Israel demandando de sus fieles el boicot de comercio de árabes ciudadanos de Israel y la negación de alquilar departamentos a legítimos ciudadanos árabes israelíes?
¿Cómo puede se puede escuchar en la entrevista televisada a Aguinis, afamado escritor y seguro amante de los libros, del nivel cultural desarrollado de Israel cuando autoridades municipales de una ciudad en Israel quemaron públicamente cientos de libros del nuevo testamento distribuidos por judíos mesiánicos y nadie en Israel o Argentina es capaz de iniciar un proceso judicial o abrir la boca?
¿De qué ejemplo de democracia del medio oriente habla Aguinis cuando un ex ministro, líder de la tercera fuerza política de Israel y probable eje del próximo gobierno, amenaza a legítimos parlamentarios árabes, ciudadanos de Israel en tratarlos como a los lideres del Hammas (cuya interpretación comúnmente aceptada no es otra más que muerte)?
¿Cómo las autoridades de la colectividad judía de Argentina pueden permanecer neutrales e indiferentes cuando se usa la investidura sagrada de la religión judía y honorables rabinos arengan a los soldados antes del operativo en Gaza con expresiones como:"A veces es necesaria la crueldad" o "En esta guerra no hay inocentes, y por lo tanto, se puede disparar sobre civiles"?
¿Sabrán los directivos de la comunidad judía argentina lo afortunado que es el estado de Israel por el hecho que la directora del INADI solo tiene jurisdicción en Argentina y no en Israel? En caso afirmativo, se verían en la triste situación de tener que defender a Israel ante la justificada acusación penal del INADI por no reconocer hasta el día de hoy el genocidio armenio.
No se puede pretender que el mundo entienda declaraciones que se devolvió Gaza a los palestinos ya hace 3 años cuando en la práctica se la convirtió en una gran cárcel limitando totalmente el libre movimiento de la población de y hacia Gaza, se impidió el funcionamiento de transporte marítimo y aéreo, se lleva a cabo casi a diario actos de piratería marítima, se impide toda exportación de la producción local y se limita el abastecimiento básico a niveles humanitarios mínimos. De nada vale argumentar el cautiverio del soldado israelí Gilad Shalit cuando Israel mantiene cautivos más de dos mil prisioneros de Hamas de un total de más de diez mil palestinos.
Como judíos y sionistas se debe luchar por la defensa de Israel, pero sin descuidar en ningún momento el cumplimiento de normas internacionalmente reconocidas, velar arduamente por la vigencia de los valores humanos universales y la democracia interna para todos los ciudadanos y habitantes, preservar por todos los medios posibles la coexistencia pacifica, y por sobre todo, ser fiel a la verdad. La única posibilidad de mantener el apoyo permanente de la mayoría de las fuerzas democráticas en cualquier lugar del mundo es continuar y denunciar todo acto de contenido racista, toda discriminación, todo abuso de la fuerza, toda tragedia, no importa quien la hizo, donde y el motivo original.
Nos debemos guiar por el complejo sendero iluminado por la memorable antorcha de los valores humanos universales que nos heredó el prestigioso poeta Jorge Luis

Borges: "El hecho de que se mande gente a morir es menos condenable del hecho de que se los envíe a matar" (Dialogos, Nestor Montenegro. Pag. 27. Nemont Ediciones. 1983.