LA GUERRA DE GAZA HA TERMINADO EN UN COMPLETO FRACASO PARA ISRAEL
Gideon Levy
Haaretz
Traducido para Rebelión por LB
Desde el mismísimo primer día después del regreso a Israel el último soldado israelí procedente de Gaza se puede establecer con certeza que todos ellos han ido allí en vano. Esta guerra ha terminado en un completo fracaso para Israel.
Esto va más allá del profundo fracaso moral, que es un grave problema en sí mismo, y tiene que ver con la incapacidad para alcanzar los objetivos declarados. En otras palabras, al dolor se le añade el fracaso. Lo único que hemos ganado en esta guerra han sido centenares de tumbas, algunas de ellas muy pequeñas, millares de personas mutiladas, mucha destrucción y el hundimiento de la imagen internacional de Israel.
Lo que al principio de la guerra había parecido una pérdida segura solamente a un puñado de personas, poco a poco se lo está comenzando a parecer a muchas más a medida que se van apagando los ecos de las trompetas triunfantes.
El objetivo inicial de la guerra fue poner fin a los disparos de cohetes Kassam. Sin embargo, éstos no cesaron de caer hasta el último día de la guerra. Ese objetivo solo se cumplió tras acordarse un alto el fuego. Los funcionarios de Defensa calculan que Hamas todavía dispone de 1.000 cohetes.
El segundo objetivo de la guerra, impedir el contrabando, tampoco se ha cumplido. El jefe del servicio de seguridad Shin Bet ha estimado que el contrabando se reanudará en el plazo de dos meses.
La mayoría del contrabando que se realiza en estos momentos tiene por objeto proporcionar alimentos a una población en estado de sitio, no obtener armas. Pero incluso si aceptamos las exageraciones de la campaña tremendista desarrollada para asustar a la gente con respecto a los túneles de contrabando, esta guerra ha servido para demostrar que lo único que pasaba por los túneles de contrabando entre la Franja de Gaza y Egipto eran armas rudimentarias y de mala calidad.
La capacidad de Israel de alcanzar su tercer objetivo es también dudosa. Disuasión... pamplinas. La disuasión que supuestamente habíamos conseguido con la segunda guerra del Líbano no ha tenido el más mínimo efecto sobre Hamas, y la que supuestamente se ha logrado ahora no está funcionando mucho mejor: el disparo esporádico de cohetes desde la Franja de Gaza ha continuado en los últimos días.
El cuarto objetivo, que no se declaró abiertamente, tampoco se ha cumplido. El ejército israelí no ha restaurado su capacidad. Era imposible que lo hiciera en una cuasi-guerra contra una organización menesterosa y mal equipada que lucha con armas improvisadas y cuyos combatientes apenas han opuesto resistencia.
Las heroicas descripciones y los poemas de victoria sobre el "triunfo militar" no podrán cambiar la realidad. Los pilotos volaban en misiones de entrenamiento y las fuerzas terrestres realizaban ejercicios que incluían maniobras de enlace de tropas y prácticas de tiro.
La descripción de la operación en términos de "logro militar" por parte de los analistas y generales que arroparon la operación es pura y simplemente ridícula.
No hemos debilitado a Hamas. La gran mayoría de sus combatientes no han sufrido daños y en realidad el apoyo popular a la organización ha aumentado. Su guerra ha intensificado el espíritu de resistencia y la voluntad de aguante. Un país que ha educado a toda una generación en el espíritu del “unos pocos contra muchos” debería ser capaz de apreciar el valor que tiene eso. En esta guerra no ha habido ninguna duda sobre quién era David y quién Goliat.
La población de Gaza, que ha sufrido un golpe tan terrible, no se hará más moderada ahora. Al contrario, el sentimiento nacional se revolverá más que antes contra la parte que ha asestado los golpes, es decir, contra el Estado de Israel. Así como la opinión pública en Israel se inclina hacia la derecha cada vez que es víctima de un ataque, en Gaza ocurrirá lo mismo después del mega-ataque que les hemos lanzado.
Si esta guerra ha debilitado a alguien ése es Fatah, cuya huida y abandono de Gaza ha adquirido ahora un significado especial. La sucesión de fracasos en esta guerra debe incluir, por supuesto, el fracaso de la política de asedio. Ya nos hemos enterado de que es ineficaz. El mundo boicoteaba, Israel asediaba y Hamas gobernaba (y sigue haciéndolo).
Pero el balance de esta guerra, en lo que a Israel se refiere, no termina con la constatación de que no se ha conseguido ninguno de los objetivos propuestos. Además, esta guerra ha impuesto sobre nosotros un pesado peaje que seguirá abrumándonos durante algún tiempo. A la hora de evaluar la situación internacional de Israel no debemos dejarnos engañar por el desfile de apoyo protagonizado por los líderes de Europa que se prestaron a una sesión fotográfica con el Primer Ministro Ehud Olmert.
Las acciones de Israel han asestado un duro golpe al apoyo de la opinión pública al Estado de Israel. Si bien esto no traduce siempre de forma inmediata en el plano diplomático, la ondas de choque llegarán algún día. El mundo entero ha visto las imágenes, unas imágenes que han estremecido a todos los seres humanos que las ha visto, aunque a la mayoría de israelíes les ha dejado fríos.
La conclusión es que Israel es un país violento y peligroso que actúa sin ningún tipo de restricciones, que ignora descaradamente las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y al que le importa un bledo el derecho internacional. Las investigaciones ya se han puesto en marcha.
Más grave aún es el daño que todo esto inflingirá a nuestra fibra moral. Ese daño se manifestará por medio de preguntas difíciles sobre lo que el ejército israelí hizo en Gaza, preguntas que inevitablemente acabarán surgiendo a pesar del filtro distorsionador de los medios de comunicación enrolados.
Entonces, ¿qué es lo que se ha conseguido después de todo? En tanto en cuanto guerra iniciada para dar respuesta a cuestiones de política interna, la operación ha tenido un éxito que ha desbordado todas las expectativas. El presidente del Likud Benjamin Netanyahu es cada vez más fuerte en los sondeos. ¿Por qué? Porque no hemos podido sacar suficiente provecho a esta guerra.
Fuente: http://www.haaretz.com/hasen/objects/pages/PrintArticleEn.jhtml?itemNo=1057670
Editor: Andrés Aldao - Boletín de noticias y comentarios. Si no lees los diarios no estás informado, y si lo lees estás mal informado Una versión distinta de los hechos en el mundo. ¡DIFUNDILO!
22 enero 2009
TRIBUNALES DE GUERRA PARA CRIMINALES DE GUERRA
eSTA NOTA DE CONDENA LA ESCRIBÍ EL 31/2008. NO RECTIFICO NI UNA SOLA LÍNEA. TODO FUE CIERTO, TODO CONDENA A LOS CRIMINALES Y A SUS APOLOGÉTICOS Y MEDIOCRES SOSTENEDORES... eN EL ARTÍCULO DEL 31/12/2008, SUPRIMÍ COMENTARIOS HISTÉRICOS DE NAZIFASCISTAS JUDÍOS. ACTO DE JUSTICIA Y REDENCIÓN
31 diciembre 2008
TRIBUNALES DE GUERRA PARA CRIMINALES DE GUERRA
Poco tengo para agregar... Este último genocidio perpetrado por el gobierno y los militares de Israel han descubierto las cartas del juego macabro: la derecha se regocija con la sangre que se derrama de tantas víctimas inocentes.
Los militares saborean (algo prematuramente) la revancha de su derrota en julio de 2006, asesinando a mansalva a civiles, niños, mujeres, jóvenes, ancianos: aviones F16contra latas y cohetes con explosivos.
Los "pacifistas" de la "izquierda", Meretz y "la nueva izquierda", Jaim Oron, Amos Oz y Cía, apoyan el genocidio sin condiciones. Una vez más han demostrado con creces que son partidarios de la guerra, el exterminio y crímenes de guerra.
Estados Unidos, incluido Obama, la Unión Europea, la ONU, los países árabes han exhibido su hipocresía, se están lavando las manos, se limitan a palabras altisonantes mientras la gente de Gaza malvive desesperada... Siempre Pilatos mientras el calvario lo recorre el pueblo palestino.
Me da verguenza y asco vivir en este país manejado pòr asesinos y apoyado por masas de pueblo con instintos criminales, adeptos al duelo y a la sangre de los "otros"...
Deseo resaltar nuestra posición contraria a los crímenes de lesa humanidad.
Andrés Aldao
31 diciembre 2008
TRIBUNALES DE GUERRA PARA CRIMINALES DE GUERRA
Poco tengo para agregar... Este último genocidio perpetrado por el gobierno y los militares de Israel han descubierto las cartas del juego macabro: la derecha se regocija con la sangre que se derrama de tantas víctimas inocentes.
Los militares saborean (algo prematuramente) la revancha de su derrota en julio de 2006, asesinando a mansalva a civiles, niños, mujeres, jóvenes, ancianos: aviones F16contra latas y cohetes con explosivos.
Los "pacifistas" de la "izquierda", Meretz y "la nueva izquierda", Jaim Oron, Amos Oz y Cía, apoyan el genocidio sin condiciones. Una vez más han demostrado con creces que son partidarios de la guerra, el exterminio y crímenes de guerra.
Estados Unidos, incluido Obama, la Unión Europea, la ONU, los países árabes han exhibido su hipocresía, se están lavando las manos, se limitan a palabras altisonantes mientras la gente de Gaza malvive desesperada... Siempre Pilatos mientras el calvario lo recorre el pueblo palestino.
Me da verguenza y asco vivir en este país manejado pòr asesinos y apoyado por masas de pueblo con instintos criminales, adeptos al duelo y a la sangre de los "otros"...
Deseo resaltar nuestra posición contraria a los crímenes de lesa humanidad.
Andrés Aldao
20 enero 2009
MEDIO SIGLO DE MENOSPRECIO ISRAELÍ POR LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
Vijay Prashad
CounterPunch
Traducido para Rebelión por Germán Leyens
Para C. M. Naim.
¡UM-Shmum! ([argot israelí] ONU = 0).
El desdén israelí por Naciones Unidas comienza en los años cuarenta y continúa hasta la fecha. El 29 de marzo de 1955, el gabinete israelí sesionó durante seis horas, discutiendo si invadir la Franja de Gaza (entonces bajo control egipcio) para reducir los ataques a través de la frontera. El primer ministro Moshe Sharett señaló que la resolución 181 (de 1947) de Naciones Unidas creó Israel. David Ben-Gurion, quien acababa de volver al gabinete como Ministro de Defensa, lo interrumpió: “No, no, no. Sólo el arrojo de los judíos creó el Estado, y no alguna resolución “UM-shmum” [Naciones Unidas Nada].” La mayoría de la dirigencia israelí (Moshe Dayan, Shimon Peres, Golda Meir, Yigal Allon, e incluso Abba Eban) aceptaron la posición de Ben-Gurion: todo esto mucho antes de la resolución de la Asamblea General de la ONU de 1975 que equiparó el sionismo con el racismo. Esto simplemente suministró más alimento para un desprecio bien establecido de Naciones Unidas dentro de los círculos gobernantes de Israel. Cuando el Likud ganó las elecciones en 1977, sacó ventaja de la resolución de la ONU sobre el sionismo. Respondiendo a la primera invasión del Líbano en 1978, la ONU creó la Fuerza Interina de la ONU en el Líbano (UNIFIL) mediante la resolución 425. El gobierno israelí no le hizo caso alguno, invadiendo el país una vez más en 1982, y se quedó al sur del río Litani durante los dieciocho años siguientes – en desacato a la resolución 509 (1982) que exigía que las fuerzas israelíes se retiraran “de inmediato e incondicionalmente.” El primer ministro
Menachem Begin dijo a la prensa israelí que Naciones Unidas “no puede ser objetiva” porque “la mayoría de la Asamblea General de la ONU es definitivamente anti-Israel, y la mayoría de los miembros del Consejo de Seguridad ni siquiera mantienen relaciones diplomáticas con Israel.” Naciones Unidas, UM-shmum, no importa.
El personal olvidado
El 25 de julio de 2006, la fuerza aérea israelí atacó un puesto de observación de la ONU en Khiyam, el Líbano. Durante catorce bombardeos los trabajadores de la ONU en el puesto llamaron diez veces a su número de contacto israelí para informarles del ataque. Continuó durante seis horas. La ONU recuperó posteriormente los cuerpos de cuatro mantenedores de la paz de UNTSO (Organización de Supervisión de la Tregua de Naciones Unidas). El Secretario General de la ONU, Kofi Annan calificó el ataque de “aparentemente deliberado” lo que provocó la exasperación del Daniel Ayalon, embajador de Israel en EE.UU., quien dijo que Annan era “ultrajante.” No fue el único incidente. Dos otros miembros del personal de la ONU murieron en un ataque aéreo de la FAI contra Tiro el 26 de julio, y un total de otros doce funcionarios de la ONU fueron heridos en otros incidentes, algunos relacionados con ataques de Hezbolá. La investigación israelí encubrió el incidente, a pesar de que admitió que los aviones dispararon bombas de precisión contra el puesto de la ONU.
Entre 2006 y el actual ataque contra Gaza ha habido otros incidentes de ataques israelíes contra personal de la ONU. El 7 de mayo de 2008, por ejemplo, los militares israelíes penetraron en la ciudad de New Abasan, al este de Khan Yunis, en Gaza. Entraron a tiros a una casa, matando a Wafa Shaker el-Daghma, maestra de escuela de treinta y tres años que trabajaba en la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA). Sus tres hijos, (uno de ellos de tres años) estaban con ella cuando sucedió. La doctrina de fuerza excesiva es tan normal en las fuerzas armadas israelíes que esta muerte apenas provocó una reprimenda. La ONU hizo algún ruido, y los grupos de derechos humanos se quejaron de la violación del Artículo 33 de la Cuarta Convención de Ginebra (contra castigo colectivo) – pero Tel Aviv sonrió socarronamente. UM-shmum.
La actual guerra lleva el desdén a un nuevo nivel. Las violaciones generales contra la población civil son tan inmensas que el Relator Especial de Derechos Humanos de la ONU en los Territorios Ocupados, Richard Falk, señaló que el régimen israelí ha violado seriamente el derecho internacional mediante su acción de castigo colectivo, sus ataques contra civiles y su reacción militar desproporcionada. Es una “catástrofe humanitaria,” dijo Falk el 27 de diciembre. Las cosas han empeorado desde entonces. El 8 de enero, un tanque israelí disparó contra un convoy de la ONU, matando a un conductor. La ruta del convoy había sido coordinada con los militares israelíes para prevenir ese tipo de ataque. Esto ocurrió dos días después que fuerzas armadas israelíes bombardearon una escuela de la ONU en el campo de refugiados Jabaliya. John Ging, el jefe de UNRWA en Gaza, dijo: “Si [el gobierno israelí] nos da la autorización de actuar, es completa y totalmente inaceptable que sus soldados en el terreno disparen contra nuestros trabajadores de la ayuda.” La Cruz Roja también se retiró, al considerar imposible llegar a los civiles necesitados (en la aldea de Zeitoun hallaron a cuatro niños vivos, arrastrándose por sobre los cadáveres de civiles).
El 14 de enero, las fuerzas armadas israelíes bombardearon intensamente el complejo de la ONU en Gaza, hiriendo a tres y destruyendo suministros de emergencia de alimentos y medicinas. John Ging de UNRWA dijo airadamente a la prensa: “Tuvimos una experiencia de primera mano hoy en este complejo de la ONU de lo que ha estado viviendo a diario la pobre gente de Gaza durante los últimos veinte días y noches.” Los edificios en el complejo se incendiaron casi de inmediato después de ser alcanzados, y el fuego liberó un humo blanco. “Parecía fósforo,” dijo Ging. “Olía como fósforo y ardía como fósforo.” El uso de fósforo blanco no está prohibido técnicamente por la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales (1980) o la Convención de Armas Químicas (1997), pero muchos consideran a pesar de ello que el uso de esa arma inflamatoria (como el napalm) es inmoral. El ministro de defensa israelí Ehud Barak se disculpó ante el Secretario General de la ONU Ban ki-Moon, diciendo que el ataque fue “un grave error.” Pero horas más tarde, el primer ministro israelí insinuó que Hamas había atacado desde dentro del complejo y que el ataque fue deliberado. Ging dijo que no había combatientes dentro del complejo, y que el contacto de la UNRWA dentro del ejército israelí no respondió a los diversos mensajes enviados durante el ataque.
Palestina no es el único sitio en el que son muertos mantenedores de la paz y personal civil de la ONU. Cada año, la ONU informa sobre la pérdida de vidas de su personal que trabaja valerosamente en zonas de conflicto. Expertos del Centro de Estudios para Refugiados y Desastres (Johns Hopkins School of Hygiene and Public Health) estudió los antecedentes de la ONU mantenidos por el Coordinador de Seguridad de la ONU, el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, así como otras agencias humanitarias, y estableció que más de dos tercios de los colaboradores fueron muertos en actos de “violencia intencional” (publicado en BMJ en julio de 2000). Durante los años noventa, la mayor parte de las muertes tuvieron lugar en Ruanda, Somalia, Burundi y Afganistán – sitios donde el “gobierno anfitrión” ya no funciona efectivamente, donde el extremo caos significa que el vigor de la ley ya no es operacional. Los ataques israelíes son de naturaleza diferente. Estamos ante un miembro de la ONU, cuyos ejércitos están bajo control civil, y sin embargo ataca de modo bastante flagrante posiciones de la ONU. No es un incidente u otro, sino un modelo de menosprecio por la ONU y por sus empleados, a los que Kofi Annan llamó “el personal olvidado.”
El Ejército de la Paz de Bunche
El 14 de junio de 1947, Ralph Bunche llegó a Palestina. Nacido en una familia afro-estadounidense de grandes talentos, Bunche fue a la UCLA y a Harvard, hizo investigación innovadora sobre el colonialismo francés y el anticolonialismo africano. Un puesto en Howard no lo detuvo, ya que fue llevado rápidamente a Naciones Unidas, donde el Secretario General se apresuró a enviarlo para ayudar al Comité Especial sobre Palestina (UNSCOP) a establecer qué hacer con los británicos (que gobernaban el mandato), los judíos (cuyo número había comenzado a aumentar mediante la migración de Europa y otros sitios) y los palestinos (que habían comenzado a ser desplazados de sus tierras ancestrales). A Bunch lo sobresaltó la atmósfera de Jerusalén. “Los británicos están por doquier y todos llevan armas. Cuando vas por las calles te detienen constantemente centinelas y centros de control y exigen que muestres tu pasaporte. Los edificios están rodeados por alambradas de púas, búnkeres y abundan los bloques de ruta.” Bunche y UNSCOP tuvieron que moverse entre opiniones divergentes del centrista Chaim Weizmann y terroristas como Menachem Begin, entre los británicos y los palestinos. Las cosas no eran fáciles. Después dos semanas de trabajo, Bunche escribió en su diario: “Una cosa parece segura: este problema no puede ser resuelto sobre la base de justicia abstracta, histórica u otra. La realidad es que tanto árabes como judíos están aquí y quieren quedarse. Por ello, en cualquier ‘solución’ algún grupo, o por lo menos su reivindicación, va a ser afectado. El peligro en todo acuerdo es que se desarrolle un sistema de castas en el que los árabes subdesarrollados sean la casta inferior.”
UNSCOP jugó un papel importante al sacar a los británicos de la ecuación, un hecho que Ben Gurion disputó años después. Los británicos se fueron en mayo de 1948, y la guerra civil saludó la creación del Estado de Israel. La persona principal de la ONU, el conde Folke Bernadotte, actuó rápidamente para negociar un cese al fuego. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución al efecto. Ben Gurion y su gabinete querían la ventaja militar. Pero Bernadotte se mantuvo firme. El cese al fuego entró en efecto el 11 de junio, y Bunche y su equipo de irregulares de la ONU crearon un grupo improvisado de mantenedores de la paz (pintaron apresuradamente de blanco sus coches, con ONU escrito en grandes letras negras – ha sido costumbre desde entonces). Bunche y Bernadotte se esforzaron por mantener el cese al fuego en operación. Bernadotte escribió un informe sobre la situación, desafiando a la comunidad internacional a que viera si “está dispuesta a tolerar el recurso a la fuerza armada como medio para solucionar el problema de Palestina.” El conde Bernadotte, el hombre de la ONU en Palestina, fue asesinado mientras conducía por Jerusalén el 17 de septiembre, por miembros de la Banda Stern. El asesinato de Bernadotte fue autorizado por la troika que dirigía la Banda Stern: Yitzhak Yernitsky, quien fue conocido posteriormente como Yitzhak Shamir, primer ministro de Israel de 1983-1984; Nathan Friedman-Yellin, posteriormente conocido como Nathan Yellin-Mor, quien se convirtió en pacifista en sus últimos años;
Israel Sheib, conocido más tarde como Israel Eldad, siguió siendo un nacionalista de derecha convencido, a cuyo funeral en 1996 asistieron los primeros ministros Benjamin Netanyahu y Yitzhak Shamir, y el presidente del Knesset [parlamento israelí] Dov Shilansky.
El perpetrador material del asesinato fue Yehoshua Cohen, quien fue después un estrecho amigo de Ben Gurion. Cohen es un personaje celebrado en muchos sectores (tiene su hagiografía, “The Prince of Jerusalem,” publicada en 2006, escrita por Ofer Regev). Bunche se hizo cargo, e impuso un cese al fuego a comienzos de 1949. El año siguiente, Bunche obtuvo el Premio Nobel de la Paz, como primera persona de ascendencia africana en obtener esa honra.
En Oslo, en su discurso, Bunche presentó una visión para Naciones Unidas: “En último análisis, la prueba de fuego para una voluntad genuina de paz es la disposición de las partes en disputa de exponer sus diferencias a los procesos pacíficos de Naciones Unidas y al tribunal de la opinión pública internacional que refleja Naciones Unidas. Sólo de esta manera la verdad, la razón, y la justicia pueden llegar a prevalecer sobre la voz chillona y bramante de la propaganda; para que se pueda cultivar una moralidad internacional íntegra.” Fue un punto de vista desdeñado por Tel Aviv que, en 1967 se involucró en hostilidades, para tribulación de Bunche. Entonces le preocupó que “el gran éxito militar de Israel seguramente reforzará la posición tradicional de ese país de que las relaciones entre Israel y sus vecinos árabes deberían ser abandonadas a negociaciones y arreglos directos sin la intervención de alguna tercera parte (es decir la ONU).” Fue profético, como lo vemos después de la entrada del Likud a 3, Kaplan Street en Jerusalén.
En 1951, Bunche dio una conferencia en el National War College con el título “Review and Appraisal of Israeli-Arab Relations” [Examen y evaluación de las relaciones israelí-árabes]. Es una conferencia escrupulosa, en la que se filtran sólo una vez las emociones de Bunche: “Las verdaderas víctimas de todo este conflicto – y han sido victimizadas sucesivamente cada vez más en cada etapa – han sido los árabes de Palestina. Son los que han sufrido. Los judíos no han sufrido mucho como resultado del conflicto. De hecho, les va mejor hoy de lo que les iba antes de que comenzara. Los pueblos de los Estados árabes circunvecinos no han sufrido por el conflicto. Todo ha sido descargado sobre los árabes de Palestina.” Y sigue siendo así. Mil muertos no excitan las cuerdas vocales del nuevo presidente, la primera persona de ascendencia africana en el puesto, cuyo compromiso con la seguridad de Israel por sobre todo lo demás debilita cualquier resolución de la ONU.
El 15 de enero de 2009, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, se reunió con la Ministra de Exteriores de Israel, y aspirante al puesto de Primer Ministro, Tzipi Livni. Ban Ki-Moon casi imploró que Israel cumpliera con la tímida resolución 1860 de la ONU, redactada por el Reino Unido y aprobada por el Consejo de Seguridad por 14-0 (con la abstención de EE.UU.). Livni hizo caso omiso de su ruego. “En Israel hacemos nuestra propia evaluación a diario,” dijo, “y decidiremos cuando detenernos sobre la base de esa evaluación.” UM-shmum.
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Vijay Prashad es presidente George and Martha Kellner de Historia del Sur de Asia y Director de Estudios Internacionales en Trinity College, Hartford, CT Su nuevo libro es “The Darker Nations: A People's History of the Third World,” New York: The New Press, 2007. Para contactos escriba a: vijay.prashad@trincoll.edu
CounterPunch
Traducido para Rebelión por Germán Leyens
Para C. M. Naim.
¡UM-Shmum! ([argot israelí] ONU = 0).
El desdén israelí por Naciones Unidas comienza en los años cuarenta y continúa hasta la fecha. El 29 de marzo de 1955, el gabinete israelí sesionó durante seis horas, discutiendo si invadir la Franja de Gaza (entonces bajo control egipcio) para reducir los ataques a través de la frontera. El primer ministro Moshe Sharett señaló que la resolución 181 (de 1947) de Naciones Unidas creó Israel. David Ben-Gurion, quien acababa de volver al gabinete como Ministro de Defensa, lo interrumpió: “No, no, no. Sólo el arrojo de los judíos creó el Estado, y no alguna resolución “UM-shmum” [Naciones Unidas Nada].” La mayoría de la dirigencia israelí (Moshe Dayan, Shimon Peres, Golda Meir, Yigal Allon, e incluso Abba Eban) aceptaron la posición de Ben-Gurion: todo esto mucho antes de la resolución de la Asamblea General de la ONU de 1975 que equiparó el sionismo con el racismo. Esto simplemente suministró más alimento para un desprecio bien establecido de Naciones Unidas dentro de los círculos gobernantes de Israel. Cuando el Likud ganó las elecciones en 1977, sacó ventaja de la resolución de la ONU sobre el sionismo. Respondiendo a la primera invasión del Líbano en 1978, la ONU creó la Fuerza Interina de la ONU en el Líbano (UNIFIL) mediante la resolución 425. El gobierno israelí no le hizo caso alguno, invadiendo el país una vez más en 1982, y se quedó al sur del río Litani durante los dieciocho años siguientes – en desacato a la resolución 509 (1982) que exigía que las fuerzas israelíes se retiraran “de inmediato e incondicionalmente.” El primer ministro
Menachem Begin dijo a la prensa israelí que Naciones Unidas “no puede ser objetiva” porque “la mayoría de la Asamblea General de la ONU es definitivamente anti-Israel, y la mayoría de los miembros del Consejo de Seguridad ni siquiera mantienen relaciones diplomáticas con Israel.” Naciones Unidas, UM-shmum, no importa.
El personal olvidado
El 25 de julio de 2006, la fuerza aérea israelí atacó un puesto de observación de la ONU en Khiyam, el Líbano. Durante catorce bombardeos los trabajadores de la ONU en el puesto llamaron diez veces a su número de contacto israelí para informarles del ataque. Continuó durante seis horas. La ONU recuperó posteriormente los cuerpos de cuatro mantenedores de la paz de UNTSO (Organización de Supervisión de la Tregua de Naciones Unidas). El Secretario General de la ONU, Kofi Annan calificó el ataque de “aparentemente deliberado” lo que provocó la exasperación del Daniel Ayalon, embajador de Israel en EE.UU., quien dijo que Annan era “ultrajante.” No fue el único incidente. Dos otros miembros del personal de la ONU murieron en un ataque aéreo de la FAI contra Tiro el 26 de julio, y un total de otros doce funcionarios de la ONU fueron heridos en otros incidentes, algunos relacionados con ataques de Hezbolá. La investigación israelí encubrió el incidente, a pesar de que admitió que los aviones dispararon bombas de precisión contra el puesto de la ONU.
Entre 2006 y el actual ataque contra Gaza ha habido otros incidentes de ataques israelíes contra personal de la ONU. El 7 de mayo de 2008, por ejemplo, los militares israelíes penetraron en la ciudad de New Abasan, al este de Khan Yunis, en Gaza. Entraron a tiros a una casa, matando a Wafa Shaker el-Daghma, maestra de escuela de treinta y tres años que trabajaba en la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA). Sus tres hijos, (uno de ellos de tres años) estaban con ella cuando sucedió. La doctrina de fuerza excesiva es tan normal en las fuerzas armadas israelíes que esta muerte apenas provocó una reprimenda. La ONU hizo algún ruido, y los grupos de derechos humanos se quejaron de la violación del Artículo 33 de la Cuarta Convención de Ginebra (contra castigo colectivo) – pero Tel Aviv sonrió socarronamente. UM-shmum.
La actual guerra lleva el desdén a un nuevo nivel. Las violaciones generales contra la población civil son tan inmensas que el Relator Especial de Derechos Humanos de la ONU en los Territorios Ocupados, Richard Falk, señaló que el régimen israelí ha violado seriamente el derecho internacional mediante su acción de castigo colectivo, sus ataques contra civiles y su reacción militar desproporcionada. Es una “catástrofe humanitaria,” dijo Falk el 27 de diciembre. Las cosas han empeorado desde entonces. El 8 de enero, un tanque israelí disparó contra un convoy de la ONU, matando a un conductor. La ruta del convoy había sido coordinada con los militares israelíes para prevenir ese tipo de ataque. Esto ocurrió dos días después que fuerzas armadas israelíes bombardearon una escuela de la ONU en el campo de refugiados Jabaliya. John Ging, el jefe de UNRWA en Gaza, dijo: “Si [el gobierno israelí] nos da la autorización de actuar, es completa y totalmente inaceptable que sus soldados en el terreno disparen contra nuestros trabajadores de la ayuda.” La Cruz Roja también se retiró, al considerar imposible llegar a los civiles necesitados (en la aldea de Zeitoun hallaron a cuatro niños vivos, arrastrándose por sobre los cadáveres de civiles).
El 14 de enero, las fuerzas armadas israelíes bombardearon intensamente el complejo de la ONU en Gaza, hiriendo a tres y destruyendo suministros de emergencia de alimentos y medicinas. John Ging de UNRWA dijo airadamente a la prensa: “Tuvimos una experiencia de primera mano hoy en este complejo de la ONU de lo que ha estado viviendo a diario la pobre gente de Gaza durante los últimos veinte días y noches.” Los edificios en el complejo se incendiaron casi de inmediato después de ser alcanzados, y el fuego liberó un humo blanco. “Parecía fósforo,” dijo Ging. “Olía como fósforo y ardía como fósforo.” El uso de fósforo blanco no está prohibido técnicamente por la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales (1980) o la Convención de Armas Químicas (1997), pero muchos consideran a pesar de ello que el uso de esa arma inflamatoria (como el napalm) es inmoral. El ministro de defensa israelí Ehud Barak se disculpó ante el Secretario General de la ONU Ban ki-Moon, diciendo que el ataque fue “un grave error.” Pero horas más tarde, el primer ministro israelí insinuó que Hamas había atacado desde dentro del complejo y que el ataque fue deliberado. Ging dijo que no había combatientes dentro del complejo, y que el contacto de la UNRWA dentro del ejército israelí no respondió a los diversos mensajes enviados durante el ataque.
Palestina no es el único sitio en el que son muertos mantenedores de la paz y personal civil de la ONU. Cada año, la ONU informa sobre la pérdida de vidas de su personal que trabaja valerosamente en zonas de conflicto. Expertos del Centro de Estudios para Refugiados y Desastres (Johns Hopkins School of Hygiene and Public Health) estudió los antecedentes de la ONU mantenidos por el Coordinador de Seguridad de la ONU, el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, así como otras agencias humanitarias, y estableció que más de dos tercios de los colaboradores fueron muertos en actos de “violencia intencional” (publicado en BMJ en julio de 2000). Durante los años noventa, la mayor parte de las muertes tuvieron lugar en Ruanda, Somalia, Burundi y Afganistán – sitios donde el “gobierno anfitrión” ya no funciona efectivamente, donde el extremo caos significa que el vigor de la ley ya no es operacional. Los ataques israelíes son de naturaleza diferente. Estamos ante un miembro de la ONU, cuyos ejércitos están bajo control civil, y sin embargo ataca de modo bastante flagrante posiciones de la ONU. No es un incidente u otro, sino un modelo de menosprecio por la ONU y por sus empleados, a los que Kofi Annan llamó “el personal olvidado.”
El Ejército de la Paz de Bunche
El 14 de junio de 1947, Ralph Bunche llegó a Palestina. Nacido en una familia afro-estadounidense de grandes talentos, Bunche fue a la UCLA y a Harvard, hizo investigación innovadora sobre el colonialismo francés y el anticolonialismo africano. Un puesto en Howard no lo detuvo, ya que fue llevado rápidamente a Naciones Unidas, donde el Secretario General se apresuró a enviarlo para ayudar al Comité Especial sobre Palestina (UNSCOP) a establecer qué hacer con los británicos (que gobernaban el mandato), los judíos (cuyo número había comenzado a aumentar mediante la migración de Europa y otros sitios) y los palestinos (que habían comenzado a ser desplazados de sus tierras ancestrales). A Bunch lo sobresaltó la atmósfera de Jerusalén. “Los británicos están por doquier y todos llevan armas. Cuando vas por las calles te detienen constantemente centinelas y centros de control y exigen que muestres tu pasaporte. Los edificios están rodeados por alambradas de púas, búnkeres y abundan los bloques de ruta.” Bunche y UNSCOP tuvieron que moverse entre opiniones divergentes del centrista Chaim Weizmann y terroristas como Menachem Begin, entre los británicos y los palestinos. Las cosas no eran fáciles. Después dos semanas de trabajo, Bunche escribió en su diario: “Una cosa parece segura: este problema no puede ser resuelto sobre la base de justicia abstracta, histórica u otra. La realidad es que tanto árabes como judíos están aquí y quieren quedarse. Por ello, en cualquier ‘solución’ algún grupo, o por lo menos su reivindicación, va a ser afectado. El peligro en todo acuerdo es que se desarrolle un sistema de castas en el que los árabes subdesarrollados sean la casta inferior.”
UNSCOP jugó un papel importante al sacar a los británicos de la ecuación, un hecho que Ben Gurion disputó años después. Los británicos se fueron en mayo de 1948, y la guerra civil saludó la creación del Estado de Israel. La persona principal de la ONU, el conde Folke Bernadotte, actuó rápidamente para negociar un cese al fuego. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución al efecto. Ben Gurion y su gabinete querían la ventaja militar. Pero Bernadotte se mantuvo firme. El cese al fuego entró en efecto el 11 de junio, y Bunche y su equipo de irregulares de la ONU crearon un grupo improvisado de mantenedores de la paz (pintaron apresuradamente de blanco sus coches, con ONU escrito en grandes letras negras – ha sido costumbre desde entonces). Bunche y Bernadotte se esforzaron por mantener el cese al fuego en operación. Bernadotte escribió un informe sobre la situación, desafiando a la comunidad internacional a que viera si “está dispuesta a tolerar el recurso a la fuerza armada como medio para solucionar el problema de Palestina.” El conde Bernadotte, el hombre de la ONU en Palestina, fue asesinado mientras conducía por Jerusalén el 17 de septiembre, por miembros de la Banda Stern. El asesinato de Bernadotte fue autorizado por la troika que dirigía la Banda Stern: Yitzhak Yernitsky, quien fue conocido posteriormente como Yitzhak Shamir, primer ministro de Israel de 1983-1984; Nathan Friedman-Yellin, posteriormente conocido como Nathan Yellin-Mor, quien se convirtió en pacifista en sus últimos años;
Israel Sheib, conocido más tarde como Israel Eldad, siguió siendo un nacionalista de derecha convencido, a cuyo funeral en 1996 asistieron los primeros ministros Benjamin Netanyahu y Yitzhak Shamir, y el presidente del Knesset [parlamento israelí] Dov Shilansky.
El perpetrador material del asesinato fue Yehoshua Cohen, quien fue después un estrecho amigo de Ben Gurion. Cohen es un personaje celebrado en muchos sectores (tiene su hagiografía, “The Prince of Jerusalem,” publicada en 2006, escrita por Ofer Regev). Bunche se hizo cargo, e impuso un cese al fuego a comienzos de 1949. El año siguiente, Bunche obtuvo el Premio Nobel de la Paz, como primera persona de ascendencia africana en obtener esa honra.
En Oslo, en su discurso, Bunche presentó una visión para Naciones Unidas: “En último análisis, la prueba de fuego para una voluntad genuina de paz es la disposición de las partes en disputa de exponer sus diferencias a los procesos pacíficos de Naciones Unidas y al tribunal de la opinión pública internacional que refleja Naciones Unidas. Sólo de esta manera la verdad, la razón, y la justicia pueden llegar a prevalecer sobre la voz chillona y bramante de la propaganda; para que se pueda cultivar una moralidad internacional íntegra.” Fue un punto de vista desdeñado por Tel Aviv que, en 1967 se involucró en hostilidades, para tribulación de Bunche. Entonces le preocupó que “el gran éxito militar de Israel seguramente reforzará la posición tradicional de ese país de que las relaciones entre Israel y sus vecinos árabes deberían ser abandonadas a negociaciones y arreglos directos sin la intervención de alguna tercera parte (es decir la ONU).” Fue profético, como lo vemos después de la entrada del Likud a 3, Kaplan Street en Jerusalén.
En 1951, Bunche dio una conferencia en el National War College con el título “Review and Appraisal of Israeli-Arab Relations” [Examen y evaluación de las relaciones israelí-árabes]. Es una conferencia escrupulosa, en la que se filtran sólo una vez las emociones de Bunche: “Las verdaderas víctimas de todo este conflicto – y han sido victimizadas sucesivamente cada vez más en cada etapa – han sido los árabes de Palestina. Son los que han sufrido. Los judíos no han sufrido mucho como resultado del conflicto. De hecho, les va mejor hoy de lo que les iba antes de que comenzara. Los pueblos de los Estados árabes circunvecinos no han sufrido por el conflicto. Todo ha sido descargado sobre los árabes de Palestina.” Y sigue siendo así. Mil muertos no excitan las cuerdas vocales del nuevo presidente, la primera persona de ascendencia africana en el puesto, cuyo compromiso con la seguridad de Israel por sobre todo lo demás debilita cualquier resolución de la ONU.
El 15 de enero de 2009, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, se reunió con la Ministra de Exteriores de Israel, y aspirante al puesto de Primer Ministro, Tzipi Livni. Ban Ki-Moon casi imploró que Israel cumpliera con la tímida resolución 1860 de la ONU, redactada por el Reino Unido y aprobada por el Consejo de Seguridad por 14-0 (con la abstención de EE.UU.). Livni hizo caso omiso de su ruego. “En Israel hacemos nuestra propia evaluación a diario,” dijo, “y decidiremos cuando detenernos sobre la base de esa evaluación.” UM-shmum.
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Vijay Prashad es presidente George and Martha Kellner de Historia del Sur de Asia y Director de Estudios Internacionales en Trinity College, Hartford, CT Su nuevo libro es “The Darker Nations: A People's History of the Third World,” New York: The New Press, 2007. Para contactos escriba a: vijay.prashad@trincoll.edu
19 enero 2009
EL TIEMPO DE LOS JUSTOS
El tiempo de los justos (Tomado de EL CORRESPONSAL)
Lanzamos bombas sobre edificios residenciales y luego tratamos a los heridos en Ichilov; bombardeamos reducidos refugios en escuelas de las Naciones Unidas y luego rehabilitamos a los discapacitados en Beit Lewinstein. Les disparamos y luego lloramos, los asesinamos y luego nos lamentamos, despedazaremos mujeres y niños como máquinas de muerte automática y también preservaremos nuestra dignidad.
Por Gideon Levy
Esta guerra, quizás más que las que la precedieron, está exponiendo las verdaderas venas profundas de la sociedad israelí. El odio y el racismo están impulsando sus mentes, así como el impulso de venganza y la sed de sangre. La "inclinación del comandante" en las Fuerzas de defensa de Israel es ahora "matar cuantos sea posible", como lo describen los corresponsales militares en televisión. Y aún si la referencia es a luchadores de Hamas, esta inclinación es espeluznante.
La desbordada agresión y brutalidad se justifican como "ejercicio de prudencia": el terrorífico balance de sangre-cerca de 100 palestinos muertos por cada israelí muerto, no despierta ninguna interrogante, como si hubiésemos decidido que su sangre vale una centésima parte de la nuestra, como reconocimiento a nuestro racismo inherente.
Derechistas, nacionalistas, chauvinistas y militaristas son las únicas tónicas legítimas aquí en casa. No nos molesten con humanismo y compasión. Sólo marginalmente se puede escuchar alguna voz de protesta -ilegítima, ostracizada e ignorada por la cobertura de los medios- por parte de un reducido, pero valiente grupo de judíos y árabes. Al lado de ésta, otra voz suena, quizás la peor de todas: la voz de los "justos" e hipócritas. Mi colega Ari Shavit parece ser su más elocuente vocero. Esta semana, Shavit escribió aquí ("Israel debe duplicar, triplicar, cuadruplicar su ayuda médica a Gaza," Haaretz, enero 7): "La ofensiva israelí en Gaza es justificada.... Sólo una inmediata y generosa iniciativa humanitaria probaría que aún durante la brutal guerra a que nos han forzado recordamos que hay seres humanos en el otro bando"
Para Shavit, quien defiende esta guerra e insiste en que no debe perderse, el precio es irrelevante, así como el hecho de que no haya victorias en guerras tan injustas. Y se atreve a hablar de humanismo en el mismo texto.
¿Deseará Shavit que matemos y matemos, y luego vayamos a instalar hospitales de campaña y mandemos medicinas para atender a los heridos? Él sabe que una guerra contra una población indefensa, quizás la más indefensa del mundo, que no tiene adonde escapar, sólo puede ser cruel y despreciable. Pero estos tipos siempre quieren salir de ella luciendo bien. Lanzamos bombas sobre edificios residenciales y luego tratamos a los heridos en Ichilov; bombardeamos reducidos refugios en escuelas de las Naciones Unidas y luego rehabilitamos a los discapacitados en Beit Lewinstein. Les disparamos y luego lloramos, los asesinamos y luego nos lamentamos, despedazaremos mujeres y niños como máquinas de muerte automática y también preservaremos nuestra dignidad.
El problema es que esto no funciona de esa manera. Esto es una asquerosa hipocresía y autojustificación. Aquellos que hacen los más incendiarios llamados para más y más violencia sin considerar las consecuencias son por lo menos más honestos al respecto.
No se puede tener razón en los dos frentes. La única "pureza" en esta guerra es la de "purificarnos de los terroristas", que en realidad significa sembrar horrendas tragedias. Lo que acontece en Gaza no es un desastre natural, un terremoto o una inundación, en cuyo caso sería nuestro deber y derecho extender una mano con ayuda, enviar escuadrones de rescate, como tanto amamos hacer. De la peor suerte, todos los desastres que ocurren en Gaza son producto del hombre - de nosotros. No se puede ofrecer ayuda con las manos ensangrentadas. La compasión no brota de la brutalidad.
Aún así, hay quienes desean ganar en ambos frentes. Matar y destruir indiscriminadamente y salir de ello luciendo bien y con una conciencia limpia. Seguir cometiendo crímenes de guerra sin sentido alguno de la pesada culpa que debería acompañarlos. Hay que tener riñones. Quienquiera que justifique esta guerra justifica también sus crímenes. Quienquiera que predique a favor de esta guerra y crea en la legitimidad de los asesinatos en masas siendo cometidos no tiene ningún derecho para hablar sobre moralidad y humanismo. No hay tal cosa como matar y cuidar simultáneamente. Esta actitud es una representación fehaciente del básico sentimiento dual israelí que ha estado con nosotros desde siempre: cometer injusticias y vernos puros en nuestros ojos. Matar, demoler, hambrear, meter en prisión y humillar – y estar en lo correcto, sin mencionar ser justos. Los justos propiciadores de guerras no podrán permitirse estos lujos.
Todos los que justifican esta guerra justifican también todos sus crímenes. Todos los que la vean como una guerra defensiva deberán cargar la responsabilidad moral por sus consecuencias. Todos los que ahora aupan a los políticos y a los militares a continuar deberán llevar impresa en sus frentes la marca de Caín luego de la guerra. Todos los que apoyan la guerra apoyan también el horror.
La fuente: El autor es columnista del diario israelí Haaretz (Tel Aviv). La traducción del inglés pertenece a Franco Munini para Tlaxcala, la red de traductores para la diversidad lingüística.
Lanzamos bombas sobre edificios residenciales y luego tratamos a los heridos en Ichilov; bombardeamos reducidos refugios en escuelas de las Naciones Unidas y luego rehabilitamos a los discapacitados en Beit Lewinstein. Les disparamos y luego lloramos, los asesinamos y luego nos lamentamos, despedazaremos mujeres y niños como máquinas de muerte automática y también preservaremos nuestra dignidad.
Por Gideon Levy
Esta guerra, quizás más que las que la precedieron, está exponiendo las verdaderas venas profundas de la sociedad israelí. El odio y el racismo están impulsando sus mentes, así como el impulso de venganza y la sed de sangre. La "inclinación del comandante" en las Fuerzas de defensa de Israel es ahora "matar cuantos sea posible", como lo describen los corresponsales militares en televisión. Y aún si la referencia es a luchadores de Hamas, esta inclinación es espeluznante.
La desbordada agresión y brutalidad se justifican como "ejercicio de prudencia": el terrorífico balance de sangre-cerca de 100 palestinos muertos por cada israelí muerto, no despierta ninguna interrogante, como si hubiésemos decidido que su sangre vale una centésima parte de la nuestra, como reconocimiento a nuestro racismo inherente.
Derechistas, nacionalistas, chauvinistas y militaristas son las únicas tónicas legítimas aquí en casa. No nos molesten con humanismo y compasión. Sólo marginalmente se puede escuchar alguna voz de protesta -ilegítima, ostracizada e ignorada por la cobertura de los medios- por parte de un reducido, pero valiente grupo de judíos y árabes. Al lado de ésta, otra voz suena, quizás la peor de todas: la voz de los "justos" e hipócritas. Mi colega Ari Shavit parece ser su más elocuente vocero. Esta semana, Shavit escribió aquí ("Israel debe duplicar, triplicar, cuadruplicar su ayuda médica a Gaza," Haaretz, enero 7): "La ofensiva israelí en Gaza es justificada.... Sólo una inmediata y generosa iniciativa humanitaria probaría que aún durante la brutal guerra a que nos han forzado recordamos que hay seres humanos en el otro bando"
Para Shavit, quien defiende esta guerra e insiste en que no debe perderse, el precio es irrelevante, así como el hecho de que no haya victorias en guerras tan injustas. Y se atreve a hablar de humanismo en el mismo texto.
¿Deseará Shavit que matemos y matemos, y luego vayamos a instalar hospitales de campaña y mandemos medicinas para atender a los heridos? Él sabe que una guerra contra una población indefensa, quizás la más indefensa del mundo, que no tiene adonde escapar, sólo puede ser cruel y despreciable. Pero estos tipos siempre quieren salir de ella luciendo bien. Lanzamos bombas sobre edificios residenciales y luego tratamos a los heridos en Ichilov; bombardeamos reducidos refugios en escuelas de las Naciones Unidas y luego rehabilitamos a los discapacitados en Beit Lewinstein. Les disparamos y luego lloramos, los asesinamos y luego nos lamentamos, despedazaremos mujeres y niños como máquinas de muerte automática y también preservaremos nuestra dignidad.
El problema es que esto no funciona de esa manera. Esto es una asquerosa hipocresía y autojustificación. Aquellos que hacen los más incendiarios llamados para más y más violencia sin considerar las consecuencias son por lo menos más honestos al respecto.
No se puede tener razón en los dos frentes. La única "pureza" en esta guerra es la de "purificarnos de los terroristas", que en realidad significa sembrar horrendas tragedias. Lo que acontece en Gaza no es un desastre natural, un terremoto o una inundación, en cuyo caso sería nuestro deber y derecho extender una mano con ayuda, enviar escuadrones de rescate, como tanto amamos hacer. De la peor suerte, todos los desastres que ocurren en Gaza son producto del hombre - de nosotros. No se puede ofrecer ayuda con las manos ensangrentadas. La compasión no brota de la brutalidad.
Aún así, hay quienes desean ganar en ambos frentes. Matar y destruir indiscriminadamente y salir de ello luciendo bien y con una conciencia limpia. Seguir cometiendo crímenes de guerra sin sentido alguno de la pesada culpa que debería acompañarlos. Hay que tener riñones. Quienquiera que justifique esta guerra justifica también sus crímenes. Quienquiera que predique a favor de esta guerra y crea en la legitimidad de los asesinatos en masas siendo cometidos no tiene ningún derecho para hablar sobre moralidad y humanismo. No hay tal cosa como matar y cuidar simultáneamente. Esta actitud es una representación fehaciente del básico sentimiento dual israelí que ha estado con nosotros desde siempre: cometer injusticias y vernos puros en nuestros ojos. Matar, demoler, hambrear, meter en prisión y humillar – y estar en lo correcto, sin mencionar ser justos. Los justos propiciadores de guerras no podrán permitirse estos lujos.
Todos los que justifican esta guerra justifican también todos sus crímenes. Todos los que la vean como una guerra defensiva deberán cargar la responsabilidad moral por sus consecuencias. Todos los que ahora aupan a los políticos y a los militares a continuar deberán llevar impresa en sus frentes la marca de Caín luego de la guerra. Todos los que apoyan la guerra apoyan también el horror.
La fuente: El autor es columnista del diario israelí Haaretz (Tel Aviv). La traducción del inglés pertenece a Franco Munini para Tlaxcala, la red de traductores para la diversidad lingüística.
"¡MENTIRA! ¡MENTIRA! ¡NO TIENE PERDON!"
TODO: Aunque vivo en este país, al que llegué por falta de otra posibilidad de salida (la alternativa era quedarnos en la cárcel de Devoto y Resistencia), no tengo nada nuevo para comentar. Ya he dicho todo desde todos los ángulos posibles. Agregaré que los discursos de Olmert y Barak del último sábado a la noche anunciando la "decisión de detener unilateralmente el fuego" es en verdad una burda mentira, una provocación apoyada por los gobernantes de los países europeos, confabulados con Israel para destruir no sólo al Hamás si no a todo el pueblo palestino. Gelman no ha innovado y le falta un detalle importante. La mayoría del pueblo israelí comparte ese punto de vista. Andrés Aldao
Por Juan Gelman
Es un verso del tango "Mentira", que Celedonio Flores y Francisco Pracánico compusieron en 1932. Carlos Gardel lo cantaba sin falsa emoción y sin el teatro que propinan hoy algunos tangueros. Se trata, claro, de un hombre que apostrofa a la mujer que lo engañaba y no por eso se privaba de llorar de amor en sus brazos. La frase es desde entonces, y aun antes, aplicable a numerosos políticos y gobiernos del mundo. Por ejemplo, al gobierno israelí y a su primer ministro, Ehud Olmert.
Llevan a cabo en Gaza una matanza que ha causado ya la muerte de casi mil palestinos y miles de heridos: un 60 por ciento eran o son civiles y casi 300 fueron niños. El pretexto: defensa propia en razón de los continuos ataques con misiles de Hamas. La verdad: "Cualquiera que observe con honestidad el desarrollo de los acontecimientos en los dos últimos meses descubrirá que los (cohetes) Kasam tienen un contexto. Fueron casi siempre arrojados después de operativos de asesinato de las FDI, y de éstos hubo muchos. La pregunta de quién empezó no es infantil en este contexto. Las FDI volvieron a las operaciones de exterminio y en gran escala. Y su consecuencia fue el incremento de los disparos de Kasam". Este análisis puede leerse en el diario israelí "Ha'aretz" del 9 de febrero de 2007. Está firmado por Gideon Levy, el periodista también israelí que Vargas Llosa elogió por su valentía intelectual.
Otra del gobierno Olmert: Hamas no respetó la tregua acordada a mediados de junio de 2008 que expiraba en diciembre. La verdad: tropas israelíes la rompieron el 4 de noviembre irrumpiendo en Gaza y matando a seis palestinos (www.guardian.co.uk, 5-11-08). Las FDI volvieron a romper la tregua el 17 de noviembre matando a un líder de Hamas. La respuesta palestina: más Kasam. Y luego: Tel Aviv no se cansa de repetir que Hamas usa escudos humanos para combatir a las FDI. Parece que es al revés. Un comunicado de Amnesty International detalla: "Nuestras fuentes en Gaza informan que soldados israelíes han entrado y tomado posición en varios hogares palestinos, obligando a las familias a permanecer en la planta baja mientras ellos usan el resto de sus casas como base militar y en posición de francotiradores" (www.amnesty.org, 7-1-09).
La Franja de Gaza contiene en sus 360 kilómetros cuadrados a una población de casi millón y medio de palestinos. Si los cohetes de Hamas llegaran a Tel Aviv y alcanzaran el barrio residencial donde está ubicado el Ministerio de Defensa israelí, ¿sería justo decir que Israel usa escudos humanos para defenderse de los Kasam? Vaya una observación interesante de Malcolm Smart, miembro del Programa de Amnesty para el Medio Oriente y el norte de Africa: "El ejército israelí tiene plena conciencia de que los tiradores palestinos suelen abandonar el lugar después de haber disparado. Cualquier ataque de represalia contra esas casas dañará a los civiles, no a los tiradores, en la mayoría de los casos". El comunicado de Amnesty agrega que la ocupación de casas palestinas por soldados israelíes ha sido una práctica frecuente en el pasado y que "en otros casos, han obligado a civiles palestinos, a punta de fusil, a entrar delante de ellos en los edificios donde temían que pudiera producirse un ataque".
El gobierno Olmert justificó el bombardeo de una escuela de la ONU instalada en el campo de refugiados de Jabaliya arguyendo que desde allí habían hecho fuego contra sus efectivos. Después de unos días, tuvo que rectificar: las FDI habían cañoneado sin más trámite a quienes se guarecían en la escuela, matando a 40 civiles. Lo mismo sucedió ¬entre otros¬ con el ataque a un camión que transportaba gas y no Kasam, como Tel Aviv adujo al principio. En verdad, Israel desató una guerra de exterminio.
"¿Sucede acaso que esta guerra es el laboratorio de los fabricantes de muerte? ¿Acaso es posible que en el siglo XXI se pueda encerrar a un millón y medio de personas y hacer de ellas todo lo que se quiera llamándolos terroristas?". Es una pregunta que formularon los médicos noruegos Mads Gilbert y Erik Fosse ¬hace 20 años que prestan asistencia en Gaza como miembros de la ONG Norwac¬ al salir de la Franja vía Egipto ("Le Monde", 12-1-09). Habían atendido a "víctimas de lo que tenemos todas las razones para pensar que se trata de un nuevo tipo de arma, ensayada por los estadounidenses, conocida con el acrónimo DIME (Explosivo de Metal Inerte Denso)". Los DIME son poderosos, su radio de acción es de 10 metros, a quien está a tres metros de la explosión le parten el cuerpo en dos, a los ocho, le cortan limpiamente las piernas.
Human Rights Watch ha denunciado el posible empleo de bombas de fósforo blanco contra los palestinos. Son de uso militar permitido para crear cortinas de humo, pero no en zonas pobladas, según establece el convenio de la ONU sobre armas convencionales (www.hrw.org, 10-1-09). Preguntado al respecto, el mayor israelí Avital Leibovitch aseguró que las FDI "no utilizan armas que el derecho internacional prohíbe. Otras naciones usan bombas de fósforo y tenemos el derecho a no hacer comentarios sobre el tema". Es cierto, las FDI tienen ese derecho. Y los palestinos, el derecho a no ser desollados vivos. Ni siquiera a ritmo de tango.
Exclusivo en Uruguay para LA REPUBLICA
Por Juan Gelman
Es un verso del tango "Mentira", que Celedonio Flores y Francisco Pracánico compusieron en 1932. Carlos Gardel lo cantaba sin falsa emoción y sin el teatro que propinan hoy algunos tangueros. Se trata, claro, de un hombre que apostrofa a la mujer que lo engañaba y no por eso se privaba de llorar de amor en sus brazos. La frase es desde entonces, y aun antes, aplicable a numerosos políticos y gobiernos del mundo. Por ejemplo, al gobierno israelí y a su primer ministro, Ehud Olmert.
Llevan a cabo en Gaza una matanza que ha causado ya la muerte de casi mil palestinos y miles de heridos: un 60 por ciento eran o son civiles y casi 300 fueron niños. El pretexto: defensa propia en razón de los continuos ataques con misiles de Hamas. La verdad: "Cualquiera que observe con honestidad el desarrollo de los acontecimientos en los dos últimos meses descubrirá que los (cohetes) Kasam tienen un contexto. Fueron casi siempre arrojados después de operativos de asesinato de las FDI, y de éstos hubo muchos. La pregunta de quién empezó no es infantil en este contexto. Las FDI volvieron a las operaciones de exterminio y en gran escala. Y su consecuencia fue el incremento de los disparos de Kasam". Este análisis puede leerse en el diario israelí "Ha'aretz" del 9 de febrero de 2007. Está firmado por Gideon Levy, el periodista también israelí que Vargas Llosa elogió por su valentía intelectual.
Otra del gobierno Olmert: Hamas no respetó la tregua acordada a mediados de junio de 2008 que expiraba en diciembre. La verdad: tropas israelíes la rompieron el 4 de noviembre irrumpiendo en Gaza y matando a seis palestinos (www.guardian.co.uk, 5-11-08). Las FDI volvieron a romper la tregua el 17 de noviembre matando a un líder de Hamas. La respuesta palestina: más Kasam. Y luego: Tel Aviv no se cansa de repetir que Hamas usa escudos humanos para combatir a las FDI. Parece que es al revés. Un comunicado de Amnesty International detalla: "Nuestras fuentes en Gaza informan que soldados israelíes han entrado y tomado posición en varios hogares palestinos, obligando a las familias a permanecer en la planta baja mientras ellos usan el resto de sus casas como base militar y en posición de francotiradores" (www.amnesty.org, 7-1-09).
La Franja de Gaza contiene en sus 360 kilómetros cuadrados a una población de casi millón y medio de palestinos. Si los cohetes de Hamas llegaran a Tel Aviv y alcanzaran el barrio residencial donde está ubicado el Ministerio de Defensa israelí, ¿sería justo decir que Israel usa escudos humanos para defenderse de los Kasam? Vaya una observación interesante de Malcolm Smart, miembro del Programa de Amnesty para el Medio Oriente y el norte de Africa: "El ejército israelí tiene plena conciencia de que los tiradores palestinos suelen abandonar el lugar después de haber disparado. Cualquier ataque de represalia contra esas casas dañará a los civiles, no a los tiradores, en la mayoría de los casos". El comunicado de Amnesty agrega que la ocupación de casas palestinas por soldados israelíes ha sido una práctica frecuente en el pasado y que "en otros casos, han obligado a civiles palestinos, a punta de fusil, a entrar delante de ellos en los edificios donde temían que pudiera producirse un ataque".
El gobierno Olmert justificó el bombardeo de una escuela de la ONU instalada en el campo de refugiados de Jabaliya arguyendo que desde allí habían hecho fuego contra sus efectivos. Después de unos días, tuvo que rectificar: las FDI habían cañoneado sin más trámite a quienes se guarecían en la escuela, matando a 40 civiles. Lo mismo sucedió ¬entre otros¬ con el ataque a un camión que transportaba gas y no Kasam, como Tel Aviv adujo al principio. En verdad, Israel desató una guerra de exterminio.
"¿Sucede acaso que esta guerra es el laboratorio de los fabricantes de muerte? ¿Acaso es posible que en el siglo XXI se pueda encerrar a un millón y medio de personas y hacer de ellas todo lo que se quiera llamándolos terroristas?". Es una pregunta que formularon los médicos noruegos Mads Gilbert y Erik Fosse ¬hace 20 años que prestan asistencia en Gaza como miembros de la ONG Norwac¬ al salir de la Franja vía Egipto ("Le Monde", 12-1-09). Habían atendido a "víctimas de lo que tenemos todas las razones para pensar que se trata de un nuevo tipo de arma, ensayada por los estadounidenses, conocida con el acrónimo DIME (Explosivo de Metal Inerte Denso)". Los DIME son poderosos, su radio de acción es de 10 metros, a quien está a tres metros de la explosión le parten el cuerpo en dos, a los ocho, le cortan limpiamente las piernas.
Human Rights Watch ha denunciado el posible empleo de bombas de fósforo blanco contra los palestinos. Son de uso militar permitido para crear cortinas de humo, pero no en zonas pobladas, según establece el convenio de la ONU sobre armas convencionales (www.hrw.org, 10-1-09). Preguntado al respecto, el mayor israelí Avital Leibovitch aseguró que las FDI "no utilizan armas que el derecho internacional prohíbe. Otras naciones usan bombas de fósforo y tenemos el derecho a no hacer comentarios sobre el tema". Es cierto, las FDI tienen ese derecho. Y los palestinos, el derecho a no ser desollados vivos. Ni siquiera a ritmo de tango.
Exclusivo en Uruguay para LA REPUBLICA
17 enero 2009
OPERACIÓN PLOMO IMPUNE
OPERACIÓN PLOMO IMPUNE
Eduardo Galeano
(Este artículo está dedicado a mis
amigos judíos asesinados por las
dictaduras latinoamericanas que
Israel asesoró)
Para justificarse, el terrorismo de estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.
***
Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.
***
Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina.
Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.
Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.
No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.
***
Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros.
¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?
***
El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quien mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.
Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.
Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.
***
La llamada comunidad internacional , ¿existe?
¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?
Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad.
Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.
La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima, mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.
(Este artículo está dedicado a mis
amigos judíos asesinados por las
dictaduras latinoamericanas que
Israel asesoró)
http://www.brecha.com.uy/alter/index.php?option=com_content&task=view&id=585&Itemid=70
15 enero 2009
LA JUSTICIA INTERNACIONAL JUZGARÁ A LOS CRIMINALES
LOS DIRIGENTES ISRAELÍES VAN A PAGAR POR EL BAÑO DE SANGRE EN GAZA
Gideon Levy − Haaretz
Cuando los cañones finalmente callen habrá llegado el tiempo de las preguntas y las investigaciones. El hongo producido por las nubes de humo y polvo se disipará en el cielo negro como la pez, el fervor, la desensibilización y el salto colectivo al vagón del tren [de la ofensiva militar israelí] quedarán enterrados en el olvido para siempre y tal vez dispondremos entonces de una imagen precisa de Gaza en todo su horror. Luego veremos el alcance de las matanzas y la destrucción, los cementerios rebosantes y los hospitales desbordados, los miles de heridos y discapacitados físicos y las casas destruidas que quedarán como legado de esta guerra.
Las preguntas que será necesario hacer, de la forma más cauta posible, serán quién es culpable y quién responsable. La exagerada predisposición del mundo a perdonar a Israel puede que no funcione esta vez. Los pilotos y artilleros, los tanquistas y los soldados de infantería, los generales y las miles de personas que se embarcaron en esta guerra con su correspondiente cuota de celo conocerán entonces las dimensiones del mal inflingido y la naturaleza indiscriminada de sus ataques militares. Es posible que no paguen ningún precio. Ellos fueron a la batalla, pero otros los enviaron.
El test público, moral y judicial se aplicará a los tres dirigentes israelíes que enviaron al ejército israelí a una guerra contra una población indefensa que ni siquiera disponía de un lugar donde refugiarse, en lo que ha sido tal vez la única guerra de la historia contra una franja de la tierra cercada por un muro. Ehud Olmert, Ehud Barak y Tzipi Livni estarán en el podium de los culpables. Dos de ellos son candidatos a primer ministro, el tercero es candidato a la acusación penal.
Es inconcebible que no se les pida cuentas por el derramamiento de sangre. Olmert es el único primer ministro israelí que ha enviado a su ejército a dos guerras opcionales y que lo ha hecho además durante uno de los mandatos más breves de la historia política israelí. El hombre que hizo una serie de valientes declaraciones sobre la paz a finales de su mandato ha orquestado nada menos que dos guerras. Hablando de paz y haciendo la guerra, nuestro "moderado" y "progresista" primer ministro se ha revelado como uno de nuestros mayores jaleadores de la guerra. Así es como lo recordará la historia. En comparación a eso, los delitos de los “sobres con dinero en metálico” y las infracciones de los "Rishon Tours" lo hacen aparecer como una persona tan pura como la nieve.
Barak, el líder del partido de la izquierda, deberá asumir el coste de las fechorías del ejército israelí bajo su tutela. Su cuenta quedará lastrada por el bombardeo de los centros de población, por los cientos de mujeres y niños muertos y heridos, por los numerosos ataques de su ejército contra personal médico, por el lanzamiento de proyectiles de fósforo en zonas civiles, por el bombardeo de una escuela dirigida por las Naciones Unidas que servía de refugio a civiles que tras el ataque permanecieron días enteros desangrándose porque el ejército israelí disparaba y bombardeaba a quienes trataron de evacuarlos. Incluso nuestro asedio de Gaza durante un año y medio, cuyas consecuencias se están haciendo visibles de forma aterradora merced a esta guerra, se volverá contra él. Golpe a golpe, todas esas cosas cuentan en el cómputo de los crímenes de guerra.
Livni, la ministra de Asuntos Exteriores y líder del partido centrista, será recordada como la persona que azuzó, legitimó y observó en silencio el desarrollo de todos estos acontecimientos. La mujer que prometió "un tipo diferente de política" resultó ser cómplice a tiempo completo. Esto no debe olvidarse.
Contrariamente a lo que se está diciendo, tenemos todo el derecho a pensar que estos tres dirigentes no se embarcaron en la guerra por consideraciones electorales. En Israel cualquier momento es bueno para hacer la guerra. La última guerra la iniciamos tres meses después de las elecciones, no dos meses antes. ¿Israel los juzgará con dureza a la luz de las imágenes que emanan de Gaza? Muy dudoso. En estos momentos los índices de aceptación electoral de Barak y Livni están subiendo, no bajando. La prueba que espera a estas personas no tendrá carácter doméstico. Es cierto que algunos estadistas internacionales han aplaudido cínicamente los golpes que ha asestado Israel. Es cierto que los USA han callado, Europa ha balbuceado y Egipto ha apoyado, pero otras voces se elevarán en el fragor del combate.
Los primeros ecos de esas voces ya se están oyendo. El pasado fin de semana las Naciones Unidas y la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra han exigido una investigación sobre los crímenes de guerra presuntamente perpetrados por Israel. En un mundo en el que los dirigentes bosnios y sus homólogos de Rwanda ya han sido llevados a juicio, es probable que la misma exigencia emerja para enjuiciar a los azuzadores israelíes de esta guerra. Los jugadores de baloncesto de Israel no serán los únicos que tendrán que refugiarse vergonzosamente en los estadios, y los altos funcionarios israelíes que emprendieron esta guerra no serán los únicos que tendrán que esconderse en los aviones de El Al para evitar ser detenidos. Esta vez nuestros más dirigentes más prominentes, los miembros del gabinete de guerra, son susceptibles de pagar un precio personal y nacional por sus actos.
No escribo estas palabras con alegría, sino con profunda tristeza y vergüenza. A pesar de toda la manga ancha que el mundo nos ha dado desde que podemos recordar, a pesar de la indulgencia que siempre ha mostrado con Israel, esta vez la actitud del mundo puede ser diferente. Si seguimos así, es posible que algún día veamos constituirse otro tribunal especial en La Haya.
Fuente: http://www.haaretz.com/hasen/spages/1054578.html
LA HISTORIA NO EMPEZÓ CON UN KASAM
TODO: Entre la censura y el "consenso" logrado gracias a las bocas tapadas y no escuchadas,la desinformación y la fantasía diversionista de la propaganda, hay un sector de israelíes que no acepta la guerra y la masacre. Amira Hess, una de las valientes periodistas israelíes que publican notas sin prejuicios, ha contado hechos que son parte de la historia. No se trata de tener ciega fidelidad hacia gobernantes y militares que tienen la conciencia sucia y viven de la mentira permanente, ante la mirada cómplice de casi todo el resto del mundo. Escribí que los bombardeos a la población civil de Gaza son crímenes de guerra. Acaso, ¿no lo son? Andrés Aldao
LA HISTORIA NO EMPEZÓ CON UN KASAM
por Amira Hess* − Haaretz, 14 / I / 2009.
La historia no empezó con los cohetes kasam. Pero para nosotros, los israelíes, la historia siempre empieza cuando los palestinos nos lastiman, y entonces el dolor se extrae de su contexto. Pensamos que si les causáramos a los palestinos un dolor mucho más grande, ellos finalmente van a aprender la lección. Hay quien llama a esto “logros”.
De todas maneras, la “lección” sigue siendo abstracta para la mayoría de los israelíes. Los medios de comunicación israelíes le recetan a sus consumidores una estricta dieta de baja información y poca verdad, y rica en generales y sus bufones. Los medios son modestos, no nos refriegan por la cara sus logros: los niños muertos y los cadáveres que se pudren bajos sus escombros, los heridos que se desangran hasta morir, porque nuestros soldados disparan contra los equipos de salvamento, los niños cuyas piernas fueron amputadas por la terribles heridas causadas por distintos tipos de armas sofisticadas, los padres llorando amargamente, los barrios de viviendas borrados del mapa, las espeluznantes quemaduras que provoca el fósforo blanco; y también el pequeño éxodo −decenas de miles de personas fueron expulsadas de sus casas y siguen siéndolo en estos mismos momentos, y se les ordena concentrarse en zonas urbanas cada vez más reducidas, que también serán bombardeadas.
Desde que se instauró la autoridad palestina, la máquina de parloteo israelí agrandó la magnitud del riesgo militar que implican para nosotros los palestinos. Y cuando ellos pasaron de la piedra al fusil, y de la bomba molotov a los atentados suicidas, y de las minas a los kasam y del kasam al grad, y de la OLP al Hamás, los nuestros dicen, con expresión victoriosa: se los dijimos, son antisemitas, por eso podemos enloquecernos.
Lo que permite la locura del ejército israelí −las palabras pertinentes para describirlo no se encuentran en mi diccionario− fue el paulatino proceso de aislamiento de Gaza. La desconexión convirtió a los habitantes de Gaza en objetos abstractos, sin nombre ni dirección, salvo la de sus milicias, sin historia, salvo las fechas que los del servicio de informaciones israelí establecen para ello. El sitio a Gaza no comenzó cuando el Hamás se apoderó de las fuerzas de seguridad en la franja, ni tampoco cuando Gilad Shalit fue tomado prisionero, ni cuando el Hamás fue elegido en elecciones democráticas. El sitio empezó en 1991, antes de los atentados suicidas, y desde entonces se perfeccionó hasta el máximo en el 2005.
La máquina de parloteo israelí presentó alegremente la desconexión como fin de la ocupación, ignorando, con descaro, todos los hechos. La separación y el cerco se presentaron como necesidad militar. Pero nosotros ya somos adultos y sabemos que las necesidades militares y las persistentes mentiras sirven metas políticas. La meta de Israel fue destruir la solución de dos estados, que el mundo esperaba que se concretase en 1990, con el fin de la guerra fría. La solución no era perfecta pero en ese momento los palestinos estaban dispuesto a aceptarla.
Gaza no es una potencia militar que agredió a su pequeña y pacífica vecina, Israel. Gaza es la zona que Israel conquistó en 1967 junto a la franja oriental (Judea y Samaria −nota de los traductores). Sus pobladores son parte del pueblo palestino, que perdió su país y su tierra en 1948.
En 1993, Israel tuvo la mejor oportunidad de demostrarle al mundo que lo que se dijo de ella no era verdad. Que no es un estado colonialista por naturaleza. Que expulsar a un pueblo de su tierra, desalojar a las gentes de sus casas, robar tierras palestinas para las colonias judías no son las bases de su existencia y de su ser. En los años 90 Israel tuvo la oportunidad de demostrar que el año 1948 no fue su paradigma. Israel perdió esa oportunidad cuando renovó los métodos de robo de tierras y desalojo de viviendas, cuando apiñó a los palestinos en un sector aislado. Ahora, en estos días negros, Israel demuestra que el año 1948 no ha finalizado. ■
Traducido del hebreo por Ester Mann y Andrés Aldao
* Amira Hess es periodista israelí del cotidiano Haaretz, especializada en temas relacionados con el conflicto israelo−palestino.
LA HISTORIA NO EMPEZÓ CON UN KASAM
por Amira Hess* − Haaretz, 14 / I / 2009.
La historia no empezó con los cohetes kasam. Pero para nosotros, los israelíes, la historia siempre empieza cuando los palestinos nos lastiman, y entonces el dolor se extrae de su contexto. Pensamos que si les causáramos a los palestinos un dolor mucho más grande, ellos finalmente van a aprender la lección. Hay quien llama a esto “logros”.
De todas maneras, la “lección” sigue siendo abstracta para la mayoría de los israelíes. Los medios de comunicación israelíes le recetan a sus consumidores una estricta dieta de baja información y poca verdad, y rica en generales y sus bufones. Los medios son modestos, no nos refriegan por la cara sus logros: los niños muertos y los cadáveres que se pudren bajos sus escombros, los heridos que se desangran hasta morir, porque nuestros soldados disparan contra los equipos de salvamento, los niños cuyas piernas fueron amputadas por la terribles heridas causadas por distintos tipos de armas sofisticadas, los padres llorando amargamente, los barrios de viviendas borrados del mapa, las espeluznantes quemaduras que provoca el fósforo blanco; y también el pequeño éxodo −decenas de miles de personas fueron expulsadas de sus casas y siguen siéndolo en estos mismos momentos, y se les ordena concentrarse en zonas urbanas cada vez más reducidas, que también serán bombardeadas.
Desde que se instauró la autoridad palestina, la máquina de parloteo israelí agrandó la magnitud del riesgo militar que implican para nosotros los palestinos. Y cuando ellos pasaron de la piedra al fusil, y de la bomba molotov a los atentados suicidas, y de las minas a los kasam y del kasam al grad, y de la OLP al Hamás, los nuestros dicen, con expresión victoriosa: se los dijimos, son antisemitas, por eso podemos enloquecernos.
Lo que permite la locura del ejército israelí −las palabras pertinentes para describirlo no se encuentran en mi diccionario− fue el paulatino proceso de aislamiento de Gaza. La desconexión convirtió a los habitantes de Gaza en objetos abstractos, sin nombre ni dirección, salvo la de sus milicias, sin historia, salvo las fechas que los del servicio de informaciones israelí establecen para ello. El sitio a Gaza no comenzó cuando el Hamás se apoderó de las fuerzas de seguridad en la franja, ni tampoco cuando Gilad Shalit fue tomado prisionero, ni cuando el Hamás fue elegido en elecciones democráticas. El sitio empezó en 1991, antes de los atentados suicidas, y desde entonces se perfeccionó hasta el máximo en el 2005.
La máquina de parloteo israelí presentó alegremente la desconexión como fin de la ocupación, ignorando, con descaro, todos los hechos. La separación y el cerco se presentaron como necesidad militar. Pero nosotros ya somos adultos y sabemos que las necesidades militares y las persistentes mentiras sirven metas políticas. La meta de Israel fue destruir la solución de dos estados, que el mundo esperaba que se concretase en 1990, con el fin de la guerra fría. La solución no era perfecta pero en ese momento los palestinos estaban dispuesto a aceptarla.
Gaza no es una potencia militar que agredió a su pequeña y pacífica vecina, Israel. Gaza es la zona que Israel conquistó en 1967 junto a la franja oriental (Judea y Samaria −nota de los traductores). Sus pobladores son parte del pueblo palestino, que perdió su país y su tierra en 1948.
En 1993, Israel tuvo la mejor oportunidad de demostrarle al mundo que lo que se dijo de ella no era verdad. Que no es un estado colonialista por naturaleza. Que expulsar a un pueblo de su tierra, desalojar a las gentes de sus casas, robar tierras palestinas para las colonias judías no son las bases de su existencia y de su ser. En los años 90 Israel tuvo la oportunidad de demostrar que el año 1948 no fue su paradigma. Israel perdió esa oportunidad cuando renovó los métodos de robo de tierras y desalojo de viviendas, cuando apiñó a los palestinos en un sector aislado. Ahora, en estos días negros, Israel demuestra que el año 1948 no ha finalizado. ■
Traducido del hebreo por Ester Mann y Andrés Aldao
* Amira Hess es periodista israelí del cotidiano Haaretz, especializada en temas relacionados con el conflicto israelo−palestino.
14 enero 2009
AVIGDOR LIBERMAN: UNO DE LOS PEORES NAZIFASCISTAS JUDÍOS

Político israelí pide ataque nuclear contra Gaza
14 de enero de 2009
Belén - Ma'an - El político israelí Avigdor Lieberman propuso una "solución" a la guerra en la Franja de Gaza el martes diciendo, "Israel no va a estar seguro siempre y cuando Hamas esté en el poder, y por lo tanto, tenemos que tomar una decisión que quiebre la voluntad de Hamas a seguir luchando ".
"Tenemos que seguir luchando contra Hamas como los Estados Unidos hizo con los japoneses en la Segunda Guerra Mundial", añadió Lieberman.
Según informes de medios de comunicación israelíes, él dijo que los ataques nucleares de EE.UU. habían hecho innecesaria una "ocupación del país."
Avigdor Lieberman, miembro del parlamento y presidente del partido Israel Beiteinu, habló en la Universidad Bar-Ilan.
Los comentarios de Lieberman causaron la crítica de los funcionarios palestinos.
Para el Dr. Mustafa Barghouthi, el Secretario General de la Iniciativa Nacional Palestina, "las declaraciones de los políticos israelíes son desproporcionadas, tales como sus acciones sangrientas a nuestro pueblo en Gaza."
"En 1945, EE.UU. lanzó dos ataques con bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, dando como resultado una de las mayores tragedias en la historia humana la cual ha sido condenada varias veces", agregó el diputado.
"Lieberman es un orador extremo y estamos acostumbrados a escuchar discursos extremos de él. Sin embargo, esto demuestra una vez más que Israel no aprende la lección del pasado sino que por el contrario, invoca una de las matanzas más sangrientas de la historia como el posible destino de Gaza. Ellos no tienen respeto por la vida humana", dijo, observando gran cantidad de apoyo a la guerra de Israel en la Franja de Gaza entre el público israelí.
13 enero 2009
VER, IMAGINAR, SENTIR, EL DOLOR AJENO

Millón y medio de palestinos padecen el asedio en el gueto de Gaza. Entretanto, los políticos de Israel proclaman su indiferencia ante los sufrimientos de los sitiados. Esto sólo puede producir más violencia
JUAN GOYTISOLO 13/01/2009
Sólo dañamos a los demás cuando somos incapaces de imaginarlos", leí en algún libro, no sé si de Todorov o de Carlos Fuentes. La frase se refería a gestas lejanas, como fueron la Conquista española de América o las guerras coloniales europeas del siglo XIX, cuando las crueldades de aquéllas, sufridas por pueblos "inferiores", se revestían con un nimbo de altruismo y heroicidad: misión evangelizadora o aportación de las luces de la civilización a su barbarie y atraso.
Las cosas son hoy distintas. Ya se trate de guerras de agresión, ya de supuestamente defensivas e incluso preventivas, las imágenes del daño causadas por ellas nos llegan directamente a domicilio. Asistimos en nuestra casa a las atrocidades de los bombardeos, a la muerte casi en directo de mujeres y de niños, al martilleo continuo de poblaciones aterrorizadas. La vista sobrecogedora de ruinas, cadáveres, desesperación de los próximos a las víctimas, puede ser captada no obstante sin que imaginemos los sentimientos de impotencia, rabia o dolor ajenos, sin que nos pongamos en la piel de quienes los sufren. El rechazo voluntario o inducido al reconocimiento del daño que causamos es a menudo producto de la ansiedad, del horror a nuestro propio pasado, de temores ancestrales a su reiteración en lo por venir. Matamos por miedo, atrapados en una espiral de zozobra, recelo e impulsos agresivos de la que es difícil escapar. A causa de ello dejamos que la fuerza de la razón ceda paso a la razón de la fuerza. No nos sentimos culpables del mal que infligimos en función del que pudiera abatirse sobre nuestras cabezas. La lógica del temor / castigo / temor no tiene fin, pero la angustia y la confianza ciega en la propia fuerza son malas consejeras.
Escribo esto a propósito de Gaza. ¿Era necesaria tal exhibición de prepotencia militar para poner fin al lanzamiento de cohetes artesanales a Sdirot y a otras localidades israelíes cercanas a la franja? El asedio por tierra, mar y aire a un millón y medio de personas hambrientas y que claman venganza, ¿conduce a una resolución del problema securitario de Israel o, más previsiblemente, lo agrava? ¿Era la única opción sobre el tapete después del minigolpe de Estado de Hamás contra la desacreditada Autoridad Palestina, como repiten a diario los portavoces militares y gubernamentales del Estado hebreo? La comunidad internacional, salvo los halcones de Bush, piensa lo contrario.
Machacar, machacar y machacar no garantiza el futuro de Israel: lo enclaustra en una mentalidad asediada que a largo plazo juega contra él. Sembrar el odio y el afán de revancha refuerzan, al revés, a Hamás, Hezbolá, y a sus mentores iraníes y sirios. ¿No es contradictorio alegar la legítima defensa del Estado judío contra "los lobos" que le rodean (empleo la terminología de un conocido analista norteamericano) y fomentar al mismo tiempo la proliferación infinita de estos "lobos" con una política de asfixia y destrucción de todas las infraestructuras civiles de la franja, incluidas escuelas, mezquitas, edificios administrativos y centros de acogida para refugiados de Naciones Unidas?
No basta con ver el destrozo cruel en los noticiarios televisivos para ponerse en la piel del daño infligido al otro: a estos centenares de miles de jóvenes de la franja, indignados por la patética incapacidad de Abbás y la complicidad en su desdicha de supuestos países hermanos, como el Egipto de Mubarak. Cualquier observador extranjero comprobará el efecto inverso del encarnizamiento que convierte a este gueto infame en un auténtico infierno: desde la frase de un profesor, laico por más señas, reproducida en uno de mis reportajes sobre Gaza de la pasada década -"mire a los jóvenes de los campos. Viven apretujados, sin trabajo, distracciones, posibilidades de emigrar ni de fundar una familia. Poco a poco se sienten morir en vida y su corazón se transforma en bomba. Y un día, sin avisar a nadie, correrán con un arma cualquiera a una operación terrorista suicida. No les importa morir porque se sienten ya muertos"-, hasta la recogida por el corresponsal de este periódico el pasado día 5 -"la gente apoya más que nunca a Hamás porque ha llegado un punto en el que la vida y la muerte son casi lo mismo"-, los hechos confirman que el Plomo Endurecido no resuelve nada: dilata y dificulta inútilmente la ya compleja y ardua resolución del conflicto.
Confieso mi perplejidad ante un dislate como el que, tras la terrible frase de Sharon -"los palestinos deben sufrir mucho más", formulada hace siete años a guisa de programa de acción-, un intelectual como Abraham Yehoshua la acepte hoy a su manera cuando, en estas mismas páginas, afirmaba sin rubor que "la capacidad de sufrimiento de los palestinos es mucho mayor
". ¿Se basa ello en un diagnóstico científico, en un psicómetro capaz de medir el dolor propio y ajeno? O ¿no será más bien reflejo de esta incapacidad de imaginar el padecimiento de los demás, ya fueren judíos, indoamericanos, negros o palestinos? Una oportuna lectura de Todorov nos sacaría de dudas.
El aplastamiento de Gaza no responde a una estrategia bien meditada: se funda más bien en una política oportunista de rentabilidad electoral de cara a las próximas elecciones parlamentarias, a costa de desvanecer las últimas ilusiones de quienes, desde Oslo a Annápolis, creyeron en la posibilidad de una solución dialogada, aunque desmentida año tras año, sobre el terreno, en los Territorios Ocupados: extensión imparable de la colonización, humillaciones diarias de los habitantes de Jerusalén Este y de Cisjordania, miseria y asfixia de Gaza, sobre todo después del triunfo electoral de Hamás, calificado de movimiento terrorista por Norteamérica y por una Unión Europea trágicamente desunida e incapaz de desempeñar el papel de mediador creíble que aconsejan las circunstancias.
El juego de separar el supuesto Estado palestino en dos entidades y de fragmentar el territorio cisjordano en bantustanes inviables perjudica ante todo al desacreditado Gobierno de Mahmud Abbás. Pues el radicalismo de una parte alimenta al de la otra y, con la excusa de no dialogar con los terroristas -obviando el hecho de que fueron democráticamente elegidos- el único "Estado democrático" de la región viola a diario las resoluciones de la ONU y desdeña olímpicamente la reprobación casi unánime de la opinión pública internacional.
Me vienen a la memoria la frase de alguien tan poco sospechoso de parcialidad antiisraelí como Marek Halter después de su visita a los Territorios Ocupados -"tengo miedo por Israel e Israel me da miedo"- y las reflexiones de mi amigo Jean Daniel sobre la paradoja histórica de que Israel -creado por los padres del movimiento sionista con el objetivo de constituir un Estado como los demás-, actúa desde 1967 como un Estado diferente de los demás, en la medida en que se sitúa deliberadamente al margen de la comunidad internacional que reconoció su existencia hace 60 años. La falta de imaginación respecto al dolor de los palestinos -la capacidad ética y, a fin de cuentas, humana de ponerse en su lugar- le encierra en un callejón sin salida: el de golpear más y más duro a sus enemigos, tanto a los que se niegan a aceptar la realidad con su infausta retórica e insostenibles bravatas -las de "arrojar a los judíos al mar"- como a los que aspiran a una paz y a un horizonte compartidos mediante el retorno a la llamada línea verde, conforme a la resolución 242 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Escucho, con esperanza y alivio, la voz de sus intelectuales disidentes, de esos hombres y mujeres resueltos a distanciarse de la unanimidad clamorosa que señalan las encuestas por el éxito efímero de la devastadora operación militar en la franja. Son los disidentes laicos de uno y otro bando quienes abanderan la vuelta a la razón. Su aún quimérico anhelo de paz, se basa en la esperanza de alcanzar algún día un acuerdo pragmático y justo. Simples seres humanos, ven, imaginan y sienten el daño que infligen a los otros y que no quieren para sí mismos. En la línea ejemplar de Edward Said, desarraigado a la fuerza desde su niñez palestina, se niegan a echar raíces, como los árboles en el suelo de la opresión. Quieren ser el viento y el agua, como todas las cosas que fluyen en la constante mutabilidad del río de Heráclito. ¡Ojalá un día, más temprano que tarde, la historia les dé la razón!
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