04 junio 2009

CARTA DE NORBERTO GALASSO

Yo sé que a usted no lo van a engañar ni los diarios, ni la pantalla televisiva, ni las radios manejados por poderosos grupos económicos. Sé también que está informado que De Narváez gasta $ 867.000 por día en su campaña electoral y además, tengo la certeza de que a usted no le convencen “los versos” que pregona la mayoría de los políticos en declinación. (También usted advirtió seguramente que el abogado defensor de Narváez en el caso de la efedrina es Mariano Cúneo Libarona, quien casualmente es el penalista que defiende a Menem en los juicios por sus negociados). Cómo no lo va a saber si usted pertenece a la clase media de la ciudad de Buenos Aires que lee diarios y mira noticiosos televisivos.

Le escribo estas líneas porque sé también que a usted le molestan algunas cosas del kirchnerismo, o muchas.

Le confieso que también a mí me dejan insatisfecho algunos aspectos de esta gestión.

Se lo repito, aunque estoy seguro que usted sabe bien quiénes son “los otros”: los peronistas Menem y Duhalde, los radicales que estuvieron con De La Rúa, el gran consorcio empresario de los Macri y el multimillonario que encubre las aspiraciones de Duhalde pues, como usted sabe, De Narváez no puede ser presidente porque no es argentino nativo. Y hasta algunos “videlistas” como la “procesista” Cecilia Pando, fervorosa representante de los represores y admiradora de Duhalde, es decir, de De Narváez.

Usted los recuerda tan bien como yo, seguramente.

Son los que quieren volver a la Corte Suprema en manos de jueces corruptos como en el 2000, a las humillaciones de la Argentina sometida a “relaciones carnales” con Estados Unidos como en 1998 y subordinada a los planes recesivos del Fondo Monetario Internacional, así como al incesante crecimiento de la Deuda Externa, con Cavallo y compañía.

Usted se acuerda, ¿no es cierto? Seguro que sí: cómo subía todos los días el “riesgo país” y los intereses y el saqueo... Quieren volver a entregar a los financistas especuladores el manejo de los aportes jubilatorios de todos nosotros, volver a la libre importación que destruyó gran parte de nuestra industria y provocó la desocupación, de donde surgió la delincuencia y la inseguridad que todavía sufrimos.

¡Cómo no se va a acordar!

Usted, comerciante minorista que estaba la mayor parte del día con los brazos cruzados esperando clientes que no llegaban en aquella época desgraciada, usted, joven con inquietudes, que estuvo tentado de sumarse a las colas ante las embajadas de España e Italia, junto a tantos amigos que veían cerrados sus horizontes en nuestro país. Y usted, víctima de los negociados de Menem, que llegó a explotar un cuartel para que no se pudieran contar las armas que se habían vendido ilegalmente o estafado por De La Rúa, “el moralista” De La Rúa, que sobornó a los senadores para sancionar la ley de flexibilidad laboral. ¿Se acuerda de esa ley? ¿Se acuerda de los contratos basura? ¿Acaso olvidó que cuando la casa se incendiaba De La Rúa decía por T.V. que le preocupaba la posible extinción de la merluza?

Todos esos son los responsables de aquella Argentina hundida en el fango, en la miseria y la corrupción... y de los cinco presidentes en una semana, ¿se acuerda? Y del “corralito” y “el corralón”, cuando tuvimos que salir a la calle, con las cacerolas, reclamando “que se vayan todos”.

¡No me diga que no se acuerda!

Búsquelos en las listas de la oposición.



Algunos aparecen, otros están escondidos detrás de Narváez y de Michetti, mientras Menem y Duhalde ya se frotan las manos pensando que algunos confundidos van a votar a sus títeres y hasta los amigos de De la Rúa se preparan para rebajar, de nuevo, sueldos y jubilaciones, como en aquella época, cuando López Murphy proponía arreglar la situación económica rebajando a la mitad el presupuesto de educación y salud.

¿No me diga que se olvidó? No puedo creerlo.



Aquello no va más y usted lo sabe.



No lo van a engañar con las pavadas de si Cristina cambia o no de cartera todos los días o si Kirckner vocifera en vez de persuadir.

A ellos les molesta el gobierno por sus aciertos y no por sus errorers, y prometen una Argentina venturosa, cuando tienen el proyecto de hacernos volver a los 90.

Porque aquí, mi amigo, se están jugando cosas mucho más importantes que las chicanas que maneja la oposición, precisamente porque no puede desnudar públicamente su proyecto de regreso al pasado: que si el gobierno no hace reuniones de gabinete, que si Néstor influye sobre Cristina y otras “zonceras” en las cuales usted y yo no podemos detenernos cuando la cuestión central reside en cómo nos defendemos de la crisis mundial que va alejar de nuevo a los clientes de los comercios, que va a cerrar de nuevo los horizontes de los jóvenes si vuelven aquellos que fueron responsables de que la Argentina estallara en el 2001.

Con algunas caritas nuevas -juveniles porque tienen tatuaje- ellos quieren tapar su proyecto nefasto: por eso no se sabe si son estatistas o no, si son fondomonetaristas o no, si son latinoamericanistas o no, ni siquiera si son democráticos o no, porque lo que son es el pasado, aquel que usted y yo vivimos, desde el 74 hasta el 2003, cuando ellos gobernaban a favor de los grandes consorcios, de los grandes bancos, destruyendo al país.

Usted sabe, porque está informado, que desde el 2003 se ha bajado la desocupación y ha crecido el Producto Bruto como nunca en nuestra historia y que se vive mejor, aunque el conflicto con el campo desató inflación –más allá de que el INDEC intentase ocultarla- pero que ahora está más o menos controlada.

Usted sabe también, porque no es zonzo, que la Sociedad Rural no salió jamás, en toda su historia ,ni tampoco ahora, a defender la democracia y el bienestar del pueblo, sino a proteger sus vacas y sus reproductores que valen millones, así como sus cuentas bancarias en el país y en el extranjero, que se trata de un reducido grupo de grandes terratenientes y sojeros a quienes sólo les interesa exportar y cuanto menos coman los argentinos, mejor, porque hay más mercadería para vender afuera, mientras tienen a los peones “en negro” y de pata al suelo. .

Yo sé que usted entiende todo esto, pero le doy esta alerta porque, después, los males los pagamos todos...



...Usted sabe bien que tenemos que terminar con la necedad de La Rúa y la viveza de Menem y Duhalde. Y también sabe que todos queremos un país mejor para nuestros hijos y nuestros nietos, pero los que destruyeron lo que íbamos construyendo, vienen ahora con “el verso” de un mundo mejor cuando siempre fueron la expresión de un mundo peor.

No nos mejorarán, por el contrario, nos destruirán otra vez.



Este gobierno, con sus limitaciones, y desaciertos, abre sin embargo un camino.

Apóyelo por su aciertos, sin por eso dejar de criticar sus errores, y empújelo hacia las transformaciones necesarias que urgen en nuestra Argentina.



Hay lo que hay, estimado amigo, y de todo lo que hay, no vote por el pasado.



Yo sé que usted no va a jugar con fuego: porque ya otras veces ha sucedido que por creer que se vota lo mejor, se destruye lo que es más o menos bueno y volvemos a lo que es decididamente muy malo.

En sus manos está el destino de la Argentina. Estoy seguro que lo comprende

Sería catastrófico que si se equivocan muchos, en el futuro tengamos que llorar juntos.



Norberto Galasso, junio 2009.

Corriente Política “Enrique Santos Discépolo”

31 mayo 2009

No tengo dudas / Orlando Barone


Mientras las madres y abuelas de Plaza de Mayo estén junto al gobierno, no tengo dudas.

Mientras sigan apareciendo hijos de desaparecidos recobrados, no tengo dudas.

Mientras haya quienes sigan vivando a los represores, no tengo dudas.

Mientras los gobiernos de Latinoamérica estén cada día más ligados a la Argentina, no tengo dudas.
No tengo dudas por Orlando Barone
Mientras la jerarquía de la Iglesia sea más afín al mensaje de los opositores que al mensaje del gobierno, no tengo dudas.

Mientras el FMI esté allá pero no aquí, no tengo dudas.

Mientras la extrema izquierda se vaya tanto a la izquierda que termine en la derecha, no tengo dudas.

Mientras la derecha se indigne porque considera a este gobierno de izquierda, no tengo dudas.

Mientras la Mesa de Enlace se sonría victoriosa rodeada de porotos de oro, y los gurúes de la City auguren inminentes cataclismos, no tengo dudas.

Mientras haya tanta libertad que se pueda decir que el oficialismo hace todo mal y que lo seguirá haciendo mal, no tengo dudas.

Mientras se pueda caricaturizar con libre albedrío a la presidenta y su marido en el lecho conyugal, no tengo dudas.

Y si a esas caricaturas del matrimonio las incluyen en un film “porno”, menos dudas tendría.

Mientras la iluminada Casandra augure que la Argentina “podría desaparecer del mundo civilizado”, no tengo dudas.

Mientras gran parte de la sociedad democrática se expresa públicamente día y noche, en la vigilia y en el suelo contra el gobierno, no tengo dudas.

Mientras la luz y el gas no se apaguen, y no se seque la nafta, y no colapsen los radares, los aviones y los trenes sin hacer caso de las profecías, no tengo dudas.

Mientras los jubilados de antes y los de ahora cobren normalmente con plata como todos los trabajadores, no tengo dudas.

Mientras quienes se reconocen progresistas, pero están contra el Gobierno, posan incoherentes en la foto junto a los no progresistas históricos, no tengo dudas.

Mientras haya aquí patriotas aterrados porque una empresa multinacional argentina es estatizada en Venezuela, y esos mismos patriotas ni siquiera se inquietaron cuando fue privatizada toda la Argentina, no tengo dudas.

Mientras de un lado esté Marcos Aguinis y del otro José Pablo Feinmann;

y de un lado esté la Tribuna de doctrina

y del otro Carta abierta de los intelectuales,

y de un lado estén Blumberg, el rabino Bergman y el gatillo fácil,

y del otro las garantías y el juez Zaffaroni; no tengo dudas.

Eso sí: tengo dudas de no tener dudas.

Pero la oposición, paradójicamente, me inspira certidumbres.

Sí, certidumbres opositoras contra las certezas de los opositores.

Publicado por Orlando Barone

29 mayo 2009

FACEBOOK: ¿ES DE LA CIA?

de Boletin Entorno (Año 7 Número 42)


por Ernesto Carmona

Los grandes medios ensalzaron a Mark Zuckerberg como al niño maravilla que a los 23 años se convirtió en multimillonario por el éxito alcanzado por el Facebook, pero no le prestaron atención a la “inversión de capital de riesgo” por más de 40 millones de dólares efectuada por la CIA para sacar adelante la red social.
Cuando el delirio especulativo de Wall Street hizo creer a los incautos que el valor de Facebook ascendería a 15 mil millones de dólares, en 2008 Zuckerberg se convirtió en el multimillonario "hecho a sí mismo" más joven de la historia del “ranking” de la revista Forbes, con 1.500 millones de dólares. Entonces, la apuesta del capital de riesgo invertido por la CIA parecía haber obtenido buenos réditos, pero el “valor” de Facebook se ajustó a su nivel real en 2009 y Zuckerberg desapareció del listado Forbes.
La burbuja Facebook se infló cuando William Gates, el dueño de Microsoft, adquirió en octubre de 2007 una participación del 1,6% en 240 millones de dólares. Esta operación condujo a especular que si el 1% de Facebook costaba 150 millones de dólares, entonces el valor del 100% ascendería a 15 mil millones de dólares, pero el chamullo terminó desinflándose. La cuestión de fondo es que Facebook existe gracias a una inversión de capital de riesgo de la CIA.
En 2009, los grandes medios no escatimaron “propaganda informativa” para rendir culto a Zuckerberg como paradigma del joven emprendedor-triunfador, pero la reiterada difusión de esta “noticia” no logró obtener que la revista “Forbes” lo mantuviera en la versión 2009 de su listado (1). El niño maravilla desapareció de la lista, pese a la intensa campaña de CNN y de la gran prensa mundial que refleja los intereses de Wall Street. La “lista Forbes” es como el Oscar de los grandes negocios e infla o desinfla el valor de las acciones.
La CIA invirtió en Facebook mucho antes que llegara a convertirse en una de las redes sociales más populares de Internet, según una investigación del periodista británico Tom Hodgkinson publicada en 2008 en el diario londinense The Guardian (2) y comentada por algunos medios independientes de habla inglesa, pero sin repercusión alguna en la gran prensa.
La propaganda corporativa convirtió al portal social en sinónimo de éxito, popularidad e incluso buenos negocios. Facebook se presenta como un inofensivo sitio web de redes sociales que facilitan las relaciones interpersonales.
Su popularidad hizo especular que sus aproximadamente 70 millones de usuarios aumentarían en un par de años a 200 millones en todo el mundo, porque en sus mejores semanas llegó a recibir hasta dos millones de nuevos usuarios. Empero, el Facebook no convence a todos.
Críticos y detractores
“El que no está en Facebook no está en nada o es antisistémico”, dicen unos. Es como tener una imagen nueva pero sin contenido, para darse importancia en el mall en que se ha convertido Internet, como sustituto de las antiguas plazas públicas, dicen otros. Los más pragmáticos afirman que es una herramienta para re-encuentros con antiguos compañeros de infancia y juventud perdidos en las mudanzas de la vida. Sus defensores de izquierda sostienen que sirve para promover luchas contra la globalización y coordinar campañas contra actividades como las reuniones del G8.
El periodista español Pascual Serrano describió como fue utilizado por el gobierno de Colombia para coordinar la jornada mundial contra las FARC que en 2008 marcó el comienzo de la ofensiva propagandística contra la guerrilla que aún continúa. Y hay mucha evidencia de que Facebook ha sido instrumentalizado por la CIA. Para Walter Goobar, de MiradasAlSur.com, "es en realidad un experimento de manipulación global: [...] es una sofisticada herramienta financiada por la Agencia Central de Inteligencia, CIA, que no sólo la utiliza para el reclutamiento de agentes y la recopilación de información a lo largo y ancho del planeta, sino también para montar operaciones encubiertas".
A grandes rasgos Facebook es una herramienta de comunicación que permite contactar y archivar direcciones y otros datos de amigos y familiares. Es una mina de información sobre las amistades de sus usuarios para entidades como el ministerio de Seguridad de la Patria, de EEUU, y, en general, para la comunidad de inteligencia, abocada con igual entusiasmo al “enemigo” interno que externo desde la era Bush.

Millones de usuarios ofrecen información sobre su identidad, fotografías y listas de sus objetos de consumo favoritos. Un mensaje de parte de algún amigo invita a inscribirse y a participar en Facebook. Los datos personales, que suelen ser capturados por toda suerte de estafadores y clonadotes de tarjetas bancarias, también van a parar a los discos duros de la comunidad de inteligencia de EEUU. El sistema Beacon de Facebook hace seguimientos de los usuarios y asociados, incluyendo a quienes nunca se registraron o a los que desactivaron sus vínculos. Facebook resulta más práctico y rápido que los InfraGard (2), que son 23.000 micro-comunidades o “células” de pequeños comerciantes-soplones organizadas por el FBI para conocer los perfiles psico-políticos de su clientela.
Desde diciembre de 2006, la CIA utiliza Facebook para reclutar nuevos agentes. Otros organismos gubernamentales deben someter el reclutamiento y contratación a regulaciones federales, pero la CIA adquirió más "chipe libre" que nunca bajo el gobierno de Bush, incluso para torturar sin guardar las apariencias. "No es necesario obtener ningún tipo de permiso para poder incluirnos en la red social", dijo la CIA.

Capital de riesgo CIA

Una muy fundada voz de alerta sobre la propiedad CIA del Facebook la entregó el periodista británico Tom Hodgkinson, en el documentado artículo “With friends like these ...” (Con los amigos nos gusta…), publicado en el diario londinense The Guardian el 14 de enero de 2008 (3). Dijo que después del 11 de septiembre de 2001 se redobló el entusiasmo por la alta tecnología que ya tenía capturada a la comunidad de inteligencia de EEUU desde que dos años antes había creado el fondo de capitales “In-Q-Tel”, para oportunidades de inversión de riesgo en altas tecnologías.
Para el periodista Hodgkinson, los vínculos del Facebook con la CIA pasan por Jim Breyer, uno de los tres socios clave que invirtió en esa red social 12,7 millones de dólares en abril de 2005, también asociado del fondo de capital Accel Partners, miembro de los directorios de gigantes como Wal-Mart y Marvel Entertainment y además ex presidente de National Venture Capital Association (NVCA), caracterizada por invertir en talento joven.
“La más reciente ronda de financiamiento de Facebook fue conducida por una compañía financiera llamada Greylock Venture Capital, que puso 27,5 millones de dólares”, escribió Hodgkinson. “Uno de los mayores socios de Greylock se llama Howard Cox, que es otro ex presidente del NVCA que también está en la junta directiva de In-Q-Tel”.
“¿Y qué es In-Q-Tel?”, se pregunta Hodgkinson, “Bueno, créase o no (y verifiquen en su sitio web) es un fondo de capital de riesgo de la CIA”. Creado en 1999, su misión es “identificar y asociarse con compañías que estén desarrollando nuevas tecnologías para ayudar a proveer soluciones a la Agencia Central de Inteligencia”.
La página web de In-Q-Tel (4) recomendada por Hodgkinson es muy explícita: “En 1998, el Director de Inteligencia Central (DCI) identificó la tecnología como prioridad estratégica superior, directamente conectada a los avances de la Agencia en futuras tecnologías para mejorar sus misiones básicas de recolección y análisis. El liderazgo de la Dirección de Ciencia y Tecnología diseñó un plan radical para crear una nueva empresa que ayudaría a incrementar el acceso de la Agencia a la innovación del sector privado". Ni agregándole agua quedaría más claro, dijo Hodgkinson.

Notas y fuentes:
1) Reporte Forbes 2009:
http://www.forbes.com/lists/2009/10/billionaires-2009-richest-people_The-Worlds-Billionaires_CountryOfCitizen_18.html.
2) http://www.infragard.net/
3) http://www.guardian.co.uk/technology/2008/jan/14/facebook
4) http://www.iqt.org/about-iqt/history.html

27 mayo 2009

El autor prosigue su deconstrucción del sionismo

El monstruo de tres patas

Gilad Atzmon
Palestine Think Tank


Traducción de Manuel Talens


Contrariamente a sus hermanos y hermanas cosmopolitas, que difunden el sionismo y el racismo tribal bajo un disfraz liberal y progresista, Melanie Philips no esconde sus cartas. Hace unos días definió claramente lo que es el sionismo:

"El sionismo”, escribe Philips, “es simplemente el movimiento para la autodeterminación del pueblo judío y su significación es mayor que la de cualquier otro movimiento de liberación nacional, porque el judaísmo se asienta sobre tres patas, el pueblo, la religión y la tierra. Si le cortan una al negarle legitimidad, se desploma. Por eso, el antisionismo es mucho más que una incómoda posición. Es un ataque directo al judaísmo.”

Philips no permite conjeturas. Para ella, no sólo el sionismo es un movimiento nacional legítimo, sino que “su significación es mayor que la de cualquier otro movimiento” por el hecho de apoyarse en “tres patas”. Si uno lo piensa, eso de apoyarse en tres patas tiene su importancia. Yo, por ejemplo, sólo me apoyo en dos y en poco más. A veces, desnudo frente al espejo, me encantaría ser el sionismo.

Tal como afirma Philips, el sionismo es una amalgama de tres ingredientes judíos: el pueblo, la tierra y la religión. Son estos ingredientes los que lo convierten en un victorioso relato ético. Es esa mezcla lo que transfiguró al sionismo en el identificador simbólico colectivo del pueblo judío en el siglo XX. Es el sionismo lo que se las ha arreglado para reinventar al pueblo judío como una nación con una lúcida aspiración ideológica, espiritual y geográfica. Pero si bien el sionismo tiene sentido para muchos judíos en todo el mundo, cada vez lo tiene menos para aquellos que no lo adoptan, es decir, el resto de la humanidad. La razón es muy sencilla: los judíos están en su derecho, si lo desean, de celebrar colectivamente sus síntomas, pero no tienen derecho alguno a hacerlo a expensas de los demás.

El sionismo se las ha arreglado para interpretar el judaísmo como una brutal licencia que les permite robar y matar. Transformó un texto espiritual –la Torá– en un registro notarial. Inventó a los judíos como nación y, luego, le impuso a la recién nacida nación una inmoral apetencia geográfica con devastadoras implicaciones racistas y coloniales.

Vale la pena preguntarse cómo fue que el sionismo alcanzó tal éxito, cómo se las arregló para asesinar con impunidad y cómo ha logrado seguir asesinando durante tanto tiempo. A fin de cuentas, la mezcla letal de “tierra, religión y pueblo” es totalmente contraria al discurso cultural y político occidental de la posguerra, cuyos ingredientes son más bien “cosmopolitismo, multiculturalismo, multirreligiosidad y fronteras abiertas”.

Soy de la opinión que la ecuación de Philips, a saber, “sionismo es igual a judaísmo”, es la táctica sionista más eficaz posible, porque paraliza la mayor parte de las oposiciones humanistas al sionismo. La razón es bien obvia: los seres humanos éticos ordinarios no saben cómo arreglárselas con esa endiablada fórmula que los lleva a criticar un sistema de creencias religiosas.

Una manera de evitarlo consiste en negarse a aceptar la ecuación de Philips: “sionismo no equivale a judaísmo”, sino que es más bien una estrecha interpretación del judaísmo que recupera el depredador discurso bíblico y lo convierte en una práctica diaria; que se apodera de la noción moral judaica de “pueblo elegido” y la convierte en un crudo programa supremacista. Más que el judaísmo, lo que el sionismo representa es el rostro genuino de la ideología judía. Es racista, chovinista, tiene sed de poder; pero es distinto del judaísmo, porque el judaísmo gira en torno al temor de Dios, mientras que el sionismo no tiene miedo a nada ni a nadie. Por eso, es justo decir que oponerse al sionismo es oponerse a la ideología judía o a eso que yo defino como “judeidad”.

Hay que considerar que el sionismo se considera a sí mismo como un movimiento nacional ilustrado. Hasta cierto punto, como ideología y praxis, trata de conocerse a sí mismo, busca explicaciones o, al menos, justificaciones racionales e históricas (nunca éticas). Debo añadir que la argumentación que ofrece Melanie Philips es coherente. Según ella, “eso es lo que somos”, así que si nos lo quitan nos están privando de nuestra razón de ser.

Creo que el marco en el que se sitúa Philips es correcto; lo que resulta ligeramente confuso es la terminología que utiliza. Sionismo no es equivalente a religión judía: la vinculación intrínseca tiene lugar más bien entre sionismo y judeidad. Si de verdad queremos oponernos al sionismo, de inmediato nos vemos inmersos en un conflicto inevitable con la ideología judía. Oponerse al sionismo es admitir que tenemos serias diferencias con el nacionalismo judío, con el tribalismo judío, con la ideología racista judía, con la supremacía judía y con el colectivismo judío. Oponerse al sionismo es admitir no nos gustan esas cosas que destila “lo judío”.

Sin embargo, preciso es señalar que si sionistas como Philips pueden sugerir la equivalencia entre sionismo y judaísmo, quienes se oponen al sionismo no deberían poner reparos a hacer exactamente lo mismo, pero desplazando la crítica del sionismo hacia la ideología judía y a lo que de ella se desprende.

Ya lo he dicho muchas veces en escritos anteriores: en la práctica, son los disidentes sionistas e israelíes quienes parecen hacer avanzar el discurso antisionista. La razón es muy sencilla: los disidentes israelíes no dudan en exponer su pasado colectivo o reflexionar sobre él. Contrariamente a los izquierdistas tribales judíos de la diáspora, siempre dispuestos a rechazar cualquier complicidad con los crímenes israelíes alegando que “no en mi nombre”, algunas voces disidentes israelíes admiten su responsabilidad directa en ellos. Penetran en la noción de culpabilidad y la convierten en responsabilidad.

Hace un mes, el periódico Haaretz publicó un artículo de Uri Avnery en su edición especial dedicada al Día de la Independencia de Israel. “Living With The Contradiction” fue el intento, por parte de un humanista israelí, de enfrentarse a su propio pecado original desde una perspectiva histórica.

Avnery es un ensayista extraordinario. Aunque suelo estar en desacuerdo con él en ciertas cosas, reconozco que no deja de representar la voz de la razón en ese Estado perverso. Contrariamente a Melanie Philips, que apoya al sionismo desde la lejanía, Avnery formó parte de un comando en 1948. Estuvo personalmente implicado en la creación de Israel. “Sabíamos que si ganábamos la guerra habría un Estado y que si nos derrotaban no lo habría, ni tampoco viviríamos para contarlo”.

Contrariamente a Melanie Philips, que habla de “una tierra”, Avnery fue uno de los que invadieron esa tierra y expulsaron a sus habitantes.

“No dejamos ni un solo árabe dentro de nuestras fronteras y los árabes hicieron lo mismo”, dice Avnery. Y, sin embargo, contrariamente a Philips, él se da cuenta de que la mezcolanza sionista de “pueblo, tierra y religión” conduce al desastre. El pecado original israelí no es precisamente una fórmula que lleve hacia la paz.

Se pregunta: “¿Cómo podríamos, pues, armonizar la contradicción entre nuestras intenciones y sentimientos de aquella época –cuando establecimos el Estado y, para decirlo sin rodeos, lo pagamos con nuestra sangre– y la injusticia histórica que infligimos a nuestros adversarios?”.

Y continúa: “Nuestra salud mental como nación y como seres humanos lo necesita y ése sería el primer paso hacia una futura reconciliación. Debemos admitir y reconocer las consecuencias de nuestras acciones y reparar lo que sea reparable, sin renegar de nuestro pasado ni de nuestra inocencia juvenil.” Avnery se esfuerza por explicar, no por justificar, el pecado de 1948, pero aspira a la reconciliación. Comprende perfectamente que el Estado judío corre a su fin a menos que se enfrente a su pasado.

Ya me gustaría a mí que quienes ofrecen su contribución al discurso de la solidaridad con Palestina tuviesen la misma valentía de Philips y Avnery. Quisiera que, al igual que hace Philips, nosotros tuviésemos la valentía de identificar sionismo con judaísmo para poder utilizar dicho emparejamiento como contraposición crítica. Me gustaría que considerásemos la Nakba como Avnery, con miedo, y de ello sacásemos la única conclusión posible: el derecho al retorno.





Fuente: Palestine Think Tank - The Three-Legged Monster

Artículo original publicado el 25 de mayo de 2009

Sobre el autor

Manuel Talens es miembro de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al

Fujimori, el «Drácula» del Perú


Ex-presidente condenado por criminal:
el japonés enjaulado


Por Cristina Castello
Especial para Kaos en la Red

Fue un presidente constitucional de facto. Y este contrasentido no es metáfora. En el Poder del Perú desde 1990 hasta el 2000, fue tirano y criminal. Así lo declaró la Justicia el pasado 7 de abril, y lo condenó a 25 años de prisión, por crímenes de lesa humanidad y corrupción. Fue uno de los instrumentos necesarios para que los USA impusieran el neoliberalismo a ultranza en los ’90, uno de los antecedentes de la crisis mundial. «Drácula» no dejó ningún supuesto enemigo, sin torturar. Ni siquiera su primera esposa, Susana Higuchi, se salvó de esa gracia. La madre de sus tres hijos declaró que fue martirizada no menos de 500 veces, por orden de su esposo, el presidente constitucional.
Imposible hablar de Fujimori, sin mencionar al presidente actual del Perú, Alan García Pérez, ya se verá. El pájaro enjaulado no se privó de cometer barbaries, ni de decir mentiras. Justo cuando debía exponer su programa de gobierno en la Semana Santa del ’90, dijo que se había intoxicado con bacalao. Apodado «El Chino», se rebautizó «Chinchonet» en honor a uno de sus colegas de genocidios, Augusto Pinochet. Habló o calló según sus conveniencias. Pero sobre todo, asesinó. Furia devoradora por el Poder, para ganar las elecciones, escandalizó al Japón cuando —grotesco— hasta bailó un vals en la televisión. Después, el actual mandatario Alan García, siguió su ejemplo. Para ganar los votos de la juventud, su figura obesa danzó frente a las cámaras, al compás del reggaetón. A los gobernantes asesinos del Perú les gusta bailar.
Tan hábil para matar como para arropar su cobardía, consiguió súbitamente la nacionalidad japonesa y huyó a Tokio, en noviembre de 2000. Fue cuando se descubrió la red de corrupción, de la que formó parte, encabezada por el entonces jefe de los Servicios de Inteligencia (SIE) e informante de la CIA norteamericana, Vladimiro Montesinos, personaje tan abyecto como su jefe, y a quien la justicia universal –que asoma, a veces— quiere ver en prisión.
Desde la ciudad sede del gobierno de Japón, el evadido renunció a la presidencia, en noviembre de 2000 de una manera inaudita. Envió un fax y... ¡ya está! Caramba qué originalidad, inédita incluso en los anales de las felonías, que consuma el hombre cuando está en el Poder. Y fue más lejos: por temor de que la flamante ciudadanía japonesa no fuera suficientemente segura para ampararlo de la ley, se postuló al congreso nipón; buscaba la inmunidad parlamentaria. Después, y con el propósito de presidir de nuevo el Perú, regresó vía Chile, donde fue hecho prisionero, y finalmente extraditado.
Ahora, condenado por la justicia peruana y en prisión, en el mundo se lo conoce como el reo Fujimori. ¿O acaso hay que apelar a eufemismos, cuando el sacrilegio es el terrorismo de Estado, nada más y nada menos? Es un reo, otro más.
No tiene traje a rayas, ni está marcado con un número, como las víctimas de los campos de exterminio, o como los seres que él ordenó lacerar; o como estuvieron tantos otros cuyas muertes decidió. Al contrario, tan furioso como gélido, aún detrás de las rejas sigue queriendo imponer su siembra de muerte, hambre y desolación, a través de una de las hijas de la madre martirizada por orden de su papá. Keiko Fujimori, su bebé, lleva la antorcha de sombras que su padre le legó, y la esgrime como bandera en su candidatura presidencial.
«Chinchonet» saldrá de prisión en el 10 de febrero de 2032. Nacido en 1938, tendrá 94 años: ¿llegará? ¿Llegará a esa edad, y llegará a cumplir la condena, que el presidente actual lucha por burlar para que su cómplice recupere la libertad?
Los cargos que la Justicia probó, fueron los crímenes de lesa humanidad en Barrios Altos y la Universidad de la Cantuta, y el secuestro agravado al periodista Gustavo Gorriti y al empresario Samuel Dyer. Masacres que implicaron torturas y genocidio, el asesinato de 25 personas, entre ellas un niño de 8 años, bajo el fuego asesino de un escuadrón de la muerte.
El trabajo impecable de los tribunales peruanos, es un hito en la historia de la América morena. De hecho, algunos militares argentinos fueron condenados, y también Pinochet en Chile, quien estuvo prisionero en su domicilio, en razón de su edad avanzada. Pero, de los tres, el de Fujimori es el único caso de un presidente que habita, por fin, en una mazmorra, habiendo sido elegido por el voto ciudadano, aunque después haya ejercido un gobierno de facto.
Él aúlla que apelará, para no purgar sus crímenes; y no sólo ante las instancias habituales de la Justicia; también ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la misma que antes le parecía terrorista. Otra es la cuestión del «Cuarto Poder» —los medios más influyentes—: en realidad, un poder de cuarta, con la suma de poder; entre los cuales hay un caso paradigmático, a propósito del fallo para «Chinchonet».

Bamboleos

Las expresiones del diario «New York Times» sobre la condena, parecen una pieza de ética. La calificó de «alentadora» y puso el acento en la conducta ejemplar de la Corte Suprema del Perú, por haber enviado al reo a prisión. Detalló prolijamente las pruebas de muertes y torturas: se escandalizó y estalló de alegría
porque los crímenes de lesa humanidad no deben permitirse; y, si ocurren, merecen punición, siempre según la mirada del diario de los USA.
Y fue más lejos, dijo lo que tantos peruanos claman con ardor: que la sentencia es un aviso serio para el presidente actual.
Desde luego. Durante la primera presidencia de Alan «Caballo loco» García Pérez en el Perú, se organizó el Comando Rodrigo Franco, que barrió poblados andinos enteros, las matanzas de campesinos eran habituales y también los desaparecidos. En el ’85 había ordenado la Masacre de Accomarca, donde el Ejército peruano asesinó 45 personas. Y dos años antes, el 19 de junio del ’86, se ejecutaron extrajudicialmente más de 200 prisioneros de El Frontón, Lurigancho y Santa Bárbara. En el ’88 siguió su derrotero de muerte, con la Masacre de Cayara, cuando treinta personas fueron exterminadas, y hubo decenas de desaparecidos.
Al igual que en el caso del «Chino», se instruyeron contra él, diversas causas por crímenes de lesa humanidad, que eludió gracias a la ayuda del cómplice japonés. Y hoy, sigue encarcelando inocentes, persiguiendo a poetas, matando aborígenes e intentando liquidar la Amazonia peruana. Pero no se queda ahí.
Alan García cobijó también al venezolano Manuel Rosales, un delincuente, de la oposición chavista, buscado por la Interpol por delitos comunes: enriquecimiento ilícito y corrupción. Más: ya está sellada la alianza Keiko Fujimori-Alan García, para seguir poblando de hambre y muerte al pueblo peruano, bajo una dictadura donde impere el terror. Si logran esos objetivos, Drácula sería liberado dentro de dos años y el presidente actual no sería juzgado jamás.
Mientras tanto, así como los niños balancean su pureza, cara al cielo, en los columpios de los parques de diversiones, el «New York Times» se bambolea entre dos extremos, aunque jamás con cielo. Sostuvo y sostiene que Fujimori hizo maravillas cuando llegó al poder, ya que detuvo una inflación galopante; en una palabra: porque instauró el neoliberalismo a ultranza, como un alumno obediente de Norteamérica.
En una palabra: celebra que se haya hecho justicia con el mismo reo al que sustentó. ¡Recórcholis! Si, justamente, la violencia, los crímenes de lesa humanidad y el Estado de terror, fueron el andamiaje necesario para imponer las políticas económico-financieras del Régimen.
¿O acaso el «New York Times» ignora que el Perú es el patio trasero de los EE.UU.? Sirva como triste ejemplo, que desde el 23-08-90 la embajada norteamericana en el país de Túpac Amaru y César Vallejo, sabía detalladamente el plan fujimorista de operaciones, para realizar asesinatos. Las pruebas están en manos del Archivo de Seguridad Nacional, de uno de sus analistas, Meter Kombluh, y de Kate Doyle testimonio experto en el juicio a «Chinchonet».
El japonés, cierto, de nada malo se privó. Documentos secretos confirman que, junto a su ex asesor Vladimiro Montesinos, ayudó a Carlos Menem cuando era presidente, a ocultar información sobre contrabando de armas de Argentina a Ecuador. Él y su «comunidad de inteligencia», supieron de los preparativos para el comercio ilegal de fusiles, no bien éstos comenzaron. «Gracias» a la complicidad del nipón, decenas de oficiales y soldados peruanos, perdieron la vida en Alto Cenepa y nadie fue sometido a juicio.
Menem está procesado por la Justicia argentina; pero mientras tanto, goza de abultados ingresos como senador nacional; y él y el Drácula del Perú, fueron el punto de partida para la proliferación de los políticos de la farándula, genuflexos frente al Imperio. Los dos fueron precursores de la enajenación de sus países: de la venta a precio vil de empresas estatales nacionales, a empresas estatales extranjeras, en la mayoría de los casos. Y, tanto o más grave, los dos vaciaron la vida de su sentido trascendente: el de ser vivida como una estética, que contenga la ética.


Sin máscara

70 años tuvo para aprender la fraternidad, pero eligió el camino inverso. Ingeniero agrónomo, físico, matemático, devenido político. Naoichi y Mutsue Fujimori, sus padres lo vieron nacer en el Perú, adonde habían acudido en busca de trabajo y buena calidad de vida. El Perú se los dio, y el hijo se encargó después de arrasar el país que les brindó bienestar.
Fue con «Cambio 90» que Fujimori se postuló a la presidencia en las elecciones de aquel año. Su contrincante era el escritor de derechas Mario Vargas Llosa. Después de haber obtenido un escaso 20% de sufragios, en el ballottage se acreditó la presidencia con el 60%. Trampas de la vida, recibió el respaldo de varios grupos de izquierdas; y, por cierto, el de su cómplice Alan García, por entonces primer mandatario, por el APRA.
Salvo para matar, al comienzo de su mandato Drácula se mostró sin máscara. Sin máscara, su gobierno dependió —directamente— de la asesoría de Norteamérica, y del Fondo Monetario Internacional (FMI), con una participación activa del agente de la CIA el ex capitán Vladimiro Montesinos. Sin máscara, en 1992 —mediante la violencia y con la ayuda de las Fuerzas Armadas— disolvió el Parlamento y suspendió el Poder Judicial, en lo que se conoce como «autogolpe»; y aprobó una nueva constitución, que le dio la suma de poder.
Terminó con el grupo ciertamente terrorista «Sendero Luminoso»; y también con el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), de muy distinto origen y objetivos que Sendero. No, no «terminó»: exterminó a los integrantes, a fuego abierto, mediante torturas sofisticadísimas y desaparición forzada. El terror de Estado, en lugar de la Justicia. Y mientras seguía su siembra de muerte, ganó de nuevo las elecciones en 1995 frente al ex Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar.

Le llegó el final, ¿el final?

Fue recién a fines de los ’90 que la ciudadanía comenzó a despertar; a descubrir la corrupción y la crueldad. En 2000 «Chinchonet» ganó de nuevo la presidencia, pues su opositor, Alejandro Toledo, se retiró sin participar de la segunda vuelta electoral. Y todo se precipitó. A través de un video, salieron a la luz infinitos actos de su perenne corrupción. Entonces el valiente Drácula, a quien no le había temblado la mano para las órdenes de asesinar, huyó. Y entonces, el Japón, y entonces, su renuncia por fax. Atrás había quedado también —se había salvado— Susana Higuchi, torturada por orden de su esposo siempre bestial. Y de los cuatro hijos de la pareja, él no ve sino por los ojos de una ellos, Keiko, su bibelot.
En 2006 Fujimori se casó con la poderosa empresaria nipona —propietaria de hoteles y campos de golf— Satomi Kataoka, hoy 42 años, para asegurarse de no ser rechazado en el país de su sangre oriental. El matrimonio se hizo legal a las tres de la madrugada y en ausencia.
—«Yo siento que eres parte de mi destino. Quiero casarme contigo», dijo entonces el actual presidiario a su japonesa.
— «Él me dice que me ama, y yo también lo amo, pero lo admiro más como ser humano. Fujimori llenó un vacío en mi corazón y fue él quien me salvó espiritualmente. Él me brindó cariño y calor humano», dijo la japonesa, sobre su peruano-japonés. Ahora Kataoka ve a Fujimori como un Cristo que está siendo sacrificado, y al juez y al fiscal como demonios.
Demonio «Chinchonet»:
La madre de sus hijos fue vendada, encapuchada, sometida a electroshock y torturada hasta casi morir.
—«Cuando estemos lejos, si se siente solo, que se lleve a mi perro», había reído la japonesa.
Hoy nadie ladra en la prisión del Drácula del Perú, pero la justicia universal clama por escuchar el aullido enjaulado de Alan García Pérez, para que Nunca Más.

*Cristina Castello es poeta y periodista, bilingüe (español-francés) y vive entre Buenos Aires y París.
http://www.cristinacastello.com
http://les-risques-du-journalisme.over-blog.com/
*

Este artículo es de libre de reproducción, a condición de respetar su integralidad y de mencionar a la autora y a la fuente.

24 mayo 2009

¿Por qué tiene tanto miedo el Estado de Israel a la periodista Amira Hass?


Palabras de Amira Hass:

«Dejemos aparte a los israelíes cuya ideología apoya la desposesión del pueblo palestino porque “Dios nos eligió”. Dejemos a un lado a los jueces que blanquean cualquier política militar de exterminio y destrucción. Dejemos aparte a los mandos militares que a sabiendas encierran a toda una nación en rediles rodeados de muros, torres de observación fortificadas, ametralladoras, alambre de espino y cegadores proyectores. Dejemos a un lado a los ministros. Todos esos no se cuentan entre los colaboracionistas. Esos son los arquitectos, los planificadores, los diseñadores, los verdugos.

Pero hay otros. Historiadores y matemáticos, veteranos editores, estrellas de los medios de comunicación, psicólogos y médicos de familia, abogados que no apoyan a Gush Emunim y Kadima, maestros y educadores, amantes del senderismo y cantantes espontáneos, magos de la alta tecnología. ¿Dónde estáis? ¿Y qué hay de vosotros investigadores del nazismo, del Holocausto y de los gulags soviéticos? ¿Podríais estar todos a favor de sistemáticas leyes discriminadoras? ¿Leyes que ponen de manifiesto que a los árabes de Galilea ni siquiera se les compensará por los daños de la guerra con las mismas sumas a las que sus vecinos judíos tendrán derecho? (Aryeh Dayan, Haaretz, 21 de Agosto).
¿Es posible que estéis todos a favor de una ley de ciudadanía racista que prohíbe a un árabe israelí vivir con su familia en su propia casa? ¿Que estéis de acuerdo con más expropiaciones de tierras y con la demolición de más huertos para otro asentamiento de colonos y para otra carretera exclusivamente para judíos? ¿Que todos vosotros respaldéis los bombardeos y el lanzamiento de misiles que matan ancianos y jóvenes en la Franja de Gaza?
¿Puede ser que todos vosotros estéis de acuerdo con que un tercio de Cisjordania (el Valle del Jordán) esté fuera del alcance de los palestinos que han obtenido ciudadanía extranjera y no puedan volver con sus familiares a los territorios ocupados?
¿Pueden estar realmente vuestras mentes tan lavadas con la excusa de la seguridad, que estéis de acuerdo en prohibir a los estudiantes de Gaza estudiar terapia ocupacional en Belén y medicina en Abu Dis e impedir a personas enfermas de Rafah recibir tratamiento medico en Ramala? ¿Creéis que todo esto se puede ocultar tras la explicación "no teníamos ni idea"?: no teníamos ni idea de que la discriminación practicada en la distribución del agua –controlada exclusivamente por Israel- deja a miles de familias palestinas sin agua durante los calurosos meses de verano; no teníamos ni idea de que cuando el ejército bloquea la entrada a los pueblos también bloquea el acceso a los manantiales y depósitos de agua. Pero no es posible que no hayáis visto las puertas de acero a lo largo de la carretera 344 de Cisjordania que bloquean el acceso a los pueblos palestinos por los que pasa. No puede ser que apoyéis que se impida el acceso de miles de agricultores a sus tierras y plantaciones, que apoyéis la cuarentena sobre Gaza que impide la entrada de medicamentos a los hospitales, la interrupción del suministro de electricidad y agua a 1,4 millones de seres humanos, cerrando su única conexión con el mundo durante meses.

¿Es posible que no sepáis qué está pasando a 15 minutos de vuestras facultades y oficinas? ¿Es verosímil que apoyéis el sistema en el que los soldados hebreos, en los puestos de control militar en el corazón de Cisjordania, dejan a decenas de miles de personas esperando cada día durante horas bajo el sol abrasador, al tiempo que seleccionan: residentes de Nablús y Tulkarem no están autorizados a pasar, los de 35 años y menores, ¡hala!, vuelvan a Yenín, los residentes del pueblo de Salem ni siquiera pueden estar aquí, una mujer enferma que se ha saltado la fila debe aprender una lección y sin duda permanecerá detenida durante horas. La página de Internet de Machsom Watch está disponible para todos; en ella hay incontables testimonios parecidos y peores, la rutina de cada día. Pero no puede ser que aquellos que se espantan por cada esvástica pintada sobre una tumba judía en Francia y por cada titular antisemita en la prensa local de España no sepan cómo llegar a esta información y no se espanten e indignen.

Como judíos, todos nosotros disfrutamos de los privilegios que nos ofrece Israel, lo cual nos convierte a todos en colaboracionistas. La cuestión es qué hacemos cada uno de nosotros de una forma diaria activa y directa para minimizar la cooperación con un régimen depredador que nunca se sacia. Firmar una petición y expresar enojo no sirve. Israel es una democracia para sus judíos. Nuestras vidas no corren peligro, no nos van a encerrar en campos de concentración, nuestro medio de vida no se verá afectado y nos negarán la distracción en el país o en el extranjero. Por consiguiente, la carga de colaboracionismo y la responsabilidad directa son enormemente pesadas»

Fuente: http://www.paltelegraph.com/middle-east/77-middle-east/839-why-the-state-of-israel-is-so-afraid-of-the-journalist-amira-hass

13 mayo 2009

Israel ya no es más democrática



La democracia existe hoy en el Estado de Israel solo en un sentido formal: Hay partidos y elecciones y un buen sistema judicial. Pero hay también un ejército omnipotente que ignora decisiones legales que restringen el robo de tierras poseídas y ocupadas por gente que ha estado viviendo bajo la ocupación durante los pasados 42 años.

Por Shulamit Aloni

El general de división Amos Yadlin y el filósofo Asa Kasher, dos respetables personas de aquí, publicaron un artículo titulado: “Una guerra justa de un estado democrático” (Haaretz, 24 de abril).

Una observación acerca de su primera parte: Hay guerras que son necesarias para la autodefensa o para combatir la injusticia y la maldad. Pero la expresión “justa” resulta problemática cuando hablando de la guerra misma ésta implica matanza y destrucción y dejar sin hogar a mujeres, niños y ancianos, e incluso matarlos.

Nuestros sabios han dicho: “No seamos demasiado justos”. Y no hay cuestionamientos en absoluto en que el arrojar bombas de racimo en una zona poblada de civiles, como lo hicimos en la Segunda Guerra del Líbano, no evidencia gran rectitud. La misma cosa puede ser dicha por la utilización de bombas de fósforo contra una población civil.

Aparentemente, con la definición de justicia de Yadlin y Kasher, para eliminar terroristas es justo destruir, matar, expulsar y privar de alimentos a una población civil que no tiene vinculación y responsabilidad alguna con los actos de terror. Quizá si hubieran adoptado un enfoque más decoroso y menos arrogante habrían intentado explicar las razones por la saña y vehemencia empleada en las estremecedoras matanzas y destrucción, e incluso disculparse por el hecho de que aquello excedió toda necesidad razonable.

Pero después de todo, nosotros siempre tenemos razón; además, las cosas fueron hechas por “el ejército más moral del mundo” enviado por el “democrático” Estado judío, y aquí está el punto de encuentro de los dos conceptos en el título del artículo de Yadlin y Kasher.

En cuanto a la moralidad del ejército, hubiera sido mejor si hubieran permanecido en silencio y por consiguiente habría sido lo más atinado. Esto debido a que las estadísticas de destrucción y estragos a los civiles en la Franja de Gaza son conocidas por todos, y no están divorciadas del comportamiento ¡oh! tan moral de nuestro ejército en los territorios ocupados. En el contexto de este comportamiento, por ejemplo, el ejército opera con gran eficiencia contra los agricultores que se manifiestan contra el robo de sus tierras, incluso cuando las demostraciones no son violentas.

La evidencia contínua de abusos por parte de los soldados contra civiles en los puestos de control -en la que se incluye repetidas circunstancias de mujeres embarazadas que son forzadas a dar luz en el medio del camino, rodeadas de soldados que se ríen perversamente- no es tampoco un secreto. Día tras día, año tras año, el ejército más moral del mundo ayuda a robar tierras, arrancar árboles, robar agua, cerrar caminos, todo ello al servicio y con el apoyo del justo Estado “judío y democrático.” Es desgarrador, pero el Estado de Israel ya no es más democrático. Estamos viviendo en una etnocracia con un gobierno “judío y democrático.”

En 1970 fue decidido que en Israel religión y nacionalidad son equivalentes (es por eso que no estamos inscriptos en el registro civil como israelíes, sino como judíos). En 1992 fue resuelto en la Ley Fundamental sobre Dignidad Humana y Libertad que Israel es un “Estado Judío.” No hay mención en esta ley de la promesa que aparece en el documento formativo del Estado, la Declaración de la Independencia, en cuanto a que “el Estado de Israel asegurará completa igualdad de derechos sociales y políticos a todos sus habitantes, sin distinción de religión, raza o sexo”. Sin embargo, la Knesset (Parlamento) ratificó la ley.

Y ahora resulta que hay un “Estado Judío” y no “igualdad de derechos”. Por lo tanto, algunos observadores enfatizan que el Estado judío no es el estado de todos sus ciudadanos. ¿Hay realmente una democracia que no sea un Estado de todos sus ciudadanos? Después de todo, los judíos que viven en la actualidad en países democráticos gozan de plenos derechos de ciudadanía.

La democracia existe hoy en el Estado de Israel solo en un sentido formal: Hay partidos y elecciones y un buen sistema judicial. Pero hay también un ejército omnipotente que ignora decisiones legales que restringen el robo de tierras poseídas y ocupadas por gente que ha estado viviendo bajo la ocupación durante los pasados 42 años. Y desde 1992, como mencionábamos, tenemos la definición de “Estado judío,” que significa una etnocracia –el gobierno de una comunidad étnica religiosa que determina estrictamente el origen étnico de sus ciudadanos de acuerdo con su linaje materno. Y en lo que respecta a otras religiones, la falta de respeto es ya una tradición, dado por lo que hemos aprendido: “Solo ustedes (los judíos) son considerados seres humanos, mientras que los gentiles son semejantes a los asnos.”

De aquí resulta claro que nosotros y nuestro ejército moral estemos exentos de preocuparnos de la vida de los palestinos en Israel, y esto es aún más valedero con aquellos que viven bajo la ocupación. Además, está perfectamente bien robar sus tierras porque ésas son “tierras del Estado” que pertenecen al Estado de Israel y sus judíos.

Ése es el caso aunque no hayamos anexado Cisjordania y no les hayamos otorgado la ciudadanía a sus habitantes, que bajo el dominio de Jordania eran ciudadanos jordanos. El Estado de Israel los tiene acorralados, lo que les facilita la confiscación de sus tierras en beneficio de los colonos.

Y rabinos importantes y respetados, que estuvieron educando a una generación entera, han dictaminado que la totalidad del país es nuestro y que los palestinos deberían correr la suerte de Amalek, la antigua tribu de los israelitas, que fueron condenados a desaparecer. A la vez que “una guerra justa” tiene lugar, el racismo ha madurado y el robo es calificado como “devolución de la propiedad.”

Estamos actualmente celebrando el 61 aniversario del Estado de Israel. Luchamos en la Guerra de la Independencia por un gran sueño que aquí construiríamos una “sociedad modelo,” que haríamos las paces con nuestros vecinos, trabajaríamos la tierra y desarrollaríamos el genio judío para beneficio de la ciencia, la cultura y los valores del hombre, de todos los hombres. Pero cuando un general de división y un filósofo justifican -por una razón de superioridad moral- nuestros actos de injusticia hacia los demás de tal modo, proyectan una muy opresiva sombra sobre todas aquellas esperanzas.

La fuente: Shulamit Aloni (1928) es una prominente dirigente política israelí, fundadora de Ratz y cofundadora del partido pacifista Meretz y militante de Paz Ahora. Su artículo fue publicado por Haaretz. La traducción del inglés pertenece a Israel Laubstein para Convergencia por un judaísmo humanista y pluralista.

Pregunte a sus hijos

Gideon Levy
Haaretz


Es un comportamiento bien conocido por cualquier investigador policial: Al principio el sospechoso lo niega todo, después ataca a sus interrogadores, luego admite una pequeña parte de las acusaciones (diciendo que sólo hizo lo que hace todo el mundo) y finalmente se derrumba y confiesa.
El ejército israelí regresó de la Operación Plomo Fundido y, por supuesto, lo negó todo. La gente lo aplaudió por su falsa victoria y nadie prestó mucha atención al pavoroso precio pagado por los palestinos. Pero después de que el humo (en este caso del fósforo blanco) aclarara una pizca, la sangre comenzó a clamar desde la tierra. Grupos extranjeros de derechos humanos y periodistas investigaron e informaron de sus hallazgos. Las Naciones Unidas dijeron que el ejercitó israelí atacó intencionadamente sus instalaciones, Human Rights Watch y Amnistía Internacional acusan al ejército israelí de usar ilegalmente bombas de fósforo, la Cruz Roja Internacional informó sobre heridos a los que se les denegó atención médica y sobre ataques a dotaciones médicas, los oficiales en un curso premilitar hablaron de matanzas de civiles, y Amira Hass escribió en Haaretz sobre la matanza de gente que enarbolaba banderas blancas, la utilización de bombas de racimo y la aniquilación de familias enteras.

La tierra comenzó a temblar bajo los pies de Israel cuando empezó a atacar a los emisarios de estas organizaciones. Las puertas del país se cerraron a la misión de investigación de la ONU dirigida por el judío sudafricano Richard Goldstone, como si fuera Zimbabwe o Corea del Norte, como si tuviera mucho que ocultar. El presidente reprendió bruscamente al Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon y le sugirió que visitara Auschwitz, hasta que con el tiempo fue forzado a inhibirse de apoyar el maldito informe de su organización.

A cualquiera que se atreviese a investigar e informar se le calificaba de antisemita. Poco ha cambiado desde que a principios de los años setenta un informe de un grupo de abogados estadounidenses sobre el servicio de seguridad, Shin Bet, afirmara la existencia de métodos de tortura. A esos abogados se les tachó inmediatamente de antisemitas. Lo negamos, reprimimos, mentimos, atacamos y nos comparamos con otros, y nuestra conciencia queda limpia. Incluso cuando el ejército israelí admite que ha matado a 300 civiles -90 de ellos niños, 50 mujeres y 160 cuyas identidades el ejército dice que son inciertas- nuestra historia permanece igual: el ejército más moral del mundo. Ni el tercero ni el segundo: el más. Después de todo, Yedioth Ahronoth dio su aprobación a esta visión en un suplemento de propaganda titulado "El más moral del mundo."

Pero asumamos que Amnistía miente, que Human Rights Watch inventa, que B’Tselem exagera, que la ONU es anti-Israel y que los medios de comunicación están llenos de odio contra nosotros. ¿No es suficiente con las propias cifras del ejército israelí para conmocionarnos hasta el alma? ¿Trescientos civiles aniquilados, incluyendo a 90 niños, no son suficientes para dejar al descubierto la mentira propagandística del ejército "más moral"? ¿A cuánta gente inocente hay que matar para que esto suceda?

El ejército israelí condujo cinco "investigaciones" (en las que, naturalmente, sólo se examinaron las acciones de soldados), lamentaron la tragedia de una familia y los corresponsales militares volvieron a aplaudir. La Oficina del Portavoz del ejército envió a los comandantes de batallón a recitar declaraciones sobre su propia nobleza ética de batalla, por supuesto con los rostros ocultos, como suelen ir los sospechosos, y los medios de comunicación no los agobiaron con preguntas. Nadie cree que esta guerra debería someterse a una investigación seria porque en esta guerra, a diferencia de sus predecesoras, no murieron los suficientes soldados para justificarla.

Pero la verdad clama incluso desde los escombros derrumbados y acribillados de lo que una vez fue un hogar: Los soldados que estuvieron en Gaza saben, como lo saben sus amigos, que algo terrible sucedió allí; igual que lo saben los que hicieron el servicio militar en Cisjordania. Pregunte a sus hijos; ellos saben la verdad; la verdad se sienta en su propio hogar. Y pregunte a los amigos de sus hijos, y a los hijos de sus amigos, ellos lo saben. Muchos de ellos tienen lavado el cerebro y por ahora permanecen mudos. Israel soporta de nuevo la marea de informes e investigaciones y esconde la cabeza en la arena de la propaganda y el engaño, pero al final emergerá la verdad.

Incluso la excusa "todos lo hacen" no servirá, como no le serviría a un conductor cazado yendo a toda velocidad. ¿Los estadounidenses matan más? ¿Los franceses masacraron más? Esto puede servir para hacer declaraciones automáticas para el Ministerio de Asuntos Exteriores. Nosotros merecemos más, merecemos toda la verdad; lo que hicieron exactamente nuestros soldados en nuestro nombre, en cada uno de nuestros nombres, sobre las calles de Gaza, prisionera y sangrante durante los 22 días de una guerra inútil.

Fuente: http://www.haaretz.com/hasen/spages/1084418.html

Traducido del inglés por Carlos Sanchis y revisado por Caty R.

ENTREVISTA: MEIR MARGALIT Concejal de Jerusalén y pacifista

"Hay un punto de no retorno en el que la guerra sale rentable"

M. MORA / J. M. MUÑOZ - Jerusalén - 12/05/2009

Meir Margalit (Buenos Aires, 1952), concejal del partido de izquierda Meretz en el Ayuntamiento de Jerusalén y pacifista convencido, se siente cada vez más aislado en su país. Ayer, fue uno de los siete ediles que asistió a la bienvenida del Papa: "Los otros 24 no han ido. Los derechistas le ven como antisemita; los ultraortodoxos, porque es cristiano". Crítico con la ocupación de los territorios palestinos, Margalit no deja de creer en la utopía de la paz, aunque advierte que "Israel está llegando al punto de no retorno en el que la guerra le resulta más rentable".
Pregunta. ¿Cuál cree que es el objetivo del viaje del Papa?
Respuesta. Creo que tiene un honesto deseo de peregrinar, y deseos de mediar en el conflicto, entre otras cosas para cuidar los intereses de la Iglesia. En 1967 había 16.000 cristianos en Jerusalén, hoy hay 11.000. Si se divide la ciudad es lógico que quieran estar en las negociaciones.
P. ¿Tiene poder para hacerlo?
R. El peso de la Iglesia en EE UU es grande, pueden negociar a través de terceros. No hay día que Washington no mande un mensaje a Netanyahu para intentar ablandarlo. Creo que la visita se engarza en ese nuevo intento.
P. ¿Y qué busca Israel con el viaje? ¿Perdón, imagen, negocio?
R. Los peregrinos gastan poco, así que no creo que busque eso. Una buena razón es limpiar su imagen deteriorada. Los periodistas verán sólo una cara de la moneda. La discriminación no la mostrarán. Las casas derribadas, los controles y el absoluto abandono oficial de las escuelas palestinas, todo eso no se verá.
P. ¿Israel quiere la paz?
R. El conflicto tiene muchas causas. La política es una de ellas, pero la religión aquí no es santa. La tecnología militar y la industria de seguridad son fundamentales. Con el alma digo que mi país quiere la paz. Con la cabeza pienso que la guerra es irreversible.
P. ¿Nadie denuncia eso?
R. Hay un 80% de fundamentalistas. Ha crecido el número de jóvenes que elude hacer el servicio militar. El descontento está rugiendo y puede explotar.
P. ¿Acabará Israel pareciéndose a un Estado fascista?
R. Si un país habla como fascista, camina como fascista y actúa como fascista, es un país fascista. Nos estamos comportando así. Muchas cosas recuerdan a la Alemania de 1933. Sólo nos salvaremos si lo reconocemos.

12 mayo 2009

Plebiscito y proceso golpista

TODO: No conozco a Rubén Dri. El apellido me asocia con Jaime Dri, uno de los principales protagonistas de la lucha contra los infames. Lo conocí a través de Recuerdo de la Muerte de Bonasso. Este Dri, Rubén, ha escrito una pieza muy lúcida sobre la actual situación en la Argentina, y lo que puede sobrevenir luego de estas próximas elecciones. El clima político, fermentado por la "oposición democrática" que busca la alternativa del golpe, está enrarecido y embrutecido por el bravuconeo de los peores enemigos de la Argentina, los que derrocaron a Perón, asesinaron a Valle, apartaron a Cámpora, y aportaron su granito de arsénico para aupar a las FFAA al poder. Sólo quiero agregar un solo elemento: dispersar fuerzas, chicanear con purismos programáticos, defender el pequeño solar solariego y solitario, es darle más chance a la sagrada familia oligárquica. De nada valdrán los lamentos, luego de la derrota... No la de los Kirchner si no la chance de recuperar la soberanía política y la independencia económica (con todas las agachadas...) y, acaso, la posibilidad de rescatar partes integrantes de la justicia social. Quien no lo mve de este modo está enfangado hasta el tuétano.
Andrés Aldao


Por Rubén Dri *

Hace unos días, el conocido amante de los golpes Mariano Grondona y el patrón sojero Hugo Biolcati se divertían en la televisión jugando a las adivinanzas sobre el momento en que se produciría el golpe destituyente. El candidato propuesto, que por otra parte ya tiene el gabinete en la sombra, es Julio Cobos. La manera sobradora en la que se expresaron ambos protagonistas es una clara manifestación de la seguridad con la que camina el movimiento golpista (o “destituyente” para no herir oídos delicados). Desde que las patronales del agro se largaron a hacer el agresivo y violento lockout del año pasado, estuvo claro para quien quiso verlo que lo que se pretendía como máxima era la destitución del Gobierno y, como mínima, su debilitamiento. Por ello a Eduardo Buzzi no le importó que el rechazo de la 125 dañase logros para los medianos productores, pues lo que se pretendía era derrotar al Gobierno, debilitarlo para terminar con un Estado que pretende “entrometerse” en los negocios sojeros. Aunque a mentes puristas les incomode, de lo que se trató (y de lo que se sigue tratando ahora, y el próximo plebiscito es parte de ello) es de la lucha entre dos proyectos de país enfrentados. No me gusta hablar de modelos, porque éstos hacen alusión a algo puro, cosa que no se da en ninguno de los dos proyectos. Si bien es cierto que el proyecto expresado por el gobierno de Cristina Fernández presenta contradicciones que lo oscurecen, poseemos algunas claves infalibles para saber si efectivamente se trata de un proyecto nacional y, en consecuencia, con beneficios para el pueblo. Se trata de ver cómo lo tratan Clarín y La Nación, sus voceros más connotados, Mariano Grondona y Joaquín Morales Solá, y los canales de televisión en manos en los grandes monopolios. Pocas veces se han visto en nuestra historia reciente tanto odio, tanta saña, tanta mentira, como la que diariamente nos muestran los grandes medios de comunicación. Da la impresión de que nos encontramos bajo la más feroz dictadura, con el peligro diario de ser asaltados, con la prensa amordazada, aislados del mundo. Una negra dictadura a la que sólo le falta Auschwitz, como dijera la pitonisa chaqueña. A partir del feroz lockout con que las corporaciones agrarias castigaron a la sociedad toda, salió a relucir el accionar de una derecha reaccionaria que supo conquistar un espacio social en proporciones que nunca antes había logrado. Su avance es el dato más peligroso que presenta la actual coyuntura. En un momento en que finalmente en América latina se está respirando un aire de autonomía y de solidaridad en proyectos independentistas y liberadores, esta derecha presenta el peligro mayor. Néstor Kirchner llega a la presidencia por la ventana, sin base social. Con una inteligente lectura de lo que había sucedido en la pueblada del 19-20 diciembre de 2001, rápidamente toma diversas medidas direccionadas a responder a demandas urgentes que habían sido expresadas en dicha pueblada. Es necesario confesar que nadie o muy pocos, si había alguno, sospechaba el giro que su gobierno habría de tomar rápidamente. Recuperación del Estado, saneamiento de la Corte Suprema y del Ejército, derogación de las leyes de impunidad, fortalecimiento de los organismos de derechos humanos, una serie de reestatizaciones como AYSA, Correo Argentino, Aerolíneas Argentinas, fin del negocio de las jubilaciones privadas, creación del Museo de la Memoria y del Archivo Nacional de la Memoria en lo que fuera la ESMA, fortalecimiento de la integración latinoamericana, muerte del ALCA, creación de Unasur y del Banco del Sur, por citar algunas de las acciones del Gobierno que hace que se pueda hablar de un gobierno nacional con medidas en beneficio del pueblo. Para ser efectivamente “popular” se necesita algo más, participación popular, la que es imposible sin la creación de un movimiento popular. Este movimiento existe “en-sí” o en potencia, en la medida en que se encuentra fraccionado, sin posibilidades de constituirse en el actor fundamental de la política del Estado. La política de transversalidad intentada por el Gobierno tuvo magros resultados, en gran parte por no ser una iniciativa que creciera de abajo hacia arriba. Desde los ’60 y ’70 la deficiencia fundamental para una política nacional y popular ha sido la falta de ese movimiento que supo expresarse en momentos críticos como 2001, pero que no pudo cuajar en una organización o estructura en la que se respetasen las divergencias para ser realmente el factor fundamental de poder. En el proyecto del Gobierno hay una profunda contradicción entre la política del Estado que, pese a fallas graves, se orienta hacia la recuperación del Estado con orientación popular en lo interno y latinoamericana en lo externo, y el instrumento político formado por el PJ y sus alianzas. De no resolverse esa contradicción de forma superadora, que sólo puede efectivizarse con la creación del movimiento popular, se resolverá con un retroceso inevitable. Creación del movimiento popular, creación de poder popular, de abajo hacia arriba, es una tarea imprescindible si se pretende que el proyecto nacional sea verdaderamente popular y tenga posibilidades ciertas de producir las profundas transformaciones que requiere el país. Mientras, ¿qué pasa con las próximas elecciones? ¿El movimiento popular debe desentenderse? Para una respuesta, menester es tener en cuenta que las elecciones legislativas a mitad de un período presidencial siempre fueron plebiscitarias, es decir, siempre sirvieron para aprobar o desaprobar la política del Ejecutivo. Cuando se produce una fuerte desaprobación, esto es, una derrota del Ejecutivo, éste ya está muerto aunque todavía pueda durar un tiempo. Así les pasó a Alfonsín y a De la Rúa, quien pretendió desentenderse del problema alegando que él no era candidato. Un triunfo de esta derecha agresiva que ante nada se detiene significará la marcha hacia la destitución soñada y predicada por Grondona, el inicio del retroceso hacia el neoliberalismo y todas sus nefastas recetas, la vuelta del FMI, de las relaciones carnales con el imperio. Los diversos movimientos populares encontrarán los mayores obstáculos para su crecimiento. Uno de los aspectos más negativos que se producirían con el avance de la derecha sería el dar la espalda a la construcción de la Patria Grande Latinoamericana. La Argentina podría tener el triste y nefasto papel de ser tal vez el mayor obstáculo para esta construcción.