“Para lograr aprobar el Plan Paulson, lo que han hecho ha sido proceder por la inveterada vía del soborno y la corrupción”
Joseph Stiglitz
(Sin Permiso)
Amy Goodman y Juan González entrevistaron radiofónicamente al Premio Nóbel de economía Joseph Stiglitz el pasado viernes, después de la aprobación legislativa del Plan Paulson de rescate público de Wall Street. Reproducimos a continuación un fragmento de la transcripción de esa entrevista.
−Bienvenido a Democracy Now!, Professor Stiglitz.
−Encantado de estar aquí.
−¿Qué piensa de la aprobación del rescate por parte del Senado?
−Creo que sigue siendo una ley muy mala. Es una decepción, pero no una sorpresa, que la Admimnistración venga ahora con una ley que sigue basándose en la teoría económica del derrame o del goteo de la riqueza de arriba abajo. La idea es que si viertes dinero bastante en Wall Street, una parte de él se derrama hacia abajo y llega a la economía. Es como un paciente con hemorragia interna sometido a transfusión masiva de sangre; no sirve de nada, y en nada toca a la causa que ha generado la hemorragia, que es el problema de base. Dicho esto, es mejor que no hacer nada, y hay que esperar que, tras las elecciones, podremos enmendar los muchos yerros del plan.
Debo decir, sin embargo, que esta forma de enfrentarse al problema realmente apesta. Añadieron –ya sabe que el coste inicial prevista era ya de 700 mil millones de dólares—, añadieron otros 150 mil millones en beneficios fiscales. Algunos de ellos resultan, de hecho, bastante, bastante, asombrosos: crédito fiscal para las empresas norteamericanas en Samoa, un 50% de crédito fiscal para algunos gastos o para el mantenimiento de vías ferroviarias, el ofrecimiento de siete años de recuperación para los propietarios del mundo de las carreras de automóviles… Y la lista sigue. Lo que han hecho ha sido, básicamente, proceder por la inveterada vía del soborno y la corrupción. Yo hice en su día el chiste de que lo que querían inicialmente era organizar una subasta invertida para vender los activos dañados; y ahora lo que han hecho es una subasta invertida para comprar congresistas, y han terminado por poner en el plan todo lo necesario para conseguir la adhesión de los congresistas a una medida legislativa que, en lo fundamental, anda errada.
−Bueno, señor Stglitz, usted está ahora mismo hablándonos desde Europa. Y en Europa los gobiernos han optado por una vía muy distinta para enfrentarse a la crisis bancaria. ¿O no han nacionalizado esta semana pasada algunos de los mayores bancos, haciéndose así tanto con la deuda tóxica como con la deuda sana de esos bancos? Parece una vía distinta de la que se ha emprendido aquí, en donde, aparentemente, el Congreso se queda con toda la deuda tóxica, dejando en manos privadas la buena.
−Así es; lleva usted razón. (…). El plan de Paulson es un rescate no-transparente de Wall Street, conforme al cual les sacamos de las manos la patata caliente de los malos activos y les dejamos con los activos buenos. Es complejo, porque estamos hablando de miles, de centenares de miles de activos, y el gobierno no está en una buena posición para hacer eso.
El modelo alternativo es un modelo probado. Funcionó en Suecia, en Noruega. No sé por qué no siguieron ese modelo, a todas luces mejor. Y hay versiones que no llegan a la nacionalización completa. A veces me refiero a eso como al modelo Buffett. Buffett puso dinero en Goldman Sachs, y a cambio, se quedó con acciones preferenciales y con garantías, de modo que obtuvo, a la vez, protección por abajo y participación por arriba. Eso habría sido mucho mejor que la revigorización de nuestros bancos, y habría servido para proteger al contribuyente norteamericano.
Me parece que el problema fundamental es que Paulson todavía no ha entendido que los bancos hicieron pésimos préstamos. Prestaron sobre la base de precios de activos hinchados por la burbuja inmobiliaria. Esa burbuja ha estallado. Algunos de esos préstamos no serán devueltos, o sólo lo serán en parte. Hay un agujero en la balanza contable, y eso ha de subsanarse. Lo tienen que hacer; y este plan no lo hará, a menos que proceda, subrepticiamente, a adquirir esos valores pagando un sobreprecio. (…)
Joseph Stiglitz, uno de los críticos más agudos y respetados de la globalización neoliberal, es profesor en la Universidad de Columbia, ganador del Premio Nobel de Economía en 2001 y coautor de The Three Trillion dollar War.
Traducción para www.sinpermiso.info: María Julia Bertomeu
Editor: Andrés Aldao - Boletín de noticias y comentarios. Si no lees los diarios no estás informado, y si lo lees estás mal informado Una versión distinta de los hechos en el mundo. ¡DIFUNDILO!
06 octubre 2008
05 octubre 2008
ALFONSÍN EN LA ROSADA

Por José Pablo Feinmann
A partir del punto final y la obediencia debida todos empezaron a ser duros con Alfonsín. No hubo cosa que no se le dijera. No sólo desde la izquierda o los organismos de derechos humanos, también desde el peronismo. Lo del peronismo tiene poco espesor porque muchos de los lapidadores de Alfonsín apoyaron al peronista Menem cuando dictó los indultos. Por obediencia partidaria o por participar del festín que se venía. Otros no: otros rechazaron los indultos del jefe riojano. Pero no fueron mayoría. El justicialismo de los noventa se encolumnaba con la farra menemista, con las privatizaciones, con la farandulización de la política, el despedazamiento del Estado y la deificación de la economía. Se lo trae a Juan Manuel de Rosas de Southampton para abrir el espacio de la tolerancia, de la amplia amnistía histórica que habría de incluir también, y sobre todo, el indulto a Videla. Notable la elasticidad de los sectores hegemónicos, de los sectores dirigentes que siempre odiaron a Rosas, principalmente desde la figura egregia del general Mitre, y les importó poco que el riojano federalista (al que de federalista le quedaba poco) lo trajera al Restaurador de las Leyes. Siempre imperó en el país la maldición del poeta José Mármol: “Ni el polvo de tus huesos la América tendrá”. Pero los negocios son los negocios. El sentido último del poder es ganar dinero para conservar el poder y si Menem lo permitía, pues con Menem habrían de estar. Como fuere, tampoco Menem lo traía a Rosas por federalista. En los ’90, el federalismo de Menem era una postal del pasado. Les habrá dicho a quienes lo impulsaron al poder: “Vean, olviden sus rencores con Rosas, déjenmelo traer. Si lo traigo a él proclamo la amnistía nacional, la era del olvido y lo indultamos a Videla y a todos los que haga falta”. Quienes lo escuchaban eran los mismos que habían volteado a Alfonsín. Pensemos esto: sabemos que a Alfonsín lo tiró abajo un “golpe de mercado”. O sea, tuvimos ya un golpe en democracia. Fue el que dio el mercado en 1989. ¿Quiénes habrán sido? ¿Qué otros sino los que manejan el mercado? Hubo algo que Alfonsín no les concedió. Seguramente la desnacionalización de la economía. O no. Pero lo esencial para voltearlo a Alfonsín era imponerle condiciones a Menem: “O hace lo que decimos o lo tiramos a usted también”. Desalojadas las Fuerzas Armadas de su protagonismo para los golpes contra las instituciones, las maniobras para condicionar-debilitar o voltear gobiernos democráticos quedó en dos manos. Fueron las corporaciones, el poder económico, el que aniquiló a Alfonsín. Por el contrario, hoy es el poder agrario el que asume ese protagonismo. Se habrá observado la reticencia de los capitales transnacionales, de los hombres de las finanzas durante la embestida agraria. Hubo algo que no arreglaron. O las multinacionales y los jerarcas de la banca eligieron quedar como opción para el futuro o no quisieron agredir tan duramente al gobierno. Pero el encuadre para interpretar la cuestión sería: 1) Actividad golpista habitual en la Argentina: las Fuerzas Armadas, en representación del establishment; 2) Ante el colapso de la FF.AA. en Malvinas y su desprestigio por los crímenes de lesa humanidad (en el ámbito internacional sobre todo), ante lo insostenible de contar con su único sector golpista y antidemocrático (los “carapintadas”) por su escasa presentabilidad, por lo imprevisible de sus cuadros (¿quién podía controlar a Seineldín?, ¿quién podía controlar a un milico que decía “no hay camellos verdes ni judíos decentes”?) son los propios hombres del poder financiero quienes encarnan el golpismo, el “golpe de mercado”. Es, además, el que ellos pueden dar. Los financistas pueden golpear con el mercado. Con eso tiraron a Alfonsín y condicionaron a Menem que hizo lo que le dictaron y todos felices y todos se llenaron de oro durante los ’90 y el país se arruinó; 3) Ante la aún vigente ausencia de los militares para agredir a la democracia, ante el retraimiento del poder financiero, el golpismo o los duros planteos para condicionar a un gobierno democrático vienen del ámbito agropecuario. Si el golpe de mercado arruinaba las finanzas, el golpe agrario tiene el poder de hambrear al país, de desabastecerlo. Y otra gran virtud (de la que carecen los financistas, más identificados con el poder multinacional): los agrarios pueden decir que, al tener la tierra, son la patria. De ahí que tantos taxis y tantos otros argentinos amantes de las virtudes de la tierra hayan puesto banderas en sus automóviles. “Estamos –decían– con los que representan a la patria.” Sólo un detalle: las tierras de los productores no son la patria, son sus propiedades. Son de ellos. Son su propiedad privada. Y todos sabemos que la propiedad privada es inviolable. Que la Constitución del ’49 la aceptó solamente en la medida en que se pudiera declarar su “función social”. La frase era: “La función social de la propiedad privada”. Pero, razonablemente, la Libertadora liquidó esos incómodos artículos. Sólo una vez, que recuerde, Antonio Cafiero, cuando era gobernador de la provincia de Buenos Aires, volvió a hablar de la función social de la propiedad privada. Lo declararon el Lenin argentino y tuvo que aflojar en seguida o lo colgaban de un poste de alumbrado. La cuestión, entonces, sería: el golpismo ha exhibido hasta el momento tres facetas: a) las Fuerzas Armadas; b) los grupos financieros; c) el poder agrario. Todos, siempre, apoyados por un periodismo pendenciero que le abrió el camino.
De aquí la importancia de la presencia de Raúl Alfonsín en la Casa Rosada. Comparto el cariño con que la Presidenta lo recibe en la foto que se dio a publicidad. Se lo ve viejito a Alfonsín, pero acaso deba saber que el país le va a reconocer un par de cosas. Son muy pocos los que llegan a tan alto mérito. Se dirá que después hizo el Pacto de Olivos. Es cierto, todos le reprochamos eso. Pero Alfonsín tiene dos años impecables. O, sin duda, buenos. Su punto máximo es el Juicio a las Juntas. Se juzgó a los culpables del genocidio y eso lo hizo Alfonsín. No lo hubiera hecho Luder. Alfonsín tenía un compromiso con los derechos humanos. Hoy, ese Juicio a las Juntas, revela su valentía. Hoy, en que está de moda defender a los matarifes de la guerra sucia, en que está de moda demostrar que son sus víctimas las que gobiernan (las víctimas no gobiernan: los militares no juzgaron a los guerrilleros, los mataron, los empalaron, los quemaron vivos en una ceremonia a la que llamaban “el asadito”), que reaparezca Alfonsín es saludable para la democracia y los derechos humanos. El puso a los militares en el banquillo de la Justicia. Y hoy, descaradamente, se busca demostrar que todos los desaparecidos eran montoneros. Una manera de decir: no estuvo tan mal, eh. Ellos también habían matado. Todo apunta a los dos demonios. Lo de Rucci también. ¿Quién no sabe que ése fue un crimen horrendo? Como todo crimen, por lo demás. Pero –de los desaparecidos– el 60 por ciento fueron obreros. Se leyó bien: fueron obreros la mayoría de los desaparecidos. Y muchos, también, peligrosísimos pibes de 16 años y hasta de 14. No sé si Alfonsín se amparó en la teoría de los dos demonios. Puede ser y también es posible que lo necesitara. Pero juzgó a los culpables de lesa humanidad. A los que matan desde el Estado. El Estado debe juzgar. Ante todo, juzgar. Y luego aplicar la justicia. Aquí, en la Argentina, no hay pena de muerte. Los matarifes a los que se busca reivindicar no juzgaron y, para colmo, aplicaron la pena de muerte.
Pero éste no es mi tema de hoy. Es la visita de Alfonsín a la Presidenta. En un momento en que los muñecoides del campo vuelven a aparecer en esas fotos que los muestran alineados como los jugadores de fútbol, en que un tipo como De Angeli decide un paro, uno piensa en Alfonsín. Dos años buenos. El primer juicio a militares masacradores en toda la historia de América latina. No es poco. Hoy, en que está de moda odiar a las víctimas de los militares (lo que inevitablemente relativiza la condena sobre ellos), es bueno que aparezca Alfonsín. Un tipo que logró unir su imagen a la de la democracia. Y se fue a fotografiar con la Presidenta. No con los mediáticos dirigentes agrarios. Que ni se representan a ellos. Son un mero instrumento del OTRO peronismo. Del que busca reemplazar a los que ahora están. O sea, todo lo que están haciendo los antiperonistas de este país (algo que se torna patético en los ilustrados) es apoyar el retorno de la derecha peronista.
03 octubre 2008
LA "BURBUJA" PALIN
Naomi Wolf − Público
La elección de Sarah Palin como candidata a la vicepresidencia con McCain ha caído sobre EEUU como una tormenta eléctrica. Para sus legiones de admiradoras de derechas que agitan pintalabios, Palin es una “mamá común y corriente”, mujer práctica y temerosa de Dios, cuya afición a la caza del alce, su fe evangélica e, incluso, su caótica vida familiar constituyen pruebas, todas ellas, de que es una americana real y típica.
Para sus detractores, igualmente frenéticos, de izquierdas –y cada vez más, de centro–, es el temible heraldo de un EE UU teocrático, una ejecutora en materia de asuntos estatales de estilo mafioso, que miente sobre la conexión de los ataques terroristas del 11-S con Irak, que se burla de Barack Obama por su oposición a la tortura de prisioneros y que desafía las citaciones. Piénsese en ella como George W. Bush II, pero con zapatos de diseño.
Los dos grupos están reaccionando ante realidades auténticas. Los que la apoyan responden a un potente conjunto de símbolos, y sus detractores a un conjunto aún más potente de hechos.
Es importante entender el atractivo simbólico de Palin para cierto grupo de votantes femeninas y debemos respetar la rabia y el ansia que refleja. El subtexto de dicho atractivo es la clase social.
En EEUU, las mujeres blancas de clase trabajadora han sufrido la explotación e infravaloración de su talento desde el nacimiento de la nación. Mientras que las mujeres que consiguieron obtener una instrucción de calidad –como Hillary Clinton, Madeleine Albright y Condoleezza Rice– rompieron el techo de cristal que tenían por encima e incluso tienen el movimiento de las mujeres para encumbrarlas, las mujeres blancas de clase trabajadora han contemplado ese ascenso con un resentimiento comprensible.
Sus pares más acomodadas contratan a mujeres como ellas para hacer el trabajo sucio o, si no, han tenido que aceptar el estancado salario mínimo del gueto del sector femenino o del sector de los servicios del mercado laboral. Su techo es de cemento y queda muy bajo. Han quedado excluidas, práctica y simbólicamente, del discurso político del país y los políticos suelen tratarlas con condescendencia.
También la raza es un factor. Aunque ha salido a la luz que Palin dijo a un grupo de afroamericanos que no tenía la obligación de contratar a personas negras, con frecuencia las mujeres blancas de clase trabajadora conciben su propia experiencia desde el punto de vista de la hostilidad racial. Notan la existencia de una clase inferior que recibe prestaciones sociales que a ellas se les deniegan y de una economía próspera que se queda con puestos americanos bien pagados de trabajo manual.
Por eso, Palin se convierte en la fantasía de revancha simbólica de muchas de esas trabajadoras de fábricas y secretarias agotadas y silenciadas. Ver a una mujer blanca de clase trabajadora elegida para prestar servicio a la distancia de un latido de corazón del presidente de EEUU ejerce una potente resonancia en ellas. Piénsese en el atractivo de películas como Thelma y Louise o Armas de mujer, en la que la protagonista es una secretaria explotada y con agallas que, pese a verse pisoteada por una presuntuosa jefa, al final consigue el empleo soñado, el novio soñado y un despacho propio.
Prácticamente cualquier mujer que no tenga un origen social privilegiado, que tenga hijos pequeños y no sea una caníbal o una adepta al satanismo, había de obtener al principio clamores de aprobación por parte de las mujeres en general y, desde luego, por parte de un grupo que se ha visto silenciado y trivializado durante tanto tiempo. Cuando te has pasado toda la vida preparando café para los demás, resulta agradable imaginarte dirigiendo el mundo libre.
Ahora bien, la pérdida de puestos en los índices de aprobación de Palin muestran que no son tontas. Han empezado a advertir que Palin aparece presentada como una modelo en una exhibición de automóviles para que conozca a jefes de Estado, como si fueran vendedores de coches locales, y se permite a los medios de comunicación tomar fotografías, pero no hacer preguntas (“¡Ésa soy yo con Henry Kissinger!”). También advierten que la economía está desmoronándose, mientras que Irak se está calmando solo porque EEUU está pagando a los insurgentes y a los simpatizantes de Al Qaeda, para que no maten a sus soldados, el equivalente de la letra mensual de un coche comprado a plazos por persona.
Además, a medida que cobra forma el personaje político de Palin, resulta cada vez más alarmante. El problema no es sólo que la campaña de McCain la haya rodeado de veteranos de la camarilla de Bush-Cheney, sino que, además, cree que Dios estableció su programa legislativo en Alaska y, por lo que se refiere a viajes al extranjero, no ha pasado del canal de televisión Discovery.
Entretanto, el gran motivo de preocupación es que, según están confirmando los dermatólogos, el tipo de cáncer para el que McCain ha recibido tratamiento tiene en una persona de su edad una tasa de supervivencia desde el punto de vista actuarial de entre dos y cuatro años. De modo que, a medida que la preocupante perspectiva de una larga presidencia de Palin empieza a instaurarse, ya no les parece tan estupenda a las mujeres blancas de clase trabajadora. Así, pues, ¿qué nos enseña esa breve burbuja Palin?
Al pasar a ser la chica del cartel para la continuación del Gobierno de Bush, Palin está demostrando que tiene mucho en común con brillantes populistas falsas como Eva Perón(1) o la dirigente anti inmigración danesa Pia Kjaersgaard. Lo que debemos aprender es que se está pasando por alto a las grandes dirigentes potenciales –y los grandes sueños que albergan– que hay en las mujeres que preparan nuestra comida, tramitan nuestros pedidos por Internet y limpian nuestros hospitales.
Las voces de esas mujeres son las que merecen apoyo… no la de una aterradora candidata de paja para otros ocho años más (o más) de gobierno de los matones que han saqueado la hacienda de Estados Unidos, han hundido su economía y han enviado a 4.000 jóvenes a morir en una guerra basada en mentiras.
Naomi Wolf es escritora y cofundadora de la Campaña Americana por la Libertad
(1) Nota de todo: esta frase de la articulista demuestra que tiene que tomar mucha sopa antes de calificar con total ligereza e ignorancia la figura mítica e histórica de María Eva Duarte de Perón, Evita
Copyright:Project Syndicate, 2008
Traducción de Carlos Manzano
La elección de Sarah Palin como candidata a la vicepresidencia con McCain ha caído sobre EEUU como una tormenta eléctrica. Para sus legiones de admiradoras de derechas que agitan pintalabios, Palin es una “mamá común y corriente”, mujer práctica y temerosa de Dios, cuya afición a la caza del alce, su fe evangélica e, incluso, su caótica vida familiar constituyen pruebas, todas ellas, de que es una americana real y típica.
Para sus detractores, igualmente frenéticos, de izquierdas –y cada vez más, de centro–, es el temible heraldo de un EE UU teocrático, una ejecutora en materia de asuntos estatales de estilo mafioso, que miente sobre la conexión de los ataques terroristas del 11-S con Irak, que se burla de Barack Obama por su oposición a la tortura de prisioneros y que desafía las citaciones. Piénsese en ella como George W. Bush II, pero con zapatos de diseño.
Los dos grupos están reaccionando ante realidades auténticas. Los que la apoyan responden a un potente conjunto de símbolos, y sus detractores a un conjunto aún más potente de hechos.
Es importante entender el atractivo simbólico de Palin para cierto grupo de votantes femeninas y debemos respetar la rabia y el ansia que refleja. El subtexto de dicho atractivo es la clase social.
En EEUU, las mujeres blancas de clase trabajadora han sufrido la explotación e infravaloración de su talento desde el nacimiento de la nación. Mientras que las mujeres que consiguieron obtener una instrucción de calidad –como Hillary Clinton, Madeleine Albright y Condoleezza Rice– rompieron el techo de cristal que tenían por encima e incluso tienen el movimiento de las mujeres para encumbrarlas, las mujeres blancas de clase trabajadora han contemplado ese ascenso con un resentimiento comprensible.
Sus pares más acomodadas contratan a mujeres como ellas para hacer el trabajo sucio o, si no, han tenido que aceptar el estancado salario mínimo del gueto del sector femenino o del sector de los servicios del mercado laboral. Su techo es de cemento y queda muy bajo. Han quedado excluidas, práctica y simbólicamente, del discurso político del país y los políticos suelen tratarlas con condescendencia.También la raza es un factor. Aunque ha salido a la luz que Palin dijo a un grupo de afroamericanos que no tenía la obligación de contratar a personas negras, con frecuencia las mujeres blancas de clase trabajadora conciben su propia experiencia desde el punto de vista de la hostilidad racial. Notan la existencia de una clase inferior que recibe prestaciones sociales que a ellas se les deniegan y de una economía próspera que se queda con puestos americanos bien pagados de trabajo manual.
Por eso, Palin se convierte en la fantasía de revancha simbólica de muchas de esas trabajadoras de fábricas y secretarias agotadas y silenciadas. Ver a una mujer blanca de clase trabajadora elegida para prestar servicio a la distancia de un latido de corazón del presidente de EEUU ejerce una potente resonancia en ellas. Piénsese en el atractivo de películas como Thelma y Louise o Armas de mujer, en la que la protagonista es una secretaria explotada y con agallas que, pese a verse pisoteada por una presuntuosa jefa, al final consigue el empleo soñado, el novio soñado y un despacho propio.
Prácticamente cualquier mujer que no tenga un origen social privilegiado, que tenga hijos pequeños y no sea una caníbal o una adepta al satanismo, había de obtener al principio clamores de aprobación por parte de las mujeres en general y, desde luego, por parte de un grupo que se ha visto silenciado y trivializado durante tanto tiempo. Cuando te has pasado toda la vida preparando café para los demás, resulta agradable imaginarte dirigiendo el mundo libre.
Ahora bien, la pérdida de puestos en los índices de aprobación de Palin muestran que no son tontas. Han empezado a advertir que Palin aparece presentada como una modelo en una exhibición de automóviles para que conozca a jefes de Estado, como si fueran vendedores de coches locales, y se permite a los medios de comunicación tomar fotografías, pero no hacer preguntas (“¡Ésa soy yo con Henry Kissinger!”). También advierten que la economía está desmoronándose, mientras que Irak se está calmando solo porque EEUU está pagando a los insurgentes y a los simpatizantes de Al Qaeda, para que no maten a sus soldados, el equivalente de la letra mensual de un coche comprado a plazos por persona.
Además, a medida que cobra forma el personaje político de Palin, resulta cada vez más alarmante. El problema no es sólo que la campaña de McCain la haya rodeado de veteranos de la camarilla de Bush-Cheney, sino que, además, cree que Dios estableció su programa legislativo en Alaska y, por lo que se refiere a viajes al extranjero, no ha pasado del canal de televisión Discovery.
Entretanto, el gran motivo de preocupación es que, según están confirmando los dermatólogos, el tipo de cáncer para el que McCain ha recibido tratamiento tiene en una persona de su edad una tasa de supervivencia desde el punto de vista actuarial de entre dos y cuatro años. De modo que, a medida que la preocupante perspectiva de una larga presidencia de Palin empieza a instaurarse, ya no les parece tan estupenda a las mujeres blancas de clase trabajadora. Así, pues, ¿qué nos enseña esa breve burbuja Palin?
Al pasar a ser la chica del cartel para la continuación del Gobierno de Bush, Palin está demostrando que tiene mucho en común con brillantes populistas falsas como Eva Perón(1) o la dirigente anti inmigración danesa Pia Kjaersgaard. Lo que debemos aprender es que se está pasando por alto a las grandes dirigentes potenciales –y los grandes sueños que albergan– que hay en las mujeres que preparan nuestra comida, tramitan nuestros pedidos por Internet y limpian nuestros hospitales.
Las voces de esas mujeres son las que merecen apoyo… no la de una aterradora candidata de paja para otros ocho años más (o más) de gobierno de los matones que han saqueado la hacienda de Estados Unidos, han hundido su economía y han enviado a 4.000 jóvenes a morir en una guerra basada en mentiras.
Naomi Wolf es escritora y cofundadora de la Campaña Americana por la Libertad
(1) Nota de todo: esta frase de la articulista demuestra que tiene que tomar mucha sopa antes de calificar con total ligereza e ignorancia la figura mítica e histórica de María Eva Duarte de Perón, Evita
Copyright:Project Syndicate, 2008
Traducción de Carlos Manzano
02 octubre 2008
MEDIO ORIENTE EN LLAMAS
Medio Oriente está viviendo la mayor y más veloz carrera de armamentos del mundo, y ahora todos quieren ser nucleares. Israel ya lo es y las aspiraciones de Irán están extendiéndose por toda la región. ¿Quién arrojará la primera bomba?
Por Stuart Reigeluth
En el Libro de los Jueces, el guerrero judío Sansón, dotado de una fuerza sobrenatural, es seducido por la filistea Dalila para que le revele el secreto de su poder. Cuando ella le corta la melena, sus compinches lo capturan y lo dejan ciego. En su ira vengativa, Sansón derriba dos columnas de un templo en Gaza, que al derrumbarse acaba con su vida... y con la de miles de filisteos. Fue el primer acto de sacrificio suicida. Según la Biblia, en aquellos tiempos los filisteos, que disponían de armas de hierro, prohibían a los israelitas tener herreros por temor a que adquirieran los medios necesarios para competir en el campo de batalla. Con este pasaje bíblico en la mente, Israel llamó a su programa nuclear Opción Sansón, una estrategia desarrollada sobre todo para disuadir al enemigo (y quizá destruirlo), pero también con el potencial para autoaniquilarse.
Ahora, el equilibrio de poder en Medio Oriente está cambiando. Irán es el gran vencedor de la ocupación estadounidense de Irak, y su influencia se ha ido extendiendo poco a poco a Siria y a los países del Golfo. Por contra, la influencia israelí parece haber disminuido desde el fracaso de las negociaciones de Camp David II con los palestinos, en 2000. Aquel año, Israel se retiró de forma unilateral del sur del Líbano, un gesto desesperado que repitió cinco años más tarde en Gaza en 2005. Hezbollah y Hamás han pasado de ser milicias islamistas a actores elegidos en las urnas con el firme apoyo de Teherán. Mientras, los regímenes árabes moderados siguieron reclamando un amplio acuerdo de paz con Israel mediante la iniciativa de la Liga Árabe, presentada en Beirut en 2002 y resucitada en Riyad en 2007, a la que Israel no respondió. En una región en la que seguridad es sinónimo de estabilidad, la carrera de armamentos no es nada nuevo, pero la diferencia es que en los próximos años habrá dos potencias nucleares. Más allá de las alertas sobre guerras apocalípticas de los más agoreros, la respuesta sobre cómo podrá avanzar, y quizá terminar, este prolongado conflicto puede hallarse en los orígenes bíblicos y en la misma historia del Estado de Israel.
Tel Aviv disfruta de la hegemonía regional gracias a la habilidad del sionismo para lograr el apoyo de las superpotencias antes y después del Holocausto, una tragedia que despertó una enorme simpatía hacia los judíos en la psique occidental. Mientras, las potencias coloniales europeas colocaban a gobernantes autoritarios en los países árabes para asegurarse el lucrativo recurso energético que constituía el petróleo. Con un colonialismo en declive y un nacionalismo árabe en ascenso, los satélites de Estados Unidos y de la Unión Soviética chocaron en frentes como Medio Oriente y Asia Central. El gran juego del siglo XIX entre la Rusia zarista y la Gran Bretaña victoriana continuó en el XX entre un EE UU capitalista y Moscú y sus aliados. Tel Aviv se convirtió en el amigo más poderoso de Washington en Medio Oriente, una cooperación intensificada debido al atentado del 11-S, y comenzó una nueva guerra fría marcada por un telón verde a lo largo de todo el mundo arabemusulmán y alrededor de un Irán cada vez más irascible y menos receptivo.
El impasse actual entre Occidente y Teherán tiene que ver con la necesidad de mantener la supremacía nuclear de Israel en la región. En 1949, poco después de la proclamación del Estado hebreo, el primer hombre en ocupar el cargo de primer ministro del país, David Ben Gurión, puso en marcha un programa nuclear que la Casa Blanca no respaldó. Sin embargo, Francia y Gran Bretaña aspiraban a recuperar un punto de apoyo en Medio Oriente y querían castigar al líder panarabista egipcio Gamal Abdel Nasser por nacionalizar el Canal de Suez. En 1954, Francia aceptó ayudar a Israel a convertirse en una potencia nuclear. París y Tel Aviv, de paso, acordaron detener a Nasser y otros regímenes radicales y, en 1956, el ejército israelí invadió la península del Sinaí junto con Francia y Gran Bretaña. Washington y Moscú rechazaron de inmediato la intervención trilateral, pero, a cambio de su papel en aquella aventura, Tel Aviv obtuvo información sobre investigación nuclear y promesas materiales. De Gaulle envió cientos de técnicos al pequeño nuevo país y lo ayudó a construir un reactor nuclear de 24 megavatios en 1958 en Dimona, en el desierto del Neguev. Israel ocultó su programa atómico a Washington durante años aduciendo que la instalación era una fábrica textil, más tarde una central de extracción de agua y después una planta desalinizadora. Sin embargo, según el historiador israelí Tom Segev, a mediados de los 60 ya extraía plutonio, e incluso pensó en llevar a cabo una prueba nuclear contra sus vecinos árabes antes de la guerra de 1967. El test no llegó a materializarse, pero se inauguró en la región una estrategia de disuasión: la idea central de la Opción Sansón.
Israel posee un arsenal de 200 cabezas nucleares, según el periodista británico Jonathan Cook. Pero, como en el caso del guerrero bíblico, su fuerza se ha convertido en una carga más que en una ventaja, al fomentar entre sus vecinos la proliferación de armas y dispositivos nucleares. En gran parte como respuesta al poder atómico de Israel, Irán argumenta: si ellos tienen la bomba, ¿por qué no nosotros? Con la excusa de desarrollar energía nuclear para usos civiles, Teherán ha lanzado un ambicioso programa de enriquecimiento de uranio que, según ha reconocido el presidente Ahmadinejad, supondrá pasar de 3.500 centrifugadoras operativas a 9.000 en la planta nuclear de Natanz, una cantidad que, según los expertos, sobrepasa la necesaria para usos civiles.
El régimen de los ayatollahs inició su programa nuclear en 1985, empleando como modelo el diseño de las centrifugadoras P-1 paquistaníes, para crear uno propio más tarde: el IR-2 (iraní de segunda generación), con la última tecnología. Hacen falta unas 1.200 centrifugadoras de este tipo para fabricar una bomba nuclear. Irónicamente, fue bajo el régimen del sha (y con el visto bueno de Estados Unidos) cuando se dieron los primeros pasos para hacer llegar la energía nuclear a la entonces Persia. Con la Revolución Islámica, el sha murió en el exilio y a EE UU le salió el tiro por la culata.
Reacción en cadena
Aunque se cree que a Irán le faltan varios años para fabricar armas nucleares, sus aspiraciones han generado una onda expansiva en todo Medio Oriente. Ha empezado la carrera: Egipto, Jordania, Marruecos, Libia, Argelia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y otros pretenden entrar en ese club. EE UU firmó un acuerdo sobre energía atómica con Bahrein en marzo de 2008, tras el pacto bilateral de Francia con EAU, en enero de 2008, por el que va a entregar un reactor de 4.000 millones de euros para el programa de energía nuclear de los Emiratos. A cambio, el gobierno de este país aceptó acoger una base militar francesa de forma permanente cerca de Abu Dhabi, que albergará, en principio, a 500 soldados. Un mes más tarde, la compañía estatal gala Areva firmó con tratos independientes por 84 millones de euros para proporcionar energía a la isla de Palm Deira, en Dubai, el mayor proyecto insular artificial del planeta. Al apoyar de forma tan explícita las intenciones de Washington en Medio Oriente, París parece estar sustituyendo a Londres como gran aliado transatlántico. Aparte del refuerzo de tropas, hasta 165.000 soldados en Irak, Estados Unidos mantiene otros 40.000 soldados en otras bases en Qatar, Bahrein y Arabia Saudita.
Tras la invasión iraquí de Kuwait, la presencia militar estadounidense en el corazón de dar al islam (la casa del islam) facilitó a los extranjeros el acceso al petróleo de la región y revivió las comparaciones con la ocupación de los cruzados, aprovechadas por el renegado de la casa Saud, Osama ben Laden, que culminaron una década más tarde en los atentados del 11-S. Por miedo a un contagio del caos tras el estallido del conflicto de Irak de 2003, y con el fin de mostrar su adhesión a la guerra contra el terror, Arabia Saudita empezó a construir una verja electrificada alrededor de sus fronteras para impedir el paso de rebeldes y aplastar cualquier disidencia interna, empleando una vez más miles de millones de sus petrodólares en comprar material militar a EE UU para proteger al régimen de los grupos islamistas.
En paralelo a la carrera nuclear, se llevan a cabo enormes acuerdos de venta de armas, y ambas cosas se remontan a varias décadas. Con independencia de lo (in)útiles que puedan ser los aviones de combate para luchar contra los insurgentes, la venta a Riyad de 72 cazas Eurofighter Typhoon que negoció para 2006 la empresa británica BAE Systems ascendía a 15.000 millones de euros. Y no era más que la última parte de los acuerdos de Al Yamamah de compraventa de armas entre el Reino Unido y Arabia Saudita –que suponían la transferencia de tecnología estadounidense–, pendiente desde la era Thatcher, en los 80. En diciembre de 2006, el entonces primer ministro británico Tony Blair afirmó que armar al reino de los Saud era una acción de seguridad nacional porque “corrían peligro vidas británicas inocentes”. Asimismo, obligó a la Oficina de Grandes Fraudes (en inglés, SFO) a cerrar el caso contra la empresa, afiliada al Ministerio de Defensa británico, que estaba acusada de sobornos en la venta a Riyad de aviones Hawk y Tornado, entre otros materiales militares, en 1985, dentro del que fue hasta entonces el mayor acuerdo de armas de la historia del Reino Unido, valorado en 86.000 millones de dólares. A pesar del veto de Blair (¡hoy, enviado especial del Cuarteto para Medio Oriente y defensor de la creación de un Estado palestino en 2008!), el pasado abril se reabrió la causa contra la compañía. En ella, por cierto, el príncipe saudita Bandar, ex embajador enWashington e hijo del príncipe heredero Sultán, aparece como sospechoso de desfalco en relación con un Airbus y 2.000 millones de dólares que empleó para adquirir propiedades inmobiliarias en EE UU.
Mientras BAE Systems se defendía de las acusaciones de corrupción, Estados Unidos, que también investigaba el asunto, detuvo a varios directivos de la empresa en el aeropuerto de Houston (Texas). Las megamultinacionales no han tomado el relevo, todavía. Y, si lo hacen, Estados Unidos prefiere utilizar las suyas para mantener el monopolio del comercio de armas en Medio Oriente.
Israel, más Goliat que nunca
La venta de armamento no es sólo increíblemente lucrativa, sino que crea una interoperatividad militar entre las fuerzas estadounidenses y las del país comprador, ya que los contratos van acompañados de un paquete de mantenimiento logístico y de formación que asegura que la relación durará entre 10 y 20 años, con la consiguiente elaboración de acuerdos bilaterales para reforzar las alianzas regionales. Esto explica los acuerdos de compraventa de armas por valor de 20.000 millones de dólares entre EE UU y los Estados árabes moderados, anunciados en agosto de 2007. Arabia Saudita se lleva la mayor proporción, pero Kuwait, Qatar, Omán, Bahrein y los cinco emiratos también recibirán una nada desdeñable porción de la torta durante los próximos 10 años. Asimismo, Egipto ha renovado su acuerdo pendiente por 13.000 millones de dólares.
Estos grandes pactos surgieron como preparación a la conferencia de Annapolis (EE UU) en noviembre de 2007, que pretendía dar un empujón a la paz entre Israel y Palestina. Y preocupaba poder asegurar que Tel Aviv conservara la ventaja militar cualitativa, así que Washington aumentó su oferta a Israel en un 25%, hasta 30.000 millones de dólares para la próxima década. Israel conserva su hegemonía militar regional y Estados Unidos puede seguir apuntalando a sus aliados sunnitas con nueva tecnología, como los paquetes de municiones de ataque directo conjunto para Arabia Saudita, que pueden suministrar armas guiadas por satélite para los aviones F-15 Strike Eagle comprados a EE UU en los 90. Como repitieron los secretarios de Estado, Condoleezza Rice, y de Defensa, Robert Gates, en Jeddah (Arabia Saudita) el 1 de agosto de 2007: “Esto no es nada nuevo”. Tenían razón sobre los pactos de venta de armas y sobre las aspiraciones a convertirse en potencias nucleares.
La dependencia del gas natural y del petróleo sale cada vez más cara, a medida que los precios, desde la guerra de Irak de 2003, siguen subiendo hasta niveles inauditos. Egipto, por ejemplo, está intentando diversificar sus fuentes y ha creado un Consejo Supremo de la Energía con el fin de elucubrar el modo de obtener un 20% de sus necesidades energéticas de fuentes renovables, como la energía solar, la eólica y la nuclear. Desde los 40, los científicos de ese país estudian cómo desarrollar su capacidad nuclear, sobre todo en el centro de investigaciones de Inshas (al norte de El Cairo), por cierto, el mismo lugar en el que los jefes de Estado árabes se reunieron en mayo de 1946 y decidieron que Palestina debía seguir siendo árabe y que el sionismo constituía una amenaza para esa nación y otros países hermanos. El sionismo ganó la guerra de 1948, y más tarde, en 1967, Israel aplastó a los ejércitos árabes vecinos y terminó con el movimiento panarabista de Nasser, con lo que las aspiraciones nucleares de Egipto quedaron aplazadas. Sin embargo, hoy, Rusia es el primer candidato a suministrar a El Cairo combustible que le permita volver a poner en marcha su central. Asimismo, en 2005, Moscú acordó facilitar combustible de uranio poco enriquecido para el reactor nuclear de agua ligera cerca de Bushehr, en el sur de Irán, durante los próximos 10 años.
Asimetría regional
La diplomacia no ha logrado detener el programa nuclear iraní, que es percibido como una amenaza existencial contra Israel. La propuesta estadounidense de internacionalizar las actividades de enriquecimiento de uranio de Teherán y convertirlas en un programa multilateral no ha tenido respuesta y el Alto Representante de la UE, Javier Solana, no ha podido negociar la interrupción del programa iraní. En la primera división del poder internacional, la Unión Europea tiene escasa credibilidad en Medio Oriente y Asia Central, porque el poder blando europeo en escenarios como Afganistán, Irak y Palestina es percibido en esas regiones como un mero instrumento de la política exterior de poder duro de Estados Unidos.
Un ejemplo de lo que quiere hacer Washington en Medio Oriente es el adiestramiento de batallones de la Guardia Presidencial y las Fuerzas de Seguridad Nacional palestinas en la Academia Internacional de Entrenamiento de la policía en Jordania, al este de Ammán, la misma base utilizada por Estados Unidos para formar a la policía iraquí. Esto no es más que la antesala de las repercusiones que puede tener el informe estratégico encargado recientemente por Condoleezza Rice al general James Jones, enviado especial de EE UU para la seguridad en Medio Oriente, sobre la manera de encajar la solución de dos Estados (Israel/Palestina) en una estructura de seguridad regional.
No obstante, la posición de la Unión Europea junto a EE UU ha suavizado las políticas israelíes y de los neocons. En Líbano, importantes Estados miembros de la UE, como España e Italia, han evitado incluir el Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas para la misión reforzada en el país de los cedros (UNIFIL-2), que les habría autorizado a disparar a voluntad y a desarmar a las milicias libanesas por la fuerza. Al poner fin al bloqueo marítimo israelí del Líbano y ayudar a tranquilizar el sur, UNIFIL-2 ha hecho ganar varios puntos a Europa. Las escasas armas enviadas por Estados Unidos al ejército libanés fueron una buena idea –Beirut necesita adquirir la capacidad de hacer respetar su soberanía–, pero la presión estadounidense sobre el primer ministro, Fuad Siniora, para que despidiera al jefe de seguridad del aeropuerto de Beirut y desmantelara el sistema de telecomunicaciones de Hezbollah fue una clara afrenta para la milicia chiíta. Ésta reaccionó en mayo de 2008 con la toma de la capital y de otras zonas del país, del mismo modo que Hamás se hizo con el control de Gaza en junio de 2007, cuando Washington apoyó los intentos de Mohamed Dahlan, el hombre fuerte de Al Fatah, por controlar los pasos fronterizos de la franja.
Los paralelismos entre Palestina y Líbano son abundantes. Ambos movimientos islamistas han pedido la reconciliación con los grupos laicos para formar gobiernos de unidad nacional, han sido rechazados y etiquetados de peones de Irán, se han declarado victoriosos tras disparar cohetes sin cesar durante ataques israelíes y han obtenido representación democrática en sus respectivas elecciones. Y ambos están rearmándose y mejorando sus misiles: Hezbollah tiene proyectiles Fajr Katyusha de largo alcance, dirigidos contra Tel Aviv, y Hamás ha mejorado la calidad y la precisión de sus cohetes caseros Qassam, que esta primavera cayeron por primera vez más allá de Ashkelon (a 15 kilómetros de la frontera de la Franja de Gaza). Los dos movimientos, el chiíta Hezbollah y el sunnita Hamás, comparten la voluntad de perder la vida por su causa: la muerte a cambio de acabar con la ocupación israelí de Palestina y Líbano, por no hablar de la oposición islamista a la presencia militar de Estados Unidos en Irak.
La incapacidad israelí para ganar las batallas asimétricas contra estos movimientos de resistencia ha animado aún más a EE UU a renovar sus envíos de armas. Después de la guerra de 2006 entre Israel y Líbano, Tel Aviv puso en marcha un plan de mejora militar de cinco años. El proyecto Tefen 2012, con un coste de 60.000 millones de dólares, modernizará y completará los arsenales actuales del ejército con cientos de vehículos de combate Stryker, escuadrones de nuevos aviones de combate F-35 Joint Strike, varios buques de combate de costa, más misiles y carros de combate Merkava. Además, aunque el objetivo del sistema Arrow, financiado por EE UU, es interceptar misiles balísticos de largo alcance procedentes de Irán, Israel también está desarrollando programas de defensa de corto y medio alcance llamados Honda de David y Cúpula de Hierro, para interceptar los proyectiles Fajr Katyusha de Líbano y los cohetes Qassam mejorados de Gaza. Además, Tel Aviv, como El Cairo, sigue recibiendo de forma gratuita excedentes de defensa y de armas desde Estados Unidos, y ha superado a Gran Bretaña como cuarto exportador de material bélico del mundo, según fuentes oficiales israelíes, con sus mercados principales en India y China.
Como sugiere la elección del nombre Honda de David, Israel sostiene que está siendo atacado por un Goliat filisteo, y que eso justifica los ataques preventivos contra sus enemigos. En verano de 2006 intentó aniquilar a Hezbollah, y en septiembre de 2007 atacó Siria para destruir un supuesto reactor nuclear secreto. Un día después de que Israel anunciara la reducción de la cantidad de tropas que había acumulado en los Altos del Golán (tal como Ehud Olmert informó a Damasco, a través de la Liga Árabe), Israel atacó las instalaciones del norte de Siria conocidas con el nombre en clave de Al Kibar, dotadas, en teoría, de material nuclear procedente de Corea del Norte y que trabajaban para Adbul Kader Jan, el padre de la bomba paquistaní. A pesar de la propaganda, el objetivo era el mismo que cuando Israel bombardeó la planta de Osirak (Irak) en 1981: impedir una posible paridad nuclear. En 2004, Israel se negó a revelar su capacidad a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), pero dos años después Olmert declaró de forma implícita que su país posee armas nucleares y que las maniobras del régimen de los ayatollahs tienen como fin obtener esa misma capacidad. Al mismo tiempo que sigue sancionándose a Irán, Israel firmó otro acuerdo nuclear con EE UU, en abril de 2008, para mejorar la seguridad y la tecnología en Dimona.
Antes de la incursión israelí en el norte de Siria, el presidente iraní visitó Damasco. De aquella visita, realizada en julio de 2007, salió un acuerdo de venta de armas entre ambos países por mil millones de dólares, que incluía misiles tierra-tierra y sistemas de combate anticarro y antiaéreos procedentes de Rusia y Corea del Norte, según afirmó el diario israelí Haaretz. Ante el temor de que este contrato fuera una realidad o para intentar romper el creciente chiíta, Olmert inició conversaciones de paz con Siria, a través de Turquía, el pasado mayo, y con Líbano, en junio, por presión estadounidense. Pero ni la paz ni la frágil tregua en Gaza anularán la influencia regional de Irán. Es demasiado tarde. Teherán controla ya partes de Irak y tres islas de los emiratos, goza de firmes vínculos económicos con el Golfo Pérsico y con Siria, y apoya a Hezbollah y Hamás como puntas de lanza contra Israel. Mientras los movimientos que dominan respectivamente Líbano y Gaza muestran cómo el poder político está cambiando en Medio Oriente, la inyección masiva de armas está echando más leña al fuego. Y ni todas las tropas estadounidenses estacionadas en Afganistán, Irak y Arabia Saudita, ni todos los buques estadounidenses presentes en el Mediterráneo y ante las aguas territoriales iraníes van a ser un obstáculo para el poder persa. A la vista de su inclinación por los ataques preventivos, es muy posible que Israel sea el primero en arrojar la bomba. Recordemos a Sansón: “Los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida” (Jueces, 16:30).
La fuente: FP Edición Española.
Por Stuart Reigeluth
En el Libro de los Jueces, el guerrero judío Sansón, dotado de una fuerza sobrenatural, es seducido por la filistea Dalila para que le revele el secreto de su poder. Cuando ella le corta la melena, sus compinches lo capturan y lo dejan ciego. En su ira vengativa, Sansón derriba dos columnas de un templo en Gaza, que al derrumbarse acaba con su vida... y con la de miles de filisteos. Fue el primer acto de sacrificio suicida. Según la Biblia, en aquellos tiempos los filisteos, que disponían de armas de hierro, prohibían a los israelitas tener herreros por temor a que adquirieran los medios necesarios para competir en el campo de batalla. Con este pasaje bíblico en la mente, Israel llamó a su programa nuclear Opción Sansón, una estrategia desarrollada sobre todo para disuadir al enemigo (y quizá destruirlo), pero también con el potencial para autoaniquilarse.
Ahora, el equilibrio de poder en Medio Oriente está cambiando. Irán es el gran vencedor de la ocupación estadounidense de Irak, y su influencia se ha ido extendiendo poco a poco a Siria y a los países del Golfo. Por contra, la influencia israelí parece haber disminuido desde el fracaso de las negociaciones de Camp David II con los palestinos, en 2000. Aquel año, Israel se retiró de forma unilateral del sur del Líbano, un gesto desesperado que repitió cinco años más tarde en Gaza en 2005. Hezbollah y Hamás han pasado de ser milicias islamistas a actores elegidos en las urnas con el firme apoyo de Teherán. Mientras, los regímenes árabes moderados siguieron reclamando un amplio acuerdo de paz con Israel mediante la iniciativa de la Liga Árabe, presentada en Beirut en 2002 y resucitada en Riyad en 2007, a la que Israel no respondió. En una región en la que seguridad es sinónimo de estabilidad, la carrera de armamentos no es nada nuevo, pero la diferencia es que en los próximos años habrá dos potencias nucleares. Más allá de las alertas sobre guerras apocalípticas de los más agoreros, la respuesta sobre cómo podrá avanzar, y quizá terminar, este prolongado conflicto puede hallarse en los orígenes bíblicos y en la misma historia del Estado de Israel.
Tel Aviv disfruta de la hegemonía regional gracias a la habilidad del sionismo para lograr el apoyo de las superpotencias antes y después del Holocausto, una tragedia que despertó una enorme simpatía hacia los judíos en la psique occidental. Mientras, las potencias coloniales europeas colocaban a gobernantes autoritarios en los países árabes para asegurarse el lucrativo recurso energético que constituía el petróleo. Con un colonialismo en declive y un nacionalismo árabe en ascenso, los satélites de Estados Unidos y de la Unión Soviética chocaron en frentes como Medio Oriente y Asia Central. El gran juego del siglo XIX entre la Rusia zarista y la Gran Bretaña victoriana continuó en el XX entre un EE UU capitalista y Moscú y sus aliados. Tel Aviv se convirtió en el amigo más poderoso de Washington en Medio Oriente, una cooperación intensificada debido al atentado del 11-S, y comenzó una nueva guerra fría marcada por un telón verde a lo largo de todo el mundo arabemusulmán y alrededor de un Irán cada vez más irascible y menos receptivo.
El impasse actual entre Occidente y Teherán tiene que ver con la necesidad de mantener la supremacía nuclear de Israel en la región. En 1949, poco después de la proclamación del Estado hebreo, el primer hombre en ocupar el cargo de primer ministro del país, David Ben Gurión, puso en marcha un programa nuclear que la Casa Blanca no respaldó. Sin embargo, Francia y Gran Bretaña aspiraban a recuperar un punto de apoyo en Medio Oriente y querían castigar al líder panarabista egipcio Gamal Abdel Nasser por nacionalizar el Canal de Suez. En 1954, Francia aceptó ayudar a Israel a convertirse en una potencia nuclear. París y Tel Aviv, de paso, acordaron detener a Nasser y otros regímenes radicales y, en 1956, el ejército israelí invadió la península del Sinaí junto con Francia y Gran Bretaña. Washington y Moscú rechazaron de inmediato la intervención trilateral, pero, a cambio de su papel en aquella aventura, Tel Aviv obtuvo información sobre investigación nuclear y promesas materiales. De Gaulle envió cientos de técnicos al pequeño nuevo país y lo ayudó a construir un reactor nuclear de 24 megavatios en 1958 en Dimona, en el desierto del Neguev. Israel ocultó su programa atómico a Washington durante años aduciendo que la instalación era una fábrica textil, más tarde una central de extracción de agua y después una planta desalinizadora. Sin embargo, según el historiador israelí Tom Segev, a mediados de los 60 ya extraía plutonio, e incluso pensó en llevar a cabo una prueba nuclear contra sus vecinos árabes antes de la guerra de 1967. El test no llegó a materializarse, pero se inauguró en la región una estrategia de disuasión: la idea central de la Opción Sansón.
Israel posee un arsenal de 200 cabezas nucleares, según el periodista británico Jonathan Cook. Pero, como en el caso del guerrero bíblico, su fuerza se ha convertido en una carga más que en una ventaja, al fomentar entre sus vecinos la proliferación de armas y dispositivos nucleares. En gran parte como respuesta al poder atómico de Israel, Irán argumenta: si ellos tienen la bomba, ¿por qué no nosotros? Con la excusa de desarrollar energía nuclear para usos civiles, Teherán ha lanzado un ambicioso programa de enriquecimiento de uranio que, según ha reconocido el presidente Ahmadinejad, supondrá pasar de 3.500 centrifugadoras operativas a 9.000 en la planta nuclear de Natanz, una cantidad que, según los expertos, sobrepasa la necesaria para usos civiles.
El régimen de los ayatollahs inició su programa nuclear en 1985, empleando como modelo el diseño de las centrifugadoras P-1 paquistaníes, para crear uno propio más tarde: el IR-2 (iraní de segunda generación), con la última tecnología. Hacen falta unas 1.200 centrifugadoras de este tipo para fabricar una bomba nuclear. Irónicamente, fue bajo el régimen del sha (y con el visto bueno de Estados Unidos) cuando se dieron los primeros pasos para hacer llegar la energía nuclear a la entonces Persia. Con la Revolución Islámica, el sha murió en el exilio y a EE UU le salió el tiro por la culata.
Reacción en cadena
Aunque se cree que a Irán le faltan varios años para fabricar armas nucleares, sus aspiraciones han generado una onda expansiva en todo Medio Oriente. Ha empezado la carrera: Egipto, Jordania, Marruecos, Libia, Argelia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y otros pretenden entrar en ese club. EE UU firmó un acuerdo sobre energía atómica con Bahrein en marzo de 2008, tras el pacto bilateral de Francia con EAU, en enero de 2008, por el que va a entregar un reactor de 4.000 millones de euros para el programa de energía nuclear de los Emiratos. A cambio, el gobierno de este país aceptó acoger una base militar francesa de forma permanente cerca de Abu Dhabi, que albergará, en principio, a 500 soldados. Un mes más tarde, la compañía estatal gala Areva firmó con tratos independientes por 84 millones de euros para proporcionar energía a la isla de Palm Deira, en Dubai, el mayor proyecto insular artificial del planeta. Al apoyar de forma tan explícita las intenciones de Washington en Medio Oriente, París parece estar sustituyendo a Londres como gran aliado transatlántico. Aparte del refuerzo de tropas, hasta 165.000 soldados en Irak, Estados Unidos mantiene otros 40.000 soldados en otras bases en Qatar, Bahrein y Arabia Saudita.
Tras la invasión iraquí de Kuwait, la presencia militar estadounidense en el corazón de dar al islam (la casa del islam) facilitó a los extranjeros el acceso al petróleo de la región y revivió las comparaciones con la ocupación de los cruzados, aprovechadas por el renegado de la casa Saud, Osama ben Laden, que culminaron una década más tarde en los atentados del 11-S. Por miedo a un contagio del caos tras el estallido del conflicto de Irak de 2003, y con el fin de mostrar su adhesión a la guerra contra el terror, Arabia Saudita empezó a construir una verja electrificada alrededor de sus fronteras para impedir el paso de rebeldes y aplastar cualquier disidencia interna, empleando una vez más miles de millones de sus petrodólares en comprar material militar a EE UU para proteger al régimen de los grupos islamistas.
En paralelo a la carrera nuclear, se llevan a cabo enormes acuerdos de venta de armas, y ambas cosas se remontan a varias décadas. Con independencia de lo (in)útiles que puedan ser los aviones de combate para luchar contra los insurgentes, la venta a Riyad de 72 cazas Eurofighter Typhoon que negoció para 2006 la empresa británica BAE Systems ascendía a 15.000 millones de euros. Y no era más que la última parte de los acuerdos de Al Yamamah de compraventa de armas entre el Reino Unido y Arabia Saudita –que suponían la transferencia de tecnología estadounidense–, pendiente desde la era Thatcher, en los 80. En diciembre de 2006, el entonces primer ministro británico Tony Blair afirmó que armar al reino de los Saud era una acción de seguridad nacional porque “corrían peligro vidas británicas inocentes”. Asimismo, obligó a la Oficina de Grandes Fraudes (en inglés, SFO) a cerrar el caso contra la empresa, afiliada al Ministerio de Defensa británico, que estaba acusada de sobornos en la venta a Riyad de aviones Hawk y Tornado, entre otros materiales militares, en 1985, dentro del que fue hasta entonces el mayor acuerdo de armas de la historia del Reino Unido, valorado en 86.000 millones de dólares. A pesar del veto de Blair (¡hoy, enviado especial del Cuarteto para Medio Oriente y defensor de la creación de un Estado palestino en 2008!), el pasado abril se reabrió la causa contra la compañía. En ella, por cierto, el príncipe saudita Bandar, ex embajador enWashington e hijo del príncipe heredero Sultán, aparece como sospechoso de desfalco en relación con un Airbus y 2.000 millones de dólares que empleó para adquirir propiedades inmobiliarias en EE UU.
Mientras BAE Systems se defendía de las acusaciones de corrupción, Estados Unidos, que también investigaba el asunto, detuvo a varios directivos de la empresa en el aeropuerto de Houston (Texas). Las megamultinacionales no han tomado el relevo, todavía. Y, si lo hacen, Estados Unidos prefiere utilizar las suyas para mantener el monopolio del comercio de armas en Medio Oriente.
Israel, más Goliat que nunca
La venta de armamento no es sólo increíblemente lucrativa, sino que crea una interoperatividad militar entre las fuerzas estadounidenses y las del país comprador, ya que los contratos van acompañados de un paquete de mantenimiento logístico y de formación que asegura que la relación durará entre 10 y 20 años, con la consiguiente elaboración de acuerdos bilaterales para reforzar las alianzas regionales. Esto explica los acuerdos de compraventa de armas por valor de 20.000 millones de dólares entre EE UU y los Estados árabes moderados, anunciados en agosto de 2007. Arabia Saudita se lleva la mayor proporción, pero Kuwait, Qatar, Omán, Bahrein y los cinco emiratos también recibirán una nada desdeñable porción de la torta durante los próximos 10 años. Asimismo, Egipto ha renovado su acuerdo pendiente por 13.000 millones de dólares.
Estos grandes pactos surgieron como preparación a la conferencia de Annapolis (EE UU) en noviembre de 2007, que pretendía dar un empujón a la paz entre Israel y Palestina. Y preocupaba poder asegurar que Tel Aviv conservara la ventaja militar cualitativa, así que Washington aumentó su oferta a Israel en un 25%, hasta 30.000 millones de dólares para la próxima década. Israel conserva su hegemonía militar regional y Estados Unidos puede seguir apuntalando a sus aliados sunnitas con nueva tecnología, como los paquetes de municiones de ataque directo conjunto para Arabia Saudita, que pueden suministrar armas guiadas por satélite para los aviones F-15 Strike Eagle comprados a EE UU en los 90. Como repitieron los secretarios de Estado, Condoleezza Rice, y de Defensa, Robert Gates, en Jeddah (Arabia Saudita) el 1 de agosto de 2007: “Esto no es nada nuevo”. Tenían razón sobre los pactos de venta de armas y sobre las aspiraciones a convertirse en potencias nucleares.
La dependencia del gas natural y del petróleo sale cada vez más cara, a medida que los precios, desde la guerra de Irak de 2003, siguen subiendo hasta niveles inauditos. Egipto, por ejemplo, está intentando diversificar sus fuentes y ha creado un Consejo Supremo de la Energía con el fin de elucubrar el modo de obtener un 20% de sus necesidades energéticas de fuentes renovables, como la energía solar, la eólica y la nuclear. Desde los 40, los científicos de ese país estudian cómo desarrollar su capacidad nuclear, sobre todo en el centro de investigaciones de Inshas (al norte de El Cairo), por cierto, el mismo lugar en el que los jefes de Estado árabes se reunieron en mayo de 1946 y decidieron que Palestina debía seguir siendo árabe y que el sionismo constituía una amenaza para esa nación y otros países hermanos. El sionismo ganó la guerra de 1948, y más tarde, en 1967, Israel aplastó a los ejércitos árabes vecinos y terminó con el movimiento panarabista de Nasser, con lo que las aspiraciones nucleares de Egipto quedaron aplazadas. Sin embargo, hoy, Rusia es el primer candidato a suministrar a El Cairo combustible que le permita volver a poner en marcha su central. Asimismo, en 2005, Moscú acordó facilitar combustible de uranio poco enriquecido para el reactor nuclear de agua ligera cerca de Bushehr, en el sur de Irán, durante los próximos 10 años.
Asimetría regional
La diplomacia no ha logrado detener el programa nuclear iraní, que es percibido como una amenaza existencial contra Israel. La propuesta estadounidense de internacionalizar las actividades de enriquecimiento de uranio de Teherán y convertirlas en un programa multilateral no ha tenido respuesta y el Alto Representante de la UE, Javier Solana, no ha podido negociar la interrupción del programa iraní. En la primera división del poder internacional, la Unión Europea tiene escasa credibilidad en Medio Oriente y Asia Central, porque el poder blando europeo en escenarios como Afganistán, Irak y Palestina es percibido en esas regiones como un mero instrumento de la política exterior de poder duro de Estados Unidos.
Un ejemplo de lo que quiere hacer Washington en Medio Oriente es el adiestramiento de batallones de la Guardia Presidencial y las Fuerzas de Seguridad Nacional palestinas en la Academia Internacional de Entrenamiento de la policía en Jordania, al este de Ammán, la misma base utilizada por Estados Unidos para formar a la policía iraquí. Esto no es más que la antesala de las repercusiones que puede tener el informe estratégico encargado recientemente por Condoleezza Rice al general James Jones, enviado especial de EE UU para la seguridad en Medio Oriente, sobre la manera de encajar la solución de dos Estados (Israel/Palestina) en una estructura de seguridad regional.
No obstante, la posición de la Unión Europea junto a EE UU ha suavizado las políticas israelíes y de los neocons. En Líbano, importantes Estados miembros de la UE, como España e Italia, han evitado incluir el Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas para la misión reforzada en el país de los cedros (UNIFIL-2), que les habría autorizado a disparar a voluntad y a desarmar a las milicias libanesas por la fuerza. Al poner fin al bloqueo marítimo israelí del Líbano y ayudar a tranquilizar el sur, UNIFIL-2 ha hecho ganar varios puntos a Europa. Las escasas armas enviadas por Estados Unidos al ejército libanés fueron una buena idea –Beirut necesita adquirir la capacidad de hacer respetar su soberanía–, pero la presión estadounidense sobre el primer ministro, Fuad Siniora, para que despidiera al jefe de seguridad del aeropuerto de Beirut y desmantelara el sistema de telecomunicaciones de Hezbollah fue una clara afrenta para la milicia chiíta. Ésta reaccionó en mayo de 2008 con la toma de la capital y de otras zonas del país, del mismo modo que Hamás se hizo con el control de Gaza en junio de 2007, cuando Washington apoyó los intentos de Mohamed Dahlan, el hombre fuerte de Al Fatah, por controlar los pasos fronterizos de la franja.
Los paralelismos entre Palestina y Líbano son abundantes. Ambos movimientos islamistas han pedido la reconciliación con los grupos laicos para formar gobiernos de unidad nacional, han sido rechazados y etiquetados de peones de Irán, se han declarado victoriosos tras disparar cohetes sin cesar durante ataques israelíes y han obtenido representación democrática en sus respectivas elecciones. Y ambos están rearmándose y mejorando sus misiles: Hezbollah tiene proyectiles Fajr Katyusha de largo alcance, dirigidos contra Tel Aviv, y Hamás ha mejorado la calidad y la precisión de sus cohetes caseros Qassam, que esta primavera cayeron por primera vez más allá de Ashkelon (a 15 kilómetros de la frontera de la Franja de Gaza). Los dos movimientos, el chiíta Hezbollah y el sunnita Hamás, comparten la voluntad de perder la vida por su causa: la muerte a cambio de acabar con la ocupación israelí de Palestina y Líbano, por no hablar de la oposición islamista a la presencia militar de Estados Unidos en Irak.
La incapacidad israelí para ganar las batallas asimétricas contra estos movimientos de resistencia ha animado aún más a EE UU a renovar sus envíos de armas. Después de la guerra de 2006 entre Israel y Líbano, Tel Aviv puso en marcha un plan de mejora militar de cinco años. El proyecto Tefen 2012, con un coste de 60.000 millones de dólares, modernizará y completará los arsenales actuales del ejército con cientos de vehículos de combate Stryker, escuadrones de nuevos aviones de combate F-35 Joint Strike, varios buques de combate de costa, más misiles y carros de combate Merkava. Además, aunque el objetivo del sistema Arrow, financiado por EE UU, es interceptar misiles balísticos de largo alcance procedentes de Irán, Israel también está desarrollando programas de defensa de corto y medio alcance llamados Honda de David y Cúpula de Hierro, para interceptar los proyectiles Fajr Katyusha de Líbano y los cohetes Qassam mejorados de Gaza. Además, Tel Aviv, como El Cairo, sigue recibiendo de forma gratuita excedentes de defensa y de armas desde Estados Unidos, y ha superado a Gran Bretaña como cuarto exportador de material bélico del mundo, según fuentes oficiales israelíes, con sus mercados principales en India y China.
Como sugiere la elección del nombre Honda de David, Israel sostiene que está siendo atacado por un Goliat filisteo, y que eso justifica los ataques preventivos contra sus enemigos. En verano de 2006 intentó aniquilar a Hezbollah, y en septiembre de 2007 atacó Siria para destruir un supuesto reactor nuclear secreto. Un día después de que Israel anunciara la reducción de la cantidad de tropas que había acumulado en los Altos del Golán (tal como Ehud Olmert informó a Damasco, a través de la Liga Árabe), Israel atacó las instalaciones del norte de Siria conocidas con el nombre en clave de Al Kibar, dotadas, en teoría, de material nuclear procedente de Corea del Norte y que trabajaban para Adbul Kader Jan, el padre de la bomba paquistaní. A pesar de la propaganda, el objetivo era el mismo que cuando Israel bombardeó la planta de Osirak (Irak) en 1981: impedir una posible paridad nuclear. En 2004, Israel se negó a revelar su capacidad a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), pero dos años después Olmert declaró de forma implícita que su país posee armas nucleares y que las maniobras del régimen de los ayatollahs tienen como fin obtener esa misma capacidad. Al mismo tiempo que sigue sancionándose a Irán, Israel firmó otro acuerdo nuclear con EE UU, en abril de 2008, para mejorar la seguridad y la tecnología en Dimona.
Antes de la incursión israelí en el norte de Siria, el presidente iraní visitó Damasco. De aquella visita, realizada en julio de 2007, salió un acuerdo de venta de armas entre ambos países por mil millones de dólares, que incluía misiles tierra-tierra y sistemas de combate anticarro y antiaéreos procedentes de Rusia y Corea del Norte, según afirmó el diario israelí Haaretz. Ante el temor de que este contrato fuera una realidad o para intentar romper el creciente chiíta, Olmert inició conversaciones de paz con Siria, a través de Turquía, el pasado mayo, y con Líbano, en junio, por presión estadounidense. Pero ni la paz ni la frágil tregua en Gaza anularán la influencia regional de Irán. Es demasiado tarde. Teherán controla ya partes de Irak y tres islas de los emiratos, goza de firmes vínculos económicos con el Golfo Pérsico y con Siria, y apoya a Hezbollah y Hamás como puntas de lanza contra Israel. Mientras los movimientos que dominan respectivamente Líbano y Gaza muestran cómo el poder político está cambiando en Medio Oriente, la inyección masiva de armas está echando más leña al fuego. Y ni todas las tropas estadounidenses estacionadas en Afganistán, Irak y Arabia Saudita, ni todos los buques estadounidenses presentes en el Mediterráneo y ante las aguas territoriales iraníes van a ser un obstáculo para el poder persa. A la vista de su inclinación por los ataques preventivos, es muy posible que Israel sea el primero en arrojar la bomba. Recordemos a Sansón: “Los que mató al morir fueron muchos más que los que había matado durante su vida” (Jueces, 16:30).
La fuente: FP Edición Española.
T O D O el mundo a través del pensamiento
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NOS QUIEREN METER MIEDO

Michael Moore
Todos decían que la ley sería aprobada. Los expertos del universo ya estaban haciendo reservas para celebrar en los mejores restaurantes de Manhattan. Los compradores personales en Dallas y Atlanta fueron despachados para hacer los primeros regalos de Navidad. Los Hombres Locos de Chicago y Miami estaban descorchando botellas y brindando entre ellos mucho antes del desayuno.
Pero lo que no sabían era que cientos de miles de estadounidenses se despertaron ayer a la mañana y decidieron que era tiempo de rebelarse. Los políticos no la vieron venir. Millones de llamadas telefónicas y correos electrónicos golpearon al Congreso tan fuerte como si Marshall Dillon (Comisario Dillon, personaje de una serie) y Elliot Ness hubieran descendido en Washington D.C. para detener los saqueos y arrestar a los ladrones.
La Corporación del Crimen del Siglo fue detenida por 228 votos contra 205. Fue raro e histórico; nadie podía recordar un momento cuando una ley apoyada por el presidente y el liderazgo de ambos partidos fuera derrotada. Eso nunca sucede. Mucha gente se está preguntando por qué el ala derecha del Partido Republicano se unió al ala izquierda del Partido Demócrata para votar en contra del robo. Cuarenta por ciento de los demócratas y dos tercios de los republicanos votaron en contra de la ley.
Esto es lo que sucedió:
La carrera presidencial puede estar todavía muy pareja en las encuestas, pero las carreras en el Congreso están señalando una victoria aplastante para los demócratas. Pocos discuten la predicción de que los republicanos van a recibir una paliza el 4 de noviembre. Hasta 30 bancas republicanas en la Cámara de Representantes se perderían en lo que sería un increíble repudio a su agenda. Los representantes del oficialismo tienen tanto miedo de perder sus bancas, que cuando apareció esta “crisis financiera” hace dos semanas, se dieron cuenta que habían entregado su única oportunidad de separarse de Bush antes de la elección, mientras hacían algo que los hiciera parecer como que estaban del lado de “la gente”.
Estaba mirando ayer C-Span, una de las mejores comedias que he visto en años. Ahí estaban, un republicano después de otro que habían apoyado la guerra y hundido al país en una deuda record, que habían votado para matar cualquier regulación que hubiera mantenido a Wall Street en control —¡ahí estaban, lamentándose y defendiendo al hombrecito común!—. Uno tras otro se pararon en el micrófono de la Cámara baja y tiraron a Bush bajo el ómnibus, bajo el tren (aunque habían votado por quitarles los subsidios a los trenes también), diablos, lo hubieran tirado bajo la aguas crecientes de Lower Ninth Ward (barrio de Nueva Orleans) si hubieran podido conjurar otro huracán.
Los 95 valientes demócratas que rompieron con Barney Frank y Chris Dodd era los héroes reales, igual a aquellos pocos que se pararon y votaron en contra de la guerra en octubre de 2002. Miren los comentarios de ayer de los republicanos Marcy Kaptur, Sheila Jackson Lee, y Dennis Kucinich. Dijeron la verdad. Los demócratas que votaron por el paquete lo hicieron en gran parte porque estaban temerosos de las amenazas de Wall Street, que si los ricos no recibían su dádiva, los mercados enloquecerían y entonces adiós a las pensiones que dependen de las acciones y adiós a los fondos de retiro. ¿Y adivinen qué? ¡Eso es exactamente lo que hizo Wall Street! La caída más grande de un solo día en el Dow en la historia de la Bolsa de Valores de Nueva York. Anoche los nuevos presentadores de televisión lo gritaban: ¡los estadounidenses acaban de perder 1,2 billón de dólares en la Bolsa! ¡Es el Pearl Harbour financiero! ¡Se cae el cielo! ¡Gripe aviar! Por supuesto, la gente cuerda sabe que nadie “perdió” nada ayer, que los valores suben y bajan y que esto también pasará porque lo ricos comprarán ahora que están bajos, los sostendrán, luego los venderán, y luego comprarán nuevamente cuando estén bajos. Pero por ahora, Wall Street y su brazo de propaganda (las redes y los medios que poseen) continuarán tratando de meternos miedo. Será más difícil conseguir un préstamo. Algunas personas perderán sus empleos. Una débil nación de peleles no durará mucho bajo esta tortura. ¿O sí podremos?
Esto es lo que creo: el liderazgo democrático en la Cámara baja esperaba secretamente todo el tiempo que esta pésima ley fracasara. Con las propuestas de Bush hechas añicos, los demócratas sabían que entonces podían escribir su propia ley que favorece al promedio de los estadounidenses y no al 10 por ciento más rico que está esperando otro lingote de oro. De manera que la pelota está en la manos de la oposición. El revólver de Wall Street todavía le apunta a la cabeza. Antes que den el próximo paso, déjenme decirle lo que los medios silenciaron mientras se debatía esta ley:
1. La ley de salvataje NO tiene provisiones para el llamado grupo de supervisión que iba a monitorear los gastos de Wall Street de los 700.000 millones;
2. NO consideraba multas, sanciones o prisión para ningún ejecutivo que pudiera robar algo del dinero del pueblo;
3. NO hizo nada para obligar a los bancos y a los prestamistas a reescribir las hipotecas del pueblo para evitar ejecuciones ¡Esta ley no hubiera detenido ni UNA ejecución!
4. En toda la legislación NO había nada ejecutable, usando palabras como “sugerido” cuando se referían a que se le devolviera el dinero del rescate al gobierno;
5. Más de 200 economistas escribieron al Congreso y dijeron que esta ley podría empeorar la “crisis financiera y causar aún MAS de una caída.
Es hora que nuestro lado establezca claramente las leyes que nosotros queremos pasar.
Traducción: Celita Doyhambéhére.
01 octubre 2008
EL PLANETA GIRA SOBRE SU EJE...

Mucho tiempo giró en el sentido de las agujas del reloj.Ahora comenzó a girar en sentido contrario...
El neoliberalismo económico, el totalitarismo político militar, y el retroceso de la vida social han caracterizado la historia de los últimos años. Pero a partir de la invasión a Irak, por fijar una fecha aproximada (y casi seguro que arbitraria) se ha marcado el fin del imperio americano, el fin del sueño del dominio unipolar del mundo por parte de los oligopolios americanos. Ni infalibles ni imbatibles...
Ya desde los primeros meses el militarismo de Bush−USA se reveló como aventurero, incapaz e inútil de ganar una guerra montada escrupulosamente por el trío siniestro Bush, Chaney y Rumsfeld.
Durante esos primeros meses de la invasión se mostraron implacables, ordenaron asesinatos en masa, mandaron torturar, llevar a campamentos de concentración fuera de irak a los detenidos y humillados. La hermeticidad policial e imperialista comenzo a filtrar información de lo que ocurría en la guerra sucia. Y el imperio comenzó a hacer agua por todas sus rendijas y agujeros, hasta culminar con sucesivas derrotas militares, pérdidas políticas y una tremenda crisis económica y financiera.
En el continente de América Latina, se fueron forjando relaciones de nuevo tipo: Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Venezuela, Ecuador, Paraguay y Bolivia han constituido una entente que considera a los EE.UU. un segmento del cual pueden prescindir en esta etapa. Y tal vez estén en condiciones de extrangular los últimos manotazos del imperio.
En Europa y Asia se han levantado dos potencias que no sólo amenazan sino que han roto el monopolio de USA: Rusia, que ha demostrado, desde el aventuresco juego del satélite americano, Georgia, que ya ha dejado de ser el tigre de papel de la era Yeltsin para convertirse en un poderoso adversario del bloque de provocadores encabezados por los EE.UU. Y China, que exige no solamente ser una potencia productora y exportadora, sino que reclama una posición en el mundo de acuerdo a su potencial político, económico, industrial, financiero y militar.
La rueda del planeta ha comenzado a girar en sentido contrario a las agujas del reloj americano.
De estas antinomias, de estas crisis del mundo capitalista, es muy posible que las fuerzas de los pueblos tengan una presencia activa en este siglo XXI, que se está recalentando en todas las esferas de la vida contemporánea.
Tenían razón los pensadores del siglo XIX cuando hace 160 años atrás anunciaron, sin dudas, que las crisis son la sombra permanente del sistema capitalista. Y si bien la previsión de sus ciclos ha cambiado, lo que permanece y permanecerá, sin cambios, es la crisis como esencia de su composición intrínseca. Ni la historia ha terminado ni el neoliberalismo es una panacea eterna. Más bien lo contrario. (seguirá)
© Andrés Aldao
Marta García de Candeloro testimonió sobre torturas en Mar del Plata

Marta García de Candeloro testimonió sobre torturas en Mar del Plata
“Era el verdadero infierno”
Así se refirió al centro clandestino marplatense La Cueva. También relató que le pidió, sin éxito, ayuda al juez Pedro Federico Hooft en la comisaría 4ª de Mar del Plata. Fue su declaración número 45.
Por Diego Martínez
Marta Haydeé García fue secuestrada con su esposo el 13 de junio de 1977.
Con admirable serenidad para quien declara por 45ª vez, Marta Haydeé García describió ayer su cautiverio y la muerte en la tortura de su esposo Jorge Candeloro en el centro clandestino La Cueva, que comandaba el coronel Alberto Pedro Barda. La testigo recordó ante el Tribunal Oral Federal 5 que durante su secuestro en la comisaría 4ª de Mar del Plata intentó sin éxito ser auxiliada por el juez Pedro Federico Hooft, quien visitaba allí a presos comunes. Hooft aún sigue en funciones, mientras los pedidos de juicio político en su contra hibernan en la oficina de Control Judicial de la Suprema Corte de Justicia bonaerense. El tribunal presidido por Guillermo Andrés Gordo, que también juzga a los brigadieres César Comes e Hipólito Mariani por crímenes en Mansión Seré, rechazó ayer un nuevo planteo del fiscal federal Félix Crous para autorizar la transmisión de las instancias finales del juicio, como ocurre en todo el país, tema sobre el que ahora deberá pronunciarse la Cámara de Casación Penal.
Las declaraciones de García ante organismos y jueces, nacionales y extranjeros, incluidos reconocimientos de lugares de cautiverio, suman 45. “Al principio se declara para que la sociedad sepa. Luego de tantos testimonios se da un efecto paradojal: un shock postraumático que antes no se sentía”, confesó la testigo, psicóloga de 69 años.
Candeloro y García se fueron de Mar del Plata en 1975, huyendo de los grupos de choque de la Concentración Nacional Universitaria. Abogado laboralista en varios sindicatos, militante del PCR, Candeloro había tenido un rol central en la causa por el asesinato de Silvia Filler que en 1971 llevó a la cárcel a varios miembros de la CNU. En 1973, amnistiados, volvieron a sembrar terror en Mar del Plata. Por ese motivo, el matrimonio se radicó en Neuquén, donde fue secuestrado el 13 de junio de 1977. “Me llevaron a la Policía Federal, siete días”, recordó. Por los guardias supo que la captura había sido pedida por el Ejército desde Mar del Plata, donde Barda era la autoridad máxima.
Durante el traslado, con vendas, esposas y cadenas en los pies, los amenazaron con arrojarlos al mar. La primera escala fue La Escuelita de Bahía Blanca. Allí pasaron una noche, Candeloro al aire libre, García en una casilla. Cuando los encerraron en el baúl del auto que los trasladaría al aeropuerto de Espora, escala previa al GADA 601, pudieron tomarse de la mano y cruzar unas palabras, recordó ayer.
“La Cueva era el verdadero infierno”, resumió. “¿Así que sos psicóloga? ¡Puta como todas las psicólogas!”, fue la bienvenida de los militares, que la arrojaron por una escalera con capucha y esposas. García no se explayó en detalles sobre victimarios y las partes tuvieron la delicadeza de no preguntar más de lo imprescindible. Se entiende: ya en 1985, durante el Juicios a las Juntas, García declaró durante ocho horas.
Recordó que al llegar había alrededor de treinta personas, trasladadas poco después, y dio precisiones sobre torturas. “La picana y el submarino eran comunes, pero las mujeres sufríamos diferencias de género: éramos violadas sistemáticamente por los guardias, era tal vez el premio”, dijo. Los guardias eran de Ejército y Fuerza Aérea. Por borracho y sádico sobresalía el suboficial Gregorio Rafael Molina, a quien García volvió a ver por las calles de Mar del Plata.
Tras escuchar morir a su marido y vivir desde La Cueva la Noche de las Corbatas del 6 de julio de 1977, como se conoce al secuestro de un grupo de laboralistas marplatenses, García fue trasladada a la comisaría 4ª, donde estuvo otros tres meses. Allí concurría el juez Hooft. “Un día grité ‘¡doctor Hooft, soy la señora del doctor Candeloro!’, con la esperanza que uno tiene en la Justicia. El juez preguntó ‘¿quién está acá?’, le dijeron ‘una mujer a disposición de las Fuerzas Armadas’, y después escuché cómo los pasos de la justicia se alejaban”, resumió.
Hooft fue denunciado como partícipe de 148 delitos de lesa humanidad por las secretarías de Derechos Humanos de Nación y provincia, la Comisión Provincial por la Memoria y organismos de Mar del Plata. Desde 2006 hay varios pedidos de juicio político en su contra en la Secretaría de Denuncias y Acusaciones contra Magistrados de la Suprema Corte bonaerense. La causa penal se frenó gracias a planteos dilatorios del interesado. El jury duerme en la oficina de Control Judicial del máximo tribunal provincial, a la espera de que la Procuración se decida a acusarlo.
El tribunal que preside Guillermo Gordo, en tanto, ratificó ayer su criterio de publicidad acotada por el cual prohíbe el ingreso de reporteros gráficos a la sala. La primera negativa fue el 14 de agosto, dirigida a la querella, con el argumento de que las cámaras atentan “contra la espontaneidad de los testigos”. El fiscal Crous solicitó entonces la transmisión de las audiencias de las que no participan testigos: lectura de elevación a juicio, alegatos, dúplicas, réplicas y sentencia. Como Gordo no acusó recibo del nuevo planteo y remitió al fiscal a la negativa anterior, Crous interpuso un recurso de casación en el cual denunció una “arbitrariedad manifiesta”, destacó la “gravedad institucional” del caso y recordó que el Estado se comprometió internacionalmente a juzgar crímenes de lesa humanidad y garantizar el derecho a la verdad que el tribunal pone en crisis. El nuevo rechazó llegó ayer, con doce días de demora: los suficientes para que cuando Casación se pronuncie la cuestión sea abstracta porque el juicio habrá concluido.
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