Por Cristina Castello
¿Qué le han hecho a la tierra?
¿Qué le han hecho a nuestra bella hermana?
Devastada, saqueada, violada y golpeada
Perforada con cuchillos en su amanecer
The Doors
Fin del mundo, apocalipsis, epílogo de una Era... expresiones para nombrar el miedo que atraviesa el corazón del mundo. Sed de petróleo, guerras, hambre, huracanes, maremotos, discriminación, guerras, deforestación, calentamiento global. Extenso sería el inventario de las ignominias perpetradas por el Hombre contra la Tierra, y contra el hombre. El planeta se estremece, nos sacude y golpea, y cada uno trata de ampararse a su manera: por la fe, la negación de la realidad, el humor o... el ridículo; algunos asisten a cursos para «hacer milagros» [sic], otros comen dentro de un ataúd, y algunos intentan volar como los pájaros.
«Cuando la música acabe», alertó Jim Morrison («The Doors») en 1967, como una metáfora del fin del mundo. ¿Fue profético? ¿Desaparecerá? Cada vez son más las voces de notables —entre ellos, la mayoría de los republicanos estadounidenses—, que anuncian la caída de la larga etapa liderada por la superpotencia del Norte. Los ojos de la Humanidad, aun los que estuvieron sordos, ciegos y mudos, empezaron a abrirse. Sí. Aunque el Poder mundial intente recrearlo, maquillado, vivimos el principio del final del capitalismo, la caída del Imperio Americano.
Por cierto que este Régimen hegemónico y unipolar que adoró al «Dios Mercado» en detrimento de las personas, no se agotará de un día para otro. El futuro de Rusia no está definido; China no piensa sino en alimentar a sus casi 1.400 millones de almas, y Europa está desorientada. El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, es el Amigo americano, el mejor alumno de los USA de George W. Bush. Este monsieur que está liquidando los derechos sociales del ex-país de los derechos humanos; el mismo que está rematando la France como si fuera un mercadito; el que construye un Estado policíaco, se ha permitido decir que el capitalismo —el mismo con que él comulga— es el «culpable». La música es tu amigo especial / Baila sobre el fuego como te lo pide / La música es tu único amigo / Hasta el final, tañe la voz de Jim Morrison, en medio del disparate general.
El silencio. El silencio que rasga el alma del mundo —el miedo— se quiebra en dislates, a veces divertidos. En Villa Borghese (Roma), veinte personas comieron hace poco, a cincuenta metros de altura, sobre la copa de los árboles, sostenidos por una grúa: querían disfrutar del paisaje. Y a los pocos días, el alcalde de la ciudad dijo a la prensa que el fascismo no encarnaba el «mal absoluto». ¡Vaya tiramisú!
Desde que en el «septiembre negro» empezó la crisis financiera de Wall Street y se extendió por el mundo, quedó claro que el precio no lo pagan los ricos, sino las personas del común. Recesión, suba de precios, salarios caídos, huelgas, estallidos sociales y aumento de la pobreza, son moneda cotidiana. Y continuarán. Como contrapartida, las grandes fortunas, lejos de volatilizarse, pasan de unas a otras manos; de las de Merrill Lynch a las del Bank of América, por citar uno de los casos.
¿Es el fin? El «septiembre negro» — más que una causa de lo que vivimos hoy— fue un disparador. Y es una consecuencia. Esta caída empezó en 1981 con Ronald Reagan y el fundamentalismo del mercado: la «Reaganomics», como se conoció su invento. El de la más despiadada plutocracia, y también el de la desvinculación de la responsabilidad del Estado para con sus ciudadanos. Durante casi treinta años, los «amos del universo» —llamados así por el escritor Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades— dirigen los destinos del planeta. Los amos, son los menos. Empalagados de riquezas materiales incalculables, deciden los destinos de los más: de los sufrientes y cada vez más excluidos de toda esperanza. El desamparo crece y se extiende sobre las generaciones, como una telaraña.
Por otra parte, ni el centroizquierda ni la izquierda pudieron todavía articular una propuesta seria; están todavía bajo el shock de las sucesivas crisis —salvo en algunos pocos países de América Latina—, y no tienen respuestas ante al desastre.
¿Cuánto durará esta caída? Según la mayoría de los analistas más conservadores, entre diez y quince años, aunque más probablemente veinte. Todo depende del resultado de la puja entre los menos que quieren destruir en pro de esa oligarquía financiera; y los menos que abogan por el bien de los más: la mayoría doliente. Y aquí no caben ni pesimismo ni optimismo sino la conciencia despierta del mundo, para recordar que la responsabilidad es de todos. Porque tantas veces esos «todos» bendijeron en las urnas lo mismo que los sacrificaba en la vida, y porque es tan bello el paisaje de las ovejas en sus rebaños, como degradante que el Hombre viva para dar balidos.
Titilan las mariposas, despavoridas, ante la inminencia de lo desconocido, mientras el hombre parece una hoja en la tormenta, sin saber siquiera cómo reaccionar. «Voy a bailar el Apocalipsis», dijo frente a multitudes el bailaor sevillano Israel Galván, y su danza tradujo en imágenes esa sensación de final. Con sonidos reales de bombardeos y misiles. ¿Un anuncio? Ya Francis Coppola había hecho su «Apocalypse Now», pero el mundo siguió andando. Bueno, ¿anduvo?
La caída encantada
Fue el escritor finlandés Arto Paasilinna quien encontró una salida armoniosa a este intríngulis universal. Escribió en 1991 El Cántico del apocalipsis alegre, traducido por ahora sólo en francés. Es una fábula gozosa que alumbra la esperanza, y nos conduce hasta 2023. Como una fantasía que alienta la imaginación, rescata la utopía y nos invita a un mundo fantástico, sin negar el pavor.
Curiosamente, el apellido del autor —traducido a nuestra lengua—, significa «fortaleza de piedra»; y es justamente lo que Arto nos ofrece en su Cántico: un enjambre de luces sobre nuestro futuro azaroso. Pero –eso sí— nos pide el deber de resistir durante este final provisorio del mundo que él prevé en 2023... con más víctimas, fruto de los estertores del capitalismo. Por cierto que Paasilinna relata la caída del Muro de Berlín (1989) y —aunque jubiloso e irónico— profetiza lo que vivimos y viviremos.
Con el Muro, uno de cuyos iconos más conocidos fue la «Guerra Fría», se desplomaba el sistema económico, político y social representado por la Unión Soviética, Hoy, según los especialistas más lúcidos del mundo, entre ellos Joseph Stiglitz —Premio Nobel de la Economía 2001—, la crisis de Wall Street fue al capitalismo lo que la caída del Muro al comunismo. Stiglitz, como tantas otras voces, vaticina el fin del enriquecimiento obsceno de los sectores financieros y de las multinacionales, que aún retienen el Poder. Para revertir la situación, habrá que esperar años.
Sí, el número de hambrientos en el mundo es de 925 millones: sólo en un año, 75 millones se sumaron a los famélicos. Y aunque, por un lado y con una mirada idealizada, algunos ven en América latina una esperanza, no menos de 26 millones de sus gentes engrosarán —casi de un día para el otro— las filas de los hambrientos. La música es tu amigo especial/Baila sobre el fuego como te lo pide/La música es tu único amigo/Hasta el final, nos desafían «The Doors».
¿El ojo de Dios?
En la frontera entre Francia y Suiza, los científicos buscan la «partícula de Dios». Inventaron un Gran Colisionador de Hadrones (LHC), para descubrir el origen del Universo. Todo está puesto en duda. «Todo lo sólido se desvanece en el aire», como escribió en el ‘88 Marshall Bergman.
El miedo, el miedo que lacera; la sensación de ser títeres bajo la locura de los poderosos; lo desconocido y acechante incitan también al humor... negro. Enterradores ucranianos de la empresa «Eternidad» hicieron un restaurante en un espacio de veinte metros de largo. Es un ataúd —el mais grande do mundo—, decorado con féretros y cuyos platos tienen nombres relacionados con la muerte: «Nos vemos en el Paraíso», o «Ríase del infierno», por ejemplo. Otro caso: enfermo de vacío y sediento de sangre, un joven argentino mató a su papá, lo cocinó y... se lo comió. Como contrapartida, el suizo Yves Rossi, provisto de alas equipadas con reactores sobre sus espaldas y su cuerpo como fuselaje, voló sobre los 35 kilómetros del Canal de la Mancha en diez minutos. Por gracia, también hay pájaros.
Crisis energética, cambio climático, calentamiento global, deforestación, discriminación, inmigrantes que buscan un lugar bajo el sol y encuentran la muerte de la mano de su hermano, el hombre; ocupaciones de países y masacres por parte del Imperio; la crisis financiera; la militarización de la América indígena; la amenaza de carencia de agua, mientras los sin conciencia la despilfarran; la medicina inaccesible para la mayoría, la falta de viviendas y de educación, las muertes por pánico…
El hombre horrorizó a la Naturaleza y hoy estamos expuestos a su justa furia. Pero ahora, cuando lo que se juega es nada menos que el destino de todos, lo peor es la pérdida del sentido de la vida, de los valores humanos. Tomados por las urgencias y por la banalidad con que el Sistema distrae la atención de los desprevenidos o indiferentes, no vemos el caleidoscopio que —como un milagro— nos convoca con mil imágenes a dar vida a la vida.
Hoy conocemos la realidad. ¿Qué viene después? Sólo hay presunciones. ¿Se harán ciertas las profecías mayas? Según ellas, después de sufrir no pocas desventuras, el 22 de diciembre de 2012 comenzará una nueva Era. ¿Cambiamos de paradigmas... o elegimos las sombras?
Según Una breve historia del futuro, libro del economista y pensador francés Jacques Attali, hay tres alternativas. La primera —que todos, y aun los hechos, descartan— es la continuación del Imperio de los USA, lo que significaría el fin del mundo. Otra, igualmente grave, es el súper-conflicto que seguiría a su caída, en cuyo caso continuaría la mundialización capitalista, el caos seguiría in crescendo, mientras que la anomia internacional permitiría que nuevos grupos de depredadores —con acceso a armas de destrucción masiva— cruzaran el espacio y los mares. De cumplirse esta hipótesis, la especie humana se extinguirá.
Otra posibilidad: la súper-democracia. Si la humanidad no quiere autoaniquilarse, el camino sería un contrato social planetario, con instancias de gobernabilidad y acciones colectivas en pro de la naturaleza. Así, podría inaugurarse la existencia, como una posibilidad humana de transitar el tiempo.
Hoy sabemos que Barack Obama sucederá a Georges W. Bush, calificado como «el peor entre todos los presidentes de los USA». Mientras tanto, y hasta que el 20 de enero entregue el Poder, sigue cometiendo atrocidades ¿Cuántas puede perpetrar, si hasta hoy no se privó de ninguna?
Y después, con el flamante electo... ¿qué? Más que los ciudadanos estadounidenses, parece haberlo votado el mundo todo. Las esperanzas puestas en él no tienen ni asidero, ni posibilidades serias de concretarse. Pareciera que se trata de inventar una ilusión. ¿Seguiremos soñando ser «libres como el viento», mientras vivimos prisioneros y amurallados por el miedo?
¿O quizá los pájaros nos mirarán desde su camino aéreo y desearán ser «libres como los hombres»?
Cristina CastelloPoeta y periodista
http://www.cristinacastello.com
http://les-risques-du-journalisme.over-blog.com
Editor: Andrés Aldao - Boletín de noticias y comentarios. Si no lees los diarios no estás informado, y si lo lees estás mal informado Una versión distinta de los hechos en el mundo. ¡DIFUNDILO!
05 diciembre 2008
03 diciembre 2008
La prohibición de las bombas de racimo arranca sin la firma de EE UU, Rusia, China e Israel
Los organizadores se dirigirán a la nueva administración norteamericana para recabar su apoyo Oslo - 03/12/2008
El primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, ha abierto hoy en Oslo la convención para la ratificación del tratado internacional que prohíbe las bombas de racimo, acordado el pasado mayo en Dublín y que firmarán un centenar de países. La convención, en el Ayuntamiento de Oslo, se extenderá durante horas y coincidirá con la celebración de un debate. Entre los invitados figuran el ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Angel Moratinos, y sus colegas francés, Bernard Kouchner; inglés, David Miliband; y alemán, Frank-Walter Steinmeier.
Dieciocho de los veintiséis países de la OTAN han asegurado que firmarán el tratado, algo a lo que se han negado los principales fabricantes y usuarios de bombas de racimo, como Estados Unidos, Rusia, China, India, Israel y Pakistán. El acuerdo prohíbe el uso, desarrollo, fabricación, adquisición y almacenamiento de las bombas de racimo y mejora la asistencia a las víctimas, la mayoría civiles. En la convención participan también 250 activistas de 75 países y personas que han sufrido heridas causadas por este tipo de bombas.
Petición a Obama
Stoltenberg ha señalado que "el mundo no será el mismo" después de la firma del tratado y ha invitado a países como EEUU y Rusia a unirse a esta iniciativa. El jefe de Gobierno noruego ha recordado que el próximo presidente de EEUU, Barack Obama, votó en su momento contra su uso y señaló que Noruega contactará con la nueva administración estadounidense para conocer su punto de vista sobre la cuestión.
El Gobierno noruego lanzó en noviembre de 2006 una iniciativa para acelerar las negociaciones que culminaron en mayo pasado en Dublín, donde más de un centenar de países consensuaron finalmente el tratado que hoy se firma en Oslo. Según la Coalición contra las Bombas de Racimo (CMC, en sus siglas en inglés), que agrupa a más de 200 organizaciones no gubernmentales (ONG) a favor de la prohibición, las bombas racimo han herido y asesinado a más de 100.000 personas, un tercio de ellos niños.
El primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, ha abierto hoy en Oslo la convención para la ratificación del tratado internacional que prohíbe las bombas de racimo, acordado el pasado mayo en Dublín y que firmarán un centenar de países. La convención, en el Ayuntamiento de Oslo, se extenderá durante horas y coincidirá con la celebración de un debate. Entre los invitados figuran el ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Angel Moratinos, y sus colegas francés, Bernard Kouchner; inglés, David Miliband; y alemán, Frank-Walter Steinmeier.
Dieciocho de los veintiséis países de la OTAN han asegurado que firmarán el tratado, algo a lo que se han negado los principales fabricantes y usuarios de bombas de racimo, como Estados Unidos, Rusia, China, India, Israel y Pakistán. El acuerdo prohíbe el uso, desarrollo, fabricación, adquisición y almacenamiento de las bombas de racimo y mejora la asistencia a las víctimas, la mayoría civiles. En la convención participan también 250 activistas de 75 países y personas que han sufrido heridas causadas por este tipo de bombas.
Petición a Obama
Stoltenberg ha señalado que "el mundo no será el mismo" después de la firma del tratado y ha invitado a países como EEUU y Rusia a unirse a esta iniciativa. El jefe de Gobierno noruego ha recordado que el próximo presidente de EEUU, Barack Obama, votó en su momento contra su uso y señaló que Noruega contactará con la nueva administración estadounidense para conocer su punto de vista sobre la cuestión.
El Gobierno noruego lanzó en noviembre de 2006 una iniciativa para acelerar las negociaciones que culminaron en mayo pasado en Dublín, donde más de un centenar de países consensuaron finalmente el tratado que hoy se firma en Oslo. Según la Coalición contra las Bombas de Racimo (CMC, en sus siglas en inglés), que agrupa a más de 200 organizaciones no gubernmentales (ONG) a favor de la prohibición, las bombas racimo han herido y asesinado a más de 100.000 personas, un tercio de ellos niños.
EL AGUA Y EL ORO
El debate sobre la ley de protección a los glaciares, vetada por el Ejecutivo, debe ser asumido por los legisladores y por la sociedad
Miguel Bonasso
Los glaciares no son, simplemente, una atracción turística, un escenario suntuoso para desfiles de modelos. Constituyen una de las mayores reservas de agua dulce del planeta y aunque castigados ellos mismos por el calentamiento global siguen siendo, pese a todo, un factor que atempera y ralenta ese calentamiento. Impedir que los destruyan o contaminen es una cuestión de vida o muerte.
El dicho popular sentencia: "Sin oro podemos vivir, sin agua no". Sin embargo, hay quienes siguen considerando, como el Rey Midas, que el oro es la medida de todas las cosas de la Tierra, aunque la Tierra perezca.
Por eso, el debate sobre la ley de protección a los glaciares que fue vetada días atrás por el Poder Ejecutivo debe ser asumido por los legisladores que votaron por unanimidad esa norma y por el conjunto de la sociedad que puede ver afectados sus intereses vitales si el rechazo presidencial se impone.
Estamos frente a una de esas decisiones capitales que sobrevuelan los intereses parciales, la disciplina partidaria que exige la obediencia debida o las chicanas entre oficialistas y opositores. Estamos frente a una decisión de Estado. Del Estado entendido como síntesis institucional de las necesidades actuales y futuras de la sociedad y no como expresión circunstancial de tal o cual gobierno.
Un breve resumen para que el lector entienda de qué estamos hablando.
El 13 de noviembre de 2007, en la Comisión de Recursos Naturales y Ambiente Humano de la Cámara de Diputados que presido, aprobamos por unanimidad un proyecto de ley de la diputada (mandato cumplido) Marta Maffei de "presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglacial". La norma tenía como objeto preservar los glaciares y sus zonas aledañas cubiertas de hielo (permafrost), para mantenerlos como reservas estratégicas de recursos hídricos y proveedores de agua de recarga de cuencas hidrográficas que vienen desde la cordillera de los Andes hacia el océano Atlántico. También proponía la creación de un inventario de glaciares y geoformas periglaciales de todo el territorio nacional. Y, como es lógico, prohibía la explotación minera o petrolífera sobre los glaciares y sus heladas adyacencias.
El proyecto de la entonces diputada del ARI contó con el asesoramiento científico del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianiglia), a través de su propio director, el doctor Ricardo Villalba.
El dictamen de Comisión fue elevado al pleno sin disidencias ni observaciones y fue aprobado por unanimidad en el recinto el 22 de noviembre de 2007. Reitero: no tuvo votos negativos. Hubo solamente dos abstenciones, la del jujeño Carlos Snopek y la mendocina Susana Amanda Genem. Lo votaron los diputados de las "provincias cordilleranas" que estaban presentes. Incluidos los sanjuaninos y sanjuaninas Margarita Ferrá de Bartol, Juan Carlos Gioja, Ruperto Eduardo Godoy y José Rubén Uñac.
El 22 de octubre de este año fue también aprobado en general por unanimidad en el Senado. Solamente interpusieron objeciones formales al artículo quinto los senadores Adolfo Rodríguez Saá (San Luis), Liliana Teresa Negre de Alonso (San Luis) y Roberto Gustavo Basualdo (San Juan).
Antes de la votación, pronunció un elocuente discurso Daniel Filmus, titular de la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara alta. Dijo, entre otras cosas: "Hablamos de uno de los temas más importantes que puede tener la Argentina en el futuro. Un tema que no contaba con una legislación específica y que es fundamental y decisivo, porque aludimos principalmente a las reservas de agua de nuestro país". Con la media sanción del Senado, el proyecto se convirtió en la ley 26.418. Faltaba solamente que el Poder Ejecutivo la promulgara. Pero la vetó mediante el decreto presidencial 1837/08, que lleva las firmas de Cristina Fernández de Kirchner y del jefe de Gabinete, Sergio Massa.
Los argumentos para el rechazo de la ley son endebles y según se desprende del texto mismo, se basan en preocupaciones de la Secretaría de Minería y de "gobernadores de la zona cordillerana". El secretario de Minería es el sanjuanino Jorge Mayoral, relacionado con intereses mineros y el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, también señalado públicamente por sus vínculos con la empresa canadiense Barrick Gold, la misma que fue rechazada por la protesta pública en Esquel y ahora capitanea el proyecto binacional Pascua- Lama (entre Chile y la Argentina), de 2.400 millones de dólares, casualmente en zona de glaciares.
Según la Secretaría de Minería, que depende del Ministerio de Planificación, a cargo del arquitecto Julio De Vido, "el establecimiento de presupuestos mínimos no puede limitarse a la absoluta prohibición de actividades". La ley no prohíbe "absolutamente" cualquier tipo de actividad sino aquellas que se realicen directamente sobre los glaciares, destruyéndolos o contaminándolos. Pero, además, ¿qué autoridad tiene para opinar sobre el derecho ambiental esta secretaría de Estado y no la del ramo, que es la de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, a cargo de Romina Picolotti, ausente en las menciones del decreto?
La observación del Poder Ejecutivo argumenta, también, que la Ley General de Ambiente (25.675) prevé "el sistema de evaluación ambiental previo a la autorización de toda obra o actividad susceptible de degradar el ambiente" y que, por lo tanto, "la prohibición contenida en el artículo 6º del Proyecto de Ley sancionado resulta excesiva". El decreto ignora que los informes de impacto ambiental que presentó la Barrick Gold en Chile y la Argentina omitían la existencia de glaciares en su zona de operación.
El núcleo del veto aparece nítido en esta definición negativa sobre la ley al considerar que "daría preeminencia a los aspectos ambientales por encima de actividades que podrían autorizarse y desarrollarse en perfecto cuidado del medio ambiente". De eso se trata, precisamente, de otorgar preeminencia al derecho ambiental, consagrado por el artículo 41 de la Constitución, por sobre cualquier otra actividad que pueda lesionarlo.
Por último, el artículo 3º del decreto propone: "Invítase a los Señores Gobernadores, Senadores Nacionales y Diputados Nacionales de las provincias cordilleranas, a constituir un foro interdisciplinario para la discusión de las medidas a adoptar en orden a la protección de los glaciares y el ambiente periglacial".
Como es obvio, ningún foro puede subrogar al Congreso de la Nación. Por eso, diputados y senadores debemos insistir en la ley original para que el veto se caiga. Hacen falta dos tercios de los votos, es verdad, pero también es cierto que la ley fue votada por unanimidad. Que cada uno se haga cargo de lo que votó.
Miguel Bonasso es un parlamentario argentino con una dilatada trayectoria política de militancia de izquierda.
Miguel Bonasso
Los glaciares no son, simplemente, una atracción turística, un escenario suntuoso para desfiles de modelos. Constituyen una de las mayores reservas de agua dulce del planeta y aunque castigados ellos mismos por el calentamiento global siguen siendo, pese a todo, un factor que atempera y ralenta ese calentamiento. Impedir que los destruyan o contaminen es una cuestión de vida o muerte.
El dicho popular sentencia: "Sin oro podemos vivir, sin agua no". Sin embargo, hay quienes siguen considerando, como el Rey Midas, que el oro es la medida de todas las cosas de la Tierra, aunque la Tierra perezca.
Por eso, el debate sobre la ley de protección a los glaciares que fue vetada días atrás por el Poder Ejecutivo debe ser asumido por los legisladores que votaron por unanimidad esa norma y por el conjunto de la sociedad que puede ver afectados sus intereses vitales si el rechazo presidencial se impone.
Estamos frente a una de esas decisiones capitales que sobrevuelan los intereses parciales, la disciplina partidaria que exige la obediencia debida o las chicanas entre oficialistas y opositores. Estamos frente a una decisión de Estado. Del Estado entendido como síntesis institucional de las necesidades actuales y futuras de la sociedad y no como expresión circunstancial de tal o cual gobierno.
Un breve resumen para que el lector entienda de qué estamos hablando.
El 13 de noviembre de 2007, en la Comisión de Recursos Naturales y Ambiente Humano de la Cámara de Diputados que presido, aprobamos por unanimidad un proyecto de ley de la diputada (mandato cumplido) Marta Maffei de "presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglacial". La norma tenía como objeto preservar los glaciares y sus zonas aledañas cubiertas de hielo (permafrost), para mantenerlos como reservas estratégicas de recursos hídricos y proveedores de agua de recarga de cuencas hidrográficas que vienen desde la cordillera de los Andes hacia el océano Atlántico. También proponía la creación de un inventario de glaciares y geoformas periglaciales de todo el territorio nacional. Y, como es lógico, prohibía la explotación minera o petrolífera sobre los glaciares y sus heladas adyacencias.
El proyecto de la entonces diputada del ARI contó con el asesoramiento científico del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianiglia), a través de su propio director, el doctor Ricardo Villalba.
El dictamen de Comisión fue elevado al pleno sin disidencias ni observaciones y fue aprobado por unanimidad en el recinto el 22 de noviembre de 2007. Reitero: no tuvo votos negativos. Hubo solamente dos abstenciones, la del jujeño Carlos Snopek y la mendocina Susana Amanda Genem. Lo votaron los diputados de las "provincias cordilleranas" que estaban presentes. Incluidos los sanjuaninos y sanjuaninas Margarita Ferrá de Bartol, Juan Carlos Gioja, Ruperto Eduardo Godoy y José Rubén Uñac.
El 22 de octubre de este año fue también aprobado en general por unanimidad en el Senado. Solamente interpusieron objeciones formales al artículo quinto los senadores Adolfo Rodríguez Saá (San Luis), Liliana Teresa Negre de Alonso (San Luis) y Roberto Gustavo Basualdo (San Juan).
Antes de la votación, pronunció un elocuente discurso Daniel Filmus, titular de la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara alta. Dijo, entre otras cosas: "Hablamos de uno de los temas más importantes que puede tener la Argentina en el futuro. Un tema que no contaba con una legislación específica y que es fundamental y decisivo, porque aludimos principalmente a las reservas de agua de nuestro país". Con la media sanción del Senado, el proyecto se convirtió en la ley 26.418. Faltaba solamente que el Poder Ejecutivo la promulgara. Pero la vetó mediante el decreto presidencial 1837/08, que lleva las firmas de Cristina Fernández de Kirchner y del jefe de Gabinete, Sergio Massa.
Los argumentos para el rechazo de la ley son endebles y según se desprende del texto mismo, se basan en preocupaciones de la Secretaría de Minería y de "gobernadores de la zona cordillerana". El secretario de Minería es el sanjuanino Jorge Mayoral, relacionado con intereses mineros y el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, también señalado públicamente por sus vínculos con la empresa canadiense Barrick Gold, la misma que fue rechazada por la protesta pública en Esquel y ahora capitanea el proyecto binacional Pascua- Lama (entre Chile y la Argentina), de 2.400 millones de dólares, casualmente en zona de glaciares.
Según la Secretaría de Minería, que depende del Ministerio de Planificación, a cargo del arquitecto Julio De Vido, "el establecimiento de presupuestos mínimos no puede limitarse a la absoluta prohibición de actividades". La ley no prohíbe "absolutamente" cualquier tipo de actividad sino aquellas que se realicen directamente sobre los glaciares, destruyéndolos o contaminándolos. Pero, además, ¿qué autoridad tiene para opinar sobre el derecho ambiental esta secretaría de Estado y no la del ramo, que es la de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, a cargo de Romina Picolotti, ausente en las menciones del decreto?
La observación del Poder Ejecutivo argumenta, también, que la Ley General de Ambiente (25.675) prevé "el sistema de evaluación ambiental previo a la autorización de toda obra o actividad susceptible de degradar el ambiente" y que, por lo tanto, "la prohibición contenida en el artículo 6º del Proyecto de Ley sancionado resulta excesiva". El decreto ignora que los informes de impacto ambiental que presentó la Barrick Gold en Chile y la Argentina omitían la existencia de glaciares en su zona de operación.
El núcleo del veto aparece nítido en esta definición negativa sobre la ley al considerar que "daría preeminencia a los aspectos ambientales por encima de actividades que podrían autorizarse y desarrollarse en perfecto cuidado del medio ambiente". De eso se trata, precisamente, de otorgar preeminencia al derecho ambiental, consagrado por el artículo 41 de la Constitución, por sobre cualquier otra actividad que pueda lesionarlo.
Por último, el artículo 3º del decreto propone: "Invítase a los Señores Gobernadores, Senadores Nacionales y Diputados Nacionales de las provincias cordilleranas, a constituir un foro interdisciplinario para la discusión de las medidas a adoptar en orden a la protección de los glaciares y el ambiente periglacial".
Como es obvio, ningún foro puede subrogar al Congreso de la Nación. Por eso, diputados y senadores debemos insistir en la ley original para que el veto se caiga. Hacen falta dos tercios de los votos, es verdad, pero también es cierto que la ley fue votada por unanimidad. Que cada uno se haga cargo de lo que votó.
Miguel Bonasso es un parlamentario argentino con una dilatada trayectoria política de militancia de izquierda.
02 diciembre 2008
LAS LECCIONES DE GUERRA Y LA VERDAD DE LAWRENCE WILKERSON
TODO. De cualquier manera, a veces me pregunto si toda este periodismo de denuncia y ruptura con los medios amarillos, los medios pagados por los criminales de guerra sirve para algo... Tengo la escéptica visión de que los convencidos de ambos lados no se apoyan ni leen esos artículos de denuncias. Los convencidos de un lado agregan algunos conocimientos nuevos. Los que descreen del "progresismo" y de la prensa de denuncia, siguen firmes justificando las invasiones de Vietnam, Irak, Afganistán... y siguen firmes creyendo que Georgia fue "atacada" por los bárbaros de Putin.
En un país, cuyo presidente sólo podría justificar su cargo gracias al fraude, el dinero petrolero y el dinero volcado a carradas entre los pobres de espíritu y los ciegos y sordos, influidos por los misioneros que pululan por las calles de EEUU, y cuya mitad vota por un sucesor de Georgi... el futuro es muy duro e incierto.
Andrés Aldao
LAS LECCIONES DE GUERRA Y LA VERDAD DE LAWRENCE WILKERSON
Nick Turse − TomDispatch
Introducción del editor de TomDispatch, Tom Engelhardt
Nick Turse: un narrador de verdades de nuestros tiempos
En octubre de 2006, cuando las bajas estadounidenses en Iraq no habían llegado todavía a 2.000 muertos o 15.000 heridos, y nuestras bajas en Afganistán todavía eran ciertamente moderadas, ya habían comenzado a emerger en línea “muros” informales para honorar a los caídos. En esos días sugerí que “la deshonra particular que este gobierno ha causado a nuestro país exige también otros ‘muros’.” Imaginé, entonces, muros de vergüenza para los personajes del gobierno de Bush y sus compinches – e incluso produje uno (en palabras) en noviembre de ese año. A esta altura, claro está, cualquier muro semejante estaría repleto hasta reventar de nombres testigos de la infamia.
En octubre, los de TomDispatch también lanzamos un proyecto bastante diferente, otro tipo de “muro,” esta vez en tributo a la inmensa cantidad de “víctimas gubernamentales de las locuras del gobierno de Bush, personas que fueron suficientemente honorables e inmutables en sus deberes de gobierno,” y que tan a menudo vieron que se les calumniaba y que les quedaba poca alternativa que renunciar en protesta, irse, o simplemente ser arrojados al precipicio por cómplices del gobierno.
Nick Turse encabezó lo que llegamos a llamar nuestro proyecto de la “legión de los caídos” con una lista de 42 nombres semejantes, que iban desde el conocido Jefe de Estado Mayor del Ejército, general Eric Shinseki (quien se retiró después de sugerir al Congreso que se necesitarían “varios cientos de miles de soldados” para ocupar Iraq) y Richard Clarke (quien se fue, horrorizado por la manera como el gobierno encaraba el terror y el terrorismo) a los moderadamente conocidos Ann Wright, John Brown, y John Brady Kiesling (tres diplomáticos que renunciaron para protestar contra la inminente invasión de Iraq) al poco conocido Archivista de EE.UU., John W. Carlin (quien renunció bajó presión, posiblemente para que varios papeles de Bush pudieran ser mantenidos en secreto). Para cuando Turse escribió su según artículo sobre la legión de los caídos en noviembre de ese año, y luego el tercero y último en febrero de 2006, esa lista de nombres había llegado a más de 200, sin que hubiera un fin a la vista.
Hoy, para su vergüenza eterna, el gobierno de Bush no sólo deja en ruina sus propios proyectos, sino a la nación en sí. Ningún muro podría bastar para sus especiales “logros.” Turse, quien recientemente escribió para la revista The Nation "A My Lai a Month" [en Rebelión bajo http://www.rebelion.org/noticia.php?id=76278], una denuncia impactante de la campaña de contrainsurgencia de EE.UU. en Vietnam que masacró a miles de civiles, vuelve en los últimos instantes de este gobierno deshonrado con un adecuado artículo de toque final para los que cayeron honorablemente en Washington. Hay que tomarlo como el último de la “legión de los caídos,” un artículo memorial – para que no olvidemos. Tom
"La matamos… eso me perseguirá hasta el fin de mis días.”
Las lecciones de guerra y verdad de Lawrence Wilkerson
Nick Turse
Las naciones en proceso de cambio son naciones necesitadas. Un nuevo presidente asumirá próximamente el poder, enfrentando decisiones difíciles no sólo sobre dos guerras muy prolongadas y una crisis económica en profundización permanente, sino respecto a un gobierno que hace tiempo que va moralmente a la deriva. La tortura como política de Estado, secuestros, prisiones fantasma, vigilancia en el interior, militarismo progresivo, guerras ilegales, y mentiras oficiales, han estado siempre a la orden del día. Momentos como éste piden narradores de verdades. Piden Comisiones de Verdad y Reconciliación. Piden testigos dispuestos a presentarse en público. Piden almas valerosas dispuestas a sacar a la luz del día realidades ocultas y prohibidas.
Lawrence B. Wilkerson pertenece a esa especie de hombre. Llegó a la prominencia nacional en octubre de 2005 cuando – después de haber dejado anteriormente en ese año su puesto como jefe de gabinete del Secretario de Estado Colin Powell – puso al desnudo algunos de los secretos de la Casa Blanca de Bush tal como los había vivido. Había estado en los aposentos del poder cuando se perfilaron la invasión y ocupación de Iraq. En el segundo período de Bush, desde afuera, pensó que ya le bastaba. El pueblo estadounidense, pensó, tenía derecho a saber exactamente cómo trabajaba realmente su gobierno, y por lo tanto le ofreció su visión del gobierno de Bush en acción: “Algunas de las decisiones más importantes sobre la seguridad nacional de EE.UU. – incluyendo decisiones vitales sobre Iraq en la postguerra – fueron tomadas por una cábala secreta, poco conocida. Estaba compuesta por un grupo pequeñísimo de personas dirigidas por el vicepresidente Dick Cheney y el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld."
En los años desde entonces, Wilkerson, coronel del Ejército en retiro, no se ha mostrado reticente, especialmente cuando se trataba de “la militarización de la política exterior de EE.UU.” y la práctica de las entregas extraordinarias (los secuestros de presuntos terroristas y su entrega a manos de regímenes listos y dispuestos a torturarlos).
Tampoco, antes en este año, rehuyó testificar ante el Subcomité Judicial de la Cámara sobre la Constitución, Derechos Civiles, y Libertades Civiles, sobre cómo, en 2004, mientras todavía estaba en el Departamento de Estado, había compilado un “expediente de información clasificada, confidencial y de código abierto” sobre las prácticas de interrogatorio y de encarcelamiento de EE.UU. en la prisión Abu Ghraib en Iraq, que presentó, dijo, “abrumadora evidencia de que mi propio gobierno había avalado los abusos y la tortura.”
“Hemos dañado nuestra reputación en el mundo y por lo tanto reducido nuestro poder,” dijo ante el panel al terminar. “Una vez fuimos vistos como modelo de derecho; ahora representamos en muchos rincones del globo una burla del derecho.”
Wilkerson ha pasado la mayor parte de su vida adulta al servicio del gobierno de EE.UU. como soldado durante 31 años, incluyendo el servicio militar en Vietnam; como asistente especial del Jefe del Estado Mayor Conjunto; como Director Adjunto del Colegio de Guerra del Cuerpo de Marines de EE.UU.; y finalmente, de 2002 a 2005, como jefe de gabinete para Powell en el Departamento de Estado. Su servicio más vital para su país, sin embargo, ha tenido lugar, casi indiscutiblemente, en los años desde entonces.
Wilkerson has se ha convertido en un franco narrador de verdades, y de todas las verdades que ha contado, hay una que es especialmente personal y dolorosa; una que, después de tantos años, podría haber guardado para sí, pero decidió no hacerlo. Es una historia, de verdad, consecuencias, y una pequeña muerta, que sucedió hace décadas. Ese hecho no la hace menos oportuna, ya que ofrece lecciones esenciales, especialmente a soldados de EE.UU. involucrados en guerras aparentemente interminables que han llevado a la muerte de innumerables civiles, incluyendo niñas pequeñas.
“Me culpo por lo sucedido hasta hoy.”
Testificando ante ese subcomité del Congreso, en junio, Wilkerson declaró:
“En Vietnam, como teniente y capitán de Infantería, tuvo que refrenar en diversas ocasiones a mis soldados, incluso a uno o dos de mis oficiales. Cuando las autoridades superiores tomaban decisiones como ser declarar zonas de libre fuego – con lo que se quiere decir que se podía matar a todo lo que se moviera en esa zona – y uno encontraba a un niña de 12 años en un sendero en la selva, era obvio que no iba a obedecer esas órdenes. Pero algunas situaciones no eran tan evidentes y siempre había que estar en guardia contra la posibilidad de que los soldados fueran demasiado lejos.
Como su jefe, me correspondía establecer el ejemplo – y eso significaba que a veces tenía que amonestar o castigar a un soldado que infringía las reglas. En todos los casos, quería decir que personalmente yo seguía las reglas no sólo al ‘infringir’ las así llamadas reglas de enfrentamiento, como en las zonas designadas de libre fuego, sino también al seguir las reglas que me habían grabado mis padres, mis escuelas, mi iglesia, y el Ejército de EE.UU. en clases sobre las Convenciones de Ginebra y lo que llamábamos la ley de la guerra terrestre. Me habían enseñado, y lo creía firmemente cuando presté juramente como oficial y juré apoyar y defender la Constitución, que los soldados estadounidenses eran diferentes y que gran parte de su fuerza y espíritu en el combate provenían de esa diferencia y que gran parte de esa diferencia estaba resumida en nuestra humanidad y nuestro respecto por los derechos de todos.”
Casi dos años antes, junto con la periodista Deborah Nelson, nos reunimos con Wilkerson en un café Starbucks en las afueras de Washington, D.C. Nos acurrucamos en la parte trasera del café, mientras, en medio del estrépito de las conversaciones de los camareros y el zumbido de las máquinas de hacer café, Wilkerson nos hablaba de su servicio en Vietnam: Cómo voló bajo y lento – a menudo sobre las copas de los árboles – como piloto scout para la infantería, en un OH-6A "Loach" Helicóptero Ligero de Observación, operando en la región del III Cuerpo, bien al norte de Saigón. Durante sus 13 meses en Vietnam, Wilkerson registró más de 1.000 horas en combate, sin haber sido herido o haber sido derribado una sola vez. Sus soldados – supervisó a 300 hombres al fin de su período – solían llamarlo el “tipo Teflon” por buenos motivos.
Pero dos eventos durante su estadía en Vietnam no lo abandonaron, según sus propias palabras. Quedaron, en los hechos, indeleblemente grabados en su memoria.
Uno sucedió cuando, como joven teniente, se metió en una batalla verbal con un comandante de batallón de infantería – un teniente coronel – en tierra, en la Provincia Tay Ninh. Estaba en el aire dirigiendo su pelotón cuando el comandante en tierra le habló por la radio, declarando que el área sobre la cual volaba su helicóptero era una zona de libre fuego.
Omnipresentes durante la guerra, las zonas de libre fuego daban a los soldados estadounidenses autorización para desencadenar un poder de fuego sin restricciones, no importa quién estuviera viviendo todavía en el área, una contravención de las leyes de la guerra. La política permitía, por ejemplo, que descargas de artillería, fueran dirigidas contra áreas rurales pobladas, que los helicópteros artillados Cobra abrieran fuego contra campesinos vietnamitas sólo porque corrían atemorizados por el suelo, o que soldados rasos novatos en el terreno tiraran a mansalva contra niños que estaban pescando y campesinos que trabajaban en los campos. “Para los pilotos de Cobra y algunos de mis colegas en el pelotón Loach era como una licencia para disparar contra todo lo que se movía: jabalíes, tigres, elefantes, gente. No importaba,” nos dijo Wilkerson.
En esa ocasión, el comandante del batallón ordenó a Wilkerson y a su unidad que iniciaran “reconocimiento mediante el fuego” – básicamente que dispararan desde sus helicópteros a áreas cubiertas por maleza, líneas de árboles, ‘hootches’ (como llamaban las casas de campesinos vietnamitas), u otras estructuras, en un intento por atraer fuego enemigo e iniciar contacto. Sabiendo que, demasiadas veces, eso llevaba a que civiles inocentes fueran heridos o muertos, Wilkerson dijo al comandante en tierra que sus soldados sólo dispararían contra combatientes armados. “Al diablo con su zona de libre fuego,” le dijo.
Un piloto de Coba “de gatillo fácil” bajo su comando se inmiscuyó entonces en el enfrentamiento verbal por radio, poniéndose de parte del comandante de batallón. Ante esa actitud, como Wilkerson lo describió ese día, maniobró su propio helicóptero entre el Cobra artillado y la zona de libre fuego debajo. “Si disparas, me darás a mí,” dijo por su radio. “Y si me tocas, amigote, voy a armar mis cañones y te voy a disparar.”
La batalla verbal continuó hasta que, como lo contó Wilkerson, vio movimiento abajo. “No había nada ahí, fuera de una casa con un hombre, probablemente de unos setenta [años], una anciana, probablemente de la misma edad, y dos niños chicos.” Cuando informó al comandante del batallón y al piloto del Coba, Wilkerson recuerda, “todos se calmaron ‘porque se dieron cuenta de que, si hubieran disparado cohetes a esa casa, probablemente habrían matado a toda esa gente.”
Una situación similar se desarrolló con consecuencias mucho más lúgubres en un “área semi-selvática, de arrozales” en la provincia Binh Duong. Una vez más, un comandante en tierra declaró el área zona de libre fuego, y esa vez Wilkerson no dijo de inmediato a su equipo que no tuvieran en cuenta la orden. “Me culpo hasta hoy por ello,” nos dijo.
Unos 15 minutos después, cuando su helicóptero salió de la jungla a una carretera, apareció una carreta de bueyes que ya habían visto antes. “Antes de que dijera algo, el jefe de mi equipo soltó una ráfaga de munición de ametralladora. Y tenía muy buena puntería. Dio directamente en el carruaje.” Para cuando Wilkerson le ordenó que cesara el fuego, ya era demasiado tarde. “En resumen, había una niñita en la carreta y la matamos. Y eso me perseguirá hasta el fin de mis días.”
Incluso sin aprobación directa de Wilkerson, el jefe de equipo del helicóptero sólo estaba realizando una política estadounidense tal como fue establecida a nivel de comando – un punto que Wilkerson subrayó en junio al discutir su experiencia de la Guerra de Vietnam con el subcomité del Congreso. Al hacerlo, también presentó una de las verdades esenciales de la Guerra de Vietnam: que seguir las “reglas de enfrentamiento” de los militares de EE.UU. podía significar que se violaban las leyes de la guerra y los principios básicos de humanidad.
“Donde están enterrados los trapos sucios…”
En una reciente entrevista de seguimiento por correo electrónico Wilkerson reflexionó sobre la cualidad de indignación moral y el valor de la disposición de enfrentar a la autoridad – en Vietnam y, décadas después, en Washington.
“Siempre fui una especie de inconformista en ese sentido, oponiéndome a la autoridad cuando pensaba que la autoridad se equivocaba, particularmente si era un error ético,” escribió. “Creo que uno de los motivos por los que Powell me tuvo como 11 años trabajando directamente para él, fue porque a diferencia de la mayoría de la gente a su alrededor yo le decía lo que pensaba en un nano-segundo – incluso si contradecía lo que yo creía que él pensaba.”
Aunque Vietnam puede haber contribuido a la avidez de Wilkerson por hablar abiertamente, el ímpetu primordial para sus comentarios y escritos públicos desde 2005 vino del propio gobierno de Bush. “Sentí que la incompetencia, el engaño, y ciertas acciones del gobierno dañaban realmente a la nación, disminuyendo nuestro poder real en el mundo en tiempos en los que necesitaban todo lo que podíamos conseguir.”
Wilkerson reconoce que los que se pronunciaron contra el gobierno de Bush lo hicieron por su propia cuenta y riesgo. “La gente tiene familias que considerar, posiciones, salarios, medios de vida. No son cosas fáciles – particularmente cuando en nuestra república hemos mezclado la baraja cada vez más a favor de los que detentan el poder.” Como una especie de denunciante (aunque estuviera fuera del poder y del gobierno), Wilkerson ciertamente se expuso a potenciales represalias. A diferencia de la ex funcionaria de la CIA, Valeria Plame, sin embargo, no ve evidencia alguna de que haya sucedido.
Wilkerson, en un tono como si se burlara de sí mismo, sugiere que tuvieron piedad de su persona porque “soy una persona de poca monta en un contexto mayor y por ello poca gente escucha o hace caso de mis divagaciones.” Pero también señala otra posible razón: “Los que están en el poder probablemente creen que todavía soy próximo a Powell – y le temen mucho porque sabe dónde están enterrados muchos de los trapos sucios.”
Divulgando la verdad
Desde que Wilkerson se hizo presente en 2005, han aparecido denunciantes de todo tipo – de veteranos que testificaron en el Congreso en mayo sobre violencia perpetrada contra civiles iraquíes, a personas de confianza de altos niveles, en los últimos días de un período impotente, para hablar en público de batallas internas sobre el espionaje en el interior.
Wilkerson no considera su reciente revelación de su papel en la muerte de una niña vietnamita como análoga a sus actos posteriores como revelador de la verdad en el gobierno de Bush, pero reconoce el valor de sacar a la luz su asesinato.
“No fue una revelación de la verdad en el sentido de que no haya sido conocida previamente. El comandante del batallón en tierra lo sabía, los soldados lo sabían, mi tripulación lo sabía – por cierto, que yo sepa fue incluida en los informes intel [de inteligencia]. Pero en un sentido más amplio, sí, se suma a la riqueza de literatura e información que ahora es de [dominio] público… En breve, existe amplia evidencia disponible para el público sobre el infierno que es la guerra, de la carnicería, destrucción, almas arruinadas, y devastación.”
La revelación de experiencias semejantes, espera Wilkerson, será especialmente útil para los soldados de nuestros días. “Creo que los soldados alistados jóvenes debieran leer lo más posible sobre lo que otros han hecho en guerras anteriores, en particular por ‘mantener limpio nuestro honor,’ como dice el himno de los marines.”
Al hablar de su experiencia en Vietnam, Wilkerson ha ciertamente añadido al largo historial de sufrimiento civil como resultado de las guerras de EE.UU. en el extranjero – ofreciendo una sombría lección para los soldados de EE.UU. que sean desplegados en ultramar. Y para los soldados que ya han servido en las guerras de EE.UU. en Iraq y Afganistán, es un ejemplo de la manera como pueden seguir sirviendo a EE.UU. al hablar explícitamente sobre todos los aspectos de su servicio, incluso las partes tenebrosas de las que los estadounidenses a menudo no quieren oír.
La única pregunta es: ¿Tendrán el valor necesario para seguir su camino?
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
---------
Nick Turse es editor asociado y director de investigación de Tomdispatch.com. Ha escrito para Los Angeles Times, San Francisco Chronicle, Adbusters, the Nation, y regularmente para Tomdispatch.com. Su primer libro: “The Complex: How the Military Invades Our Everyday Lives,” una exploración del nuevo complejo militar-corporativo en EE.UU., fue recientemente publicado por Metropolitan Books. Su sitio en la red es: Nick Turse.com
Copyright 2008 Nick Turse
http://www.tomdispatch.com/post/175006/nick_turse_a_truth_teller_for_our_times
En un país, cuyo presidente sólo podría justificar su cargo gracias al fraude, el dinero petrolero y el dinero volcado a carradas entre los pobres de espíritu y los ciegos y sordos, influidos por los misioneros que pululan por las calles de EEUU, y cuya mitad vota por un sucesor de Georgi... el futuro es muy duro e incierto.
Andrés Aldao
LAS LECCIONES DE GUERRA Y LA VERDAD DE LAWRENCE WILKERSON
Nick Turse − TomDispatch
Introducción del editor de TomDispatch, Tom Engelhardt
Nick Turse: un narrador de verdades de nuestros tiempos
En octubre de 2006, cuando las bajas estadounidenses en Iraq no habían llegado todavía a 2.000 muertos o 15.000 heridos, y nuestras bajas en Afganistán todavía eran ciertamente moderadas, ya habían comenzado a emerger en línea “muros” informales para honorar a los caídos. En esos días sugerí que “la deshonra particular que este gobierno ha causado a nuestro país exige también otros ‘muros’.” Imaginé, entonces, muros de vergüenza para los personajes del gobierno de Bush y sus compinches – e incluso produje uno (en palabras) en noviembre de ese año. A esta altura, claro está, cualquier muro semejante estaría repleto hasta reventar de nombres testigos de la infamia.
En octubre, los de TomDispatch también lanzamos un proyecto bastante diferente, otro tipo de “muro,” esta vez en tributo a la inmensa cantidad de “víctimas gubernamentales de las locuras del gobierno de Bush, personas que fueron suficientemente honorables e inmutables en sus deberes de gobierno,” y que tan a menudo vieron que se les calumniaba y que les quedaba poca alternativa que renunciar en protesta, irse, o simplemente ser arrojados al precipicio por cómplices del gobierno.
Nick Turse encabezó lo que llegamos a llamar nuestro proyecto de la “legión de los caídos” con una lista de 42 nombres semejantes, que iban desde el conocido Jefe de Estado Mayor del Ejército, general Eric Shinseki (quien se retiró después de sugerir al Congreso que se necesitarían “varios cientos de miles de soldados” para ocupar Iraq) y Richard Clarke (quien se fue, horrorizado por la manera como el gobierno encaraba el terror y el terrorismo) a los moderadamente conocidos Ann Wright, John Brown, y John Brady Kiesling (tres diplomáticos que renunciaron para protestar contra la inminente invasión de Iraq) al poco conocido Archivista de EE.UU., John W. Carlin (quien renunció bajó presión, posiblemente para que varios papeles de Bush pudieran ser mantenidos en secreto). Para cuando Turse escribió su según artículo sobre la legión de los caídos en noviembre de ese año, y luego el tercero y último en febrero de 2006, esa lista de nombres había llegado a más de 200, sin que hubiera un fin a la vista.
Hoy, para su vergüenza eterna, el gobierno de Bush no sólo deja en ruina sus propios proyectos, sino a la nación en sí. Ningún muro podría bastar para sus especiales “logros.” Turse, quien recientemente escribió para la revista The Nation "A My Lai a Month" [en Rebelión bajo http://www.rebelion.org/noticia.php?id=76278], una denuncia impactante de la campaña de contrainsurgencia de EE.UU. en Vietnam que masacró a miles de civiles, vuelve en los últimos instantes de este gobierno deshonrado con un adecuado artículo de toque final para los que cayeron honorablemente en Washington. Hay que tomarlo como el último de la “legión de los caídos,” un artículo memorial – para que no olvidemos. Tom
"La matamos… eso me perseguirá hasta el fin de mis días.”
Las lecciones de guerra y verdad de Lawrence Wilkerson
Nick Turse
Las naciones en proceso de cambio son naciones necesitadas. Un nuevo presidente asumirá próximamente el poder, enfrentando decisiones difíciles no sólo sobre dos guerras muy prolongadas y una crisis económica en profundización permanente, sino respecto a un gobierno que hace tiempo que va moralmente a la deriva. La tortura como política de Estado, secuestros, prisiones fantasma, vigilancia en el interior, militarismo progresivo, guerras ilegales, y mentiras oficiales, han estado siempre a la orden del día. Momentos como éste piden narradores de verdades. Piden Comisiones de Verdad y Reconciliación. Piden testigos dispuestos a presentarse en público. Piden almas valerosas dispuestas a sacar a la luz del día realidades ocultas y prohibidas.
Lawrence B. Wilkerson pertenece a esa especie de hombre. Llegó a la prominencia nacional en octubre de 2005 cuando – después de haber dejado anteriormente en ese año su puesto como jefe de gabinete del Secretario de Estado Colin Powell – puso al desnudo algunos de los secretos de la Casa Blanca de Bush tal como los había vivido. Había estado en los aposentos del poder cuando se perfilaron la invasión y ocupación de Iraq. En el segundo período de Bush, desde afuera, pensó que ya le bastaba. El pueblo estadounidense, pensó, tenía derecho a saber exactamente cómo trabajaba realmente su gobierno, y por lo tanto le ofreció su visión del gobierno de Bush en acción: “Algunas de las decisiones más importantes sobre la seguridad nacional de EE.UU. – incluyendo decisiones vitales sobre Iraq en la postguerra – fueron tomadas por una cábala secreta, poco conocida. Estaba compuesta por un grupo pequeñísimo de personas dirigidas por el vicepresidente Dick Cheney y el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld."
En los años desde entonces, Wilkerson, coronel del Ejército en retiro, no se ha mostrado reticente, especialmente cuando se trataba de “la militarización de la política exterior de EE.UU.” y la práctica de las entregas extraordinarias (los secuestros de presuntos terroristas y su entrega a manos de regímenes listos y dispuestos a torturarlos).
Tampoco, antes en este año, rehuyó testificar ante el Subcomité Judicial de la Cámara sobre la Constitución, Derechos Civiles, y Libertades Civiles, sobre cómo, en 2004, mientras todavía estaba en el Departamento de Estado, había compilado un “expediente de información clasificada, confidencial y de código abierto” sobre las prácticas de interrogatorio y de encarcelamiento de EE.UU. en la prisión Abu Ghraib en Iraq, que presentó, dijo, “abrumadora evidencia de que mi propio gobierno había avalado los abusos y la tortura.”
“Hemos dañado nuestra reputación en el mundo y por lo tanto reducido nuestro poder,” dijo ante el panel al terminar. “Una vez fuimos vistos como modelo de derecho; ahora representamos en muchos rincones del globo una burla del derecho.”
Wilkerson ha pasado la mayor parte de su vida adulta al servicio del gobierno de EE.UU. como soldado durante 31 años, incluyendo el servicio militar en Vietnam; como asistente especial del Jefe del Estado Mayor Conjunto; como Director Adjunto del Colegio de Guerra del Cuerpo de Marines de EE.UU.; y finalmente, de 2002 a 2005, como jefe de gabinete para Powell en el Departamento de Estado. Su servicio más vital para su país, sin embargo, ha tenido lugar, casi indiscutiblemente, en los años desde entonces.
Wilkerson has se ha convertido en un franco narrador de verdades, y de todas las verdades que ha contado, hay una que es especialmente personal y dolorosa; una que, después de tantos años, podría haber guardado para sí, pero decidió no hacerlo. Es una historia, de verdad, consecuencias, y una pequeña muerta, que sucedió hace décadas. Ese hecho no la hace menos oportuna, ya que ofrece lecciones esenciales, especialmente a soldados de EE.UU. involucrados en guerras aparentemente interminables que han llevado a la muerte de innumerables civiles, incluyendo niñas pequeñas.
“Me culpo por lo sucedido hasta hoy.”
Testificando ante ese subcomité del Congreso, en junio, Wilkerson declaró:
“En Vietnam, como teniente y capitán de Infantería, tuvo que refrenar en diversas ocasiones a mis soldados, incluso a uno o dos de mis oficiales. Cuando las autoridades superiores tomaban decisiones como ser declarar zonas de libre fuego – con lo que se quiere decir que se podía matar a todo lo que se moviera en esa zona – y uno encontraba a un niña de 12 años en un sendero en la selva, era obvio que no iba a obedecer esas órdenes. Pero algunas situaciones no eran tan evidentes y siempre había que estar en guardia contra la posibilidad de que los soldados fueran demasiado lejos.
Como su jefe, me correspondía establecer el ejemplo – y eso significaba que a veces tenía que amonestar o castigar a un soldado que infringía las reglas. En todos los casos, quería decir que personalmente yo seguía las reglas no sólo al ‘infringir’ las así llamadas reglas de enfrentamiento, como en las zonas designadas de libre fuego, sino también al seguir las reglas que me habían grabado mis padres, mis escuelas, mi iglesia, y el Ejército de EE.UU. en clases sobre las Convenciones de Ginebra y lo que llamábamos la ley de la guerra terrestre. Me habían enseñado, y lo creía firmemente cuando presté juramente como oficial y juré apoyar y defender la Constitución, que los soldados estadounidenses eran diferentes y que gran parte de su fuerza y espíritu en el combate provenían de esa diferencia y que gran parte de esa diferencia estaba resumida en nuestra humanidad y nuestro respecto por los derechos de todos.”
Casi dos años antes, junto con la periodista Deborah Nelson, nos reunimos con Wilkerson en un café Starbucks en las afueras de Washington, D.C. Nos acurrucamos en la parte trasera del café, mientras, en medio del estrépito de las conversaciones de los camareros y el zumbido de las máquinas de hacer café, Wilkerson nos hablaba de su servicio en Vietnam: Cómo voló bajo y lento – a menudo sobre las copas de los árboles – como piloto scout para la infantería, en un OH-6A "Loach" Helicóptero Ligero de Observación, operando en la región del III Cuerpo, bien al norte de Saigón. Durante sus 13 meses en Vietnam, Wilkerson registró más de 1.000 horas en combate, sin haber sido herido o haber sido derribado una sola vez. Sus soldados – supervisó a 300 hombres al fin de su período – solían llamarlo el “tipo Teflon” por buenos motivos.
Pero dos eventos durante su estadía en Vietnam no lo abandonaron, según sus propias palabras. Quedaron, en los hechos, indeleblemente grabados en su memoria.
Uno sucedió cuando, como joven teniente, se metió en una batalla verbal con un comandante de batallón de infantería – un teniente coronel – en tierra, en la Provincia Tay Ninh. Estaba en el aire dirigiendo su pelotón cuando el comandante en tierra le habló por la radio, declarando que el área sobre la cual volaba su helicóptero era una zona de libre fuego.
Omnipresentes durante la guerra, las zonas de libre fuego daban a los soldados estadounidenses autorización para desencadenar un poder de fuego sin restricciones, no importa quién estuviera viviendo todavía en el área, una contravención de las leyes de la guerra. La política permitía, por ejemplo, que descargas de artillería, fueran dirigidas contra áreas rurales pobladas, que los helicópteros artillados Cobra abrieran fuego contra campesinos vietnamitas sólo porque corrían atemorizados por el suelo, o que soldados rasos novatos en el terreno tiraran a mansalva contra niños que estaban pescando y campesinos que trabajaban en los campos. “Para los pilotos de Cobra y algunos de mis colegas en el pelotón Loach era como una licencia para disparar contra todo lo que se movía: jabalíes, tigres, elefantes, gente. No importaba,” nos dijo Wilkerson.
En esa ocasión, el comandante del batallón ordenó a Wilkerson y a su unidad que iniciaran “reconocimiento mediante el fuego” – básicamente que dispararan desde sus helicópteros a áreas cubiertas por maleza, líneas de árboles, ‘hootches’ (como llamaban las casas de campesinos vietnamitas), u otras estructuras, en un intento por atraer fuego enemigo e iniciar contacto. Sabiendo que, demasiadas veces, eso llevaba a que civiles inocentes fueran heridos o muertos, Wilkerson dijo al comandante en tierra que sus soldados sólo dispararían contra combatientes armados. “Al diablo con su zona de libre fuego,” le dijo.
Un piloto de Coba “de gatillo fácil” bajo su comando se inmiscuyó entonces en el enfrentamiento verbal por radio, poniéndose de parte del comandante de batallón. Ante esa actitud, como Wilkerson lo describió ese día, maniobró su propio helicóptero entre el Cobra artillado y la zona de libre fuego debajo. “Si disparas, me darás a mí,” dijo por su radio. “Y si me tocas, amigote, voy a armar mis cañones y te voy a disparar.”
La batalla verbal continuó hasta que, como lo contó Wilkerson, vio movimiento abajo. “No había nada ahí, fuera de una casa con un hombre, probablemente de unos setenta [años], una anciana, probablemente de la misma edad, y dos niños chicos.” Cuando informó al comandante del batallón y al piloto del Coba, Wilkerson recuerda, “todos se calmaron ‘porque se dieron cuenta de que, si hubieran disparado cohetes a esa casa, probablemente habrían matado a toda esa gente.”
Una situación similar se desarrolló con consecuencias mucho más lúgubres en un “área semi-selvática, de arrozales” en la provincia Binh Duong. Una vez más, un comandante en tierra declaró el área zona de libre fuego, y esa vez Wilkerson no dijo de inmediato a su equipo que no tuvieran en cuenta la orden. “Me culpo hasta hoy por ello,” nos dijo.
Unos 15 minutos después, cuando su helicóptero salió de la jungla a una carretera, apareció una carreta de bueyes que ya habían visto antes. “Antes de que dijera algo, el jefe de mi equipo soltó una ráfaga de munición de ametralladora. Y tenía muy buena puntería. Dio directamente en el carruaje.” Para cuando Wilkerson le ordenó que cesara el fuego, ya era demasiado tarde. “En resumen, había una niñita en la carreta y la matamos. Y eso me perseguirá hasta el fin de mis días.”
Incluso sin aprobación directa de Wilkerson, el jefe de equipo del helicóptero sólo estaba realizando una política estadounidense tal como fue establecida a nivel de comando – un punto que Wilkerson subrayó en junio al discutir su experiencia de la Guerra de Vietnam con el subcomité del Congreso. Al hacerlo, también presentó una de las verdades esenciales de la Guerra de Vietnam: que seguir las “reglas de enfrentamiento” de los militares de EE.UU. podía significar que se violaban las leyes de la guerra y los principios básicos de humanidad.
“Donde están enterrados los trapos sucios…”
En una reciente entrevista de seguimiento por correo electrónico Wilkerson reflexionó sobre la cualidad de indignación moral y el valor de la disposición de enfrentar a la autoridad – en Vietnam y, décadas después, en Washington.
“Siempre fui una especie de inconformista en ese sentido, oponiéndome a la autoridad cuando pensaba que la autoridad se equivocaba, particularmente si era un error ético,” escribió. “Creo que uno de los motivos por los que Powell me tuvo como 11 años trabajando directamente para él, fue porque a diferencia de la mayoría de la gente a su alrededor yo le decía lo que pensaba en un nano-segundo – incluso si contradecía lo que yo creía que él pensaba.”
Aunque Vietnam puede haber contribuido a la avidez de Wilkerson por hablar abiertamente, el ímpetu primordial para sus comentarios y escritos públicos desde 2005 vino del propio gobierno de Bush. “Sentí que la incompetencia, el engaño, y ciertas acciones del gobierno dañaban realmente a la nación, disminuyendo nuestro poder real en el mundo en tiempos en los que necesitaban todo lo que podíamos conseguir.”
Wilkerson reconoce que los que se pronunciaron contra el gobierno de Bush lo hicieron por su propia cuenta y riesgo. “La gente tiene familias que considerar, posiciones, salarios, medios de vida. No son cosas fáciles – particularmente cuando en nuestra república hemos mezclado la baraja cada vez más a favor de los que detentan el poder.” Como una especie de denunciante (aunque estuviera fuera del poder y del gobierno), Wilkerson ciertamente se expuso a potenciales represalias. A diferencia de la ex funcionaria de la CIA, Valeria Plame, sin embargo, no ve evidencia alguna de que haya sucedido.
Wilkerson, en un tono como si se burlara de sí mismo, sugiere que tuvieron piedad de su persona porque “soy una persona de poca monta en un contexto mayor y por ello poca gente escucha o hace caso de mis divagaciones.” Pero también señala otra posible razón: “Los que están en el poder probablemente creen que todavía soy próximo a Powell – y le temen mucho porque sabe dónde están enterrados muchos de los trapos sucios.”
Divulgando la verdad
Desde que Wilkerson se hizo presente en 2005, han aparecido denunciantes de todo tipo – de veteranos que testificaron en el Congreso en mayo sobre violencia perpetrada contra civiles iraquíes, a personas de confianza de altos niveles, en los últimos días de un período impotente, para hablar en público de batallas internas sobre el espionaje en el interior.
Wilkerson no considera su reciente revelación de su papel en la muerte de una niña vietnamita como análoga a sus actos posteriores como revelador de la verdad en el gobierno de Bush, pero reconoce el valor de sacar a la luz su asesinato.
“No fue una revelación de la verdad en el sentido de que no haya sido conocida previamente. El comandante del batallón en tierra lo sabía, los soldados lo sabían, mi tripulación lo sabía – por cierto, que yo sepa fue incluida en los informes intel [de inteligencia]. Pero en un sentido más amplio, sí, se suma a la riqueza de literatura e información que ahora es de [dominio] público… En breve, existe amplia evidencia disponible para el público sobre el infierno que es la guerra, de la carnicería, destrucción, almas arruinadas, y devastación.”
La revelación de experiencias semejantes, espera Wilkerson, será especialmente útil para los soldados de nuestros días. “Creo que los soldados alistados jóvenes debieran leer lo más posible sobre lo que otros han hecho en guerras anteriores, en particular por ‘mantener limpio nuestro honor,’ como dice el himno de los marines.”
Al hablar de su experiencia en Vietnam, Wilkerson ha ciertamente añadido al largo historial de sufrimiento civil como resultado de las guerras de EE.UU. en el extranjero – ofreciendo una sombría lección para los soldados de EE.UU. que sean desplegados en ultramar. Y para los soldados que ya han servido en las guerras de EE.UU. en Iraq y Afganistán, es un ejemplo de la manera como pueden seguir sirviendo a EE.UU. al hablar explícitamente sobre todos los aspectos de su servicio, incluso las partes tenebrosas de las que los estadounidenses a menudo no quieren oír.
La única pregunta es: ¿Tendrán el valor necesario para seguir su camino?
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
---------
Nick Turse es editor asociado y director de investigación de Tomdispatch.com. Ha escrito para Los Angeles Times, San Francisco Chronicle, Adbusters, the Nation, y regularmente para Tomdispatch.com. Su primer libro: “The Complex: How the Military Invades Our Everyday Lives,” una exploración del nuevo complejo militar-corporativo en EE.UU., fue recientemente publicado por Metropolitan Books. Su sitio en la red es: Nick Turse.com
Copyright 2008 Nick Turse
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01 diciembre 2008
EL NEGOCIO DE LOS MERCENARIOS EN IRAK
TODO: Las empresas de seguridad son un negocio "menor"que completa el negocio que da mayores beneficios: la producción y venta armamentos en el mundo. En Israel se halla parte de los grandes mercaderes de la guerra, y gran parte de las fábricas de armamentos sofisticados. La industria de los mercenarios también está muy extendida: ex oficiales y suboficiales israelíes se enrolan en grupos paramilitares locales o contratados en agencia israelíes de militares que sirven a gobiernos extranjeros. Tenemos el caso de Colombia, en el que actuaba una agencia de mercenarios israelíes que entrenaban a las fuerzas paramilitares en su lucha contra la guerrilla y los campesinos. Ya en 1976 oficiales israelíes daban instrucciones de lucha "antiterrorista", torturas, táctica antiguerrilla, etc.alos militares del proceso en la Argentina. También en Georgia, en el último conflicto propiciado por USA e Israel, se usaron armas nuevas israelçies y grupos de paramilitares israelíes entre los que se hallaba el ex político e intendente de Tel Aviv, Rony Miló...
Es lógico que un país que fabrica armamento necesita un mundo sacudido por conflictos armados y, al mismo tiempo, ofrece los servicios de asesinos profesionales entrenados en el ejército de defensa de Israel, Un círculo en el que ingresa mucho dinero fácil y provee de mano de obra criminal. La misma inescrupulosidad en su lucha en Gaza la exporta a cualquier lugar del planeta donde hagan falta asesinos.
Andrés Aldao
Funcionarios iraquíes reconocen que hay más de 236 empresas privadas, extranjeras y nacionales, que cumplen tareas de seguridad en el país. De ellas, 200 son cinsideradas ilegales, no sólo por carecer del registro correspondiente sino también por desconocerse sus "funciones". La mayoría de ellas está inplicada en actos terroristas que luego se cargan en la cuenta de la resistencia.
Por Juan Carlos Díaz Guerrero
No importa su origen ni de que países provienen: son una masa de hombres bien adiestrados en el oficio de matar por dinero que en número de 100 mil cumplen las más diversas misiones en Irak.
Los llamados contratistas forman parte de ese bien organizado negocio en el que la administración de George W. Bush ha convertido a ese país árabe desde su invasión y posterior ocupación en marzo de 2003.
Sus obligaciones laborales están enfocadas en la seguridad personal de políticos iraquíes y estadounidenses, hombres de negocio, empresarios y abarcan el cuidado de instalaciones petroleras y militares u otros servicios.
Muchas de estas prestaciones, aunque poco se habla de ellas, están ligadas con menesteres antes reservados a las fuerzas castrenses, tales como la construcción de bases, intendencia, interrogatorios y en combates.
En el ámbito iraquí son acusados de intervenir en operaciones secretas de los organismos de inteligencia norteamericanos y en otros trabajos sucios destinados a promover el terror, el miedo, las diferencias religiosas e, incluso, la organización de escuadrones de la muerte para sembrar el caos.
Peruanos, chilenos, colombianos, hondureños y ecuatorianos, sudafricanos, irlandeses, estadounidenses, iraquíes, rusos, filipinos, turcos, nepaleses, hindúes, ucranianos, entre otros, componen la variada gama de nacionalidades de esos elementos especializados en las tenebrosas artes de la subversión.
El periódico The Washington Post en su versión electrónica, que cita un censo del Comando Central estadounidense, reveló que al menos 100 mil asalariados operan en el país árabe contratados por el gobierno de loa Estados Unidos.
La cifra cuadruplica a los existentes en 2003; de ellos 48.000 trabajan como soldados privados, indicó un informe de la Oficina General de Contabilidad (GAO, en inglés).
El Departamento de Trabajo norteamericano admite que 650 de esos empleados murieron desde el comienzo de la guerra, la mayor parte de nacionalidad desconocida y con funciones también ignotas.
Negocios y compañías
El jefe de Operaciones Militares en el Ministerio del Interior iraquí, Mohamed Niama, cifra en 236 las empresas privadas, extranjeras y nacionales, que cumplen tareas de seguridad en la nación del golfo Pérsico.
Resulta significativo que la mayor parte, 200, sean consideradas ilegales por desconocerse sus funciones y carecer de registro legal. Niama reconoce que la mayoría de sus propietarios están implicados en actos terroristas.
La contratación de esos expertos se extiende por todo el país, pero en Bagdad adquiere singular predominio por la falta de seguridad prevaleciente, la cual obliga a políticos y empresarios a recurrir a esos mercenarios extranjeros "para impedir infiltraciones" de nacionales, comentó el vocero del Congreso de Diputados.
En enero pasado el presidente del Parlamento, Mahmud Mashhadani, expresó que una comisión de seguridad contratará los servicios de una empresa sudafricana para su protección y la del resto de los diputados.
Otra modalidad, muy en boga para las autoridades iraquíes, es la de utilizar como guardaespaldas a familiares, amigos o personas del mismo grupo étnico o confesional.
Un ejemplo: la ministra de Derechos Humanos, Uichdán Salem, contrató por su cuenta a 20 escoltas, recomendados por sus familiares o conocidos por ella.
Las grandes empresas contratistas tienen su asiento en Gran Bretaña y Estados Unidos; en este último país se estiman en tres decenas las compañías dedicadas e ese lucrativo negocio.
Una de esas empresas es la Blackwater Security Consulting Company, especializada en contraterrorismo y combates urbanos, y una de las mayores con operaciones en Irak: cuenta con un ejército multinacional calculado en tres mil miembros.
La firma está considerada como la mayor base militar privada del mundo, con campos de entrenamientos sofisticados, decenas de aviones, 20 mil soldados entrenados y vínculos muy estrechos con las altas esferas del Pentágono y la Casa Blanca.
El negocio de la contratación abarca, además, a otras empresas que se encargan de proveer pertrechos bélicos al ejército de los Estados Unidos y de ayudar en la "reconstrucción" como las corporaciones Lockheed Martin, General Dynamics, Northrop Grumman y la notoria Halliburton.
Informaciones indican que la inmensa mayoría de las compañías destinadas a la producción de armamentos triplicaron las acciones desde el comienzo de la ocupación de Irak y sus utilidades crecieron en más del 10 por ciento.
Analistas consideran que el aumento de los activos de estas corporaciones está ligado en parte al alza del presupuesto de la Secretaría de Defensa.
Desde 2001 las asignaciones para la defensa crecieron en más de 50 por ciento, de 300.000 millones a 455.000 millones en 2007.
En 2005 oficiales de la CIA revelaron al Washington Post que el 50 por ciento del presupuesto de la institución, 20 mil millones de dólares, se destinó a pagar contratistas privados.
Un libro publicado por el Brookings Institution refiere que el fenómeno de la contratación genera al año unos 100.000 millones de dólares y según estimados, trepará el doble para 2010.
Ilegalidades, violaciones y maltratos
La total impunidad con que operan los contratistas en el país árabe convierte a esta fuerza, la segunda mayor en hombres después de las tropas norteamericanas de ocupación (140.000 hombres), en una maquinaria de destrucción y muerte.
El analista diplomático Pedrag Simic vaticina que en la medida en que los aliados de la coalición se retiren, más mercenarios tomarán sus puestos.
Para el Ejército y el gobierno estadounidenses el negocio es muy ventajoso si se tiene en cuenta que son simples asalariados en busca de fortuna y que al morir no entran en la gruesa lista oficial de bajas, ni se ven envueltos en discusiones legales o presionados por la opinión pública.
Estos soldados de fortuna se arriesgan a morir en Irak por salarios que ascienden hasta los mil dólares por día, impagables en sus naciones.
En reciente visita a países latinoamericanos, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre el uso de mercenarios determinó que las contrataciones son posibles gracias a enormes irregularidades y vacíos legales existentes, como es el caso de Perú.
José Luis Gómez del Prado, miembro del grupo de trabajo, dijo que más de mil peruanos brindan sus servicios en condiciones inciertas en el país árabe, donde predomina el riesgo para sus vidas, largas jornadas y viven hacinados.
El experto manifestó la total falta de transparencia en las contrataciones por la inexistencia de controles sobre la forma en que son reclutados o las condiciones en que laboran.
Un informe publicado por el diario limeño El Mercurio denunció que la violencia no es el único riesgo que corren los peruanos en Irak, sino también sufren maltratos, discriminaciones y vejaciones por parte de la empresa empleadora estadounidense Triple Canopy.
Aunque el fenómeno del mercenarismo no es nada nuevo, éste creció con la llegada de Bush padre a la Casa Blanca, cuyo hijo lo hizo florecer a niveles insospechados con su llamada guerra contra el terrorismo en 60 o más países a los que identifica como "rincones oscuros" del mundo.
Como otras tantas regulaciones, la administración estadounidense convirtió en letra muerta la Convención Internacional contra el Reclutamiento, la Utilización, Financiamiento y Entrenamiento de Mercenarios, aprobada por la ONU en 1989 y rubricada hasta ahora por 28 países.
La fuente: El autor es periodista de la Redacción de Africa y Medio Oriente de Prensa Latina.
Es lógico que un país que fabrica armamento necesita un mundo sacudido por conflictos armados y, al mismo tiempo, ofrece los servicios de asesinos profesionales entrenados en el ejército de defensa de Israel, Un círculo en el que ingresa mucho dinero fácil y provee de mano de obra criminal. La misma inescrupulosidad en su lucha en Gaza la exporta a cualquier lugar del planeta donde hagan falta asesinos.
Andrés Aldao
Funcionarios iraquíes reconocen que hay más de 236 empresas privadas, extranjeras y nacionales, que cumplen tareas de seguridad en el país. De ellas, 200 son cinsideradas ilegales, no sólo por carecer del registro correspondiente sino también por desconocerse sus "funciones". La mayoría de ellas está inplicada en actos terroristas que luego se cargan en la cuenta de la resistencia.
Por Juan Carlos Díaz Guerrero
No importa su origen ni de que países provienen: son una masa de hombres bien adiestrados en el oficio de matar por dinero que en número de 100 mil cumplen las más diversas misiones en Irak.
Los llamados contratistas forman parte de ese bien organizado negocio en el que la administración de George W. Bush ha convertido a ese país árabe desde su invasión y posterior ocupación en marzo de 2003.
Sus obligaciones laborales están enfocadas en la seguridad personal de políticos iraquíes y estadounidenses, hombres de negocio, empresarios y abarcan el cuidado de instalaciones petroleras y militares u otros servicios.
Muchas de estas prestaciones, aunque poco se habla de ellas, están ligadas con menesteres antes reservados a las fuerzas castrenses, tales como la construcción de bases, intendencia, interrogatorios y en combates.
En el ámbito iraquí son acusados de intervenir en operaciones secretas de los organismos de inteligencia norteamericanos y en otros trabajos sucios destinados a promover el terror, el miedo, las diferencias religiosas e, incluso, la organización de escuadrones de la muerte para sembrar el caos.
Peruanos, chilenos, colombianos, hondureños y ecuatorianos, sudafricanos, irlandeses, estadounidenses, iraquíes, rusos, filipinos, turcos, nepaleses, hindúes, ucranianos, entre otros, componen la variada gama de nacionalidades de esos elementos especializados en las tenebrosas artes de la subversión.
El periódico The Washington Post en su versión electrónica, que cita un censo del Comando Central estadounidense, reveló que al menos 100 mil asalariados operan en el país árabe contratados por el gobierno de loa Estados Unidos.
La cifra cuadruplica a los existentes en 2003; de ellos 48.000 trabajan como soldados privados, indicó un informe de la Oficina General de Contabilidad (GAO, en inglés).
El Departamento de Trabajo norteamericano admite que 650 de esos empleados murieron desde el comienzo de la guerra, la mayor parte de nacionalidad desconocida y con funciones también ignotas.
Negocios y compañías
El jefe de Operaciones Militares en el Ministerio del Interior iraquí, Mohamed Niama, cifra en 236 las empresas privadas, extranjeras y nacionales, que cumplen tareas de seguridad en la nación del golfo Pérsico.
Resulta significativo que la mayor parte, 200, sean consideradas ilegales por desconocerse sus funciones y carecer de registro legal. Niama reconoce que la mayoría de sus propietarios están implicados en actos terroristas.
La contratación de esos expertos se extiende por todo el país, pero en Bagdad adquiere singular predominio por la falta de seguridad prevaleciente, la cual obliga a políticos y empresarios a recurrir a esos mercenarios extranjeros "para impedir infiltraciones" de nacionales, comentó el vocero del Congreso de Diputados.
En enero pasado el presidente del Parlamento, Mahmud Mashhadani, expresó que una comisión de seguridad contratará los servicios de una empresa sudafricana para su protección y la del resto de los diputados.
Otra modalidad, muy en boga para las autoridades iraquíes, es la de utilizar como guardaespaldas a familiares, amigos o personas del mismo grupo étnico o confesional.
Un ejemplo: la ministra de Derechos Humanos, Uichdán Salem, contrató por su cuenta a 20 escoltas, recomendados por sus familiares o conocidos por ella.
Las grandes empresas contratistas tienen su asiento en Gran Bretaña y Estados Unidos; en este último país se estiman en tres decenas las compañías dedicadas e ese lucrativo negocio.
Una de esas empresas es la Blackwater Security Consulting Company, especializada en contraterrorismo y combates urbanos, y una de las mayores con operaciones en Irak: cuenta con un ejército multinacional calculado en tres mil miembros.
La firma está considerada como la mayor base militar privada del mundo, con campos de entrenamientos sofisticados, decenas de aviones, 20 mil soldados entrenados y vínculos muy estrechos con las altas esferas del Pentágono y la Casa Blanca.
El negocio de la contratación abarca, además, a otras empresas que se encargan de proveer pertrechos bélicos al ejército de los Estados Unidos y de ayudar en la "reconstrucción" como las corporaciones Lockheed Martin, General Dynamics, Northrop Grumman y la notoria Halliburton.
Informaciones indican que la inmensa mayoría de las compañías destinadas a la producción de armamentos triplicaron las acciones desde el comienzo de la ocupación de Irak y sus utilidades crecieron en más del 10 por ciento.
Analistas consideran que el aumento de los activos de estas corporaciones está ligado en parte al alza del presupuesto de la Secretaría de Defensa.
Desde 2001 las asignaciones para la defensa crecieron en más de 50 por ciento, de 300.000 millones a 455.000 millones en 2007.
En 2005 oficiales de la CIA revelaron al Washington Post que el 50 por ciento del presupuesto de la institución, 20 mil millones de dólares, se destinó a pagar contratistas privados.
Un libro publicado por el Brookings Institution refiere que el fenómeno de la contratación genera al año unos 100.000 millones de dólares y según estimados, trepará el doble para 2010.
Ilegalidades, violaciones y maltratos
La total impunidad con que operan los contratistas en el país árabe convierte a esta fuerza, la segunda mayor en hombres después de las tropas norteamericanas de ocupación (140.000 hombres), en una maquinaria de destrucción y muerte.
El analista diplomático Pedrag Simic vaticina que en la medida en que los aliados de la coalición se retiren, más mercenarios tomarán sus puestos.
Para el Ejército y el gobierno estadounidenses el negocio es muy ventajoso si se tiene en cuenta que son simples asalariados en busca de fortuna y que al morir no entran en la gruesa lista oficial de bajas, ni se ven envueltos en discusiones legales o presionados por la opinión pública.
Estos soldados de fortuna se arriesgan a morir en Irak por salarios que ascienden hasta los mil dólares por día, impagables en sus naciones.
En reciente visita a países latinoamericanos, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre el uso de mercenarios determinó que las contrataciones son posibles gracias a enormes irregularidades y vacíos legales existentes, como es el caso de Perú.
José Luis Gómez del Prado, miembro del grupo de trabajo, dijo que más de mil peruanos brindan sus servicios en condiciones inciertas en el país árabe, donde predomina el riesgo para sus vidas, largas jornadas y viven hacinados.
El experto manifestó la total falta de transparencia en las contrataciones por la inexistencia de controles sobre la forma en que son reclutados o las condiciones en que laboran.
Un informe publicado por el diario limeño El Mercurio denunció que la violencia no es el único riesgo que corren los peruanos en Irak, sino también sufren maltratos, discriminaciones y vejaciones por parte de la empresa empleadora estadounidense Triple Canopy.
Aunque el fenómeno del mercenarismo no es nada nuevo, éste creció con la llegada de Bush padre a la Casa Blanca, cuyo hijo lo hizo florecer a niveles insospechados con su llamada guerra contra el terrorismo en 60 o más países a los que identifica como "rincones oscuros" del mundo.
Como otras tantas regulaciones, la administración estadounidense convirtió en letra muerta la Convención Internacional contra el Reclutamiento, la Utilización, Financiamiento y Entrenamiento de Mercenarios, aprobada por la ONU en 1989 y rubricada hasta ahora por 28 países.
La fuente: El autor es periodista de la Redacción de Africa y Medio Oriente de Prensa Latina.
LA INDIA/PAKISTÁN : LA PAZ CALIENTE

LA INDIA/PAKISTÁN : LA PAZ CALIENTE
Said Jadidi
Si algo ha revelado la reciente pesadilla de Mombay ( o Bombay), este algo, independientemente de su carácter dramático, es la divagación del hasta ahora presidente de Estados Unidos, Georges Bush.
En efecto, en un nuevo brote de alucinación, el presidente saliente de Estados Unidos, cuyas « ideas » por poco cuestan el fin del mundo, acaba de proponer en un mensaje oficial al gobierno indio « la colaboración de su pais para ( i agárrense bien ! ) detener a los autores de los atentados de Bombay ».
Con, aparentemente muy deterioradas sus facultades mentales, Bush ni siquiera parece saber que todos los terroristas fueron matados por lo miembros de las fuerzas especiales indias a excepción de uno que fue arrestado sin colaboración de Estados Unidos.
De mal a peor..
No obstante, más allá de su lado trágicamente anecdótico, el mensaje de Bush plantea una serie de legítimas interrogaciones/reflexiones, a su frente, el deseo de comprometer a la India en una lucha, a todas luces, con velocidades estratégico-políticas.
A juzgar por la envergadura, los medios a disposición del comando terrorista y la, cuando menos, sorprendente facilidad con que ha podido llegar a sus blancos, no sería insensato hablar de autores ( en plural ) directos, unos, por consiguiente visibles e identificables, indirectos, otros, ocultos y disfrazados.
Acusar a la vecina Pakistán sería, en este caso, mortalmente fácil. La más que probada eficacia de sus servicios secretos aboga por más reflexión, más objetividad y más realismo. Probablemente tendremos que esperar años antes de descubrir ( casi con seguridad por pura casualidad ) implicaciones geo-estratégicas que, hoy por hoy son abstractas e insospechosas.
Sin embargo, en un admirable sobresalto de verdadero civismo ciudadano, los habitantes de Bombay participaron el domingo pasado, masivamente en una velada en memoria póstuma de las 200 víctimas mortales y los 280 heridos de los atentados del 26 de noviembre pasado.
Una reivindicación entre otras : « NO MÁS ESTO ». Lo que justamente se debe pensar.
No obstante, para que esto no se repita, Nueva Delhi no debe lanzarse en acusaciones precipitadas, basadas en concepciones gratuitas de orden estratégico, ni confiar en conclusiones made in USA ni siquiera dejarse atraer por atavismos geopolíticos.
Y es que…
Fresco aún el recuerdo de la pesadilla de Mombay ( o Bombay ) muchos « expertos » en materia de lucha anti-terrorista comienzan a barajar hipótesis tan inverosímiles como sospechosamente « teledirigidas » como por ejemplo las crónicas, en muchos medios de comunicación occidentales, sobre el Islam y los musulmanes de la India o lo que es visceralmente más intencionado y vejatorio « las convicciones islámicas de los miembros del comando terrorista de Taj Mahal ».
Como si el objetivo de la « misión » terrorista de Bombay no fuera otro que la de empujar a la vecina Pakistán a emprender, como se lo lleva exigiendo a gritos y a violaciones de su espacio áereo los Estados Unidos y en voz más baja sus aliados, una aventura militar en sus zonas tribales fronterizas con Afganistán, casi todos los comentarios, análisis y consultas de prensa apuntaban al día siguiente de los atentados, en coro, hacia lo que ya llaman « el elevado tributo que debe pagar Islamabad » por no haber sabido ( o atrevido) a luchar más y mejor contra los focos terroristas dentro y cerca de su pais.
Como si no les bastara que, por proteger la ocupación en Afganistán, Pakistán fuera, después de Iraq y Afganistán el pais con más víctimas del terrorismo y más expuesto a la desestabilización, le piden ahora alinearse a una tésis anti-terrorista que el pueblo pakistaní y todos los amantes de la paz y de la justicia ponen en tela de juicio.
Los recientes atentados de Bombay se están convirtiendo en un medio de presión sobre las autoridades pakistaníes para actuar, conformen a la voluntad mil veces reiterada de Washington de privilegiar, como acaba de imponerlo al parlamento irakí bajo su tutela, el interés estratégico sobre el imperativo democrático, particularmente en las zonas tribales, donde, con el pretexto de atacar lo que cree diagnosticar como el origen del problema de « su » Afganistán efectua diariamente incursiones que suscitan la unánime indignación popular en Pakistán.
Por otra parte las primeras declaraciones de la Secretaria de Estado, Condolezzia Rice, « invitando » a Pakistán a « colaborar total y completamente en la investigación india en curso actualmente » apoyan explícitamente la hipótesis al respecto.
Casi una semana después y pese al detenido y su interrogatorio, Nueva Delhi aún no ha llamado ni al pan, pan, ni a lo que ha ocurrido en Bombay lo que fue.
Mientras que Pakistán, a través de sus máximos dirigentes advierte contra toda « conclusión precipitada », la India parecer contemplar la suspennsión del proceso de paz con su vecina forjado por más de una guerra, muchas lágrimas y lustros de paciencia y perseverancia. ÷
LA DEMOCRACIA Y EL PUEBLO
LA DEMOCRACIA Y EL PUEBLO
Eric Hobsbawm − Daily Times
Gracias a los medios de comunicación masas, la opinión pública es más poderosa que nunca, lo cual explica el constante incremento de las profesiones que se especializan en influenciarla. Lo que es menos conocido es el vínculo crucial entre los medios políticos y la acción directa: una acción desde la base que repercute directamente en quienes toman las decisiones, eludiendo los mecanismos intermedios de los gobiernos representativos. Ello resulta más evidente en los asuntos transnacionales, en los que no existen esos mecanismos intermedios. Todos estamos familiarizados con lo que se ha denominado “efecto CNN” : la políticamente poderosa, pero completamente desestructurada sensación de que “algo debe hacerse” respecto del Kurdistán, Timor Oriental u otra zona en conflicto. Más recientemente, las manifestaciones en Praga y Seattle han mostrado la efectividad de la acción directa bien dirigida por pequeños grupos conscientes del poder de las cámaras, incluso contra organizaciones que fueron diseñadas para ser inmunes a los procesos políticos democráticos, como el FMI y el Banco Mundial.
Todo esto enfrenta a la democracia de impronta liberal con el que quizás sea su problema más serio e inmediato. En un mundo crecientemente globalizado y transnacional, los gobiernos nacionales coexisten con poderes que tienen tanto impacto como ellos en la vida diaria de sus ciudadanos, pero que están más allá de su control. Los gobiernos ni siquiera tienen la opción política de abdicar ante tales fuerzas que escapan a su radio de acción. Cuando los precios del petróleo aumentan, existe la convicción en los ciudadanos, incluso en los ejecutivos de las empresas, de que el gobierno puede y debe hacer algo al respecto, aun en países como Italia, en donde poco o nada se espera del Estado, o como Estados Unidos, en donde muchas personas no creen en el Estado.
¿Pero qué podrían hacer los gobiernos? Más que en el pasado, están bajo la presión creciente de una opinión pública continuamente controlada. Ello restringe sus opciones. Pero los gobiernos no pueden dejar de gobernar. Además, se ven alentados por sus expertos en relaciones públicas para que se muestren gobernando constantemente, y esto, como ha mostrado la historia británica del siglo XX, implica multiplicar gestos, anuncios, y a veces, hasta leyes innecesarias. Y las autoridades públicas de hoy se ven constantemente enfrentando decisiones sobre intereses comunes, que son de índole tanto técnica como política. Aquí, los votos democráticos (o las elecciones de los consumidores en el mercado) no son en absoluto una guía. Las consecuencias ambientales del crecimiento ilimitado del tráfico a motor, y las mejores formas de lidiar con ellas no pueden ser descubiertas simplemente por un referendo. Además, estas formas pueden resultar impopulares, y en una democracia, es poco inteligente decirle al electorado lo que no quiere oír. ¿Cómo pueden organizarse racionalmente las finanzas públicas, si los gobiernos se han autoconvencido de que cualquier propuesta para aumentar los impuestos conduce a un suicidio electoral, cuando en las campañas electorales se compite por bajar impuestos y los presupuestos gubernamentales se ejercitan en el oscurantismo fiscal?
En resumen, la “voluntad del pueblo”, o como quiera llamársela, no puede determinar las tareas específicas de gobierno. Como apropiadamente observaron Sidney y Beatrice Webb respecto de los sindicatos, la “voluntad del pueblo” no puede juzgar proyectos, sólo resultados. Es inconmensurablemente mejor votando en contra que a favor. Cuando consigue uno de sus principales triunfos negativos, como derrocar los regímenes corruptos de 50 años de posguerra en Italia y Japón, es incapaz por sí mismo de ofrecer una alternativa.
Y aun así, el gobierno es para la gente. Sus efectos son juzgados por lo que afecta a la gente. Por más desinformada, ignorante o aun estúpida que sea la “voluntad del pueblo”, y por muy inadecuados que sean los métodos para descubrirla, es indispensable. ¿De qué otra forma podríamos definir la manera en que las soluciones técnico-políticas, por más expertas y técnicamente satisfactorias que sean en otros aspectos, afectan a las vidas de los seres humanos concretos? Los sistemas soviéticos fallaron porque no existió una retroalimentación de información entre aquellos que tomaban las decisiones “en nombre del interés del pueblo” y aquellos a quienes se imponían esas decisiones. La globalización del laissez-faire de los últimos 20 años ha incurrido en el mismo error.
La solución ideal ahora está menos que nunca al alcance de los gobiernos. Es la solución a la que recurrían en el pasado los médicos y los pilotos, y a la que sigue tratando de recurrir una parte crecientemente desconfiada del mundo: la convicción popular de que nosotros y ellos compartimos los mismos intereses. Nosotros [el pueblo] no le dijimos [al gobierno] cómo debe servirnos –carentes de pericia, no podríamos—, pero hasta que algo salga verdaderamente mal, le brindamos nuestra confianza. Pocos gobiernos (para distinguirlos de regímenes políticos) disfrutan actualmente de esta fundamental confianza a priori. En las de impronta liberal, los gobiernos raramente representan la mayoría de votos, ni qué decir del electorado. Los partidos de masas y organizaciones, que alguna vez otorgaron a “sus” gobiernos confianza y apoyo constante, se han desmoronado. En los omnipresentes medios de comunicación, los directores, entre las bambalinas, y arrogándose una idoneidad competitiva con la del gobierno, no dejan de comentar críticamente los desempeños gubernamentales.
De modo que la solución más conveniente, a veces la única, para los gobiernos democráticos, es mantener el mayor número posible de decisiones fuera del alcance de la opinión pública y de la política, o al menos, dejar de lado los procesos de característicos del gobierno representativo. Muchas decisiones políticas serán negociadas y decididas detrás de escena. Lo que incrementará la desconfianza ciudadana en los gobiernos y la mala opinión pública sobre los políticos.
¿Entonces, cuál es el futuro de la democracia de impronta liberal en esta situación? Con la excepción de la teocracia islámica, en principio ningún movimiento político poderoso desafía esta forma de gobierno. La segunda mitad del siglo XX fue la edad dorada de las dictaduras militares. El siglo XXI no parece demasiado favorable a ellas –ninguno de los estados ex comunistas ha elegido seguir por esa vía—, y casi todos esos regímenes militares carecen del cabal coraje de la convicción antidemocrática: se limitan a proclamarse salvadores de la Constitución hasta el día (sin especificar) del retorno del gobierno civil.
Ello es que, cualquiera que haya sido su apariencia antes de los terremotos económicos de 1997-98, ahora resulta evidente que la utopía de un mercado global de laissez-faire y sin Estado no llegará. La mayoría de la población mundial, y ciertamente aquella bajo regímenes democrático-liberales que merecen tal denominación, continuarán viviendo en estados operativamente efectivos, aun a despecho de que en algunas -y poco felices- regiones el poder y la administración estatal se hayan desintegrado virtualmente. La política continuará. Las elecciones democráticas perdurarán.
En resumen, deberemos enfrentar los problemas del siglo XXI con un conjunto de mecanismos políticos espectacularmente inapropiados para lidiar con esos problemas. Se trata de mecanismos que están, en efecto, confinados dentro de las fronteras de unos estados nacionales enfrentados a un mundo interconectado, fuera del alcance de sus operaciones. Aún no está clara la longitud de su radio de acción dentro del vasto y heterogéneo territorio que posee una estructura política común como la Unión Europea. Se enfrentan a y compiten en el marco de una economía globalizada que opera a través de unas unidades harto heterogéneas y para las cuales son irrelevantes la legitimidad política y el interés común, a saber: las corporaciones transnacionales. Sobre todo, se enfrentan a una era en la que el impacto de las acciones humanas sobre la naturaleza y el planeta se ha convertido en una fuerza de proporciones geológicas. La solución, o aun la mera mitigación, precisará de medidas para las cuales, casi con certeza, ningún apoyo podrá encontrarse contando votos o midiendo las preferencias de los consumidores. Esto no mejorará las perspectivas a largo plazo de ninguna democracia en el mundo.
Encaramos el tercer milenio como el irlandés apócrifo que, preguntado por la mejor manera de llegar a Ballynahinch, y tras una breve pausa reflexiva, espetó: “si yo fuera usted, no partiría de aquí”.
Pero aquí estamos, y de aquí partimos.
Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003. Traducción para www.sinpermiso.info : Camila Vollenweider
Eric Hobsbawm − Daily Times
Gracias a los medios de comunicación masas, la opinión pública es más poderosa que nunca, lo cual explica el constante incremento de las profesiones que se especializan en influenciarla. Lo que es menos conocido es el vínculo crucial entre los medios políticos y la acción directa: una acción desde la base que repercute directamente en quienes toman las decisiones, eludiendo los mecanismos intermedios de los gobiernos representativos. Ello resulta más evidente en los asuntos transnacionales, en los que no existen esos mecanismos intermedios. Todos estamos familiarizados con lo que se ha denominado “efecto CNN” : la políticamente poderosa, pero completamente desestructurada sensación de que “algo debe hacerse” respecto del Kurdistán, Timor Oriental u otra zona en conflicto. Más recientemente, las manifestaciones en Praga y Seattle han mostrado la efectividad de la acción directa bien dirigida por pequeños grupos conscientes del poder de las cámaras, incluso contra organizaciones que fueron diseñadas para ser inmunes a los procesos políticos democráticos, como el FMI y el Banco Mundial.
Todo esto enfrenta a la democracia de impronta liberal con el que quizás sea su problema más serio e inmediato. En un mundo crecientemente globalizado y transnacional, los gobiernos nacionales coexisten con poderes que tienen tanto impacto como ellos en la vida diaria de sus ciudadanos, pero que están más allá de su control. Los gobiernos ni siquiera tienen la opción política de abdicar ante tales fuerzas que escapan a su radio de acción. Cuando los precios del petróleo aumentan, existe la convicción en los ciudadanos, incluso en los ejecutivos de las empresas, de que el gobierno puede y debe hacer algo al respecto, aun en países como Italia, en donde poco o nada se espera del Estado, o como Estados Unidos, en donde muchas personas no creen en el Estado.
¿Pero qué podrían hacer los gobiernos? Más que en el pasado, están bajo la presión creciente de una opinión pública continuamente controlada. Ello restringe sus opciones. Pero los gobiernos no pueden dejar de gobernar. Además, se ven alentados por sus expertos en relaciones públicas para que se muestren gobernando constantemente, y esto, como ha mostrado la historia británica del siglo XX, implica multiplicar gestos, anuncios, y a veces, hasta leyes innecesarias. Y las autoridades públicas de hoy se ven constantemente enfrentando decisiones sobre intereses comunes, que son de índole tanto técnica como política. Aquí, los votos democráticos (o las elecciones de los consumidores en el mercado) no son en absoluto una guía. Las consecuencias ambientales del crecimiento ilimitado del tráfico a motor, y las mejores formas de lidiar con ellas no pueden ser descubiertas simplemente por un referendo. Además, estas formas pueden resultar impopulares, y en una democracia, es poco inteligente decirle al electorado lo que no quiere oír. ¿Cómo pueden organizarse racionalmente las finanzas públicas, si los gobiernos se han autoconvencido de que cualquier propuesta para aumentar los impuestos conduce a un suicidio electoral, cuando en las campañas electorales se compite por bajar impuestos y los presupuestos gubernamentales se ejercitan en el oscurantismo fiscal?
En resumen, la “voluntad del pueblo”, o como quiera llamársela, no puede determinar las tareas específicas de gobierno. Como apropiadamente observaron Sidney y Beatrice Webb respecto de los sindicatos, la “voluntad del pueblo” no puede juzgar proyectos, sólo resultados. Es inconmensurablemente mejor votando en contra que a favor. Cuando consigue uno de sus principales triunfos negativos, como derrocar los regímenes corruptos de 50 años de posguerra en Italia y Japón, es incapaz por sí mismo de ofrecer una alternativa.
Y aun así, el gobierno es para la gente. Sus efectos son juzgados por lo que afecta a la gente. Por más desinformada, ignorante o aun estúpida que sea la “voluntad del pueblo”, y por muy inadecuados que sean los métodos para descubrirla, es indispensable. ¿De qué otra forma podríamos definir la manera en que las soluciones técnico-políticas, por más expertas y técnicamente satisfactorias que sean en otros aspectos, afectan a las vidas de los seres humanos concretos? Los sistemas soviéticos fallaron porque no existió una retroalimentación de información entre aquellos que tomaban las decisiones “en nombre del interés del pueblo” y aquellos a quienes se imponían esas decisiones. La globalización del laissez-faire de los últimos 20 años ha incurrido en el mismo error.
La solución ideal ahora está menos que nunca al alcance de los gobiernos. Es la solución a la que recurrían en el pasado los médicos y los pilotos, y a la que sigue tratando de recurrir una parte crecientemente desconfiada del mundo: la convicción popular de que nosotros y ellos compartimos los mismos intereses. Nosotros [el pueblo] no le dijimos [al gobierno] cómo debe servirnos –carentes de pericia, no podríamos—, pero hasta que algo salga verdaderamente mal, le brindamos nuestra confianza. Pocos gobiernos (para distinguirlos de regímenes políticos) disfrutan actualmente de esta fundamental confianza a priori. En las de impronta liberal, los gobiernos raramente representan la mayoría de votos, ni qué decir del electorado. Los partidos de masas y organizaciones, que alguna vez otorgaron a “sus” gobiernos confianza y apoyo constante, se han desmoronado. En los omnipresentes medios de comunicación, los directores, entre las bambalinas, y arrogándose una idoneidad competitiva con la del gobierno, no dejan de comentar críticamente los desempeños gubernamentales.
De modo que la solución más conveniente, a veces la única, para los gobiernos democráticos, es mantener el mayor número posible de decisiones fuera del alcance de la opinión pública y de la política, o al menos, dejar de lado los procesos de característicos del gobierno representativo. Muchas decisiones políticas serán negociadas y decididas detrás de escena. Lo que incrementará la desconfianza ciudadana en los gobiernos y la mala opinión pública sobre los políticos.
¿Entonces, cuál es el futuro de la democracia de impronta liberal en esta situación? Con la excepción de la teocracia islámica, en principio ningún movimiento político poderoso desafía esta forma de gobierno. La segunda mitad del siglo XX fue la edad dorada de las dictaduras militares. El siglo XXI no parece demasiado favorable a ellas –ninguno de los estados ex comunistas ha elegido seguir por esa vía—, y casi todos esos regímenes militares carecen del cabal coraje de la convicción antidemocrática: se limitan a proclamarse salvadores de la Constitución hasta el día (sin especificar) del retorno del gobierno civil.
Ello es que, cualquiera que haya sido su apariencia antes de los terremotos económicos de 1997-98, ahora resulta evidente que la utopía de un mercado global de laissez-faire y sin Estado no llegará. La mayoría de la población mundial, y ciertamente aquella bajo regímenes democrático-liberales que merecen tal denominación, continuarán viviendo en estados operativamente efectivos, aun a despecho de que en algunas -y poco felices- regiones el poder y la administración estatal se hayan desintegrado virtualmente. La política continuará. Las elecciones democráticas perdurarán.
En resumen, deberemos enfrentar los problemas del siglo XXI con un conjunto de mecanismos políticos espectacularmente inapropiados para lidiar con esos problemas. Se trata de mecanismos que están, en efecto, confinados dentro de las fronteras de unos estados nacionales enfrentados a un mundo interconectado, fuera del alcance de sus operaciones. Aún no está clara la longitud de su radio de acción dentro del vasto y heterogéneo territorio que posee una estructura política común como la Unión Europea. Se enfrentan a y compiten en el marco de una economía globalizada que opera a través de unas unidades harto heterogéneas y para las cuales son irrelevantes la legitimidad política y el interés común, a saber: las corporaciones transnacionales. Sobre todo, se enfrentan a una era en la que el impacto de las acciones humanas sobre la naturaleza y el planeta se ha convertido en una fuerza de proporciones geológicas. La solución, o aun la mera mitigación, precisará de medidas para las cuales, casi con certeza, ningún apoyo podrá encontrarse contando votos o midiendo las preferencias de los consumidores. Esto no mejorará las perspectivas a largo plazo de ninguna democracia en el mundo.
Encaramos el tercer milenio como el irlandés apócrifo que, preguntado por la mejor manera de llegar a Ballynahinch, y tras una breve pausa reflexiva, espetó: “si yo fuera usted, no partiría de aquí”.
Pero aquí estamos, y de aquí partimos.
Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003. Traducción para www.sinpermiso.info : Camila Vollenweider
Las elecciones en Estados Unidos
Noam Chomsky - La Jornada
La palabra que brotó inmediatamente de cada lengua tras las elecciones presidenciales en Estados Unidos fue “histórica”. Y con toda razón. Una familia negra en la Casa Blanca es realmente un evento histórico.
Hubo algunas sorpresas. Una fue que la elección no estaba concluida luego de la convención demócrata. Los indicadores habituales señalan que el partido opositor debería barrer durante una grave crisis económica, tras ocho años de una política desastrosa en todos los frentes, incluido el peor récord en materia del crecimiento de empleos de cualquier presidente de la posguerra y de una rara declinación en la riqueza promedio. Eso, con un presidente tan impopular que su propio partido tuvo que desligarse de él, acompañado de un dramático colapso en la posición de Estados Unidos en la opinión pública mundial.
Como muchos estudios muestran, ambos partidos se hallan bien a la derecha de la población en tópicos importantes, tanto nacionales como internacionales. Tal vez ningún partido refleja la opinión pública en una época en que 80 por ciento de los estadunidenses piensa que el país enfila en la dirección equivocada y que el gobierno está administrado por “algunos grandes intereses que sólo piensan en sí mismos”, no en el pueblo, en tanto un asombroso 94 por ciento cuestiona que el gobierno desdeñe a la opinión pública.
Podría argumentarse que ningún partido que hable en defensa del pueblo resulta viable en una sociedad administrada por el mundo de los negocios con tal desusada amplitud. En un nivel muy general, la falta de representación del pueblo es ilustrada por el éxito de la “teoría de las inversiones” en la política, elaborada por el economista político Thomas Ferguson. Según Ferguson, la política tiende a reflejar los deseos de poderosos bloques económicos que invierten dinero cada cuatro años para controlar el Estado.
En cierto sentido, la elección siguió pautas familiares. La campaña de John McCain fue lo bastante honesta como para anunciar con claridad que la elección no discutiría tópicos. En cuanto a Barack Obama, su mensaje de “esperanza” y de “cambio” ofreció un pizarrón en blanco en el cual sus simpatizantes podían escribir sus deseos. Uno puede encontrar sitios en Internet donde cada partido expresa su opinión sobre diferentes temas. Pero la correlación de esas opiniones con la política a seguir no es espectacular. Y de todas maneras, lo que ingresa en las opciones de los votantes es lo que la campaña de cada candidato destaca, tal como saben muy bien los administradores de un partido.
Y fue allí donde la campaña de Obama impresionó a la industria de las relaciones públicas, que lo designaron “el experto en mercadeo más importante del 2008”, derrotando con facilidad a Apple. La primera tarea de la industria es asegurarse que los clientes carentes de información hagan selecciones irracionales, socavando de esa manera las teorías de mercado que proponen exactamente lo opuesto. Y los expertos en relaciones públicas reconocen los beneficios de socavar la democracia de la misma manera. La organización The Center for Responsive Politics dice que una vez más las elecciones fueron compradas: “Los candidatos con mejor financiamiento ganaron nueve de 10 elecciones, y todos, excepto algunos escasos miembros del Congreso, retornarán a Washington”.
Antes de las convenciones, los candidatos viables con mayor apoyo de instituciones financieras eran Obama y McCain, cada uno con 36 por ciento. Los resultados preliminares indican que al final, las contribuciones a la campaña de Obama, por industria, se concentraron en las firmas de abogados (incluidos cabilderos), además de instituciones financieras. La teoría de inversiones en la política sugiere algunas conclusiones acerca de los principios que guían a la nueva administración.
El poder de las instituciones financieras refleja el cambio cada vez más grande de una economía de producción hacia otra de finanzas. Eso comenzó con la liberalización de las finanzas durante la década de los años 60, causa fundamental de los actuales azotes representados por la crisis financiera y la recesión en la economía real (esto es, de la producción y consumo de mercancías). Las consecuencias están a la vista para la gran mayoría de los estadunidenses, cuyos salarios reales se han estancado por 30 años, en tanto sus beneficios han declinado.
Dejando de lado la alta retórica sobre la esperanza y el cambio, ¿qué podemos esperar de la administración de Obama?
La selección del equipo de trabajo de Obama envía una fuerte señal. La primera elección fue para vicepresidente: Joe Biden fue, entre los senadores demócratas, uno de los más vigorosos partidarios de la invasión a Irak, y un insider (persona de adentro, con acceso a información privilegiada) con mucho tiempo de actuación en Washington. Y aunque suele votar de manera coherente con sus colegas demócratas, no siempre lo hace. Por ejemplo, apoyó una medida para que resultara a los individuos mas difícil borrar sus deudas tras declararse en bancarrota.
La primera elección posterior a los comicios presidenciales fue para la crucial posición de jefe de gabinete. Obama designó a Rahm Emanuel, uno de los partidarios más fuertes de la invasión a Irak entre los representantes demócratas y, como Biden, insider de Washington durante bastante tiempo.
Emanuel es también uno de los más grandes beneficiarios de las contribuciones de campaña de Wall Street, informó el Center for Responsive Politics. Durante 2008, “fue el principal destinatario” entre los representantes “de los ejecutivos de fondos de riesgo” y de las “principales firmas de seguros y de inversiones de la industria”. La tarea de Emanuel es ver cómo encara Obama la peor crisis financiera desde la década de los años 30, por la cual sus donantes y los de Obama comparten una amplia responsabilidad.
En una entrevista con The Wall Street Journal, le preguntaron a Emanuel qué haría el gobierno de Obama respecto del “liderazgo demócrata en el Congreso”, cuyos “barones del ala izquierda tienen su propia agenda”. Eso incluye, por ejemplo, rebajar drásticamente los gastos militares (algo en que coincide la mayoría de la población) e imponer “drásticos impuestos a la energía a fin de combatir el calentamiento global”.
“Barack Obama puede enfrentarse a ellos”, aseguró Emanuel al Wall Street Journal. La administración sera “pragmática”, y rechazara los intentos de los extremistas de izquierda.
El equipo de transición de Obama está encabezado por John Podesta, secretario del gabinete de Bill Clinton. Otros dos veteranos de Clinton, Robert Rubin y Lawrence Summers, figuran entre las figuras principales en su equipo económico. Tanto Rubin como Summers respaldaron de manera entusiasta la desregulación, un importante factor en la actual crisis financiera.
Como secretario del Tesoro con Clinton, Rubin trabajó de manera denodada para abolir la ley Glass-Steagall, que había separado a los bancos comerciales de las instituciones financieras que incurrían en graves riesgos.
El economista Tim Canova escribe que Rubin tenía “un interés personal en la eliminación de la ley Glass-Steagall”.
Tras dejar su posición como secretario del Tesoro, Rubin se convirtió en “presidente de la junta directiva de Citigroup, un conglomerado de servicios financieros que estaba enfrentando la posibilidad de tener que vender su subsidiaria de seguros”. En cuanto al gobierno de Clinton, “nunca presentó cargos contra él por sus obvias violaciones a la ética”.
Rubin fue remplazado como secretario del Tesoro por Summers, quien propuso la ley que prohibió la regulación federal de los derivativos, las “armas de destrucción masiva” (como las llama Warren Buffett) que ayudaron a sumergir en el desastre a los mercados financieros.
Summers figura como “uno de los villanos principales en la actual crisis económica”, según Dean Baker, uno de los escasos economistas que advirtieron sobre la inminente crisis. Poner la política financiera en las manos de Rubin y Summers, señala Baker, es “como recurrir a Osama Bin Laden para que ayude en la lucha antiterrorista”. Ahora Rubin y Summers proponen regulaciones para ayudar a limpiar el caos que ayudaron a crear.
La prensa de negocios examinó los récords del equipo de transición de Obama, que se reunió el 7 de noviembre para determinar cómo manejarse con la crisis financiera. En Bloomberg News, Jonathan Weil concluyo que “muchos de ellos deberían estar recibiendo citaciones como testigos materiales” por la catástrofe financiera, en lugar de “figurar como miembros del círculo intimo de Obama”. Alrededor de la mitad “han tenido posiciones de importancia en empresas que, en mayor o menor grado, han falsificado sus declaraciones financieras o contribuido a la crisis económica mundial, o ambas cosas a la vez”. Es realmente plausible que “¿no confundirán los intereses de la nación con sus propios intereses corporativos?”
La preocupación principal del nuevo gobierno sera detener la crisis financiera y la simultánea recesión en la economía real. Pero hay también un monstruo en el armario: el ineficaz sistema privado de cuidado de la salud, que amenaza abrumar al presupuesto federal si las actuales tendencias persisten.
Una mayoría del público ha favorecido por largo tiempo un sistema nacional de cuidado de la salud que debería ser mucho menos caro y más eficaz, según indican las evidencias comparativas (junto con muchos estudios). En fecha tan reciente como 2004, cualquier intervención del gobierno en el sistema de atención a la salud era descrito por la prensa como “imposible a nivel político”. Eso significaba que se oponían la industria de los seguros y las corporaciones farmacéuticas.
Pero sin embargo, en 2008, primero John Edwards, luego Barack Obama y Hillary Clinton, adelantaron propuestas que se aproximan a lo que por largo tiempo ha preferido el público. Estas ideas tienen ahora “apoyo político”. ¿Que ha cambiado? No la opinión pública, que permanece con la misma opinión de antes. Pero para 2008, sectores importantes de poder, especialmente la industria manufacturera, habían llegado a reconocer que estaban siendo gravemente afectados por el sistema privado de atención a la salud. Por lo tanto la voluntad pública está comenzando a tener “apoyo político”. Hay un largo camino por recorrer, pero el cambio nos dice algo sobre la disfuncional democracia en la cual la nueva administración busca su camino.
Copyright 2008 by Noam Chomsky.
Distribuido por The New York Times Syndicate.
* Los ensayos de Chomsky sobre lingüística y política acaban de ser recolectados en The Essential Chomsky, editados por Anthony Arnove y publicados por The New Press. Es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge.
La palabra que brotó inmediatamente de cada lengua tras las elecciones presidenciales en Estados Unidos fue “histórica”. Y con toda razón. Una familia negra en la Casa Blanca es realmente un evento histórico.
Hubo algunas sorpresas. Una fue que la elección no estaba concluida luego de la convención demócrata. Los indicadores habituales señalan que el partido opositor debería barrer durante una grave crisis económica, tras ocho años de una política desastrosa en todos los frentes, incluido el peor récord en materia del crecimiento de empleos de cualquier presidente de la posguerra y de una rara declinación en la riqueza promedio. Eso, con un presidente tan impopular que su propio partido tuvo que desligarse de él, acompañado de un dramático colapso en la posición de Estados Unidos en la opinión pública mundial.
Como muchos estudios muestran, ambos partidos se hallan bien a la derecha de la población en tópicos importantes, tanto nacionales como internacionales. Tal vez ningún partido refleja la opinión pública en una época en que 80 por ciento de los estadunidenses piensa que el país enfila en la dirección equivocada y que el gobierno está administrado por “algunos grandes intereses que sólo piensan en sí mismos”, no en el pueblo, en tanto un asombroso 94 por ciento cuestiona que el gobierno desdeñe a la opinión pública.
Podría argumentarse que ningún partido que hable en defensa del pueblo resulta viable en una sociedad administrada por el mundo de los negocios con tal desusada amplitud. En un nivel muy general, la falta de representación del pueblo es ilustrada por el éxito de la “teoría de las inversiones” en la política, elaborada por el economista político Thomas Ferguson. Según Ferguson, la política tiende a reflejar los deseos de poderosos bloques económicos que invierten dinero cada cuatro años para controlar el Estado.
En cierto sentido, la elección siguió pautas familiares. La campaña de John McCain fue lo bastante honesta como para anunciar con claridad que la elección no discutiría tópicos. En cuanto a Barack Obama, su mensaje de “esperanza” y de “cambio” ofreció un pizarrón en blanco en el cual sus simpatizantes podían escribir sus deseos. Uno puede encontrar sitios en Internet donde cada partido expresa su opinión sobre diferentes temas. Pero la correlación de esas opiniones con la política a seguir no es espectacular. Y de todas maneras, lo que ingresa en las opciones de los votantes es lo que la campaña de cada candidato destaca, tal como saben muy bien los administradores de un partido.
Y fue allí donde la campaña de Obama impresionó a la industria de las relaciones públicas, que lo designaron “el experto en mercadeo más importante del 2008”, derrotando con facilidad a Apple. La primera tarea de la industria es asegurarse que los clientes carentes de información hagan selecciones irracionales, socavando de esa manera las teorías de mercado que proponen exactamente lo opuesto. Y los expertos en relaciones públicas reconocen los beneficios de socavar la democracia de la misma manera. La organización The Center for Responsive Politics dice que una vez más las elecciones fueron compradas: “Los candidatos con mejor financiamiento ganaron nueve de 10 elecciones, y todos, excepto algunos escasos miembros del Congreso, retornarán a Washington”.
Antes de las convenciones, los candidatos viables con mayor apoyo de instituciones financieras eran Obama y McCain, cada uno con 36 por ciento. Los resultados preliminares indican que al final, las contribuciones a la campaña de Obama, por industria, se concentraron en las firmas de abogados (incluidos cabilderos), además de instituciones financieras. La teoría de inversiones en la política sugiere algunas conclusiones acerca de los principios que guían a la nueva administración.
El poder de las instituciones financieras refleja el cambio cada vez más grande de una economía de producción hacia otra de finanzas. Eso comenzó con la liberalización de las finanzas durante la década de los años 60, causa fundamental de los actuales azotes representados por la crisis financiera y la recesión en la economía real (esto es, de la producción y consumo de mercancías). Las consecuencias están a la vista para la gran mayoría de los estadunidenses, cuyos salarios reales se han estancado por 30 años, en tanto sus beneficios han declinado.
Dejando de lado la alta retórica sobre la esperanza y el cambio, ¿qué podemos esperar de la administración de Obama?
La selección del equipo de trabajo de Obama envía una fuerte señal. La primera elección fue para vicepresidente: Joe Biden fue, entre los senadores demócratas, uno de los más vigorosos partidarios de la invasión a Irak, y un insider (persona de adentro, con acceso a información privilegiada) con mucho tiempo de actuación en Washington. Y aunque suele votar de manera coherente con sus colegas demócratas, no siempre lo hace. Por ejemplo, apoyó una medida para que resultara a los individuos mas difícil borrar sus deudas tras declararse en bancarrota.
La primera elección posterior a los comicios presidenciales fue para la crucial posición de jefe de gabinete. Obama designó a Rahm Emanuel, uno de los partidarios más fuertes de la invasión a Irak entre los representantes demócratas y, como Biden, insider de Washington durante bastante tiempo.
Emanuel es también uno de los más grandes beneficiarios de las contribuciones de campaña de Wall Street, informó el Center for Responsive Politics. Durante 2008, “fue el principal destinatario” entre los representantes “de los ejecutivos de fondos de riesgo” y de las “principales firmas de seguros y de inversiones de la industria”. La tarea de Emanuel es ver cómo encara Obama la peor crisis financiera desde la década de los años 30, por la cual sus donantes y los de Obama comparten una amplia responsabilidad.
En una entrevista con The Wall Street Journal, le preguntaron a Emanuel qué haría el gobierno de Obama respecto del “liderazgo demócrata en el Congreso”, cuyos “barones del ala izquierda tienen su propia agenda”. Eso incluye, por ejemplo, rebajar drásticamente los gastos militares (algo en que coincide la mayoría de la población) e imponer “drásticos impuestos a la energía a fin de combatir el calentamiento global”.
“Barack Obama puede enfrentarse a ellos”, aseguró Emanuel al Wall Street Journal. La administración sera “pragmática”, y rechazara los intentos de los extremistas de izquierda.
El equipo de transición de Obama está encabezado por John Podesta, secretario del gabinete de Bill Clinton. Otros dos veteranos de Clinton, Robert Rubin y Lawrence Summers, figuran entre las figuras principales en su equipo económico. Tanto Rubin como Summers respaldaron de manera entusiasta la desregulación, un importante factor en la actual crisis financiera.
Como secretario del Tesoro con Clinton, Rubin trabajó de manera denodada para abolir la ley Glass-Steagall, que había separado a los bancos comerciales de las instituciones financieras que incurrían en graves riesgos.
El economista Tim Canova escribe que Rubin tenía “un interés personal en la eliminación de la ley Glass-Steagall”.
Tras dejar su posición como secretario del Tesoro, Rubin se convirtió en “presidente de la junta directiva de Citigroup, un conglomerado de servicios financieros que estaba enfrentando la posibilidad de tener que vender su subsidiaria de seguros”. En cuanto al gobierno de Clinton, “nunca presentó cargos contra él por sus obvias violaciones a la ética”.
Rubin fue remplazado como secretario del Tesoro por Summers, quien propuso la ley que prohibió la regulación federal de los derivativos, las “armas de destrucción masiva” (como las llama Warren Buffett) que ayudaron a sumergir en el desastre a los mercados financieros.
Summers figura como “uno de los villanos principales en la actual crisis económica”, según Dean Baker, uno de los escasos economistas que advirtieron sobre la inminente crisis. Poner la política financiera en las manos de Rubin y Summers, señala Baker, es “como recurrir a Osama Bin Laden para que ayude en la lucha antiterrorista”. Ahora Rubin y Summers proponen regulaciones para ayudar a limpiar el caos que ayudaron a crear.
La prensa de negocios examinó los récords del equipo de transición de Obama, que se reunió el 7 de noviembre para determinar cómo manejarse con la crisis financiera. En Bloomberg News, Jonathan Weil concluyo que “muchos de ellos deberían estar recibiendo citaciones como testigos materiales” por la catástrofe financiera, en lugar de “figurar como miembros del círculo intimo de Obama”. Alrededor de la mitad “han tenido posiciones de importancia en empresas que, en mayor o menor grado, han falsificado sus declaraciones financieras o contribuido a la crisis económica mundial, o ambas cosas a la vez”. Es realmente plausible que “¿no confundirán los intereses de la nación con sus propios intereses corporativos?”
La preocupación principal del nuevo gobierno sera detener la crisis financiera y la simultánea recesión en la economía real. Pero hay también un monstruo en el armario: el ineficaz sistema privado de cuidado de la salud, que amenaza abrumar al presupuesto federal si las actuales tendencias persisten.
Una mayoría del público ha favorecido por largo tiempo un sistema nacional de cuidado de la salud que debería ser mucho menos caro y más eficaz, según indican las evidencias comparativas (junto con muchos estudios). En fecha tan reciente como 2004, cualquier intervención del gobierno en el sistema de atención a la salud era descrito por la prensa como “imposible a nivel político”. Eso significaba que se oponían la industria de los seguros y las corporaciones farmacéuticas.
Pero sin embargo, en 2008, primero John Edwards, luego Barack Obama y Hillary Clinton, adelantaron propuestas que se aproximan a lo que por largo tiempo ha preferido el público. Estas ideas tienen ahora “apoyo político”. ¿Que ha cambiado? No la opinión pública, que permanece con la misma opinión de antes. Pero para 2008, sectores importantes de poder, especialmente la industria manufacturera, habían llegado a reconocer que estaban siendo gravemente afectados por el sistema privado de atención a la salud. Por lo tanto la voluntad pública está comenzando a tener “apoyo político”. Hay un largo camino por recorrer, pero el cambio nos dice algo sobre la disfuncional democracia en la cual la nueva administración busca su camino.
Copyright 2008 by Noam Chomsky.
Distribuido por The New York Times Syndicate.
* Los ensayos de Chomsky sobre lingüística y política acaban de ser recolectados en The Essential Chomsky, editados por Anthony Arnove y publicados por The New Press. Es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge.
30 noviembre 2008
¿CÓMO SERÁ EL MUNDO EN 2025?
Si este texto que vas a leer te ha impresionado, déjale un comentario...
TODO: NO CREER A PIE JUNTILLAS, PERO EN ÚLTIMA INSTANCIA HAY PUNTOS MUY INTERESANTES PARA CONSIDERAR. DE TODOS MODOS, ES UNA HIPÓTESIS BASADA EN ALGUNAS TENDENCIAS REALES.
Informe de Inteligencia. Global trends 2025: A transformed world (Tendencias globales 2025: un mundo transformado

Cada cuatro años, EEUU pone a la élite de los 16 servicios de inteligencia a elaborar un diagnóstico global. En Global trends 2025: A transformed world (Tendencias globales 2025: un mundo transformado), Washington hace un análisis de cómo serán los conflictos en un futuro cercano. Un insumo para su presidente y para los principales líderes mundiales.
José Luis Martínez |
La conclusión del informe de 120 carillas es que, si bien EEUU seguirá teniendo un gran poder económico y militar, ya no será una potencia sin rivales, y deberá enfrentar el advenimiento de un sistema global multipolar.
"Estamos proyectando un mundo multipolar", señala Thomas Fingar, presidente del National Intelligence Council (Consejo Nacional de Inteligencia) que ha elaborado el documento. "El momento unipolar ha terminado, o ciertamente habrá terminado en el 2025", añadió.
El reporte publicado, afirma que el dominio económico, militar y político estadounidense se está reduciendo, a medida que crece el de China, India y, en alguna medida, el de Rusia. Pekín dejará a la Unión Europea como segundo actor en la economía global, convirtiéndose en el mayor importador y el mayor contaminante del mundo. Se convertirá en una potencia tecnológica y militar, con un control de las rutas marítimas al mismo nivel que el de EEUU.
Sin embargo, de aquí a 17 años EEUU seguirá liderando el ranking económico mundial y mantendrá una demografía óptima, con unos niveles de envejecimiento propios de una sociedad avanzada. El debate sobre un eventual ocaso de EEUU es recurrente. La discusión sobre la declinación no es nueva y aún precede al colapso de la Unión Soviética en 1991. Pero, la historia demostró que más allá de sus crisis tras la retirada de Vietnam, el asesinato de un presidente y la renuncia de otro, el escándalo de Watergate, o las shocks petroleros o las grandes depresiones económicas, la potencia volvió a resurgir mientras que sus enemigos históricos se desintegraron o están por debajo en las mediciones mundiales.
El reporte afirma que, a pesar de todo, depende de Washington cambiar estas predicciones. Los expertos señalan, además, que el acierto en muchos de sus pronósticos dependerá de las acciones de los principales líderes mundiales.
Global trends 2025 está en sintonía con el pensamiento de intelectuales como Fareed Zakaria, autor de The post-American world, Francis Fukuyama -que predijo el fin de la historia y el dominio del modelo capitalista-democracia liberal-, y autor de The fall of America, Inc., y otros formadores de opinión, como el neoconservador Robert Kagan, que publicó el alarmista artículo Still Nº 1, en The Washington Post.
En cuanto a posibles rivales de EEUU, el informe hace sus diferencias. Mientras China y la India son referentes del "capitalismo estatal", el potencial de Rusia aparece más endeble. La corrupción y el déficit en infraestructuras -incluidas las energéticas- se consideran un pesado lastre para el fortalecimiento ruso.
Pero otras naciones, como Irán, Turquía e Indonesia, podrían sumarse a la discusión. Y Medio Oriente y Africa subsahariana perdurarán como focos continuos de inquietud, explican los expertos.
El cambio climático será un factor cada vez más importante en la aparición de conflictos. La progresiva desaparición de agua, vegetación y alimentos podría expandir en Africa las dificultades que se viven en Darfur, donde nómadas y agricultores locales han entrado en una guerra abierta por los escasos alimentos.
A pesar de la redistribución de la riqueza y una mayor pujanza de países en vías de desarrollo, los países pobres seguirán estancados en los actuales índices de pobreza y tendrán un menor acceso a los recursos globales.
También menciona la actual crisis, de la que no espera que lleve a una depresión extendida, sino que sirva para "rebalancear" la economía mundial.
"Es posible que las rivalidades estratégicas giren en torno al comercio, a las inversiones, a la innovación y adquisición de tecnología, pero no podemos descartar un escenario similar al Siglo XIX, con una carrera armamentista, expansión territorial y rivalidades militares", dice el detallado análisis.
Un cambio en el sistema energético que se aleje del petróleo como principal fuente estará en curso o completo para el 2025. Energías renovables como los biocombustibles, la solar o eólica serán la mejor oportunidad para una transición rápida y a bajo costo, explica el reporte.
"El sistema internacional, como fuera conocido después de la Segunda Guerra Mundial, será casi irreconocible para el 2025, debido al aumento de los poderes emergentes, la economía globalizada, una histórica transferencia de la riqueza del oeste al este y la creciente influencia de actores no estatales", expresa el reporte.
En materia de seguridad, el informe afirma que grupos terroristas como Al Qaeda perderán apoyo de los países de Oriente Medio y otras naciones musulmanas, pero al mismo tiempo serán más peligrosos, debido a la proliferación de armas químicas y biológicas.
Por otra parte, las preocupaciones de que Irán siga decidido a adquirir armas nucleares pudiera desatar una carrera armamentista nuclear en el Medio Oriente, estimulando una competencia regional por influencia que aumente el riesgo de un conflicto, explica el reporte.
El estudio considera cuatro posibilidades que pudieran ocurrir en los próximos 20 años, incluyendo un gran huracán vinculado al cambio climático que devaste Nueva York y una guerra entre China y la India por acceso a recursos vitales.
Los países de América Latina disfrutarán hacia el 2025 de un crecimiento económico "moderado" pero sufrirán una "continua violencia urbana", alerta el reporte de los servicios de inteligencia.
El informe estima que "muchos países de América Latina habrán alcanzado marcados progresos en la consolidación de la democracia para el 2025".
El reporte también señala a Brasil, Chile, Colombia y México como los mejor posicionados, y a Venezuela y Bolivia como los que más se retrasarán debido a sus "políticas populistas", con Haití como un país que se hundirá aún más en el caos. Cuba, sin la ayuda de Caracas, "podría verse forzada a iniciar reformas de mercado al estilo chino".
Si bien algunas naciones latinoamericanas serán "potencias de medianos ingresos", otros, "particularmente aquellas que abrazaron políticas populistas, quedarán atrasadas, y algunas, serán más pobres y sin embargo menos gobernables", sostiene el estudio.
En el informe, alerta que los "problemas de seguridad" en el subcontinente "seguirán siendo intratables, y en algunos casos inmanejables" para el 2025.
América latina también aportará una buena tajada de los 1500 millones de nuevos habitantes del planeta que se sumarán a los actuales, lo cual se estima hará crecer la demanda de agua y alimentos en un 50% para 2030.
El estudio prevé un crecimiento económico sostenido de alrededor del 4 por ciento hasta el 2025, lo que resultará en caídas "modestas" en los niveles de pobreza en algunos países. En cambio, la competitividad económica de América Latina "seguirá detrás de la de Asia y otras regiones de rápido crecimiento", indica.
Finalmente, el capítulo dedicado a América Latina señala para el 2025 una posible "disminución de la influencia de Estados Unidos en la región", en parte a causa de la ampliación de las relaciones económicas y comerciales del subcontinente con Asia, Europa "y otros bloques".
Como conclusión: Nos espera un mundo con múltiples centros de poder sería menos estable que uno en el que predominan una o dos superpotencias y habría una mayor posibilidad de que se desaten conflictos, sostiene el reporte. Sin embargo, a Estados Unidos le seguirá correspondiendo la labor de intermediario internacional, como un primero entre iguales, pero manteniéndose como el actor individual más poderoso. Las consecuencias del calentamiento global, el agua, los alimentos y la energía serán elementos que podrían desatar conflictos por recursos, en un mundo más peligroso, y con una carrera armamentista potenciada con actores no estatales, señala el reporte de inteligencia.
Publicado en La República de Uruguay
TODO: NO CREER A PIE JUNTILLAS, PERO EN ÚLTIMA INSTANCIA HAY PUNTOS MUY INTERESANTES PARA CONSIDERAR. DE TODOS MODOS, ES UNA HIPÓTESIS BASADA EN ALGUNAS TENDENCIAS REALES.
Informe de Inteligencia. Global trends 2025: A transformed world (Tendencias globales 2025: un mundo transformado

Cada cuatro años, EEUU pone a la élite de los 16 servicios de inteligencia a elaborar un diagnóstico global. En Global trends 2025: A transformed world (Tendencias globales 2025: un mundo transformado), Washington hace un análisis de cómo serán los conflictos en un futuro cercano. Un insumo para su presidente y para los principales líderes mundiales.
José Luis Martínez |
La conclusión del informe de 120 carillas es que, si bien EEUU seguirá teniendo un gran poder económico y militar, ya no será una potencia sin rivales, y deberá enfrentar el advenimiento de un sistema global multipolar.
"Estamos proyectando un mundo multipolar", señala Thomas Fingar, presidente del National Intelligence Council (Consejo Nacional de Inteligencia) que ha elaborado el documento. "El momento unipolar ha terminado, o ciertamente habrá terminado en el 2025", añadió.
El reporte publicado, afirma que el dominio económico, militar y político estadounidense se está reduciendo, a medida que crece el de China, India y, en alguna medida, el de Rusia. Pekín dejará a la Unión Europea como segundo actor en la economía global, convirtiéndose en el mayor importador y el mayor contaminante del mundo. Se convertirá en una potencia tecnológica y militar, con un control de las rutas marítimas al mismo nivel que el de EEUU.
Sin embargo, de aquí a 17 años EEUU seguirá liderando el ranking económico mundial y mantendrá una demografía óptima, con unos niveles de envejecimiento propios de una sociedad avanzada. El debate sobre un eventual ocaso de EEUU es recurrente. La discusión sobre la declinación no es nueva y aún precede al colapso de la Unión Soviética en 1991. Pero, la historia demostró que más allá de sus crisis tras la retirada de Vietnam, el asesinato de un presidente y la renuncia de otro, el escándalo de Watergate, o las shocks petroleros o las grandes depresiones económicas, la potencia volvió a resurgir mientras que sus enemigos históricos se desintegraron o están por debajo en las mediciones mundiales.
El reporte afirma que, a pesar de todo, depende de Washington cambiar estas predicciones. Los expertos señalan, además, que el acierto en muchos de sus pronósticos dependerá de las acciones de los principales líderes mundiales.
Global trends 2025 está en sintonía con el pensamiento de intelectuales como Fareed Zakaria, autor de The post-American world, Francis Fukuyama -que predijo el fin de la historia y el dominio del modelo capitalista-democracia liberal-, y autor de The fall of America, Inc., y otros formadores de opinión, como el neoconservador Robert Kagan, que publicó el alarmista artículo Still Nº 1, en The Washington Post.
En cuanto a posibles rivales de EEUU, el informe hace sus diferencias. Mientras China y la India son referentes del "capitalismo estatal", el potencial de Rusia aparece más endeble. La corrupción y el déficit en infraestructuras -incluidas las energéticas- se consideran un pesado lastre para el fortalecimiento ruso.
Pero otras naciones, como Irán, Turquía e Indonesia, podrían sumarse a la discusión. Y Medio Oriente y Africa subsahariana perdurarán como focos continuos de inquietud, explican los expertos.
El cambio climático será un factor cada vez más importante en la aparición de conflictos. La progresiva desaparición de agua, vegetación y alimentos podría expandir en Africa las dificultades que se viven en Darfur, donde nómadas y agricultores locales han entrado en una guerra abierta por los escasos alimentos.
A pesar de la redistribución de la riqueza y una mayor pujanza de países en vías de desarrollo, los países pobres seguirán estancados en los actuales índices de pobreza y tendrán un menor acceso a los recursos globales.
También menciona la actual crisis, de la que no espera que lleve a una depresión extendida, sino que sirva para "rebalancear" la economía mundial.
"Es posible que las rivalidades estratégicas giren en torno al comercio, a las inversiones, a la innovación y adquisición de tecnología, pero no podemos descartar un escenario similar al Siglo XIX, con una carrera armamentista, expansión territorial y rivalidades militares", dice el detallado análisis.
Un cambio en el sistema energético que se aleje del petróleo como principal fuente estará en curso o completo para el 2025. Energías renovables como los biocombustibles, la solar o eólica serán la mejor oportunidad para una transición rápida y a bajo costo, explica el reporte.
"El sistema internacional, como fuera conocido después de la Segunda Guerra Mundial, será casi irreconocible para el 2025, debido al aumento de los poderes emergentes, la economía globalizada, una histórica transferencia de la riqueza del oeste al este y la creciente influencia de actores no estatales", expresa el reporte.
En materia de seguridad, el informe afirma que grupos terroristas como Al Qaeda perderán apoyo de los países de Oriente Medio y otras naciones musulmanas, pero al mismo tiempo serán más peligrosos, debido a la proliferación de armas químicas y biológicas.
Por otra parte, las preocupaciones de que Irán siga decidido a adquirir armas nucleares pudiera desatar una carrera armamentista nuclear en el Medio Oriente, estimulando una competencia regional por influencia que aumente el riesgo de un conflicto, explica el reporte.
El estudio considera cuatro posibilidades que pudieran ocurrir en los próximos 20 años, incluyendo un gran huracán vinculado al cambio climático que devaste Nueva York y una guerra entre China y la India por acceso a recursos vitales.
Los países de América Latina disfrutarán hacia el 2025 de un crecimiento económico "moderado" pero sufrirán una "continua violencia urbana", alerta el reporte de los servicios de inteligencia.
El informe estima que "muchos países de América Latina habrán alcanzado marcados progresos en la consolidación de la democracia para el 2025".
El reporte también señala a Brasil, Chile, Colombia y México como los mejor posicionados, y a Venezuela y Bolivia como los que más se retrasarán debido a sus "políticas populistas", con Haití como un país que se hundirá aún más en el caos. Cuba, sin la ayuda de Caracas, "podría verse forzada a iniciar reformas de mercado al estilo chino".
Si bien algunas naciones latinoamericanas serán "potencias de medianos ingresos", otros, "particularmente aquellas que abrazaron políticas populistas, quedarán atrasadas, y algunas, serán más pobres y sin embargo menos gobernables", sostiene el estudio.
En el informe, alerta que los "problemas de seguridad" en el subcontinente "seguirán siendo intratables, y en algunos casos inmanejables" para el 2025.
América latina también aportará una buena tajada de los 1500 millones de nuevos habitantes del planeta que se sumarán a los actuales, lo cual se estima hará crecer la demanda de agua y alimentos en un 50% para 2030.
El estudio prevé un crecimiento económico sostenido de alrededor del 4 por ciento hasta el 2025, lo que resultará en caídas "modestas" en los niveles de pobreza en algunos países. En cambio, la competitividad económica de América Latina "seguirá detrás de la de Asia y otras regiones de rápido crecimiento", indica.
Finalmente, el capítulo dedicado a América Latina señala para el 2025 una posible "disminución de la influencia de Estados Unidos en la región", en parte a causa de la ampliación de las relaciones económicas y comerciales del subcontinente con Asia, Europa "y otros bloques".
Como conclusión: Nos espera un mundo con múltiples centros de poder sería menos estable que uno en el que predominan una o dos superpotencias y habría una mayor posibilidad de que se desaten conflictos, sostiene el reporte. Sin embargo, a Estados Unidos le seguirá correspondiendo la labor de intermediario internacional, como un primero entre iguales, pero manteniéndose como el actor individual más poderoso. Las consecuencias del calentamiento global, el agua, los alimentos y la energía serán elementos que podrían desatar conflictos por recursos, en un mundo más peligroso, y con una carrera armamentista potenciada con actores no estatales, señala el reporte de inteligencia.
Publicado en La República de Uruguay
¿Por qué vivo en EEUU?
¿Por qué vivo en EEUU?
Jorge Majfud - Alai-amlatina
En 2001, Oriana Fallaci escribió su célebre artículo «La Rabbia e l'Orgoglio» donde no sólo hacía un ataque indiscriminado a los inmigrantes del tercer mundo en Europa y Estados Unidos, sino a todas las culturas que no eran la «cultura occidental». En 2002 publiqué en algunos diarios una larga respuesta sobre al menos una veintena de puntos, los cuales consideré errores de la autora. El ensayo se llamó «El lento suicidio de Occidente» (http://mrzine.monthlyreview.org/majfud141106.html) y, lejos de atacar a Occidente y elogiar a Oriente, la idea central radicaba en prevenir a Occidente de uno de sus mayores enemigos: Occidente mismo.
Gracias a este ensayo he recibido ataques anónimos que van desde recuerdos sobre mis antepasados -factor que explicaría mis razonamientos- hasta advertencias de los dueños del mundo sobre los peligros de discurrir por carriles no oficiales. Hace pocos días un amigo me envió por correo la crítica de un lector y me pidió que respondiera a sus observaciones. En síntesis, el lector, asumiéndose como estadounidense, se preguntaba si realmente yo me sentía tan incómodo con nuestra cultura y nuestros valores («our culture and values»), por qué no me iba a vivir a esos países que tanto admiraba. Al final agregaba: «no importa si Majfud está en lo cierto sobre Occidente. Se trata de coherencia. Lo menos que se le puede pedir a un intelectual es coherencia».
La verdad es que admiro la filosofía griega de los siglos V y IV, la poesía de Omar Kayyam, la física de Albert Einstein, pero creo innecesario y quizás imposible irme a vivir a la Grecia de Pericles, a la antigua Persia o la Alemania nazi de los años veinte. De hecho, la mayor parte de los intelectuales alemanes que se exiliaron en Estados Unidos durante el nazismo no pasaron a ser, por esa razón, acríticos complacientes del nuevo orden -sin duda preferible al que abandonaban-, sino que continuaron coherentes con su pensamiento anterior: el poder no necesita defensores; suficientes aduladores tiene.
Es parte de un pensamiento fascista confundir a todo un país con la ideología de quienes dominan sus esferas de poder: si alguien critica la ideología dominante X -muchas veces articulada por intelectuales funcionales al poder militar y económico del momento-, estaría atacando a todo el país donde domina X, ergo alguien debe irse a vivir a otra parte y dejar a X expandirse libremente hasta el último rincón de la conciencia humana.
Está claro que este lector no terminó de leer el ensayo, urgido por una reacción epidérmica, propia de las primeras etapas de la nueva cultura digital. Si mencioné que los holocaustos, las inquisiciones y la vasta practica de la tortura también eran productos bien occidentales, no fue para demostrar la inferioridad de Occidente sino, por el contrario, para ejercitar una costumbre también occidental según la cual ha sido la crítica y no la adulación la que ha prevenido algunas veces contra nuestros propios defectos. Entre éstos, contemos la soberbia y la pureza de la ignorancia, según la cual todo fue inventado por Europa o por Estados Unidos hace cien años, desde el alfabeto fenicio, los números arábigos, la teología africana y hebrea, los fundamentos de las ciencias y el vasto legado de las artes y el pensamiento.
A lo largo de la historia ha existido este tipo de pensamiento, pero en determinados periodos ha dominado la mayoría de una sociedad y en ocasiones ha regido las leyes de un gobierno y de un Estado. En el siglo XX se llamó fascismo pero hay ejemplos anteriores, como el de la España del siglo XV y XVI. A pesar de que la península ibérica tenía una de las culturas más antiguas y más ricas en diversidad cultural, racial, religiosa y lingüística, hubo un movimiento político que definió cuál era «nuestra cultura» y decidió que ser español era ser católico, hablar castellano, tener la piel blanca y la sangre libre de la contaminación de moros y judíos. Este gran país se desangró por siglos tratando de superar la cultura del garrote ideológico y policial hasta que en el siglo XX el generalísimo Francisco Franco rescató el mito fascista: hay una sola forma de ser español, de ser hombre, de hablar, de pensar y de publicar, de merecer la vida o de merecer pisar la tierra limitada por unos límites políticos, generalmente arbitrarios.
Este ejemplo de uno de los países que más quiero sobre el planeta después de mi propio país es apenas un ejemplo clásico. No tendría espacio para recordar que esta misma idea fascista de unidad y pureza por exclusión hizo estragos en todas las dictaduras de América Latina como en África, en Oriente y en cualquier rincón del planeta por donde miremos. Incluido, está de más decir, mi país de origen, al que quiero sin razones y sin justificar mis emociones diciendo que es el mejor país del mundo ni que allí está la gente más buena y más bonita, lo cual además de arbitrario demuestra un nacionalismo con retardo agudo, cuando el país no es una potencia mundial, y un nacionalismo peligroso, cuando lo es.
Afortunadamente en Estados Unidos viven millones de personas que no piensan como mi inquisidor. Millones de personas no creen que este país heterogéneo, compuesto de muchos estados y de muchos otros grupos disidentes del poder político, se defina por una única cultura y unos valores únicos, imprecisamente definidos pero claramente declarados por algunos grupos fascistas que ni siquiera conocen la historia del país donde nacieron pero se arrogan el derecho de excluir de la moral a todos aquellos que no caen dentro de su estrecho círculo mental. En esto son tan coherentes como puede serlo una mula que, al poseer una sola idea para todo, no puede nunca entrar en contradicciones. También los señores que azotaban a los negros esclavos en el siglo XIX -o los apaleaban y arrastraban con sus camionetas en el siglo XX- y los esclavos compartían los mismos valores y la misma cultura. Otros hombres y mujeres, libres y esclavos, despreciaron estos valores y esta cultura dominante y no fueron precisamente los peores norteamericanos.
Debería comenzar respondiendo que vivo en Estados Unidos porque no vivo solo, porque no soy yo el dictador que decide donde debe vivir mi familia, según sus deseos y necesidades. Vivo en Estados Unidos porque es aquí donde tengo mi trabajo. Estas deberían ser dos razones suficientes, pero nunca debemos subestimar la simplicidad del fascismo.
Cuando vivía en mi país (mi país de origen, no de mi propiedad) y publicaba duras críticas contra su gobierno y contra algunas de nuestras costumbres, no faltó el fascista que me acusara de antipatriota, lo que también sugería que para ser patriota es necesario un alto grado de acrítica (hipo-critica). Cuando la crisis económica azotó a la clase media y baja en mi país, me vi en la definitiva necesidad de emigrar, aceptando una invitación de un profesor norteamericano para continuar mi carrera aquí. Los ricos y acomodados en el poder de turno no emigran. Mueven sus capitales o salen de vacaciones y luego se inflaman el pecho con su patriotismo. «El señor X sirvió toda la vida a su patria», repiten luego, para disimular el hecho de que su patria le sirvió toda la vida.
Es decir, vivo en Estados Unidos porque ejerzo el derecho a trabajar donde considero que hay una mejor oportunidad de trabajo, como cualquier otra persona, y eso no significa que deba hacer un ojo ciego a todos los defectos y barbaridades que veo en el país donde vivo. También muchos norteamericanos viven y trabajan en Irak y en muchos otros países, al tiempo que critican o desprecian esas mismas culturas. Y no por eso se van de allí. También muchos norteamericanos tienen grandes negocios en casi todos los países del mundo, trabajan y viven en ellos y no es amor por los valores y la cultura de esos países lo que los mantiene donde están.
No es mi caso. Yo no desprecio el país de mi hijo. Vivo en Estados Unidos porque todavía creo que este país no está compuesto de trescientos millones de McCarthys sino también de unos cuantos Carl Sagan, Norman Mailer, Ernest Hemingway, Toni Morrison, Charles Bukowski, Paul Auster, Truman Capote, Noam Chomsky y outsiders como Edward Said, Albert Einstein y muchos más que en su momento fueron acusados de ser peligrosos, sólo porque se atrevieron a ejercer la crítica radical -radical, como toda critica que va a las raíces de un problema- porque aun creían en la humanidad.
Vivo en Estados Unidos porque también admiro algo de este país -me dan risa los que afirman alegremente que aquí no hay cultura-, no por la basura que es consumida como deliciosos manjares, sino por sus exquisitas mentes que son despreciadas como basura. Es decir que también vivo en Estados Unidos porque, para un escritor acostumbrado a la lucha dialéctica, nada mejor que vivir, como decía José Martí con alguna imprecisión, «en las entrañas del monstruo».
Vivo en Estados Unidos porque no creo que un país o una cultura tengan dueños ideológicos ni dueños legales. Vivo en Estados Unidos como podría vivir en cualquier otro lugar del mundo, porque me puede mover la necesidad laboral y profesional, pero no me amedrentan aquellos que no sólo se creen dueños del Planeta, sino que además pretenden expandir sus dominios exigiendo que los críticos terminen por ceder, amablemente y de forma voluntaria, los últimos espacios que todavía quedan para la disidencia o, simplemente, para el análisis crítico.
Si esta obra te ha impresionado, déjale un comentario
Jorge Majfud - Alai-amlatina
En 2001, Oriana Fallaci escribió su célebre artículo «La Rabbia e l'Orgoglio» donde no sólo hacía un ataque indiscriminado a los inmigrantes del tercer mundo en Europa y Estados Unidos, sino a todas las culturas que no eran la «cultura occidental». En 2002 publiqué en algunos diarios una larga respuesta sobre al menos una veintena de puntos, los cuales consideré errores de la autora. El ensayo se llamó «El lento suicidio de Occidente» (http://mrzine.monthlyreview.org/majfud141106.html) y, lejos de atacar a Occidente y elogiar a Oriente, la idea central radicaba en prevenir a Occidente de uno de sus mayores enemigos: Occidente mismo.
Gracias a este ensayo he recibido ataques anónimos que van desde recuerdos sobre mis antepasados -factor que explicaría mis razonamientos- hasta advertencias de los dueños del mundo sobre los peligros de discurrir por carriles no oficiales. Hace pocos días un amigo me envió por correo la crítica de un lector y me pidió que respondiera a sus observaciones. En síntesis, el lector, asumiéndose como estadounidense, se preguntaba si realmente yo me sentía tan incómodo con nuestra cultura y nuestros valores («our culture and values»), por qué no me iba a vivir a esos países que tanto admiraba. Al final agregaba: «no importa si Majfud está en lo cierto sobre Occidente. Se trata de coherencia. Lo menos que se le puede pedir a un intelectual es coherencia».
La verdad es que admiro la filosofía griega de los siglos V y IV, la poesía de Omar Kayyam, la física de Albert Einstein, pero creo innecesario y quizás imposible irme a vivir a la Grecia de Pericles, a la antigua Persia o la Alemania nazi de los años veinte. De hecho, la mayor parte de los intelectuales alemanes que se exiliaron en Estados Unidos durante el nazismo no pasaron a ser, por esa razón, acríticos complacientes del nuevo orden -sin duda preferible al que abandonaban-, sino que continuaron coherentes con su pensamiento anterior: el poder no necesita defensores; suficientes aduladores tiene.
Es parte de un pensamiento fascista confundir a todo un país con la ideología de quienes dominan sus esferas de poder: si alguien critica la ideología dominante X -muchas veces articulada por intelectuales funcionales al poder militar y económico del momento-, estaría atacando a todo el país donde domina X, ergo alguien debe irse a vivir a otra parte y dejar a X expandirse libremente hasta el último rincón de la conciencia humana.
Está claro que este lector no terminó de leer el ensayo, urgido por una reacción epidérmica, propia de las primeras etapas de la nueva cultura digital. Si mencioné que los holocaustos, las inquisiciones y la vasta practica de la tortura también eran productos bien occidentales, no fue para demostrar la inferioridad de Occidente sino, por el contrario, para ejercitar una costumbre también occidental según la cual ha sido la crítica y no la adulación la que ha prevenido algunas veces contra nuestros propios defectos. Entre éstos, contemos la soberbia y la pureza de la ignorancia, según la cual todo fue inventado por Europa o por Estados Unidos hace cien años, desde el alfabeto fenicio, los números arábigos, la teología africana y hebrea, los fundamentos de las ciencias y el vasto legado de las artes y el pensamiento.
A lo largo de la historia ha existido este tipo de pensamiento, pero en determinados periodos ha dominado la mayoría de una sociedad y en ocasiones ha regido las leyes de un gobierno y de un Estado. En el siglo XX se llamó fascismo pero hay ejemplos anteriores, como el de la España del siglo XV y XVI. A pesar de que la península ibérica tenía una de las culturas más antiguas y más ricas en diversidad cultural, racial, religiosa y lingüística, hubo un movimiento político que definió cuál era «nuestra cultura» y decidió que ser español era ser católico, hablar castellano, tener la piel blanca y la sangre libre de la contaminación de moros y judíos. Este gran país se desangró por siglos tratando de superar la cultura del garrote ideológico y policial hasta que en el siglo XX el generalísimo Francisco Franco rescató el mito fascista: hay una sola forma de ser español, de ser hombre, de hablar, de pensar y de publicar, de merecer la vida o de merecer pisar la tierra limitada por unos límites políticos, generalmente arbitrarios.
Este ejemplo de uno de los países que más quiero sobre el planeta después de mi propio país es apenas un ejemplo clásico. No tendría espacio para recordar que esta misma idea fascista de unidad y pureza por exclusión hizo estragos en todas las dictaduras de América Latina como en África, en Oriente y en cualquier rincón del planeta por donde miremos. Incluido, está de más decir, mi país de origen, al que quiero sin razones y sin justificar mis emociones diciendo que es el mejor país del mundo ni que allí está la gente más buena y más bonita, lo cual además de arbitrario demuestra un nacionalismo con retardo agudo, cuando el país no es una potencia mundial, y un nacionalismo peligroso, cuando lo es.
Afortunadamente en Estados Unidos viven millones de personas que no piensan como mi inquisidor. Millones de personas no creen que este país heterogéneo, compuesto de muchos estados y de muchos otros grupos disidentes del poder político, se defina por una única cultura y unos valores únicos, imprecisamente definidos pero claramente declarados por algunos grupos fascistas que ni siquiera conocen la historia del país donde nacieron pero se arrogan el derecho de excluir de la moral a todos aquellos que no caen dentro de su estrecho círculo mental. En esto son tan coherentes como puede serlo una mula que, al poseer una sola idea para todo, no puede nunca entrar en contradicciones. También los señores que azotaban a los negros esclavos en el siglo XIX -o los apaleaban y arrastraban con sus camionetas en el siglo XX- y los esclavos compartían los mismos valores y la misma cultura. Otros hombres y mujeres, libres y esclavos, despreciaron estos valores y esta cultura dominante y no fueron precisamente los peores norteamericanos.
Debería comenzar respondiendo que vivo en Estados Unidos porque no vivo solo, porque no soy yo el dictador que decide donde debe vivir mi familia, según sus deseos y necesidades. Vivo en Estados Unidos porque es aquí donde tengo mi trabajo. Estas deberían ser dos razones suficientes, pero nunca debemos subestimar la simplicidad del fascismo.
Cuando vivía en mi país (mi país de origen, no de mi propiedad) y publicaba duras críticas contra su gobierno y contra algunas de nuestras costumbres, no faltó el fascista que me acusara de antipatriota, lo que también sugería que para ser patriota es necesario un alto grado de acrítica (hipo-critica). Cuando la crisis económica azotó a la clase media y baja en mi país, me vi en la definitiva necesidad de emigrar, aceptando una invitación de un profesor norteamericano para continuar mi carrera aquí. Los ricos y acomodados en el poder de turno no emigran. Mueven sus capitales o salen de vacaciones y luego se inflaman el pecho con su patriotismo. «El señor X sirvió toda la vida a su patria», repiten luego, para disimular el hecho de que su patria le sirvió toda la vida.
Es decir, vivo en Estados Unidos porque ejerzo el derecho a trabajar donde considero que hay una mejor oportunidad de trabajo, como cualquier otra persona, y eso no significa que deba hacer un ojo ciego a todos los defectos y barbaridades que veo en el país donde vivo. También muchos norteamericanos viven y trabajan en Irak y en muchos otros países, al tiempo que critican o desprecian esas mismas culturas. Y no por eso se van de allí. También muchos norteamericanos tienen grandes negocios en casi todos los países del mundo, trabajan y viven en ellos y no es amor por los valores y la cultura de esos países lo que los mantiene donde están.
No es mi caso. Yo no desprecio el país de mi hijo. Vivo en Estados Unidos porque todavía creo que este país no está compuesto de trescientos millones de McCarthys sino también de unos cuantos Carl Sagan, Norman Mailer, Ernest Hemingway, Toni Morrison, Charles Bukowski, Paul Auster, Truman Capote, Noam Chomsky y outsiders como Edward Said, Albert Einstein y muchos más que en su momento fueron acusados de ser peligrosos, sólo porque se atrevieron a ejercer la crítica radical -radical, como toda critica que va a las raíces de un problema- porque aun creían en la humanidad.
Vivo en Estados Unidos porque también admiro algo de este país -me dan risa los que afirman alegremente que aquí no hay cultura-, no por la basura que es consumida como deliciosos manjares, sino por sus exquisitas mentes que son despreciadas como basura. Es decir que también vivo en Estados Unidos porque, para un escritor acostumbrado a la lucha dialéctica, nada mejor que vivir, como decía José Martí con alguna imprecisión, «en las entrañas del monstruo».
Vivo en Estados Unidos porque no creo que un país o una cultura tengan dueños ideológicos ni dueños legales. Vivo en Estados Unidos como podría vivir en cualquier otro lugar del mundo, porque me puede mover la necesidad laboral y profesional, pero no me amedrentan aquellos que no sólo se creen dueños del Planeta, sino que además pretenden expandir sus dominios exigiendo que los críticos terminen por ceder, amablemente y de forma voluntaria, los últimos espacios que todavía quedan para la disidencia o, simplemente, para el análisis crítico.
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