José Steinsleger
La Jornada
Primera. Mito: «El éxodo no existió... El Pentateuco fue una creación tardía del reino de Judá (monarquía de Josías), destinada a propagar la ideología y las necesidades de ese reino» (Israel Finkelstein, director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv, «La Nación», entrevista, Buenos Aires, 25/6/06).
2. Ética: «Si os vanagloriáis de ser los escogidos en lugar de vivir en la obediencia a Dios, cometéis una felonía» (Martin Buber, XII Congreso Sionista, Karlsbad, 5 de septiembre de 1921).
3. Lucidez: «Yo no puedo experimentar la menor simpatía por una piedad malinterpretada que hace un pedazo del muro de Herodes una reliquia nacional y, a causa de ella, desafía los sentimientos de los habitantes del país» (Sigmund Freud, «Carta a Chaim Koffler», 26/2/30).
4. Invento: «El estado de Israel no tiene nada que ver con el hecho judío... Es un invento nuevo, europeo y nacionalista» (Yakov Rabkin, profesor de historia de la Universidad de Montreal, 2006).
5. Realidad: «Israel es un gueto sionista, un nido de violencia» (Avraham Burg, ex presidente del Knesset, parlamento israelí, en su libro «Derrotando a Hitler», donde compara a Israel con la Alemania anterior a 1933).
6. Nazis: «Los homosexuales son responsables de los terremotos que estremecieron Israel durante los últimos meses» (diputado Shlomo Benizri, Partido Shass, tercer partido más importante de Israel, 20/2/08).
7. Nacionalidad: «La mayoría de los judíos llevan carnés de identidad diciendo `Nación: judío'. Un grupo de 38 israelíes ha pedido la cancelación de su registro como `judío' y su sustitución por `israelí'. El Ministerio del Interior lo rechaza diciendo que tal nación no aparece en su lista» (Uri Avnery, «Rebelión», 27/9/04).
8. Angustia: Assalam Alaikum y un grupo de rabinos se dirigen a Sayyed Hassan Nasralá (líder de Hezbollah) y «al distinguido pueblo de Líbano», manifestando su dolor «...por las atrocidades cometidas por el Estado de Israel, un Estado absolutamente ilegítimo según la ley judía de la Torá» (19/2/08).
9. Oportunismo: «Los principales intelectuales judíos (estadounidenses) llegaron a ser favorables a Israel después de la guerra de 1967, cuando Israel se convirtió en una ventaja estratégica para Estados Unidos en Oriente Próximo» (escritor Norman Finkelstein, «Znet», mayo de 2006).
10. Protesta: «No creo que un Estado que mantiene una ocupación y comete cotidianamente crímenes contra civiles, merezca ser invitado a ninguna semana cultural... Es un acto bárbaro travestido cínicamente de cultura» (carta en la que el escritor Aaron Shabtai declina a participar en el Salón del Libro de París 2008, donde Israel es el país invitado).
11. Subconsciente: «¿Qué es lo que nos ha convertido en criminales tan eficientes? En nuestro subconsciente colectivo no nos repugna la posibilidad de un genocidio palestino...» (periodista Jacobo Timmerman, en «Israel: la guerra más larga», Muchnik editores, 1982, p. 182).
12. Declaración: «Decimos `Nunca más'. Nunca más significa nunca más para todos los pueblos» (Sara Kershner, Red Judía Solidaria Internacional, Discurso de apertura de la Conferencia «Contra la ocupación», El Cairo, 27/3/08).
13. Holocausto bis: «Lanzamos más de un millón de bombas de racimos en Líbano... lo que hemos hecho es una locura, una monstruosidad, enterramos ciudades enteras bajo nuestras bombas» (oficial de artillería del ejército israelí, «Haaretz», 17/9/06).
14. Indignación: «Yo, Tsilli Goldberg, ciudadano israelí, os acuso a todos vosotros: Ehud Olmert, primer ministro de Israel; Amir Peretz, ministro de Defensa; Dan Halutz, jefe del Estado Mayor del Ejército... os acuso de estar cometiendo crímenes contra la humanidad con el pueblo palestino...» (2006).
15. Celebración: «Nosotros no podemos celebrar el nacimiento de un Estado fundado en el terrorismo, masacres y la expulsión de su tierra de otro pueblo» («The Guardian», Londres, declaración de un centenar de intelectuales judíos, mayo de 2008).
16. Conciencia: «ésta es la verdad según la veo: la historia de una víctima y de un verdugo. Y la víctima son los palestinos» (historiador Ilan Pappe, entrevista, «Ynetnews.com», marzo de 2008).
17. Justicia: «Los sionistas utilizan el Holocausto en beneficio propio... El sionismo no es judío sino una agenda política... Lo que queremos no es una retirada a las fronteras de 1967, sino una retirada de todo lo que está incluido, de manera que el país puede ser de nuevo de los palestinos y nosotros podamos vivir con ellos» (rabino Yisroel David Weiss, 2005).
18. Negación: «¿Cómo vamos a devolver los territorios ocupados? No hay nadie a quien devolvérselos. No hay tal cosa llamada palestinos» (Golda Meir, 1969).
19. Propuesta: «Los dirigentes israelíes deberían ser acusados de crímenes de guerra» (Louise Arbour, alta comisionada de Naciones Unidas de Derechos Humanos, julio de 2006).
Opción: «Cerca de 10.000 israelíes han adquirido terrenos en la Luna, y poseen casi 10 por ciento de la superficie lunar a la venta... Las parcelas fueron vendidas por la empresa Crazyshop, luego de que la NASA anunció la construcción de una base militar en la Luna para 2020» (agencias, enero de 2007).
Editor: Andrés Aldao - Boletín de noticias y comentarios. Si no lees los diarios no estás informado, y si lo lees estás mal informado Una versión distinta de los hechos en el mundo. ¡DIFUNDILO!
16 mayo 2008
Reclutando soldados en el recreo
Jim Lobe
IPS
Con la excusa de la "guerra contra el terrorismo", Estados Unidos viola un tratado internacional que prohíbe reclutar a menores de 18 años para el servicio militar. La no gubernamental Unión para las Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU, por sus siglas en inglés) divulgó el martes un informe al respecto, titulado "Soldados de la desgracia", que será remitido al Comité de los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
En el estudio de 46 páginas, ACLU acusó al ejército de alistar a niños de apenas 11 años y remarcó que esa fuerza concentra sus esfuerzos en materia de reclutamiento, en forma desproporcionada, en escuelas públicas de zonas pobres habitadas por minorías raciales.
Los encargados de enrolar "exageran en sus promesas de recompensas económicas para atraer interesados", lo cual "socava el factor voluntario del alistamiento". En algunos casos, además, recurren a la coerción, el engaño e incluso al abuso sexual, según el informe.
Los responsables de tales prácticas rara vez son castigados, añade.
"Los procedimientos del ejército de Estados Unidos para enrolar estudiantes son claramente violatorios de los principios internacionales aceptados y no protegen a los jóvenes de tácticas de reclutamiento abusivas y agresivas", señaló Jennifer Turner, del Proyecto Derechos Humanos de ACLU.
La creciente agresividad de los oficiales se debe, en gran parte, a la presión para cubrir cuotas de reclutamiento a raíz de las actuales operaciones militares de Estados Unidos en Afganistán e Iraq, donde se encuentran casi 200.000 soldados e infantes de marina.
Por otra parte, las fuerzas armadas redujeron el coeficiente de inteligencia mínimo para alistarse y facilitaron el trámite a personas con antecedentes delictivos.
El informe de ACLU también detalla la falta de protección a soldados menores de edad en el extranjero, en la base de Guantánamo, Cuba, y otros lugares del mundo, y el incumplimiento del Protocolo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en conflictos armados.
El Protocolo está diseñado para proteger los derechos de los menores de 18 años que puedan ser enrolados por las fuerzas armadas y enviados al frente de batalla.
Ese tratado fija en 16 años la edad mínima absoluta para el alistamiento, y establece que toda actividad vinculada con el reclutamiento de menores de 18 años se realice con el consentimiento de padres o tutores.
Por otra parte, la leva debe ser realmente voluntaria. El ejército está obligado a informar al aspirante de los deberes inherentes al servicio militar y a exigirle una prueba de edad confiable.
Estados Unidos es uno de los dos estados --el otro es Somalia-- que nunca ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño, pero el Senado sí ratificó el Protocolo en 2002. Por lo tanto, su cumplimiento es obligatorio para este país.
A diferencia de la mayoría de las naciones industriales, que fijaron como edad mínima para el alistamiento los 18 años, el Senado de este país decidió que para Estados Unidos serían los 17.
Pero los servicios armados de este país "regularmente apuntan a enrolar menores de 17 años y se concentran en patios, cantinas y clases de centros de enseñanza secundaria", según ACLU.
El propio Manual del Programa de Reclutamiento del ejército, por ejemplo, ordena a sus más de 10.600 oficiales de reclutamiento concentrarse en centros de enseñanza secundaria lo antes posible y explícitamente antes de sus últimos cursos, que, para la mayoría de los estudiantes comienza a los 17 años.
"Recuerden, primero contacto, primero contrato, que no sólo quiere decir los estudiantes de último grado", señaló un experto citado en el informe. "Si esperan hasta ese momento, probablemente sea demasiado tarde."
Una vez que los oficiales estén en la escuela secundaria asignada, deben "penetrar en el mercado escolar con eficacia" y "ser muy serviciales e integrarse a todas las actividades de forma de estar siempre ocupados" a fin de "apropiarse de la escuela y así obtener un gran número de reclutas".
Eso incluye ofrecerse como voluntario para ser entrenador de algún deporte, integrar los Boy Scouts locales, participar en todas las asambleas y funciones escolares e, incluso, "comer en la cantina varias veces al mes".
El informe describe numerosos casos específicos, por lo general en Nueva York y California --los dos estados más poblados y con la mayor cantidad de estudiantes de secundaria perteneciente a alguna minoría-- en los cuales los oficiales del ejército siguen al pie de la letra esas pautas.
El capítulo de Nueva York de ACLU calculó que unos 200 entre casi 1.000 personas de entre 14 y 17 años encuestados, repartidos por igual entre los diferentes grados, señaló que los oficiales del ejército usan tiempo curricular para lograr sus objetivos.
Además, 35 por ciento de los entrevistados señalaron que los oficiales tienen acceso a múltiples lugares dentro del recinto en los que pueden reunirse con estudiantes.
En la base de datos del Pentágono, sede del Departamento (ministerio) de Defensa, sistemáticamente se recaban datos de jóvenes de 16 años, a veces de hasta de 15, con nombre completo, dirección y teléfonos, correo electrónico, promedios escolares, altura, peso y grupo étnico obtenidos de varias fuentes públicas y privadas, según ACLU.
El objetivo de la base de datos es ayudar al ejército en sus "esfuerzos directos de reclutamiento". Pero a raíz de una demanda de ACLU de 2006, el Pentágono accedió a dejar de recabar información sobre menores de 16 años.
Sin embargo, las actividades de reclutamiento apuntan a veces a menores de 15 años, según el informe, que reveló que el Reserve Officer Training Corps, el cuerpo de entrenamiento de oficiales de reserva (JROTC, por sus siglas en inglés), que opera en más de 3.000 escuelas secundarias del país, se concentra en adolescentes de hasta 14 años.
Además, el informe denuncia investigaciones recientes según las cueles en algunos programas del JROTC el reclutamiento no fue voluntario.
Los "cadetes" del cuerpo, que eran casi 300.000 en 2005, reciben uniformes militares y reciben instrucción militar, marchan, portan fusiles reales y de madera y aprenden la historia del ejército, según el informe, que añade que el programa está explícitamente diseñado para "mejorar los esfuerzos de alistamiento".
Los estudiantes afroamericanos y latinoamericanos representan 54 por ciento de los integrantes de los programas del JROTC.
El JROTC también supervisa al Middle School Cadet Corps (MSCC) en los que pueden participar adolescentes de los primeros años de secundaria, de entre 11 y 14 años, según ACLU.
Escuelas secundarias de Florida, Texas y Chicago ofrecen programas del MSCC organizados por el ejército en los que los adolescentes participan en actividades militares con fusiles de madera y tienen cánticos y aprenden primeros auxilios, la historia del ejército y, en algunos casos, llevan uniformes al recinto educativo para las inspecciones una vez por semana.
El ejército también recurre a un vídeojuego en línea llamado "Ejército de Estados Unidos" para atraer a posibles reclutas de tan sólo 13 años, para entrenarlos a usar armas e involucrarlos en combates virtuales y otras misiones.
Lanzado en 2002, el juego atrajo a 7,5 millones de usuarios registrados en septiembre de 2006.
IPS
Con la excusa de la "guerra contra el terrorismo", Estados Unidos viola un tratado internacional que prohíbe reclutar a menores de 18 años para el servicio militar. La no gubernamental Unión para las Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU, por sus siglas en inglés) divulgó el martes un informe al respecto, titulado "Soldados de la desgracia", que será remitido al Comité de los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
En el estudio de 46 páginas, ACLU acusó al ejército de alistar a niños de apenas 11 años y remarcó que esa fuerza concentra sus esfuerzos en materia de reclutamiento, en forma desproporcionada, en escuelas públicas de zonas pobres habitadas por minorías raciales.
Los encargados de enrolar "exageran en sus promesas de recompensas económicas para atraer interesados", lo cual "socava el factor voluntario del alistamiento". En algunos casos, además, recurren a la coerción, el engaño e incluso al abuso sexual, según el informe.
Los responsables de tales prácticas rara vez son castigados, añade.
"Los procedimientos del ejército de Estados Unidos para enrolar estudiantes son claramente violatorios de los principios internacionales aceptados y no protegen a los jóvenes de tácticas de reclutamiento abusivas y agresivas", señaló Jennifer Turner, del Proyecto Derechos Humanos de ACLU.
La creciente agresividad de los oficiales se debe, en gran parte, a la presión para cubrir cuotas de reclutamiento a raíz de las actuales operaciones militares de Estados Unidos en Afganistán e Iraq, donde se encuentran casi 200.000 soldados e infantes de marina.
Por otra parte, las fuerzas armadas redujeron el coeficiente de inteligencia mínimo para alistarse y facilitaron el trámite a personas con antecedentes delictivos.
El informe de ACLU también detalla la falta de protección a soldados menores de edad en el extranjero, en la base de Guantánamo, Cuba, y otros lugares del mundo, y el incumplimiento del Protocolo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en conflictos armados.
El Protocolo está diseñado para proteger los derechos de los menores de 18 años que puedan ser enrolados por las fuerzas armadas y enviados al frente de batalla.
Ese tratado fija en 16 años la edad mínima absoluta para el alistamiento, y establece que toda actividad vinculada con el reclutamiento de menores de 18 años se realice con el consentimiento de padres o tutores.
Por otra parte, la leva debe ser realmente voluntaria. El ejército está obligado a informar al aspirante de los deberes inherentes al servicio militar y a exigirle una prueba de edad confiable.
Estados Unidos es uno de los dos estados --el otro es Somalia-- que nunca ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño, pero el Senado sí ratificó el Protocolo en 2002. Por lo tanto, su cumplimiento es obligatorio para este país.
A diferencia de la mayoría de las naciones industriales, que fijaron como edad mínima para el alistamiento los 18 años, el Senado de este país decidió que para Estados Unidos serían los 17.
Pero los servicios armados de este país "regularmente apuntan a enrolar menores de 17 años y se concentran en patios, cantinas y clases de centros de enseñanza secundaria", según ACLU.
El propio Manual del Programa de Reclutamiento del ejército, por ejemplo, ordena a sus más de 10.600 oficiales de reclutamiento concentrarse en centros de enseñanza secundaria lo antes posible y explícitamente antes de sus últimos cursos, que, para la mayoría de los estudiantes comienza a los 17 años.
"Recuerden, primero contacto, primero contrato, que no sólo quiere decir los estudiantes de último grado", señaló un experto citado en el informe. "Si esperan hasta ese momento, probablemente sea demasiado tarde."
Una vez que los oficiales estén en la escuela secundaria asignada, deben "penetrar en el mercado escolar con eficacia" y "ser muy serviciales e integrarse a todas las actividades de forma de estar siempre ocupados" a fin de "apropiarse de la escuela y así obtener un gran número de reclutas".
Eso incluye ofrecerse como voluntario para ser entrenador de algún deporte, integrar los Boy Scouts locales, participar en todas las asambleas y funciones escolares e, incluso, "comer en la cantina varias veces al mes".
El informe describe numerosos casos específicos, por lo general en Nueva York y California --los dos estados más poblados y con la mayor cantidad de estudiantes de secundaria perteneciente a alguna minoría-- en los cuales los oficiales del ejército siguen al pie de la letra esas pautas.
El capítulo de Nueva York de ACLU calculó que unos 200 entre casi 1.000 personas de entre 14 y 17 años encuestados, repartidos por igual entre los diferentes grados, señaló que los oficiales del ejército usan tiempo curricular para lograr sus objetivos.
Además, 35 por ciento de los entrevistados señalaron que los oficiales tienen acceso a múltiples lugares dentro del recinto en los que pueden reunirse con estudiantes.
En la base de datos del Pentágono, sede del Departamento (ministerio) de Defensa, sistemáticamente se recaban datos de jóvenes de 16 años, a veces de hasta de 15, con nombre completo, dirección y teléfonos, correo electrónico, promedios escolares, altura, peso y grupo étnico obtenidos de varias fuentes públicas y privadas, según ACLU.
El objetivo de la base de datos es ayudar al ejército en sus "esfuerzos directos de reclutamiento". Pero a raíz de una demanda de ACLU de 2006, el Pentágono accedió a dejar de recabar información sobre menores de 16 años.
Sin embargo, las actividades de reclutamiento apuntan a veces a menores de 15 años, según el informe, que reveló que el Reserve Officer Training Corps, el cuerpo de entrenamiento de oficiales de reserva (JROTC, por sus siglas en inglés), que opera en más de 3.000 escuelas secundarias del país, se concentra en adolescentes de hasta 14 años.
Además, el informe denuncia investigaciones recientes según las cueles en algunos programas del JROTC el reclutamiento no fue voluntario.
Los "cadetes" del cuerpo, que eran casi 300.000 en 2005, reciben uniformes militares y reciben instrucción militar, marchan, portan fusiles reales y de madera y aprenden la historia del ejército, según el informe, que añade que el programa está explícitamente diseñado para "mejorar los esfuerzos de alistamiento".
Los estudiantes afroamericanos y latinoamericanos representan 54 por ciento de los integrantes de los programas del JROTC.
El JROTC también supervisa al Middle School Cadet Corps (MSCC) en los que pueden participar adolescentes de los primeros años de secundaria, de entre 11 y 14 años, según ACLU.
Escuelas secundarias de Florida, Texas y Chicago ofrecen programas del MSCC organizados por el ejército en los que los adolescentes participan en actividades militares con fusiles de madera y tienen cánticos y aprenden primeros auxilios, la historia del ejército y, en algunos casos, llevan uniformes al recinto educativo para las inspecciones una vez por semana.
El ejército también recurre a un vídeojuego en línea llamado "Ejército de Estados Unidos" para atraer a posibles reclutas de tan sólo 13 años, para entrenarlos a usar armas e involucrarlos en combates virtuales y otras misiones.
Lanzado en 2002, el juego atrajo a 7,5 millones de usuarios registrados en septiembre de 2006.
15 mayo 2008
Anatomía de un desdoblamiento mental no resuelto en el “pueblo elegido”
TODO: Para un atinado debate...
Gilad AtzmonPalestine Think Tank
Introducción y traducción de Manuel Talens para Cubadebate, Rebelión y Tlaxcala
Introducción
Sin prisa, pero sin pausa, Gilad Atzmon prosigue aquí su implacable deconstrucción de la ideología sionista imperante en el Estado “sólo para judíos” que es Israel. Como suele ser habitual en sus escritos, Atzmon elude cualquier lenguaje panfletario que pudiera centrarse en la enumeración de la larga lista de atrocidades israelíes y echa mano, una vez más, de la filosofía hegeliana para diseccionar con su afilado escalpelo las razones psicológicas inconscientes que han llevado al sionismo –y a quienes lo practican– a un desdoblamiento de la personalidad en el que conviven sin problema el victimismo y la arrogancia. El gran mérito de este músico y activista, que cuenta con la ventaja añadida de haber sido involuntariamente israelí antes de convertirse voluntariamente en palestino de lengua hebrea, es el de hacer comprensibles para cualquier lector algunas nociones filosóficas oscuras y, a continuación, el utilizarlas como arma dialéctica de combate. De entrada, los lectores no deberían darse por vencidos ante conceptos hegelianos poco habituales en la literatura activista como la “conciencia de sí mismo”, el “otro” o la “dialéctica del amo y el esclavo”, pues una vez leídos con atención y asimilados, les abrirán las puertas de un demoledor análisis atzmoniano y podrán comprender, si es que aún no lo habían hecho, el cómo y el porqué del comportamiento supremacista israelí, fruto de su condición “superior” de pueblo bíblico elegido.- Manuel Talens
* * *
Según Hegel, para alcanzar la “conciencia de sí mismo” es necesaria la participación del “otro”. ¿Cómo soy consciente de mí mismo? Pues, por ejemplo, mediante el deseo o la cólera. A diferencia de los animales, que resuelven sus necesidades biológicas destruyendo otra entidad orgánica, el deseo humano es un ansia de reconocimiento.
En términos hegelianos, el reconocimiento se alcanza cuando uno mismo se dirige hacia un no ser, esto es, hacia otro deseo, otra vaciedad, otro “yo”, lo cual es algo que nunca puede lograrse por completo. “El hombre que desea humanamente una cosa no actúa tanto para poseer la cosa como para lograr que otro reconozca su derecho. Lo que fundamenta, realiza y revela un “yo” humano, un “yo” no biológico, es únicamente el deseo de dicho reconocimiento, únicamente la acción que fluye de tal deseo (Kojeve A., Introduction to the reading of Hegel, 1947, Cornell University Press, 1993, pág. 40). Si seguimos esta línea hegeliana de pensamiento, podremos deducir que, para alcanzar la “conciencia de sí mismo”, uno debe considerar a los demás. Mientras que una entidad biológica lucha por su continuidad biológica, un ser humano lucha por el reconocimiento.
Para comprender las implicancias prácticas de esta idea, veamos ahora la “dialéctica del amo y el esclavo”. El amo lo es porque lucha por demostrar su superioridad sobre la naturaleza y sobre el esclavo, el cual se ve obligado a reconocerlo como amo.
A primera vista, parece como si el amo hubiese llegado a la cima de la existencia humana pero, tal como se verá, no es así. Acabo de decir que los seres humanos luchan por el reconocimiento. El esclavo reconoce al amo como tal, pero el reconocimiento del esclavo tiene poco valor. El amo quiere que lo reconozca otro hombre, pero un esclavo no es un hombre. El amo quiere que lo reconozca un amo, pero otro amo no puede admitir en su mundo a otro ser humano superior. “En pocas palabras, el amo nunca consigue su objetivo, el objetivo por el que arriesga su propia vida”. De manera que el amo está en un callejón sin salida. Pero ¿y el esclavo? El esclavo se encuentra en un proceso de transformación, pues a diferencia del amo, que no puede ir más allá, él sí puede aspirar a todo. El esclavo está en la vanguardia de la transformación de las condiciones sociales en que vive. El esclavo es la encarnación de la historia, la esencia del progreso.
Una lección de dominio
Intentemos ahora aplicar la dialéctica original hegeliana del amo y el esclavo a la noción judía de “pueblo elegido” y de exclusividad. Mientras que el “amo” hegeliano arriesga su existencia biológica para convertirse en amo, lo único que arriesga el niño judío recién nacido es su prepucio: nace en el ámbito del dominio y la excelencia sin haber destacado (aún) en nada. El “otro” le otorga prestigio sin el requisito de ningún proceso de reconocimiento. De hecho, se supone que es Dios (no el “otro”) quien otorga el título de “elegido” a los judíos.
Si, por ejemplo, tratamos de analizar el conflicto israelo-palestino mediante el mecanismo hegeliano del reconocimiento, veremos la imposibilidad de cualquier diálogo entre ambas partes. Mientras que está muy claro que el pueblo palestino está luchando por el reconocimiento y lo declara a la menor oportunidad, los israelíes lo soslayan por completo, pues están convencidos de dicho reconocimiento, saben quiénes son: los amos que viven en su “tierra prometida”. Los israelíes se niegan a participar en el juego dialéctico de la “transformación del significado” y dedican todos sus esfuerzos intelectuales, políticos y militares a demoler cualquier sentido del reconocimiento palestino. La batalla de la sociedad israelí consiste en sofocar cualquier símbolo palestino que implique deseo, ya sea material, espiritual o cultural.
Lo sorprendente es que los palestinos se las estén arreglando tan bien en su lucha por el reconocimiento. Cada vez son más quienes empiezan a comprender la justicia de la causa palestina y el carácter inhumano del sionismo y de la política judía en general. Cada vez son más quienes establecen fácilmente lazos de empatía con el pueblo palestino y sus portavoces. Incluso la organización Hamás, despreciada por la mayoría de las instituciones políticas occidentales, se las está arreglando ahora para transmitir su mensaje. Por su parte, los israelíes se están quedando atrás en tales maniobras. Al ciudadano occidental de a pie le es casi imposible sentir simpatía por ellos. Mientras que un palestino le llega al corazón al pedirle que comparta su dolor y su sufrimiento, lo que le exige el portavoz israelí es que acepte su punto de vista, insistiendo en contarle un cuento histórico fantástico y repetitivo que se inicia en los tiempos bíblicos de Abraham, continúa con una serie de holocaustos y conduce en la actualidad a más derramamiento de sangre. Los israelíes –los amos– presentan siempre la misma historia despersonalizada. ¿Acaso pueden Abraham y el Holocausto justificar el comportamiento inhumano israelí en Gaza? La verdad es que no y la razón es muy sencilla: en general, ni Abraham ni el Holocausto ni los discursos históricos provocan sentimientos emocionales genuinos. Y, de hecho, el mundo político judío está tan desesperado por mantener sus argumentos que el último Holocausto se ha transformado ahora en un asunto que atañe al Código Penal. El mensaje es éste: “Ten cuidado, si pones en duda lo que afirmo terminarás entre rejas”. Es obvio que se trata de un acto de desesperación.
Según Hegel, el reconocimiento es un proceso dinámico, un saber que crece en el interior de uno mismo. Mientras que los palestinos utilizan los limitados recursos de que disponen para que los miren a la cara, a los ojos, para conducir a los demás a un proceso dinámico de reconocimiento mutuo, los israelíes esperan que los demás acepten ciegamente su discurso. Esperan que los demás cierren los ojos ante el hecho evidente de que, en Oriente Próximo, Israel es un agresor como ningún otro; un superpoder regional de ocupación; un Estado diminuto que utiliza armas nucleares, biológicas y químicas; un Estado de apartheid racialmente orientado que intimida y abusa de sus minorías a diario. Sí, los israelíes y sus grupos de presión que lo apoyan en todo el mundo quieren que los demás hagan caso omiso de estos hechos. Insisten en que son las víctimas, quieren que los demás aprueben sus políticas inhumanas sobre la base del interminable sufrimiento de los judíos.
¿Por qué razón la política judía se ha vuelto más agresiva que cualquier otra? Pues sencillamente porque desde la perspectiva política judía el “otro” no existe. Para el sionismo, el denominado “otro” es un objeto de uso, no un prójimo. Las relaciones internacionales israelíes y la actividad política judía sólo se entienden si se tiene en cuenta una grave ausencia del “mecanismo de reconocimiento”. La política israelí y judía, ya sea de izquierda, de centro o de derecha, se basa en un bloqueo y en una fijación del significado. Se niegan a considerar la historia como un flujo continuo, como un proceso dinámico, como un viaje hacia “uno mismo” o hacia la autorrealización. Israel y los israelíes se consideran a sí mismos ajenos a la historia. No progresan hacia la autorrealización porque tienen una identidad fija que mantener. En cuanto tropiezan con una situación complicada frente el mundo que los rodea, crean un modelo que adapta el mundo exterior a su chovinista y autocomplaciente sistema de valores. Ésa es la esencia del neoconservadurismo y del fantasmático y repugnante discurso judeocristiano imperante.
Por muy triste que pueda parecer, quienes no reconocen a los demás son incapaces de permitir que los demás los reconozcan a ellos. El tribalismo mental sionista de izquierda, centro y derecha sitúa a los judíos fuera de la humanidad, no equipa a sus seguidores tribales con el mecanismo mental necesario para reconocer al “otro”. ¿Por qué lo haría, si le ha ido tan bien así a lo largo de los años? La ausencia de la noción del “otro” trasciende cualquier forma reconocida de pensamiento humanista y sitúa a quien la padece fuera de la ética o la moral: desprovisto de moral, cualquier debate sionista se reduce a una simple lucha política con objetivos materiales y prácticos concretos por los que luchar.
Hegel puede iluminar todavía más esta saga. Si uno es consciente de sí mismo a través del “otro”, el “sujeto elegido” es entonces autoconsciente. Pero los israelíes ya eran amos al nacer. Por eso, como nacieron siendo amos, no practican ninguna forma de diálogo con el entorno humano que los rodea. Si he de ser justo con ellos, admitiré que su ausencia de mecanismo de reconocimiento no tiene nada que ver con sus sentimientos antipalestinos. En realidad, los israelíes ni siquiera se reconocen entre sí, como lo demuestra su larga historia de discriminación en el interior de su propio pueblo (los sefarditas, originarios de la península Ibérica y del norte de África, sufren discriminación a manos de la elite judía, de origen centroeuropeo). ¿Acaso son distintos los judíos progresistas? No. Al igual que los israelíes y, como suele suceder en cualquier otra forma de ideología tribal chovinista, los judíos progresistas se encierran en un discurso autoaislacionista que tiene poco o nada que ver con el “otro”. Por ello, de la misma manera que los israelíes se rodean de muros, las células judías progresistas viven en ciberguetos cada vez más hostiles frente al resto de la humanidad y de aquellos que, supuestamente, deberían ser sus camaradas.
Materialismo histórico
Cuando alguien no es capaz de establecer relaciones con su vecino sobre la base del reconocimiento del “otro”, debe buscar otra manera de iniciar el diálogo. Si no es capaz de iniciar un diálogo sobre la base de la empatía con el “otro” y de los derechos del “otro”, deberá buscar alguna manera de comunicar. Parece como si el método alternativo de diálogo “elegido” redujese cualquier forma de comunicación a un lenguaje materialista. Casi cualquier forma de actividad humana, incluido el amor y el placer estético, se puede reducir a valor material. Los activistas políticos “elegidos” tienen mucha práctica en este método de comunicación.
En fechas recientes, el escritor ultrasionista israelí A. B. Yehoshua se las arregló para encolerizar a muchos jefes étnicos judíos en la conferencia del Comité Judío Usamericano cuando afirmó: “Ustedes [se refería a los judíos de la diáspora] se están cambiando de chaqueta... Ustedes cambian de países como si fueran chaquetas.” Yehoshua fue objeto de muchas presiones tras su comentario y lamentó muy pronto su salida de tono. Sin embargo, lo que dijo no es ninguna originalidad, sino algo dolorosamente cierto.
Es evidente que algunos judíos políticamente orientados de la diáspora están inmersos en un diálogo muy productivo con cualquier núcleo hegemónico que surja. La crítica de Yehoshua dio en el blanco, pues cada vez que un país se convierte en superpoder global no pasa mucho tiempo antes de que una oleada de judíos integrados trate de infiltrarse en la elite que lo gobierna. “Si China llegase a convertirse en el superpoder del mundo”, advirtió Yehoshua, “los judíos usamericanos emigrarían a China para asimilarse allí en vez de en USA”. (http://www.amin.org/eng/uncat/2006/june/june30-1.html).
Hace unos diez años, en el momento álgido de la lucha legal entre instituciones judías muy importantes y el Switzer Bank, Norman Finkelstein dijo que lo único que quedaba del Holocausto judío eran diversas formas industriales de negociación económica para obtener compensaciones. Según Finkelstein, todo era cuestión de beneficios. Lejos de mí el criticar las compensaciones, pero según parece hay gente que convierte rápidamente en oro su dolor (vale la pena señalar que el dolor, además de en oro, puede también transformarse en otros valores, morales o estéticos). Sin embargo, la posibilidad de transformar el dolor y la sangre en dinero es el eje en torno al cual gira el falso sueño israelí de que el conflicto con los palestinos, en especial en lo que respecta al problema de los refugiados, se puede resolver. Ahora ya sabemos dónde se origina esta suposición: los israelíes, así como las principales instituciones judías, están convencidos de que si alcanzaron felizmente un acuerdo económico con los alemanes (o con los suizos, tanto da), los palestinos serían igualmente felices vendiendo sus tierras y su dignidad. ¿Por qué han llegado a tan extraña convicción? Pues porque saben mejor que los palestinos lo que éstos quieren de verdad. ¿Y por qué lo saben? Porque los israelíes son brillantes, son el pueblo elegido. Además, el sujeto elegido ni siquiera trata de acercarse al ser humano que hay en el “otro”. Sesenta años después de la Nakba –la expulsión masiva de los palestinos autóctonos– la mayor parte de los israelíes y judíos del mundo no han empezado a reconocer la causa palestina ni, mucho menos, a mostrar la menor empatía hacia ella.
Cuando uno habla con israelíes sobre el conflicto, uno de los argumentos que esgrimen con mayor frecuencia es éste: “Cuando nosotros (los judíos) vinimos aquí (a Palestina), ellos (los árabes) no tenían nada. Ahora tienen electricidad, trabajo, automóviles, servicios médicos, etc.” Se trata, obviamente, de una incapacidad de reconocer a los demás. La imposición del propio sistema de valores al “otro” es algo típico del colonialismo chovinista. En otras palabras, los israelíes esperan que los palestinos compartan la importancia que ellos dan a la adquisición de riqueza material. “¿Por qué el otro debe compartir mis valores? Pues porque yo sé que eso es bueno. ¿Y por qué sé que es bueno? Porque soy el mejor.” Este enfoque arrogante y totalmente materialista es la piedra angular de la posición israelí sobre la paz. Los ejércitos israelíes lo llaman “el palo y la zanahoria”. Todo hace suponer que, cuando se refieren a los palestinos, en realidad piensan en conejos. Pero por muy raro o trágico que parezca, el movimiento ultraizquierdista israelí Mazpen no era categóricamente distinto. Por supuesto, tenían sueños revolucionarios de laicidad para el mundo árabe. Por supuesto, sabían lo que era bueno para los árabes. ¿Y por qué lo sabían? ¿Lo adivinan ustedes? Pues porque eran exclusiva y chovinísticamente inteligentes. Eran los marxistas del pueblo elegido. Por eso nadie se extrañó cuando, con el tiempo, el legendario movimiento “revolucionario” Mazpen y los neoconservadores se unieron en un único y catastrófico mensaje: “Sabemos mejor que vosotros mismos lo que os conviene”.
Tanto los sionistas como los judíos izquierdistas tienen un “nuevo sueño de Oriente Próximo”. En la vieja fantasía de Simón Peres, la región habría debido convertirse en un paraíso económico cuyo centro sería Israel. Los palestinos (y los demás Estados árabes) proporcionarían la mano de obra barata que necesitan las industrias israelíes (las cuales representan a Occidente). A su vez ellos, los árabes, ganarían dinero y se lo gastarían comprando artículos israelíes (occidentales). En el sueño judeoprogresista, los árabes abandonan el islam, se vuelven marxistas cosmopolitas (judíos de la Europa del Este) y se suben al carro de la revolución mundial. El sueño de Peres es penoso, pero la versión judeomarxista es casi un chiste.
Todo hace suponer que, en el sueño sionista, Israel establecería una doble coexistencia en la región, donde los palestinos serían los eternos esclavos y los israelíes sus amos. En el sueño judeoprogresista cosmopolita, una Palestina roja establecería una doble coexistencia en la región, donde los palestinos serían los eternos esclavos de una remota ideología eurocéntrica. Desde luego, si es que existe una diferencia categórica entre ambas ideologías judeocéntricas, yo no la veo.
Sin embargo, según Hegel, es el esclavo quien hace avanzar la historia, quien lucha por su libertad. Es el esclavo quien se transforma y el amo quien termina por desaparecer. Según la lógica hegeliana, tenemos buenas razones para creer que el futuro de la región pertenece a los palestinos, a los iraquíes y al islam en general. Una manera de explicar por qué Israel hace caso omiso de este conocimiento de la historia tiene que ver con la disociación mental existente en el pensamiento exclusivista del “pueblo elegido”.
Bienvenidos al mundo de los locos
El 22 de noviembre de 2000, durante un debate en la Cámara de los Comunes británica, el doctor Mustafa Barghouti, médico palestino que vive y trabaja en la Cisjordania ocupada, definió a Israel como una entidad que “trata de ser David y Goliat al mismo tiempo”, lo cual, según él, es algo imposible. También afirmó que “Israel es probablemente el único Estado que bombardea un territorio que está ocupando”. Barghouti encontraba esto muy extraño, incluso grotesco. ¿Es muy extraño ser David y Goliat al mismo tiempo? ¿Es muy extraño que uno destruya lo que posee? No lo es si uno está loco. La ausencia de imagen especular (es decir, de la capacidad de verse uno mismo a través de los demás) puede conducir a las personas, tanto como a las naciones, a realidades extrañas. La ausencia de un marco que permita distinguir la propia imagen y corregir sus deformaciones parece ser algo muy peligroso.
La primera generación de líderes israelíes (Ben Gurion, Eshkol, Meir, Peres, Begin) creció en la diáspora, principalmente en la Europa del Este. El hecho de ser judío y de vivir en un entorno que no lo es hace que la persona desarrolle un nítido conocimiento de sí misma e impone un cierto grado de especularización. Además el sionismo inicial estaba ligeramente más desarrollado que las otras formas de política tribal judía, y ello por la sencilla razón de que había surgido para transformar a los judíos en un “pueblo como los demás pueblos”, lo cual exige un mínimo de especularización. Sin embargo, eso no bastó para frenar los actos agresivos israelíes (por ejemplo, Deir-Yassin, la Nakba, Kafer Kasem, la guerra del 67, etc.), pero sí fue más que suficiente para enseñarles una lección de diplomacia. A partir de 1996, los líderes ya nacidos en Israel (Rabin, Netanyahu, Sharon, Barak, Olmert) lo han convertido en el Estado del “pueblo elegido”. Mientras que al principio estaban imbuidos de una intensa y tradicional ansiedad judía, conforme fueron creciendo ésta se vio suplantada por el legado del “milagro de 1967”, acontecimiento que convirtió algunas de las ideologías “elegidas” en una farsa mesiánica. Esta obsesión con el poder absoluto exacerbada por la ansiedad judía, junto con la ignorancia del “otro”, han dado lugar a una esquizofrenia colectiva epidémica, de pensamiento y de acto, a una grave pérdida del contacto con la realidad, que ha cedido el paso al uso excesivo de la fuerza. La reciente “segunda guerra de Líbano” fue un claro ejemplo de esto: Israel ahora responde con ametralladoras a niños que lanzan piedras; con artillería y misiles a objetivos civiles tras un alzamiento ocasional y con una guerra total a un incidente fronterizo menor. Para explicar este comportamiento no deberían utilizarse herramientas analíticas de naturaleza política, materialista o sociológica. Para entenderlo mucho mejor hay que situar el conflicto en un marco filosófico que permita esclarecer los orígenes de la paranoia y la esquizofrenia.
El primer ministro israelí, que representa “a David y a Goliat”, puede así hablar de la vulnerabilidad de Israel, del dolor y el sufrimiento de los judíos y, a renglón seguido, iniciar una monumental ofensiva contra toda la región. Un comportamiento de esta índole sólo tiene explicación si se analiza como una forma de enfermedad mental. Lo gracioso y al mismo tiempo triste del asunto es que la mayoría de los israelíes ni siquiera se dan cuenta de que algo terrible les está sucediendo. El hecho de nacer siendo un amo conduce a la ausencia de un “mecanismo de reconocimiento” e, inevitablemente, a la ceguera. Es dicha ausencia lo que produce el desdoblamiento psíquico de ser al mismo tiempo “David y Goliat”. Todo indica que Israel y los israelíes están ya incapacitados para cualquier forma de diálogo.
Fuente: http://palestinethinktank.com/2008/05/08/anatomy-of-a-conditionally-unresolved-conflict/
Esta traducción en Cubadebate: http://www.cubadebate.cu/index.php?tpl=design/especiales.tpl.html&newsid_obj_id=11666
Esta traducción en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=5153&lg=es
Sobre el autor.
El escritor y traductor español Manuel Talens es miembro de Cubadebate , Rebelión y Tlaxcala , la red de traductores por la diversidad lingüística. Su novela más reciente es La cinta de Moebius (Alcalá Grupo Editorial, 2007). En mayo de 2008 ha aparecido su libro de ensayos Cuba en el corazón, publicado por la misma editorial. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.
Gilad AtzmonPalestine Think Tank
Introducción y traducción de Manuel Talens para Cubadebate, Rebelión y Tlaxcala
Introducción
Sin prisa, pero sin pausa, Gilad Atzmon prosigue aquí su implacable deconstrucción de la ideología sionista imperante en el Estado “sólo para judíos” que es Israel. Como suele ser habitual en sus escritos, Atzmon elude cualquier lenguaje panfletario que pudiera centrarse en la enumeración de la larga lista de atrocidades israelíes y echa mano, una vez más, de la filosofía hegeliana para diseccionar con su afilado escalpelo las razones psicológicas inconscientes que han llevado al sionismo –y a quienes lo practican– a un desdoblamiento de la personalidad en el que conviven sin problema el victimismo y la arrogancia. El gran mérito de este músico y activista, que cuenta con la ventaja añadida de haber sido involuntariamente israelí antes de convertirse voluntariamente en palestino de lengua hebrea, es el de hacer comprensibles para cualquier lector algunas nociones filosóficas oscuras y, a continuación, el utilizarlas como arma dialéctica de combate. De entrada, los lectores no deberían darse por vencidos ante conceptos hegelianos poco habituales en la literatura activista como la “conciencia de sí mismo”, el “otro” o la “dialéctica del amo y el esclavo”, pues una vez leídos con atención y asimilados, les abrirán las puertas de un demoledor análisis atzmoniano y podrán comprender, si es que aún no lo habían hecho, el cómo y el porqué del comportamiento supremacista israelí, fruto de su condición “superior” de pueblo bíblico elegido.- Manuel Talens
* * *
Según Hegel, para alcanzar la “conciencia de sí mismo” es necesaria la participación del “otro”. ¿Cómo soy consciente de mí mismo? Pues, por ejemplo, mediante el deseo o la cólera. A diferencia de los animales, que resuelven sus necesidades biológicas destruyendo otra entidad orgánica, el deseo humano es un ansia de reconocimiento.
En términos hegelianos, el reconocimiento se alcanza cuando uno mismo se dirige hacia un no ser, esto es, hacia otro deseo, otra vaciedad, otro “yo”, lo cual es algo que nunca puede lograrse por completo. “El hombre que desea humanamente una cosa no actúa tanto para poseer la cosa como para lograr que otro reconozca su derecho. Lo que fundamenta, realiza y revela un “yo” humano, un “yo” no biológico, es únicamente el deseo de dicho reconocimiento, únicamente la acción que fluye de tal deseo (Kojeve A., Introduction to the reading of Hegel, 1947, Cornell University Press, 1993, pág. 40). Si seguimos esta línea hegeliana de pensamiento, podremos deducir que, para alcanzar la “conciencia de sí mismo”, uno debe considerar a los demás. Mientras que una entidad biológica lucha por su continuidad biológica, un ser humano lucha por el reconocimiento.
Para comprender las implicancias prácticas de esta idea, veamos ahora la “dialéctica del amo y el esclavo”. El amo lo es porque lucha por demostrar su superioridad sobre la naturaleza y sobre el esclavo, el cual se ve obligado a reconocerlo como amo.
A primera vista, parece como si el amo hubiese llegado a la cima de la existencia humana pero, tal como se verá, no es así. Acabo de decir que los seres humanos luchan por el reconocimiento. El esclavo reconoce al amo como tal, pero el reconocimiento del esclavo tiene poco valor. El amo quiere que lo reconozca otro hombre, pero un esclavo no es un hombre. El amo quiere que lo reconozca un amo, pero otro amo no puede admitir en su mundo a otro ser humano superior. “En pocas palabras, el amo nunca consigue su objetivo, el objetivo por el que arriesga su propia vida”. De manera que el amo está en un callejón sin salida. Pero ¿y el esclavo? El esclavo se encuentra en un proceso de transformación, pues a diferencia del amo, que no puede ir más allá, él sí puede aspirar a todo. El esclavo está en la vanguardia de la transformación de las condiciones sociales en que vive. El esclavo es la encarnación de la historia, la esencia del progreso.
Una lección de dominio
Intentemos ahora aplicar la dialéctica original hegeliana del amo y el esclavo a la noción judía de “pueblo elegido” y de exclusividad. Mientras que el “amo” hegeliano arriesga su existencia biológica para convertirse en amo, lo único que arriesga el niño judío recién nacido es su prepucio: nace en el ámbito del dominio y la excelencia sin haber destacado (aún) en nada. El “otro” le otorga prestigio sin el requisito de ningún proceso de reconocimiento. De hecho, se supone que es Dios (no el “otro”) quien otorga el título de “elegido” a los judíos.
Si, por ejemplo, tratamos de analizar el conflicto israelo-palestino mediante el mecanismo hegeliano del reconocimiento, veremos la imposibilidad de cualquier diálogo entre ambas partes. Mientras que está muy claro que el pueblo palestino está luchando por el reconocimiento y lo declara a la menor oportunidad, los israelíes lo soslayan por completo, pues están convencidos de dicho reconocimiento, saben quiénes son: los amos que viven en su “tierra prometida”. Los israelíes se niegan a participar en el juego dialéctico de la “transformación del significado” y dedican todos sus esfuerzos intelectuales, políticos y militares a demoler cualquier sentido del reconocimiento palestino. La batalla de la sociedad israelí consiste en sofocar cualquier símbolo palestino que implique deseo, ya sea material, espiritual o cultural.
Lo sorprendente es que los palestinos se las estén arreglando tan bien en su lucha por el reconocimiento. Cada vez son más quienes empiezan a comprender la justicia de la causa palestina y el carácter inhumano del sionismo y de la política judía en general. Cada vez son más quienes establecen fácilmente lazos de empatía con el pueblo palestino y sus portavoces. Incluso la organización Hamás, despreciada por la mayoría de las instituciones políticas occidentales, se las está arreglando ahora para transmitir su mensaje. Por su parte, los israelíes se están quedando atrás en tales maniobras. Al ciudadano occidental de a pie le es casi imposible sentir simpatía por ellos. Mientras que un palestino le llega al corazón al pedirle que comparta su dolor y su sufrimiento, lo que le exige el portavoz israelí es que acepte su punto de vista, insistiendo en contarle un cuento histórico fantástico y repetitivo que se inicia en los tiempos bíblicos de Abraham, continúa con una serie de holocaustos y conduce en la actualidad a más derramamiento de sangre. Los israelíes –los amos– presentan siempre la misma historia despersonalizada. ¿Acaso pueden Abraham y el Holocausto justificar el comportamiento inhumano israelí en Gaza? La verdad es que no y la razón es muy sencilla: en general, ni Abraham ni el Holocausto ni los discursos históricos provocan sentimientos emocionales genuinos. Y, de hecho, el mundo político judío está tan desesperado por mantener sus argumentos que el último Holocausto se ha transformado ahora en un asunto que atañe al Código Penal. El mensaje es éste: “Ten cuidado, si pones en duda lo que afirmo terminarás entre rejas”. Es obvio que se trata de un acto de desesperación.
Según Hegel, el reconocimiento es un proceso dinámico, un saber que crece en el interior de uno mismo. Mientras que los palestinos utilizan los limitados recursos de que disponen para que los miren a la cara, a los ojos, para conducir a los demás a un proceso dinámico de reconocimiento mutuo, los israelíes esperan que los demás acepten ciegamente su discurso. Esperan que los demás cierren los ojos ante el hecho evidente de que, en Oriente Próximo, Israel es un agresor como ningún otro; un superpoder regional de ocupación; un Estado diminuto que utiliza armas nucleares, biológicas y químicas; un Estado de apartheid racialmente orientado que intimida y abusa de sus minorías a diario. Sí, los israelíes y sus grupos de presión que lo apoyan en todo el mundo quieren que los demás hagan caso omiso de estos hechos. Insisten en que son las víctimas, quieren que los demás aprueben sus políticas inhumanas sobre la base del interminable sufrimiento de los judíos.
¿Por qué razón la política judía se ha vuelto más agresiva que cualquier otra? Pues sencillamente porque desde la perspectiva política judía el “otro” no existe. Para el sionismo, el denominado “otro” es un objeto de uso, no un prójimo. Las relaciones internacionales israelíes y la actividad política judía sólo se entienden si se tiene en cuenta una grave ausencia del “mecanismo de reconocimiento”. La política israelí y judía, ya sea de izquierda, de centro o de derecha, se basa en un bloqueo y en una fijación del significado. Se niegan a considerar la historia como un flujo continuo, como un proceso dinámico, como un viaje hacia “uno mismo” o hacia la autorrealización. Israel y los israelíes se consideran a sí mismos ajenos a la historia. No progresan hacia la autorrealización porque tienen una identidad fija que mantener. En cuanto tropiezan con una situación complicada frente el mundo que los rodea, crean un modelo que adapta el mundo exterior a su chovinista y autocomplaciente sistema de valores. Ésa es la esencia del neoconservadurismo y del fantasmático y repugnante discurso judeocristiano imperante.
Por muy triste que pueda parecer, quienes no reconocen a los demás son incapaces de permitir que los demás los reconozcan a ellos. El tribalismo mental sionista de izquierda, centro y derecha sitúa a los judíos fuera de la humanidad, no equipa a sus seguidores tribales con el mecanismo mental necesario para reconocer al “otro”. ¿Por qué lo haría, si le ha ido tan bien así a lo largo de los años? La ausencia de la noción del “otro” trasciende cualquier forma reconocida de pensamiento humanista y sitúa a quien la padece fuera de la ética o la moral: desprovisto de moral, cualquier debate sionista se reduce a una simple lucha política con objetivos materiales y prácticos concretos por los que luchar.
Hegel puede iluminar todavía más esta saga. Si uno es consciente de sí mismo a través del “otro”, el “sujeto elegido” es entonces autoconsciente. Pero los israelíes ya eran amos al nacer. Por eso, como nacieron siendo amos, no practican ninguna forma de diálogo con el entorno humano que los rodea. Si he de ser justo con ellos, admitiré que su ausencia de mecanismo de reconocimiento no tiene nada que ver con sus sentimientos antipalestinos. En realidad, los israelíes ni siquiera se reconocen entre sí, como lo demuestra su larga historia de discriminación en el interior de su propio pueblo (los sefarditas, originarios de la península Ibérica y del norte de África, sufren discriminación a manos de la elite judía, de origen centroeuropeo). ¿Acaso son distintos los judíos progresistas? No. Al igual que los israelíes y, como suele suceder en cualquier otra forma de ideología tribal chovinista, los judíos progresistas se encierran en un discurso autoaislacionista que tiene poco o nada que ver con el “otro”. Por ello, de la misma manera que los israelíes se rodean de muros, las células judías progresistas viven en ciberguetos cada vez más hostiles frente al resto de la humanidad y de aquellos que, supuestamente, deberían ser sus camaradas.
Materialismo histórico
Cuando alguien no es capaz de establecer relaciones con su vecino sobre la base del reconocimiento del “otro”, debe buscar otra manera de iniciar el diálogo. Si no es capaz de iniciar un diálogo sobre la base de la empatía con el “otro” y de los derechos del “otro”, deberá buscar alguna manera de comunicar. Parece como si el método alternativo de diálogo “elegido” redujese cualquier forma de comunicación a un lenguaje materialista. Casi cualquier forma de actividad humana, incluido el amor y el placer estético, se puede reducir a valor material. Los activistas políticos “elegidos” tienen mucha práctica en este método de comunicación.
En fechas recientes, el escritor ultrasionista israelí A. B. Yehoshua se las arregló para encolerizar a muchos jefes étnicos judíos en la conferencia del Comité Judío Usamericano cuando afirmó: “Ustedes [se refería a los judíos de la diáspora] se están cambiando de chaqueta... Ustedes cambian de países como si fueran chaquetas.” Yehoshua fue objeto de muchas presiones tras su comentario y lamentó muy pronto su salida de tono. Sin embargo, lo que dijo no es ninguna originalidad, sino algo dolorosamente cierto.
Es evidente que algunos judíos políticamente orientados de la diáspora están inmersos en un diálogo muy productivo con cualquier núcleo hegemónico que surja. La crítica de Yehoshua dio en el blanco, pues cada vez que un país se convierte en superpoder global no pasa mucho tiempo antes de que una oleada de judíos integrados trate de infiltrarse en la elite que lo gobierna. “Si China llegase a convertirse en el superpoder del mundo”, advirtió Yehoshua, “los judíos usamericanos emigrarían a China para asimilarse allí en vez de en USA”. (http://www.amin.org/eng/uncat/2006/june/june30-1.html).
Hace unos diez años, en el momento álgido de la lucha legal entre instituciones judías muy importantes y el Switzer Bank, Norman Finkelstein dijo que lo único que quedaba del Holocausto judío eran diversas formas industriales de negociación económica para obtener compensaciones. Según Finkelstein, todo era cuestión de beneficios. Lejos de mí el criticar las compensaciones, pero según parece hay gente que convierte rápidamente en oro su dolor (vale la pena señalar que el dolor, además de en oro, puede también transformarse en otros valores, morales o estéticos). Sin embargo, la posibilidad de transformar el dolor y la sangre en dinero es el eje en torno al cual gira el falso sueño israelí de que el conflicto con los palestinos, en especial en lo que respecta al problema de los refugiados, se puede resolver. Ahora ya sabemos dónde se origina esta suposición: los israelíes, así como las principales instituciones judías, están convencidos de que si alcanzaron felizmente un acuerdo económico con los alemanes (o con los suizos, tanto da), los palestinos serían igualmente felices vendiendo sus tierras y su dignidad. ¿Por qué han llegado a tan extraña convicción? Pues porque saben mejor que los palestinos lo que éstos quieren de verdad. ¿Y por qué lo saben? Porque los israelíes son brillantes, son el pueblo elegido. Además, el sujeto elegido ni siquiera trata de acercarse al ser humano que hay en el “otro”. Sesenta años después de la Nakba –la expulsión masiva de los palestinos autóctonos– la mayor parte de los israelíes y judíos del mundo no han empezado a reconocer la causa palestina ni, mucho menos, a mostrar la menor empatía hacia ella.
Cuando uno habla con israelíes sobre el conflicto, uno de los argumentos que esgrimen con mayor frecuencia es éste: “Cuando nosotros (los judíos) vinimos aquí (a Palestina), ellos (los árabes) no tenían nada. Ahora tienen electricidad, trabajo, automóviles, servicios médicos, etc.” Se trata, obviamente, de una incapacidad de reconocer a los demás. La imposición del propio sistema de valores al “otro” es algo típico del colonialismo chovinista. En otras palabras, los israelíes esperan que los palestinos compartan la importancia que ellos dan a la adquisición de riqueza material. “¿Por qué el otro debe compartir mis valores? Pues porque yo sé que eso es bueno. ¿Y por qué sé que es bueno? Porque soy el mejor.” Este enfoque arrogante y totalmente materialista es la piedra angular de la posición israelí sobre la paz. Los ejércitos israelíes lo llaman “el palo y la zanahoria”. Todo hace suponer que, cuando se refieren a los palestinos, en realidad piensan en conejos. Pero por muy raro o trágico que parezca, el movimiento ultraizquierdista israelí Mazpen no era categóricamente distinto. Por supuesto, tenían sueños revolucionarios de laicidad para el mundo árabe. Por supuesto, sabían lo que era bueno para los árabes. ¿Y por qué lo sabían? ¿Lo adivinan ustedes? Pues porque eran exclusiva y chovinísticamente inteligentes. Eran los marxistas del pueblo elegido. Por eso nadie se extrañó cuando, con el tiempo, el legendario movimiento “revolucionario” Mazpen y los neoconservadores se unieron en un único y catastrófico mensaje: “Sabemos mejor que vosotros mismos lo que os conviene”.
Tanto los sionistas como los judíos izquierdistas tienen un “nuevo sueño de Oriente Próximo”. En la vieja fantasía de Simón Peres, la región habría debido convertirse en un paraíso económico cuyo centro sería Israel. Los palestinos (y los demás Estados árabes) proporcionarían la mano de obra barata que necesitan las industrias israelíes (las cuales representan a Occidente). A su vez ellos, los árabes, ganarían dinero y se lo gastarían comprando artículos israelíes (occidentales). En el sueño judeoprogresista, los árabes abandonan el islam, se vuelven marxistas cosmopolitas (judíos de la Europa del Este) y se suben al carro de la revolución mundial. El sueño de Peres es penoso, pero la versión judeomarxista es casi un chiste.
Todo hace suponer que, en el sueño sionista, Israel establecería una doble coexistencia en la región, donde los palestinos serían los eternos esclavos y los israelíes sus amos. En el sueño judeoprogresista cosmopolita, una Palestina roja establecería una doble coexistencia en la región, donde los palestinos serían los eternos esclavos de una remota ideología eurocéntrica. Desde luego, si es que existe una diferencia categórica entre ambas ideologías judeocéntricas, yo no la veo.
Sin embargo, según Hegel, es el esclavo quien hace avanzar la historia, quien lucha por su libertad. Es el esclavo quien se transforma y el amo quien termina por desaparecer. Según la lógica hegeliana, tenemos buenas razones para creer que el futuro de la región pertenece a los palestinos, a los iraquíes y al islam en general. Una manera de explicar por qué Israel hace caso omiso de este conocimiento de la historia tiene que ver con la disociación mental existente en el pensamiento exclusivista del “pueblo elegido”.
Bienvenidos al mundo de los locos
El 22 de noviembre de 2000, durante un debate en la Cámara de los Comunes británica, el doctor Mustafa Barghouti, médico palestino que vive y trabaja en la Cisjordania ocupada, definió a Israel como una entidad que “trata de ser David y Goliat al mismo tiempo”, lo cual, según él, es algo imposible. También afirmó que “Israel es probablemente el único Estado que bombardea un territorio que está ocupando”. Barghouti encontraba esto muy extraño, incluso grotesco. ¿Es muy extraño ser David y Goliat al mismo tiempo? ¿Es muy extraño que uno destruya lo que posee? No lo es si uno está loco. La ausencia de imagen especular (es decir, de la capacidad de verse uno mismo a través de los demás) puede conducir a las personas, tanto como a las naciones, a realidades extrañas. La ausencia de un marco que permita distinguir la propia imagen y corregir sus deformaciones parece ser algo muy peligroso.
La primera generación de líderes israelíes (Ben Gurion, Eshkol, Meir, Peres, Begin) creció en la diáspora, principalmente en la Europa del Este. El hecho de ser judío y de vivir en un entorno que no lo es hace que la persona desarrolle un nítido conocimiento de sí misma e impone un cierto grado de especularización. Además el sionismo inicial estaba ligeramente más desarrollado que las otras formas de política tribal judía, y ello por la sencilla razón de que había surgido para transformar a los judíos en un “pueblo como los demás pueblos”, lo cual exige un mínimo de especularización. Sin embargo, eso no bastó para frenar los actos agresivos israelíes (por ejemplo, Deir-Yassin, la Nakba, Kafer Kasem, la guerra del 67, etc.), pero sí fue más que suficiente para enseñarles una lección de diplomacia. A partir de 1996, los líderes ya nacidos en Israel (Rabin, Netanyahu, Sharon, Barak, Olmert) lo han convertido en el Estado del “pueblo elegido”. Mientras que al principio estaban imbuidos de una intensa y tradicional ansiedad judía, conforme fueron creciendo ésta se vio suplantada por el legado del “milagro de 1967”, acontecimiento que convirtió algunas de las ideologías “elegidas” en una farsa mesiánica. Esta obsesión con el poder absoluto exacerbada por la ansiedad judía, junto con la ignorancia del “otro”, han dado lugar a una esquizofrenia colectiva epidémica, de pensamiento y de acto, a una grave pérdida del contacto con la realidad, que ha cedido el paso al uso excesivo de la fuerza. La reciente “segunda guerra de Líbano” fue un claro ejemplo de esto: Israel ahora responde con ametralladoras a niños que lanzan piedras; con artillería y misiles a objetivos civiles tras un alzamiento ocasional y con una guerra total a un incidente fronterizo menor. Para explicar este comportamiento no deberían utilizarse herramientas analíticas de naturaleza política, materialista o sociológica. Para entenderlo mucho mejor hay que situar el conflicto en un marco filosófico que permita esclarecer los orígenes de la paranoia y la esquizofrenia.
El primer ministro israelí, que representa “a David y a Goliat”, puede así hablar de la vulnerabilidad de Israel, del dolor y el sufrimiento de los judíos y, a renglón seguido, iniciar una monumental ofensiva contra toda la región. Un comportamiento de esta índole sólo tiene explicación si se analiza como una forma de enfermedad mental. Lo gracioso y al mismo tiempo triste del asunto es que la mayoría de los israelíes ni siquiera se dan cuenta de que algo terrible les está sucediendo. El hecho de nacer siendo un amo conduce a la ausencia de un “mecanismo de reconocimiento” e, inevitablemente, a la ceguera. Es dicha ausencia lo que produce el desdoblamiento psíquico de ser al mismo tiempo “David y Goliat”. Todo indica que Israel y los israelíes están ya incapacitados para cualquier forma de diálogo.
Fuente: http://palestinethinktank.com/2008/05/08/anatomy-of-a-conditionally-unresolved-conflict/
Esta traducción en Cubadebate: http://www.cubadebate.cu/index.php?tpl=design/especiales.tpl.html&newsid_obj_id=11666
Esta traducción en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=5153&lg=es
Sobre el autor.
El escritor y traductor español Manuel Talens es miembro de Cubadebate , Rebelión y Tlaxcala , la red de traductores por la diversidad lingüística. Su novela más reciente es La cinta de Moebius (Alcalá Grupo Editorial, 2007). En mayo de 2008 ha aparecido su libro de ensayos Cuba en el corazón, publicado por la misma editorial. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.
LAS PATOTAS DE MENÉNDEZ

Con dos resoluciones, la jueza Cristina Garzón de Lascano ordenó la prisión preventiva de quince militares, diez policías, dos agentes de inteligencia y dos civiles. La Cámara Federal hizo lo mismo con un interrogador de La Perla.
Por Diego Martínez
A menos de dos semanas del comienzo del primer juicio oral y público por crímenes de lesa humanidad en Córdoba, la jueza federal Cristina Garzón de Lascano procesó y dictó ayer la prisión preventiva a militares, policías y civiles por secuestros, torturas y homicidios calificados cometidos antes y después del golpe de Estado. Más allá del avance en los procesos, el abogado Claudio Orosz, de H.I.J.O.S. regional Córdoba, destacó que sigue pendiente el traslado a cárceles comunes de los represores locales.
En enero de 1976 miembros del Ejército y del Departamento de Informaciones (D2) de la policía provincial secuestraron a 21 personas. Las trasladaron al centro clandestino La Rivera, donde fueron torturadas. La jueza procesó por sus secuestros, tormentos y homicidios agravados a los militares Luciano Menéndez, Hermes Oscar Rodríguez, Héctor Pedro Vergez, Luis Gustavo Dietrichs, José Hugo Herrera y Luis Alberto Manzanelli, a los “personal civil de inteligencia” (PCI) Arnoldo José López y Héctor Raúl Romero, y a los civiles Emilio Morard y Ricardo Alberto Lardone, todos miembros del Destacamento de Inteligencia 141. Hizo lo propio con los policías Carlos Alfredo Yanicelli, Yamil Yabour, Alberto Luis Lucero, Fernando Andrés Pérez, Ricardo Cayetano Rocha, Calixto Luis Flores, Carlos Hugo Villarruel y Marcelo Luna, todos miembros del D2.
El 5 de julio de 1976, por orden del teniente coronel Víctor Pino, un grupo de presos fue obligado a desvestirse y apoyar los brazos contra un muro de la Unidad Penitenciaria 1. El cabo Miguel Angel Pérez recorrió la fila repartiendo bastonazos. Raúl Bauducco cayó al recibir un golpe en la cabeza. “¡Parate o te mato!”, le gritó Pérez. Como no obtuvo respuesta le murmuró algo al oído al teniente Enrique Pedro Mones Ruiz, que asintió en silencio. Pérez volvió, apuntó a la cabeza de Bauducco y disparó. Ambos fueron procesados por ese homicidio agravado.
El 14 de julio al mediodía, en la misma Unidad 1, el teniente Gustavo Adolfo Alsina se molestó al ver al preso político José Moukarzel hablar con un detenido. Lo sacó a un patio a la intemperie, lo hizo desnudar y lo ató de pies y manos con estacas. Le pegó, lo pateó y le tiró un baldazo de agua fría. A las once de la noche, ya inconsciente, lo sacaron en camilla al Hospital Penitenciario, donde murió dos horas después. Alsina y Menéndez deberán responder por ese crimen. Por otras torturas en la Unidad 1 fueron procesados el entonces teniente coronel Víctor Pino, el sargento Carlos Hiber Pérez y el cabo primero José Antonio Paredes.
El 30 de abril, luego de diez días secuestrados en el D2, pegado a la Catedral cordobesa, María Eugenia Irazusta, Eduardo Bártoli y Víctor Chiavarini fueron asesinados en un simulacro de “intento de fuga”. El 17 de mayo, por orden del inspector mayor Raúl Telleldín, jefe de informaciones del D2, su banda se presentó en la cárcel con dos órdenes de traslado. En tres vehículos se llevaron, amordazados y encapuchados, a Diana Fidelman, Miguel Angel Moze, Luis Verón, Ricardo Young, Eduardo Hernández y José Svagusa. Pararon en Neuquén al 900. Los hicieron bajar y los fusilaron. Por esos nueve homicidios calificados Garzón de Lascano procesó a ocho policías del D2: Luna, Flores, Lucero, Yabour, Yanicelli, Rocha, Juan Eduardo Ramón Molina y Miguel Angel Gómez.
La jueza procesó al teniente Osvaldo César Quiroga por los homicidios de Miguel Vaca Narvaja, Arnaldo Toranzo y Gustavo De Breuil. El 12 de agosto de 1976 los retiraron de la cárcel con una orden firmada por el general Juan Bautista Sasiaiñ y los mataron cerca del estadio Chateau Carreras. Por su complicidad en el homicidio de José Pucheta, Carlos Sgandurra y José Villada fue procesado el entonces subteniente Luis Alberto López. Como coautor de los homicidios de Ricardo Tramontini y Liliana Páez de Rinaldi fue procesado el coronel Vicente Meli. En todos los casos del presente párrafo también fue procesado el coronel Pino.
La Cámara Federal de Córdoba, en tanto, procesó ayer a Juan Eusebio Vega, ex miembro del Destacamento 141 a quien calificó como “interrogador” de La Perla, por el secuestro y los tormentos seguidos de muerte de Herminia Félix de Vergara el último día de 1976.
El alojamiento de los militares en el Cuerpo III y en Campo de Mayo, y el de los policías en la Guardia de Infantería de Córdoba, preocupa a los querellantes. “Tiene un régimen sumamente laxo. Lo denunciamos, el gobierno provincial pidió que los trasladaran, pero siguen allí por resolución de la jueza y la Cámara Federal, que emitió una resolución escandalosa. Mientras un preso común debe probar que está enfermo para ser trasladado a un hospital, la Cámara invirtió el principio general y sostuvo que debemos probar en cada caso que no deben estar en una cárcel VIP”, lamentó el abogado Claudio Orosz, de H.I.J.O.S. Cór
Generación 'Nakba'

El sueño de volver a la tierra arrebatada marcan la literatura palestina
ROSA MENESES
MADRID.- Intelectuales y escritores de todo el mundo han firmado un manifiesto en recuerdo de la Nakba (la catástrofe), generada en 1948 con la proclamación de Israel. El texto se publicó en la prensa internacional el pasado 8 de mayo (día en que los israelíes conmemoran la creación de su Estado, siguiendo el calendario hebreo, el 14 de mayo en el almanaque gregoriano), y estaba arropado por las palabras del gran intelectual palestino Edward Said, pronunciadas hace 10 años, con ocasión del 50 cumpleaños de Israel.
«Incluso después de 50 años de vivir el exilio palestino, aún me siento sorprendido por cuán lejos puede llegar el Gobierno israelí y los que le apoyan para suprimir el hecho de que medio siglo se ha esfumado sin restitución o reconocimiento israelí, de los derechos humanos palestinos y sin, tal y como sin lugar a dudas muestran los hechos, conectar aquella suspensión de derechos a las políticas oficales de Israel... La Nakba palestina es calificada como un acontecimiento semificticio... causado por nadie en particular», escribió Said.
Los firmantes, entre los que se encuentran personalidades como el poeta palestino Mahmud Darwish, el historiador israelí Ilan Pappe o los británicos John Berger, Tariq Ali y Ken Loach, señalan en grandes letras enlutadas de negro que no hay ninguna razón para celebrar nada, tras 60 años de desposesión de un pueblo. Una celebración, dicen, sería como "bailar sobre las tumbas de los palestinos".
«Con sus pacíficas vidas arruinadas, la sociedad fragmentada, sus posesiones robadas (...) los palestinos aún sueñan con volver y en todas partes alimentan su aspiración de libertad y una vida digna», reza el manifiesto.
Ese sueño de volver, la importancia de la memoria y los estragos del exilio han marcado los avatares del pueblo palestino desde su Nakba. Ya forman varias generaciones desde aquel 1948, pero todas ellas se remiten a la generación Nakba.
A su lado, un puñado de intelectuales y escritores han dado forma a la identidad colectiva, han registrado la historia y han labrado la memoria nacional a lo largo de sus obras.
La injusticia de un pueblo
Quizá Mahmud Darwish, nacido en Birwa en 1941, sea el escritor palestino más significativo, tanto por su andadura personal como por su obra. Ambas trayectorias son indivisibles y representan la injusticia vivida por un pueblo. Sus poemas hablan de esa experiencia: el destierro, la guerra, la cárcel, la injusticia, la lucha por la supervivencia. Darwish ha conocido todas estas estaciones de la vida.
En sus libros –traducidos al español tenemos 'El lecho de una extraña', 'Menos rosas' (ambos en Hiperión); 'El fénix mortal' (Cátedra) o los fascinantes 'Mural' (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo)- describe la tragedia diaria de los palestinos, pero sin dramas.
Lo hace con un lirismo revestido de belleza y melancolía que impregna sus palabras. Con palabras sencillas y cotidianas contrapone realidades, pasado y futuro, el desastre y la esperanza de un pueblo. La derrota, su idea clave. "Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella", dice en el poemario 'Menos rosas', publicado en árabe en 1986.
En enero de 2002, escribió 'Estado de sitio' (Cátedra), que relata el asedio de Ramala durante el invierno de 2001-2002. "Bajo sitio, la vida se torna tiempo: / memoria del principio, / olvido del final". Darwish recoge una maraña de sentimientos bajo la ciudad sitiada por las tropas israelíes. Describe la violencia ("Los soldados calculan la distancia entre el ser / y la nada / con la mirilla del tanque"), la tristeza, el aislamiento ("Solos, estamos solos hasta la náusea / por toda compañía las visitas del arco iris").
La dificultad –y la necesidad- de comunicar la terrible experiencia personal de verse desposeído y abocado al exilio ha generado una brillante literatura que ayuda a salvar la memoria y sanar las heridas del destierro y la derrota.
"Sólo la literatura puede articular un discurso que pueda explicar lo más complicado, lo contradictorio, lo atroz y lo bello al mismo tiempo", ha reflexionado el escritor libanés Elias Khoury (Beirut, 1948) en las páginas de ‘El Cultural’. Su obra, ‘Bab a Shams’, ‘La puerta del sol’ es un mosaico sobre la guerra, el éxodo y, en definitiva, la tragedia palestina. Muchos escritores árabes, como el propio Khoury han relatado el horror y el sufrimiento de sus compatriotas palestinos.
El novelista Ghasan Kanafani (1936-1972) ofrece también una trayectoria novelística y personal cercana al destino de los palestinos. A menudo, utiliza la imagen del desierto como metáfora del sufrimiento de su pueblo. Nacido en Acre, fue portavoz del Frente Popular para la Liberación de Palestina hasta 1972, cuando murió en un atentado con coche bomba.
Su obra más emblemática es ‘Hombres bajo el sol’, la historia de tres palestinos que intentan huir a Kuwait escondidos en el interior de un camión-cisterna. Su trágico final augura la agonía del pueblo palestino, atrapados bajo un sol cegador. Realidad y literatura van de la mano en el triste destino que han sufrido los palestinos.
MEMORIAS DE UNA COMBATIENTE

MEMORIAS DE UNA COMBATIENTE
Leila Jaled es, para algunos, una heroína y, para otros, una 'terrorista'
Este icono de la lucha palestina se niega hablar del fracaso de su causa
MÓNICA G. PRIETO
AMÁN.- El rostro de Leila Jaled formará parte, para siempre, de la memoria gráfica de los años 70. Con apenas 24 años, puso cara a la causa palestina de la forma más dramática y espectacular posible: secuestrando dos aviones comerciales con el objetivo de dar a conocer la tragedia de su pueblo y liberar presos del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP).
Su contundente acción y sus seductoras facciones, envueltas en la típica kefiya, el pañuelo tradicional, la convirtieron, para unos, en una heroína y, para otros, en una de las primeras "terroristas" de las que se tienen noticia.
Desde su domicilio en Amán, Leila, de 64 años, miembro del Comité Ejecutivo del FPLP y de la Unión de Mujeres Palestinas, rechaza este calificativo que considera politizado: "para parte del mundo, todos los árabes somos terroristas".
Lamenta también los errores que empañan la causa en la que milita desde los 15 años, aunque se niega a hablar de un fracaso. "Mientras haya gente que mantenga sus principios y transmita a las nuevas generaciones nuestra causa, mientras haya refugiados o mientras un solo niño lance una piedra contra un tanque israelí, los palestinos no habremos sido derrotados".
En esta entrevista con elmundo.es, Leila repasa su vida de militante por la causa palestina.
Pregunta.- ¿Cómo comenzó su militancia en el FPLP?
Respuesta.- "Antes de 1967 ya militaba en el Movimiento Nacional Arabe, cuyo objetivo era la liberación de Palestina y la unidad árabe. Durante la Guerra de los Seis Días, con la que Israel conquistó toda Palestina y parte de los países vecinos, daba clases en Kuwait. La guerra motivó que varios líderes del MNA fundaran el FPLP, enfocado en la liberación de Palestina. Y me integré inmediatamente. Por dos años me dediqué a reclutar simpatizantes en Kuwait y en 1969 vine a Jordania para entrenarme en un campo".
Era el principio de su vida como militante armada, que no abandonaría hasta 1982 para convertirse en líder política. Pasó tres meses en Amán aprendiendo a usar armas antes de ser "asignada a mi primera misión de secuestro".
P.- ¿Era la única mujer del campo?
R.-"En absoluto, había muchas mujeres porque en aquel entonces todos lo considerábamos nuestra obligación y nadie podía impedir que sus hijas, al menos, se entrenasen, aunque luego regresaran a sus trabajos. Pero muchas rechazábamos volver antes de completar alguna misión".
Ella fue una de las que más activamente se opuso a jugar un papel secundario, algo que nadie le pidió. "En las reglas internas del FPLP, hombres y mujeres somos completamente iguales, y eso se traducía en las acciones. Antes de mí, otra mujer había participado en un ataque terrestre en Zurich y otras lo habían hecho en los territorios ocupados. Eso era algo que apenas se sabía", de ahí que Leila fuera conocida como la primera guerrillera palestina.
"Fui asignada a la primera misión y, al cumplirla con éxito, un año después volvieron a encargarme otra: el secuestro de un avión de El Al (compañía israelí), uno de los tres secuestros simultáneos de 1969".
P.- ¿Cómo se llega a la decisión de adoptar el secuestro como táctica?
R.- "Queríamos tocar una campana que llevara al mundo a escucharnos. La comunidad internacional nos ayudaba como refugiados, necesitados de ayuda humanitaria, de comida, de alimentos. Nadie nos veía como un pueblo con una causa. Teníamos que hacer algo que llevase al mundo a preguntarse quiénes somos los palestinos, y también queríamos liberar a nuestros presos en manos de los israelíes. Esos fueron los objetivos a lograr".
Avión detonado
El primero de los secuestros tuvo, en agosto de 1969, como objetivo un avión de la TWA que cubría la ruta Roma-Atenas. Fue desviado a Damasco no sin antes sobrevolar Haifa, por deseo de Leila, que deseaba ver, aunque fuese a miles de pies de distancia, su ciudad.
Una vez en territorio sirio, la tripulación y el pasaje fueron evacuados antes de hacer explotar el avión. Nadie resultó herido, aunque parezca milagroso. Tras someterse a cirugía estética, un año después participó en su segundo secuestro, una acción simultánea en la que fueron capturados tres aviones, el 6 de septiembre de 1970.
Leila participó en la toma del vuelo de El Al procedente de Amsterdam. El otro secuestrador se enzarzó en un tiroteo con los agentes israelíes en el que ambos murieron. Leila no se atrevió a usar las dos granadas de mano que llevaba y fue detenida cuando tomaron tierra en Londres. Tras pasar menos de un mes en prisión, fue liberada como parte de un intercambio de prisioneros forzado por otro secuestro del FPLP.
P.- ¿Nunca le atormentó la idea de poner en peligro vidas de personas que nada tenían que ver con el conflicto palestino?
R.- "No, porque tenía respuestas a todos esos dilemas. Israel también usaba aviones civiles para transportar armas, y nuestro objetivo eran aviones norteamericanos, cuyo país apoya a Israel. En el vuelo (de la TWA) se suponía que viajaba Isaac Rabin, entonces embajador israelí en Estados Unidos, lo que lo convertía en un objetivo para nosotros. Sabíamos que la gente no estaba implicada, pero teníamos instrucciones estrictas de no herir a nadie, ni a los pasajeros, con quienes no tratábamos, ni con la tripulación. Y conseguimos este objetivo: en todos nuestros secuestros, que se produjeron entre 1968 y 1970, nadie salió herido. Por supuesto, y lo sé, la gente se aterrorizaba, pero no lo hacíamos porque nos gustase, sino porque nos sentíamos obligados a ello. Cuando conseguimos nuestros objetivos, en 1970, cesamos los secuestros. Era una táctica, no una estrategia a seguir. No pretendíamos obtener una respuesta de los secuestros, sino de la revolución que siguió a ellos".
Guerra civil libanesa
Para entonces, Leila Khaled ya formaba parte del Comité Central del FPLP, encargado de definir las tácticas y los objetivos del partido; ya nunca abandonaría su posición. "En 1976 decidimos parar todas las operaciones fuera de territorio palestino porque estábamos siendo atacados en el Líbano y no queríamos atraer la atención de la comunidad internacional fuera de Palestina".
Regresó al Líbano tras su liberación, ya que el monarca hachemí había expulsado a los militantes palestinos de Jordania durante el 'Septiembre Negro'. Años después, en 1973, se enfrascó en otra lucha, esta vez contra el Ejército libanés que intervenía en los campos palestinos para abortar cualquier intento de rebelión. En 1974 fue nombrada miembro del Comité Ejecutivo de la Unión de Mujeres Palestinas, lo que duplicó su trabajo en los campos de refugiados.
Faltaba un año para que estallase la Guerra Civil libanesa, precisamente con un ataque contra un autobús palestino en Beirut.
"Me ví obligada a tomar de nuevo las armas y, con más razón, lo haría en 1982 cuando los israelíes invadieron el Líbano y me desplacé al sur para combatir contra ellos. Sólo lo dejé aquel año al quedar embarazada".
Encinta de su primer hijo, Bader, Leila abandonó el país de los cedros junto con el resto de militantes de la Organización para la Liberación de Palestina, que englobaba a todos los grupos y era liderada por Yasir Arafat. Con ello, se cumplía el acuerdo de cese al fuego de la ONU, que implicaba también la retirada israelí, algo que no hicieron.
Su destino sería, esta vez, Siria, donde se ocuparía de la responsabilidad política de educar a sus hijos hasta 1992, cuando regresó a Amán, desde donde hoy, observa, con pesar, cómo el conflicto israelopalestino ha derivado en una lucha fraticida.
LAS TORTURAS EN LA SUPERINTENDENCIA
Las heces de Coordina...
Sobreviviente de cuatro centros clandestinos de detención durante la última dictadura, incluida la Superintendencia de Seguridad Federal, Julio Guillermo López relató ayer ante el Tribunal Oral Federal 5 que en la tarde del 19 de agosto de 1976 un grupo de secuestrados del tercer piso de Moreno 1417 fue trasladado desde sus tubos hasta lo que llamaban “la leonera grande”. Allí los represores “les dijeron que se iban en libertad”, aseguró. Durante la tarde del día siguiente le permitieron leer un vespertino “donde decía que se habían encontrado treinta cadáveres fusilados con explosivos en la localidad de Fátima, cerca de Pilar”.
López fue secuestrado el 13 de julio de 1976. En el Regimiento de Infantería de Patricios le pegaron una patada que le destruyó la vejiga para siempre. Antes de su liberación, el 18 de marzo de 1977, pasó por los centros clandestinos Automotores Orletti, Campo de Mayo y Vesubio. Pero el día de la Masacre de Fátima, como se conoce al asesinato de veinte hombres y diez mujeres dinamitados en Fátima, aún estaba en Superintendencia, donde fue torturado durante cinco días seguidos.
Durante su extensa declaración, López nombró a dos de los tres imputados en el juicio. El comisario general (R) Juan Carlos Lapuyole, por entonces director de inteligencia, fue uno de sus interrogadores. Recordó que lo apodaban “Francés” o “Perfume” por el olor que irradiaba. Al comisario inspector (R) Carlos Gallone creyó recordar que lo apodaban “Pavo” o “Cura”.
López aseguró que en Superintendencia llegó a haber más de un centenar de personas secuestradas y que “iba con frecuencia” el general Albano Harguindeguy, ministro del Interior de la dictadura. Más de una vez escuchó “chicos que lloraban y personas que gemían”. Relacionó la Masacre de Fátima con el asesinato del general Omar Actis en la mañana del 19 de agosto. Contó que esa tarde “se produjo un movimiento muy raro” y que todas las víctimas, hasta donde logró saber, eran delegados gremiales.
Sobreviviente de cuatro centros clandestinos de detención durante la última dictadura, incluida la Superintendencia de Seguridad Federal, Julio Guillermo López relató ayer ante el Tribunal Oral Federal 5 que en la tarde del 19 de agosto de 1976 un grupo de secuestrados del tercer piso de Moreno 1417 fue trasladado desde sus tubos hasta lo que llamaban “la leonera grande”. Allí los represores “les dijeron que se iban en libertad”, aseguró. Durante la tarde del día siguiente le permitieron leer un vespertino “donde decía que se habían encontrado treinta cadáveres fusilados con explosivos en la localidad de Fátima, cerca de Pilar”.
López fue secuestrado el 13 de julio de 1976. En el Regimiento de Infantería de Patricios le pegaron una patada que le destruyó la vejiga para siempre. Antes de su liberación, el 18 de marzo de 1977, pasó por los centros clandestinos Automotores Orletti, Campo de Mayo y Vesubio. Pero el día de la Masacre de Fátima, como se conoce al asesinato de veinte hombres y diez mujeres dinamitados en Fátima, aún estaba en Superintendencia, donde fue torturado durante cinco días seguidos.
Durante su extensa declaración, López nombró a dos de los tres imputados en el juicio. El comisario general (R) Juan Carlos Lapuyole, por entonces director de inteligencia, fue uno de sus interrogadores. Recordó que lo apodaban “Francés” o “Perfume” por el olor que irradiaba. Al comisario inspector (R) Carlos Gallone creyó recordar que lo apodaban “Pavo” o “Cura”.
López aseguró que en Superintendencia llegó a haber más de un centenar de personas secuestradas y que “iba con frecuencia” el general Albano Harguindeguy, ministro del Interior de la dictadura. Más de una vez escuchó “chicos que lloraban y personas que gemían”. Relacionó la Masacre de Fátima con el asesinato del general Omar Actis en la mañana del 19 de agosto. Contó que esa tarde “se produjo un movimiento muy raro” y que todas las víctimas, hasta donde logró saber, eran delegados gremiales.
14 mayo 2008
LOS INTELECTUALES ANTE UN GOBIERNO AMENAZADO
. Conferencia de Prensa
Pronunciamiento frente al clima político
“En defensa de un gobierno democrático popular amenazado, preservando la libertad de crítica”
Preocupados por el clima político que se ha instalado en la Argentina en las últimas semanas, 750 personas de la cultura, la educación, el periodismo, las ciencias, el cine, las artes, la poesía y la literatura, entre otras disciplinas, se pronunciaron con una “Carta Abierta”.
Se adjunta texto completo de la “Carta abierta 1” junto a las 750 firmas de las personas que han adherido hasta hoy.
El texto completo y las adhesiones se encuentran, además, en: http://cartaabiertaa.blogspot.com/
Adhesiones a: cartaabiertaa@yahoo.com.ar
domingo 27 de abril de 2008
Carta Abierta / 1
Como en otras circunstancias de nuestra crónica contemporánea, hoy asistimos en nuestro país a una dura confrontación entre sectores económicos, políticos e ideológicos históricamente dominantes y un gobierno democrático que intenta determinadas reformas en la distribución de la renta y estrategias de intervención en la economía. La oposición a las retenciones -comprensible objeto de litigio- dio lugar a alianzas que llegaron a enarbolar la amenaza del hambre para el resto de la sociedad y agitaron cuestionamientos hacia el derecho y el poder político constitucional que tiene el gobierno de Cristina Fernández para efectivizar sus programas de acción, a cuatro meses de ser elegido por la mayoría de la sociedad. Un clima destituyente se ha instalado, que ha sido considerado con la categoría de golpismo. No, quizás, en el sentido más clásico del aliento a alguna forma más o menos violenta de interrupción del orden institucional. Pero no hay duda de que muchos de los argumentos que se oyeron en estas semanas tienen parecidos ostensibles con los que en el pasado justificaron ese tipo de intervenciones, y sobre todo un muy reconocible desprecio por la legitimidad gubernamental.
Esta atmósfera política, que trasciende el «tema del agro», ha movilizado a integrantes de los mundos políticos e intelectuales, preocupados por la suerte de una democracia a la que aquellos sectores buscan limitar y domesticar. La inquietud es compartida por franjas heterogéneas de la sociedad que más allá de acuerdos y desacuerdos con las decisiones del gobierno consideran que, en los últimos años, se volvieron a abrir los canales de lo político. No ya entendido desde las lógicas de la pura gestión y de saberes tecnocráticos al servicio del mercado, sino como escenario del debate de ideas y de la confrontación entre modelos distintos de país. Y, fundamentalmente, reabriendo la relación entre política, Estado, democracia y conflicto como núcleo de una sociedad que desea avanzar hacia horizontes de más justicia y mayor equidad.
Desde 2003 las políticas gubernamentales incluyeron un debate que involucra a la historia, a la persistencia en nosotros del pasado y sus relaciones con los giros y actitudes del presente.
Un debate por las herencias y las biografías económicas, sociales, culturales y militantes que tiene como uno de sus puntos centrales la cuestión de la memoria articulada en la política de derechos humanos y que transita las tensiones y conflictos de la experiencia histórica, indesligable de los modos de posicionarse comprensivamente delante de cada problema que hoy está en juego.
En la actual confrontación alrededor de la política de retenciones jugaron y juegan un papel fundamental los medios masivos de comunicación más concentrados, tanto audiovisuales como gráficos, de altísimos alcances de audiencia, que estructuran diariamente «la realidad» de los hechos, que generan «el sentido» y las interpretaciones y definen «la verdad» sobre actores sociales y políticos desde variables interesadas que exceden la pura búsqueda de impacto y el raiting. Medios que gestan la distorsión de lo que ocurre, difunden el prejuicio y el racismo más silvestre y espontáneo, sin la responsabilidad por explicar, por informar adecuadamente ni por reflexionar con ponderación las mismas circunstancias conflictivas y críticas sobre las que operan.
Esta práctica de auténtica barbarie política diaria, de desinformación y discriminación, consiste en la gestación permanente de mensajes conformadores de una conciencia colectiva reactiva.
Privatizan las conciencias con un sentido común ciego, iletrado, impresionista, inmediatista, parcial. Alimentan una opinión pública de perfil antipolítica, desacreditadora de un Estado democráticamente interventor en la lucha de intereses sociales. La reacción de los grandes medios ante el Observatorio de la discriminación en radio y televisión muestra a las claras un desprecio fundamental por el debate público y la efectiva libertad de información. Se ha visto amenaza totalitaria allí donde la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA llamaba a un trato respetuoso y equilibrado del conflicto social.
En este nuevo escenario político resulta imprescindible tomar conciencia no sólo de la preponderancia que adquiere la dimensión comunicacional y periodística en su acción diaria, sino también de la importancia de librar, en sentido plenamente político en su amplitud, una batalla cultural al respecto. Tomar conciencia de nuestro lugar en esta contienda desde las ciencias, la política, el arte, la información, la literatura, la acción social, los derechos humanos, los problemas de género, oponiendo a los poderes de la dominación la pluralidad de un espacio político intelectual lúcido en sus argumentos democráticos.
Se trata de una recuperación de la palabra crítica en todos los planos de las prácticas y en el interior de una escena social dominada por la retórica de los medios de comunicación y la derecha ideológica de mercado. De la recuperación de una palabra crítica que comprenda la dimensión de los conflictos nacionales y latinoamericanos, que señale las contradicciones centrales que están en juego, pero sobre todo que crea imprescindible volver a articular una relación entre mundos intelectuales y sociales con la realidad política. Es necesario crear nuevos lenguajes, abrir los espacios de actuación y de interpelación indispensables, discutir y participar en la lenta constitución de un nuevo y complejo sujeto político popular, a partir de concretas rupturas con el modelo neoliberal de país. La relación entre la realidad política y el mundo intelectual no ha sido especialmente alentada desde el gobierno nacional y las políticas estatales no han considerado la importancia, complejidad y carácter político que tiene la producción cultural.
En una situación global de creciente autonomía de los actores del proceso de producción de símbolos sociales, ideas e ideologías, se producen abusivas lógicas massmediáticas que redefinen todos los aspectos de la vida social, así como las operaciones de las estéticas de masas reconvirtiendo y sojuzgando los mundos de lo social, de lo político, del arte, de los saberes y conocimientos. Son sociedades cuya complejidad política y cultural exige, en la defensa de posturas, creencias y proyectos democráticos y populares, una decisiva intervención intelectual, comunicacional, informativa y estética en el plano de los imaginarios sociales.
Esta problemática es decisiva no sólo en nuestro país, sino en el actual Brasil de Lula, en la Bolivia de Evo Morales, en el Ecuador de Correa, en la Venezuela de Chávez, en el Chile de Bachelet, donde abundan documentos, estudios y evidencias sobre el papel determinante que asume la contienda cultural y comunicativa y las denuncias contra los medios en manos de los grupos de mercado más concentrados. Es también en esta confrontación, que se extiende al campo de la lucha sobre las narraciones acerca de las historias latinoamericanas, donde hoy se está jugando la suerte futura de varios gobiernos que son jaqueados y deslegitimados por sus no alineamientos económicos con las recetas hegemónicas y por sus «desobediencias» políticas con respecto a lo que propone Estados Unidos.
Reconociendo los inesperados giros de las confrontaciones que vienen sucediéndose en esta excepcional edad democrática y popular de América Latina desde comienzos de siglo XXI, vemos entonces la significación que adquiere la reflexión crítica en relación a las vicisitudes entre Estado, sociedad y mercado globalizado. Uno de los puntos débiles de los gobiernos latinoamericanos, incluido el de Cristina Fernández, es que no asumen la urgente tarea de construir una política a la altura de los desafíos diarios de esta época, que tenga como horizonte lo político emancipatorio.
Porque no se trata de proponer un giro de precisión académica a los problemas, sino de una exigencia de pasaje a la política, en un tiempo argentino en el que se vuelven a discutir cuestiones esenciales que atraviesan nuestras prácticas. Pasaje hacia la política que nos confronta con las dimensiones de la justicia, la igualdad, la democratización social y la producción de nuevas formas simbólicas que sean capaces de expresar las transformaciones de la época. En este sentido es que visualizamos la originalidad de lo que está ocurriendo en América Latina (más allá de las diferencias que existen entre los distintos proyectos nacionales) y los peligros a los que nos enfrentamos, peligros claramente restauracionistas de una lógica neoliberal hegemónica durante los años noventa.
Teniendo en cuenta esta escena de nuestra actualidad, nuestro propósito es aportar a una fuerte intervención política –donde el campo intelectual, informativo, científico, artístico y político juega un rol de decisiva importancia– en el sentido de una democratización, profundización y renovación del campo de los grandes debates públicos. Estratégicamente se trata de sumar formas políticas que ayuden a fecundar una forma más amplia y participativa de debatir.
Nos interesa pues encontrar alternativas emancipadoras en los lenguajes, en las formas de organización, en los modos de intervención en lo social desde el Estado y desde el llano, alternativas que puedan confrontar con las apetencias de los poderes conservadores y reactivos que resisten todo cambio real. Pero también que pueda discutir y proponer opciones conducentes con respecto a los no siempre felices modos de construcción política del propio gobierno democrático: a las ausencias de mediaciones imprescindibles, a las soledades enunciativas, a las políticas definidas sin la conveniente y necesaria participación de los ciudadanos. Una nueva época democrática, nacional y popular es una realidad de conflictos cotidianos, y precisa desplegar las voces en un vasto campo de lucha, confiar, alentar e interactuar.
En este sentido, sentimos que las carencias que muchas veces muestra el gobierno para enfocar y comprender los vínculos, indispensables, con campos sociales que no se componen exclusivamente por aquellos sectores a los que está acostumbrado a interpelar, no posibilitan generar una dinámica de encuentro y diálogo recreador de lo democrático-popular. Creemos indispensable señalar los límites y retrasos del gobierno en aplicar políticas redistributivas de clara reforma social. Pero al mismo tiempo reconocemos y destacamos su indiscutible responsabilidad y firmeza al instalar tales cuestiones redistributivas como núcleo de los debates y de la acción política desde el poder real que ejerce y conduce al país (no desde la mera teoría), situando tal tema como centro neurálgico del conflicto contra sectores concentrados del poder económico.
Todo lo expresado y resumido da pie a la necesidad de creación de un espacio politico plural de debate que nos reúna y nos permita actuar colectivamente. Experiencia que se instituye como espacio de intercambio de ideas, tareas y proyectos, que aspira a formas concretas de encuentro, de reflexión, organización y acción democrática con el gobierno y con organizaciones populares para trabajar mancomunadamente, sin perder como espacio autonomía ni identidad propia. Un espacio signado por la urgencia de la coyuntura, la vocación por la política y la perseverante pregunta por los modos contemporáneos de la emancipación.
Buenos Aires, 19 de abril de 2008
ADHESIONES HASTA EL 10 DE MAYO DE 2008.
NOMBRE APELLIDO
Mónica Abella
Néstor Abramovich
Gustavo Abrevaya
Nilda Actis Goretta
Leonor Acuña
Sergio Leandro Agoff
Nelson Agostini
Horacio Mario Aguilar
Silvia Aguilar
José Luis Aguirre
Marìa Margarita Aguirre
Silvia Agulleiro
Norberto Alayón
Andrés Aldao
Carlos J. Aldazábal
Jorge Alemán
Julio Alemán
Fernando Alfón
Jorge Aliaga
Ana Victoria Aliende Pierantoni
David Aljanati
Alberto Alonso
Gustavo Alonso
Carlos Altschul
Federico Alvarez Lanson
Héctor Jorge Alvaro
Ana Amado
Olga Aman
Ana Amorosini
Federico Andahazi
Leandro Andrini
Eduardo Anguita
Nora Aquín
Horacio Aranda Gamboa
Javier Araujo
Elena Archain
Alejandro Archain
Gloria Arcuschin
Ricardo Arias
Nicolás Arispe
Fernando Azcoaga
Diego Baccarelli
Maria Bagnat
Alejandro Balazote
Alejandro Balestieri
Oscar Balestieri
Deborah Balietti
María Eugenia Ball Lima
Oscar Baradel
Carlos Barbarito
Susana Barco
Domingo Andres Barrado
Ricardo Bartís
Cristina Bartolucci
Alcira Bas
Roberto Baschetti
Domingo Basile
Adriana Bastos
Vicente Battista
Horacio Walter Bauer
María Cristina Bazerque
Cristina Béjar
Marta Bellardi
Diana Bellessi
Rodolfo Beltramini
Rodolfo J. Beltramini
Edith Benedetti
Luis Benítez
Silvia Berajá
Francisco Berdichevsky Linares
Ana Berezin
Adolfo Bergerot
Olga Beriachetto
Carlos Berman
Carlos Bernatek
Jorge Bernetti
Emilio Bernini
Patricia Berrotarán
Marta Bertolino
Concepción Bertone
Marcelo Bertuccio
Graciela Biagini
Augusto Bianco
Gabriel M. Bilmes
Hugo Biondi
Fernando Birri
Rafael Blanco
David Blaustein
Jordana Blejmar
Jorge Boccanera
Jorge Boccanera
Adriana A. Bocchino
Vilma Bonetto
Alcira B. Bonilla
Roberto Bonilla
Jorge Booth
Enrique Borcel
Gabriela Borgna
Charly Borja
Ruben Borre
Mirta Bosch
María Victoria Bourdieu
Carlos Boyle
Rodolfo Braceli
Florencia Braga Menéndez
Andrea Bragas
Nora Britos
Matías Bruera
Mario J. Buchbinder
Alcira B. Burak
Daniel Burak
Mario Burgos
Mario Burkun
Roberto O. Bustos
Elena Cabrejas
Cecilia Calandria
Sergio Caletti
Manu Callau
Rubén M. Calmels
Pilar Calveiro
Liliana Campazzo
Edith Cámpora
Daniel Cantero
Mario Capasso
María Elia Capella
Darío Capelli
Julio Carabelli
Pablo Esteban Carabelli
Diego Caramés
Germán Roberto Carbajal
Alfredo Juan Manuel Carballeda
Carlos Norberto Carbone
Jorge Guillermo Carbone
Federico CARETTI
Magdalena Caretti
Teresa Caretti
Teresa CARETTI
Paula Caretti Pujol
Joaquín Caretti Ríos
Jorge Carpio
Ricardo Carrena
Carlos Carrique
Rocco Casa
Rodolfo Casals
Rúben Casiraghi
Gladys Casrro
Ana Castaño
Cristina Castello
Leopoldo "Teuco" Castilla
Mary Modesta Castro
Mariana Casullo
Nicolás Casullo
Gisela Catanzaro
Ana Cauerhff
Aníbal Cedrón
José Antonio Cedrón
Alberto Celentano
Susana Cella
Matías Cerezo
Elda Cerrato
Romina Chávez Díaz
Susana Checa
Silvia Chejter
Alejandro Cherep
Magdalena Chiara
María Cristina Chillida
Leandro Chulak
Noemí Ciollaro
Martín José Ciordia
Diana Coblier
Gerardo Codina
Javier Cófreces
Marcela Colcerniani
Mónica Colombara
Patricio Contreras
Ivonne Copetti
Néstor Corsini
Marcelo Cosin
Roberto Tito Cossa
Ricardo Costa
Américo Cristófalo
Diana Cruces
Rubén Cucuzza
Fernando Cukierman
Cristina Curuchelar
Gabriel D'Iorio
Enrique Dacal
Claudia Dagostino
Mirta Dans
Irma Dariozzi
Rodrigo Daskal
Marcela De Barruel
Hugo De Cristóforis
Carlos De Feo
Carlos De Lorenzo
Diego De Menech
María De Pauli
Oscar A. De Sanctis
Oscar A. De Sanctis
Sergio Del Piero
Magdalena Demarco
Vicente Di Cione
Carlos E. Díaz
Oscar Díaz
Rodolfo DIRINGUER
Jorge Dobal
Juan Dobòn
Cristina Domenech
Nora Dominguez
Jorge Dubatti
Osvaldo Dubini
Osvaldo Dubini
Victor Ducrot
Victor Ego Ducrot
Cecilia Duhau
Sonia E Durand
Ana Elias
Nora Emilce Elichiry
Cristina Erbaro
Carlos Eroles
Marcelo Adrián Eschoyez
Ximena Espeche
Patricia Esper
Juan Alberto Etcheverry
Lidia Etkin
Daniel Ezcurra
Eduardo Fachal
Adrian Faigon
Ana M. Falcòn
Matías Farias
Marcelo Faure
Julián Fava
Cristina Feijóo
José Pablo Feinmann
Hugo Arturo Feraud
Edgardo Fernandez
Julio Fernandez
Pablo Fernandez
Zulema Fernandez
Gerardo Fernández
Julio Fernández
Julio Fernández Baraibar
Isabel Fernandez Blanco
Maximiliano Fernández De Lorenzo
Javier Fernández Míguez
Javier Fernández Míguez
Claudio Ferrari
León Ferrari
Ruben Ferrero
Lilia Ferreyra
Roberto Ferro
Corina Fiorillo
Cecilia Flaschland
Jorge Flores
Claudia Fogo
Marita Foix
Juan Manuel Fonrouge
Jorge Fontanals
Edgardo Form
Juan Forn
Candelaria Fornerón
Alejandro Forster
Ricardo Forster
Eduardo Foulkes
Cristina Fraire
Daniel Freidemberg
Daniel Freidemberg
Javier Frère
Marcelo Frias
Marcelo "Nono" Frondizi
Laura Fumagalli
Patricia Funes
Juan Furlino
Néstor Piru Gabetta
Maria Jose Gabin
Jorge Gaggero
Oscar Galante
Javier Galarza
Norberto Galasso
Ana Luisa Galeano
Lily Galeano
Luisa Irma Galli
Susana Gamba
Eduardo Garavaglia
Eduardo Garavaglia
Dora García
Soledad García
Susana García Iglesias
Liliana García Nudelman
Soledad García Quiroga
Gilou García Reinoso
Mariano Juan Garreta
María Laura Garrido
Eduardo Garriga
Luis Gasloli
Miguel Gaya
Juan Gelman
Alicia Genzano
Marisa Germain
Octavio Getino
Mercedes Giallorenzi
Juan Giani
Luz Gibert
Alicia Gillone
Carlos Girotti
Andrea Giunta
Eduardo Giuria
José Glusman
Julio Godio
Norma Goicoechea
Irene Gojman
Alejandro Goldberg
Martha Goldin
Jorge M. Goldszmidt
Liliana Gomez
Florencia Gómez
Norma Gómez Tomasi
Arturo Gomez Zayas
Ana I. Gonzalez
Carmen Gonzalez
Carmen Sara Gonzalez
Dora Gonzalez
Héctor González
Horacio González
Jonio González
Leopoldo González
Ana Gonzalez
Eladio González
Jacob Goransky
Mario José Grabivker
Graciela Graham
María Inés Grimoldi
Ezequiel Grimson
Claudio Guevara
Jorge Gugliotta
Guido Guidi
Graciela Guilis
Graciela Gutman
Roberto Gutman
Leonardo Gutman
Ricardo Halac
Rodolfo Hamawi
Olga Hammar
Laura Hatton
Arianne Hecker
Liliana Heer
Liliana
Carlos Heker
Heller
Hilda Heller
Amado Heller
Andrea Hernández
Liliana Herrero
Flora Hillert
Cecilia Hopen
Benjamin Hopenhayn
Gabriel Huarte
Santiago Hynes
Lido Iacomini
Gabriel Impaglione
Cecilia Incarnato
Maria Iribarne
Silvina Irrasabal
Jorge Isaias
Ines Izaguirre
Raquel Jaduszliwer
Beatriz Janin
Noé Jitrik
Eduardo Jozami
Nemesio
Juan Carlos Juarez
Junio
Silvia Jurovietzky
Tamara Kamenszain
Tamara Kamentzain
Mauricio Kartun
Mauricio Kartun
Alejandro Kaufman
Norma Kisel
Sergio Kisielewsky
Mora Kleiman
Bernardo Kñallinsky
Maggie De Koenigsberg
Alejandra Kohon
Luis Kon
Guillermo Korn
Ricardo Krakobsky
Silvia Kratz
Ernesto Laclau
Laura I Lacreu
Oscar Laiguera
Alicia Lamas
Alberto Jorge Lapolla
Lucía Laragione
Héctor Laurencena
Pablo Lavarello
Andrés Lazzarini
María Ledesma
Claudio Lentz
María Rosa León
Matías Leoni
Angel Lepiscopo
Eugenia Levin
Héctor Levy
Dora E. Levy Yeyati
Roberto Leydet
Ari Lijalad
Marcelo Lo Pinto
Silvia Long-Ohni
María Pia López
Alejandro López Accotto
Ana Inés López Accotto
Roberto Pedro Lopresti
Federico Lorenz
Félix Lorenzo
Martina Lorenzutti
Damian Loreti
Laura Lueiro
Liliana Lukin
Jorge Ariel Madrazo
Ariel Magirena
Ariel Magirena
Carlos Maida
Mabel Maidana
Brenda Maier
Silvia Maldonado
Stella Maldonado
Fortunato Mallimaci
Alejandro Manrique
Tito Mansur
Inés Manzano
Daniel Marcove
Diana Margulis
Elisa Marino
Patricia Markowicz
Andrea Martin
Guillermo Martínez
Rodolfo Mascali
Romina Mateos
Alicia Mato
Alicia Mato
Liliana N. Mayoral
Cristina Mazzino
Roberto Mazzuca
María Cristina Melano
Andrés Méndez
Carolina Mera
Adrian Gustavo Mercado
Tununa Mercado
Teresa Merediz
Angela Merino
Rolando Mermet
Oscar Meza
Martín "Poni" Micharvegas
Ilda Micucci
Marina Moguillansky
Daniel Mojica
Daniel Mojica
Oscar M. Molek
Emilce Moler
Eduardo Molina Y Vedia
Eduardo Molinari
Héctor Molinari
Maximiliano A Molocznik
Laura Mombello
Federico Monczor
Patricia Monsalve
Alejandro Montalbán
Eduardo Montebello
Federico Montero
Ángela Montero Neira
Raúl Daniel Montoya
Isabel Monzón
Jorge Moreira
Jorge E. Moreira
Alfredo Moreno
Oscar Moreno
Hector Moretti
Liliana Morsella
Blanca Moscato
Mariana Moyano
Jose Mujica
Alberto Muller
Eduardo Müller
Micaela Muñoz
Mariana Muraca
Daniel Muxica
Alicia S. Muzio
Leopoldo Nacht
Ricardo Nacht
Alberto Nadra
Alejandra Naftal
Jack Nahmías
Eduardo Narvaez
Aurelio Narvaja
Ricardo Natch
Esteban Nicotra
Javier Nobile
Aldo Luis Novelli
Beatriz Ocampo
María Julieta Oddone
José A. Olabe
Héctor Oliboni
Raúl Oliveri
Silvia Ontivero
Walter Operto
Julio Ordano
Celeste Orozco
Norma Osnajanski
Olga Ostuni
Magalí Rud Otheguy
María Otheguy
Santiago Carlos Oves
Salomón Paio Melul
Roxana Palacios
Ariel Paladino
Diana Paladino
José María Pallaoro
Lydia Pallavicini
Horacio Paone
Delia Pardo
Aldo Parfeniuk
Aldo Parfeniuk
Alberto Parisí
Alberto Parisí
Maximo Parpagnoli
Salo Pasik
Delia Pasini
Lila Pastoriza
Carlos Patiño
Nora Patrich
Licha Paulucci
Noemí Paviglia
Eduardo "Tato" Pavlovsky
Juan Carlos Pavoni
Alejandra Paz
Manuel Enrique Pedreira
Eduardo Peduto
Juan Pelitti
Viviana F. Pelle
Claudio Pena
Ana Paula Penchaszadeh
Víctor Penchaszadeh
Federico Pensado
Javier Peñoñori
Roxana Perazza
Marcelo Percia
Sara Isabel Pérez
Gustavo Pérez Adad
Cristina Perez Darriba
Elena PEREZ DE MEDINA
Carlos Pérez Rasetti
Irene Rosa Perpiñal
Ivanna Petz
Pablo Pineau
Liliana Piñeiro
María Lidia Piotti
Santiago Coco Plaza
Guillermo Pochettino
Héctor Poggiese
Juan Polaco
León Pomer
Liliana Ponce
Viviana Ponieman
Daniel Ponzo
Armando Poratti
Nicolás Pregi
Cecilia Propato
Nicolás Puente
Sergio A. Pujol
Héctor Puyo
Silvia Quadrelli
Aída Quintar
Pablo Quintero
Lorenzo Quinteros
Juan Carlos Radovich
Norberto Raffoul
Liliana Raggio
Elena Raimondi
Ana María Ramb
Jorge Ramos
Pablo Ramos
Rogelio Ramos Signes
Héctor F. Ranea Sandoval
Mario Rapoport
Gabriel Reches
María Elena Redín
Graciela E. Rendon
Jorge Retamoza
Jorge Miguel Reyes
Eduardo Rinesi
Humberto Rios
Rubén H. Ríos
Maria Del Carmen Rivas
Adriana Robles
Renata Rocco-Cuzzi
Julia Rocha
Javier Rodriguez
Diego E Rodríguez
Graciela E. Rodríguez
Sergio Rodríguez
Ricardo Rodríguez Pereyra
Alejandro Rofman
Mario M. Roitter
Gladys Rojas
Erminda Rolandelli
Hilda Romano
Susana Romano Sued
Olga Edith Romero
Juan Rosales
Julia Rosemberg
Violeta Rosemberg
Lucas Rozenmacher
Carlos Rozensztroch
Daniel Rubinsztein
Sandra Russo
Guillermo Saavedra
Lucas Sablich
Guillermo Saccomanno
Olga Mercedes Sadino
Ernesto Salas
Cecilio Manuel Salguero
Emiliano Pedro Salguero
Manuel Enrique Salguero
Juan Salinas
Homero Rodolfo Saltalamacchia
Homero Rodolfo Saltalamacchia
Mary Sanchez
Raúl A. Sanchez
Silvia Sanchez
Juan Carlos Sánchez
Silvina Sánchez
Sebastian Sanchez Ocampo
Silvia Sànchez Urite
Pedro Sanllorenti
Mariana Santángelo
Marcelo Saraceno
Ariel Scala
Nelly Scarpitto
Raul SCHNABEL
Silvio Schneck
Clara Schor-Landman
Carlos Schroëder
Ruben Schrott
Federico Schuster
Juan Scolarici
Liliana Secchi
Marcelo Lira Segovia
Silvina Segundo
Susana Sel
Graciela Sessa
Margarita Sgro
Monica Sifrim
Silvia Sigal
Paula Siganevich
Daniel Silber
Cristina Siscar
Sonia Skabala
Carlos Skliar
Alberto Sladogna
José Slimobich
Alejandro Socolovsky
Yamile Socolovsky
Sarah Eva Solzi
María Sonderéguer
Jaime Sorin
Luis Sotomayor
Isabel Steinberg
Enrique Stola
Eduardo Stupia
Alex Szarazgat
Alberto Szpunberg
Pablo Sztulwark
Mónica Szurmuk
Susana Szwarc
Beatriz Taber
Alfredo Tagle
Marcos Taire
Anú Talvari
Susana Tambutti
Silvina Tamous
Diego Tatián
Félix Temporetti
Enrique Tenenbaum
Carlos Terribili
Jorge Testero
Jorge Carlos Testero
Carlos Tobal
Mario Toer
Eva Tormo
Javier Trímboli
Hugo Trinchero
Jésica Tritten
Sergio Tucci
Fernando Ulibarri
Julio César Urien
Jerónimo Uturunco
Ladislao Uzin Olleros
Angelina Uzín Olleros
Gustavo Vaca Narvaja
Silvia Valdés
Luisa Valenzuela
Adolfo Valerga
Sobel Valeria
Osvaldo Raúl Valli
Carmen Varela
Guillermo Varela
Gustavo Varela
Omar David Varela
Marta Vasallo
Niko Vasiliadis
Hector Vazquez
Silvia Andrea Vázquez
Miguel Vedda
Ignacio Vélez
Ana Velia Druker
Susana Velleggia
Hilda Ventrice
Horacio Verbitsky
Ricardo Vernazza
Esteban Vernik
Claudia Vico
Juan Andres Videla
Maria Ines Vignoles
Norberto Vilar
Norberto Vilar
Alejandro Villa
Juan Diego Villa
Florencia Villafañe
Juano Villafañe
Cristina Villanueva
Susana Villavicencio
Alicia Villoldo-Botana
Paulina Vinderman
David Viñas
Daniel Viola
Silvia Vladimivsky
Andrés Waissman
Leticia Walther
Dennis Weisbrot
Guillermo Wierzba
Jorge Winter
Matías Wiszniewer
Silvia Woods
Ana Wortman
Laura Yasan
Claudio Yomaiel
Silvia Yuri
Oscar Zabala Berdaguer
Marta Zabaleta
Daniel Zaballa
Beatriz Zaidenknop
Graciela Zanini
Blanca Zavala
Gustavo Zilocchi
Graciela Zolezzi Faure
Enrique Felix Eduardo Zothner
Ana María Zubieta
María Zuker
Cristina Zuker
Jorge Zuviría
Pronunciamiento frente al clima político
“En defensa de un gobierno democrático popular amenazado, preservando la libertad de crítica”
Preocupados por el clima político que se ha instalado en la Argentina en las últimas semanas, 750 personas de la cultura, la educación, el periodismo, las ciencias, el cine, las artes, la poesía y la literatura, entre otras disciplinas, se pronunciaron con una “Carta Abierta”.
Se adjunta texto completo de la “Carta abierta 1” junto a las 750 firmas de las personas que han adherido hasta hoy.
El texto completo y las adhesiones se encuentran, además, en: http://cartaabiertaa.blogspot.com/
Adhesiones a: cartaabiertaa@yahoo.com.ar
domingo 27 de abril de 2008
Carta Abierta / 1
Como en otras circunstancias de nuestra crónica contemporánea, hoy asistimos en nuestro país a una dura confrontación entre sectores económicos, políticos e ideológicos históricamente dominantes y un gobierno democrático que intenta determinadas reformas en la distribución de la renta y estrategias de intervención en la economía. La oposición a las retenciones -comprensible objeto de litigio- dio lugar a alianzas que llegaron a enarbolar la amenaza del hambre para el resto de la sociedad y agitaron cuestionamientos hacia el derecho y el poder político constitucional que tiene el gobierno de Cristina Fernández para efectivizar sus programas de acción, a cuatro meses de ser elegido por la mayoría de la sociedad. Un clima destituyente se ha instalado, que ha sido considerado con la categoría de golpismo. No, quizás, en el sentido más clásico del aliento a alguna forma más o menos violenta de interrupción del orden institucional. Pero no hay duda de que muchos de los argumentos que se oyeron en estas semanas tienen parecidos ostensibles con los que en el pasado justificaron ese tipo de intervenciones, y sobre todo un muy reconocible desprecio por la legitimidad gubernamental.
Esta atmósfera política, que trasciende el «tema del agro», ha movilizado a integrantes de los mundos políticos e intelectuales, preocupados por la suerte de una democracia a la que aquellos sectores buscan limitar y domesticar. La inquietud es compartida por franjas heterogéneas de la sociedad que más allá de acuerdos y desacuerdos con las decisiones del gobierno consideran que, en los últimos años, se volvieron a abrir los canales de lo político. No ya entendido desde las lógicas de la pura gestión y de saberes tecnocráticos al servicio del mercado, sino como escenario del debate de ideas y de la confrontación entre modelos distintos de país. Y, fundamentalmente, reabriendo la relación entre política, Estado, democracia y conflicto como núcleo de una sociedad que desea avanzar hacia horizontes de más justicia y mayor equidad.
Desde 2003 las políticas gubernamentales incluyeron un debate que involucra a la historia, a la persistencia en nosotros del pasado y sus relaciones con los giros y actitudes del presente.
Un debate por las herencias y las biografías económicas, sociales, culturales y militantes que tiene como uno de sus puntos centrales la cuestión de la memoria articulada en la política de derechos humanos y que transita las tensiones y conflictos de la experiencia histórica, indesligable de los modos de posicionarse comprensivamente delante de cada problema que hoy está en juego.
En la actual confrontación alrededor de la política de retenciones jugaron y juegan un papel fundamental los medios masivos de comunicación más concentrados, tanto audiovisuales como gráficos, de altísimos alcances de audiencia, que estructuran diariamente «la realidad» de los hechos, que generan «el sentido» y las interpretaciones y definen «la verdad» sobre actores sociales y políticos desde variables interesadas que exceden la pura búsqueda de impacto y el raiting. Medios que gestan la distorsión de lo que ocurre, difunden el prejuicio y el racismo más silvestre y espontáneo, sin la responsabilidad por explicar, por informar adecuadamente ni por reflexionar con ponderación las mismas circunstancias conflictivas y críticas sobre las que operan.
Esta práctica de auténtica barbarie política diaria, de desinformación y discriminación, consiste en la gestación permanente de mensajes conformadores de una conciencia colectiva reactiva.
Privatizan las conciencias con un sentido común ciego, iletrado, impresionista, inmediatista, parcial. Alimentan una opinión pública de perfil antipolítica, desacreditadora de un Estado democráticamente interventor en la lucha de intereses sociales. La reacción de los grandes medios ante el Observatorio de la discriminación en radio y televisión muestra a las claras un desprecio fundamental por el debate público y la efectiva libertad de información. Se ha visto amenaza totalitaria allí donde la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA llamaba a un trato respetuoso y equilibrado del conflicto social.
En este nuevo escenario político resulta imprescindible tomar conciencia no sólo de la preponderancia que adquiere la dimensión comunicacional y periodística en su acción diaria, sino también de la importancia de librar, en sentido plenamente político en su amplitud, una batalla cultural al respecto. Tomar conciencia de nuestro lugar en esta contienda desde las ciencias, la política, el arte, la información, la literatura, la acción social, los derechos humanos, los problemas de género, oponiendo a los poderes de la dominación la pluralidad de un espacio político intelectual lúcido en sus argumentos democráticos.
Se trata de una recuperación de la palabra crítica en todos los planos de las prácticas y en el interior de una escena social dominada por la retórica de los medios de comunicación y la derecha ideológica de mercado. De la recuperación de una palabra crítica que comprenda la dimensión de los conflictos nacionales y latinoamericanos, que señale las contradicciones centrales que están en juego, pero sobre todo que crea imprescindible volver a articular una relación entre mundos intelectuales y sociales con la realidad política. Es necesario crear nuevos lenguajes, abrir los espacios de actuación y de interpelación indispensables, discutir y participar en la lenta constitución de un nuevo y complejo sujeto político popular, a partir de concretas rupturas con el modelo neoliberal de país. La relación entre la realidad política y el mundo intelectual no ha sido especialmente alentada desde el gobierno nacional y las políticas estatales no han considerado la importancia, complejidad y carácter político que tiene la producción cultural.
En una situación global de creciente autonomía de los actores del proceso de producción de símbolos sociales, ideas e ideologías, se producen abusivas lógicas massmediáticas que redefinen todos los aspectos de la vida social, así como las operaciones de las estéticas de masas reconvirtiendo y sojuzgando los mundos de lo social, de lo político, del arte, de los saberes y conocimientos. Son sociedades cuya complejidad política y cultural exige, en la defensa de posturas, creencias y proyectos democráticos y populares, una decisiva intervención intelectual, comunicacional, informativa y estética en el plano de los imaginarios sociales.
Esta problemática es decisiva no sólo en nuestro país, sino en el actual Brasil de Lula, en la Bolivia de Evo Morales, en el Ecuador de Correa, en la Venezuela de Chávez, en el Chile de Bachelet, donde abundan documentos, estudios y evidencias sobre el papel determinante que asume la contienda cultural y comunicativa y las denuncias contra los medios en manos de los grupos de mercado más concentrados. Es también en esta confrontación, que se extiende al campo de la lucha sobre las narraciones acerca de las historias latinoamericanas, donde hoy se está jugando la suerte futura de varios gobiernos que son jaqueados y deslegitimados por sus no alineamientos económicos con las recetas hegemónicas y por sus «desobediencias» políticas con respecto a lo que propone Estados Unidos.
Reconociendo los inesperados giros de las confrontaciones que vienen sucediéndose en esta excepcional edad democrática y popular de América Latina desde comienzos de siglo XXI, vemos entonces la significación que adquiere la reflexión crítica en relación a las vicisitudes entre Estado, sociedad y mercado globalizado. Uno de los puntos débiles de los gobiernos latinoamericanos, incluido el de Cristina Fernández, es que no asumen la urgente tarea de construir una política a la altura de los desafíos diarios de esta época, que tenga como horizonte lo político emancipatorio.
Porque no se trata de proponer un giro de precisión académica a los problemas, sino de una exigencia de pasaje a la política, en un tiempo argentino en el que se vuelven a discutir cuestiones esenciales que atraviesan nuestras prácticas. Pasaje hacia la política que nos confronta con las dimensiones de la justicia, la igualdad, la democratización social y la producción de nuevas formas simbólicas que sean capaces de expresar las transformaciones de la época. En este sentido es que visualizamos la originalidad de lo que está ocurriendo en América Latina (más allá de las diferencias que existen entre los distintos proyectos nacionales) y los peligros a los que nos enfrentamos, peligros claramente restauracionistas de una lógica neoliberal hegemónica durante los años noventa.
Teniendo en cuenta esta escena de nuestra actualidad, nuestro propósito es aportar a una fuerte intervención política –donde el campo intelectual, informativo, científico, artístico y político juega un rol de decisiva importancia– en el sentido de una democratización, profundización y renovación del campo de los grandes debates públicos. Estratégicamente se trata de sumar formas políticas que ayuden a fecundar una forma más amplia y participativa de debatir.
Nos interesa pues encontrar alternativas emancipadoras en los lenguajes, en las formas de organización, en los modos de intervención en lo social desde el Estado y desde el llano, alternativas que puedan confrontar con las apetencias de los poderes conservadores y reactivos que resisten todo cambio real. Pero también que pueda discutir y proponer opciones conducentes con respecto a los no siempre felices modos de construcción política del propio gobierno democrático: a las ausencias de mediaciones imprescindibles, a las soledades enunciativas, a las políticas definidas sin la conveniente y necesaria participación de los ciudadanos. Una nueva época democrática, nacional y popular es una realidad de conflictos cotidianos, y precisa desplegar las voces en un vasto campo de lucha, confiar, alentar e interactuar.
En este sentido, sentimos que las carencias que muchas veces muestra el gobierno para enfocar y comprender los vínculos, indispensables, con campos sociales que no se componen exclusivamente por aquellos sectores a los que está acostumbrado a interpelar, no posibilitan generar una dinámica de encuentro y diálogo recreador de lo democrático-popular. Creemos indispensable señalar los límites y retrasos del gobierno en aplicar políticas redistributivas de clara reforma social. Pero al mismo tiempo reconocemos y destacamos su indiscutible responsabilidad y firmeza al instalar tales cuestiones redistributivas como núcleo de los debates y de la acción política desde el poder real que ejerce y conduce al país (no desde la mera teoría), situando tal tema como centro neurálgico del conflicto contra sectores concentrados del poder económico.
Todo lo expresado y resumido da pie a la necesidad de creación de un espacio politico plural de debate que nos reúna y nos permita actuar colectivamente. Experiencia que se instituye como espacio de intercambio de ideas, tareas y proyectos, que aspira a formas concretas de encuentro, de reflexión, organización y acción democrática con el gobierno y con organizaciones populares para trabajar mancomunadamente, sin perder como espacio autonomía ni identidad propia. Un espacio signado por la urgencia de la coyuntura, la vocación por la política y la perseverante pregunta por los modos contemporáneos de la emancipación.
Buenos Aires, 19 de abril de 2008
ADHESIONES HASTA EL 10 DE MAYO DE 2008.
NOMBRE APELLIDO
Mónica Abella
Néstor Abramovich
Gustavo Abrevaya
Nilda Actis Goretta
Leonor Acuña
Sergio Leandro Agoff
Nelson Agostini
Horacio Mario Aguilar
Silvia Aguilar
José Luis Aguirre
Marìa Margarita Aguirre
Silvia Agulleiro
Norberto Alayón
Andrés Aldao
Carlos J. Aldazábal
Jorge Alemán
Julio Alemán
Fernando Alfón
Jorge Aliaga
Ana Victoria Aliende Pierantoni
David Aljanati
Alberto Alonso
Gustavo Alonso
Carlos Altschul
Federico Alvarez Lanson
Héctor Jorge Alvaro
Ana Amado
Olga Aman
Ana Amorosini
Federico Andahazi
Leandro Andrini
Eduardo Anguita
Nora Aquín
Horacio Aranda Gamboa
Javier Araujo
Elena Archain
Alejandro Archain
Gloria Arcuschin
Ricardo Arias
Nicolás Arispe
Fernando Azcoaga
Diego Baccarelli
Maria Bagnat
Alejandro Balazote
Alejandro Balestieri
Oscar Balestieri
Deborah Balietti
María Eugenia Ball Lima
Oscar Baradel
Carlos Barbarito
Susana Barco
Domingo Andres Barrado
Ricardo Bartís
Cristina Bartolucci
Alcira Bas
Roberto Baschetti
Domingo Basile
Adriana Bastos
Vicente Battista
Horacio Walter Bauer
María Cristina Bazerque
Cristina Béjar
Marta Bellardi
Diana Bellessi
Rodolfo Beltramini
Rodolfo J. Beltramini
Edith Benedetti
Luis Benítez
Silvia Berajá
Francisco Berdichevsky Linares
Ana Berezin
Adolfo Bergerot
Olga Beriachetto
Carlos Berman
Carlos Bernatek
Jorge Bernetti
Emilio Bernini
Patricia Berrotarán
Marta Bertolino
Concepción Bertone
Marcelo Bertuccio
Graciela Biagini
Augusto Bianco
Gabriel M. Bilmes
Hugo Biondi
Fernando Birri
Rafael Blanco
David Blaustein
Jordana Blejmar
Jorge Boccanera
Jorge Boccanera
Adriana A. Bocchino
Vilma Bonetto
Alcira B. Bonilla
Roberto Bonilla
Jorge Booth
Enrique Borcel
Gabriela Borgna
Charly Borja
Ruben Borre
Mirta Bosch
María Victoria Bourdieu
Carlos Boyle
Rodolfo Braceli
Florencia Braga Menéndez
Andrea Bragas
Nora Britos
Matías Bruera
Mario J. Buchbinder
Alcira B. Burak
Daniel Burak
Mario Burgos
Mario Burkun
Roberto O. Bustos
Elena Cabrejas
Cecilia Calandria
Sergio Caletti
Manu Callau
Rubén M. Calmels
Pilar Calveiro
Liliana Campazzo
Edith Cámpora
Daniel Cantero
Mario Capasso
María Elia Capella
Darío Capelli
Julio Carabelli
Pablo Esteban Carabelli
Diego Caramés
Germán Roberto Carbajal
Alfredo Juan Manuel Carballeda
Carlos Norberto Carbone
Jorge Guillermo Carbone
Federico CARETTI
Magdalena Caretti
Teresa Caretti
Teresa CARETTI
Paula Caretti Pujol
Joaquín Caretti Ríos
Jorge Carpio
Ricardo Carrena
Carlos Carrique
Rocco Casa
Rodolfo Casals
Rúben Casiraghi
Gladys Casrro
Ana Castaño
Cristina Castello
Leopoldo "Teuco" Castilla
Mary Modesta Castro
Mariana Casullo
Nicolás Casullo
Gisela Catanzaro
Ana Cauerhff
Aníbal Cedrón
José Antonio Cedrón
Alberto Celentano
Susana Cella
Matías Cerezo
Elda Cerrato
Romina Chávez Díaz
Susana Checa
Silvia Chejter
Alejandro Cherep
Magdalena Chiara
María Cristina Chillida
Leandro Chulak
Noemí Ciollaro
Martín José Ciordia
Diana Coblier
Gerardo Codina
Javier Cófreces
Marcela Colcerniani
Mónica Colombara
Patricio Contreras
Ivonne Copetti
Néstor Corsini
Marcelo Cosin
Roberto Tito Cossa
Ricardo Costa
Américo Cristófalo
Diana Cruces
Rubén Cucuzza
Fernando Cukierman
Cristina Curuchelar
Gabriel D'Iorio
Enrique Dacal
Claudia Dagostino
Mirta Dans
Irma Dariozzi
Rodrigo Daskal
Marcela De Barruel
Hugo De Cristóforis
Carlos De Feo
Carlos De Lorenzo
Diego De Menech
María De Pauli
Oscar A. De Sanctis
Oscar A. De Sanctis
Sergio Del Piero
Magdalena Demarco
Vicente Di Cione
Carlos E. Díaz
Oscar Díaz
Rodolfo DIRINGUER
Jorge Dobal
Juan Dobòn
Cristina Domenech
Nora Dominguez
Jorge Dubatti
Osvaldo Dubini
Osvaldo Dubini
Victor Ducrot
Victor Ego Ducrot
Cecilia Duhau
Sonia E Durand
Ana Elias
Nora Emilce Elichiry
Cristina Erbaro
Carlos Eroles
Marcelo Adrián Eschoyez
Ximena Espeche
Patricia Esper
Juan Alberto Etcheverry
Lidia Etkin
Daniel Ezcurra
Eduardo Fachal
Adrian Faigon
Ana M. Falcòn
Matías Farias
Marcelo Faure
Julián Fava
Cristina Feijóo
José Pablo Feinmann
Hugo Arturo Feraud
Edgardo Fernandez
Julio Fernandez
Pablo Fernandez
Zulema Fernandez
Gerardo Fernández
Julio Fernández
Julio Fernández Baraibar
Isabel Fernandez Blanco
Maximiliano Fernández De Lorenzo
Javier Fernández Míguez
Javier Fernández Míguez
Claudio Ferrari
León Ferrari
Ruben Ferrero
Lilia Ferreyra
Roberto Ferro
Corina Fiorillo
Cecilia Flaschland
Jorge Flores
Claudia Fogo
Marita Foix
Juan Manuel Fonrouge
Jorge Fontanals
Edgardo Form
Juan Forn
Candelaria Fornerón
Alejandro Forster
Ricardo Forster
Eduardo Foulkes
Cristina Fraire
Daniel Freidemberg
Daniel Freidemberg
Javier Frère
Marcelo Frias
Marcelo "Nono" Frondizi
Laura Fumagalli
Patricia Funes
Juan Furlino
Néstor Piru Gabetta
Maria Jose Gabin
Jorge Gaggero
Oscar Galante
Javier Galarza
Norberto Galasso
Ana Luisa Galeano
Lily Galeano
Luisa Irma Galli
Susana Gamba
Eduardo Garavaglia
Eduardo Garavaglia
Dora García
Soledad García
Susana García Iglesias
Liliana García Nudelman
Soledad García Quiroga
Gilou García Reinoso
Mariano Juan Garreta
María Laura Garrido
Eduardo Garriga
Luis Gasloli
Miguel Gaya
Juan Gelman
Alicia Genzano
Marisa Germain
Octavio Getino
Mercedes Giallorenzi
Juan Giani
Luz Gibert
Alicia Gillone
Carlos Girotti
Andrea Giunta
Eduardo Giuria
José Glusman
Julio Godio
Norma Goicoechea
Irene Gojman
Alejandro Goldberg
Martha Goldin
Jorge M. Goldszmidt
Liliana Gomez
Florencia Gómez
Norma Gómez Tomasi
Arturo Gomez Zayas
Ana I. Gonzalez
Carmen Gonzalez
Carmen Sara Gonzalez
Dora Gonzalez
Héctor González
Horacio González
Jonio González
Leopoldo González
Ana Gonzalez
Eladio González
Jacob Goransky
Mario José Grabivker
Graciela Graham
María Inés Grimoldi
Ezequiel Grimson
Claudio Guevara
Jorge Gugliotta
Guido Guidi
Graciela Guilis
Graciela Gutman
Roberto Gutman
Leonardo Gutman
Ricardo Halac
Rodolfo Hamawi
Olga Hammar
Laura Hatton
Arianne Hecker
Liliana Heer
Liliana
Carlos Heker
Heller
Hilda Heller
Amado Heller
Andrea Hernández
Liliana Herrero
Flora Hillert
Cecilia Hopen
Benjamin Hopenhayn
Gabriel Huarte
Santiago Hynes
Lido Iacomini
Gabriel Impaglione
Cecilia Incarnato
Maria Iribarne
Silvina Irrasabal
Jorge Isaias
Ines Izaguirre
Raquel Jaduszliwer
Beatriz Janin
Noé Jitrik
Eduardo Jozami
Nemesio
Juan Carlos Juarez
Junio
Silvia Jurovietzky
Tamara Kamenszain
Tamara Kamentzain
Mauricio Kartun
Mauricio Kartun
Alejandro Kaufman
Norma Kisel
Sergio Kisielewsky
Mora Kleiman
Bernardo Kñallinsky
Maggie De Koenigsberg
Alejandra Kohon
Luis Kon
Guillermo Korn
Ricardo Krakobsky
Silvia Kratz
Ernesto Laclau
Laura I Lacreu
Oscar Laiguera
Alicia Lamas
Alberto Jorge Lapolla
Lucía Laragione
Héctor Laurencena
Pablo Lavarello
Andrés Lazzarini
María Ledesma
Claudio Lentz
María Rosa León
Matías Leoni
Angel Lepiscopo
Eugenia Levin
Héctor Levy
Dora E. Levy Yeyati
Roberto Leydet
Ari Lijalad
Marcelo Lo Pinto
Silvia Long-Ohni
María Pia López
Alejandro López Accotto
Ana Inés López Accotto
Roberto Pedro Lopresti
Federico Lorenz
Félix Lorenzo
Martina Lorenzutti
Damian Loreti
Laura Lueiro
Liliana Lukin
Jorge Ariel Madrazo
Ariel Magirena
Ariel Magirena
Carlos Maida
Mabel Maidana
Brenda Maier
Silvia Maldonado
Stella Maldonado
Fortunato Mallimaci
Alejandro Manrique
Tito Mansur
Inés Manzano
Daniel Marcove
Diana Margulis
Elisa Marino
Patricia Markowicz
Andrea Martin
Guillermo Martínez
Rodolfo Mascali
Romina Mateos
Alicia Mato
Alicia Mato
Liliana N. Mayoral
Cristina Mazzino
Roberto Mazzuca
María Cristina Melano
Andrés Méndez
Carolina Mera
Adrian Gustavo Mercado
Tununa Mercado
Teresa Merediz
Angela Merino
Rolando Mermet
Oscar Meza
Martín "Poni" Micharvegas
Ilda Micucci
Marina Moguillansky
Daniel Mojica
Daniel Mojica
Oscar M. Molek
Emilce Moler
Eduardo Molina Y Vedia
Eduardo Molinari
Héctor Molinari
Maximiliano A Molocznik
Laura Mombello
Federico Monczor
Patricia Monsalve
Alejandro Montalbán
Eduardo Montebello
Federico Montero
Ángela Montero Neira
Raúl Daniel Montoya
Isabel Monzón
Jorge Moreira
Jorge E. Moreira
Alfredo Moreno
Oscar Moreno
Hector Moretti
Liliana Morsella
Blanca Moscato
Mariana Moyano
Jose Mujica
Alberto Muller
Eduardo Müller
Micaela Muñoz
Mariana Muraca
Daniel Muxica
Alicia S. Muzio
Leopoldo Nacht
Ricardo Nacht
Alberto Nadra
Alejandra Naftal
Jack Nahmías
Eduardo Narvaez
Aurelio Narvaja
Ricardo Natch
Esteban Nicotra
Javier Nobile
Aldo Luis Novelli
Beatriz Ocampo
María Julieta Oddone
José A. Olabe
Héctor Oliboni
Raúl Oliveri
Silvia Ontivero
Walter Operto
Julio Ordano
Celeste Orozco
Norma Osnajanski
Olga Ostuni
Magalí Rud Otheguy
María Otheguy
Santiago Carlos Oves
Salomón Paio Melul
Roxana Palacios
Ariel Paladino
Diana Paladino
José María Pallaoro
Lydia Pallavicini
Horacio Paone
Delia Pardo
Aldo Parfeniuk
Aldo Parfeniuk
Alberto Parisí
Alberto Parisí
Maximo Parpagnoli
Salo Pasik
Delia Pasini
Lila Pastoriza
Carlos Patiño
Nora Patrich
Licha Paulucci
Noemí Paviglia
Eduardo "Tato" Pavlovsky
Juan Carlos Pavoni
Alejandra Paz
Manuel Enrique Pedreira
Eduardo Peduto
Juan Pelitti
Viviana F. Pelle
Claudio Pena
Ana Paula Penchaszadeh
Víctor Penchaszadeh
Federico Pensado
Javier Peñoñori
Roxana Perazza
Marcelo Percia
Sara Isabel Pérez
Gustavo Pérez Adad
Cristina Perez Darriba
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Carlos Pérez Rasetti
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Pablo Pineau
Liliana Piñeiro
María Lidia Piotti
Santiago Coco Plaza
Guillermo Pochettino
Héctor Poggiese
Juan Polaco
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Liliana Ponce
Viviana Ponieman
Daniel Ponzo
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Nicolás Pregi
Cecilia Propato
Nicolás Puente
Sergio A. Pujol
Héctor Puyo
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Aída Quintar
Pablo Quintero
Lorenzo Quinteros
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Liliana Raggio
Elena Raimondi
Ana María Ramb
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Héctor F. Ranea Sandoval
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Graciela E. Rendon
Jorge Retamoza
Jorge Miguel Reyes
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Graciela E. Rodríguez
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Homero Rodolfo Saltalamacchia
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Maria Ines Vignoles
Norberto Vilar
Norberto Vilar
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Juano Villafañe
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Susana Villavicencio
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Paulina Vinderman
David Viñas
Daniel Viola
Silvia Vladimivsky
Andrés Waissman
Leticia Walther
Dennis Weisbrot
Guillermo Wierzba
Jorge Winter
Matías Wiszniewer
Silvia Woods
Ana Wortman
Laura Yasan
Claudio Yomaiel
Silvia Yuri
Oscar Zabala Berdaguer
Marta Zabaleta
Daniel Zaballa
Beatriz Zaidenknop
Graciela Zanini
Blanca Zavala
Gustavo Zilocchi
Graciela Zolezzi Faure
Enrique Felix Eduardo Zothner
Ana María Zubieta
María Zuker
Cristina Zuker
Jorge Zuviría
13 mayo 2008
LOS PALESTINOS QUE NO EXISTEN
Unos 3.000 palestinos que perdieron su documentación hace 60 años viven en el limbo
MÓNICA G. PRIETO
BEIRUT.- Sesenta años después de la declaracion de independencia israelí en la Palestina bajo mandato británico, se puede hablar de varias categorías de palestinos: los ocupados, habitantes de la Cisjordania tomada por militares y colonos hebreos; los cercados, un millón y medio de habitantes de Gaza controlados por tierra, mar y aire por Tel Aviv; los refugiados, 5,5 millones de exiliados, la mayoría en condiciones lamentables, acogidos en los países del entorno; y los que, sencillamente, no existen.
Mohamed Yusef es uno de esos 3.000 ciudadanos sin identidad. Nació en Ramala hace 64 años, cuatro antes de que la política emprendida por la minoría judía para expulsar a la población natal –descrita por el historiador israelí Ilan Pappe como la "limpieza étnica de los palestinos"- comenzase.
"Sólo tenía cuatro años, pero recuerdo las calles de Ramala, la mezquita y la iglesia", dice hoy Yusef con la voz rota por el tabaco desde una desconchada oficina del campo de refugiados de Shatila, en Beirut. "Si no tuviera recuerdos no tendría identidad", farfulla en protesta por las dudas de tan tempranos recuerdos.
En 1948, su familia se marchó de la ciudad por miedo a las milicias judías y se estableció en Jordania, donde recibió un pasaporte en el que figuraba como palestino de origen. Con la mayoría de edad Mohamed se integró en el Ejército jordano, pero tras la Guerra de los Seis Días que derivó en la conquista israelí de toda Palestina, parte de Siria y de Egipto, el soldado Yusef se sumó a la escisión que nutrió las filas de Yasir Arafat para "participar en la revolución palestina".
Los ataques más espectaculares de las facciones y las repuestas israelíes comenzaban a afectar a Jordania, y el rey Husein decidió combatir, en septiembre de 1970 –conocido como el ‘Septiembre Negro’- a los palestinos. En julio de 1971, Arafat y sus combatientes de la Organización para la Liberación de Palestina, entre ellos Mohamed, fueron expulsados del reino.
Así fue como Mohamed se convirtió en nadie. Ninguna autoridad le pidió papeles para acceder al exilio libanés, pero una vez allí su pasaporte le expiró y la embajada jordana en Beirut se negó a renovárselo al haber sido expulsado.
Ahora, ni el Gobierno de Beirut ni la UNRWA, agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, le reconocen, como no reconocen a otros 3.000 palestinos en su situación, la mayoría combatientes y allegados y la minoría, personas que simplemente perdieron sus documentos durante su huída.
"Me siento un fugitivo, permanentemente humillado", se queja Yusef. "No me atrevo a salir del campo de refugiados por miedo a que me detengan. Construí cuatro casas y de las cuatro me echaron por no tener papeles. La ONU me considera jordano y no palestino, y los jordanos me consideran palestino y dicen que no me pueden ayudar", se lamenta este hombre con seis hijos, todos ellos herederos de su condición de inexistentes.
Ahmed Talal. (Foto: M.G.P.)
Ciudadanos de segunda clase
Los refugiados palestinos asentados en el Líbano son tratados, de por sí, como ciudadanos de segunda clase. Los 400.000 exiliados tras la Naqba de 1948 –el ‘desastre’, como califican a la campaña de expulsiones que siguió a la declaración del Estado israelí que ahora celebra Tel Aviv con gran boato- o la campaña de 1967 no pueden acceder a 72 trabajos, según la Constitución libanesa, ni poseer una vivienda, como tampoco acceden nunca a un sueldo digno por alta que sea su formación profesional.
En el caso de los no documentados, ni siquiera pueden poseer un coche o un teléfono móvil, dado que no tienen un carné que presentar para firmar un contrato. "No puedo ni vender cafés o limpiar botas", se lamenta Mohamed.
Ahmed Talal, de 58 años, tiene más suerte: al ser empleado de la OLP recibe un salario por su trabajo en Shatila. Enseña su acreditación con orgullo, pese a ser inservible: un folio plastificado con el membrete de la OLP en Beirut que le identifica como nacido en Gaza.
"Si salgo del campo pueden arrestarme o no, depende del humor del oficial de turno, porque las autoridades no reconocen este papel", explica. Ahmed cuenta que fue expulsado en 1967 de Gaza, durante la Guerra de los Seis Días, y que tras pasar por Egipto, en Siria le afectó el ‘Septiembre Negro’ y fue expulsado como otros muchos militantes.
Talal había partido de Gaza sin papeles, así que nunca tuvo documentos. "Antes no los necesitábamos", se sonríe. Ahora, sin ellos no puede hacer nada. "Por eso dejé a mi mujer y mis hijos en Siria, donde el certificado de la OLP es suficiente para que les permitan estar registrados, tener estudios y comprar una casa", puntualiza.
"Yo no puedo visitarles por miedo a que me arresten en el camino, pero dentro de dos años, cuando me jubile, me arriesgaré para reunirme con ellos en Damasco".
La casa de Talal, dos habitaciones insalubres propiedad de la UNRWA, es tan austera que carece de cualquier objeto prescindible. "La única propiedad que tengo es el recuerdo de Gaza, y es precisamente lo único que no puedo recuperar", se lamenta.
MÓNICA G. PRIETO
BEIRUT.- Sesenta años después de la declaracion de independencia israelí en la Palestina bajo mandato británico, se puede hablar de varias categorías de palestinos: los ocupados, habitantes de la Cisjordania tomada por militares y colonos hebreos; los cercados, un millón y medio de habitantes de Gaza controlados por tierra, mar y aire por Tel Aviv; los refugiados, 5,5 millones de exiliados, la mayoría en condiciones lamentables, acogidos en los países del entorno; y los que, sencillamente, no existen.
Mohamed Yusef es uno de esos 3.000 ciudadanos sin identidad. Nació en Ramala hace 64 años, cuatro antes de que la política emprendida por la minoría judía para expulsar a la población natal –descrita por el historiador israelí Ilan Pappe como la "limpieza étnica de los palestinos"- comenzase.
"Sólo tenía cuatro años, pero recuerdo las calles de Ramala, la mezquita y la iglesia", dice hoy Yusef con la voz rota por el tabaco desde una desconchada oficina del campo de refugiados de Shatila, en Beirut. "Si no tuviera recuerdos no tendría identidad", farfulla en protesta por las dudas de tan tempranos recuerdos.
En 1948, su familia se marchó de la ciudad por miedo a las milicias judías y se estableció en Jordania, donde recibió un pasaporte en el que figuraba como palestino de origen. Con la mayoría de edad Mohamed se integró en el Ejército jordano, pero tras la Guerra de los Seis Días que derivó en la conquista israelí de toda Palestina, parte de Siria y de Egipto, el soldado Yusef se sumó a la escisión que nutrió las filas de Yasir Arafat para "participar en la revolución palestina".
Los ataques más espectaculares de las facciones y las repuestas israelíes comenzaban a afectar a Jordania, y el rey Husein decidió combatir, en septiembre de 1970 –conocido como el ‘Septiembre Negro’- a los palestinos. En julio de 1971, Arafat y sus combatientes de la Organización para la Liberación de Palestina, entre ellos Mohamed, fueron expulsados del reino.
Así fue como Mohamed se convirtió en nadie. Ninguna autoridad le pidió papeles para acceder al exilio libanés, pero una vez allí su pasaporte le expiró y la embajada jordana en Beirut se negó a renovárselo al haber sido expulsado.
Ahora, ni el Gobierno de Beirut ni la UNRWA, agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, le reconocen, como no reconocen a otros 3.000 palestinos en su situación, la mayoría combatientes y allegados y la minoría, personas que simplemente perdieron sus documentos durante su huída.
"Me siento un fugitivo, permanentemente humillado", se queja Yusef. "No me atrevo a salir del campo de refugiados por miedo a que me detengan. Construí cuatro casas y de las cuatro me echaron por no tener papeles. La ONU me considera jordano y no palestino, y los jordanos me consideran palestino y dicen que no me pueden ayudar", se lamenta este hombre con seis hijos, todos ellos herederos de su condición de inexistentes.
Ahmed Talal. (Foto: M.G.P.)
Ciudadanos de segunda clase
Los refugiados palestinos asentados en el Líbano son tratados, de por sí, como ciudadanos de segunda clase. Los 400.000 exiliados tras la Naqba de 1948 –el ‘desastre’, como califican a la campaña de expulsiones que siguió a la declaración del Estado israelí que ahora celebra Tel Aviv con gran boato- o la campaña de 1967 no pueden acceder a 72 trabajos, según la Constitución libanesa, ni poseer una vivienda, como tampoco acceden nunca a un sueldo digno por alta que sea su formación profesional.
En el caso de los no documentados, ni siquiera pueden poseer un coche o un teléfono móvil, dado que no tienen un carné que presentar para firmar un contrato. "No puedo ni vender cafés o limpiar botas", se lamenta Mohamed.
Ahmed Talal, de 58 años, tiene más suerte: al ser empleado de la OLP recibe un salario por su trabajo en Shatila. Enseña su acreditación con orgullo, pese a ser inservible: un folio plastificado con el membrete de la OLP en Beirut que le identifica como nacido en Gaza.
"Si salgo del campo pueden arrestarme o no, depende del humor del oficial de turno, porque las autoridades no reconocen este papel", explica. Ahmed cuenta que fue expulsado en 1967 de Gaza, durante la Guerra de los Seis Días, y que tras pasar por Egipto, en Siria le afectó el ‘Septiembre Negro’ y fue expulsado como otros muchos militantes.
Talal había partido de Gaza sin papeles, así que nunca tuvo documentos. "Antes no los necesitábamos", se sonríe. Ahora, sin ellos no puede hacer nada. "Por eso dejé a mi mujer y mis hijos en Siria, donde el certificado de la OLP es suficiente para que les permitan estar registrados, tener estudios y comprar una casa", puntualiza.
"Yo no puedo visitarles por miedo a que me arresten en el camino, pero dentro de dos años, cuando me jubile, me arriesgaré para reunirme con ellos en Damasco".
La casa de Talal, dos habitaciones insalubres propiedad de la UNRWA, es tan austera que carece de cualquier objeto prescindible. "La única propiedad que tengo es el recuerdo de Gaza, y es precisamente lo único que no puedo recuperar", se lamenta.
11 mayo 2008
EL SUEÑO DE HILLARY CLINTON SE DESVANECE

"Hillary Clinton acaba esta carrera totalmente desfigurada, convertida en una auténtica sombra de lo que un día representó".
TODO: No siempre se debe votar por el mal menor. Mas cuando se trata del gendarme del planeta, no da lo mismo el candidato republicano que Barak Obama. Tampoco da lo mismo la candidatura de Hillary Clinton o la de Obama. El comentario de Antonio Caño
pone de relieve el lado siniestro, la arrogancia y la doble moral de la mujer del ex presidente. Sólo un detalle deseamos aclarar: el supuesto apoyo que recibe dela "clase obrera"... Esa "clase obrera" no es otra cosa que la aristocracia obrera estadounidense, bien paga, no la reclutan para ir a Irak y por supuesto que es una capa social que se desmarca de un candidato "negro"... ¡El tiempo dirá!
La candidata se resiste a renunciar al sueño de toda una vida pese al daño que causa a su partido
ANTONIO CAÑO - Washington - 11/05/2008
Poca gente ha invertido antes tanto en la conquista de una ambición. No son sólo los 150 millones de dólares derrochados en la promoción de una candidatura finalmente al borde de la derrota. Son los años de sacrificio profesional, de renuncias personales, de maniobras dolorosas a la espera de esta oportunidad histórica. Son todas las ilusiones frustradas de millones de mujeres que contaban con que una de ellas llegaría esta vez hasta lo más alto. Es el objetivo de toda una vida que se escapa entre los dedos como un pez. Así de dramático es este momento para Hillary Clinton, antes Hillary Rodham Clinton y antes aun sólo Hillary Rodham o Hillary a secas.
Artificial, calculadora y algo maquiavélica: así ven muchos a la candidata
Una razón de su fracaso es su arrogancia de ganadora
En esta campaña Hillary ha sido finalmente Clinton, la esposa de Clinton
De aquella primera, de la joven feúcha y rebelde estudiante de derecho en Illinois, queda una voracidad y un espíritu de lucha que han sido siempre sus mejores armas. De la segunda, de la feminista que peleaba por su apellido y se negaba a ser la típica primera dama condenada a cocinar pasteles, de aquel personaje que se ganó la admiración de muchas mujeres de su generación y alcanzó enorme cotización internacional, sobrevive poco, apenas un recuerdo. La última versión, la de la senadora Clinton, la rica propietaria de una mansión en Chappaqua (Nueva York) con incontenible sed de poder, es la que queda después de tantos años y la que, probablemente, va a ser relegada a la marginalidad política.
Hay muchas y diversas razones que pueden explicar el más que probable fracaso de Hillary Clinton. Una de ellas ha sido la arrogancia con la que una candidata, que se veía ganadora indiscutible, preparó una campaña (dirigida por Mark Penn, un tipo odiado por los más fieles a la senadora) y almacenó recursos para llegar únicamente al supermartes, convencida de que ahí acabaría todo. Por el contrario, ahí se desfondó y a partir de ahí Obama cimentó su victoria.
Esa misma arrogancia, seguramente, tiene la culpa de haber infravalorado el desgaste que el apellido Clinton había sufrido después de tantos años en política y de no haber tenido en cuenta la resistencia de muchos norteamericanos a mantener el ciclo alternativo de Bush-Clinton en la Casa Blanca. "Ser un reputado símbolo de Washington no es lo que la gente busca en un año de cambio", dijo en su día David Axelrod, el jefe de la campaña de Obama.
Hillary Clinton quiso llegar a la Casa Blanca con las reglas tradicionales. Buscando el dinero en las poderosas fuentes tradicionales. Y eso, no sólo la convirtió en una candidata tradicional, sino que la privó de conseguir recursos financieros en medios más originales, como Obama ha hecho con tanto éxito.
Pero quizá por encima de todo eso, la razón última de la derrota de Clinton tiene que ver, más profundamente, con la apuesta por ese apellido y con esas oscilaciones vitales que han conseguido transmitir de ella la imagen de una persona artificial, calculadora, deshonesta -más de un 60% de los propios electores demócratas así lo dice- y algo maquiavélica.
En esta campaña Clinton ha sido, finalmente, Clinton, la esposa de Clinton, la mujer del ex presidente de quien tan buen recuerdo guardan los norteamericanos (o los suficientes norteamericanos). Después de años de humillaciones por una bien publicitada cadena de traiciones sexuales de parte de su marido (Paula Jones, Gennifer Flowers...). Tras haber asistido en silencio al juicio universal sobre el más famoso caso de infidelidad de la historia (Monica Lewinsky), Hillary Clinton ha recurrido a Bill Clinton, no sólo como el principal agitador y cerebro de su campaña, sino como el modelo político a mostrar y, al menos en público, como los brazos en los que buscar apoyo y cobijo emocional. Algunos pueden ver en esa actitud una muestra de generosidad por parte de Hillary con el legítimo propósito de mantener un matrimonio o, simplemente, como el reconocimiento a los méritos del Bill presidente. Pero mucha otra gente lo ve como el frío cálculo de una persona capaz de soportar la más sangrante humillación en beneficio de su propia carrera.
Cuando esta campaña electoral empezó en Iowa, a principios de enero, todos sabían que esa imagen de Hillary Clinton estaba ya muy extendida entre los medios de comunicación y entre la clase política, particularmente entre los más cercanos compañeros de la senadora en el Capitolio. Pero en Iowa se comprobó que también había tomado cuerpo entre los votantes.
En última instancia, los ciudadanos votan por el candidato que más les gusta. Y, sí, Hillary Clinton está muy bien preparada intelectualmente, puede ser mejor comandante en jefe, tiene experiencia, coraje y está más próxima cultural y generacionalmente a un sector del electorado que es decisivo (estas virtudes le han permitido ganar por ahora 18 primarias). Todo eso es verdad. Pero no gusta lo suficiente a la mayoría y no le gusta en absoluto a mucha gente. ¡Cuánto valoraron los votantes aquellas lágrimas tan humanas en vísperas de las primarias de New Hampshire!
Puede aducirse que esto del gusto es una cuestión subjetiva y que puede ser incluso inducida desde los propios medios. Ciertamente, parte de la imagen negativa de Clinton -la bruja, el cerebro de una maquinaria invencible...- fue introducida hace ya tiempo por Rush Limbaugh, Bill O'Really y otros comentaristas ultras, a algunos de los cuales ha acudido ahora Clinton en su campaña. Pero hoy esa es una imagen que se ha extendido fuera de esos ambientes. Esta campaña contra Obama ha obligado a Hillary Clinton a tácticas tan destructivas contra su rival que un editorial de The New York Times, el mismo periódico que antes había pedido el voto para ella, la acusó de transitar "por el mal camino". Esta misma semana otro editorial de ese diario criticaba duramente el comportamiento divisionista de Clinton por unas declaraciones en las que afirmaba que "el apoyo de Obama entre los norteamericanos blancos acostumbrados a trabajar duro sigue disminuyendo". Eso es, quizá, una realidad estadística, si se refiere a las dificultades de Obama entre la clase obrera blanca, pero es también un flaco servicio a la unidad del Partido Demócrata en un momento decisivo.
Clinton acaba esta carrera electoral con el apoyo de los blancos de clase obrera y áreas rurales que siempre la despreciaron, como una inverosímil heroína del proletariado capaz de soltar exabruptos desde la barra de un bar mugriento. Acaba como una especie de última esperanza blanca. Acaba concediendo una entrevista a Fox, otrora estandarte de la guerra en su contra. "Ha encontrado tarde su verdadero lugar en esta campaña", asegura el columnista conservador Charles Krauthammer. Acaba con menos de un 10% del voto negro, derrotada en todos los núcleos urbanos con excepción de su distrito de Nueva York, rechazada por los intelectuales y señalada por los jóvenes como una barrera a sus renovadas ilusiones políticas. Hillary Clinton acaba esta carrera totalmente desfigurada, convertida en una auténtica sombra de lo que un día representó.
Sin embargo, todavía no se ha ido de la carrera. Todavía tiene oportunidad de dejar esta batalla de forma que, como dice The New York Times, "preserve su integridad y su influencia". "El cálculo que Clinton está haciendo en estos momentos es mucho más sobre la historia que sobre la política", afirma la columnista Karen Tumulty. En cierta medida Hillary Clinton ya ha hecho historia. "Si una mujer llega alguna vez a la Casa Blanca será en parte gracias al trabajo de Hillary Clinton en la campaña", afirma la escritora Susan Faludi. Si en este momento de su vida pudiera tener la serenidad y la humildad de dar su ambición por saciada, a los 60 años, podría todavía contribuir de forma muy apreciable a que ahora sea su país el que siga haciendo historia. Obama la necesita.
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