El Gobierno da marcha atrás y el Ejército no se atreve a desmantelar la red telefónica de Hezbolá
JUAN MIGUEL MUÑOZ - Beirut - 11/05/2008
Masnaa, pueblo libanés junto al principal cruce fronterizo con Siria, era ayer la viva imagen de la anarquía que reina en Líbano. Se respiraba el ambiente de una guerra civil que nadie desea, pero que todos azuzan: suníes y chiíes, drusos y cristianos, Irán y Siria, EE UU y Francia. No hay ley ni orden. Sólo odio. A raudales. Miles de desharrapados trabajadores sirios, pobres de solemnidad con sueldos de 250 euros al mes, huían cabizbajos hacia su país cargados de bultos.
En Masnaa, junto a Siria, se respiraba ambiente de guerra civil, sin ley ni orden
Hay calma en los pueblos con una sola confesión. En los mixtos se lucha
En Masnaa, los suníes armados se mostraban desafiantes y justificaban ese éxodo. "No tenemos nada contra los obreros. Lo que pasa es que vienen a ayudar a Hezbolá. Somos 3.000 hombres. Hemos cortado la carretera para que las armas no lleguen a Hezbolá. Cuando ellos abran el aeropuerto de Beirut, dejaremos pasar los vehículos". El más chulo -barrigudo, gafas de sol antiguas, gorra, moderno fusil en mano- se expresa contundente: "A ver si Sarkozy, Mubarak, el rey Abdalá u Olmert, quien sea, bombardea Irán".
Hezbolá, patrocinado por Siria e Irán, ha propinado un golpe muy duro de encajar para el Gobierno prooccidental. Empujado por el líder druso, Walid Yumblat, el Ejecutivo decidió el martes investigar la red de comunicaciones telefónicas establecida por el partido-milicia chií y destituir al militar al mando de la seguridad en el aeropuerto de Beirut, Wafik Choucair. "El Estado no caerá bajo el control de los golpistas", declaró ayer el primer ministro, Fuad Siniora, en alusión al asalto armado de Beirut que los opositores de Hezbolá llevaron a cabo el viernes, cuando, sin apenas esfuerzo, se apoderaron de la mitad oeste de la ciudad. Ni un pelo se ha tocado, esta vez, a los cristianos, residentes en el este. Ha sido una batalla que han librado los musulmanes chiíes y suníes.
Pero cuando habló Siniora, el Gobierno ya había pasado la patata caliente al Ejército, que decidió revocar la decisión oficial. El general Choucair permanecerá como jefe de seguridad del aeródromo y las fuerzas armadas se harán cargo de la red de comunicaciones de Hezbolá -la madre del cordero- "de modo que no dañe el interés público ni la seguridad de la resistencia", precisó en un comunicado. Conseguido su objetivo, y humillado el Gobierno, los milicianos de Hezbolá comenzaron a abandonar sus posiciones en Beirut.
Desde el miércoles, los choques armados han asolado Líbano de norte a sur. En la septentrional Trípoli, pistoleros suníes atacaron ayer la sede del Partido Nacionalista Social Sirio. Diez cadáveres de ambos bandos yacían en el suelo tras el combate. Otras dos personas murieron en un entierro en Beirut. Más de 30 desde que saltó la chispa.
Las llamas de ese fuego se apreciaban a simple vista en el camino desde la frontera de Siria hasta Beirut. Y los rescoldos pueden avivarse en cualquier momento. Las barricadas con enormes piedras y montones de arena en Masnaa fuerzan a dar el primer rodeo. A escasos kilómetros, en Majdal Anjar, jóvenes suníes portadores de palos escrutan a los pasajeros de cada vehículo. Parecen enloquecidos. Los soldados observan desde lo alto de las tanquetas cómo se enseñorean los chavales que corren de un lado a otro. Gritan. Los uniformados no intervienen. No lo hacen contra nadie. Si el Ejército, siempre neutral, osara decantarse por alguno de los bandos, las consecuencias serían catastróficas.
En Barr Elias se repiten las escenas. Y más adelante, en Chtoura, la gente se encoge de hombros por el estampido de un cañonazo. Algunos coches permanecen varados en medio de la carretera. No puede seguirse el camino. Los soldados lo prohíben.
El descontrol es total. El denso humo negro es una nueva señal. La vía vuelve a ser cortada en el pueblo de Qab Elias por un grupo de niños -rondan los 12 años- que han quemado neumáticos sobre el asfalto. Se impone otro rodeo por un camino de arena y la hora entre la frontera y Beirut se convierten en tres de paseo por el fértil valle de la Bekaa.
Es asombroso cómo se transita del ambiente de guerra a una paz absoluta, aunque mezclada con el pánico que estremece a los libaneses. En los pueblos cuya población profesa sólo una confesión la calma era total. En muchas zonas mixtas se luchaba. Celebraban una boda los drusos del pueblo montañoso de Ain Dara y las tiendas abrían sus puertas. Incluso algunas mujeres paseaban por carreteras vacías. Aprovechan porque saben que tampoco están a salvo. Nadie lo está.
La carretera se ensancha al aproximarse al bastión cristiano de Alley. La proliferación de controles militares crece. "¿Qué sucede por allí?", interroga un oficial sobre lo visto a pocos kilómetros, como si ese "por allí" fuera otro mundo. Probablemente lo es. Líbano es un conglomerado de regiones fragmentadas por abruptas cadenas montañosas. Y en cada zona manda un señor feudal. La obediencia es ciega. Los suníes rinden culto a Saad Hariri, hijo de Rafik, el político-magnate asesinado en febrero de 2005; los drusos a Walid Yumblat y a algún otro cacique; los cristianos también están divididos en varios partidos, unos a favor del Gobierno, otros acérrimos rivales. Y la inmensa mayoría de los chiíes profesan a Hezbolá una lealtad inquebrantable.
La llegada a Beirut es deprimente. La ciudad soporta un tráfico insoportable cualquier sábado. Ayer era un páramo. Con soldados y tanquetas por doquier. Nadie paseaba en La Corniche, el paseo marítimo más popular.
Líbano está paralizado. El potente entramado de Hezbolá exige derecho de veto en un Gobierno de unidad. No están conformes con el reparto de poder que rige desde la independencia, en 1943. Entonces, los maronitas sumaban el 54% de la población. Pero hoy la elevada tasa de natalidad de los chiíes ha cambiado el panorama. Se ignoran porcentajes, porque elaborar un censo de población supondría el descalabro del consenso. Siniora rechaza otorgar ese poder de veto a Hezbolá, que en 2006 abandonó el Gobierno y se niega a acudir al Parlamento. No hay acuerdo posible.
La erupción violenta de esta semana seguramente será pasajera. Se han repetido episodios similares desde que Washington, París y Londres impulsaran en la ONU la resolución que decretó el fin de la tutela siria de tres décadas. Fue en septiembre de 2004. Cinco meses después, Rafik Hariri, ex primer ministro, era asesinado. Ahora se acerca la formación del tribunal internacional que juzgará a los responsables. Se ignora la autoría. Pero el Gobierno no alberga dudas: Damasco es culpable. Nadie duda de que el establecimiento del tribunal o sus fallos será la espoleta de una nueva explosión.
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LAS CLAVES DEL CONFLICTO
¿Qué está pasando en El Líbano?
La fuerte identidad tribal y los odios de la guerra civil complican la convivencia
MÓNICA G. PRIETO
BEIRUT.- Pese a tener el tamaño de la provincia de Huelva, el Líbano concentra en sus 10.000 kilómetros cuadrados los problemas de todo un planeta. La presencia de 18 comunidades religiosas, la fuerte identidad tribal de sus 3,7 millones de habitantes y la herencia de los odios de la guerra civil, finalizada de forma forzada en 1990 tras 15 años de combates, complican hasta el extremo la convivencia en el país de los Cedros. A ello hay que sumar la presión de las grandes potencias, Estados Unidos e Irán, que utilizan el Líbano para dirimir sus disputas y la proximidad de Irak e Israel, factores que condicionan movimientos de sus fuerzas políticas tan extremos como los que hemos visto estos días.
¿Cuáles son las facciones en liza?
Desde que el Gobierno de coalición salido de las legislativas de 2005 se rompiera, dos grandes bloques se disputan el poder: la coalición del 14 de Marzo, actualmente la mayoría en el Gobierno, próxima a Occidente y formado por los suníes de la Corriente del Futuro, los cristianos de las Falanges y las Fuerzas Libanesas y los drusos del Partido Socialista Progresista de Walid Jumblatt, y la coalición del 8 de Marzo, respaldada por Siria e Irán y compuesto por los chiíes de Hizbulá y Amal, las facciones cristianas de Michel Aoun y Sleiman Franjie, el Partido Democrático druso y algunas formaciones armenias.
¿Cuáles son los orígenes de la crisis?
Dos grandes bloques se disputan el poder: la coalición del 14 de Marzo, actualmente la mayoría en el Gobierno, próxima a Occidente y la coalición del 8 de Marzo, respaldada por Siria e Irán
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En noviembre de 2006, la presión internacional para establecer un tribunal que juzgue el magnicidio de Rafic Hariri –considerado por la oposición un instrumento político para atacar a su aliado sirio- y para aplicar la resolución 1559 que obliga a las facciones armadas a deponer sus armas –y que no sólo debería afectar a Hizbulá, sino también a los palestinos y a las facciones en el Gobierno, todas con milicias propias- fue considerada por los chiíes un intento de atacarles. El 8 de Marzo retiró a sus ministros del Ejecutivo, lo que convirtió al Gabinete en 'ilegítimo' a ojos de la oposición, dado que según la Constitución todo Gobierno debe tener representación de las principales sectas.
Hizbulá y sus socios organizaron un campamento en el centro de Beirut para pedir la dimisión del Ejecutivo en un pulso con el Gobierno que se fue degradando a medida que se sucedían atentados de los que, sin prueba alguna, la mayoría acusaba a Damasco y, en cierto modo, a Hizbulá. La división entre ambas partes, exacerbada por los enfrentamientos sectarios de Irak y los combates interpalestinos, se puso más de manifiesto que nunca con la elección del presidente, que tenía que haberse producido en noviembre. Mayoría y oposición no llegaron a un acuerdo sobre el nuevo jefe del Estado, dejando al país en un vacío político imposible de cubrir pese a las presiones árabes e internacionales.
Con el transcurso de los meses, ambas partes están de acuerdo en que el candidato idóneo para ser presidente es Michel Sleiman, jefe del Ejército, pero condicionan su elección a otros factores, como la formación de un Gobierno de unidad con cuotas de bloqueo, el consenso en los altos cargos del Estado o el cambio de la ley electoral. Durante estos meses de enfrentamiento político, líderes de ambas partes han aludido a la guerra civil como solución en diversas ocasiones.
¿Qué ha detonado la violencia?
La presión internacional para establecer un tribunal que juzgue el magnicidio de Rafic Hariri fue considerada por los chiíes un intento de atacarles
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La promulgación de dos decretos gubernamentales que afectan directamente al poder de Hizbulá, un partido político con una rama militar en teoría destinada a la resistencia contra Israel más poderosa que el propio Ejército libanes. El Gobierno libanés decretó hace días la destitución del jefe de Seguridad del aeropuerto, próximo al Partido de Dios, y la ilegalización de la red de comunicaciones propia de Hizbulá, considerada vital para que no sea detectada por Israel. Un día después, la oposición utilizó la convocatoria de una huelga general para lanzar una campaña de desobediencia civil que cerró el aeropuerto y dejó muchos barrios en manos de las milicias. La jornada siguiente, el líder chií Hasan Nasrala afirmó que el Gobierno le había declarado la guerra con sus medidas y exigía la revocación de éstas. Como demostración de fuerza lanzó a sus hombres a las calles, que tras escasos combates con las milicias de la mayoría tomaron con pasmosa facilidad Beirut Oeste en 36 horas.
¿Qué fuerzas participan en los combates?
Las fuerzas armadas, única institución multiconfesional que permanece unida, se mantienen al margen de los combates entre facciones para no perder su neutralidad
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Por el momento sólo fuerzas musulmanas: los chiíes de Hizbulá y Amal apoyados por facciones afines como el Partido Nacional Sirio frente a las milicias suníes afines a Saad Hariri, líder de la mayoría, y las drusas de Jumblatt. Los cristianos, también bien armados, se mantienen por el momento al margen de los enfrentamientos.
¿Cuál es el papel del Ejército?
Las fuerzas armadas, única institución multiconfesional que permanece unida, se mantienen al margen de los combates entre facciones para no perder su neutralidad, algo que lo escindiría inmediatamente condenando al país a la guerra abierta. Su papel se limitaba a impedir ataques a civiles y a proteger edificios oficiales hasta que ayer su máximo responsable, el general Sleiman, se hiciera responsable de la crisis ayer, revocando bajo su responsabilidad las medidas del Gobierno contra Hizbulá y pidiendo la retirada de hombres armados de las calles, algo que ya está sucediendo. Hoy, sus tropas han recobrado el control de la seguridad aunque la oposición prosigue su movimiento de desobediencia civil, que se traduce en el bloqueo de la carretera al aeropuerto.
¿Qué papel han jugado EEUU e Irán?
Mientras que Irán financia y arma a Hizbulá pero nunca se pronuncia sobre los acontecimientos internos o la política libanesa, la presión de Washington sobre sus aliados (a quienes también apoya con fondos y ayuda militar) para enfrentarse con la oposición chií ha sido notoria. El Gobierno de Bush –el mismo que no para de repetir que "no admitirá injerencias externas" en el Líbano en referencia a Siria, su otro gran enemigo regional- ha animado en diferentes ocasiones a la mayoría a que eligiese un presidente sin contar con la oposición, pese a saber que semejante decisión llevaría al país a una guerra abierta.
Del mismo modo, Washington presiona para la puesta en marcha del Tribunal Internacional sugiriendo la responsabilidad siria en los atentados políticos que éste investiga, aunque los fiscales de Naciones Unidas aún no han señalado a los responsables, lo que refuerza la convicción chií de que la Corte es un instrumento occidental creado por EEUU en su particular guerra contra Damasco y Teherán. De ahí que muchos observadores vean lo ocurrido estos días como otro revés para Washington en la región, como ocurrió cuando tras la invasión reforzó a los chiíes iraquíes (algunos de los cuales hoy combaten a sus tropas) o promovió una guerra entre sus aliados palestinos de Al Fatah contra Hamas –a la que acusa de estar apoyada por Irán- en Gaza. Como explica Robert Fisk en el Independent, "cuando Hamas se convirtió en parte del Gobierno palestino, Occidente lo rechazó y Hamas tomó el control de Gaza. Cuando Hizbulá tomó parte del Gobierno libanés, los americanos lo rechazaron y aquél tomó Beirut Oeste".
¿Cómo se explica la rápida victoria chií?
Las fuerzas chiíes han demostrado una organización militar que supera a la del Ejército regular. En apenas 36 horas culminaban el control del Beirut musulmán incluso en barrios considerados fieles a la mayoría, como Hamra o Clemenceau. Las milicias del 14 de Marzo se han revelado peor armadas e incapaces de acometer un enfrentamiento con Hizbulá –no se debe olvidar que su entrenamiento, desde hace años, se produce sobre el terreno y contra el enemigo regional más poderoso, Israel- al menos en Beirut. Los combatientes de la oposición lo explican de forma sencilla: "Ellos combaten por dinero, nosotros por convicción". En otros puntos del país, donde los suníes o los drusos son mayoritarios, la situación sería diferente.
¿Cómo puede evolucionar el conflicto?
Los escenarios son poco halagüeños. En el mejor de los casos, si el Gobierno revocase oficialmente los decretos contra Hizbulá regresaríamos al vacío político anterior sin visos de que los bloques en liza, ahora enfrentados por las armas, deseen volver a la mesa de negociaciones. Una dimisión del Gobierno, algo poco probable dado el expreso respaldo occidental y de sus aliados árabes, tampoco significa un acuerdo inmediato dado que mayoría y oposición tendrían que consensuar la composición del siguiente gabinete. El peor escenario podría ser la dimisión del jefe del Ejército y candidato consensual a la Presidencia, el único líder respetado por los dos bloques y responsable de la unidad de su institución.
¿Hay riesgo de un conflicto armado generalizado?
Por desgracia es probable. Las rencillas de la guerra civil, cuyos líderes son los mismos que hoy dirigen los partidos políticos, no están resueltas y esa herencia se suma al carácter tribal de una población que carece de identidad nacional. Es de prever que los crímenes de estos días sean objeto de venganzas familiares en los días sucesivos, aunque es posible que Hizbulá no desee una escalada para preservar su supuesto carácter de resistencia contra Israel, algo ya en entredicho desde el momento en que dirigió sus armas contra otros libaneses.
Por otra parte, un solo ataque contra una oficina cristiana podría arrastrar a los cristianos al enfrentamiento generalizándolo en todo Beirut y todo el país, dada la división de las fuerzas de esta secta religiosa, algunas en la mayoría en el poder y otras con la oposición.
Editor: Andrés Aldao - Boletín de noticias y comentarios. Si no lees los diarios no estás informado, y si lo lees estás mal informado Una versión distinta de los hechos en el mundo. ¡DIFUNDILO!
11 mayo 2008
09 mayo 2008
OLMERT ANUNCIA QUE DIMITIRÁ SI ES ACUSADO DE ACEPTAR SOBORNOS


TODO: La alegría que se ha visto estos días por las ciudades de Israel ha sido una euforia de parrillas al aire libre, día feriado, pocos vehículos con banderas, apatía, aburrimiento y aturdimiento. Ministros acusados de ladrones, adoradores de "la cometa", opresores de otro pueblo,corruptos, desde un reciente presidente hasta el primer ministro en funciones, el anterior ministro de economía, culpables de aventurerismo e invadir el Líbano, terroristas de estado y asesisnos de niños y civiles inocentes en Gaza. Casi nada... (A.A.)
LAURA L. CARO. CORRESPONSAL. JERUSALÉN
Ni en su peor pesadilla podría haber imaginado el primer ministro de Israel que su discurso en el Día del 60 Aniversario de la Independencia sería para defenderse, abochornado y tenso, de una acusación de soborno. Y menos para anunciar que renunciará si llegan a formalizarse cargos contra él, un supuesto que abriría la puerta a su sustitución, —la ministra de Exteriores, Tzipi Livni, ganaba en todas las quinielas—, o a unas elecciones anticipadas.
Concluidos los fastos de la gran jornada del cumpleaños, a punto de recibir en Jerusalén a George Bush, Ehud Olmert comparecía para reconocer lo que la prensa venía insinuando días atrás, a pesar de la orden de secreto impuesta por la Justicia: que recibió dinero de un empresario americano. Pero sobre todo, el jefe del Gobierno judío se esforzaba por convencer de que tomó las cantidades, —estimadas en cientos de miles de dólares—, en calidad de donaciones limpias y legales para sus campañas políticas a la Alcaldía de la Ciudad Santa en 1999 y 2002, y que ni un solo céntimo fue a parar a su uso personal.
«Ciudadanos de Israel, os miro a los ojos y os digo sin dudar que nunca he aceptado un soborno, ni me he metido en el bolsillo dinero ilegal. Aunque la ley no me lo exige, dimitiré de mi cargo si el Fiscal General decide procesarme». Eran las palabras que el primer ministro pronunciaba en rueda de prensa horas después de que la Corte de Tel Aviv resolviera levantar parcialmente el mandato de silencio sobre el interrogatorio al que fue sometido el pasado viernes. Quebrado el martes por el New York Post, que ya adelantó el nombre del presunto benefactor, Morris Talansky, un acaudalado empresario de Long Island, cuyo nombre supuestamente aparece repetidas veces con el seudónimo de «the laundry man» (el hombre de la lavandería) en los libros de negocios financieros que cuidadosamente llevaba su jefa de gabinete durante 25 años de Ehud Olmert, Shula Zaken. Ella permanece bajo arresto domiciliario tras negarse a declarar ante la Policía cuatro veces, la última el día 6.
Si recibió sobornos de Talansky, nada ha trascendido acerca de en qué pudo favorecer a tan generoso amigo. El diario israelí Haaretz, deseoso de desvelar los detalles, indicaba anoche que las sumas de dinero siguieron llegando cuando Olmert era ministro de Industria y que se investiga si el sospechoso recibió «otros fondos». Y que no supo explicar dónde fueron a parar los generosos dólares de Talansky cuando le preguntó la Policía.
EL ANIVERSARIO QUE CONVIRTIÓ A LOS PALESTINOS EN REFUGIADOS

Las llaves de la Nakba
Movimientos civiles palestinos reivindican el regreso de los refugiados en actos
Solo hasta el 15 de mayo del 48, 380.000 palestinos se convirtieron en refugiados
Una niña palestina con la bandera y la llave, que simboliza el deseo de retorno de los refugiados en la efemérides de la Nakba. (Foto: AP)
Actualizado viernes 09/05/2008 13:22 (CET)
SAL EMERGUI
CISJORDANIA.- Mientras los israelíes celebran con fervor un 'Yom Hatsmaut' (día de la independencia) muy especial -el 60º aniversario-, los palestinos conmemoran con tristeza la 'Nakba'. Catástrofe, así ven la creación del Estado de Israel en mayo del 48, una fecha que les convirtió en refugiados.
Mientras en Tel Aviv, la fuerza aérea realizó el jueves una exhibición ante la mirada de miles de familias israelíes, en la casa de Ahmed, en la cisjordana Jalazon, el protagonista sigue siendo una llave. Es el bastón psicológico que sustenta a Ahmed y su mujer. Llaves que guardan desde hace 60 años.
Llaves de la casa que dejaron en el 48 en medio de una cruenta guerra entre las fuerzas armadas judías y diversos ejércitos árabes. "Vivíamos en una aldea llamada Bet Nabala. Ahora no hay rastro de ella y cerca está la ciudad que los israelíes llaman Ramle. Me acuerdo como en marzo del 48, bombardearon nuestra aldea y, por eso, tanto yo como el resto de habitantes tuvimos que irnos", explica Ahmed.
Aunque hayan pasado seis décadas, Ahmed no pierde la esperanza. "¿Cómo podemos olvidar nuestra casa? Aún mantenemos su recuerdo en la mente y en el corazón", dice antes de que su mujer Camli añada: "Ojalá que podamos volver, claro que quiero volver incluso los más pequeños de la familia me dicen que quieren ir. Allí lo dejamos todo. Volveremos".
De exigencia política a deseo colectivo
'Sin desarraigar a los palestinos, un Estado judío no podría haber crecido aquí', admite el historiador Benny Morris
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Varios movimientos civiles palestinos organizan actos y manifestaciones reivindicando el regreso de los refugiados. O, al menos, su derecho a decidir. El hecho que estas actividades no sean organizadas por la Autoridad Nacional Palestina demuestra que en cierta forma la cuestión pasa gradualmente de ser una exigencia política a un deseo colectivo. Como si los dirigentes palestinos ya se resignarán a aceptar la realidad.
En el terreno, ésta se impone como por ejemplo en Jalazon donde construyen nuevas casas. Los refugiados se encuentran entre el sueño de volver a sus casas (que en muchos casos no siguen en pie) y la realidad, que les indica su actual residencia.
Ziad Abu Zein, promotor de una campaña para movilizar a los palestinos y la opinión pública internacional, se niega a aceptarlo. "La resolución 194, aprobada en el 48, debe ser cumplida y esperamos que el mundo apoye al pueblo palestino para que les devuelvan sus derechos, que vuelvan a sus hogares. La comunidad internacional, Naciones Unidas o los países árabes no pueden darnos la espalda".
Con enfado, explica: "Nosotros siempre escuchamos hablar del derecho de refugiados pero continuamos viviendo en los campos de refugiados". Abu Zein afirma "que los palestinos que viven en el exterior y tienen pasaporte europeo, por ejemplo, pueden volver en avión pero los que vivimos en Cisjordania y Gaza seguimos encerrados por las fronteras israelíes". El objetivo es que miles de palestinos se acerquen a las fronteras en un masivo acto de reivindicación.

Procesión en Bethlehem por el día de la Nakba. (Foto: AFP)
La vuelta de los refugiados
Recientemente líderes de Al Fatah que negocian con Israel reconocían: "Sabemos que no volverán todos los refugiados pero sí queremos que se reconozcan sus derechos y haya una recompensa". El Gobierno de Ehud Olmert, como sus antecesores y sus sucesores, mantiene que "la llegada de millones de refugiados palestinos a Israel sería un suicidio nacional y el fin del sueño del pueblo judío a tener su Estado".
Para los palestinos, la política de Ben Gurion en el 48 era ganar expulsando sistemáticamente a la población palestina. El historiador Benny Morris afirma que "si no hubiese hecho lo que hizo, no hubiera llegado a haber un Estado. Sin desarraigar a los palestinos, un Estado judío no podría haber crecido aquí".
El caso más famoso es la matanza de Deir Yassin en la que dos grupos judíos (Lehi e Irgun) entran el 9 de abril en esta aldea al oeste de Jerusalén y matan a 100-110 palestinos. Cuatro días después llegó la venganza cuando una emboscada árabe contra un convoy sanitario hebreo que se dirigía al Hospital de Monte Scopus acaba con la muerte de 77 judíos. Deir Yassin quedó grabada en la memoria de los palestinos. Solo hasta el 15 de mayo del 48, 380.000 palestinos se convirtieron en refugiados.
'A la espera de la victoria'
Según Israel, la Nakba es, en gran parte, culpa del liderazgo palestino local del 48 que siguió las órdenes de los países árabes para abandonar sus casas y aldeas "a la espera de la victoria". El rey Abdullah a finales de abril de ese año, exclamaba: "Los refugiados de Tiberias han sido alojados en Irbid y no desean volver hasta que la totalidad de la Galilea quede limpia de judíos, cosa que si Dios quiere, ocurrirá después del 15 de mayo".
60 años después, Ahmed sostiene que la fuerza de las llaves es más poderosa que las negociaciones reanudadas hace medio año en Annapolis. "Nunca habrá una solución al conflicto entre israelíes y palestinos sin resolver el problema de los refugiados", advierten en Ramala.
Cisjordania y Gaza son dos territorios palestinos separados por muchos factores (económicos, ideológicos, religiosos...), pero cuando se trata de los refugiados no hay división. Las llaves tienen el mismo impacto en el campo de refugiados de Yibalia en Gaza como el de Amery en Ramala. 60 años les unen.
EL FINAL DE LA ERA CLINTON

TODO: La arrogancia y petulancia DE LA SEÑORA HILLARY emite los últimos gorjeos de su campaña proiraqui y antinegra con el apoyo de la aristocracia obrera yanqui.
PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL
WASHINGTON. Entre titulares con tono de obituario político y ante obstáculos electorales imposibles de obviar tras cinco meses de primarias, la candidatura presidencial de Hillary Clinton ha empezado a enfrentarse al escenario de admitir su derrota de forma pronta y digna para no comprometer las posibilidades de Barack Obama en las presidenciales de noviembre. Los susurros dentro del Partido Demócrata para un punto y final se han convertido durante las últimas 48 horas en un coro al que empiezan a sumarse algunos de los más destacados seguidores de la ex primera dama.
Aunque la senadora por Nueva York sigue haciendo campaña y solicitando donaciones desesperadamente necesitadas, se han empezado a plantear toda clase de incentivos para entrar por el camino de una conclusión. Empezando por ayuda económica para saldar las previsibles grandes deudas acumuladas por la candidatura de Hillary. Pero también con promesas de que el apellido Clinton seguirá teniendo un lugar de primera fila en la política de Estados Unidos. Sin que hayan faltado tampoco renovadas especulaciones sobre la posibilidad de compartir un «ticket» encabezado por Obama a pesar de las poderosas razones para que esta opción no se materialice.
Por lo menos, el temor a que esta lucha se prolongue hasta la mismísima convención nacional del Partido Demócrata convocada para el 25-28 de agosto en Denver, fue negado ayer por el presidente de la campaña de Hillary Clinton. Terry McAuliffe indicó que los demócratas tendrán un nominado para principios de junio. Además de reiterar que «si Hillary no gana, tanto ella como el presidente Clinton y sus seguidores ayudaremos al senador Obama».
Con todo, Hillary parece dispuesta a continuar por lo menos hasta la siguiente primaria prevista este martes en Virginia Occidental. Estado rural de mayoría blanca cuyo perfil coincide con el de las jurisdicciones donde la ex primera dama ha obtenido buenos resultados. Aunque, según habría reconocido ella misma, el hecho de ser la mujer que ha llegado más lejos en la política de Estados Unidos le obliga a perseverar y no tirar la toalla.
Además de insistir en que se contabilicen los resultados de las primarias de Florida y Michigan, anulados por no seguir las reglas del Partido Demócrata, la senadora también ha vuelto a argumentar que ella es la opción más fuerte para las presidenciales de noviembre. Destacando en declaraciones al diario «USA Today» que ella ha demostrado que es capaz de atraer a una coalición más amplia de votantes, incluido el bloque de clase trabajadora blanca hasta ahora reacio a respaldar a Barack Obama. Según la ex primera dama, «ésa es la gente que uno tiene que ganar».
Bill Clinton, empeñado
De puertas para dentro, la mayor parte del equipo electoral de Hillary Clinton estaría apostando por una salida elegante en aras de preservar la unidad del Partido Demócrata y aliviar las grandes tensiones generadas por la existencia de dos formidables candidatos. Sin embargo, unas cuantas voces del entorno de la ex primera dama estarían insistiendo en mantener la lucha hasta la convención nacional de Denver. Entre ellos se encontraría su propio esposo, Bill Clinton.
Con todo, el consenso en la Prensa de Estados Unidos y en círculos políticos insiste en que ha comenzado el principio del final de la era Clinton, que durante los últimos 16 años ha dominado el Partido Demócrata. Un final que según todas las predicciones no va a ser fácil, ya que plantea una transición cuando menos complicada, empezando con un profundo cambio generacional en puestos de liderazgo.
07 mayo 2008
La última guerra y la próxima

Tom Engelhardt (Tom Dispatch)
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
La última guerra no quiere terminar, pero en el Pentágono ya discuten la próxima.
Comencemos con esa “última guerra” y veamos si podemos ver las cosas tal como son. Hace poco más de cinco años, soldados estadounidenses entraron en orden de batalla a Bagdad, derribaron el gobierno, dominado por suníes, del dictador Sadam Husein, y declararon “liberado” a Iraq. Después de la caída de la ciudad, después de saqueos generalizados, los nuevos administradores estadounidenses desmantelaron los restos del gobierno de Sadam en sus ministerios desbaratados, destruidos; desarticularon el Partido Baaz, dominado por suníes, que había gobernado Iraq desde los años sesenta, enviaron a casa a sus miembros con la noticia de que no habría retorno; desmantelaron el ejército de 400.000 hombres de Sadam, y comenzaron a desnacionalizar la economía. Una insurgencia de suníes indignados no tardó en luchar furiosamente contra la ocupación estadounidense.
Después de oponerse inicialmente a elecciones democráticas, los administradores de la ocupación estadounidense terminaron por ceder a la voluntad del principal clérigo chiií, el Gran Ayatolá Ali Sistani, y aceptaron patrocinarlas. En enero de 2005, estas llevaron al poder a partidos religiosos en representación de la mayoría chií, oprimida durante mucho tiempo, partidos que en gran parte habían estado años en el exilio en el vecino Irán chií.
Ahora, saltemos unos pocos años, y los soldados de EE.UU. han vuelto a entrar a Bagdad en orden de batalla. Esta vez, han estado penetrando el vasto “suburbio” pobre chií, Sáder City, al este de Bagdad, que posiblemente albergue a dos y medio millones de habitantes estrechamente apiñados. Esta vez, las fuerzas que enfrentan a los soldados estadounidenses no han dejado sus armas, no se han ido, ni partido a casa. Esta vez, nadie habla de “liberación,” o “libertad,” o “democracia.” De hecho, no hay quien diga gran cosa de nada.
Y EE.UU. ya no ataca a los suníes. Después de la ‘oleada’ 2007 del presidente, los militares de EE.UU. están ahora oficialmente aliados con 50.000 suníes del así llamado Movimiento Despertar, en su mayoría ex insurgentes, muchos de los cuales indudablemente estuvieron vinculados con el gobierno baazista que EE.UU. derrocó en 2003. Mientras tanto, los soldados estadounidenses combaten a la milicia chií de Muqtada al-Sáder, un clérigo que ahora parece estar viviendo en Irán, pero cuyo portavoz en Nayaf denunció amargamente hace poco a ese país por “tratar de compartir con EE.UU. la influencia sobre Iraq.” Y combaten al Ejército del Mahdi saderista en nombre de un gobierno iraquí dominado por otra milicia chií, el Cuerpo Badr del Consejo Supremo Islámico de Iraq, cuyos vínculos con Irán son aún más estrechos.
Diez mil miembros de la milicia Cuerpo Badr están siendo enlistados en el ejército iraquí (precisamente mientras el gobierno del primer ministro Nouri al-Maliki exigía que la milicia del Ejército del Mahdi se desarmara). Esta semana, una delegación oficial de ese gobierno, que sólo recientemente recibió con altos honores al presidente iraní Mahmud Ahmadineyad en Bagdad, partió a Teherán a pedido de EE.UU. para presentar “evidencia” de que los iraníes estarían armando a sus enemigos saderistas.
En el centro de esta lucha inter-sectaria puede estar el temor de que, en las próximas elecciones provinciales, los saderistas, crecientemente populares por su resistencia contra la ocupación estadounidense, podrían llegar a vencer. Durante las últimas semanas, soldados estadounidenses han estado penetrando más profundo en City Sáder, implantando las reticentes fuerzas de seguridad del gobierno de Maliki a entre 500 y 600 metros por delante de ellos. Esto se llama “ponerlos de pie,” “parte de una estrategia de edificar la capacidad de las fuerzas de seguridad iraquíes al permitirles que operen de modo semi-autónomo de las tropas estadounidenses.” Es evidente, sin embargo, que si los militares de Maliki estuvieran detrás de estas últimas, muchos podrían desaparecer. (Una serie ya ha abandonado sus armas, huido, o se han pasado a los saderistas.)
Cómo sobrevino – y desapareció – el recuento de cuerpos a la inversa
Los combates en los barrios pobres urbanos densamente poblados de Sáder City han sido feroces, asesinos, y destructores. Ha desaparecido la mayor parte del habla sobre la “reducción de las bajas” y de la “violencia” que fue la marca singular del año de la ‘oleada’ en Iraq. Aunque nunca se ha comentado al respecto, ese énfasis de todo un año en la cantidad en reducción permanente de la cantidad de cadáveres representó realmente el retorno, en una forma perversamente inversa, del “recuento de cuerpos” de la era de Vietnam.
En una situación de guerra de guerrillas en la que no había un territorio obvio que conquistar y ninguna forma clara de establecer lo que nuestro anterior Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, una vez llamó las “medidas” de la victoria o del éxito, era natural, como sucedió en Vietnam, que se comenzara a contar. Si no se podía conquistar una ciudad o un país, existía una cierta lógica en el pensamiento de que podría llegar la victoria si, uno por uno, se podía “obliterar” – para usar una palabra que repentinamente reapareció en las noticias – al enemigo.
A medida que se prolongaba el conflicto de Vietnam, sin embargo, continuó el recuento de cuerpos, nunca se materializó la victoria, y la guerra tomó el aspecto de una matanza, y el recuento de cuerpos (anunciado cada día en una conferencia de prensa militar en Saigón que los periodistas bautizaron “el espectáculo de las cinco de la tarde”) llegó a ser visto por cada vez más estadounidenses como una evidencia de atrocidad. Se convirtió en el símbolo del descenso a la locura en Indochina. No es sorprendente que el gobierno de Bush, que se imaginaba una vez más como conquistador de territorio, haya organizado su Guerra de Iraq de modo que careciera de tales recuentos oficiales. (El presidente describió posteriormente el proceso como sigue: “Hemos hecho un esfuerzo consciente por no ser un equipo de recuento de cuerpos.”)
Con la llegada de la estrategia de la ‘oleada’ en 2007, la frustración por la misión incumplida del presidente y su constante habla de victoria significó que había que establecer alguna otra “medida,” algún otro “parámetro,” de éxito, y resultó ser el recuento de cuerpos a la inversa. Durante el último año, de hecho, a penas la única medida de éxito pregonada regularmente en los medios dominantes ha sido la reducción del recuento de muertos. En forma inversa, sin embargo, seguía conteniendo algunos de los mismos peligros para el gobierno que su primo vietnamita.
Desde abril, los cuerpos, en cantidades en crecimiento permanente, estadounidenses e iraquíes, han estado imponiendo su retorno a las noticias como símbolos, no del éxito, sino del fracaso. Más de 1.000 iraquíes han muerto, según cálculos semi-oficiales, sólo en el último mes (y los expertos saben que esos monstruosos totales mensuales de muertos iraquíes son usualmente dramáticas subestimaciones). Se estima que cuatrocientos iraquíes, según se informa sólo en un 10% combatientes de las milicias, murieron en el ataque contra Sáder City.
También están muriendo en cantidades crecientes soldados estadounidenses en y alrededor de Bagdad. Portavoces militares de EE.UU. afirman que nada de esto representa un debilitamiento de la situación de seguridad posterior a la ‘oleada’. Como dijera el teniente general Carter Ham, director del Estado Mayor Conjunto para operaciones en el Pentágono: “Aunque es triste ver un aumento en las bajas, no pienso que sea necesariamente indicador de un cambio mayor en el entorno de operaciones. Cuando aumenta el nivel de los combates, lamentablemente la cantidad de bajas tiende a aumentar.” Esto es, desde luego, una estupidez total.
En abril, de las 51 muertes estadounidenses en Iraq , más de veinte tuvieron evidentemente lugar en la actual batalla por Sáder City o el gran Bagdad. Entre ellos había jóvenes de Portland, Mesquite, Buchanan Dam, y Fresno (Texas), Billings (Montana), Fountain (Colorado), Bakersfield (California), Mount Airy (North Carolina), y Zephyrhills (Florida) – todos a miles de kilómetros de casa. Y muchos de ellos han muerto en las circunstancias más temidas por los comandantes estadounidenses (y que durante un cierto tiempo habían pensado que habían sido evitadas) antes de la invasión de Iraq, en combates manzana por manzana, casa por casa, en la conejera de calles de una de las numerosas ciudades de tugurios de este planeta.
Para los iraquíes de Sáder City, por cierto, esto es un auténtico infierno. (“Sáder City es ahora mismo algo como una ciudad de fantasmas,” dijo Abu Haider al-Bahadili a Amit R. Paley del Washington Post. “De ser una ciudad, ha pasado a ser un campo de batalla.”) Como en todas las guerras coloniales, todas las guerras en las periferias, los “nativos” siempre mueren en cantidades enormemente mayores que las fuerzas mucho mejor armadas de ocupación o expedicionarias.
Esto es no menos verdad ahora, especialmente ya que los militares de EE.UU. han introducido sus tanques Abrams, sacado sus cohetes teleguiados de 100 kilos, y pedido mucho apoyo aéreo. Aviones, helicópteros, y aviones teleguiados Hellfire armados de misiles disparan ahora regularmente contra los vecindarios densamente poblados del barrio bajo del este de Bagdad. Como escribiera recientemente Tina Susman de Los Angeles Times: “Con muchas de las rutas principales de Sáder City salpicadas de bombas al borde de la ruta y con calles laterales demasiado estrechas para los tanques y otros vehículos pesados de EE.UU., las fuerzas estadounidenses han pasado a pedir a menudo ataques aéreos o a utilizar cohetes teleguiados para alcanzar sus objetivos.”
Enterrados bajo una cantidad de noticias de Sáder City hay informes de que ataques contra “insurgentes,” “criminales,” o “elementos criminales conocidos” (ahora chiíes, no suníes) destruyen edificios enteros, incluso hileras de edificios, y en un caso dañaron recientemente un hospital y destruyeron ambulancias. Cada día ahora, mueren civiles y extraen niños de los escombros. Es ciertamente brutal.
Y ya no tiene ningún sentido en particular, incluso según los estándares del gobierno de Bush; ni siquiera en la atmósfera posterior a la ‘oleada’, hay quien trate de encontrarle algún sentido. Ese creciente recuento de cuerpos ha eliminado, después de todo, la última medida por la cual se podía medir el “éxito” en Iraq. Incluso las pequeñas explicaciones (y, estos días, son aproximadamente las únicas que quedan) parecen cada vez más extrañas. Tomemos, por ejemplo, la retorcida explicación de quien es exactamente responsable por la devastación de Sáder City. Lo que sigue es la explicación reciente del portavoz militar, teniente coronel Steve Stover:
“’El solo peso de la responsabilidad yace sobre las espaldas de los militantes a los que no les importa nada el pueblo iraquí...’ Dijo que los milicianos atacan intencionalmente desde edificios y callejuelas de áreas densamente pobladas, esperando protegerse al ocultarse entre civiles. ‘¿Qué dice eso sobre el enemigo?... Es desalmado y malo.’”
Hay que tomar en cuenta que esto proviene del representante de unas fuerzas armadas que ahora afirman que comprenden la verdadera naturaleza de la guerra de contrainsurgencia (y, por lo tanto, de una guerra de guerrillas); y estamos habando de una milicia que en su mayor parte es de Sáder City, que libra “una guerra de supervivencia” por sus propias familias, su propia gente, contra soldados extranjeros que han saltado por sobre continentes para atacarlos. Los milicianos saderistas defienden sus hogares y, por cierto, con aviones teledirigidos Predator y helicópteros estadounidenses constantemente por sobre sus vecindarios, es bastante obvio lo que les sucedería si “salieran y combatieran” como si fueran ingenuos típicos. Simplemente los harían volar por los aires. (Por pura curiosidad, ¿qué adjetivos descriptivos utilizaría el teniente coronel Stover para capturar el estilo de combate de los pilotos de Predator que “vuelan” sus aviones teledirigidos desde una base aérea en las afueras de Las Vegas?)
A propósito, la última vez que se ha visto un combate callejero semejante, en los primeros seis meses de 2007, los militares de EE.UU. estaban expulsando a insurgentes ("al-Qaeda") de vecindarios suníes de la capital que luego fueron limpiados étnicamente aún más por milicias chiíes (incluyendo a los saderistas).
Así que, para resumir, quiero ver si tengo las cosas claras: El gobierno de Bush liberó Iraq a fin de enviar soldados de EE.UU. contra una milicia variopinta que no tiene nada que ver con el antiguo gobierno de Sadam Husein (y muchos de cuyos miembros eran, en los hechos, oprimidos por éste, como lo fueron sus dirigentes) en nombre de otro grupo de iraquíes, que han sido apoyados desde hace mucho tiempo por Irán, y... ‘uf!...
¡Um!, dejadme probar de nuevo... o, como el gobierno de Bush, pretendamos que lo hicimos.
Mientras tanto, los militares de EE.UU. han tratado de “sellar” parcialmente Sáder City y, en los vecindarios que han ocupado parcialmente con sus tropas iraquíes acompañantes, están construyendo los acostumbrados muros de hormigón, acordonando el área. Esto es realizado, según portavoces estadounidenses, para excluir a los combatientes de la milicia saderista y para despejar el camino para proyectos de “reconstrucción” de mentes y corazones del gobierno que cada cual sabe es improbable que tengan lugar.
En su momento, si se aplica el modelo previo en los vecindarios suníes, ellos y / o sus cómplices iraquíes comenzarán a ir de puerta a puerta buscando armas. Como resultado, las prisiones estadounidenses e iraquíes que supuestamente están siendo sustancialmente vaciadas – como parte de un programa de “reconciliación nacional” – de gran parte de las decenas de miles de prisioneros suníes recogidos en redadas en sus vecindarios, serán probablemente vueltas a llenar con prisioneros chiíes recogidos de un modo semejante. Una triste ironía – o una pesadilla sin sentido de la cual nadie puede despertar. Pero por favor no afirmen que tenga mucho sentido.
Como en Vietnam, cuatro décadas después, estamos contemplando una caída en gran escala hacia la locura e, indudablemente, hacia la atrocidad. En 2003, los soldados estadounidenses iban hacia Bagdad. Pensaban que tenían un objetivo, una ciudad que tomar. Ahora, no van a ninguna parte, hacia el corazón de una ciudad tugurio que no pueden retener en una guerra de guerrillas en la que la toma de territorio y la ocupación de vecindarios no tienen esencialmente nada que ver. Van hacia el olvido, mientras tratan de ganar corazones y mentes disparando misiles contra casas y encerrando a la gente tras gigantescos muros que despedazan familias y comunidades, mientras destruyen sus medios de subsistencia.
Oh, y ya que estamos, bienvenida sea “la próxima guerra,” la guerra en las ciudades de tugurios del planeta.
“No hay estrategias de salida”
¿Recordáis como el policía imperial del globo, su Nueva Roma, iba a blandir su poder militar no superado yendo de país en país, utilizando ataques relámpago y tácticas de pavor-y-choque? Hablamos del pasado, ahora inimaginablemente distante, de tal vez 2002 y 2003. Afganistán había sido “liberado” en cosa de semanas; el “cambio de régimen” en Iraq iba a ser un “paseo,” y después se procedería a reordenar aquello
que los neoconservadores gustaban de llamar “el Gran Oriente Próximo.” Ninguna persona de importancia hablaba de una prolongada guerra de guerrillas; tampoco se decía nada sobre contrainsurgencia (ni, como en la Doctrina Powell, de salidas). Los militares de EE.UU. iban a entrar en Iraq rápido y duro, triunfar en poco tiempo, y luego, desde luego, a quedarse. En realidad, nativos eternamente agradecidos los saludarían con los brazos abiertos y prácticamente implorarían que les sirvieran de guarnición.
Cada una de esas suposiciones sobre el nuevo modo de guerra estadounidense era absurda, incluso en aquel entonces. Por lo menos, el problema debería haber sido obvio una vez que los generales estadounidenses llegaron a Bagdad y se sentaron ante una mesa de mármol en uno de los palacios súper-ornamentados de Sadam Husein, sonriendo para una instantánea victoriosa – sin ninguna evidencia de un enemigo derrotado al otro lado de la mesa para firmar un conjunto de documentos de rendición. Si hubiese sido una campaña normal y un obvio triunfo imperial, ¿dónde estaba el otro lado? ¿Dónde estaban los que habían derrotado? Lo próximo que se supo es que los estadounidenses estaban imprimiendo paquetes de naipes con las caras de la mayoría de los compinches desaparecidos de Sadam.
Bueno, eso fue entonces. Ahora, feroces versiones de una guerra de guerrillas han migrado a las estrechas calles de los distritos más pobres de Bagdad y, en Afganistán, se acercan cada vez más a la capital afgana, Kabul. E incluso a pesar de que “la última guerra” en Iraq no tiene fin (para que las tropas puedan ser transferidas a una guerra aún más antigua en Afganistán que, ahora, se sale de control), algunos en el Pentágono piensan no en como salirse, sino en como entrar. Están meditando sobre “la próxima guerra.”
Pensando en eso, el Secretario de Defensa Robert Gates hizo recientemente dos discursos punzantes: uno en la Base Maxwell-Gunter de la Fuerza Aérea, el otro en West Point, expresando en cada uno su frustración por la lentitud con la que las fuerzas armadas se adaptan a un planeta de contrainsurgencia y a la planificación para la próxima guerra.
Ahora bien, no hay absolutamente nada ilógico si los militares de un país se preparan para futuras guerras. Para eso existen y cada país tiene derecho a defenderse. Pero es algo distinto si se preparan para futuras “guerras por decisión propia” (las que solían ser llamadas guerras de agresión) – para la(s) próxima(s) guerra(s) en lo que el Secretario de Defensa de EE.UU. ahora llama “el patrimonio común global del Siglo XXI.” Con eso, quiere decir no sólo el planeta Tierra en su totalidad, sino también “el espacio y el ciberespacio.” Resulta que para los militares estadounidenses, la planificación para una futura “defensa” de EE.UU. significa planificar una contrainsurgencia planetaria que llega más allá del horizonte. Ciertamente será una versión mejorada, con unas fuerzas armadas que, como dice Gates, ya no serán una “versión menor de la fuerza de la Brecha del Fulda,” una planicie alemana que los militares de EE.UU. esperaban en esos días que serviría para una batalla en gran escala contra las fuerzas soviéticas que invadirían Europa.
Por lo tanto, el secretario de defensa pide más capacitación en idiomas extranjeros, una mejor “cultura expedicionaria,” y más edificación de la nación – todo esa historia de “corazones y mentes.” En esencia, acepta que el futuro de la guerra estadounidense estará, ciertamente en las ciudades Sáder y en las aldeas afganas del planeta; o, como dice, que “los campos de batalla asimétricos del Siglo XXI” serán “el entorno de combate dominante en las décadas por venir.” Y la reacción de EE.UU. será por cierto la alta tecnología – todos esos vehículos aéreos sin piloto de los que no para de hablar.
Gates describe nuestro futuro bélico como sigue: “Lo que ha sido llamado la ‘Guerra Prolongada’ [es decir la Guerra contra el Terror de Bush, incluyendo las guerras en Afganistán e Iraq] significará probablemente muchos años de combate persistente, comprometido, en todo el mundo en diferentes grados de tamaño e intensidad. No es posible apartar con el pensamiento esta campaña generacional o colocarla en un itinerario. No hay estrategias de salida.”
“No hay estrategias de salida.” Es una línea que hay que saborear un poco. Es un modo fino de decir que es probable que los militares de EE.UU. estén en una, dos, muchas, Sáder Cities durante mucho tiempo por venir. Es la genial visión de Gates como secretario de defensa, y su reacción es instar a los militares a planificar para más y mejor de lo mismo. Para esto le damos al Pentágono casi un billón de dólares al año.
La ironía es que, en ambos discursos, Gates elogia el pensamiento lateral en las fuerzas armadas, y las llama a “pensar inconvencionalmente.” Sin embargo, sus propios pensamientos no podrían ser más convencionales, imperiales, o potencialmente desastrosos. En pocas palabras: Si la misión es orientarse hacia la locura, hay que redoblar la misión. Introducir aún más aviones teledirigidos cuyos misiles ya son tan populares en Sáder City. Es un pensamiento brillantemente prosaico, basado en la suposición de que el “patrimonio común global” debiera ser de EE.UU. y que la “próxima guerra” será de EE.UU., y la que venga después, y suma y sigue.
Pero yo no apostaría a que sea así. John McCain fue bastante atacado por decir que, en cuanto a su persona, los soldados estadounidenses debieran quedarse en Iraq “durante 100 años... mientras estadounidenses no sean heridos, dañados o muertos.” Nuestro actual secretario de defensa, un “realista” en un gobierno de estrafalarios soñadores y jugadores ineptos, acaba de votar por más y mejores Sáder Cities. En una versión del Pentágono de una vieja consigna maoísta: ¡Que florezcan cien luchas de guerrillas en los barrios bajos!
Es una receta para empantanarse en semejantes guerras durante 100 años – con pilas cada vez más altas de muertos. No es sorprendente que algunos de los máximos mandamases militares, a los que Gates critica por su inercia burocrática, se hayan mostrado poco entusiastas. No quieren pasar el resto de sus carreras librando guerras desesperanzadas en Sáder City o su equivalente. ¿A quién le gustaría?
El resto de nosotros debiera sentirse de la misma manera. Cada vez que se escucha la frase “la próxima guerra” – y los periodistas ya la adoran – habría que sobresaltarse. Significa guerra interminable, guerra eterna, y es el camino hacia la locura.
Vietnam… Iraq… Afganistán… ¿No bastan ya los ejemplos de operaciones estadounidenses de contrainsurgencia en nuestro haber? Evidentemente es lo que piensa el pueblo estadounidense. Desde hace un cierto tiempo, importantes mayorías han querido que salgamos de Bagdad, salgamos de Iraq. Totalmente. En un importante sondeo que acaba de ser publicado por la influyente revista Foreign Affairs, mayorías similares han “votado,” esencialmente, por la desmilitarización de la política exterior de EE.UU. En sus respuestas, presentan un enfoque bastante diferente de cómo EE.UU. debería operar en el mundo. Según el periodista Jim Lobe, un 69% de los encuestados cree que “el gobierno de EE.UU. debiera poner más énfasis en los instrumentos diplomáticos y económicos de política exterior en la lucha contra el terrorismo,” no en “esfuerzos militares.” (Un sesenta y cinco por ciento cree que EE.UU. debería retirar todas sus tropas de Iraq “de inmediato” o “durante los próximos doce meses.”) Pero, desde luego, ninguna persona importante los escucha.
Y. sin embargo, hasta un imperialista debiera desear el abandono del camino a Sáder City. Es el camino al infierno y está pavimentado con las peores intenciones.
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Tom Engelhardt dirige “Nation Institute’s Tomdispatch.com, es el cofundador del American Empire Project (http://www.americanempireproject.com/). Ha actualizado su libro: “The End of Victory Culture” (University of Massachussetts Press) y hay una nueva edición que aborda la victoria de la cultura de la guerra de tierra quemada y sus secuelas en Iraq.
[Nota de gracias: Ensayos como éste son sólo posibles porque puedo utilizar el trabajo preliminar de otros sitios en la Red, especialmente, en este caso (como en muchos otros), de Informed Comment de Juan Cole, Antiwar.com, The War in Context de Paul Woodward, y Cursor.org.]Copyright 2008 Tom Engelhardt
05 mayo 2008
El año en que SARKOZY PASÓ DEL CIELO AL INFIERNO

foto- Le petit Petain
El presidente francés está en caída libre, pese al 'efecto Carla'
J. M. MARTÍ FONT - París - 05/05/2008
Nicolas Sarkozy cumple mañana un año desde que fue elegido presidente de Francia con un 53% de los votos frente a la socialista Ségolène Royal. El balance: éxito en lo privado, aunque sólo en la última etapa; y en lo público, caída libre. La noche del triunfo, la que entonces era su esposa, Cécilia Ciganer, que ni se había molestado en ir a votar por su marido, fue la encargada de organizar una cena para un público en cuya selección ella tuvo mucho que ver, en uno de los restaurantes más lujosos de París: Fouquet's, en un palacete de los Campos Elíseos. Más que a políticos y personalidades de la vida pública, reunió a ricos millonarios del estilo de Arnaud Lagardère y Vincent Bolloré, junto a estrellas de la farándula como Johnny Hallyday. Era el anticipo del estilo ostentoso que llegaba al palacio del Elíseo.
Los franceses, incluso los que no le votaron, se rindieron a sus pies, hipnotizados por la hiperactividad de un personaje de quien esperaban milagros, incluidos los que había prometido durante su campaña: más dinero. Dicho políticamente, un aumento del poder adquisitivo. Durante la primavera y el verano de 2007 su popularidad creció como la espuma alcanzando cotas desconocidas, que en el mes de septiembre rozaban el 70%.
Pero acabó el verano y llegaron las rebajas. Desde entonces está en caída libre; su imagen, lastrada por la exhibición de su vida privada, está hecha añicos. El pasado 28 de abril batía todos los récords de impopularidad de un presidente francés en su primer año en el poder: el sondeo del instituto BVA le daba tan sólo un 32% de opiniones favorables, una caída de ocho puntos en un mes. Un 65% de los franceses considera que no ha cumplido sus promesas de la campaña electoral; un 50%, que es poco creíble; un 48%, que la situación económica se ha deteriorado con él; un 80%, que "habló demasiado" de su vida privada al comienzo de su mandato. De nada había servido su intento, el 24 de abril, de reconocer humildemente sus errores durante 90 minutos en televisión.
Las semillas del desplome ya estaban plantadas cuando llegó al Elíseo. Acabada la campaña electoral, el desamor que le profesaba Cécilia se hizo insoportablemente evidente. Durante el verano sucedieron dos cosas: en lo personal, su esposa quería el divorcio para volver con su amante, Richard Attias. En lo político, comenzaba a estallar la crisis financiera. El panorama económico echaba abajo todos los cálculos que su equipo había hecho para impulsar el crecimiento en Francia. El problema de su vida privada le explotó en las manos cuando, forzado y a regañadientes, aceptó en octubre concederle el divorcio a Cécilia. El problema económico encendió la espiral del descontento popular.
Los sindicatos, crecidos, decidieron plantar cara a la reforma de las pensiones especiales, esos privilegios de un colectivo de funcionarios entre los que están los trabajadores del transporte público. Fue la señal para que cualquier grupo o gremio mínimamente afectado por un cambio se cerrara a cualquier reforma. Sarkozy, maestro en manipular los medios de comunicación, intentó entonces crear cortinas de humo mostrando su vida privada, lo que le sirvió también para reivindicar su hombría malherida tras el divorcio. Los franceses descubrieron a la nueva novia del presidente, Carla Bruni, la top-model reconvertida en cantante.
Y entró en una deriva de adolescente inseguro. Las imágenes de la pareja viajando por Egipto y Jordania, sus gafas de sol estilo aviador y sus relojes Rolex configuraron una exhibición de poder y dinero que se desparramó por los medios de comunicación, rompiendo definitivamente el molde de la función presidencial.
La deriva de Sarkozy fue en paralelo a la comprobación por los franceses de que su situación empeoraba. Tres episodios fueron decisivos: por dos veces insultó a ciudadanos que le provocaban, sin calcular que las imágenes se expanden por Internet a la velocidad de la luz. "Baja aquí si eres hombre", le contestó a un pescador que le había gritado: "¡Que te den por el culo!". "Ábrete, capullo", le soltó a un ciudadano que se negaba a saludarle. Por el contrario, permitió a Muammar el Gaddafi que se paseara a sus anchas por París, lo cual fue percibido como una humillación.
Los psicoanalistas explican en la radio y la televisión que el problema del jefe del Estado es que su objetivo nunca ha sido otro que alcanzar el poder y que, una vez conseguido, no sabe lo que hacer con él. Otros señalan que el dinero es su valor central, y que eso explica su debilidad por los ricos y el exhibicionismo.
¿Ha tocado fondo? Uno de sus consejeros asegura: "Ha comprendido por fin que es él quien debe adaptarse a la condición presidencial y no a la inversa". Otras fuentes aseguran que Bruni tiene mucho que ver en ello. Ahora, si hay viajes, son secretos, salvo los oficiales. Cuentan que hace dos semanas, en la Comédie Française, cuando los tres timbrazos avisaban del comienzo de la representación, una pareja ocupó silenciosamente sus asientos de primera fila. Sólo sus vecinos se dieron cuenta de que eran el presidente y su esposa. Cuando acabó la representación, la pareja salió tan discretamente como había llegado. Los observadores del Elíseo llaman a esto el efecto Carla.
HISTORIA DE LA FAMILIA BUSH
Para leer mientra tomamos un mate, un café o un té. Andrés Aldao
Carlos Rivero Collado
Nota del autor:
Este escrito es el análisis subjetivo de este autor, pero tiene como fuente las investigaciones que sobre esta familia han hecho escritores y periodistas de prestigio, en Estados Unidos. En la red hay una amplía relación de tales estudios, que debe ser consultada por quienes crean que no se ajusta a la verdad esta historia de sexo macabro, esclavitud laboral, nazismo, magnicidio, narcotráfico, genocidio, avaricia, explotación, fraude inmenso, latrocinio, drogadicción, alcoholismo, autoagresión, tortura y terrorismo. Por su-puesto que en la red, junto a muchos escritos serios y decentes, aparecen otros que no lo son, dedicados a mentir y calumniar. Cualquiera inventa un nombre, invierte una pequeña cantidad de dinero, escribe lo que le viene en ganas, sea verdad o mentira, elogio o anatema, excelencia o excrecencia, y lo cuelga en la red, y nadie entiende por qué no se le aplican a este medio de comunicación mundial las mismas leyes que a la prensa escrita, radial y televisada. Por eso es que el lector de la red tiene que distinguir entre libelistas y analistas, y éstos abundan más que aquéllos. Nadie vea en esta dura crítica el ataque personal a una familia, aunque sí al sistema político, social y económico que la hizo como es. Este autor ha vivido en Estados Unidos por más de cuarenta años y ha llegado a querer, admirar y, sobre todo, compadecer a su pueblo y le duele, como en carne propia, el inmenso daño que esta familia le ha hecho por más de noventa años. Sea este análisis, que integra uno de los capítulos de mi libro "Imperio del terror", inédito aún, un modesto homenaje a la paciencia de ese pueblo.
1-. El abuelo.
Prescott Sheldon Bush estudiaba en Yale University, en New Haven, Connecticut, allá por los años de la Primera Guerra Mundial y pertenecía a una fraternidad estudiantil llamada "Skull and Bones Society" (Sociedad del Esqueleto y los Huesos) cuya ceremonia de iniciación era un reflejo leal del violento corrupto imperio: los estudiantes se reunían en un sótano, no siempre de la universidad, el novato se acostaba desnudo en un ataúd, se cubría con huesos humanos que habían sido sacados de las tumbas profanadas de New Haven y, mientras se masturbaba delante de todos, contaba en alta voz sus experiencias sexuales. Este culto al sexo y la muerte se vería más generalizado unos años después en muchos otros lugares, entre ellos Abu Ghraib, adonde el sadismo y la obscenidad llegó a límites que no se han visto jamás en la historia de la humanidad y algunas de cuyas fotos se han de ver en este análisis.
En 1917, Prescott y otros estudiantes de Yale profanaron la tumba de Gerónimo, el héroe Apache, y se robaron sus huesos, que utilizarían, también, en sus novatadas de féretro, aplausos y esperma.
A fines de los años 30, Prescott dirigió la Union Banking Corporation, que ayudó a financiar la tiranía de Adolfo Hitler. Al entrar este país en guerra, el gobierno confiscó el banco por comerciar con el enemigo ("Trading with the Enemy Act", 1942). Otras de sus empresas posteriores se beneficiaron con los productos que creaban los prisioneros en los campos de concentración nazis.
Después de la guerra, Prescott mantuvo sus negocios con los aún seguían siendo nazis, a través de Fritz Thyssen, hasta 1952, en que, quizás como un premio a sus hazañas, fue electo Senador federal, por Connecticut.
2-. El padre.
Hay muchos libros serios escritos sobre George Herbert Walker Bush, que perteneció a la misma fraternidad macabra y realizó las propias novatadas en Yale casi treinta años después, que lo señalan como el gran padrino de la droga a nivel mundial desde que, como súper operativo de la CIA, llegó a Beirut, en 1956, para controlar el tráfico de hashish y heroína que llegaba al Líbano desde el Oriente y, después, alcanzaba Europa y Estados Unidos.
Su trayectoria en este sentido incluye su participación secreta en la creación, en los años 70, del mayor centro productor de heroína del mundo, en Chiang Mai, Tailandia; en la formación original de "La Mafia Cruceña", en Bolivia, que llegó a ser el mayor productor de pasta de coca del mundo (el famoso "Cocaine Coup", dirigido por el coronel Luis Arce Gómez, en julio de 1980, fue perpetrado en complicidad con este Bush, única vez en la historia que se ha dado un golpe de Estado para aumentar la producción de cocaína); en la creación de "La Compañía", en Antioquia, Colombia, con la familia Ochoa, que llegó a ser el mayor productor de clorhidrato de cocaína del mundo; el escándalo Irán-Contra, en que se traicionó al supuesto aliado, Irak, para venderle armas a su enemigo, Irán, en los momentos en que miles de seres humanos morían, de ambos bandos, en aquella guerra de los años 80. El desenlace de este escándalo fue la participación de los contra nicaragüenses para introducir en Estados Unidos, desde Colombia, veintisiete toneladas de cocaína pura –con un valor en la calle, o street value, de miles de millones de dólares- a través de una finca en Costa Rica, propiedad de un estadounidense que era operativo de la CIA, próxima a la frontera nicaragüense. De allí se traía la droga a dos aeropuertos, uno en Fort Lauderdale, Florida, y otro en Mena, Arkansas. Se cree, además, que Bill Clinton, gobernador entonces de Arkansas, fue cómplice de Bush, entonces Vicepresidente, en esta operación, y que utilizó para ello a su medio hermano Roger Clinton y a su cuñado Tony Rodham.
Al Viejo Bush, como se le conoce hoy, se le señala, además, como el enlace entre Allen Dulles, Richard Helms y David Attle Phillips con Howard Hunt en el asesinato de Kennedy. Hunt fue el hombre que vino a Miami y formó el grupo que, según se cree, conspiró para matar a Kennedy: Macho Barker, Frank Sturgis -Frank Fiorini-, Yito del Valle, Orlando Bosch, Luis Posada Carriles, Guillermo Novo, Herminio Díaz, Eugenio Rolando Martínez y otros. Se cree que Díaz y Martínez fueron los que le dispararon a Kennedy desde el "grassy knoll", la pequeña loma que se hallaba cerca de la limosina presidencial, en el centro de Dallas, cubierta de altos arbustos.
Los mayores crímenes del Viejo Bush no fueron, sin embargo, los mencionados, sino la invasión a Panamá, en diciembre del 89, y la agresión a Irak (Guerra del Golfo), trece meses después. En el primero, cientos de personas pobres, entre ellas decenas de niños pequeños, fueron asesinadas, de madrugada, en sus propios hogares, en el corregimiento Chorrillo, cercano al centro de mando del general Noriega. En el segundo, el imperio asesinó a más de cien mil iraquíes
sólo porque el gobierno de Saddam Hussein tuvo el justo valor de recuperar Kuwait, una parte integral de Mesopotamia desde hace nueve mil años, que los imperialistas británicos, maestros del imperio yanki, le arrancaron, a fines del siglo 18, cuando era dos zurreinatos del Imperio Otomano, en complicidad con los tatarabuelos de los actuales emires kuwaitíes. Cabe señalar que la diferencia de todo tipo que pueda haber entre un kuwaití y un iraquí es similar a la que hay entre un pinareño y un habanero o un cordobés y un sevillano, suponiendo que, en este último caso, ambos sean del mismo origen ibero o el mismo árabe.
¿Por qué la CIA controla el negocio de la droga? Pues por dinero –enormes cantidades de dinero- y para controlar mental-mente a millones de ciudadanos que, inmersos en el alucinante mundo de la droga, no se ocupan de atentar ni conspirar ni dañar ni siquiera intervenir en la vida pública, o sea como una forma de desinteresar a la población de los problemas políticos nacionales para que la pequeña élite misteriosa que dirige en secreto a este país pueda realizar su labor sin conflictos ni interferencias. Ejemplo: las elecciones presidenciales del 2004 en Estados Unidos, y casi todas las anteriores, en que ni siquiera votó la mitad del electorado. Parte esencial de esta conspiración son los múltiples programas asquerosos de la "television basura" –trash TV-; la lucha libre, repleta de fingido salvajismo y obscenidades reales; la pornografía, incluyendo la de padres teniendo relaciones sexuales con sus hijos y madres con sus hijas, que se divulga hasta por la Internet, a la que pueden tener acceso muchos niños; las películas ultraviolentas que salen de Hollywood; el fanatismo excesivo en los deportes; la educación mediocre en todos los niveles; la música epiléptica y estruendosa … y muchas cosas más. Detrás de todo esto, está la élite misteriosa que gobierna en secreto a este país, y su instrumento, la CIA, y ahora el Homeland Security Department, síntesis de las SS y la Gestapo de la era nazista en Alemania. En todo esto, el hombre clave, desde 1956, ha sido G.H.W. Bush.
Pero, se preguntarán algunos: "¿cómo pudo este señor cometer tantos y tan graves crímenes sin ser procesado jamás?". Otros dirán: "¡No, qué va, nada de eso puede ser cierto, un solo hombre no puede cometer tantos delitos!". Mi sugerencia a estas personas, y a muchas otras que pueden tener dudas similares, es que se conecten en la red con el sitio "George Herbert Walker Bush" y encontrarán muchos escritos serios, o sea verídicos, sobre este polifacético y fecundo delincuente. Tiene casi noventa años y aún anda por ahí por los aires lanzándose en paracaídas, exponiendo una vida muy distinta a la que le quitó a tantos inocentes.
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3-. La madre
Bárbara, fue, durante varios años, mientras su esposo era Vicepresidente y Presidente, la CEO –Chief Executive Officer o Jefe Ejecutivo- de Unicor, una compañía privada que se dedica a explotar el trabajo esclavo de los presos federales, que son mas de 150 mil en todo el país; y es posible que aún lo siga siendo a través de su actual jefe ejecutivo Kenneth Rocks. Es decir, la nuera imita al suegro, pero no esclavizando a los presos de los nazis sino a su propio pueblo, porque no es cuestión de ideología ni guerra, sino dinero. Los presos ganan de 35 centavos a $1.15 la hora, o sea mucho menos del salario mínimo -$6.15 la hora-, y crean productos que se venden a precios de mercado.
Unicor es una de las diversas compañías que tienen el monopolio de esta infamia. Algunas de ellas explotan, también, el trabajo esclavo de los presos estatales, que son más de dos millones en el país.
Quizás esta anciana señora no tenga una culpa directa en algo tan infame como la explotación del trabajo esclavo. Se sabe que el dueño real de Unicor ha sido su esposo y que ella es sólo una fachada, un front. En su juventud, cuando conoció al que después iba a ser su esposo, esta señora era maestra, lo cual prueba en ella cierta sensibilidad, cierta nobleza. Si hubiera seguido siendo maestra no se hubiera involucrado en algo tan vil... pero se casó.
¿Se imagina el lector que, por ejemplo, Sun Yat-sen de China, Azaña de España, Cárdenas de Méjico, Nehru de India, Perón de Argentina, De Gaulle de Francia, Nasser de Egipto, Goulart de Brazil o muchos otros jefes de Estado, hubieran sido, asimismo, mientras ejercían el poder, dueños una de las compañías que explotaban el trabajo esclavo de los prisioneros de sus respectivos países? ¡El escándalo hubiera sido gigantesco, habrían tenido que renunciar a sus cargos llenos de infamia, habrían sido colgados del poste más cercano! Bueno, pues eso mismo sucedió aquí en Estados Unidos... y no pasó nada.
(Véase en la red: Barbara Bush y Unicor; puede verse, además, Wackenhut y Corrections Corporation of America, CCA –de esta última compañía, Jorge Mas Canosa y sus herederos han sido, y quizás sigan siendo, accionistas mayores)
4-. Los hermanos.
Neil y Jeb le robaron al pueblo estadounidense decenas de millones de dólares, hace casi veinte años, cuando el Viejo era Vicepresidente, en el escándalo de los "Savings and Loans Associations". Se ha dicho que éste es "el robo más grande de la historia de Estados Unidos", pues le ha costado a sus contribuyentes –taxpayers-, hasta ahora, 1.4 trillones de dólares -o billones, en la medida española-, pues el gobierno federal tuvo que cubrir todas las pérdidas de los millones de ciudadanos que invirtieron en esas instituciones financieras. Teniendo en cuenta el dinero que se robaron y el que ha tenido que pagar el Estado, o sea el pueblo, Neil, Jeb y sus socios son los más grandes ladrones de la historia, ante los cuales Caco y los cuarenta ladrones del cuento de Alí Baba eran tiernos bebitos (véase en la red S&L Scandal)
7-. El emperador.
¿Cuál es la historia de este otro Bush?
Nada dirá este autor de su niñez privilegiada ni de su adolescencia inútil ni de su juventud, en la que se negó a ir a una guerra de la que su padre era uno de sus promotores, ni realizó estudios serios, ni tuvo un empleo sostenido, y en la que usó drogas y abusó del alcohol. No. Nada dirá de nada de eso.
Cuando tenía ya más de cuarenta años y era Gobernador de Texas -Tejas: territorio mejicano ocupado, ilegal y vergonzosamente, por el imperio desde 1845- se ejecutó en ese Estado más personas que en ningún otro del país en toda su historia y que en ningún otro país del mundo en la misma época, en su mayoría de origen latino o africano. Jamás el Gobernador concedió una sola conmutación de pena, por lo que hay que deducir que su aficción por la sangre no le surgió en la Casa Blanca.
¿Qué ha hecho este señor desde su llegada al poder imperial?
Veamos:
A) La antidemocracia: George W. Bush fue "electo" en noviembre del 2000 por un evidente pucherazo -fraude electoral-, y por la flagrante violación de las leyes electorales de Florida y la Constitución de Estados Unidos. Para que esto pueda ser entendido por quienes no conocen el sistema electoral de este país, es preciso explicarlo en forma simple.
El Colegio Electoral elige al Presidente sin que cuente para ello, directamente, la voluntad mayoritaria del pueblo. Voto popular es el que emite cada ciudadano con derecho al voto; voto electoral es el que representa a cada Estado, no a cada persona, y en su conjunto forma el Colegio Electoral. Cada Estado tiene un número determinado de votos electorales de acuerdo al total de sus habitantes; por ejemplo, por el estimado de población de julio del 2007, California tiene 55 votos electorales –que representan dos Senadores y 53 Representantes a la Cámara- y Dakota del Sur, sólo 3 votos electorales, que vienen a ser dos Senadores y un solo Representante a la Cámara. Esto, ya de entrada, es absurdo, pues éste es el único país del mundo, y de la historia, en que una provincia, Estado, región o departamento tiene o ha tenido más Senadores que Representantes.
El Colegio Electoral está integrado por 538 Electores que viene a ser el número total de Senadores, o sea 100 (dos por cada Estado, sin tener en cuenta su población) y Representantes, o sea 438, que son electos de acuerdo a un número determinado de habitantes, que no es el mismo en cada Estado –usando el mismo ejemplo: cada 690,000 en California, y cada 796,000 en Dakota del Sur-.
Es una aberración política y una negación de la democracia, o sea de la voluntad del pueblo, que California, que, de acuerdo al propio estimado poblacional del año pasado, tiene 36.553,000 habitantes, tenga el mismo número de Senadores que Dakota del Sur, que sólo tiene 640,000 habitantes, porque, en este caso, o casi 36 millones de californianos no están representados debidamente en el Senado o los habitantes de Dakota del Sur están representados en el propio cuerpo legislativo 57 veces más de lo debido.
Es la mayoría de votos del Colegio Electoral la que elige al Presidente, no la mayoría del pueblo. Si hay dos candidatos a Presidente, como suele ocurrir, ya que sólo hay dos grandes partidos políticos, el candidato vencedor es el que obtiene la mitad más uno de los 538 votos electorales, o sea 270; si hay más de dos candidatos y ninguno gana la mitad más uno de los votos electorales hay que ir a una segunda vuelta entre los dos candidatos que más votos electorales hayan tenido en la primera vuelta hasta que uno de ellos obtenga los 270 votos electorales necesarios para ganar.
De acuerdo a este antidemocrático sistema electoral, un candí-dato puede ser electo por la minoría del pueblo ya que quien tenga mayor número de votos populares en un Estado se lleva todos los votos electorales de ese Estado. Por ejemplo: el candidato presidencial #1, llamémosle John, saca en California, digamos 6.500, 000 votos y el candidato presidencial #2, llamémosle Peter, saca 6.495,000 votos populares. Aparte de que en este caso se ve, como siempre, la baja concurrencia a las urnas, pues no llega ni al 45%, la diferencia popular entre John y Peter es mínima, sólo de cinco mil votos; pero los 55 votos electorales de California van íntegramente a John y ni uno solo a Peter. En la misma elección, John saca, por ejemplo, en Dakota del Sur, 20,000 votos, pero Peter obtiene 180,000, o sea 160,000 más que John. Este triunfo sólo le da a Peter 3 votos electorales. O sea que, sumando conjuntamente el voto popular y el electoral, Peter tiene 155,000 votos populares más que John; pero éste tiene 52 votos electorales más que aquél. Si esta diferencia entre el voto popular y el electoral se mantiene proporcional en el resto del país, John sería electo Presidente porque ha ganado el colegio electoral, a pesar de que el perdedor Peter tendría varios millones de votos populares más que el ganador John.
John Quincy Adams, Rutherford B. Hayes, Benjamin Harrison y George W. Bush fueron electos presidentes, a pesar de que la mayoría del pueblo estadounidense votó por el candidato que perdió la elección.
Si eso es democracia, Clístenes era vendedor de frutas en el Pireo y Rousseau, coime de billar en Ginebra.
Aclarado esto, volvamos a la familia Bush.
La elección presidencial de noviembre del 2000 estaba muy reñida en todo el país en cuanto a votos electorales, a pesar de que Al Gore tenía medio millón de votos populares más que Bush. Estaban casi empatados en cuanto a votos electorales en todo el país y la elección en Florida aún no se había decidido, pues la diferencia era de unos pocos cientos de votos populares. Quien ganara Florida llegaba a los 270 votos electorales y era elegido Presidente. De acuerdo al código electoral de Florida, si la diferencia entre los dos candidatos es menor al 1%, hay que ir a un recuento general de votos en todo el Estado o a una nueva elección, a no ser que el candidato que sacara menos votos en esa diferencia mínima aceptara su derrota antes del recuento. Al día siguiente de la elección, se informó que Bush tenía unos 400 ó 500 votos más que Gore, o sea apenas un 0.01% de la votación total o la décima parte del 1% requerido para un conteo general en el Estado o una nueva elección; pero no se hizo ni lo uno ni lo otro.
Katherine Harris, Secretaria de Estado de la Florida, y dirigente de la campaña estatal para elegir a Bush, nombrada para ambos cargos por el gobernador Jeb Bush, hermano menor de George, certificó que en la votación del Estado, Bush había obtenido 539 votos más que Gore y, en una decisión posterior, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, cuya mayoría de sus magistrados era de miembros del propio partido de Bush, decidió que la certificación de Harris era correcta y tenía que ser aceptada. Con lo cual Bush ganaba la elección que, de acuerdo a la voluntad supuestamente soberana del pueblo, había perdido.
Otros hechos aun más ilegales y vergonzosos salieron a relucir unos días después. En los vecinos condados Broward, cuyo centro es Fort Lauderdale, y Dade, cuyo centro es Miami, que cuentan con la mayor concentración poblacional del Estado, miles de votos fueron anulados, sobre todo de votantes afroestadounidenses. Varios de los funcionarios de estos centros de votación eran estadounidenses de origen cubano, defensores fanáticos de todo lo que sea reacción, o sea del Partido Republicano de Bush. Se cree que más de veinte mil votos de afroestadounidenses, en especial en esos dos condados, fueron anulados sin motivo alguno, y que en más de un 90% eran votos de Gore. Unos mercenarios de origen cubano, pagados por la mafia ultraderechista de Miami, amenazaron a varios miembros de algunos centros de votación en que se estaba llevando a cabo un recuento provisional de votos. La policía no intervino, a pesar del palpable delito, y el conteo fue suspendido.
En toda democracia moderna, sea capitalista, comunista, socialista, socialdemócrata, popular o de cualquier otro matiz o mezcla de matices, el primer poder del Estado es el legislativo, no el ejecutivo ni el judicial. En el 2000, se desconoció este principio clásico de toda democracia y se le dio a la Corte Suprema de Justicia el poder que sólo pertenece al Congreso, con lo cual se violó la Constitución del país, por primera vez, en este sentido, en la historia de Estados Unidos.
George W. Bush fue, en efecto, al menos en su primer período, un Presidente inconstitucional, un golpista. No todos los golpes son como los de Batista, Pérez Jiménez, Rojas Pinillas ni Pinochet; aunque, a veces, el uso brutal de la ley es tan bestial como la brutalidad de la fuerza.
¿Por qué Al Gore aceptó un fraude tan evidente? ¿Por qué no acudió al Congreso, como determinaba la Constitución? ¿Por qué no convocó a la protesta popular que hubiera sido vibrante y multitudinaria en todo el país? ¿Por qué, simplemente, se calló? ¿Cómo es posible que un hombre enérgico actúe como un tímido adolescente? ¿Por qué no exigió, al día siguiente de la elección, que se hiciera un recuento general de votos o una nueva elección en Florida, lo que hubiera atraído toda la atención de la prensa y la opinión pública, dificultando un nuevo fraude? ¿Por qué no lo hizo? Aun más... ¿por qué no hizo nada? Varios analistas sugirieron, entonces, que Al Gore fue amenazado de muerte por agentes secretos del complejo militar-industrial que constituye el poder real del imperio, pues éste necesitaba que Bush fuera Presidente para que no se malograra todo lo que vino después: el Once de Septiembre y sus tres retoños, la guerra de Afganistán, la guerra de Irak y el Acta Patriótica –Patriot Act- que ha tratado de convertir al país en una dictadura.
B)
El Once de Septiembre: ¿es cierto, como afirman muchas personas en el mundo, que George W. Bush fue autor o cómplice o tenía conocimiento previo de los terribles atentados terroristas perpetrados el 11 de septiembre de 2001, en los que murieron miles de seres humanos? ¿Es posible esta monstruosidad? ¿Pudo ordenar la muerte de miles de sus compatriotas o conspirar para que esto ocurra o permitirlo pasivamente a sabiendas de que iba a suceder? ¿Fue, en fin, el 11 de septiembre una autoagresión del imperio?
-¡No, de ninguna manera! –exclaman, llenos de ira, sus defensores-.
-Es probable... ya que el imperio lo había hecho antes –sugieren, con cierta ironía, sin emoción ni furia, sus detractores-.
-¿Cómo que ya lo había hecho antes? –indagan, arqueando las cejas, aunque no del todo incrédulos, los neutrales-.
Este autor no se va a lanzar, como es su costumbre, al abismo desvaneciente del pasado para evocar probables autoagresiones ni actitudes sospechosas del imperio. Por eso es que nada dirá de Andrew Jackson ni la "agresión" de los Seminoles, del Incidente Duncan ni Las Malvinas, de Sam Houston ni El Alamo, de James Polk ni Méjico, de Ulises Grant ni Alaska, de Sanford Dole ni Hawaii, del acorazado Maine ni McKinley, de Victoriano Huerta ni el embajador Wilson, del Lusitania ni el presidente Wilson, de Pearl Harbor ni Roosevelt, del Golfo de Tonkín ni Johnson. No. Nada dirá de las que hay fuertes sospechas de haber sido autoagresiones. Se va a situar sólo en el presente, en aquel día del verano tardío o el incipiente otoño: el 11 de septiembre. Y lo va a hacer con muchas preguntas quizás no del todo ingenuas, esperando que quienes las lean recuerden, más menos, lo que sucedió aquel día, o lo que el gobierno y la prensa corporativa dicen que sucedió aquel día, o lo que muchos dudan de lo que dicen que sucedió aquel día, o lo que quizás ni siquiera sucedió aquel día... hace seis años y medio:a) ¿Por qué los Vuelos 11 y 175, que después impactarían las torres gemelas, no atacaron las plantas nucleares de Indian Point, situadas a unas cuarenta millas al norte de Nueva York, a orillas del Hudson, sobre las que volaron unos minutos antes del ataque? ¿Qué clase de terroristas eran aquéllos que iban a morir para herir al imperio y le salvaban la vida, pues de haber atacado a Indian Point habrían muerto varios millones de personas, y se habría devastado por siglos el Corredor Nordeste de Estados Unidos, que va de Boston a Washington, la zona más importante del país, lo que habría sido el golpe de muerte al imperio?
b) ¿Por qué el FBI desechó los múltiples informes de que podían producirse ataques terroristas usando como proyectiles o bombas los aviones de pasajeros?
c) ¿Por qué varios generales del Pentágono suspendieron el 9 y 10 de septiembre los viajes que iban a hacer en avión el 11?
d) ¿Por qué Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa –debía llamarse Secretario del Ataque- le comentó a un ayudante que algo grande iba a suceder ese día media hora antes de que sucediera?
e) ¿Cómo se entiende que varios de los diecinueve supuestos secuestradores obtuvieran visas de entrada y salida de EU y se entrenaran en varias escuelas de aviación, y que, al mismo tiempo, el FBI suspendiera una investigación que ya había iniciado sobre los mismos, lo que hubiera evitado los ataques? ¿Quién ordenó la suspensión de tan importante pesquisa?
f) ¿Por qué varios testigos claves, como controladores aéreos, bomberos, policías de Nueva York y agentes del FBI, han sido amenazados si revelan detalles sobre el derrumbe de las torres?
g) ¿Cómo se entiende que la Administración Federal de Aviación, (Federal Aviation Administration, FAA) y el Comando de la Defensa Aérea de América del Norte (North American Air Defense Command, NORAD), dos agencias que, por muchos años y hasta hoy, han actuado con admirable eficiencia, fueran tan negligentes... sólo aquella mañana?
h) ¿Cómo se explica que los dos aviones F-15 que, finalmente, salieron de la Base Aérea Otis, de la Guardia Nacional de Massachussetts, para interceptar las naves secuestradas, no lo pudieran hacer porque volaron a un promedio de 450 millas por hora, que es menos de la cuarta parte de su velocidad máxima de 1,875 millas por hora?
i) ¿Por qué los aviones impactaron los pisos superiores de ambas torres cuando pudieron haberlo hecho veinte o treinta pisos más abajo provocando la muerte de muchas más personas? ¿Acaso Mohammed Atta, piloto del Vuelo 11, que impactaría la torre norte, y jefe directo de toda la operación, le dijo a Marwan al Shehhi, piloto del Vuelo 175, que impactaría la torre sur: "Mira, Marwan, los hijueputas están en los pisos de arriba, los de abajo son buena gente"?
j) ¿Por qué el gobierno imperial de Bush insiste aún, a seis años y medio de los atentados, en que las torres cayeron porque el intenso calor provocado por el incendio del combustible de los aviones debilitó la estructura metálica que sostenía los 110 pisos, a pesar de que ya todo el mundo, sobre todo los ingenieros, asegura que sólo una explosión masiva interna pudo provocar el derrumbe hacia dentro, o implosión, de las torres? ¿No es lógico deducir que si ambas torres cayeron por implosión, como prueban las evidencias, las enormes cargas explosivas tuvieron que haber sido colocadas antes del impacto... no después?
k) Si todo esto fue producto, como sugiere la lógica, de una inmensa conspiración.... ¿quiénes tenían el poder necesario para mover en secreto todos los hilos de esa diabólica trama, sino las más altas figuras del gobierno, las fuerzas armadas y los cuerpos de inteligencia y seguridad de Estados Unidos?
l) Se dice que Osama bin Laden fue el autor intelectual del Once de Septiembre y él lo reconoce. Pero... ¿quién es y ha sido Osama? ¿Acaso su padre no era el socio del Viejo Bush en la compañía petrolera Zapata Oil en los años 50? ¿Acaso no actuó Osama como operativo de la Mossad -la Inteligencia más sionista que israelí-, y después de la CIA, antes y durante la guerra que los mujadines le hicieron al gobierno de Afganistán? ¿Fue cierto que rompió con el imperio yanki después que miles de sus soldados osaran hollar el sagrado, para él, suelo saudita durante y después de la Guerra del Golfo? ¿Acaso no sabía que los soldados del imperio yanki han hollado todas las tierras que han podido hollar, desde hace dos siglos, en todos los continentes, incluyendo la Antártica? ¿Acaso el imperio no había asesinado ya a millones de civiles inocentes mucho antes de su "cambio"? ¿Se había unido al imperio que ya había perpetrado tantos crímenes, desde el bombardeo a Trípoli, en 1801, y aun antes –el imperio yanki es anterior a Estados Unidos, tema que abordaré en otro análisis-, hasta la Guerra del Golfo, dos siglos después, y se separaba de él porque unos soldados ignorantes se reían en Riad y La Meca de las pobres mujeres de rostros invisibles y largos vestidos de perenne luto? ¿No es evidente que si el imperio hubiera querido derrotarlo y apresarlo y llevarlo a juicio por lo del 11 de septiembre, ya lo hubiera hecho? ¿Aplastó a uno de los imperios más poderosos de la historia, Japón, y no puede apresar a un fugitivo al que todo el mundo conoce? ¿Fue uno de los tres grandes poderes que vencieron al ejército más formidable de la historia, el de Hitler, y no puede apresar a quien sólo tiene una fuerza de cientos de hombres? ¿Detuvo el avance de cientos de miles de norcoreanos y los hizo retroceder hasta la frontera china y no puede vencer a un hombre que anda por ahí montando a caballo y durmiendo en cuevas? ¿Asesinó a Madero, Sandino, Mossadegh, Trujillo, Lumumba, Kennedy, Qasim, Diem, Che, King, Allende, Roldós, Torrijos y otros grandes líderes y no puede ni siquiera darle un puntapié a quien no tiene el apoyo de ningún gobierno? ¿Derrocó al gobierno de los talibanes en Afganistán y al de Saddam Hussein en Irak, que tenía el quinto ejército más poderoso del mundo, y no puede apresar a quien no tiene ni un techo que lo cubra? ¿Por qué? ¿Cuál es el misterio?
C) La guerra de Afganistán: si las evidencias mencionadas no fueran reales y, efectivamente, Osama bin Laden era un enemigo del imperio que preparó los atentados del 11 de septiembre, entonces estaba justificado que el imperio tratara de apresarlo en Afganistán, pero no que asesinara a cientos de miles de civiles inocentes con los bombardeos indiscriminados a los que sometió al pueblo afgano, en los que murieron familias en sus hogares, niños en sus escuelas, enfermos en sus hospitales, ancianos en sus asilos, obreros en sus talleres, campesinos en sus siembras. Más de trescientos mil seres humanos han muerto en estos seis años y medio de guerra continua y el único éxito que ha logrado el imperio en ese país es convertirlo, otra vez, en el primer productor mundial de amapola, con el 90% de la producción mundial. ¿Estará el Viejo Bush detrás de este reno-vado y multibillonario negocio de heroína? ¿Se seguirá reuniendo, en secreto, con los grandes señores que controlan la producción de amapola en las tierras afganas, como lo hacía con los libaneses en Beirut, los tailandeses en Chiang Mai, los bolivianos en Santa Cruz y los colombianos en Antioquia? Este autor duda que este señor esté reviviendo sus mocedades, cuando, como superagente y después director de la CIA, era el capo di tutti capi del hashish, la heroína, la marihuana y la cocaína en el mundo. Sus discípulos de la Agencia deben estar ocupándose ahora de esos negocios.
D) La guerra de Irak
Cuando Osama estaba rodeado en las montañas del sur de Afganistán y podía ser apresado por las tropas del imperio, Bush decidió invadir a Irak usando, en parte, a los soldados que estaban asediándolo. Hasta un niño de cuatro años al que se le dijera esto exclamaría: "¡Qué extraño, eh!".
¿Tenía Irak armas de destrucción masiva –Weapons of Mass Destruction, WMD— como dijo Bush para justificar la invasión? Ha pasado cinco años del inicio de la guerra y no se ha encontrado ni el menor indicio de que existan o hayan existido las armas de las que Estados Unidos es el principal arsenal del mundo, pues tiene más de ellas que el resto del mundo junto.
¿Fue Saddam Hussein cómplice del Once de Septiembre? Sólo si fue Bush el autor de este crimen pudo Hussein ser su cómplice, pues se sabe que, como aliado del imperio, le hizo la guerra a Irán para que los agentes de los Ayatollas no hicieran en los años ochenta lo que dicen que Osama hizo en el 2001. Si Bush no lo fue y sí un Osama antiyanki, no hay nada que pueda vincular a Hussein con Osama ni el Once de Septiembre.
Ha transcurrido cinco años del inicio de esta guerra, quizás la más injustificada e inmoral de todas las guerras de la era moderna. Se cree que por sus acciones directas y consecuencias indirectas, ha muerto de medio millón a un millón de iraquíes, y más de cuatro mil soldados del imperio.
Irak, la milenaria Mesopotamia, cuna de la civilización, tierra gloriosa en la que surgieron las ciencias, las artes y las letras –casi nada-, está envuelta en otra enorme tragedia, la guerra civil, pero no entre los que apoyaban a Hussein y los que se le oponían, sino entre las dos grandes facciones musulmanas del país, Chiíta y Sunita, y aun entre Chiítas y Chiitas y Sunitas y Sunitas, y todos contra la invasión imperialista que es la causa primaria de lo que está sucediendo hoy en el país, desde la catástrofe humana y los grandes bombardeos hasta los combatientes que se convierten en bombas y se inmolan y matan a diestra y siniestra, protestando con mas cólera que locura por la violación y el martirio de su patria.
E) Abu Ghraib.
El mundo entero recuerda, con espanto supremo, las fotos de Abu Ghraib, en las que unos soldados del imperio invasor someten a varios prisioneros iraquíes, en esa cárcel cercana a Bagdad, en su propia patria, a las más hirientes y degradantes torturas que recuerda la memoria humana, y, después, contemplan, sonrientes, alborozados, a los que les han arrancado los ojos y han sido mordidos por perros feroces y se apilan desnudos unos sobre otros y son obligados a tener relaciones sexuales y son suspendidos por largas horas con los brazos en alto y la cara cubierta por una capucha y han sido golpeados con gruesos bastones y han dejado en el piso pequeños lagos de sangre y materia que quizás sean de órganos sexuales
(...)
Bush y los principales dirigentes del imperio, entre ellos el vice, Dick Cheney; el Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld; la Secretaria de Estado, Condoleeza Rice; el Secretario de Justicia, John Ashcroft, y el Director de la CIA, George Tenet, han tratado de desentenderse de aquel hecho abominable, pero estudios recientes señalan que ellos sabían que, en las prisiones de Irak, Guantánamo y otras que aún se mantienen secretas, los prisioneros estaban siendo torturados.
Un editorial de The New York Times, el periódico más prestigioso de Estados Unidos, publicado este 20 de abril y titulado The torture sessions –Las sesiones de tortura-, dice, entre otras cosas: "Con el conocimiento y el apoyo del presidente Bush, algunos de los más altos funcionarios del país no sólo aprobaron el abuso de los prisioneros, sino que participaron en el plan detallado de los crueles interrogatorios y ayudaron a que se creara la estructura legal para proteger de la justicia a los que recibían las ordenes". Además: "Hemos leído los memorandums del Secretario de Justicia redefiniendo la tortura y aduciendo que, en este sentido, Bush no tenía que cumplir la ley".
¿Conocía Bush lo que estaba sucediendo en Abu Ghraib? El editorial del Times no lo aclara, pero, conociendo los otros crímenes cometidos por él y su familia, no es difícil suponer que lo sabía. Tampoco menciona el editorial las torturas a que eran sometidos los prisioneros en Guantánamo. Hace algún tiempo, un prisionero de esta base naval que el imperio mantiene a la fuerza, violando el tratado de arrendamiento que vencía en el 2001 y burlándose de la protesta de todo el pueblo cubano, se fue arrancando el cabello y dándose golpes en la cabeza durante toda una noche. Lo encontraron muerto por la mañana en su celda. En el piso estaba todo su cabello.
Las torturas de Abu Ghraib fueron conocidas por las fotos publicadas, pero... ¿cuántas torturas aun peores no habrá hecho el imperio de las que no hay constancia, en cárceles de las que ni siquiera se sabe que existen? ¡Prisiones secretas no tuvieron Assurbanípal ni Atila ni Gengis Khan ni Tamerlán ni Torquemada ni Robespierre ni Hitler ni Trujillo ni Pinochet ni Fujimori! En este sentido... George W. Bush ha roto todos los moldes históricos.
Algunos de los soldados que participaron en aquello, y los oficiales que lo permitieron, fueron llevados a juicio militar. Unos fueron declarados inocentes, otros recibieron leves sentencias, como la de la joven soldado que mira sonriente a la cámara junto a un hombre sin ojos y a un hombre sin falo, levantando el pulgar de una mano en señal de triunfo. Casi todos ya están en libertad. ¿Acaso Nixon no indultó al teniente Calley, el monstruo de My Lai? Un ejército de honor los hubiera fusilado.
F) El pueblo.
Mientras el imperio gasta y debe gastar más de un trillón de dólares en esas guerras, el pueblo de Estados Unidos paga las consecuencias. Jamás desde la Gran Depresión que comenzó con el crash bancario de 1929, un gobierno ha sido más enemigo del pueblo, ni más hostil al trabajador, ni más amigo del que explota el trabajo. Se han eliminado programas sociales que existían desde la época de Franklyn Delano Roosevelt que han afectado la salud, la educación, la familia, las artes, las investigaciones científicas, el cuidado de los niños, y se están gastando los fondos del Seguro Social, con lo que se pone en peligro el retiro de los que hoy aún trabajan y de los que ya lo disfrutan después de haber trabajado toda una vida. Los salarios se han mantenido fijos por muchos años, pero los precios de todo se han duplicado y triplicado –comida, medicina, alquiler, ropa, gasolina, seguros obligatorios, transporte, diversiones, etc.-, por lo que, en rigor, el salario es la mitad o la tercera parte de lo que era hace unos años. Cientos de miles de personas han perdido sus casas, que financiaban con el banco, y otros tantos las viviendas que alquilaban, por lo que la población desamparada –homeless- ha llegado a límites históricos. El delito, violento o no, ha aumentado en forma alarmante. Los jueces, fiscales y abogados defensores no dan abasto. Las cárceles están repletas. La inseguridad en las calles es la peor desde la era de Al Capone. Graves secuestros y asaltos bestiales suceden ahora todos los días. La policía de varias ciudades ha amenazado con irse a la huelga porque sus miembros están trabajando muchas horas, de día y de noche, y tienen que hacerlo con sueño... con el sueño americano.
G) La economía.
John Stiglitz, Premio Nóbel de Economía y expresidente del Banco Mundial, acaba de declarar en la telemisora CNBC: "Estados Unidos se acerca a la peor crisis económica desde los años 30" (se refiere, por supuesto, a la Gran Depresión, ya mencionada) Basta con esta opinión tan autorizada para que se entienda el estado en que este Bush deja la economía casi al final de su mandato.
H) En fin.
En menos de diez meses, el 20 de enero del año que viene, George W. Bush abandonará el cetro imperial. Quiere dejar en el trono a un Caín al que llaman McCain, pero el pueblo de Estados Unidos no puede ser tan fatal. Este Caín no mató a su hermano Abel, pero, a fines de 1967, después de haber bombardeado... ¡veintidós veces! ... las ciudades de Vietnam del Norte como piloto naval, su avión fue derribado en su vigésima tercera misión y él logró saltar antes en paracaídas. Herido, fue hecho prisionero. ¿Cuántas toneladas de bombas lanzó este señor sobre Vietnam? ¿Sesenta, doscientas, tres mil? Nadie lo sabe. ¡¿Cuántos niños, cuántos ancianos, cuántas mujeres, cuantos hombres habrá matado este señor en sus veintitrés misiones terroristas sobre ese martirizado país?! ¿Trescientos, ochocientos, once mil? Nadie lo sabe, pero sí sabe el mundo entero que el imperio asesinó a más dos millones de seres humanos en esa gloriosa patria, de los cuales más de la mitad fueron víctimas de su aviación.
Después de cinco años y medio como prisionero de guerra, Caín recobró su libertad en 1973, al lograrse el tratado de paz. Algunos años después dijo que había sido torturado en prisión por militares del Gobierno Revolucionario de Cuba. Es un dato bastante curioso que un piloto naval del imperio que, desde su guerra contra el pueblo filipino en 1901, se hizo famoso por sus sistemáticas torturas, diga que fue torturado por oficiales de un gobierno del que nadie tiene ni el menor indicio de haber torturado a nadie.
El pueblo de Estados Unidos votará por la oposición que, por mala que sea, si lo fuese, no puede serlo tanto como aquello a lo que se opone. Se cree que el candidato será Barack Obama y que llegará a la Casa Blanca. Ojalá que este negro pueda blanquear de verdad a una casa que tantos blancos ennegrecieron.
(Este autor emplaza a cualquiera a que pruebe que una sola frase de este análisis no se ajusta a la verdad)
(*) Vivo en esta ardiente y húmeda tumba del espíritu a la que llaman Miami, soy cubano, tengo 68 años, me gradué en Ciencias Políticas en Columbia University en 1967, he sido profesor de historia en Nueva York y Miami. Hoy estoy retirado de la vida académica y he dedicado los últimos 43 años a luchar contra el imperialismo yanki, brazo armado del capitalismo mundializado. Por mis orígenes familiares y sociales no siempre pensé igual. Salí de mi patria el mismo día que triunfó la Revolución -1 de enero de 1959-, con 19 años de edad, porque mi padre -Andrés Rivero Agüero- era en ese momento el Presidente-electo de Cuba que debía sustituir a Batista en febrero de ese año.
Como dirigente del Movimiento Nacionalista Cubano participé, en abril del 61, en la invasión a Playa Girón -Bahía de Cochinos- quizás no tanto una contradicción si se tiene en cuenta que lo hacíamos para evitar que los esbirros del imperio controlaran todo el poder si aquella invasión triunfaba. Por suerte para todos, fracasamos. A partir de entonces fui amalgamando las ideas nacionalistas y socialistas, proceso que explico ampliamente en mi libro "Los sobrinos del Tío Sam", una de cuyas ediciones internacionales fue hecha en España en 1976. Regresé a Cuba en 1974 y volví a salir en 1977, viviendo en este país desde entonces. He escrito otros libros. Ahora acabo de escribir "Danilo" y reescribir "Chapultepec", novelas políticas que estoy tratando de publicar en La Habana y en Méjico. Mi madre es salmantina y llegó a Cuba con once años de edad, por eso es que siempre he considerado a España también mi patria, por la sangre y la enorme admiración que siento por su extraordinaria cultura. Estuve en vuestra ciudad, la milenaria Egara (Terrassa), en noviembre de 1958 y mayo de 1971, admirando su historia, su arte, su industria, su escenario, su cálida gente. Comparto plenamente vuestra posición de combatir al capitalismo mundializado desde una posición de izquierda plural. O desaparece el capitalismo o su maldito engendro, el calentamiento global, hace desaparecer la civilización en este planeta.
Yo escribía asiduamente en El Nuevo Herald en el 2000 y 2001 cuando el director era David Lawrence y el coordinador editorial, Ramón Mestre. Era gente moderada. Después llegaron los incondicionales del imperio y todo cambió. Le tienen miedo a la mafia contrarrevolucionaria que controla la vida económica de esta ciudad. Es hoy la ultraderecha".
Carlos Rivero Collado
Nota del autor:
Este escrito es el análisis subjetivo de este autor, pero tiene como fuente las investigaciones que sobre esta familia han hecho escritores y periodistas de prestigio, en Estados Unidos. En la red hay una amplía relación de tales estudios, que debe ser consultada por quienes crean que no se ajusta a la verdad esta historia de sexo macabro, esclavitud laboral, nazismo, magnicidio, narcotráfico, genocidio, avaricia, explotación, fraude inmenso, latrocinio, drogadicción, alcoholismo, autoagresión, tortura y terrorismo. Por su-puesto que en la red, junto a muchos escritos serios y decentes, aparecen otros que no lo son, dedicados a mentir y calumniar. Cualquiera inventa un nombre, invierte una pequeña cantidad de dinero, escribe lo que le viene en ganas, sea verdad o mentira, elogio o anatema, excelencia o excrecencia, y lo cuelga en la red, y nadie entiende por qué no se le aplican a este medio de comunicación mundial las mismas leyes que a la prensa escrita, radial y televisada. Por eso es que el lector de la red tiene que distinguir entre libelistas y analistas, y éstos abundan más que aquéllos. Nadie vea en esta dura crítica el ataque personal a una familia, aunque sí al sistema político, social y económico que la hizo como es. Este autor ha vivido en Estados Unidos por más de cuarenta años y ha llegado a querer, admirar y, sobre todo, compadecer a su pueblo y le duele, como en carne propia, el inmenso daño que esta familia le ha hecho por más de noventa años. Sea este análisis, que integra uno de los capítulos de mi libro "Imperio del terror", inédito aún, un modesto homenaje a la paciencia de ese pueblo.
1-. El abuelo.
Prescott Sheldon Bush estudiaba en Yale University, en New Haven, Connecticut, allá por los años de la Primera Guerra Mundial y pertenecía a una fraternidad estudiantil llamada "Skull and Bones Society" (Sociedad del Esqueleto y los Huesos) cuya ceremonia de iniciación era un reflejo leal del violento corrupto imperio: los estudiantes se reunían en un sótano, no siempre de la universidad, el novato se acostaba desnudo en un ataúd, se cubría con huesos humanos que habían sido sacados de las tumbas profanadas de New Haven y, mientras se masturbaba delante de todos, contaba en alta voz sus experiencias sexuales. Este culto al sexo y la muerte se vería más generalizado unos años después en muchos otros lugares, entre ellos Abu Ghraib, adonde el sadismo y la obscenidad llegó a límites que no se han visto jamás en la historia de la humanidad y algunas de cuyas fotos se han de ver en este análisis.
En 1917, Prescott y otros estudiantes de Yale profanaron la tumba de Gerónimo, el héroe Apache, y se robaron sus huesos, que utilizarían, también, en sus novatadas de féretro, aplausos y esperma.
A fines de los años 30, Prescott dirigió la Union Banking Corporation, que ayudó a financiar la tiranía de Adolfo Hitler. Al entrar este país en guerra, el gobierno confiscó el banco por comerciar con el enemigo ("Trading with the Enemy Act", 1942). Otras de sus empresas posteriores se beneficiaron con los productos que creaban los prisioneros en los campos de concentración nazis.
Después de la guerra, Prescott mantuvo sus negocios con los aún seguían siendo nazis, a través de Fritz Thyssen, hasta 1952, en que, quizás como un premio a sus hazañas, fue electo Senador federal, por Connecticut.
2-. El padre.
Hay muchos libros serios escritos sobre George Herbert Walker Bush, que perteneció a la misma fraternidad macabra y realizó las propias novatadas en Yale casi treinta años después, que lo señalan como el gran padrino de la droga a nivel mundial desde que, como súper operativo de la CIA, llegó a Beirut, en 1956, para controlar el tráfico de hashish y heroína que llegaba al Líbano desde el Oriente y, después, alcanzaba Europa y Estados Unidos.
Su trayectoria en este sentido incluye su participación secreta en la creación, en los años 70, del mayor centro productor de heroína del mundo, en Chiang Mai, Tailandia; en la formación original de "La Mafia Cruceña", en Bolivia, que llegó a ser el mayor productor de pasta de coca del mundo (el famoso "Cocaine Coup", dirigido por el coronel Luis Arce Gómez, en julio de 1980, fue perpetrado en complicidad con este Bush, única vez en la historia que se ha dado un golpe de Estado para aumentar la producción de cocaína); en la creación de "La Compañía", en Antioquia, Colombia, con la familia Ochoa, que llegó a ser el mayor productor de clorhidrato de cocaína del mundo; el escándalo Irán-Contra, en que se traicionó al supuesto aliado, Irak, para venderle armas a su enemigo, Irán, en los momentos en que miles de seres humanos morían, de ambos bandos, en aquella guerra de los años 80. El desenlace de este escándalo fue la participación de los contra nicaragüenses para introducir en Estados Unidos, desde Colombia, veintisiete toneladas de cocaína pura –con un valor en la calle, o street value, de miles de millones de dólares- a través de una finca en Costa Rica, propiedad de un estadounidense que era operativo de la CIA, próxima a la frontera nicaragüense. De allí se traía la droga a dos aeropuertos, uno en Fort Lauderdale, Florida, y otro en Mena, Arkansas. Se cree, además, que Bill Clinton, gobernador entonces de Arkansas, fue cómplice de Bush, entonces Vicepresidente, en esta operación, y que utilizó para ello a su medio hermano Roger Clinton y a su cuñado Tony Rodham.
Al Viejo Bush, como se le conoce hoy, se le señala, además, como el enlace entre Allen Dulles, Richard Helms y David Attle Phillips con Howard Hunt en el asesinato de Kennedy. Hunt fue el hombre que vino a Miami y formó el grupo que, según se cree, conspiró para matar a Kennedy: Macho Barker, Frank Sturgis -Frank Fiorini-, Yito del Valle, Orlando Bosch, Luis Posada Carriles, Guillermo Novo, Herminio Díaz, Eugenio Rolando Martínez y otros. Se cree que Díaz y Martínez fueron los que le dispararon a Kennedy desde el "grassy knoll", la pequeña loma que se hallaba cerca de la limosina presidencial, en el centro de Dallas, cubierta de altos arbustos.
Los mayores crímenes del Viejo Bush no fueron, sin embargo, los mencionados, sino la invasión a Panamá, en diciembre del 89, y la agresión a Irak (Guerra del Golfo), trece meses después. En el primero, cientos de personas pobres, entre ellas decenas de niños pequeños, fueron asesinadas, de madrugada, en sus propios hogares, en el corregimiento Chorrillo, cercano al centro de mando del general Noriega. En el segundo, el imperio asesinó a más de cien mil iraquíes
sólo porque el gobierno de Saddam Hussein tuvo el justo valor de recuperar Kuwait, una parte integral de Mesopotamia desde hace nueve mil años, que los imperialistas británicos, maestros del imperio yanki, le arrancaron, a fines del siglo 18, cuando era dos zurreinatos del Imperio Otomano, en complicidad con los tatarabuelos de los actuales emires kuwaitíes. Cabe señalar que la diferencia de todo tipo que pueda haber entre un kuwaití y un iraquí es similar a la que hay entre un pinareño y un habanero o un cordobés y un sevillano, suponiendo que, en este último caso, ambos sean del mismo origen ibero o el mismo árabe.
¿Por qué la CIA controla el negocio de la droga? Pues por dinero –enormes cantidades de dinero- y para controlar mental-mente a millones de ciudadanos que, inmersos en el alucinante mundo de la droga, no se ocupan de atentar ni conspirar ni dañar ni siquiera intervenir en la vida pública, o sea como una forma de desinteresar a la población de los problemas políticos nacionales para que la pequeña élite misteriosa que dirige en secreto a este país pueda realizar su labor sin conflictos ni interferencias. Ejemplo: las elecciones presidenciales del 2004 en Estados Unidos, y casi todas las anteriores, en que ni siquiera votó la mitad del electorado. Parte esencial de esta conspiración son los múltiples programas asquerosos de la "television basura" –trash TV-; la lucha libre, repleta de fingido salvajismo y obscenidades reales; la pornografía, incluyendo la de padres teniendo relaciones sexuales con sus hijos y madres con sus hijas, que se divulga hasta por la Internet, a la que pueden tener acceso muchos niños; las películas ultraviolentas que salen de Hollywood; el fanatismo excesivo en los deportes; la educación mediocre en todos los niveles; la música epiléptica y estruendosa … y muchas cosas más. Detrás de todo esto, está la élite misteriosa que gobierna en secreto a este país, y su instrumento, la CIA, y ahora el Homeland Security Department, síntesis de las SS y la Gestapo de la era nazista en Alemania. En todo esto, el hombre clave, desde 1956, ha sido G.H.W. Bush.
Pero, se preguntarán algunos: "¿cómo pudo este señor cometer tantos y tan graves crímenes sin ser procesado jamás?". Otros dirán: "¡No, qué va, nada de eso puede ser cierto, un solo hombre no puede cometer tantos delitos!". Mi sugerencia a estas personas, y a muchas otras que pueden tener dudas similares, es que se conecten en la red con el sitio "George Herbert Walker Bush" y encontrarán muchos escritos serios, o sea verídicos, sobre este polifacético y fecundo delincuente. Tiene casi noventa años y aún anda por ahí por los aires lanzándose en paracaídas, exponiendo una vida muy distinta a la que le quitó a tantos inocentes.
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3-. La madre
Bárbara, fue, durante varios años, mientras su esposo era Vicepresidente y Presidente, la CEO –Chief Executive Officer o Jefe Ejecutivo- de Unicor, una compañía privada que se dedica a explotar el trabajo esclavo de los presos federales, que son mas de 150 mil en todo el país; y es posible que aún lo siga siendo a través de su actual jefe ejecutivo Kenneth Rocks. Es decir, la nuera imita al suegro, pero no esclavizando a los presos de los nazis sino a su propio pueblo, porque no es cuestión de ideología ni guerra, sino dinero. Los presos ganan de 35 centavos a $1.15 la hora, o sea mucho menos del salario mínimo -$6.15 la hora-, y crean productos que se venden a precios de mercado.
Unicor es una de las diversas compañías que tienen el monopolio de esta infamia. Algunas de ellas explotan, también, el trabajo esclavo de los presos estatales, que son más de dos millones en el país.
Quizás esta anciana señora no tenga una culpa directa en algo tan infame como la explotación del trabajo esclavo. Se sabe que el dueño real de Unicor ha sido su esposo y que ella es sólo una fachada, un front. En su juventud, cuando conoció al que después iba a ser su esposo, esta señora era maestra, lo cual prueba en ella cierta sensibilidad, cierta nobleza. Si hubiera seguido siendo maestra no se hubiera involucrado en algo tan vil... pero se casó.
¿Se imagina el lector que, por ejemplo, Sun Yat-sen de China, Azaña de España, Cárdenas de Méjico, Nehru de India, Perón de Argentina, De Gaulle de Francia, Nasser de Egipto, Goulart de Brazil o muchos otros jefes de Estado, hubieran sido, asimismo, mientras ejercían el poder, dueños una de las compañías que explotaban el trabajo esclavo de los prisioneros de sus respectivos países? ¡El escándalo hubiera sido gigantesco, habrían tenido que renunciar a sus cargos llenos de infamia, habrían sido colgados del poste más cercano! Bueno, pues eso mismo sucedió aquí en Estados Unidos... y no pasó nada.
(Véase en la red: Barbara Bush y Unicor; puede verse, además, Wackenhut y Corrections Corporation of America, CCA –de esta última compañía, Jorge Mas Canosa y sus herederos han sido, y quizás sigan siendo, accionistas mayores)
4-. Los hermanos.
Neil y Jeb le robaron al pueblo estadounidense decenas de millones de dólares, hace casi veinte años, cuando el Viejo era Vicepresidente, en el escándalo de los "Savings and Loans Associations". Se ha dicho que éste es "el robo más grande de la historia de Estados Unidos", pues le ha costado a sus contribuyentes –taxpayers-, hasta ahora, 1.4 trillones de dólares -o billones, en la medida española-, pues el gobierno federal tuvo que cubrir todas las pérdidas de los millones de ciudadanos que invirtieron en esas instituciones financieras. Teniendo en cuenta el dinero que se robaron y el que ha tenido que pagar el Estado, o sea el pueblo, Neil, Jeb y sus socios son los más grandes ladrones de la historia, ante los cuales Caco y los cuarenta ladrones del cuento de Alí Baba eran tiernos bebitos (véase en la red S&L Scandal)
7-. El emperador.
¿Cuál es la historia de este otro Bush?
Nada dirá este autor de su niñez privilegiada ni de su adolescencia inútil ni de su juventud, en la que se negó a ir a una guerra de la que su padre era uno de sus promotores, ni realizó estudios serios, ni tuvo un empleo sostenido, y en la que usó drogas y abusó del alcohol. No. Nada dirá de nada de eso.
Cuando tenía ya más de cuarenta años y era Gobernador de Texas -Tejas: territorio mejicano ocupado, ilegal y vergonzosamente, por el imperio desde 1845- se ejecutó en ese Estado más personas que en ningún otro del país en toda su historia y que en ningún otro país del mundo en la misma época, en su mayoría de origen latino o africano. Jamás el Gobernador concedió una sola conmutación de pena, por lo que hay que deducir que su aficción por la sangre no le surgió en la Casa Blanca.
¿Qué ha hecho este señor desde su llegada al poder imperial?
Veamos:
A) La antidemocracia: George W. Bush fue "electo" en noviembre del 2000 por un evidente pucherazo -fraude electoral-, y por la flagrante violación de las leyes electorales de Florida y la Constitución de Estados Unidos. Para que esto pueda ser entendido por quienes no conocen el sistema electoral de este país, es preciso explicarlo en forma simple.
El Colegio Electoral elige al Presidente sin que cuente para ello, directamente, la voluntad mayoritaria del pueblo. Voto popular es el que emite cada ciudadano con derecho al voto; voto electoral es el que representa a cada Estado, no a cada persona, y en su conjunto forma el Colegio Electoral. Cada Estado tiene un número determinado de votos electorales de acuerdo al total de sus habitantes; por ejemplo, por el estimado de población de julio del 2007, California tiene 55 votos electorales –que representan dos Senadores y 53 Representantes a la Cámara- y Dakota del Sur, sólo 3 votos electorales, que vienen a ser dos Senadores y un solo Representante a la Cámara. Esto, ya de entrada, es absurdo, pues éste es el único país del mundo, y de la historia, en que una provincia, Estado, región o departamento tiene o ha tenido más Senadores que Representantes.
El Colegio Electoral está integrado por 538 Electores que viene a ser el número total de Senadores, o sea 100 (dos por cada Estado, sin tener en cuenta su población) y Representantes, o sea 438, que son electos de acuerdo a un número determinado de habitantes, que no es el mismo en cada Estado –usando el mismo ejemplo: cada 690,000 en California, y cada 796,000 en Dakota del Sur-.
Es una aberración política y una negación de la democracia, o sea de la voluntad del pueblo, que California, que, de acuerdo al propio estimado poblacional del año pasado, tiene 36.553,000 habitantes, tenga el mismo número de Senadores que Dakota del Sur, que sólo tiene 640,000 habitantes, porque, en este caso, o casi 36 millones de californianos no están representados debidamente en el Senado o los habitantes de Dakota del Sur están representados en el propio cuerpo legislativo 57 veces más de lo debido.
Es la mayoría de votos del Colegio Electoral la que elige al Presidente, no la mayoría del pueblo. Si hay dos candidatos a Presidente, como suele ocurrir, ya que sólo hay dos grandes partidos políticos, el candidato vencedor es el que obtiene la mitad más uno de los 538 votos electorales, o sea 270; si hay más de dos candidatos y ninguno gana la mitad más uno de los votos electorales hay que ir a una segunda vuelta entre los dos candidatos que más votos electorales hayan tenido en la primera vuelta hasta que uno de ellos obtenga los 270 votos electorales necesarios para ganar.
De acuerdo a este antidemocrático sistema electoral, un candí-dato puede ser electo por la minoría del pueblo ya que quien tenga mayor número de votos populares en un Estado se lleva todos los votos electorales de ese Estado. Por ejemplo: el candidato presidencial #1, llamémosle John, saca en California, digamos 6.500, 000 votos y el candidato presidencial #2, llamémosle Peter, saca 6.495,000 votos populares. Aparte de que en este caso se ve, como siempre, la baja concurrencia a las urnas, pues no llega ni al 45%, la diferencia popular entre John y Peter es mínima, sólo de cinco mil votos; pero los 55 votos electorales de California van íntegramente a John y ni uno solo a Peter. En la misma elección, John saca, por ejemplo, en Dakota del Sur, 20,000 votos, pero Peter obtiene 180,000, o sea 160,000 más que John. Este triunfo sólo le da a Peter 3 votos electorales. O sea que, sumando conjuntamente el voto popular y el electoral, Peter tiene 155,000 votos populares más que John; pero éste tiene 52 votos electorales más que aquél. Si esta diferencia entre el voto popular y el electoral se mantiene proporcional en el resto del país, John sería electo Presidente porque ha ganado el colegio electoral, a pesar de que el perdedor Peter tendría varios millones de votos populares más que el ganador John.
John Quincy Adams, Rutherford B. Hayes, Benjamin Harrison y George W. Bush fueron electos presidentes, a pesar de que la mayoría del pueblo estadounidense votó por el candidato que perdió la elección.
Si eso es democracia, Clístenes era vendedor de frutas en el Pireo y Rousseau, coime de billar en Ginebra.
Aclarado esto, volvamos a la familia Bush.
La elección presidencial de noviembre del 2000 estaba muy reñida en todo el país en cuanto a votos electorales, a pesar de que Al Gore tenía medio millón de votos populares más que Bush. Estaban casi empatados en cuanto a votos electorales en todo el país y la elección en Florida aún no se había decidido, pues la diferencia era de unos pocos cientos de votos populares. Quien ganara Florida llegaba a los 270 votos electorales y era elegido Presidente. De acuerdo al código electoral de Florida, si la diferencia entre los dos candidatos es menor al 1%, hay que ir a un recuento general de votos en todo el Estado o a una nueva elección, a no ser que el candidato que sacara menos votos en esa diferencia mínima aceptara su derrota antes del recuento. Al día siguiente de la elección, se informó que Bush tenía unos 400 ó 500 votos más que Gore, o sea apenas un 0.01% de la votación total o la décima parte del 1% requerido para un conteo general en el Estado o una nueva elección; pero no se hizo ni lo uno ni lo otro.
Katherine Harris, Secretaria de Estado de la Florida, y dirigente de la campaña estatal para elegir a Bush, nombrada para ambos cargos por el gobernador Jeb Bush, hermano menor de George, certificó que en la votación del Estado, Bush había obtenido 539 votos más que Gore y, en una decisión posterior, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, cuya mayoría de sus magistrados era de miembros del propio partido de Bush, decidió que la certificación de Harris era correcta y tenía que ser aceptada. Con lo cual Bush ganaba la elección que, de acuerdo a la voluntad supuestamente soberana del pueblo, había perdido.
Otros hechos aun más ilegales y vergonzosos salieron a relucir unos días después. En los vecinos condados Broward, cuyo centro es Fort Lauderdale, y Dade, cuyo centro es Miami, que cuentan con la mayor concentración poblacional del Estado, miles de votos fueron anulados, sobre todo de votantes afroestadounidenses. Varios de los funcionarios de estos centros de votación eran estadounidenses de origen cubano, defensores fanáticos de todo lo que sea reacción, o sea del Partido Republicano de Bush. Se cree que más de veinte mil votos de afroestadounidenses, en especial en esos dos condados, fueron anulados sin motivo alguno, y que en más de un 90% eran votos de Gore. Unos mercenarios de origen cubano, pagados por la mafia ultraderechista de Miami, amenazaron a varios miembros de algunos centros de votación en que se estaba llevando a cabo un recuento provisional de votos. La policía no intervino, a pesar del palpable delito, y el conteo fue suspendido.
En toda democracia moderna, sea capitalista, comunista, socialista, socialdemócrata, popular o de cualquier otro matiz o mezcla de matices, el primer poder del Estado es el legislativo, no el ejecutivo ni el judicial. En el 2000, se desconoció este principio clásico de toda democracia y se le dio a la Corte Suprema de Justicia el poder que sólo pertenece al Congreso, con lo cual se violó la Constitución del país, por primera vez, en este sentido, en la historia de Estados Unidos.
George W. Bush fue, en efecto, al menos en su primer período, un Presidente inconstitucional, un golpista. No todos los golpes son como los de Batista, Pérez Jiménez, Rojas Pinillas ni Pinochet; aunque, a veces, el uso brutal de la ley es tan bestial como la brutalidad de la fuerza.
¿Por qué Al Gore aceptó un fraude tan evidente? ¿Por qué no acudió al Congreso, como determinaba la Constitución? ¿Por qué no convocó a la protesta popular que hubiera sido vibrante y multitudinaria en todo el país? ¿Por qué, simplemente, se calló? ¿Cómo es posible que un hombre enérgico actúe como un tímido adolescente? ¿Por qué no exigió, al día siguiente de la elección, que se hiciera un recuento general de votos o una nueva elección en Florida, lo que hubiera atraído toda la atención de la prensa y la opinión pública, dificultando un nuevo fraude? ¿Por qué no lo hizo? Aun más... ¿por qué no hizo nada? Varios analistas sugirieron, entonces, que Al Gore fue amenazado de muerte por agentes secretos del complejo militar-industrial que constituye el poder real del imperio, pues éste necesitaba que Bush fuera Presidente para que no se malograra todo lo que vino después: el Once de Septiembre y sus tres retoños, la guerra de Afganistán, la guerra de Irak y el Acta Patriótica –Patriot Act- que ha tratado de convertir al país en una dictadura.
B)
El Once de Septiembre: ¿es cierto, como afirman muchas personas en el mundo, que George W. Bush fue autor o cómplice o tenía conocimiento previo de los terribles atentados terroristas perpetrados el 11 de septiembre de 2001, en los que murieron miles de seres humanos? ¿Es posible esta monstruosidad? ¿Pudo ordenar la muerte de miles de sus compatriotas o conspirar para que esto ocurra o permitirlo pasivamente a sabiendas de que iba a suceder? ¿Fue, en fin, el 11 de septiembre una autoagresión del imperio?
-¡No, de ninguna manera! –exclaman, llenos de ira, sus defensores-.
-Es probable... ya que el imperio lo había hecho antes –sugieren, con cierta ironía, sin emoción ni furia, sus detractores-.
-¿Cómo que ya lo había hecho antes? –indagan, arqueando las cejas, aunque no del todo incrédulos, los neutrales-.
Este autor no se va a lanzar, como es su costumbre, al abismo desvaneciente del pasado para evocar probables autoagresiones ni actitudes sospechosas del imperio. Por eso es que nada dirá de Andrew Jackson ni la "agresión" de los Seminoles, del Incidente Duncan ni Las Malvinas, de Sam Houston ni El Alamo, de James Polk ni Méjico, de Ulises Grant ni Alaska, de Sanford Dole ni Hawaii, del acorazado Maine ni McKinley, de Victoriano Huerta ni el embajador Wilson, del Lusitania ni el presidente Wilson, de Pearl Harbor ni Roosevelt, del Golfo de Tonkín ni Johnson. No. Nada dirá de las que hay fuertes sospechas de haber sido autoagresiones. Se va a situar sólo en el presente, en aquel día del verano tardío o el incipiente otoño: el 11 de septiembre. Y lo va a hacer con muchas preguntas quizás no del todo ingenuas, esperando que quienes las lean recuerden, más menos, lo que sucedió aquel día, o lo que el gobierno y la prensa corporativa dicen que sucedió aquel día, o lo que muchos dudan de lo que dicen que sucedió aquel día, o lo que quizás ni siquiera sucedió aquel día... hace seis años y medio:a) ¿Por qué los Vuelos 11 y 175, que después impactarían las torres gemelas, no atacaron las plantas nucleares de Indian Point, situadas a unas cuarenta millas al norte de Nueva York, a orillas del Hudson, sobre las que volaron unos minutos antes del ataque? ¿Qué clase de terroristas eran aquéllos que iban a morir para herir al imperio y le salvaban la vida, pues de haber atacado a Indian Point habrían muerto varios millones de personas, y se habría devastado por siglos el Corredor Nordeste de Estados Unidos, que va de Boston a Washington, la zona más importante del país, lo que habría sido el golpe de muerte al imperio?
b) ¿Por qué el FBI desechó los múltiples informes de que podían producirse ataques terroristas usando como proyectiles o bombas los aviones de pasajeros?
c) ¿Por qué varios generales del Pentágono suspendieron el 9 y 10 de septiembre los viajes que iban a hacer en avión el 11?
d) ¿Por qué Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa –debía llamarse Secretario del Ataque- le comentó a un ayudante que algo grande iba a suceder ese día media hora antes de que sucediera?
e) ¿Cómo se entiende que varios de los diecinueve supuestos secuestradores obtuvieran visas de entrada y salida de EU y se entrenaran en varias escuelas de aviación, y que, al mismo tiempo, el FBI suspendiera una investigación que ya había iniciado sobre los mismos, lo que hubiera evitado los ataques? ¿Quién ordenó la suspensión de tan importante pesquisa?
f) ¿Por qué varios testigos claves, como controladores aéreos, bomberos, policías de Nueva York y agentes del FBI, han sido amenazados si revelan detalles sobre el derrumbe de las torres?
g) ¿Cómo se entiende que la Administración Federal de Aviación, (Federal Aviation Administration, FAA) y el Comando de la Defensa Aérea de América del Norte (North American Air Defense Command, NORAD), dos agencias que, por muchos años y hasta hoy, han actuado con admirable eficiencia, fueran tan negligentes... sólo aquella mañana?
h) ¿Cómo se explica que los dos aviones F-15 que, finalmente, salieron de la Base Aérea Otis, de la Guardia Nacional de Massachussetts, para interceptar las naves secuestradas, no lo pudieran hacer porque volaron a un promedio de 450 millas por hora, que es menos de la cuarta parte de su velocidad máxima de 1,875 millas por hora?
i) ¿Por qué los aviones impactaron los pisos superiores de ambas torres cuando pudieron haberlo hecho veinte o treinta pisos más abajo provocando la muerte de muchas más personas? ¿Acaso Mohammed Atta, piloto del Vuelo 11, que impactaría la torre norte, y jefe directo de toda la operación, le dijo a Marwan al Shehhi, piloto del Vuelo 175, que impactaría la torre sur: "Mira, Marwan, los hijueputas están en los pisos de arriba, los de abajo son buena gente"?
j) ¿Por qué el gobierno imperial de Bush insiste aún, a seis años y medio de los atentados, en que las torres cayeron porque el intenso calor provocado por el incendio del combustible de los aviones debilitó la estructura metálica que sostenía los 110 pisos, a pesar de que ya todo el mundo, sobre todo los ingenieros, asegura que sólo una explosión masiva interna pudo provocar el derrumbe hacia dentro, o implosión, de las torres? ¿No es lógico deducir que si ambas torres cayeron por implosión, como prueban las evidencias, las enormes cargas explosivas tuvieron que haber sido colocadas antes del impacto... no después?
k) Si todo esto fue producto, como sugiere la lógica, de una inmensa conspiración.... ¿quiénes tenían el poder necesario para mover en secreto todos los hilos de esa diabólica trama, sino las más altas figuras del gobierno, las fuerzas armadas y los cuerpos de inteligencia y seguridad de Estados Unidos?
l) Se dice que Osama bin Laden fue el autor intelectual del Once de Septiembre y él lo reconoce. Pero... ¿quién es y ha sido Osama? ¿Acaso su padre no era el socio del Viejo Bush en la compañía petrolera Zapata Oil en los años 50? ¿Acaso no actuó Osama como operativo de la Mossad -la Inteligencia más sionista que israelí-, y después de la CIA, antes y durante la guerra que los mujadines le hicieron al gobierno de Afganistán? ¿Fue cierto que rompió con el imperio yanki después que miles de sus soldados osaran hollar el sagrado, para él, suelo saudita durante y después de la Guerra del Golfo? ¿Acaso no sabía que los soldados del imperio yanki han hollado todas las tierras que han podido hollar, desde hace dos siglos, en todos los continentes, incluyendo la Antártica? ¿Acaso el imperio no había asesinado ya a millones de civiles inocentes mucho antes de su "cambio"? ¿Se había unido al imperio que ya había perpetrado tantos crímenes, desde el bombardeo a Trípoli, en 1801, y aun antes –el imperio yanki es anterior a Estados Unidos, tema que abordaré en otro análisis-, hasta la Guerra del Golfo, dos siglos después, y se separaba de él porque unos soldados ignorantes se reían en Riad y La Meca de las pobres mujeres de rostros invisibles y largos vestidos de perenne luto? ¿No es evidente que si el imperio hubiera querido derrotarlo y apresarlo y llevarlo a juicio por lo del 11 de septiembre, ya lo hubiera hecho? ¿Aplastó a uno de los imperios más poderosos de la historia, Japón, y no puede apresar a un fugitivo al que todo el mundo conoce? ¿Fue uno de los tres grandes poderes que vencieron al ejército más formidable de la historia, el de Hitler, y no puede apresar a quien sólo tiene una fuerza de cientos de hombres? ¿Detuvo el avance de cientos de miles de norcoreanos y los hizo retroceder hasta la frontera china y no puede vencer a un hombre que anda por ahí montando a caballo y durmiendo en cuevas? ¿Asesinó a Madero, Sandino, Mossadegh, Trujillo, Lumumba, Kennedy, Qasim, Diem, Che, King, Allende, Roldós, Torrijos y otros grandes líderes y no puede ni siquiera darle un puntapié a quien no tiene el apoyo de ningún gobierno? ¿Derrocó al gobierno de los talibanes en Afganistán y al de Saddam Hussein en Irak, que tenía el quinto ejército más poderoso del mundo, y no puede apresar a quien no tiene ni un techo que lo cubra? ¿Por qué? ¿Cuál es el misterio?
C) La guerra de Afganistán: si las evidencias mencionadas no fueran reales y, efectivamente, Osama bin Laden era un enemigo del imperio que preparó los atentados del 11 de septiembre, entonces estaba justificado que el imperio tratara de apresarlo en Afganistán, pero no que asesinara a cientos de miles de civiles inocentes con los bombardeos indiscriminados a los que sometió al pueblo afgano, en los que murieron familias en sus hogares, niños en sus escuelas, enfermos en sus hospitales, ancianos en sus asilos, obreros en sus talleres, campesinos en sus siembras. Más de trescientos mil seres humanos han muerto en estos seis años y medio de guerra continua y el único éxito que ha logrado el imperio en ese país es convertirlo, otra vez, en el primer productor mundial de amapola, con el 90% de la producción mundial. ¿Estará el Viejo Bush detrás de este reno-vado y multibillonario negocio de heroína? ¿Se seguirá reuniendo, en secreto, con los grandes señores que controlan la producción de amapola en las tierras afganas, como lo hacía con los libaneses en Beirut, los tailandeses en Chiang Mai, los bolivianos en Santa Cruz y los colombianos en Antioquia? Este autor duda que este señor esté reviviendo sus mocedades, cuando, como superagente y después director de la CIA, era el capo di tutti capi del hashish, la heroína, la marihuana y la cocaína en el mundo. Sus discípulos de la Agencia deben estar ocupándose ahora de esos negocios.
D) La guerra de Irak
Cuando Osama estaba rodeado en las montañas del sur de Afganistán y podía ser apresado por las tropas del imperio, Bush decidió invadir a Irak usando, en parte, a los soldados que estaban asediándolo. Hasta un niño de cuatro años al que se le dijera esto exclamaría: "¡Qué extraño, eh!".
¿Tenía Irak armas de destrucción masiva –Weapons of Mass Destruction, WMD— como dijo Bush para justificar la invasión? Ha pasado cinco años del inicio de la guerra y no se ha encontrado ni el menor indicio de que existan o hayan existido las armas de las que Estados Unidos es el principal arsenal del mundo, pues tiene más de ellas que el resto del mundo junto.
¿Fue Saddam Hussein cómplice del Once de Septiembre? Sólo si fue Bush el autor de este crimen pudo Hussein ser su cómplice, pues se sabe que, como aliado del imperio, le hizo la guerra a Irán para que los agentes de los Ayatollas no hicieran en los años ochenta lo que dicen que Osama hizo en el 2001. Si Bush no lo fue y sí un Osama antiyanki, no hay nada que pueda vincular a Hussein con Osama ni el Once de Septiembre.
Ha transcurrido cinco años del inicio de esta guerra, quizás la más injustificada e inmoral de todas las guerras de la era moderna. Se cree que por sus acciones directas y consecuencias indirectas, ha muerto de medio millón a un millón de iraquíes, y más de cuatro mil soldados del imperio.
Irak, la milenaria Mesopotamia, cuna de la civilización, tierra gloriosa en la que surgieron las ciencias, las artes y las letras –casi nada-, está envuelta en otra enorme tragedia, la guerra civil, pero no entre los que apoyaban a Hussein y los que se le oponían, sino entre las dos grandes facciones musulmanas del país, Chiíta y Sunita, y aun entre Chiítas y Chiitas y Sunitas y Sunitas, y todos contra la invasión imperialista que es la causa primaria de lo que está sucediendo hoy en el país, desde la catástrofe humana y los grandes bombardeos hasta los combatientes que se convierten en bombas y se inmolan y matan a diestra y siniestra, protestando con mas cólera que locura por la violación y el martirio de su patria.
E) Abu Ghraib.
El mundo entero recuerda, con espanto supremo, las fotos de Abu Ghraib, en las que unos soldados del imperio invasor someten a varios prisioneros iraquíes, en esa cárcel cercana a Bagdad, en su propia patria, a las más hirientes y degradantes torturas que recuerda la memoria humana, y, después, contemplan, sonrientes, alborozados, a los que les han arrancado los ojos y han sido mordidos por perros feroces y se apilan desnudos unos sobre otros y son obligados a tener relaciones sexuales y son suspendidos por largas horas con los brazos en alto y la cara cubierta por una capucha y han sido golpeados con gruesos bastones y han dejado en el piso pequeños lagos de sangre y materia que quizás sean de órganos sexuales
(...)
Bush y los principales dirigentes del imperio, entre ellos el vice, Dick Cheney; el Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld; la Secretaria de Estado, Condoleeza Rice; el Secretario de Justicia, John Ashcroft, y el Director de la CIA, George Tenet, han tratado de desentenderse de aquel hecho abominable, pero estudios recientes señalan que ellos sabían que, en las prisiones de Irak, Guantánamo y otras que aún se mantienen secretas, los prisioneros estaban siendo torturados.
Un editorial de The New York Times, el periódico más prestigioso de Estados Unidos, publicado este 20 de abril y titulado The torture sessions –Las sesiones de tortura-, dice, entre otras cosas: "Con el conocimiento y el apoyo del presidente Bush, algunos de los más altos funcionarios del país no sólo aprobaron el abuso de los prisioneros, sino que participaron en el plan detallado de los crueles interrogatorios y ayudaron a que se creara la estructura legal para proteger de la justicia a los que recibían las ordenes". Además: "Hemos leído los memorandums del Secretario de Justicia redefiniendo la tortura y aduciendo que, en este sentido, Bush no tenía que cumplir la ley".
¿Conocía Bush lo que estaba sucediendo en Abu Ghraib? El editorial del Times no lo aclara, pero, conociendo los otros crímenes cometidos por él y su familia, no es difícil suponer que lo sabía. Tampoco menciona el editorial las torturas a que eran sometidos los prisioneros en Guantánamo. Hace algún tiempo, un prisionero de esta base naval que el imperio mantiene a la fuerza, violando el tratado de arrendamiento que vencía en el 2001 y burlándose de la protesta de todo el pueblo cubano, se fue arrancando el cabello y dándose golpes en la cabeza durante toda una noche. Lo encontraron muerto por la mañana en su celda. En el piso estaba todo su cabello.
Las torturas de Abu Ghraib fueron conocidas por las fotos publicadas, pero... ¿cuántas torturas aun peores no habrá hecho el imperio de las que no hay constancia, en cárceles de las que ni siquiera se sabe que existen? ¡Prisiones secretas no tuvieron Assurbanípal ni Atila ni Gengis Khan ni Tamerlán ni Torquemada ni Robespierre ni Hitler ni Trujillo ni Pinochet ni Fujimori! En este sentido... George W. Bush ha roto todos los moldes históricos.
Algunos de los soldados que participaron en aquello, y los oficiales que lo permitieron, fueron llevados a juicio militar. Unos fueron declarados inocentes, otros recibieron leves sentencias, como la de la joven soldado que mira sonriente a la cámara junto a un hombre sin ojos y a un hombre sin falo, levantando el pulgar de una mano en señal de triunfo. Casi todos ya están en libertad. ¿Acaso Nixon no indultó al teniente Calley, el monstruo de My Lai? Un ejército de honor los hubiera fusilado.
F) El pueblo.
Mientras el imperio gasta y debe gastar más de un trillón de dólares en esas guerras, el pueblo de Estados Unidos paga las consecuencias. Jamás desde la Gran Depresión que comenzó con el crash bancario de 1929, un gobierno ha sido más enemigo del pueblo, ni más hostil al trabajador, ni más amigo del que explota el trabajo. Se han eliminado programas sociales que existían desde la época de Franklyn Delano Roosevelt que han afectado la salud, la educación, la familia, las artes, las investigaciones científicas, el cuidado de los niños, y se están gastando los fondos del Seguro Social, con lo que se pone en peligro el retiro de los que hoy aún trabajan y de los que ya lo disfrutan después de haber trabajado toda una vida. Los salarios se han mantenido fijos por muchos años, pero los precios de todo se han duplicado y triplicado –comida, medicina, alquiler, ropa, gasolina, seguros obligatorios, transporte, diversiones, etc.-, por lo que, en rigor, el salario es la mitad o la tercera parte de lo que era hace unos años. Cientos de miles de personas han perdido sus casas, que financiaban con el banco, y otros tantos las viviendas que alquilaban, por lo que la población desamparada –homeless- ha llegado a límites históricos. El delito, violento o no, ha aumentado en forma alarmante. Los jueces, fiscales y abogados defensores no dan abasto. Las cárceles están repletas. La inseguridad en las calles es la peor desde la era de Al Capone. Graves secuestros y asaltos bestiales suceden ahora todos los días. La policía de varias ciudades ha amenazado con irse a la huelga porque sus miembros están trabajando muchas horas, de día y de noche, y tienen que hacerlo con sueño... con el sueño americano.
G) La economía.
John Stiglitz, Premio Nóbel de Economía y expresidente del Banco Mundial, acaba de declarar en la telemisora CNBC: "Estados Unidos se acerca a la peor crisis económica desde los años 30" (se refiere, por supuesto, a la Gran Depresión, ya mencionada) Basta con esta opinión tan autorizada para que se entienda el estado en que este Bush deja la economía casi al final de su mandato.
H) En fin.
En menos de diez meses, el 20 de enero del año que viene, George W. Bush abandonará el cetro imperial. Quiere dejar en el trono a un Caín al que llaman McCain, pero el pueblo de Estados Unidos no puede ser tan fatal. Este Caín no mató a su hermano Abel, pero, a fines de 1967, después de haber bombardeado... ¡veintidós veces! ... las ciudades de Vietnam del Norte como piloto naval, su avión fue derribado en su vigésima tercera misión y él logró saltar antes en paracaídas. Herido, fue hecho prisionero. ¿Cuántas toneladas de bombas lanzó este señor sobre Vietnam? ¿Sesenta, doscientas, tres mil? Nadie lo sabe. ¡¿Cuántos niños, cuántos ancianos, cuántas mujeres, cuantos hombres habrá matado este señor en sus veintitrés misiones terroristas sobre ese martirizado país?! ¿Trescientos, ochocientos, once mil? Nadie lo sabe, pero sí sabe el mundo entero que el imperio asesinó a más dos millones de seres humanos en esa gloriosa patria, de los cuales más de la mitad fueron víctimas de su aviación.
Después de cinco años y medio como prisionero de guerra, Caín recobró su libertad en 1973, al lograrse el tratado de paz. Algunos años después dijo que había sido torturado en prisión por militares del Gobierno Revolucionario de Cuba. Es un dato bastante curioso que un piloto naval del imperio que, desde su guerra contra el pueblo filipino en 1901, se hizo famoso por sus sistemáticas torturas, diga que fue torturado por oficiales de un gobierno del que nadie tiene ni el menor indicio de haber torturado a nadie.
El pueblo de Estados Unidos votará por la oposición que, por mala que sea, si lo fuese, no puede serlo tanto como aquello a lo que se opone. Se cree que el candidato será Barack Obama y que llegará a la Casa Blanca. Ojalá que este negro pueda blanquear de verdad a una casa que tantos blancos ennegrecieron.
(Este autor emplaza a cualquiera a que pruebe que una sola frase de este análisis no se ajusta a la verdad)
(*) Vivo en esta ardiente y húmeda tumba del espíritu a la que llaman Miami, soy cubano, tengo 68 años, me gradué en Ciencias Políticas en Columbia University en 1967, he sido profesor de historia en Nueva York y Miami. Hoy estoy retirado de la vida académica y he dedicado los últimos 43 años a luchar contra el imperialismo yanki, brazo armado del capitalismo mundializado. Por mis orígenes familiares y sociales no siempre pensé igual. Salí de mi patria el mismo día que triunfó la Revolución -1 de enero de 1959-, con 19 años de edad, porque mi padre -Andrés Rivero Agüero- era en ese momento el Presidente-electo de Cuba que debía sustituir a Batista en febrero de ese año.
Como dirigente del Movimiento Nacionalista Cubano participé, en abril del 61, en la invasión a Playa Girón -Bahía de Cochinos- quizás no tanto una contradicción si se tiene en cuenta que lo hacíamos para evitar que los esbirros del imperio controlaran todo el poder si aquella invasión triunfaba. Por suerte para todos, fracasamos. A partir de entonces fui amalgamando las ideas nacionalistas y socialistas, proceso que explico ampliamente en mi libro "Los sobrinos del Tío Sam", una de cuyas ediciones internacionales fue hecha en España en 1976. Regresé a Cuba en 1974 y volví a salir en 1977, viviendo en este país desde entonces. He escrito otros libros. Ahora acabo de escribir "Danilo" y reescribir "Chapultepec", novelas políticas que estoy tratando de publicar en La Habana y en Méjico. Mi madre es salmantina y llegó a Cuba con once años de edad, por eso es que siempre he considerado a España también mi patria, por la sangre y la enorme admiración que siento por su extraordinaria cultura. Estuve en vuestra ciudad, la milenaria Egara (Terrassa), en noviembre de 1958 y mayo de 1971, admirando su historia, su arte, su industria, su escenario, su cálida gente. Comparto plenamente vuestra posición de combatir al capitalismo mundializado desde una posición de izquierda plural. O desaparece el capitalismo o su maldito engendro, el calentamiento global, hace desaparecer la civilización en este planeta.
Yo escribía asiduamente en El Nuevo Herald en el 2000 y 2001 cuando el director era David Lawrence y el coordinador editorial, Ramón Mestre. Era gente moderada. Después llegaron los incondicionales del imperio y todo cambió. Le tienen miedo a la mafia contrarrevolucionaria que controla la vida económica de esta ciudad. Es hoy la ultraderecha".
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