16 febrero 2008

Muere en una explosión el líder del brazo armado de la Yihad Islámica



TODO: La paz de los cementerios. Israel es el "único" país democrático del Medio Oriente, el más puro y santo. El ejército mata a los "terroristas". Su potencia de fuego hace "justicia". ¿Mueren civiles inocentes? Pues no importa: "mejor que mueran mil palestinos inocentes y no uno solo israelí.
Esa fue la ley de Atilas, la de todos los dictadores, la del general Roca, la de Uriburu e Hitler, la de videla y Pinochet, la de USA, la de la prisión de Guantánamo.

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Según testigos, se trata de un ataque aéreo israelí, que ha dejado siete fallecidos y más de 40 heridos.- El Ejército israelí niega su participación

AGENCIAS - Gaza - 15/02/2008

El dirigente del brazo armado de la Yihad Islámica, Ayman Abu Fayed, más conocido como Abu Abdallah, falleció el viernes en una explosión ocurrida en el campo de refugiados de Al Bureij, en la Franja de Gaza, en la que también han muerto al menos otros siete palestinos y más de 40 han resultado heridos.•
Testigos y fuentes sanitarias han atribuido la explosión a un ataque con cohetes desde el aire, pero el Ejército israelí ha desmentido de forma categórica cualquier relación con los hechos. La explosión se ha producido en un edificio de viviendas del campo de Al Bureij donde residía Abu Fayed. La deflagración ha provocado el derrumbe del edificio de tres plantas y daños en varios inmuebles y tiendas colindantes.
El portavoz de la Yihad, Abu Ahmed, ha acusado a Israel de haber perpetrado un ataque aéreo que destruyó una casa y juró que vengarían la muerte de Ayman Fayed, conocido como Abu Abdallah. “Responderemos terriblemente a esta masacre sionista”, ha dicho el portavoz del brazo armado de Yihad Islámica. "Golpearemos al enemigo en cualquier lugar”, ha añadido. Entre los muertos están la esposa de Fayed, y sus dos hijos de 6 y 5 años, ha agregado el portavoz.
Entre los muertos se encuentra la mujer de Fayed, y su hija y un hijo de cinco y seis años, respectivamente, y otros tres milicianos, dijeron médicos y familiares. Los médicos dijeron que al menos 40 personas resultaron heridas en la explosión, sucedida en el campo de refugiados de Al Bureij.
Israel, por su parte, ha negado ser responsable del ataque. “No hemos sido nosotros", ha dicho el portavoz israelí. A su juicio, el ataque puede ser el resultado de disputas entre grupos: “Lo más probable es que haya sido un asunto interno”.
El Gobierno israelí informó este mes que están incrementando sus esfuerzos para matar selectivamente a los líderes militantes de Gaza. No obstante, otro responsable de Yihad Islámica relacionó lo ocurrido con la muerte esta semana en Damasco de un importante mando del grupo chií libanés Hezbolá. Israel también negó su implicación en ese asesinato a pesar de las acusaciones de Hezbolá y otros grupos.
Las fuerzas israelíes han realizado numerosos ataques aéreos contra los militantes en Gaza mientras se movilizaban en coches, pero desde 2006 no habían bombardeado una vivienda. La Franja de Gaza está controlada por el movimiento islamista de Hamás, que se hizo con el control del pequeño territorio costero en junio del año pasado tras expulsar al grupo laico Al Fatah, del presidente palestino, Mahmud Abbas.

PROHIBIDAS POR DECRETO III



por Sonia Catela


Durante el período 76/83 caen bajo interdicción oficial y pública libros que plantean la crisis de la familia y la moral tradicionales, (como “Ganarse la muerte” de Gambaro), o cuentos infantiles que promueven la solidaridad y la tolerancia con el diferente, (así, “Un elefante ocupa mucho espacio” de Elsa Bornemann y “La torre de cubos”, de Laura Devetach), a los que se suman las proscripciones de las autoras Iverna Codina y Roma Mahieu por textos culpables de “captación ideológica”.
"Juegos a la hora de la siesta", obra de teatro de ésta última, mereció el contundente y escueto Decreto N° 15 del 9 de enero de 1978, el que se reproduce como muestra del lenguaje de la censura: “Art. 1. Prohíbese en todo el territorio de la Nación la circulación, distribución y venta de la obra de teatro “Juegos a la hora de la siesta”, de Roma Mahieu y secuéstrense los ejemplares correspondientes. Art. 2. Prohíbese la representación de dicha obra por cualquier medio, en todo el territorio nacional. Art. 3. La policía federal dará cumplimiento a la medida dispuesta. Art. 4. Comuníquese etc. Videla- Harguindeguy”. Si bien no se especifican los valores del universo militar que afrenta la obra, al leerla se comprende que invierte categorías “sagradas” del discurso circulante, en este caso, chicos que se manejan dentro de una violencia que apunta a lo social y simbólico, y, de manera subliminal a la represión militar.
Fragmento de "Juegos a la hora de la siesta", de Roma Mahieu. (Los protagonistas son niños. Se transcribe entre paréntesis el contexto que construye la autora).

Andrés: Lo maté… lo maté (al pichoncito)
(Alonso ríe. Los demás también ríen. Todo es muy histérico. Julito se para y aplaude)
Andrés: ¿Viste que soy bien macho? Julito, vení Julito, que te muestro una sorpresa… una cosa muy linda… dale, vení, una sorpresita, un regalito…
(Julito, dueño del pichón, se acerca. Andrés levanta la caja y la mantiene abierta. Julito mira adentro (…) y de pronto comienza a gritar:
Julito: ¡Aaaaaaaa …! Mamáaaaaaaa…
Andrés: ¡mamáaaa…!
Grupo: ¡culpable!
Julito: ¡culpable!
Andrés: ¡Por lo tanto, vistas las causas, esta corte ha decidido que debéis tomar en vuestras manos al gorrión que se encuentra en esta caja y apretarlo hasta morir!
Carolina: Se le mueve una patita…
Andrés: Está vivo…
Susana: La puta que la parió …
(Levanta un pie y lo clava dentro de la caja. Los niños miran dentro de la caja)
Andrés: Asesina…
Sergio: Está muerto.
Alonso: Lo mató ella…
Andrés: Acá viene la bruja… está condenada a ser quemada en la hoguera. (…) Arrodillate y contemplá tu maldad…
(Susana se resiste a arrodillarse. Andrés la toma de la cadenita y la arrastra (…) La cadenita se corta. (...) Andrés la arroja sobre la falda de Susana. La cadena cae al suelo; Susana no se mueve)
Andrés: Levantala.
Susana: Dejala ahí.
(Se levanta y la pisotea. Diego la empuja)
Diego: Che, es Dios…
Susana: ¿Y a mí qué me importa?
Alonso: ¿No lo querés a Dios?
Susana: No
Alonso: No lo quiere a Dios…
Susana: No
(Los chicos la miran extrañados y aterrados)
Andrés: Porque es una bruja asesina… por eso (…) ¡A ella!
(El grupo responde y todos empiezan a tirar arena a Susana. Es una batalla corta y veloz. Andrés se abalanza sobre Susana, la tira al suelo, después de una lucha, se le sienta sobre la cabeza y la inmoviliza en parte. Susana está boca abajo. Patalea y da manotazos.)
Andrés: Tápenla.
(Los chicos comienzan a acumular arena encima de Susana. Andrés aprieta cada vez más, tapando)
Andrés: Tápenla… Tápenla.
(Las piernas y los brazos de Susana se mueven cada vez menos. Diego salta de la hamaca pero no se acerca demasiado)
Diego: Andrés… che….
(Da otro paso, se mete las manos en los bolsillos y sale corriendo del parque. Susana, cubierta de arena, ya no se mueve. Los chicos dejan de amontonar arena. Andrés está sentado encima del montículo quieto).
Andrés: Ya está.
Carolina: Tengo hambre. Me llama mi mamá.
(Andrés se levanta. El montículo está quieto. Carolina sale corriendo; la sigue Sergio. Alonso mira consternado y comienza a retroceder de espaldas, hasta que sale corriendo. Claudia busca la bolsita. Andrés se acomoda la metralleta en la espalda, se encasqueta el casco y sale marchando, seguido por su hermana).
-Captación ideológica de los "Cuentos concurso Leopoldo Marechal".
Se vedó la distribución, venta y propagación en todo el territorio nacional del libro "Cuentos premiados concurso Leopoldo Marechal", de autores varios, editado por Editorial Plus Ultra, (Decreto N° 1459 del 20 de mayo de 1977).
Se adujo que pilares como el orden social, el sistema educativo, la seguridad, la moral, resultaban minados por el libro porque “algunos cuentos incorporados a éste atentan en forma directa contra los valores mencionados”.
El argumento de que un escrito puede acrecentar las filas de la subversión, lo marca un singular párrafo del decreto:
“El cuento titulado "La noche de las barricadas" de la autora Iverna Codina, describe tácticas subversivas con propósitos de adoctrinamiento y captación ideológica”.
Al no haber podido encontrar en parte alguna del país el cuento “La noche de las barricadas”, de Iverna Codina se reproduce un fragmento de “Los guerrilleros”, Ed de la Flor, 1968, de la misma autora.
“(...) “De qué acción me hablás, che, recoger firmas para esos petitorios boludos: la bomba atómica, la convivencia pacífica, la palomita de la paz, señores generales sean buenitos no nos castiguen demasiado ¡dejame de joder! Me voy, chau, te veo mañana”.
(...)
-¡Che, Jorge, anotame para la próxima revolución!
Antes de ver la cara de los muchachos, de saludar, veo la carta sobre la mesa (...) Tengo tu carta en el bolsillo, Adriana, la estrujo para escucharte, para adivinarte.
-¿A quién responden ustedes?- pregunta el Crespo.
-A la CGT auténtica –dice Carlitos.
-¿Y las armas?, porque nadie se va a mover sin armas- dice el morocho seriote (...).
No, no me gusta nada, no sé por qué, por eso me adelanto: sin el apoyo de las fuerzas armadas no es posible el movimiento sindical, la liberación nacional exige... Adriana, vos me dijiste, “estás atascado de esquemas de erudición que sólo te sirven de fachada” (...)
-Respondemos directamente a los oficiales peronistas retirados por la libertadora.
-Y mañana van a saber si hay o no una acción coordinada porque...
Mañana fue una tarde friolenta de mayo: toco tu mano y está fría, es la primera vez y tenés miedo, Adriana, yo también, te paso mi brazo sobre los hombros, te aprieto y subimos la escalera.
-Mi viejo fue peronista de la primera hora, después le asqueó la obsecuencia de tantos infelices y se alejó –dice Carlitos Liciaga.
-Y vos ¿por qué sos peronista?- le pregunta su primo Ricardo Rovira.
-Yo no es que sea propiamente peronista, ninguno de nosotros vivió el peronismo, éramos chicos, pero si hay que pelear por alguien, estoy con ellos, no voy a estar con los que echaron a mi cuñado, que era empleado público, y a mi hermano, que trabajaba en el Banco Provincia.
Toco tus labios con un dedo, Adriana, dibujo tu boca suavemente, dibujo una boca que quiero besar (...)
-Pero ¿y las armas? si Perón hubiera armado a la CGT para formar milicias obreras ¿no te parece Jorge?
-Me parece que la historia es lo que es y no lo que pudo ser.
(...)
-Yo tengo otro puesto, no estoy de acuerdo con el terrorismo sin discriminación, si muere gente inocente, uno no puede sentirse un revolucionario.
-Pero es un arma de subversión que anticipa la huelga revolucionaria...
-Sí, cuando tiene objetivos políticos bien definidos, hasta ahora ha sido sólo un arma de protesta muy peligrosa –aclara Jorge.
-Para el que no tiene cojones- dice el morocho.
-¡Yo los tengo, che, pero me gusta saber a qué los juego!- se indigna Jorge. (...)

Durante el terrorismo de estado vigente en la Argentina, según la investigación llevada a cabo por la autora de estos artículos, 87 publicaciones fueron prohibidas por decretos oficiales. En esta serie de notas se abordaron únicamente las que recayeron sobre escritoras argentinas. A Roma Mahieu también se le censuró otra obra de teatro, "María Lamuerte", por decreto N° 39, 12 de enero de 1978.

14 febrero 2008

"COMPARTIMOS UNA TIERRA Y UN DESTINO"


TODO: ¿qué dirán de Daniel Barenboim? ¿Que es un apóstata? ¿Un idiota "compañero de ruta" de los "terroristas" palestinos? El aparente complejo de inferioridad judío, el ver "antisemitas en cada esquina", el no aceptar la absoluta legitimidad y el derecho a hacer críticas a los sucesivos gobiernos del estado de Israel, desde 1967 hasta la fecha, el silencio del mundo ante los asesinatos y la impunidad de los responsables de estos crímenes cometidos contra la población palestina, se ha convertido en una constante política de terrorismo de estado.
Daniel Barenboim, como otros israelíes lúcidos, no acepta las imposiciones del poder (no aceptan), no considera las reglas de juego, tramposas, unilaterales. El aparato de propaganda del estado, el lavado de cerebro permanente que se les hace a los israelíes trae como secuela la conformación plural sobre una sola base: la aniquilación del pueblo palestino.



Por Daniel Barenboim

La Nación, Milán 2008
9 de febrero de 2008

Con frecuencia he afirmado que los destinos de los pueblos palestino e israelí están indisolublemente unidos, y que no hay solución militar para el conflicto. Mi reciente aceptación de la nacionalidad palestina me ha dado la oportunidad de demostrarlo de manera más tangible. Cuando mi familia se trasladó a Israel desde la Argentina en la década de 1950, una de las intenciones de mis padres era ahorrarme la experiencia de crecer como parte de una minoría... una minoría judía. La tragedia de eso es que mi generación, a pesar de haber sido educada en una sociedad cuyos aspectos positivos y valores humanos han enriquecido enormemente mi pensamiento, ignoró la existencia de una minoría dentro de Israel -una minoría no judía- que había sido la mayoría en toda Palestina hasta la creación del Estado de Israel, en 1948. Parte de la población no judía permaneció en Israel, y el resto se marchó por miedo a ser desalojada por la fuerza.
En el conflicto palestino-israelí ha habido, y aún hay, una incapacidad de admitir la interdependencia de las dos voces. La creación del Estado de Israel fue consecuencia de una idea judeo-europea que, si pretende extender su leitmotiv al futuro, debe aceptar la identidad palestina como leitmotiv igualmente válido. Es imposible ignorar el desarrollo demográfico: en Israel los palestinos son una minoría, pero en rápido crecimiento, y ahora es más necesario que nunca escuchar su voz. Los palestinos hoy constituyen aproximadamente el 22% de la población de Israel. Es un porcentaje mayor que el representado por una minoría judía en cualquier país en cualquier período de la historia. El número total de palestinos que viven en Israel y en los territorios ocupados (es decir, en el Gran Israel para los israelíes o en la Gran Palestina para los palestinos) es mayor que el de la población judía.
En este momento, Israel se enfrenta simultáneamente con tres problemas: la naturaleza del moderno Estado democrático judío -su identidad misma-, el problema de la identidad palestina dentro de Israel y el problema de la creación de un Estado palestino fuera de Israel. Con Jordania y Egipto fue posible alcanzar lo que puede describirse como una paz helada sin cuestionar la existencia de Israel como Estado judío. Sin embargo, el problema de los palestinos dentro de Israel es mucho más difícil de resolver, tanto teóricamente como en la práctica. Para Israel significa, entre otras cosas, reconocer el hecho de que la tierra no estaba deshabitada ni yerma, no era "una tierra sin un pueblo", como lo establecía una idea difundida en el momento de su creación. Para los palestinos, implica aceptar el hecho de que Israel es un Estado judío y de que está aquí para quedarse. Los israelíes, no obstante, deben aceptar la integración de la minoría palestina aun cuando eso implique cambiar ciertos aspectos de la naturaleza de Israel; también deben aceptar que la creación de un Estado palestino junto al Estado de Israel es justificada y necesaria. No solo no existe la alternativa, ni la varita mágica, que haga desaparecer a los palestinos, sino que su integración es condición indispensable -en el campo moral, social y político- para la supervivencia de Israel. Cuanto más se prolongue la ocupación y cuanto más persista la insatisfacción palestina, tanto más difícil será encontrar las más elementales bases comunes de una solución. Hemos visto con mucha frecuencia en la historia moderna de Medio Oriente que las oportunidades de reconciliación que se han perdido han tenido consecuencias extremadamente negativas para ambas partes.
En cuanto a mí, cuando me ofrecieron el pasaporte palestino lo acepté como reconocimiento del destino palestino que yo, como israelí, comparto. Un verdadero ciudadano de Israel debe tender su mano a los palestinos abiertamente, y en el peor de los casos debe tratar de entender lo que significó para ellos la creación del Estado de Israel. El 15 de mayo de 1948 es el día de la independencia para los judíos, pero ese mismo día es Al-Nakba, la catástrofe, para los palestinos. Un verdadero ciudadano de Israel debe preguntarse qué es lo que han hecho los judíos -famosos por ser un pueblo educado y culto- por compartir su herencia cultural con los palestinos. Un verdadero ciudadano de Israel también debe preguntarse por qué los palestinos han sido condenados a vivir en malas condiciones y a aceptar estándares más bajos de educación y de atención médica, en vez de que las fuerzas de ocupación se ocuparan de proporcionarles condiciones de vida decentes y dignas, un derecho común a todos los seres humanos.
En un territorio ocupado, los ocupantes son responsables de la calidad de vida de los ocupados, y en el caso de los palestinos, los diferentes gobiernos israelíes de los últimos cuarenta años han fracasado terriblemente en asumir esa responsabilidad. Es natural que los palestinos sigan resistiéndose a la ocupación y a todos los intentos de negarles los derechos individuales básicos y su constitución como Estado. Sin embargo, por su propio bien, esa resistencia no debe expresarse a través de la violencia. Cruzar la frontera de una resistencia firme (incluyendo manifestaciones y protestas no violentas) hacia la violencia solo produce más víctimas inocentes y no sirve a los intereses a largo plazo del pueblo palestino. Al mismo tiempo, los ciudadanos de Israel deben prestar tanta atención a las necesidades y derechos del pueblo palestino (tanto dentro como fuera de Israel) como a sus propios derechos y necesidades. Al fin y al cabo, ya que compartimos una tierra y un destino, todos deberíamos tener doble ciudadanía. ■

AUTORAS PROHIBIDAS II


por Sonia Catela

A los decretos del P.E. que prohibieron la circulación y distribución de los libros “Ganarse la muerte” de Griselda Gambaro, y “Un elefante ocupa mucho espacio”, de Elsa Bornemann, disponiendo el secuestro de los ejemplares donde éstos se encontraran, (decretos Nº 1101 y 3155 de 1977) les sucede el paradigmático caso del libro “La torre de cubos”, de Laura Devetach. En 1979, el Ministerio de Educación santafesino lo prohíbe oficialmente por resolución Nº 480 del 23 de mayo, la que, al ser publicada en diarios y transmitida mediante circulares y boletines a los institutos de enseñanza media, adquirió carácter nacional.
En Santa Fe se advirtió que se hallaba “en circulación la obra "La torre de cubos" de la autora Laura Devetach, destinada a los niños, cuya lectura resulta objetable...” ya que “del análisis de “La torre de Cubos” se desprenden graves falencias:

“Cuestionamientos ideológicos-sociales.
Carencia de estímulos espirituales y trascendentes.
Centran su temática en aspectos sociales como crítica a la organización del trabajo, la propiedad privada y al principio de autoridad.
Enfrentan grupos sociales, raciales y económicos con base completamente materialista.
Cuestionan la vida familiar.
Distorsionan la imagen de los adultos.

Algunos de los cuentos-narraciones incluidos en el mencionado libro atentan directamente al hecho formativo que debe presidir todo intento de comunicación.
Recurren a metáforas confusas y giros de mal gusto.
En vez de ayudar a construir, llevan a la destrucción de los valores tradicionales de nuestra cultura”
Por tal abanico de razones, el Ministerio santafesino resolvió prohibir el uso de "La torre de cubos" de Laura Devetach en todos los establecimientos educacionales de su órbita, medida que se trasladó a las restantes jurisdicciones, operando su diseminación mediática y social.
Fragmento de "La planta de Bartolo", cuento de “La torre de cubos”, de Devetach:
"El buen Bartolo sembró un día un hermoso cuaderno en un macetón. Lo regó lo puso al calor del sol, y cuando menos lo esperaba, ¡trácate!, brotó una planta tiernita con hojas de todos colores.
Pronto la plantita comenzó a dar cuadernos. (...) Bartolo palmoteó siete veces de contento y dijo:
-Ahora, ¡todos los chicos tendrán cuadernos!
¡Pobrecitos los chicos del pueblo! Estaban tan caros los cuadernos que las mamás, en lugar de alegrarse porque escribían mucho y los iban terminando, se enojaban y les decían:
-¡Ya terminaste otro cuaderno! ¡Con lo que valen!
(...)
Bartolo salió a la calle y haciendo bocina con sus enormes manos de tierra gritó:
-¡Chicos!, tengo cuadernos lindos para todos!
Pero (...) el Vendedor de Cuadernos se enojó como no sé qué.
Un día, fumando su largo cigarro, fue caminando pesadamente hasta la casa de Bartolo. Golpeó la puerta con sus manos llenas de anillos de oro: ¡Toco toc! ¡toco toc!
-Bartolo- le dijo con falsa sonrisa atabacada-, vengo a comprarte tu planta de hacer cuadernos. Te daré por ella un tren lleno de chocolate y un millón de pelotitas de colores.
-No- dijo Bartolo mientran comía un rico pedacito de pan.
-¿No? Te daré entonces una bicicleta de oro y doscientos arbolitos de Navidad.
-No.
-Un circo con seis payasos, una plaza llena de hamacas y toboganes.
-No. (...)
-¿Qué querés entonces por tu planta de cuadernos?
-Nada. No la vendo.
-¿Por qué sos así conmigo?
-Porque los cuadernos no son para vender sino para que los chicos trabajen tranquilos.
-Pues entonces -rugió con su gran boca negra de horno- ¡te quitaré la planta de cuadernos! -y se fue echando humo como la locomotora.
Al rato volvió con los soldaditos azules de la policía.
-¡Sáquenle la planta de cuadernos!- ordenó.
Los soldaditos azules iban a obedecerle cuando llegaron todos los chicos silbando y gritando, y también llegaron los pajaritos y los conejitos.
Todos rodearon con grandes risas al vendedor de cuadernos y cantaron "arroz con leche" mientras los pajaritos y los conejitos le desprendían los tiradores y le sacaban los pantalones.
-¡Buen negocio en otra parte!- gritó Bartolo secándose los ojos, mientras el Vendedor, tan colorado como sus calzoncillos, se iba a la carrera hacia el lugar solitario donde los vientos van a dormir cuando no trabajan".

La solidaridad, núcleo de este cuento, constituyó un blanco sobre el que apuntaron los militares con toda su artillería. Hasta la irrupción militar del 76 predominaron movimientos en que ella venía de mano de la acción gremial –prohibida a partir de ese momento-, de partidos políticos -prohibidos-, de movilizaciones sociales y huelgas que reivindicaban mayor participación en la riqueza, -prohibidas-, en síntesis, de planteos y estrategias conjuntos, a fin de que un cambio de estructuras sustituyera la beneficencia. El cuento “La planta de Bartolo”, de Laura Devetach (como “El año verde” del libro de Elsa Borneman también censurado) sintetizan actitudes mancomunadas con las que el Proceso se ensañó. Una campaña de la Secretaría de Información Pública de la Presidencia de la Nación se encargó de rediseñar la ingeniería solidaria. Con rígidas pautas de desarrollo fueron encaradas sus instrucciones (dispuestas por la circular Nº 269 del 5 de agosto de 1977), las que fijaron fechas de comienzo y fin, cómo efectuar el lanzamiento y las ideas fuerzas que mostraban el cambio de viento.
En el vacío social el generado, la Secretaría de Información pública enseñó, taxativamente y con ejemplos normativos, cómo se ejercía la solidaridad: Donación de 40.000 pesos de Manuel Belgrano para construir escuelas. Investigador de la fiebre hemorrágica que contrae el virus investigando una vacuna contra la enfermedad. Colectivero que desvía su vehículo para llevar al hospital a una mujer en trance de alumbramiento o a persona en grave estado. Donación del señor Alfredo Fortabat para la construcción de la escuela técnica de Olavarría. Donaciones de escuelas por parte del señor Roger Balet, en el territorio nacional.. Radioaficionados que se movilizan para conseguir remedios provenientes del exterior, médicos, etc . Madrinazgos de personas que protegen a niños abandonados.. Acompañantes de enfermos. Dadores de sangre sin fines de lucro. Asociaciones como ALPI y LALCEC . Fundaciones empresarias de bien público (Ford, Rissuto, etc). Servicio sacerdotal de urgencia. . Alcohólicos Anónimos. Servicio telefónico de Asistencia al Suicida. Devoluciones de valores encontrados en la vía pública.

En tal contexto, la solidaridad se redujo a la órbita de las empresas privadas, a gestos aislados de inspiración individual o de asociaciones circunscriptas a un cometido de alivio. “El terror sólo puede reinar absolutamente sobre hombres que se aíslan unos de otros; por lo tanto, una de las preocupaciones fundamentales de todo gobierno tiránico es provocar ese aislamiento (...) Los seres humanos aislados son impotentes por definición” señala Hannah Arendt.
Cada punto “escandaloso” que se achaca a “La torre de Cubos” de Laura Devetach lo “revela” como material escrito conquistado por el enemigo. Desde ahí éste tomaba la palabra, convirtiéndolo en arma. En consecuencia, el texto era el enemigo. Como tal se lo combatió y “fusiló”.
…..

12 febrero 2008

PROHIBIDAS POR DECRETO- Primera nota


Sonia Catela, escritora y periodista, Vive en Ceres, Provincia de Santa Fe, Argentina. La dramática experiencia de su detención durante la dictadura militar en 1976 la instaló en la escritura, primero como punto de fuga, luego como espacio de indagación y revelación. Desde entonces ha recibido la aprobación del público lector y el reconocimiento de la crítica. Su obra ha sido incluida en numerosas antologías en la Argentina y en el exterior, y ha recibido importantes premios. Presentamos tres importantes artículos publicados en Rosario 12, Página 12, en los que denuncia la persecución de los demonios del proceso criminal en la Argentina en los años negros (1974 / 1883), contra la literatura y los escritores .Éste es el primero de una serie de tres, que iremos publicando.

por Sonia Catela

Con fecha, número y firma de autoridades, decretos oficiales mandaron a la quemazón una serie de obras de escritoras argentinas. Estas se hunden aún en un cuasi anonimato, debido al cambalache discepoliano en que deviene la historia de la censura, cuando los oficiosos inflan el globo según el teorema de exagerar la realidad para reforzarla, a lo que se suma la vertiente imaginaria que urden autores con alegatos de persecuciones fantaseadas, las que dan prestigio y venden.
Pero, las verdaderas malditas, las públicamente proscriptas, aquéllas cuyas obras secuestraba la policía federal de librerías, editoriales y bibliotecas, atravesaron un infierno propio. Echémoles una mirada a tales mujeres, en su cuerpo vivo, textual y corporal.
El decreto Nº 1101, del 26 de abril de 1977 del PE, vetó “Ganarse la muerte” de Griselda Gambaro. En el libro el gobierno halló una “posición nihilista frente a la familia, la moral, el ser humano y la sociedad”.
Para la preparación de la sopa censora se echaron también huesos como que esas actitudes constituían una agresión directa a la comunidad y corroboraban la existencia de formas cooperantes de disgregación social, tanto o más disolventes que las violentas.
Sirvamos un fragmento de "Ganarse la muerte" de la Gambaro.
“Así, volvió a la casa deseando encontrar paz, lo cotidiano ajustado aceitadamente sobre los rieles, y la comida no estaba lista [...]
-¡Cledy!- Llamó el marido, y Cledy tardó bastante en moverse. Olió a quemado e inició un movimiento, angustiada.
¡Ah, era demasiado! pensó el marido, sintiendo que el mundo se le venía encima. Otros podían ser peores que él, que por otra parte, siempre había sido un pan de Dios. [...] Sacó el revólver y disparó ciega, irreflexivamente, pero con buena puntería.
Los niños acudieron y observaron, curiosos. Cledy había caído, los pies bajo los muslos, cabellos extendidos, el brazo inútil contra el cuerpo, sin cambio, en una postura modesta, agradable.
-¡Se murió la estúpida! ¡Se murió la estúpida!- gritaron los niños, festejando alborozados".
Este iconoclasta acierto literario ultrajó la filosofía oficial autoritaria. Respuesta: interdicción y decomiso. El decreto gubernamental también proclamó: "la necesidad de garantizar a la familia argentina su derecho natural y sagrado a vivir de acuerdo con nuestras tradiciones y arraigadas costumbres". Afirmación que se ensambla con la aspiración de cristalizar las formas sociales poniéndolas fuera de cualquier transformación cultural. El derecho natural al que se alude es “superior a toda ley escrita”, algo que ha de regir “sin consideración a época o país, prescindiendo de determinaciones temporables y espaciales”. Eterno, inmutable, uniforme, el derecho natural queda “libre de toda variación que puedan provocar los hombres”.
Pero más; los militares le confieren a ese atributo de la familia un carácter sagrado, con lo cual se lo remite al “Derecho considerado mandato divino, del que surge la figura de Dios legislador quien gobierna el mundo e inspira las normas humanas, ya que en él residen las leyes eternas”.
Se elaboró así el eje Gambaro/afrenta a la moral y la familia/ apóstata/ paria social, legitimado por el gobierno, la escuela y una parte entusiasta de la sociedad.
Captar párvulos para la guerrilla
"Un elefante ocupa mucho espacio" de Elsa Borneman, recibió su anatema el 13 de octubre de 1977, por decreto 3155. Los meridianos que recorrió la prohibición de la obra coinciden con los de la Gambaro: “posición que agravia la moral y la familia”, valores alrededor de los cuales gira la esencia de una mujer según esta filosofía, y contra los cuales atentaban estas escritoras; pero más: respecto de “Un elefante...” se resaltó que se trataba “de cuentos destinados al público infantil con una finalidad de adoctrinamiento preparatoria para la tarea de captación ideológica del accionar subversivo”.
Metamorfoseada en una suerte de “desviada”, de mujer que busca corromper a los niños con su obra, Elsa Bornemann se vio radiada a la periferia de aquella Argentina que en 1982 se proclamaría “reserva cultural y moral de Occidente” y que exigía a la familia como un dogma: “núcleo natural generador de vida, de carácter indisoluble, dada la decisión de constituirla asumida por los cónyuges ante Dios y la sociedad".
-Fragmento de “El año verde" cuento del libro prohibido de Elsa Bornemann:
"Asomándose cada primero de enero desde la torre de su palacio, el poderoso rey saluda a su pueblo, reunido en la plaza mayor. Como desde la torre hasta la plaza median aproximadamente unos setecientos metros, el soberano no puede ver los pies descalzos de su gente. Tampoco le es posible oír sus quejas (y esto no sucede a causa de la distancia, sino, simplemente, porque es sordo...)
-¡Buen año nuevo! ¡Que el cielo los colme de bendiciones!- grita entusiasmado, y todas las cabezas se elevan hacia el inalcanzable azul salpicado de nubecitas, esperando inútilmente que caiga siquiera alguna de tales bendiciones.
-¡El año verde serán todos felices! ¡Se los prometo! -agrega el rey antes de desaparecer hasta el primero de enero siguiente.
-El año verde... -repiten por lo bajo los habitantes de ese pueblo antes de regresar hacia sus casa-. El año verde...
Pero cada año nuevo llega con el rojo de los fuegos artificiales disparados desde la torre del palacio...
con el azul de las telas que se bordan para renovar las tres mil coertinas de las ventanas del palacio...
con el blanco de los armiños que se crían para confeccionar las suntuosas capas del rey...
con el negro de los cueros que se curten para fabricar sus doscientos pares de zapatos...
con el amarillo de las espigas que los campesinos siembran para amasar -más tarde- panes que nunca comerán...
Cada año nuevo llega con los mismos colores de siempre. Pero ninguno es totalmente verde... Y los pies continúan descalzos... y el rey, sordo.
Hasta que, en la última semana de cierto diciembre, un muchacho toma una lata de pintura verde y una brocha. Primero pinta el frente de su casa, después sigue con la pared del vecino, estirando el color hasta que tiñe todas las paredes de su cuadra, y la vereda, y los cordones, y la zanja (...)
Y el pueblo entero, como si de pronto un fuerte viento lo empujara en apretada hojarasca, sale a pintar hasta el último rincón. Y en hojarasca verde se dirige luego a la plaza mayor, festejando la llegada del año verde. Y corren con sus brochas empapadas para pintar el palacio por fuera y por dentro. Y por dentro están los tambores de la guardia real, que por primera vez baten alegremente la llegada del año verde.
-Que llegó para quedarse!- gritan todos a coro mientras el rey escapa hacia un descolorido país lejano”.
El 30 de agosto de 1980 se quemaron, en un solo día, un millón y medio de libros. Los había publicado el Centro Editor de América Latina, y se los secuestró de sus depósitos por "subversivos".
Héctor Gustavo de la Serna, juez federal de La Plata, ordenó a la policía provincial que les prendieran fuego en un baldío de Sarandí.
El juez Gustavo de la Serna, exigió que hubiera testigos de la editora, y, fueron llevados por la fuerza dos empleados, Ricardo Figueiras y Amanda Toubes.
El juez Héctor Gustavo de la Serna, dispuso también que se tomaran fotos de la destrucción de ese millón y medio de libros, las que fueron difundidas por el periódico Clarín en su edición del domingo 27 de agosto del 2000, veinte años después; veinte años es mucho tiempo. Se ve un camión volcador descargando montañas y montañas de libros, y, en otra toma, éstos ya son restos humeantes, carbonizados.
Al Centro Editor de América Latina, que había logrado lectores argentinos para escritores argentinos, con una circulación de cien mil ejemplares para algunas de sus colecciones periódicas, como "Capítulo", y "Los hombres de la historia", el mismo representante de la dictadura lo castigó clausurando en sus sótanos otro millón de ejemplares. La Editorial quebró.
Pero ¿cuántos libros se incineraron en el país? Nadie hizo el cálculo. Griselda Gambaro, Elsa Bornemann, Iverna Codina, Laura Devetach, Roma Mahieu (de éstas tres últimas nos ocuparemos en otra nota) marcharon a piras –nada metafóricas- donde se incendió la sangre viva de su palabra. Algunos de los libros prohibidos sobrevivieron; reeditados después, están. Otros, inhallables, de contenido inconjeturable, asumen la categoría de verdaderos desaparecidos

06 febrero 2008

Tribulaciones de la izquierda israelí después del Informe Winograd

TODO: He guardado un discreto silencio luego de conocerse el informe Winograd...Este país no tiene salvación...El problema no es el cerdo de Iaron London, ni la izquierda, ni nadie. El culpable y pecador es el pueblo de Israel, el conjunto de los israelíes que están perdiendo lo que podía quedarles de raíz humana. Un ejército manejado por asesinos, un ministro de seguridad con personalidad criminal y sádica, un pueblo que en su mayoría contempla los crímenes en silencio, impávido, no augura nada bueno para este país y sus habitantes. Derrotados en el sur del Líbano, no pueden asimilar el bochorno, la gente del ejército vive atragantada y quiere sangre... Un padre que perdió a su hijo, gritó en la Kneset que iba a renunciar a su nacionalidad. No pienso que ese víctima de la aventura se atreva a hacerlo. El que rubrica esta nota ya ha renunciado, moralmente, a su ciudadanía . Andrés Aldao


por Ehud Ashri

Dos notas, una hoy y la otra mañana, donde dos hombres del "sector de la paz" israelí discuten entre sí: ¿cómo debería pensar un pacifista israelí sobre Olmert y su accionar por la defensa del país? La confusión, dicen, sólo comienza.

El sector de la paz se halla inmerso en una gran confusión. Parte de él se expresa con posturas contradictorias respecto de Ehud Olmert: ¿hay que apoyarlo como conductor del proceso de paz, o destituirlo por su responsabilidad en el fracaso de la Segunda Guerra del Líbano? ¿Está de verdad comprometido con el proceso de paz y está dispuesto a pagar el precio político, o se trata sólo de un globo de ensayo, un proceso virtual destinado a asegurar su supervivencia política?
El trato ambivalente hacia el primer ministro es sólo un ejemplo del shock ideológico que afecta al sector de la paz. Comenzó con la segunda Intifada, se profundizó con la guerra en el Líbano, se agravó con el Informe Winograd, y llega ahora a su cénit acerca de la cuestión más urgente de la agenda nacional: cuál es la solución para el problema del Hamás en Gaza. La cuestión de Gaza revela en la izquierda posturas sorprendentes, que dan cuenta de su crisis de identidad y borronean por completo la diferencia moral entre ésta y la derecha.

He aquí, por ejemplo, la postura actualizada de Iarón London, un hombre que ha sido considerado siempre como uno de los pilares de la paz. "Parece ser que agotamos el intento de suavizar el fanatismo hamásico por medio de acciones medidas", escribió en Yediot Ajaronot, "ha llegado el momento de sacudir a la población en Gaza por medio de acciones que hasta ahora hemos repudiado". ¿Cuáles son dichas acciones? Por ejemplo, la liquidación de la conducción política, el hambreamiento de la población e, incluso, el bombardeo de concentraciones urbanas que podría cobrarse cientos de muertos si no más ("creo que será suficiente con un cuarto de barrio") le explicó a un boquiabierto Razi Barkaí en la emisora del ejército, Galei Tzahal.

Hay en la izquierda quien ve en esta postura una "pérdida de tornillo" insignificante, otra muestra, especialmente extrema, del inconformismo de London, para satisfacer su necesidad de huir de su tradicional catalogamiento político y asombrar a su público. Yo lo valoro demasiado, como para ver en sus dichos un capricho personal-mediático. Le creo cuando define sus recomendaciones como una conclusión racional luego de revisar "en su corazón y en su mente" qué se puede hacer.

No es éste el lugar para discutir sobre la eficacia y la viabilidad de la tesis de London (mientras tanto, el resonante fracaso de la política de bloqueo habla por sí mismo). El problema es que el hombre no representa sólo sus indecisiones particulares. Amplios círculos de lo que se considera el "sector de la paz" se cansaron del diálogo y adoptaron una actitud pragmática-violenta, que le era extraña a su modo de pensar y a sus principios básicos. Se puede aceptar el pragmatismo en diversos contextos, pero no cuando se traduce en el apoyo a crímenes de guerra, tal como lo expresara también Jaim Ramón, otro paloma declarado, durante la Segunda Guerra del Líbano ("alfombrar con bombas infraestructuras civiles").

Los voceros de la izquierda desde siempre (y también varios voceros decentes de la derecha) creyeron siempre en la superioridad de la justicia y la moral en la política, como parte del perfil humano del Estado de Israel y como su interés nacional. No hace falta ser un "hippie", ni siquiera un izquierdista, para asquearse con la renuncia derrotista a toda dimensión moral en la política de Israel y con el apoyo a crímenes brutales en nombre de la seguridad. La pregunta de si ello aportará a la solución del problema no es relevante; la verdadera pregunta es si alguien estará dispuesto a vivir en un país así.

Fuente: Haaretz

Gaza: genocidio a la vista


La despiadada ofensiva contra un pueblo prácticamente inerme, así como los castigos colectivos que Israel impone contra los habitantes de Gaza, ponen de manifiesto la falsedad de los discursos en los que el presidente Bush, quien visitó Israel hace unos días, se manifestó en favor de la paz y de la cooperación entre israelíes y palestinos.


Tras una serie de bombardeos aéreos que han causado decenas de muertos y lesionados entre la población civil de Gaza, el régimen israelí ordenó el bloqueo total de ese territorio palestino, lo que ha impedido la entrega de la ayuda humanitaria más esencial durante varios días. La medida ha impedido también la llegada del combustible necesario para hacer funcionar las termoeléctricas de la franja, lo que ha causado un corte de energía en toda la zona. La situación es particularmente crítica en los hospitales, donde se encuentran internados numerosos lesionados de los ataques aéreos de la semana pasada. Los organismos humanitarios han advertido que el bloqueo israelí lleva a nuevos grados de horror la catástrofe humanitaria que de por sí se vive en Gaza, y los reportes de prensa procedentes del lugar indican que se agotan las medicinas, los víveres, las velas en las tiendas, la tela para amortajar y hasta el cemento necesario para construir las tumbas.

Esta despiadada ofensiva contra un pueblo prácticamente inerme, así como los castigos colectivos –prohibidos por las leyes internacionales y las consideraciones humanitarias más básicas– que Tel Aviv impone contra los habitantes de Gaza, ponen de manifiesto la completa falsedad de los discursos en los que el mandatario estadounidense, George W. Bush, quien visitó Israel hace unos días, se manifestó en favor de la paz y de la cooperación entre israelíes y palestinos. En efecto, no es fácil imaginar que el designio de aniquilación física de los segundos, en el que se emplean aviones, tanques y proyectiles facilitados al Estado hebreo por Washington pueda dar por resultado un diálogo pacificador para la zona. De hecho, hasta los funcionarios de Al Fatah que ejercen el control en Cisjordania, repudiados de manera creciente por los propios palestinos y considerados por amplios sectores como títeres de Estados Unidos y de Israel, han manifestado su repudio a las acciones genocidas de Tel Aviv en la franja de Gaza, controlada por Hamas, el grupo fundamentalista que ganó las últimas elecciones legislativas realizadas en los martirizados territorios autónomos.

El gobierno de Ehud Olmert pretende usar los recientes ataques palestinos contra objetivos civiles israelíes -sin duda, condenables e inadmisibles- como justificación para los bombardeos y el cerco contra Gaza, lo que hace evidente la desproporción entre el accionar de grupos armados terroristas y un Estado que recurre a prácticas que son calificadas por la normatividad internacional como crímenes de guerra, cometidos contra el conjunto de una población devastada, saqueada, sitiada y despojada hasta de su legítimo derecho a elegir a sus representantes en comicios democráticos.

En Palestina -como en Irak-, el supuesto combate al terrorismo desemboca con frecuencia en actos genocidas, para colmo presentados a la opinión pública internacional como medidas de pacificación. Ello ocurre a la vista de todo el mundo, con la complacencia de los gobiernos supuestamente civilizados y democráticos de Estados Unidos y Europa occidental, y ante la manifiesta incapacidad de los máximos organismos internacionales. El drama que se abate sobre los palestinos es un retroceso civilizatorio que degrada a todos los integrantes de la comunidad internacional, la cual se prometió a sí misma, hace seis décadas, impedir que se repitiera el exterminio de un pueblo.
La fuente: Editorial del diario La Jornada (México).

PEOR QUE UN CRIMEN


Por Uri Avnery

La Franja de Gaza es la prisión más grande de la tierra. La ruptura del muro de Rafah ha sido un acto de liberación. Demuestra que una política inhumana siempre es una política estúpida: ningún poder puede mantenerse firme frente una masa de personas que han cruzado la frontera de la desesperación.

Parecía la caída del Muro de Berlín. Y no sólo lo parecía. Por un momento, el paso fronterizo de Rafah fue la puerta de Brandemburgo.

Es imposible no sentir alegría cuando masas de oprimidos y personas hambrientas rompen el muro en el que están encerradas y salen con los ojos radiantes abrazando a todos los que encuentran; se siente incluso cuando es tu propio gobierno el primero que erigió el muro.

La Franja de Gaza es la prisión más grande de la tierra. La ruptura del muro de Rafah ha sido un acto de liberación. Demuestra que una política inhumana siempre es una política estúpida: ningún poder puede mantenerse firme frente una masa de personas que han cruzado la frontera de la desesperación.

Esa es la lección de Gaza de enero, 2008.

Uno podría repetir el famoso dicho del estadista francés Boulay de la Meurthe, ligeramente modificado: ¡Es peor que un crimen de guerra, es una estupidez!

Hace meses, los dos Ehud -Barak y Olmert- impusieron un asedio a la Franja de Gaza y se jactaron de ello. Últimamente han apretado todavía más la soga, así que apenas podía entrar nada en la Franja. La semana pasada impusieron el cerco total -ni comida, ni medicinas-. La situación llegó al paroxismo cuando detuvieron, además, la entrada de combustible. Grandes zonas de Gaza se quedaron sin electricidad -las incubadoras para los recién nacidos prematuros, las máquinas de diálisis, las bombas para el agua y el alcantarillado-. Cientos de miles de personas se quedaron sin calefacción ante un frío riguroso, sin poder cocinar y sin alimentos.

Una y otra vez, Al Jazira introdujo esas imágenes en millones de casas del mundo árabe. Las cadenas de televisión de todo el planeta también las mostraron. De Casablanca a Amán estallaron protestas de masas encolerizadas que amilanaron a los regímenes árabes autoritarios. Hosni Mubarak llamó a Ehud Barak, presa del pánico. Esa tarde, Barak fue obligado a cancelar, al menos temporalmente, el bloqueo de combustible que había impuesto por la mañana. Aparte de eso, el asedio total permanecía.

Es difícil imaginar un acto más estúpido.

La razón esgrimida para matar de hambre y frío a un millón y medio de seres humanos, apiñados en un territorio de 365 kilómetros cuadrados, es el lanzamiento continuado de cohetes a Sderot y los pueblos vecinos.

Es una razón bien escogida. Une las partes primitivas y pobres del público israelí. Suscita la crítica de la ONU y de los gobiernos de todo el mundo que, por otra parte, podrían haberse expresado contra el castigo colectivo, que es un crimen de guerra según la ley internacional.

Se presenta ante el mundo un retrato perfecto: el régimen terrorista de Hamás en Gaza lanza proyectiles a inocentes civiles israelíes. Ningún gobierno del mundo puede tolerar el bombardeo de sus ciudadanos de un lado a otro de las fronteras. El ejército israelí no ha encontrado una respuesta militar a los cohetes Qassam. Por consiguiente, la única manera es ejercer la máxima presión sobre población de Gaza hasta conseguir que se rebelen contra Hamás y la obliguen a detener el lanzamiento de cohetes.

El día que dejó de funcionar la electricidad en Gaza, nuestros voceros militares estaban alborozados: sólo se han lanzado dos Qassam desde la Franja. ¡Esto funciona! ¡Ehud Barak es un genio!

Pero al día siguiente impactaron 17 Qassam y la alegría se evaporó. Los políticos y los generales estaban (literalmente) fuera de sí: un político propuso «actuar más locamente que ellos», otro propuso «bombardear indiscriminadamente áreas urbanas de Gaza por cada Qassam que lanzasen», un famoso profesor (que padece una cierta demencia) propuso la ejecución de la «solución final».

El guión gubernamental fue una repetición de la II Guerra del Líbano (cuyo informe debe ser publicado en unos días). Entonces: Hezbollah capturó a dos soldados en el lado israelí de la frontera; ahora: Hamás disparó sobre ciudades y pueblos en el lado israelí de la frontera. Entonces: el gobierno decidió apresuradamente empezar una guerra; ahora: el gobierno decidió apresuradamente imponer un asedio total. Entonces: el gobierno pidió el bombardeo masivo de la población civil para conseguir que presionara a Hezbollah; ahora: el gobierno decidió perpetrar el sufrimiento masivo de la población civil para conseguir que ésta presione a Hamás.

Los resultados han sido los mismos en ambos casos: la población libanesa no se levantó contra Hezbollah, sino que, al contrario, gente de todas las comunidades religiosas se unió a la organización shiita. Hassan Nasrallah se convirtió en el héroe de todo el mundo árabe. Y ahora: la población hace piña con Hamás y acusa a Mahmoud Abbas de cooperación con el enemigo. Una madre que no tiene comida para sus hijos no maldice a Ismail Haniyeh, maldice a Olmert, Abbas y Mubarak.

Así, ¿qué hacer? Después de todo, es imposible tolerar el sufrimiento de los habitantes de Sderot que están bajo fuego constante.

Lo que se está ocultando al amargado público israelí es que el lanzamiento de los Qassam podría detenerse mañana por la mañana.

Hace varios meses Hamás propuso un alto el fuego. Repitió la oferta esta semana. Un alto el fuego significa, según la oferta de Hamás, que los palestinos dejarán de disparar Qassam y fuego de mortero y los israelíes detendrán las incursiones en Gaza, los asesinatos «selectivos» y el asedio.

¿Por qué no acepta nuestro gobierno esta propuesta?

Simple: para hacer semejante trato, debemos hablar con Hamás, directa o indirectamente. Y esto es, exactamente, lo que el gobierno se niega a hacer.

¿Por qué? Simple de nuevo: Sderot sólo es un pretexto; así como los dos soldados capturados fueron nada más que un pretexto para algo más. El propósito real de todo el ejercicio es derrocar al régimen de Hamás en Gaza e impedir que Hamás se apodere de Cisjordania.

En palabras simples y directas: el gobierno sacrifica el destino de la población de Sderot en el altar de un principio desesperanzado. Es más importante para el gobierno boicotear a Hamás -porque ahora es la punta de lanza de la resistencia palestina- que acabar con el sufrimiento de Sderot. Todos los medios de comunicación cooperan con esta pretensión.

Se ha dicho antes que es peligroso escribir sátira en nuestro país; demasiado a menudo la sátira se convierte en realidad. Algunos lectores pueden recordar un artículo satírico que escribí hace meses. En él describí la situación de Gaza como un experimento científico diseñado para averiguar hasta dónde se puede llegar, haciendo pasar hambre a una población civil y convirtiendo sus vidas en un infierno, antes de que levante las manos y se rinda.

Esta semana, la sátira se ha vuelto política oficial. Respetados comentaristas declararon explícitamente que Ehud Barak y los jefes del ejército están trabajando en el principio de «ensayo y error» y cambian sus métodos diariamente según los resultados. Cortan el combustible a Gaza, observan cómo funciona esto y desandan lo andado cuando la reacción internacional es demasiado negativa. Cortan la entrega de medicinas, ven cómo funciona, etc. El fin científico justifica los medios.

El hombre a cargo del experimento es el ministro de Defensa Ehud Barak, un individuo con muchas ideas y pocos escrúpulos, un hombre cuya forma de pensar al completo es básicamente inhumana. Él es ahora, quizás, la persona más peligrosa de Israel, más peligroso que Ehud Olmert y Benjamín Netanyahu; peligroso, a la larga, para la propia existencia de Israel.

El hombre al cargo de la ejecución es el Jefe del Estado Mayor. Esta semana tuvimos la oportunidad de oír los discursos de dos de sus predecesores, los generales Moshe Yaalon y Shaul Mofaz, en un foro con infladas pretensiones intelectuales. A los dos se les descubrieron puntos de vista que los sitúan entre la extrema derecha y la ultraderecha. Los dos tienen una inquietante mente primitiva. No hay ninguna necesidad de gastar una sola palabra sobre las calidades morales e intelectuales de su sucesor inmediato, Dan Halutz. Si éstas son las voces de los tres últimos Jefes del Estado Mayor, ¿qué hay sobre el actual titular que no puede hablar tan abiertamente como ellos? ¿Ha caído esta manzana más allá del árbol?

Hasta hace tres días, los generales podían distraernos con la opinión de que el experimento estaba teniendo éxito. La miseria en la Franja de Gaza había alcanzado su clímax. Cientos de miles de personas fueron amenazadas por medio del hambre real. El jefe de la UNRWA advirtió de una catástrofe humana inminente. Sólo los ricos todavía podían conducir un automóvil, calentar sus casas y comer lo necesario. El mundo «ayudó» y movió su lengua colectiva. Los líderes de los estados árabes expresaron huecas frases de simpatía sin mover un dedo. Barak, que tiene habilidades matemáticas, podía calcular cuándo se derrumbaría, por fin, la población.

Y entonces pasó algo que ninguno de ellos había previsto a pesar de que era la acción más previsible de la tierra.

Cuando uno pone a un millón y un medio personas en una olla a presión y sigue atizando el fuego, la olla explota. Eso es lo que pasó en la frontera de Gaza con Egipto.

Al principio fue una pequeña explosión. Una muchedumbre asaltó la verja, los policías egipcios abrieron fuego real y hubo docenas de heridos. Era una advertencia.

Al día siguiente llegó el gran asalto. Los combatientes palestinos ederribaron el muro por muchos lugares. Ciento de miles de personas irrumpieron en territorio egipcio y respiraron profundamente. El asedio estaba roto.

Incluso antes de esto, Mubarak estaba en una situación imposible. Cientos de millones de árabes, mil millones de musulmanes, vieron cómo el ejército israelí había cerrado la Franja de Gaza por tres lados: por el norte, por el este y por el mar. El cuarto lado del asedio lo proporcionó el ejército egipcio.

El presidente egipcio, que pretende el liderazgo de todo el mundo árabe, se presentó como colaborador de una operación inhumana dirigida por un enemigo cruel para ganarse el favor (y el dinero) de los estadounidenses. Sus enemigos internos, los Hermanos Musulmanes, aprovecharon la situación para rebajarlo ante los ojos de su propio pueblo.

Se duda si Mubarak podía persistir en esta posición. Pero las masas palestinas lo relevaron de la necesidad de tomar una decisión. Decidieron por él. Salieron como la ola de un tsunami. Ahora tiene que decidir si sucumbe a la exigencia israelí de volver a imponer el asedio a sus hermanos árabes.

Y ¿qué hay del experimento de Barak? ¿Cuál es el próximo paso? Las opciones son pocas:

- Volver a ocupar Gaza. Al ejército no le gusta la idea. Entiende que esto expondría miles de soldados a una cruel guerra de guerrillas que sería lo contrario a cualquier Intifada.

- Constreñir el asedio de nuevo y ejercer una presión extrema sobre Mubarak, empleando incluso la influencia israelí en el congreso norteamericano para privarlo de los miles de millones que obtiene todos los años por sus servicios.

- Convertir la maldición en una bendición, entregando la Franja a Mubarak, pretendiendo que éste era desde el principio el objetivo oculto de Barak. Egipto tendría que salvaguardar la seguridad de Israel, impediría el lanzamiento de Qassam y expondría a sus propios soldados a una guerra de guerrillas palestina, puesto que pensó librase de la carga de esa pobre y yerma área después de que la infraestructura de allí ha sido destruida por la ocupación israelí. Probablemente Mubarak dirá: Muy amable de su parte, pero no, gracias.

El brutal asedio fue un crimen de guerra. Y todavía peor: fue un error estúpido.

La fuente: el autor es un escritor y periodista israelí que ha sido dos veces diputado nacional y fundador y presidente de la organización pacifista Gush Shalom, toda una institución en Israel. La traducción del inglés pertenece a Carlos Sanchís para Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Más artículos de Avnery en http://www.avnery-news.co.il/english/

30 enero 2008

EL ESPEJO ROTO...

por Andrés Aldao

En este día (30 de enero de 2008), a las 18hs de israel, se conocerá el resumen final de la investigación de la Comisión Winograd sobre el compartamiento del primer ministro Olmert y la célula maligna que compone el resto del gabinete, funcionarios, etc. Y, además, el fracaso práctico, moral y étíco de los generals de la derrota, y la de sus subalternos.

Cifras finales: 119 soldados pagaron con su vida por la incompetencia criminal de los jefes, y 44 civiles por la indefensión y el abandono de la retagurdia.

Fueron éstos crímenes de guerra, ineptitud e irresponsabilidad. Sólo un grupo de reservistas y otro grupo de padres que han perdido a sus hijos en esa "guerra-aventurera" se han movilizado para exigir que el primer ministro asuma su maldita culpa y desaloje el escenario...

Error sobre error: no es el alejamiento de los cargos ni la renuncia de los militares lo que debe prevalecer. Esta es la solución más fácil, la más cómoda, la que va "a cambiar todo para que todo quede como está".

Ningún partido asume su responsabilidad, Y el señor Netaniahu, ese oportunista furgón de cola de la política israelí, que apoyó la aventura, los bombardeos criminales, que calló antes las muertes y el duelo, asoma su rostro idiota e hipócrita para tratar de sumar puntos y retomar el ejercicio de poder y demoler lo que queda de positivo en este país, hambrear a más ciudadanos, liquidar el país.

Hay un dicho que explica muy bien lo que ocurre: la culpa no la tiene el chancho sino quien le da de comer.... Obvio, es el pueblo israelí el que no quiere conflictos ni problemas: disfrutar de lo que tienen (los que tienen), acrecentar lo que tienen (los que pueden...) y todo el resto que se vaya al diablo.
Rescatan del arcón de cosas perdidas "el sionismo 1948", "los antisemitas nos odian", recordemos el holocausto (que buenos beneficios les da a sus difusores cada año), matemos palestinos en gaza (cuántos más mejor...) porque son "terroristas" (como fueron Yair Shtern, Menajen Beguin, Itzaac Shamir, Etzel etc). Y el pueblo israelí calla, mira hacia otro lado, se siente incómodo y prefiere planificar sus viajes al exterior para la próxima pascua... Y los que denuncian, como siempre, son los conocidos, la pequeña minoría cuyas voces no se escuchan ni se notan.

Las tinieblas, que no pueden ocultar el pequeño holocausto que vive el pueblo palestino a manos de los militares (que mandan a sus hijos a Polonia, a visitar los guetos y los campos de concentración y exterminio), se van difuminando... Es sólo cuestión de tiempo el que todos estos criminales de guerra, crueles, sádicos y asesinos deban ser sometidos a juicio y enviados a cumplir sus penas de expiación por los delitos de lesa humanidad que han cometido. En Palestina no hay "desaparecidos": la impunidad de la que gozan los asesinos es tal, que matan a la luz del día y luego vuelven a sus cuarteles o a sus casa y duermen en paz... Como angelitos de la muerte... Únicamente parte de los soldados, al tiempo, comienzan con sus pesadillas, el despertar de la conciencia culpable, la depresión y el suicidio, cuyo número se oculta puntualmente.

Esperaremos, no el informe Winograd, sino la reacción... ¿Habrá...?

27 enero 2008

ANÁLISIS | ENTRE LA PROPAGANDA Y LA CRISIS HUMANITARIA




Nota de TODO: el siguiente artículo de Mónica Prieto no tiene desperdicio y se ajusta a la contundencia de un análisis basado en la realidad y las consecuencias de la política de "gran potencia colonialista" del gran capital financiero de círculos israelíes, americanos y europeos. La tragedia de la población palestina, llevada a un encierro criminal, a un cerco que usan los gobiernos totalitarios para aplastar a sus pueblos, típica en el Africa de la época colonia y pos colonial. La línea de Barak es criminal, el silencio de la mayoría del pueblo israelí es vergonzante, la de sus periodistas, de los dos diarios amarillos Iediot Ajaronot y Maariv, los canales de televisión y comentaristas de la radio dan náuseas. Pequeñas minorías de israelíes levantan banderas de paz y solidaridad y denuncian a este gobierno corrompido, a su primer ministro, al ministro de seguridad y a todo el resto de la pústula político militar, incluidos a Meretz y los laboristas de "izquierda", figuras decorativas y cobardes, sionistas trasnochados. Solo los diputados israelíes palestinos y los comunistas israelíes asumen una posición clara, sin ninguna clase de reservas.
Un israelí que no denuncia al gobierno de Olmert y a los generales de la derrota y la improvisación, algunos criminales de guerra, es cómplice de los crímenes de lesa humanidad. Andrés Aldao


Dos años después de la victoria de Hamas, nada es lo que es en la Franja de Gaza
 El cerco israelí e internacional impuesto tras el triunfo electoral condenó Gaza
 La crisis humanitaria existe por política de Tel Aviv y Occidente
 Dos enviados internacionales ya han dimitido para denunciar la situación


MÓNICA G. PRIETO

BEIRUT.- Ningún acto recordó el viernes en Gaza el segundo aniversario de la victoria islamista que hizo historia el 25 de enero de 2006. Ni la población, que entregó a Hamas el poder, ni el Movimiento de Resistencia Islámico, que no esperaba un éxito tan arrasador, encontraron motivos para festejar nada. No los tienen: inmersa en una crisis humanitaria que el mundo conoce pero ignora y abandonada por los palestinos de Al Fatah, que financiados por EEUU siguen negociando una paz con Israel a espaldas del millón y medio de habitantes de Gaza y de cuatro millones de refugiados, la Franja muere lentamente.
Antes del triundo electoral, la esperanza de los palestinos radicaba en la denuncia de humanitarios y periodistas. Pero la estrategia israelí de propaganda, que reescribe los hechos y encuentra en la prensa un altavoz que distribuye su mensaje sin apenas cuestionarlo, les arrebata ese derecho.
"Si no tienen gasolina, que caminen". La declaración del primer ministro israelí, Ehud Olmert, sobre la última vuelca de tuerca en el asedio que mantiene su Ejecutivo contra Gaza desde 2006 sonaba despiadada, pero el mensaje que quería transmitir —"no es tan grave"— es el último de una serie de declaraciones destinadas a manipular la realidad y calar en la conciencia colectiva occidental la idea de que los palestinos no están tan mal, de que si lo están no es culpa de Israel sino de Hamas y que, además, tienen lo que se merecen por votar a los islamistas. Tres ideas tan graves como falsas que han tenido éxito en los medios internacionales.
A finales de enero de 2006, medio año después de que Israel diese por finalizada una ocupación militar de casi 40 años —en el lenguaje israelí, a menudo proclive al equívoco, hubo una 'desconexión' y no una retirada de Gaza— Hamas venció unas elecciones calificadas por los observadores internacionales como ejemplares. Días después, Israel congelaba la entrega del dinero mensual que cobra en nombre de los palestinos en concepto de tasas e impuestos aduaneros: casi 40 millones de euros vitales para las arcas palestinas.

Comienza el cerco

A demanda de Tel Aviv, el Cuarteto para Oriente Próximo (EEUU, la UE, la ONU y Rusia) congeló también sus ayudas (280 millones de euros anuales) a la Autoridad Palestina condicionando su reanudación a que Hamas renunciara a la lucha armada. El dinero estaba destinado a pagar a los funcionarios, cuyos sueldos alimentan al 60% de la población.
El objetivo era una crisis económica que empujara a la gente a dar la espalda a Hamas, algo que nunca ocurrió. Los islamistas recabaron dinero entre los países árabes, logrando cantidades considerables que europeos e israelíes les impedían pasar por el cruce de Rafah —entonces supervisado por una misión de la UE y vigilado por Tel Aviv—, el único abierto para ellos. Con sus cuentas congeladas, el pago de los trabajadores se volvió imposible y los ciudadanos de Gaza y Cisjordania comenzaron a vender sus pertenencias para poder alimentarse.
La crisis económica pronto se convirtió en humanitaria. El cerco israelí pronto se tradujo en el cierre de las fronteras —Israel controla los accesos por tierra, mar y aire de la Franja con la excepción de Rafah, la frontera egipcia, cuyo control comparte— castigando a toda la población. De ahí que sorprenda leer titulares como el de hace una semana, "Israel cierra Gaza y Cisjordania", dado que la Franja está clausura 'de facto' para los palestinos desde 2006 y dado que los cisjordanos no tienen el básico derecho del libre tránsito desde hace años.

Crisis humanitaria

El número de alimentos y medicinas autorizados a entrar en la Franja por Israel se fue reduciendo con la seguridad como argumento. Meses después de la victoria de Hamas, los hospitales comenzaron a quedarse sin medicinas y sin recambios para las máquinas de diálisis o las incubadoras. Las ONG denunciaron el riesgo de epidemias infecciosas. En 2007, la ONU admitía estar alimentando con ayuda humanitaria a un millón de personas y señalaba que el 40% de los palestinos de Gaza no tienen agua corriente. Y sin embargo, es posible leer hoy en las agencias internacionales que "Gaza está al borde de la crisis humanitaria".
En julio de 2006, la captura de un soldado israelí a manos de facciones armadas agravó la tragedia: la Franja fue completamente clausurada, bombardeada y se congeló el suministro de combustible, que ya había sido cortado en ocasiones anteriores aunque por horas. El primer día de ofensiva, la central eléctrica que ilumina Gaza fue destruida. La Franja quedó a oscuras y los generadores irían dejando de funcionar a medida que el combustible se fue agotando. Los palestinos volvieron a la era del candil, pero nadie acusaba a Hamas, sino a Israel.
Mientras el asedio israelí e internacional multiplicaba la pobreza en la Franja hasta afectar al 80% de la población, la miseria alentaba la radicalización de los palestinos y el caos interno. Tras la victoria de Hamas, Abu Mazen se negó a entregarle el mando de las fuerzas de seguridad, a lo que Hamas respondió organizando sus propias fuerzas.
Los choques entre ambas fueron inmediatos. Los secuestros incruentos de extranjeros se multiplicaron a manos de milicias presuntamente vinculadas con altos cargos de Al Fatah, quienes alentaron una rebelión contra los islamistas. Los enfrentamientos tuvieron su máxima expresión en la guerra civil de junio de 2007. El Movimiento Islámico tardó pocos días en obligar a huir a los responsables de Al Fatah y asumió el control de la Franja. Los secuestros y la inseguridad se acabaron por completo en Gaza.

Se consuma el asedio

Abu Mazen rompió con Hamas y Tel Aviv consumó un bloqueo económico que ya había sido tachado por todas las organizaciones internacionales de castigo colectivo —prohibido por la Convención de Ginebra— endureciendo el cerco. En septiembre de 2007, declaró la Franja "entidad enemiga" permitiendo sólo la entrada de 19 productos básicos de los 3.500 que entraban antes.
En octubre, el Gobierno israelí dijo haber aprobado una reducción del 15% de la entrega de combustible: la Organización Mundial de la Salud denunció que, en realidad, el diésel había sido recortado en un 49% y la gasolina, en un 40%. Los precios de los alimentos se encarecieron en porcentajes de 10 en 10. Según el Programa Mundial para los Alimentos, el 85% de Gaza depende de la ayuda humanitaria.
Pues bien: según Israel y muchos medios internacionales, no existe tal crisis sino la amenaza de que se declare una emergencia de este tipo, algo tan sorprendente como la fecha del principio del bloqueo israelí que se señala en algunos medios: el 17 de enero de... 2008.
La prensa reprodujo las palabras de Olmert cuando afirmaba que no permitirá, "bajo ninguna circunstancia, una crisis humanitaria en Gaza", dando por sentado que la Franja no está ya en una situación paupérrima y cercana a los baremos africanos gracias a Israel y a la comunidad internacional. Y casi todos se refirieron al cese del combustible que abastece la central eléctrica palestina con un lacónico titular —"Gaza se queda sin luz"— que elude responsabilidades y parece atribuir el hecho a la mala suerte.

Dimisiones

De nada sirvió que dos altos cargos internacionales hayan dimitido en estos dos años a causa de la política de Israel hacia los palestinos y del apoyo de la comunidad internacional hacia Tel Aviv.
James Wolfensohn, enviado especial del Cuarteto, lo hizo el 30 de abril de 2006 reconociendo la inutilidad de su cargo y arremetiendo contra la política de bloqueo ejercida sobre la población palestina. Álvaro de Soto, coordinador especial de la ONU para el proceso de paz de Oriente Próximo, renunció en junio de 2007 tras hacerse público un informe secreto en el que criticaba a la ONU por actuar en beneficio de EEUU y, por tanto, de Israel. "Los pasos adoptados por la comunidad internacional con el supuesto propósito de alumbrar una entidad palestina que viva en paz con su vecino Israel han tenido exactamente el efecto opuesto", dijo.
Jon Dugard, relator especial de Naciones Unidas aún en su cargo, no es más amable. "Las políticas de Israel recuerdan a las del apartheid", escribía en su informe de febrero de 2007. "Es difícil resistirse a la conclusión de que muchas leyes y prácticas israelíes violan la Convención para la Eliminación de todas las formas de discriminación racial de 2006".
Incomprensiblemente, la comunidad internacional hace oídos sordos a sus propios empleados para confiar en la versión israelí de los hechos. Y ya se sabe: según Tel Aviv, la culpa de lo que ocurre en Gaza es de Hamas.